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¡Al pozo!

Artículo fechado el 31 de diciembre de 1938. Publicado en Clave, Nº 4,

primera época, enero de 1939.

Aparece en el original con el título “A la picota”. Sin firma.

Tomado de la versión publicada en Escritos, Tomo X, pág. 247, Editorial Pluma.

El congreso de la CGT se realizó en diciembre de 1938.

 

 

Sobre el último congreso de la CGT

 

Si alguien todavía abrigara la menor ilusión sobre la dirección de la Confederación General del Trabajo, el último congreso de esta organización sin duda la habría disipado. Si alguien todavía ayer hubiera tenido esperanzas de que la dirección de la CGT pudiera evolucionar en una dirección progresiva, hoy tendría que enterrar esas esperanzas. Ramírez1 y sus secuaces demostraron, con loable franqueza, la profundidad de su degeneración y su caída. El vocabulario político no cuenta con términos apropiados para caracterizar la actual fisonomía política de esta banda.

Enfrentados con la próxima campaña electoral2 y con las intrigas y caza de sinecuras que la acompañan, los dirigentes de la CGT súbitamente dejaron caer sus máscaras “anarquistas” e “internacionalistas” para unirse con el estado nacionalista burgués. Con el pretexto de combatir al stalinismo, vuelcan a una organización proletaria hacia la peor de las reacciones burguesas al servicio del imperialismo extranjero. Para los magnates petroleros y otros capitalistas, Ramírez no es más que un agente de segunda categoría. Nadie prestó ni podría haber prestado un mayor servicio a Lombardo Toledano y toda la agencia stalinista que el que les prestó la banda de la CGT.

Obviamente, la gran mayoría de los obreros de esta organización no tiene la menor idea de la traidora intriga que se llevó a cabo a espaldas suyas. Los trabajadores son simples víctimas de las maquinaciones personales y fraccionales de los “dirigentes”. Esto hace aun más criminal y vergonzoso el giro reaccionario que llegó a su culminación en el último congreso de la CGT, abriendo una era de real y descarada prostitución política.

Los calumniadores del bando stalinista hacen circular el rumor de que la Cuarta Internacional y sus grupos simpatizantes plantean el bloque político con la dirección de la CGT. Rechazamos esta calumnia, igual que todas las demás, con un comprensible desagrado. El deber elemental de todo marxista consiste en realizar un trabajo sistemático en las organizaciones proletarias de masas, sobre todo en los sindicatos. Esta obligación comprende a la CTM, a la CGT y a los sindicatos en general. Pero el trabajo sistemático dentro de los sindicatos y la educación de su base en el espíritu del marxismo revolucionario están tan alejados de bloques aventureros con los corruptos funcionarios sindicales como el cielo lo está de la tierra. Si se le da un dedo al diablo, se arriesga toda la mano. Pero no hay un sólo marxista revolucionario que pueda darle siquiera una uña, no digamos todo un dedo, a la banda que dirige actualmente a la CGT. La lucha implacable contra ella, ante toda la clase obrera, es una obligación revolucionaria elemental. ¡La vanguardia proletaria hundirá para siempre a Ramírez y sus amigos!

La banda de Toledano-Laborde organizó una persecución física a la CGT; ataca sus locales y sus reuniones, sabotea técnicamente sus transmisiones radiales, etcétera. Este tipo de gangsterismo, difundido en el movimiento obrero mundial por Stalin, no tiene nada en común con una lucha real contra la reacción; no es más que el método que usan normalmente los distintos grupos de la aristocracia laboral para arreglar las cosas entre ellos. El objetivo de la política revolucionaria no es impedirle mecánicamente hablar a un dirigente sindical sino enseñar a las masas a desconfiar de los dirigentes reaccionarios y a liberarse de ellos. No se puede dejar de señalar que los stalinistas, imitando a su patrón, emplean cada vez más insolente y abiertamente toda clase de represiones “totalitarias” para lograr sus objetivos. Pero, como en México no están en el poder, se ven obligados a limitarse a la lucha dentro del movimiento obrero. Los métodos totalitarios utilizados en un estado burgués, es decir en una sociedad basada en la propiedad privada, no son otra cosa que fascismo. En este sentido las acciones de Toledano-Laborde le abren el camino a la dictadura fascista. En una sociedad burguesa, todas las restricciones a los derechos democráticos, en última instancia, caen con todo su peso sobre la clase obrera. No solo Ramírez, el agente directo de la represión abierta, es un verdadero precursor del fascismo en México; también lo son los stalinistas Laborde y Toledano. Sin embargo, no hay que suponer que resultarán absueltos bajo la dictadura fascista para la que preparan el terreno. No; en el caso de un triunfo fascista, se encontrarán todos en un campo de concentración... si no escapan a tiempo. Una vez allí puede ser que por fin entiendan el significado de nuestras repetidas advertencias.

 

1. Julio Ramirez: era el presidente de la CGT.

2. La inminente campaña electoral: se refiere a la que precedió a la elección de presidente realizada en setiembre de 1940.



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