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Algunas etapas de la revolución en el sur de Vietnam

Lu Sanh Hanh (LCI) - 1947[1]

La guerra y la crisis revolucionaria

A las 9 de la mañana del 16 de agosto de 1945, la noticia de la derrota final del imperialismo japonés fue anunciada a lo largo y a lo ancho de los países de Indochina. Al día siguiente, el alto mando japonés anunciaba que estaba entregando la administración civil a los pueblos nativos.
De acuerdo a los términos de la declaración, el imperialismo japonés entregaba todo el poder a los gobiernos legales de los distintos países que constituían Indochina: Vietnam, Camboya y Laos. Estos pueblos, agregaba la declaración, eran de ahora en adelante independientes, con el derecho a la auto-determinación.

 

Varias horas después, estas noticias se habían esparcido a lo largo y a lo ancho de Vietnam. Desde el norte al sur, desde la ciudad al campo, desde las fábricas a las calles, de una familia a otra, surgió una tormenta social que amenazaba con derrumbarlo todo y destruirlo todo.
Hombres y mujeres de todas las edades, más allá de su credo político, se lanzaron a las calles en olas crecientes, lanzando gritos de odio entremezclados con alegría; juntos juraron luchar hasta la última gota de su sangre por la liberación completa de su país.
El 19 de agosto, los trabajadores del distrito Ban Co de Saigón fueron los primeros en ponerse en acción y establecer el primer comité popular en el sur. Algunos salían a las calles con rifles que habían robado a los japoneses y escondido durante meses. Otros portaban pistolas de orígenes dudosos y variados.
Aquellos que no tenían armas de fuego, llevaban dagas o lanzas de bambú. Con sus gorros azules con estrellas rojas sobre sus cabezas y sus armas sobre los hombros, formaban destacamentos armados, marchando juntos a través de las calles, en grupos de 50, 100 o 200.
Desfilaban en formación militar, cantando el himno revolucionario, después gritando con una voz que perforaba el cielo: «¡Mejor la muerte que la esclavitud! ¡Defendamos el poder del pueblo!»
La mañana del 20 de agosto, en toda la región de Saigón-Cholón, cientos de miembros de los Comités Juveniles de Vanguardia2 declararon frente a su bandera su voluntad de morir por la libertad. El distrito Phu Nhuan, el distrito más grande de la clase trabajadora en la ciudad, eligió su comité popular, proclamó la abolición completa del régimen anterior, y proclamó que de ahí en adelante, las 10 de la mañana del 20 de agosto de 1945, sólo ese comité sería considerado la autoridad legal en el distrito.
Durante los días siguientes, organizaciones de masas de variadas tendencias sociales y políticas florecieron por todas partes y se volvió imposible mantenerse al tanto de su fuerza numérica y de la extensión de sus actividades.
A partir del 19 de agosto, la noticia de que había levantamientos campesinos en las provincias se difundió en la capital. Las movilizaciones armadas y los actos terroristas golpearon con terror mortal a la burguesía y los feudalistas.
El 19 de agosto, los campesinos de la provincia de Sadec saquearon alrededor de 10 magníficas residencias pertenecientes a sus amos. Al mismo tiempo incendiaron un gran número de graneros llenos de arroz.
Muchos dignatarios y funcionarios fueron arrestados por los campesinos, y un número de ellos fueron fusilados en el lugar. Mientras miembros de la policía rural eran ahogados por las masas revolucionarias, los antiguos funcionarios de los gobiernos francés y japonés, que habían sido declarados todos enemigos del pueblo, vieron como todas sus posesiones eran incendiadas. En el curso de unos pocos días en Long Xuyen, una provincia enteramente rural, 200 dignatarios y policías rurales fueron apuñalados hasta morir.
Desde mediados de agosto, los campesinos revolucionarios en Vietnam central comenzaron a expulsar a los mandarines de la monarquía imperialista, y se apoderaron del control de los órganos del gobierno local mediante la fuerza armada. Durante el mismo período, destacamentos armados adecuadamente equipados de campesinos lanzaban ataques sorpresivos sobre los puestos militares japoneses, capturando armas y municiones.
A partir de la segunda semana de agosto, los hacendados de Vietnam del norte sufrieron el mismo destino que sus hermanos del sur. Un cierto número de aldeas, graneros, residencias y tierras fueron confiscadas «arbitrariamente» en beneficio de los Comités Populares.
Grandes hacendados y ex funcionarios fueron llevados ante tribunales populares, donde eran juzgados públicamente por los aldeanos. Varios cientos de antiguos servidores fieles a Francia y al alto mando japonés fueron decapitados en unos pocos días.

Los partidos reaccionarios y el FUN

Enfrentados con la situación revolucionaria que estaba en pleno ascenso por todo el país, los líderes de los partidos feudalistas y de la burguesía conocidos como Cao-daistas y Hoa Hao-istas o nacionalistas fueron incapaces de encontrar alguna fuerza ni a la derecha ni a la izquierda que pudiera salvar a su país de lo que, opinaban, era la espada amenazante de la revolución.
El 18 de agosto, estos grupos de nulidades políticas llamaron a un encuentro conjunto de agrupaciones, en el que decidieron unánimemente establecer un frente político, que después sería conocido como el Frente de Unidad Nacional.
El día después de alcanzar este acuerdo político, este bloque burgués-feudalista publicó una declaración conjunta llamando a la gente a tomar parte en una manifestación organizada bajo la dirección de este frente, las 6 de la mañana del 21 de agosto en la plaza Norodom de Saigón, para celebrar la independencia nacional. ¿Quiénes eran estos partidos políticos?
El partido Cao-dai: en realidad era nada más que una organización religiosa semi-política, basada en una colección heterogénea de ideas místicas. Su propósito esencialmente era asistir al gobierno francés en masacrar a los campesinos revolucionarios que seguían al movimiento comunista en Cochinchina en el período de 1930 a 1941.
Pero cuando el imperialismo francés firmó su capitulación militar y económica al militarismo japonés en 1941, el partido Cao-dai le dio la espalda a su ex patrón francés para jugar el rol de doble agente político del alto mando japonés.
Sin embargo, con el golpe del 9 de marzo de 1945, por el cual el militarismo japonés expulsó al gobierno colonial francés, la posición de este partido cambió completamente. Mientras que sus líderes predicaban fidelidad al emperador de Japón, sus seguidores se alzaron en insurrecciones en todo el país, pisoteando a Dios y a la propiedad terrateniente.
La segunda secta religiosa, el partido Hoa Hao, que agrupaba a más de un millón de campesinos pobres y medianos, jugó un rol no menos importante, al respaldar al ejercito japonés. El Hoa-Haoismo se diferenciaba del Cao-daísmo en que buscaba unir políticamente a los trabajadores urbanos y a los proletariados rurales, pero sobre las bases de un rechazo total de la lucha de clases. Lo qué tienen en común el anterior y el último de los partidos es que ambos son instrumentos al servicio del imperialismo extranjero, y ambos se opusieron violentamente a la revolución social.
El Partido de la Independencia Nacional, el instrumento reconocido de la burguesía nacional, estaba esencialmente compuesto de intelectuales pequeño-burgueses (académicos, ingenieros, periodistas, abogados y ex funcionarios del gobierno francés) y carecía totalmente de principios teóricos y políticos. En realidad, no era más que un grupo de arrivistas y especuladores socialmente degenerados(...).

El Partido de la IV Internacional y los acontecimientos del 21 de agosto de 1945

Desde 1939 hasta 1944 ninguna voz comunista revolucionaria se escuchó entre las masas. Cientos de militantes de los dos partidos (el grupo La Lutte y la LCI) que lucharon bajo la bandera de la Cuarta Internacional, habían sido deportados, enviados al exilio o encarcelados, y muchos habían desaparecido en las prisiones y campos de concentración.
Pero hacia finales de 1944 el movimiento trotskista volvió a estar activo nuevamente. Primero la LCI, reconstituida en Saigón en agosto de 1944, agrupaba a unas pocas decenas de militantes, entre ellos cinco miembros fundadores del movimiento trotskista que habían participado activamente en la lucha revolucionaria durante al menos 12 años. A esta cantidad se agregaron unos pocos camaradas experimentados mandados por la sección del norte.
Después del golpe japonés del 9 de marzo de 1945, la LCI no perdió tiempo en publicar un manifiesto convocando a las masas revolucionarias de Saigón a prepararse políticamente para una revolución en un futuro muy cercano: «La inminente derrota del imperialismo japonés empujará al pueblo indochino por el camino de la liberación nacional. Los burgueses y feudalistas, que actualmente son los cobardes sirvientes del alto mando japonés, se pondrán asimismo al servicio de los estados imperialistas aliados.
«Los nacionalistas pequeño-burgueses con su aventurerismo serán incapaces también de conducir al pueblo a la victoria revolucionaria. Sóo la clase trabajadora, luchando independientemente bajo la bandera de la Cuarta Internacional, será capaz de lograr la tarea de dirigir la revolución.
«Los stalinistas de la Tercera Internacional ya han abandonado a la clase trabajadora con el fin de dar apoyo miserablemente a los imperialistas «democráticos». Han traicionado a los campesinos y han dejado de mencionar la cuestión agraria. Si hoy marchan con los capitalistas extranjeros, entonces en el próximo período ayudarán a las clases explotadoras nativas a aniquilar al pueblo revolucionario.
«¡Trabajadores y campesinos! ¡Reagrúpense bajo la bandera del partido de la Cuarta Internacional!» (Manifiesto del 24 de marzo de 1945)
A las 6 de la mañana del 21 de agosto más de 300.000 hombres y mujeres, agrupados en columnas, se agolparon en el Boulevard Norodom de Saigón. Banderas y pancartas florecían por encima de este mar humano.
Los campesinos Cao-daistas y Hoa Hao-istas formaban una columna de 10.000 personas, con la bandera de la monarquía a su cabeza. En oposición a los partidos nacionalistas reaccionarios, la LCI desplegaba resueltamente su gran bandera de la Cuarta Internacional, de tres metros de largo y dos metros de ancho.
Llevada por el trabajador C, un viejo bolchevique-leninista, la bandera era una orgullosa antorcha de la fuerza revolucionaria, y atraía la viva atención de cientos de miles de esclavos, que habían sido engañados por muchos años por los explotadores de su país.
Las consignas revolucionarias estaban grabadas con grandes letras sobre una serie de inmensas pancartas y banderas que agitaban sobre sus cabezas: «¡Abajo con el imperialismo! ¡Viva la revolución mundial! ¡Viva el Frente de los Trabajadores y Campesinos! ¡Comités Populares en todas partes! ¡Por una Asamblea del Pueblo! ¡Por el armamento del pueblo! ¡Nacionalización de las fábricas bajo control de los trabajadores! ¡Por un gobierno obrero y campesino!»
Miles de trabajadores que habían estado sin liderazgo, dispersados y desmoralizados durante los años de la guerra, nunca habían perdido su memoria del movimiento revolucionario. Desde el primer momento cuando la bandera de la Cuarta Internacional y las consignas del proletariado revolucionario aparecieron, recobraron espontáneamente su conciencia política y sintieron revivir su fe revolucionaria.
Ellos se abrazaban unos con otros con alegría entre medio de la multitud, y competían por el derecho de llevar esta pancarta o aquella bandera. Los trabajadores llegaban en oleadas, saludándose unos a otros con el saludo del puño apretado, y se declaraban listos para pelear con su partido de vanguardia. En pocas horas, los trabajadores que se reunieron bajo la dirección de unas pocas decenas de trotskistas se contaban en más de 30.000.
Aterrorizada por la violencia de las masas revolucionarias, la burguesía solo podía apretar sus dientes: estaban paralizados políticamente, y obligados a dejar el terreno libre para las actividades de los trotskistas. Mientras las masas marchaban por las calles, los militantes de la LCI planteaban incansablemente sus políticas en asambleas al aire libre.
Por su parte, los campesinos, que marchaban separadamente detrás de los líderes reaccionarios, escuchaban atentamente nuestros discursos sobre el problema nacional y de los campesinos.
Desatendiendo la disciplina política impuesta por sus partidos, aplaudían con entusiasmo cada vez que la bandera de la Cuarta Internacional pasaba delante de ellos. Inspirados por las consignas de los trotskistas, los trabajadores y campesinos se miraban los unos a los otros como amigos.(...)

El golpe de Estado del Vietminh y la reacción stalinista

Durante la guerra, los stalinistas indochinos se habían convertido en dóciles sirvientes de los imperialistas aliados. El 23 de agosto, el líder de los stalinistas vietnamitas del sur, Tran Van Giau, famoso sobre todo por su anti-trotskismo, admitió cínicamente en el manifiesto del frente del Vietminh del cual él era secretario general: «durante cinco años hemos peleado al lado de los aliados democráticos...»
En efecto, después de la derrota del imperialismo japonés, el Vietminh (el partido stalinista encubierto) le ganó la delantera a los partidos nacionalistas burgueses en tanto autoridad aprobada por los imperialistas aliados.
Por su parte, sin embargo, las masas revolucionarias vieron en el partido stalinista una fuerza capaz de dirigirlos por el camino de la revolución anti-imperialista. Bajo estas condiciones históricas, el partido stalinista ascendió espontáneamente sobre el conflicto social y así estableció una dictadura bonapartista.(...)
El 25 de agosto a las 5 de la mañana todos los puestos gubernamentales fueron ocupados por los líderes del frente del Vietminh sin el conocimiento del pueblo. La transferencia del poder fue llevada a cabo sigilosamente, a espaldas de toda la población.
El Vietminh tomó el poder con las clases dominantes y con el respaldo del aparato del estado en su conjunto. A pesar de todo, 24 horas después de la ascensión al poder del Vietminh, Tran Van Giau declaró cínicamente que la «revolución» llevada a cabo por su partido era verdaderamente «democrática» y que no había habido «ningún derramamiento de sangre» (sic).
Esto no era más que una mentira: ésta no fue en modo alguno una revolución, sino un golpe de estado llevado a cabo con el apoyo de todas las clases explotadoras y a espaldas de las masas revolucionarias.

Los acontecimientos del 25 de agosto

La LCI había marchado con las masas en la manifestación del 21 de agosto organizada por el Frente Nacional burgués. Era imposible para la LCI no tomar parte en la manifestación del 25 de agosto, aún cuando ésta había sido organizada por el Vietminh, quienes desde el momento en que llegaron al poder, trataron de medir la profundidad de la probable oposición moral y política de las masas revolucionarias.
Todas las clases sociales participaron en esta enorme manifestación. La cantidad de manifestantes que llegaron desde todos los rincones del oeste de Nam Bo ascendía a más de un millón. Comparada con la primer manifestación, el carácter político de la segunda se expresaba con mucha mayor claridad y mucha mayor profundidad.
Debe haber habido tanto como 30 organizaciones políticas de tendencias distintas que participaron con todas sus fuerzas. De éstas el Vietminh stalinista y los comunistas de la Cuarta Internacional eran los más significativos.
La lucha de clases había alcanzado tal magnitud que incluso la policía, el fiel instrumento del estado burgués, estaba dividida en dos campos políticos antagónicos. El primero, dirigido por los dos ex jefes de la policía japonesa, Huynh Van Phuong y Ho Vinh Ky, marchaba bajo la bandera de la Cuarta Internacional; se llamaban a sí mismos «policía de asalto». El segundo campo, más numeroso, influenciado por los stalinistas, se congregaba bajo la bandera del Vietminh.
La cantidad de trabajadores que marchaban con la LCI quedó reducida a 2.000 en esta ocasión, en contraposición a los 30.000 del día 21, lo cual no era fortuito, ya que esta vez la mayoría de los trabajadores se sentían obligados a marchar con sus sindicatos.
A pesar de su debilidad numérica, la LCI todavía constituía una fuerza política a tener en cuenta en la manifestación. La potencia de sus consignas claras y verdaderamente revolucionarias atraían a sus filas a los mejores elementos de la clase trabajadora. Cientos y miles de trabajadores y campesinos constante y ruidosamente aclamaban las consignas «¡La tierra para los campesinos! ¡Las fábricas para los trabajadores!»
Enfrentados con la posición tomada por los militantes de la LCI, los líderes stalinistas solo podían apretar sus dientes, y no tenían ni idea de qué hacer frente a la agitación creciente de las masas revolucionarias.

La contrarrevolución stalinista

Fieles a su programa revolucionario, la LCI permaneció independiente políticamente del frente del Vietminh, aunque insistiendo constantemente sobre la necesidad de levantar la táctica del frente único anti-imperialista, una táctica según la cual la LCI peleaba junto a todas las organizaciones populares contra el imperialismo extranjero, si bien marchando separadamente de ellas. La LCI nunca dejaba de explicar en sus volantes y su prensa que el Vietminh era una forma de alianza burguesa en la que los stalinistas jugaban un rol político crucial.
Mientras que los stalinistas originalmente mantenían en su propaganda que la república democrática ya había sido establecida, nosotros, los Comunistas Internacionalistas, les decíamos a las masas que la revolución aún no había sido realizada.
Mientras los stalinistas gritaban: «¡Todo el poder al Vietminh!», nosotros replicábamos: «¡Todo el poder a los comités populares!» Dos días después de su golpe de estado, el ministro stalinista del interior, Nguyen Van Tao, amenazaba a los trotskistas en los siguientes términos:
«Aquellos que inciten a los campesinos a adueñarse de las propiedades rurales serán castigados severa y despiadadamente. No hemos hecho aún la revolución comunista que resolverá el problema agrario. Este gobierno es solo un gobierno democrático. Por lo tanto no le compete llevar a cabo tal tarea. Nuestro gobierno, repito, es un gobierno democrático burgués, aún cuando los comunistas son los que están realmente en el poder.»
Al día siguiente que este lÍder del stalinismo vietnamita había hecho esta declaración, toda la prensa stalinista atacaba enconadamente a los trotskistas, acusándolos de tratar de crear problemas y provocar malestar social.
Día tras día, el Dr. Phan Ngoc Thach, un lugarteniente de Tran Van Giau, junto a un puñado de lacayos burócratas del gobierno stalinista, insistían constantemente al pueblo, a través de la prensa y la radio, que la independencia nacional de Vietnam era solo cuestión de entrar en negociaciones diplomáticas con la Comisión de los Aliados imperialistas.
«Aquellos», dijo Tran Van Giau el 1° de septiembre, «que inciten al pueblo tomar las armas serán considerados saboteadores y provocadores, enemigos de la independencia nacional. Nuestra libertad democrática será concedida y garantizada por los Aliados democráticos.»(...)

Enfrentando al enemigo común

(...)El 4 de septiembre el Comité Central de la LCI hizo un llamado urgente al pueblo para la defensa revolucionaria de la independencia nacional. En particular, decía en claros términos bolcheviques lo siguiente:
«Nosotros, los comunistas internacionales, no tenemos en absoluto ilusiones que el gobierno de Vietminh, con su política de colaboración de clases, sea capaz de luchar contra la invasión imperialista en los próximos días. Sin embargo, si el gobierno se declara preparado para defender la independencia nacional y salvaguardar las libertades del pueblo, nosotros no vacilaremos en ayudar y apoyarlo con todos los recursos físicos en la lucha revolucionaria.
«Pero con este fin, estamos facultados para reiterar otra vez que mantendremos estrictamente la independencia total de nuestro partido respecto al gobierno y a todos los otros partidos, porque es de esta independencia política que depende toda la existencia de un partido que se llama a sí mismo bolchevique-leninista.» (declaración de la LCI del 4 de septiembre).

Los Comites Populares y la masacre de los militantes trotskistas

Más de 150 comités populares fueron establecidos en el sur de Vietnam (Nam Bo) en el curso de tres semanas bajo la influencia de la LCI. Cien de ellos en Saigón-Cholón estaban compuestos principalmente por la clase trabajadora.
Un Comité Central provisorio, el organismo más alto de los Comités Populares, constituído al principio por nueve miembros y después por quince, había sido formado después del 21 de agosto, y su oficina central independiente estaba protegida por trabajadores armados. Así era el sitio en que los delegados populares de tendencias políticas distintas venían a discutir y a estudiar los problemas de la revolución.
El 26 de agosto los delegados del pueblo de Saigón-Cholón, se reunieron en una asamblea general, y acordaron un programa común que puede ser resumido como sigue:
1. Reconociendo que la revolución indochina es una revolución anti-imperialista, insistimos que la burguesía nacional será completamente incapaz de representar el papel de la vanguardia revolucionaria, y que sólo la alianza popular de los obreros industriales y los trabajadores rurales será capaz de liberar la nación de la dominación de capitalistas extranjeros.
2. Los Comités Populares son la expresión más concreta de la alianza de las clases revolucionarias. Ellos proclaman, por lo tanto, la necesidad de agrupar al proletariado y al campesinado bajo la dirección de los Comités Populares.
3. Con relación al gobierno burgués y a todos los partidos políticos, los Comités Populares mantendrán la completa independencia política.
4. Los Comités Populares reconocen sólo al Comité Central, elegido sobre el principio del centralismo democrático, como su organismo más alto.
5. Los Comités Populares reconocen que sólo ellos son las bases reales del poder del pueblo revolucionario. Su autoridad máxima será la asamblea nacional de delegados de todos los Comités Populares, que tendrá lugar en Saigón en un futuro cercano.
6. Los Comités Populares insisten en la necesidad de crear un frente único revolucionario contra el imperialismo, para denunciar terminantemente todas las acciones, de cualquier sector que provengan, que busquen sabotear la libertad de acción de la clase trabajadora y las masas populares.
(Resolución de la asamblea de los delegados populares del distrito [el nombre del lugar es ilegible en el original]
Se organizaron conferencias regularmente en las oficinas centrales de los Comités Populares cuyos participantes tenían derecho a expresar su posición política con la mayor libertad.
La LCI lideraba a las masas revolucionarias a través de los Comités Populares. Fue gracias a éstos que logró, en gran medida, politizar a los estratos más avanzados de las masas revolucionarias.
Por primera vez en la historia de la revolución indochina, la LCI, a pesar de su debilidad numérica, llevó a cabo una gran tarea histórica, es decir, la creación de Comités Populares o soviets.
La derrota del trotskismo en Indochina a manos de la burocracia stalinista contra-revolucionaria nunca anulará el intento correcto de llevar a la práctica la teoría de la revolución permanente de Trotsky en Indochina.
Una vez que la cuestión de la lucha armada contra la invasión imperialista había sido planteada anteriormente a comienzos de septiembre, los Comités Populares de-sempeñaron un papel extremadamente importante en llevar a cabo los preparativos materiales y políticos. Cientos de miembros de comités llegaron al Comité central con propuestas muy valiosas, sobre las cuales la burguesía gobernante y los dirigentes militares nunca averiguaron nada.
Los trabajadores del distrito de Ban Co y Phu Nhuan propusieron en la conferencia del 4 de septiembre expropiar todas las empresas imperialistas y convertirlas en fábricas de guerra. Otros sugerían que podrían convertir el edificio del Banco de Indochina en una fortaleza que fuera muy resistente al bombardeo de los barcos enemigos en los puertos. Muchas propuestas revolucionarias muy importantes fueron planteadas y estudiadas.
El movimiento del Comité Popular presentaba una amenaza creciente al gobierno stalinista, el cual era también blanco de las críticas constantes de los partidos burgueses que lo acusaban de impotencia en los asuntos internos, es decir, en reprimir a las masas revolucionarias.
El 6 de septiembre el gobierno inició un ataque empedernido sobre los trotskistas, acusándolos de ser responsables del malestar y las provocaciones. La prensa stalinista entera se puso en acción contra los trotskistas en un intento de desviar al pueblo del peligro inminente de una invasión imperialista.
El 7 de septiembre Tran Van Giau dió la orden de desarmar a todas las organizaciones no-gubernamentales. El decreto declaraba: «Aquellos que llaman al pueblo a armarse y sobre todo a pelear contra los Aliados imperialistas serán considerados provocadores y saboteadores.»
El 10 de septiembre las tropas británicas desembarcaron en Saigón, mientras oleadas sucesivas de aviones franceses volaban sobre la ciudad. Enfrentados con el peligro que se avecinaba, la LCI puso todos sus esfuerzos en la preparación de las masas para conducir la inminente lucha armada, a pesar de todas las calumnias y amenazas del gobierno stalinista.
El 12 de septiembre, los Comités Populares y la LCI publicaron una declaración en común denunciando abiertamente la traición política del gobierno stalinista en su capitulación frente a la amenaza del alto mando británico. La agitación de las masas aumentaba día a día.
A las 4.30 de la tarde del 14 de septiembre el jefe stalinista de la policía, Duong Bach Mai, envió un destacamento armado para cercar la sede central de los Comités Populares cuando la asamblea estaba en plena sesión.
Nos comportamos como verdaderos militantes revolucionarios. Aceptamos ser arrestados por la policía sin resistencia violenta, aunque los superábamos en número y todos estábamos bien armados. Nos quitaron nuestras ametralladoras y revólveres, y saquearon nuestra sede central, destruyendo muebles, desgarrando nuestras banderas, robando las máquinas de escribir y quemando todos nuestros periódicos.
Esta fue una derrota para el trotskismo en un doble sentido: el exterminio físico de la vanguardia del proletariado revolucionario y la entrega del pueblo de Indochina al imperialismo «democrático».
Considerando cumplida esta operación, Tran Van Giau, con el consentimiento del gobierno del norte, ordenó la aniquilación sistemática de todos los elementos trotskistas en el país. Tran Van Thach, Ta Thu Thau, Phan Van Hum y docenas de otros militantes revolucionarios fueron asesinados en circunstancias que, hasta hoy, no han sido esclarecidas adecuadamente.
Los dos ex jefes de la policía japonesa, los cómplices de Tran Van Giau en llevar a cabo el golpe de estado del Vietminh, también fueron asesinados, habiendo sido acusados de trotskistas.
En razón de su simpatía hacia el trotskismo, la doctora Ho Vinh Ky, una ex miembro del gobierno, fue fusilada junto con los líderes del grupo La Lutte por uno de los agentes de Tran Van Giau. Nuestros tres camaradas más fieles, Le Ngoc, miembro del Comité Central, Nguyen Van Ky, obrero metalúrgico y dirigente sindical, y Nguyen Huong, un joven trotskista y luchador de las milicias obreras, fueron asesinados por el jefe de la policía stalinista en julio de 1946.

Lu Sanh Hanh

1 Traducción inédita al español del inglés, tomada de Revolutionary History volumen 3, N° 2, otoño de 1990. El artículo original Quelques etapes de la revolution au Nam-Bo du Vietnam, apareció en Quatrième International, septiembre/octubre de 1947. Una traducción completa apareció en Workers Press, 10 y 17 de enero de 1987, y fue reimpresa en Vietnam and Trotskyism, un folleto de la Liga Comunista, Australia, 1987. Hemos extraído algunos párrafos que considerábamos no esenciales a los fines de abreviar el artículo. El autor, escribiendo bajo el seudónimo de «Lucien», fue uno de los miembros dirigentes de la Liga Comunista Internacional.
2 Estas eran organizaciones formadas bajo el amparo japonés que agrupaba jóvenes estudiantes e intelectuales anti-franceses.

 



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