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Balance de la ruptura de Diego Rivera

27 de marzo de 1939

Carta a J. Frankel. Traducido del francés de la versión publicada en Oeuvres, Tomo 20, pág. 302, editado por el Instituto León Trotsky de Francia.

Querido amigo,

Usted guarda silencio como antes. ¡Mal síntoma! Ud. conoce el enojo que tenemos aquí con el pintor y no está asombrado porque nos había prevenido reiteradamente sobre sus ideas políticas fantásticas2. Pienso que durante largo tiempo, alrededor de un año y medio, ha intentado imponerse una cierta disciplina; pero durante el Congreso Internacional, se volvió descontento e inquieto. Quiero darle algunos ejemplos sobre sus preocupaciones, para que Ud. pueda comunicárselos a nuestros otros amigos.

Todas las decisiones aquí tomadas concernientes a la sección mexicana lo han sido con el completo acuerdo del pintor y con la idea de no exponerlo a incesantes ataques (Ud. sabe que la organización lo ha condenado -y que nadie tomó su defensa- por unanimidad); pero una vez tomadas y ratificadas las decisiones por la Conferencia, él descubrió que no se lo había defendido lo suficiente. Estaba en extremo descontento con las decisiones tomadas, exagerando terriblemente algunas formulaciones poco felices. Pero esto no le bastaba: afirmó que Socialist Appeal había publicado deliberadamente la decisión sobre Molinier y la decisión sobre él de forma simétrica, con el propósito de equipararlas.

Exigía la exclusión inmediata de todos los miembros de la organización que habían lanzado acusaciones contra él. Exigía mi intervención en ese sentido y tuve con él sobre este tema una discusión inolvidable. Me pedía que expulsara inmediatamente a Galicia. “¿Cómo puedo hacerlo?”. Dije con asombro. “¡Pero Ud. es el jefe!”. “Ud. tiene una concepción extraordinaria de lo que se llama la dirección, querido amigo”, respondí, “Es un poco como el stalinismo”. “Sí”, respondió con la puerilidad que lo caracteriza, “Dicen que soy peor que los stalinistas”. Pero volvió sobre esta cuestión reiteradamente, especialmente luego de la llegada del camarada Curtiss.

Ud. probablemente sepa que el pintor mismo fue quien había propuesto su candidatura y que él, al presentármelo lo había elogiado. Interrogué a Galicia sobre el tema, me confirmó esta apreciación. Estuvimos de acuerdo entonces en que el camarada Curtiss viniera a trabajar aquí como representante3. Pero Curtiss no podía trabajar de otra manera más que sobre la base de la decisión de la Conferencia y provocó de este modo un gran descontento en el pintor, quien prácticamente, lo ha boicoteado. Le recordé al pintor el hecho de que había sido sobre la base de su iniciativa que Curtiss había sido designado, y que él trabajaba en representación local del Secretariado Internacional, cuyo deber era ejecutar las decisiones de la Conferencia y no tirarlas por la borda. Esto le ha bastado al pintor para comenzar su actividad política independiente.

Después de que la organización lo hubo condenado me dijo reiteradamente que toda ella era un error, que jamás había deseado trabajar en ella, pero que ello le había sido impuesto por Shachtman y los otros durante su primer viaje a México4; que le sería muy fácil crear una sección auténtica de centenares de obreros, etc. Yo estaba escéptico, pero guardé silencio. El comenzó entonces a oponer la Casa del Pueblo a la sección y a Curtiss personalmente. Desgraciadamente parece que la cuestión del dinero jugó aquí un rol importante (los camaradas americanos Cannon, Shachtman y Dunne* habían descubierto sin ningún reparo que una causa muy importante de la violenta explosión entre la organización y el pintor, más allá de su temperamento, residía en el hecho de que la organización dependía directamente de él en el plano financiero. De común acuerdo, se decidió que en el futuro le darían el dinero al Comité Panamericano, el cual lo repartiría). Al crear su propio partido, el pintor comenzó a financiar a la Casa del Pueblo directamente y a crear una situación totalmente degradante de dependencia de una organización obrera frente a un individuo.

En el curso de los últimos cinco o seis meses, el pintor buscó confraternizar con la CGT anarquista y la Casa del Pueblo lo siguió en esta dirección. Inventó una filosofía de la historia especial y un programa especial para esta confraternización. He aquí su programa -una mezcla de residuos marxistas con prejuicios anarquistas y democráticos vulgares-. Parece que los dirigentes de la CGT han estado de acuerdo con ese documento de forma amistosa, pero solamente para abandonarlo y pasarse al campo de los políticos burgueses más reaccionarios.

Olvidé mencionar que aproximadamente un mes antes de esta experiencia, ganó a la Casa del Pueblo para proclamar su adhesión a la Cuarta Internacional. Durante una manifestación han llevado el estandarte de la Cuarta Internacional. Pero no se trataba más que de una medida de protección contra la Cuarta. Cuando le pregunté a sus dirigentes por qué no querían trabajar con nuestra sección o con el camarada Curtiss personalmente, me respondieron oralmente que no veían la necesidad de hacerlo porque ya pertenecían a la Cuarta Internacional y que era preferible para ellos trabajar en otras organizaciones sindicales.

Algunas semanas más tarde, el pintor decidió desarrollar una política presidencial y la Casa del Pueblo le siguió nuevamente los pasos. Ahora han constituido su propio partido, con su propio programa, redactado por el pintor en cinco o diez minutos5.

El pintor declaró que la sección mexicana de la Cuarta Internacional había decidido no participar en las elecciones por temor a poner en peligro mi asilo. Repite aquí las acusaciones más bajas de Eiffel y de Galicia, a quienes trataba, por esta misma razón, de agentes de la GPU.

Debo mencionar aquí el incidente relacionado con los frescos de O’Gorman6. El pintor y su amigo han organizado una enérgica protesta, como de costumbre sin que yo tomara parte. En el transcurso de esta campaña, no tuve más que una discusión accidental sobre esta cuestión con el pintor. Le dije que esta historia no tenía nada en común con la historia de los frescos del edificio Rockefeller7. El gobierno mexicano había expropiado las empresas petroleras y debía vender el petróleo. Las democracias boicoteaban ese petróleo y los fascistas lo compraban; pero éstas lo hubieran boicoteado igual si el gobierno mexicano hubiera colocado caricaturas de ellos en los edificios gubernamentales. México es un país oprimido y no puede imponer su petróleo mediante sus barcos de guerra y sus cañones. Si el patrón obliga a los obreros a retirar un retrato de Marx de una sala de obreros, los obreros deben obedecer para evitar ser echados a la calle. La posición de México frente a los grandes países imperialistas es parecida a la de los obreros frente a su patrón. Por ejemplo, durante el período de Brest-Litovsk8, no podíamos poner caricaturas de Guillermo II en nuestros edificios gubernamentales y menos aún en el diario gubernamental oficial. Es una cuestión de relación de fuerzas no de principios. Intenté explicar todo esto al pintor. Pero él afirmaba que el gobierno, y particularmente Mujica (era en su Ministerio), eran sirvientes reaccionarios de Hitler y de Mussolini y que harían cualquier cosa para mostrarse como antisemitas, etc. Y decía que había roto toda relación con Hidalgo quien había intentado defender a “su dirigente reaccionario, Mujica”. Comprendí esta alusión y abandoné la discusión.

Puede Ud. concebir cuán estupefacto quedé cuando Van encontró por azar al pintor en compañía de Hidalgo, saliendo del edificio del comité por Mujica9 llevando paquetes de panfletos por Mujica que cargaban en el bolso del pintor. Creo que es la primera vez que comprendimos el nuevo giro, o el pasaje del pintor del “anarquismo tercer período”10 a la política de frente popular. La desgraciada Casa del Pueblo lo ha seguido paso a paso.

Hemos sido muy pacientes, mi querido amigo. Esperábamos que a pesar de todo podríamos conservar a este fantástico hombre en nuestro movimiento. Yo me mantuve apartado y el camarada Curtiss hizo todo lo que podía hacerse. Todo esto fue en vano.

Ud. conoce ahora sus acusaciones personales contra mí. Estas han aparecido de forma inesperada incluso para él. El estaba descontento con nuestra lentitud, con nuestra actitud conciliadora frente a Galicia y compañía, etc. Quería a toda costa provocar un milagro11 a cualquier precio. En su espíritu fantástico volvió como esperando que, luego de haber logrado un triunfo al dominar a la Casa del Pueblo y a la CGT, podría aparecer triunfante frente a nosotros y que lo reconoceríamos en su carácter de dirigente. Pero sus fiascos lo han vuelto nervioso y hostil a nuestros ojos. Al igual que él acusaba a Shachtman de la responsabilidad por su propia desventura con la Liga mexicana, del mismo modo comenzó a acusarme de ser responsable de sus propios errores y giros fantásticos. Es en este estado de espíritu que dictó su fantástica carta a André Breton. Incapaz de encontrar un solo hecho que reprocharme, simplemente inventó dos historias que todos nuestros amigos, en particular Van y Curtiss saben que son absolutamente falsas. Una copia no firmada de esta carta fantástica cayó de casualidad en manos de Natalia. Puede Ud. imaginar mi estupor y mi disgusto personal. Le pedí una explicación a Van. Me dijo que el pintor le había prometido comunicarme personalmente esta carta. A pesar de todo intenté dirigir esta cuestión de la forma más discreta posible a través de la intervención de Van y luego de Curtiss. Pedí solamente que reconociera que sus dos ejemplos de mi “falta de lealtad” no eran más que malentendidos (no le he pedido incluso que reconociera que en realidad los había inventado). Lo aceptó, lo rechazó, lo aceptó de nuevo, lo rechazó de nuevo. Le envié copia de todos los documentos destinados al Comité Panamericano. El camarada Curtiss hizo un último esfuerzo para hacerlo retractar de sus falsas aseveraciones. Rechazó esto e incluso le mostró a Curtiss una carta destinada a Bertrand Wolfe12 anunciando su ruptura con nosotros a causa de nuestro oportunismo, etc.

Debemos ahora mostrarnos firmes con esta personalidad peregrina. Hay dos cuestiones, una personal y la otra política. Comienzo por la menos importante, la cuestión personal.

El Comité Panamericano no puede más que pronunciarse sobre las tres acusaciones lanzadas por el pintor: a) que ejercí presión sobre el camarada Curtiss para que publique el artículo del pintor sobre el arte no como artículo sino como carta, b) que maquiné un golpe de estado en la F.I.A.R.I. nombrando secretario a Ferrel. Todo el drama tuvo lugar con la participación del pintor y con su acuerdo. La candidatura de Ferrel fue propuesta por Zamora y aceptada por todos, incluido el pintor (estando de testigos los camaradas Curtiss, Van, el mismo Ferrel y Zamora), c) que utilicé métodos de GPU con relación a la correspondencia del pintor con Breton. El asunto está expuesto completamente en mi carta al Comité Panamericano y en los documentos. Aquí sólo puedo mencionar que están publicadas citas de esta carta en la revista francesa Clé (esas partes están igualmente dirigidas contra mí pero de forma anónima y pretendidamente sobre un plan de principios). Y allí, debo pedir al Comité Panamericano una declaración muy clara y categórica, incluso si se estima necesario una comisión de investigación, porque esta cuestión puede tener repercusiones internacionales. Envalentonado por su aparente impunidad, el pintor agrega todos los días un detalle y perfecciona el cuadro de sus acusaciones. Ud. lo conoce personalmente en forma suficiente como para comprenderme. Debemos estar armados contra sus extravagantes calumnias. No propongo la publicación del veredicto del Comité Panamericano13, pero debe ser comunicada a las personas interesadas incluido el pintor mismo, con la advertencia de que si en el futuro se siguen divulgando falsas acusaciones, el veredicto se hará público.

En lo que concierne al aspecto político de la cuestión, a mi modo de ver, debemos publicar inmediatamente una declaración muy clara y categórica sobre las actividades políticas del pintor en el curso del último período, declarando que los documentos que ha elaborado están en total contradicción con el marxismo y con las decisiones de la Cuarta Internacional, y que, incluso si él no hubiera renunciado, por sus actividades se hubiera puesto él mismo por fuera de la Cuarta Internacional. El movimiento obrero no es un campo libre para las experiencias individuales. Creo que sería necesario adoptar y publicar tan rápido como sea posible una resolución de ese tipo e incluso difundirla por el canal de agencias burguesas de prensa.

Pienso que sería necesario, en la declaración del Comité Panamericano, explicar que, a pesar de sus particularidades individuales, el caso del pintor es parte del retiro general de los intelectuales. Algunos de ellos tenían mucha “simpatía” por nosotros en tanto que nos consideraban personas perseguidas que tenían necesidad de su protección. Pero ahora que nos estamos volviendo un factor político, con nuestros propios objetivos y nuestra propia disciplina, están cada vez más “desencantados” con nosotros y, luego de algunos giros ultraizquierdistas, buscando un canal en la opinión pública burguesa de su patria. Nuestro pintor es solamente más generoso, más dotado y más peregrino que los otros, pero es no obstante uno de ellos.

Sería necesario publicar sobre esta cuestión un artículo en New International y la decisión política en Socialist Appeal.

Espero haberle dado las informaciones más importantes y Ud. puede ponerlas a disposición del Comité Panamericano.

 

1. Carta a J. Frankel. Traducido del francés de la versión publicada en Oeuvres, Tomo 20, pág. 302, editado por el Instituto León Trotsky de Francia.

2. Rivera, cuidadoso de la “ortodoxia” en presencia de Trotsky, no retrocedía en presencia de sus secretarios, ante las paradojas o las afirmaciones de principio anarquistas que habían inquietado tanto a Frankel como a Van Heijenoort.

3. Curtiss vino como representante del Secretariado Internacional. Rivera había conocido a Curtiss en México en 1934.

4. Se trata aparentemente del viaje hecho en enero de 1937 por Shachtman, Novack y otros para recibir a Trotsky en México.

5. El partido en cuestión es el P.R.O.C. (Partido Revolucionario Obrero Campesino).

6. En noviembre de 1938, el gobierno mexicano había dado la orden de borrar en las pinturas murales del aeropuerto central de México efectuadas por Juan O’Gorman, las caricaturas de Hitler y Mussolini que comprometían sus relaciones con Alemania e Italia a quienes deseaba vender su petróleo boicoteado ahora por Gran Bretaña y Francia luego de las nacionalizaciones.

7. Rivera había pintado para el centro Rockefeller de Detroit unos frescos en los cuales figuraba un retrato de Lenin. Luego de una campaña de prensa, Rockefeller, que había hecho primero tapar las pinturas, las hizo destruir el 9 de febrero de 1934.

8. Sin duda Trotsky hace alusión al período que va entre la firma del armisticio y la firma de la paz, ambas firmadas en Brest-Litovsk y durante las cuales el gobierno alemán sólo esperaba una “provocación” para agravar los términos de su dictat (dictado).

9. Se trata del comité que intentaba hacer aceptar por el PRM la candidatura de Mujica a la presidencia de México.

10. La alusión al “tercer período de los errores de la Internacional Comunista” hace del término “tercer período” el equivalente de “izquierdismo infantil”, “ultraizquierdismo”, “sectario”.

11. Trotsky ya había empleado esta expresión a propósito de Raimond Molinier en 1936.

12. Bertrand D. Wolfe (1896-1977) que había sido uno de los dirigentes del PC americano en los tiempos de Lovestone, luego su socio en los movimientos de la oposición comunista de derecha, era también un gran amigo personal de Diego Rivera a quien había conocido durante el tiempo en que éste se ocupaba del partido mexicano por cuenta de la Internacional Comunista.

13. Frankel, que en Estados Unidos se llamaba Glenner, se ocupaba también del Comité Panamericano (P.A.C.), bajo el nombre de José López.<!—[if !supportFootnotes]—>



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