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CAPÍTULO XVIII

LA POSGUERRA

Todos los informes acerca de la atmósfera política de la U.R.S.S. hacia el final de la segunda guerra mundial parecen coincidir al aludir a este período como el de las grandes esperanzas. Tanto la disminución de la presión policíaca, la amnistía parcial tácita y la tregua política exigidas objetivamente por la unión sagrada como el sentimiento de unanimidad forjado en el combate y la importancia de los sacrificios consentidos, permiten vislumbrar unas posibilidades de cambio ansiadas desde hacía tiempo, pero deseadas francamente a medida que se aproxima el fin de las hostilidades. Tanto la pesadilla de la guerra como la de la anteguerra parecen pertenecer a otra época: a pesar de que la propaganda oficial vuelva a colocar en primer plano el papel del partido, su tono y sus temas han sido remozados desde hace algunos años, así, según ella, la «guerra patriótica» ha sido llevada a cabo con el fin de obtener la victoria de la «democracia» y de la «libertad». Muchas limitaciones que se justifican por los peligros inmediatos del estado de guerra, parecen abocadas a desaparecer al producirse la victoria final. Numerosos hechos concurren en esta renovación de la atmósfera: los jefes del ejército son hombres nuevos cuyo prestigio parece eclipsar el de los dirigentes del partido, millones de hombres -soldados desmovilizados, prisioneros de guerra liberados y trabajadores deportados en Alemania- vuelven, intercambian y confrontan sus experiencias y sus ideas y comulgan en una serie de aspiraciones al bienestar, la paz y la libertad, en todas sus formas, tras la terrible violencia aceptada o padecida.

El partido en la guerra

El propio partido presenta una fisonomía completamente nueva en muchos aspectos. El reclutamiento del período de guerra le proporciona hasta 100.000 nuevos miembros todos los meses; solamente durante el año 1942, los nuevos miembros ascendieron a 1.340.000. Partiendo de los 5.760.369 miembros del final de la guerra alcanza 6.300.000 en septiembre de 1947. Los administradores, técnicos, intelectuales y oficiales superiores que hasta ahora habían permanecido al margen, ingresan en gran número: el general Govorov se adhiere a la edad de cuarenta y seis años y en el siguiente Congreso es elegido miembro del Comité Central. En general, al menos la mitad de los nuevos miembros son militares de diferentes graduaciones, avalados por su conducta en el frente más que por consideraciones políticas y admitidos en el partido precisamente por que sus puertas se abren a los «héroes». El incremento -subrayado por los dirigentes- del porcentaje de nuevos miembros de extracción obrera que pasa de un 24,4 por 100 antes de la guerra a un 32,1 por 100 durante la guerra, no se traduce en un aumento correspondiente del papel de los obreros dentro del partido: por el contrario, a partir de 1946 la prensa comienza a quejarse de que «el proletariado industrial dirigente» se vea ahogado por el número de nuevos reclutas de diferentes orígenes sobre todo, en las regiones liberadas donde el fenómeno adquiere enormes proporciones. Más del 60 por 100 de los miembros del partido tienen menos de treinta y cinco años y, en ciertas regiones, los nuevos afiliados integran la gran mayoría: un 77 por 100 en la región de Vitebsk y un 78 por 100 en la de Polotsk. Se da el caso entonces de que los obreros se encuentran en minoría como ocurre en Minsk, donde de un total de 520 nuevos miembros [1] solo hay 24 obreros, o en el conjunto de Bielorrusia donde sólo un 11,6 por 100 de los reclutas son obreros [2] . No se publica ninguna estadística global y ello explica el carácter contradictorio de estos datos no obstante, parece haberse demostrado que el reclutamiento del periodo de guerra no ha modificado la tendencia al predominio de la intelligentsia, que M. Rigby evalúa en un 68 por 100 de los miembros del partido en 1957; este extremo se ve confirmado por los datos oficiales publicados con refe­rencia a Georgia y Kirguizia [3] . La Vida del partido cita el caso de una fábrica de 1.000 obreros en la cual sólo hay 56 miembros del partido y el periódico Babinski Rabotchi alude a una organización de 7.000 miembros que en 1946 sólo contaba con 28 «obreros dirigentes» [4] ; en 1947, 400.000 miembros del partido habían cursado estudios superiores, es decir, un 6,32 por 100 frente al 5,08 por 100 de 1939; 1.300.000 tenían estudios de grado medio lo que equivale a un 20,54 por 100 frente al 14,2 por 100 de 1939 [5] .

La guerra había provocado una estricta centralización en torno al todopoderoso Comité de Defensa, mas como, afirma Brzezinski, también había suscitado «la descentralización del control real y una mayor propensión a «ordenar que se hiciesen las cosas» por parte de los secretarios» [6] . Los secretarios del partido en las diferentes repúblicas, únicos en conocer perfectamente la situación particular de su región y en aprovecharla al máximo, asistieron al robustecimiento de su autoridad, al incremento de su margen de iniciativa, a la disminución del control que sobre ellos ejercía la autoridad central y a la extensión de sus poderes personales hasta el terreno de la administración económica donde, cual verdaderos sátrapas, pasaron a intervenir directamente.

Todos estos fenómenos, que el partido pronto denunciará como manifestaciones de pasividad y tendencias nacionalistas-burguesas, constituyen evidentemente el resultado del aumento de los efectivos y de la inevitable desintegración de la autoridad como consecuencia directa de la guerra. No obstante, otras nuevas características del partido deben ser explicadas por la naturaleza misma del poder burocrático; así ocurre con su regresión como origen del poder, frente a un Secretario General que, en lo sucesivo, será el mismo tiempo presidente del Consejo y generalísimo: el «mariscal» Stalin eclipsa a los organismos regulares que cada vez son menos citados de forma oficial. Las sesiones del Comité Central son poco frecuentes y su papel se reduce a sancionar unas propuestas que ya han sido aplicadas. Tampoco el Politburó decide; durante años Stalin podrá destituir a su capricho a cualquiera de sus miembros. Durante once años y sin que se de ninguna razón seria para ello, no convocará ni Congresos ni Conferencias. Como apunta Schapiro, todo parece indicar que el partido no es ya más que uno de los instrumentos de la dictadura de Stalin. Su secretariado personal, que sigue estando en manos de Poskrebyshev, ha sustituido de hecho al secretariado del Comité Central en el ejercicio real del poder y el manejo del aparato. No obstante, este organismo será el eje de las luchas entre. camarillas del período de posguerra.

Luchas internas

En la actualidad todavía permanece oscuro el gran con­flicto que se desarrollo entre bastidores después de la guerra pero parece estar probado que enfrentó a los grupos rivales de Zhdánov y Malenkov en una lucha por la confianza y la sucesión de Stalin.

Zhdánov, a partir de 1934, fecha en la que tomó la sucesión de Kírov a la cabeza del partido en Leningrado, es una de las figuras de primerísimo plano del régimen. Por su parte, Malenkov no ha dejado de ascender durante la guerra tras su importante intervención en las purgas. En agosto de 1943 se le atribuyen las importantes funciones de presidente del Comité de Rehabilitación de territorios liberados. A finales de 1944 asume la presidencia del comité de desmantelamiento de las instalaciones industriales de las regiones conquistadas. Es posible, como sugiere Schapiro, que la vuelta de Zhdánov a Moscú en 1945, haya marcado el principio de la rivalidad entre los dos hombres [7] . De todas formas son Zhdánov y Voznesensky los que inician las hostilidades al atacar la administración de la operación de desmantelamiento, denunciando los enormes despilfarros que ha provocado. Una comisión de encuesta presidida por Mikoyan dictamina que la operación debe abandonarse y propone que se formen sociedades mixtas.

En opinión de Schapiro resulta bastante verosímil que la adopción de las conclusiones de Mikoyán representase una seria derrota para Malenkov, apoyado por Beria y Kaganóvich [8] . En cualquier caso, después de ser el número dos del secretariado, Malenkov desaparece de él en 1946. Uno de sus más íntimos colaboradores, Alexandrov es sustituido en enero de 1947 por Suslov. Sin embargo, su eclipse es de corta duración: el 20 de junio de 1948, Malenkov es citado de nuevo como secretario. Zhdánov muere súbitamente el día 31 de agosto; durante los meses siguientes sus colaboradores desaparecen sin que se dé información oficial alguna sobre ellos: entre ellos se encuentran Nicolás Voznesensky, miembro del Politburó, Pedro Popkov, secretario de la región de Leningrado, Miguel Rodionov presidente de la RSFSR y A. A. Kuznetsov secretario del Comité Central que fue dirigente del partido en Leningrado durante el sitio. La prensa extranjera reparará en el primer indicio de esta depuración al notar la ausencia de Voznesensky en las listas de dirigentes mencionados con ocasión de las ceremonias del 1 de mayo de 1949. Habrá que esperar hasta 1952 para tener una confirmación de su caída en desgracia ya que no de su muerte: Mijail Suslov le ataca violentamente en la Pravda del 24 de diciembre de 1952 por las «concepciones antimarxistas» vertidas en su libro sobre la economía de la U.R.S.S. durante la guerra. Con ello revela igualmente una resolución del Comité Central, fechada el 13 de julio de 1949, por la que se destituye a un redactor de Bolchevik culpable de haber «glorificado servilmente» el libro en cuestión.

Los primeros datos acerca de lo que se ha dado en llamar el «affaire de Leningrado» no se conocerán hasta después de la muerte de Stalin: la ejecución de Voznesensky se convierte entonces en un instrumento de lucha entre los diferentes clanes. En 1953 la responsabilidad del crimen recae sobre Beria. Al año siguiente, varios altos funcionarios de la seguridad entre los que se encuentra Victor Abakumov, antiguo miembro del secretariado personal de Stalin, son acusados de fabricar documentos falsos para propiciar la condena de los zhdanovistas bajo la acusación de «chovinismo gran ruso», todos ellos son procesados. Su ejecución será anunciada el 24 de diciembre de 1954. En el verano de 1955, a su vuelta de Belgrado, Jruschov revelará a los militantes acudidos a Sofía para escucharle, que junto con Malenkov y Mólotov, él había intentado hablar con Stalin para salvar a Voznesensky que había solicitado su ayuda: todo fue inútil, al principio de la entrevista Stalin les comunicó, la ejecución de Voznesensky [9] . Durante el XX Congreso, en 1956, el mismo Jruschov vuelve a repetir que Stalin había decidido personalmente acabar con Voznesensky, sin consultar al Politburó y basándose en las informaciones recogidas por Beria [10] . Después de julio de 1957 y de la expulsión de la dirección del «grupo antipartido», es Malenkov quien en lo sucesivo aparece como principal responsable de la liquidación de los leningradenses: este tema es retomado y desarrollado durante el XXII Congreso donde, por primera vez, se publican una serie de informaciones referentes a las proporciones alcanzadas por la represión: Chelepin, responsable de la Seguridad, alude a la muerte de «muchos comunistas» [11] y Spiridonov, que compara la depuración de 1940-50 con la de 1935-37 la califica de «exterminio de los cuadros» [12] . Por estas fechas, la mayoría de los comentaristas y especialistas extranjeros ya habían considerado que la liquidación del grupo de zhdanovistas de Leningrado venía a ser el epílogo de su lucha con el grupo Malenkov, uno de cuyos miembros, Andrianov ocupaba desde entonces el cargo de primer secretario regional.

No obstante, resulta difícil admitir que se haya dicho la última palabra sobre este asunto. Muchas cuestiones no parecen estar resueltas, inclusive la del papel desempeñado por los dirigentes actuales y por Jruschov: ¿Acaso no fue Suslov el primero que atacó públicamente a Voznesensky? Por el momento es pues preciso renunciar a precisar las responsabilidades individuales e incluso a dar una explicación global de los acontecimientos. Sólo los periodistas, obligados a escribir continuamente, se han visto condenados a analizar el orden de presentación y las alteraciones del orden alfabético en la enumeración de los jefes, a estudiar minuciosamente las dimensiones de las fotografías y a sacar de ellos conclusiones acerca del desarrollo político de tales luchas entre camarillas. A la espera de la apertura de los «dossiers» secretos, el historiador del partido debe contentarse con la observación de que estas luchas a muerte en el seno del aparato obedecen a las casi inmutables reglas de las batallas entre apparatchiki: la policía secreta es siempre la encargada de colocar el último sello sobre la sentencia de los vencidos, la pugna se desarrolla entre bastidores y la línea que sus vencedores atribuyen al clan exterminado, denunciada con gran despliegue propagandístico, no tiene por qué ser forzosamente la mantenida en realidad, pudiendo incluso estar en franca oposición con ella. Y es que el aparato sólo segrega procedimientos policíacos, incluso cuando trata de interpretar su propia historia.

También se esfuerza en silenciar toda referencia a la actividad de sus enemigos. No obstante, las revelaciones de muchos prisioneros, liberados de los campos de concentración después de 1953, nos permiten conferirle a la purga de 1947 un significado diferente que el de mera eliminación del grupo de los burócratas de Leningrado constituido por Voznesensky y sus colaboradores. El periodista alemán Claudius, tras su retorno de la U.R.S.S., reveló que la mayoría de los antiguos «bujarinistas» y «trotskistas» que sobrevivieron después de 1941 y que habían sido liberados durante la guerra fueron detenidos de nuevo en 1947: él personalmente se había entrevistado con Astrov, antiguo colaborador de Bujarin que se había visto en esta situación. Asimismo, por aquella época llegaban a los campos de Alexandrovsk y Verjne-Uralsk los hombres que habían pertenecido a una oposición más reciente, la constituida poco después del final de la guerra con el nombre de «Oposición Obrera». Claudius tuvo ocasión de entrevistarse con un antiguo aviador «héroe de la Unión Soviética», de nombre V. A. Smírnov, que había sido condenado a veinticinco años de trabajos forzados por haber organizado un Círculo de Estudios a tenor del aludido movimiento [13] . Otra periodista, la ex comunista alemana Brigitte Gerland, conoció en Vorkuta a una serie de antiguos estudiantes que habían formado en 1946 un grupo de oposición clandestino conocido como I.T.L. Istinni Trud Lenina, (la verdadera obra de Lenin). Al parecer este grupo había funcionado durante varios meses, sobre todo, en Moscú, Leningrado, Kiev y Odessa, hasta que sus miembros fueron descubiertos, detenidos y condenados, ellos también, a la pena de veinticinco años de trabajos forzados. Brigitte Gerland cita diferentes textos elaborados por ellos, entre los cuales se halla un programa en favor de un «gobierno de soviets obreros y campesinos» elegidos por escrutinio secreto y la sustitución de los «burócratas profesionales» por unos comités electos revocables en cualquier momento [14] . Ello demuestra inequívocamente que las esperanzas que suscitó la victoria sobre el hitlerismo, habían alimentado la actividad. política de una nueva generación o por lo menos, de una nueva vanguardia que Stalin y sus lugartenientes se apresuraron a sofocar. Bajo este punto de vista, la purga de 1947 adquiere diferente significación y el misterio que la rodea podría explicarse mejor en definitiva, si Voznesensky y sus hombres no hubieran sido más que simples chivos expiatorios, sacrificados a título de advertencia y escarmiento para los apparatchiki vacilantes o tibios.

El restablecimiento del control de la situación

Por otra parte resulta significativo a este respecto que, mediante las sucesivas «revelaciones» acerca de los sucesos de Leningrado, no puedan descubrirse más oposiciones que las puramente individuales, incluso cuando se hacen pasar por una lucha de los leningradenses para devolver la capitalidad a su ciudad o para organizar en ella una feria económica que pudiera eclipsar a la de Moscú. En último extremo, la rivalidad entre Zhdanov y Malenkov tal vez ha podido influir en el destino individual de centenares o incluso de millares de apparatchiki pero, desde el final de la guerra, no ha obstaculizado al aparato central su reconquista del conjunto del partido y del país: en esta operación de vuelta al equilibrio ciertamente Zhdánov, Malenkov y los demás tienen iguales méritos. Sus divergencias no han tenido ninguna proyección sobre la orientación fundamental.

Una vez más se procede a la reorganización del instrumento esencial de dirección: el secretariado del Comité Central. Según todos los indicios, esta operación se lleva a cabo bajo la dirección de Malenkov, sin que se dé al hecho la publicidad de 1930 y 1934; el directorio de cuadros queda suprimido dividiéndose de nuevo el secretariado, como en 1930 cuando pre­sionaban las necesidades de industrialización, en diferentes departamentos económicos que suministran a la industria pesada, a la ligera, al plan y al sector financiero los responsables del partido necesarios. Como consecuencia de la disolución de la Komintern se le añade un «departamento extranjero». El agit-prop vuelve a ser un departamento: Alexandrov, es sustituido en 1947 por Suslov sin que se operen modificaciones en su línea. No obstante, el sentido de la reorganización parece bastante claro: se trata de restaurar en todos los planos el control normal del secretariado sobre el aparato y el de éste sobre el partido y los diversos sectores de la vida del país, combatiendo asimismo todas las tendencias centrífugas.

A partir de 1946, se acentúa manifiestamente la necesidad de controlar las admisiones y de formar políticamente» a los nuevos reclutas: a este respecto una circular de julio y otra de noviembre prescriben una serie de medidas. También se reorganiza el partido en el campo con el fin de mejorar el control que ejerce sobre los koljoses y, sobre todo, para poner fin a las usurpaciones realizadas por los koljosianos en detrimento de la propiedad colectiva. El nuevo agrupamiento de los servicios del secretariado permite la utilización de cuadros políticos en la agricultura por el intermediario de las estaciones de maquinaria y tractores (S.M.T.). Los primeros resultados se producen con rapidez: en Georgia los bienes restituidos, tras haber sido «robados» a las granjas colectivas, ascienden a 7.779 hectáreas de tierras, 6.926 cabezas de ganado, 27.977 ovejas y cabras, 61.826 aves de corral y 99.915.817 rublos en especie [15] . Los problemas por resolver son todavía más graves en las regiones más periféricas donde han surgido auténticas satrapías locales y en las regiones liberadas, abrumadas por el alud de antiguos prisioneros o trabajadores forzados difícilmente controlables y donde, como en Ucrania y en Bielorrusia, se manifiestan, incluso entre los partisanos, acusadas tendencias nacionalistas. En agosto de 1946, el Comité Central del partido ucraniano es informado de la necesidad de un «cambio masivo en los cuadros dirigentes», dados los «errores cometidos en el reclutamiento de cuadros y la insuficiente atención prestada a los trabajadores ingresados recientemente» [16] . Por esta fecha, el 38 por 100 de los secretarios de distritos, el 64 por 100 de los presidentes de los comités ejecutivos y el 62,3 por 100 de los presidentes de las estaciones de maquinaria y tractores, hablan sido ya renovados en Ucra­nia. Posteriormente la depuración habrá de ampliarse más aun, recayendo, en dieciocho meses, sobre un 57,4 por 100 de los «trabajadores del partido» en la región de Jarkov, un 50 por 100 de los de Voroshílovgrad, un 57,4 por 100 de los de Lvov, un 22,7 por 100 en Zaporozhe -y entre ellos su secretario regional-, un 33 por 100 de los de la ciudad de Stalinsk y un 62 por 100 de los de Kiev. La purga es más intensa aún en Bielorrusia donde, a finales de 1948, el 90 por 100 de los secretarios de distrito hablan sido destituidos además del 82 por 100 de los presidentes de los ko1joses y el 96 por 100 de los responsables administrativos. En el Kazajstán, el 67 por 100 de los funcionarios del partido y dirigentes de la industria son sustituidos en 1945 y 1946. En total y para el conjunto de la U.R.S.S., el 27,5 por 100 de los secretarios de distrito y el 35,3 por 100 de los funcionarios de los comités son destituidos a finales de 1947 [17] . Los motivos que se dan para estas destituciones pueden ser «nacionalismo burgués» o «insuficiencia de trabajo político», pasando por «repulsa de la autocrítica» y formación de «camarillas de relaciones personales».

El aspecto más espectacular de este restablecimiento de la situación fue sin duda la campaña de depuración de los intelectuales que se puso en marcha el 14 de agosto de 1946 con la condena por el Comité Central de las dos revistas Zvezda y Leningrad, y que había de durar cerca de cuatro años. La renovación del partido dirigente durante la guerra y el claro predominio de las nuevas promociones confieren efectivamente una particular importancia a la propaganda hecha durante la guerra. Como hemos visto, la ideología propagada por el partido entre 1939 y 1945, estaba mucho más cerca de un ideario nacionalista que de la doctrina marxista aunque esta hubiera sido «estalinizada»; la propaganda oficial se acercó entonces al antiguo populismo, estaba marcada por el mesianismo ruso y por los temas democráticos, unitarios y antifascistas característicos de la política de Frente Popular y reservados hasta entonces únicamente a los comunistas de los países extranjeros. Tanto el fin de la guerra como la ruptura de la alianza con las «democracias» amenazaban con suscitar, en el propio seno del partido, muchas incertidumbres y vacilaciones, en la medida misma que muchos comunistas rusos sólo podían referirse a las ideas generales que les habían sido impartidas durante este período: las necesidades de la burocracia exigían, para su defensa en la guerra fría que se avecinaba, su inmunización contra las ideas «extranjeras», sacándoles de la confusión en la que ella misma los había arrojado.

El contacto de millares de intelectuales, técnicos, funcionarios y oficiales con la civilización capitalista occidental contribuía también a la desorientación ideológica: la superioridad material y científica de los países capitalistas avanzados, y sobre todo de los Estados Unidos, planteaba sin duda una serie de preguntas angustiosas a las generaciones convencidas de que la U.R.S.S. había construido el socialismo y de que el socialismo es una forma superior de organización social.

La recuperación del control en el plano ideológico, supuso la utilización de todos los medios de persuasión, de propaganda e incluso de coacción, con el fin de convencer a las masas rusas, por medio de los militantes del partido, de la superioridad de la «civilización soviética» en todos los campos. En su informe al Comité Central de septiembre de 1947, Malenkov declara: «El partido se ha visto obligado a llevar a cabo una lucha enérgica contra diversas manifestaciones de admiración servil respecto a la cultura burguesa de Occidente, actitud bastante frecuente entre ciertos sectores de nuestra intelligentsia y constitutiva de una secuela del pasado maldito de la Rusia zarista.»

De hecho y por una de esas ironías con la que la historia violada parece tomarse la revancha, la campaña contra el «cosmopolitismo» va a exigir precisamente la glorificación del pasado ruso, el de la propia Rusia zarista. Los burócratas del partido se ven obligados por la lógica de la defensa de sus privilegios, a afirmar la superioridad de la ciencia y de la cultura soviéticas y a persuadir a las masas de que el socialismo ha sido construido y de que, si ello ha ocurrido en la U.R.S.S. solamente se ha debido a la indefectibilidad de este triunfo alcanzado bajo la dirección del genial Stalin. En consecuencia, no tiene más remedio que negar lo que había constituido una de las bazas más importantes de los bolcheviques en su victoria revolucionaria: el atraso técnico y cultural de la Rusia zarista. La lucha contra las «influencias extranjeras» les obliga no sólo a rehabilitar la vieja Rusia y a condenar a Eisenstein, convicto de haber cargado las tintas en su descripción de Iván el Terrible, sino también a presentar sistemáticamente el pasado ruso como superior en esencia al de los restantes países. La prensa del partido emprende una nueva redacción de la historia de la ciencia.: los grandes descubrimientos científicos y técnicos que han hecho posible el desarrollo contemporáneo son atribuidos. en lo sucesivo a los sabios, investigadores y técnicos rusos. Ya no se deben a hombres nacidos en la sociedad altamente evolucionadas de Europa Occidental y del Nuevo Mundo que trabajaron en la atmósfera propicia a la creación y a la investigación de la sociedad capitalista en plena expansión, sino a unos hombres educados en el reaccionario y semi-feudal Estado zarista lo cual, en definitiva, sirve para explicar el genio propio y la superioridad del pueblo ruso. Así, la paternidad de la ley de la conservación de la energía, descubierta en Occidente durante el siglo XIX, se atribuye a Lomonosov que la formuló... en 1748. Veintiún años antes que los hermanos Wright, el ruso Mozhaisky había volado en avión y, sin que el mundo supiese nada de ello antes del siglo XX, resulta que fueron los rusos los inventores de las famosas máquinas textiles que constituyeron el punto de partida de la revolución industrial; también es rusa la paternidad de la electrolisis del agua, de la penicilina, de la radio, del teléfono, de las calculadoras, de los, navíos de hélice y de los aviones a reacción, inventos todos que fueron robados por una serie de capitalistas sin escrúpulos: incluso el propio Galileo es un impostor, glorificado por unos descubrimientos cuyo mérito correspondía exclusivamente a los investigadores rusos.

En tales condiciones y a pesar de las obligadas y rituales alusiones a la condena del «chovinismo . gran-ruso », toda la historia del pasado es escrita de nuevo para poder justificar la dominación ejercida por el Imperio ruso sobre los pueblos no eslavos durante el reino de los zares. El culto de los héroes nacionales del Kazajstán, del Uzbekistán, del Tadzhikistán y de Ucrania es condenado en nombre de la lucha contra el cosmopolitismo. El «socialismo en un solo país» -del que nadie habla ya- conduce a la exaltación del pasado ruso en sus aspectos más reaccionarios, lo que explica que el escritor comunista Alejandro Fadéyev, portavoz oficioso de Stalin, pueda escribir en la Pravda del 30 de junio de 1947: «Deseamos que se comprenda la necesidad histórica y el carácter progresivo de la integración de toda una serie de pueblos en el Estado ruso.» La existencia de un Estado de Israel de francas simpatías occidentales permite justificar la resurrección de un antisemitismo que bajo los zares había sido el corolario obligado del chovinismo gran-ruso permaneciendo latente bajo la ligera capa de barniz dada por la ideología estaliniana: a partir de 1948 esta nueva tendencia se manifiesta en la prohibición de toda publicación en yiddish, en la detención de numerosos miembros de la comunidad judía, en la denuncia, como «cosmopolitas sin patria» de algunos escritores hebreos cuyo verdadero apellido israelita es descubierto por los periódicos si acaso han decidido ocultarse tras un pseudónimo de consonancia rusa, y por último, en la liquidación de numerosas personalidades judías entre las que se encuentra el actor Mijoels y muy probablemente el cineasta Eisenstein.

La campaña ideológica va acompañada de una depuración enérgica orquestada desde los periódicos, las revistas, los Institutos Científicos y las Academias que tiene como objetivo a los filósofos y economistas, a los científicos, a los pintores, a los novelistas,, a los poetas, a los compositores y a los cineastas, a los biólogos, a los físicos, a los críticos de arte, a los payasos y a los agrónomos. Las personalidades condenadas -algunas veces tras las ruidosas intervenciones de Stalin como en el caso de la polémica sobre lingüística o sobre genética- pierden sus funciones oficiales en los Institutos, sus cátedras y sus laboratorios en las universidades viéndose privados de sus medios de subsistencia pues se prohíbe la publicación de sus manuscritos o partituras. Algunos fueron detenidos, muriendo, como el célebre biólogo Vavilov, en los campos de concentración., Tanto Zhdánov, el omnipotente señor de la ideología, como los funcionarios que le suceden, emprenden la fijación de las normas de la estética oficial. El «realismo socialista» ha de ser la representación de la sociedad tal como la desean los dirigentes pues constituye un buen procedimiento para dirigirla y troquelarla: condena el «liberalismo. podrido» que permite la expresión de los rasgos negativos o las «secuelas del pasado », al igual que el «sentimiento de soledad» que es «extraño a la sociedad soviética». Los héroes de las novelas deben ser auténticos dechados de conformismo y el Comité Central no vacila en arrojar su anatema tanto sobre la biología de Morgan y la mecánica ondulatoria como sobre la física nuclear, a la que se califica de burguesa en honor de la ocasión, al igual que sobre la cibernética y el psicoanálisis, exponentes no menos escandolosos de la «ideología burguesa». Los excesos de la Zhdánovtchina reflejan en realidad una frenética necesidad de control que la burocracia no consigue sa­tisfacer en la medida misma que contradice las necesidades profundas de la sociedad y de su estructura económica: durante los años siguientes, casi todas las excomuniones «definitivas» pronunciadas en el plano cultural durante la primera posguerra, habrán de ser revisadas.

Las nuevas contradicciones

La constitución del «glacis» de Europa oriental está considerada -al menos desde el punto de vista de los comentaristas pro-occidentales que tratan de convertir este proceso en un espantajo- como una de las victorias de la U.R.S.S. más importante de la posguerra. Esta expansión de tan especiales características termina no obstante por chocar casi inmediatamente con nuevas contradicciones de tan gran importancia que unos cuantos años bastarán para que el propio edificio de la dominación burocrática. se vea amenazado por ellas. A pesar de la existencia de los interesantes estudios publicados desde hace diez años, la historia de las «democracias populares » aún no ha sido escrita: pronto empezará a serlo, comenzando a esbozarse en 1956 al romperse el silencio que pesaba en estos países sobre los millones de hombres que participaron en esta transformación o que sufrieron de ella. El futuro historiador, tendrá en primer lugar que tomar en consideración el reparto de Europa en diferentes zonas de influencia y de ocupación realizado por los que fueron aliados: si Alemania está dividida en dos Estados con regímenes políticos y sociales opuestos, todo el mundo sabe que la explicación no ha de buscarse en las relaciones de clase existentes en estos territorios en 1946 sino en el hecho de su construcción desde arriba por cada uno de los grandes aliados. Los aliados occidentales habían aceptado en Teherán, Postdam y Yalta las transformaciones de los países de Europa Oriental, al igual que Stalin y los dirigentes de la U.R.S.S. habían tolerado la restauración del orden capitalista por los anglo-americanos en Italia, Grecia y otros países.

El estudio habrá de tener en cuenta igualmente el completo derrumbamiento del Estado e incluso de las fuerzas sociales capitalistas en los países de Europa Oriental sometidos al Ejército Rojo. El avance del ejército ruso despertó en la clase obrera de estos países, sometida hasta entonces a la dictadura nazi, toda una serie de esperanzas revolucionarias así como el deseo de. regir sus destinos con los instrumentos que le eran característicos. Los comités de liberación yugoslavos, por ejemplo, dictan leyes sobre provincias enteras incluso antes de la llegada de las avanzadillas rusas, asimismo la primera brigada proletaria del ejército de partisanos emprende una auténtica carrera con los tanques rusos para ser la primera en liberar Belgrado. Los obreros armados checos participan en la liberación de Praga y proclaman la autoridad de sus sindicatos que deciden e instauran. el control obrero dentro de las fábricas, Los obreros de Varsovia participan en la insurrección del verano de 1944 aplastada por unas tropas alemanas que se encontraban ya al alcance de los cañones del Ejército Rojo. En todas las fábricas alemanas del Este se constituyen consejos obreros que asumen la gestión de la empresa. Las células comunistas clandestinas, cuya atmósfera, era según Leonhard, «radicalmente diferente a la de las reuniones del partido soviético» evocaba «la imagen que se había formado de las reuniones en tiempos de la Revolución de Octubre y durante la guerra civil . rusa» [18] constituyeron por doquier comités de diversos nombres, «antifascistas» o «socialistas», que se encargaron de solucionar los problemas del momento. Sin lugar a dudas, la revolución y la toma del poder por los consejos obreros no se hubieran hecho esperan si hubiera existido en ellos siquiera un pequeño partido semejante al bolchevique de 1917; sin embargo, el depositario de la confianza de la vanguardia era el partido comunista, filial del partido ruso, cuyos dirigentes tienen otros planes.

En mayo de 1945, el dirigente comunista checo Gottwald anuncia, en el curso de un vibrante discurso, el nacimiento de una «revolución democrática y nacional», apartando así la perspectiva de una «revolución socialista». Por su parte, Walter Ulbricht afirma en la conferencia del partido alemán:. «Algunos obreros pretenden comenzar inmediatamente la construcción del socialismo. Ello no es posible.» Se inicia el ataque contra los organismos autónomos de clase. Los emisarios de Ulbricht organizan la disolución de los comités antifascistas y la integración de sus miembros en la administración que funciona bajo la autoridad de las fuerzas rusas de ocupación. Al reorganizar el partido y los sindicatos desde arriba, el aparato consigue disolver los consejos de empresa. Se ordena a los trabajadores checos que entreguen sus armas. El control obrero, al que como primera medida se priva de todo contenido mediante la administración de las fábricas por el Ejército Rojo, termina por ser suprimido en Checoslovaquia donde los rusos devuelven la autoridad civil a los enviados del gobierno emigrado de Londres. Cuando la administración es instituida por inspiración del ejército ruso, los representantes del aparato emprenden una búsqueda frenética de representantes de los antiguos partidos burgueses para que ocupen los puestos más representativos: la «democracia de nuevo tipo» no puede concebirse sin la presencia de estos hombres respetables. Estos últimos estarán de acuerdo con los representantes del aparato al decidirse a aceptar las nacionalizaciones checas, a cuyo respecto Uno de ellos, Hubert Ripka, escribe: «por lo menos se evitarían los disturbios sociales: era una ventaja sustancial» [19] . Asimismo los propios comunistas checos proponen «renovar» el consejo central de los sindicatos mediante una representación paritaria de miembros designados por todos los partidos, con el evidente objeto de eliminar su autoridad rival.

En el tipo de Estado reconstruido durante la ocupación del ejército ruso y en el que los representantes del aparato se han reservado los sectores clave de la policía y el ejército, los dirigentes comunistas emprenden la constitución de un partido de tipo estaliniano, tratando de conseguir en. primer lugar la fusión con los partidos socialistas demasiado permeables a la oposición de izquierda. Cuándo la ola revolucionaria retrocede los hombres del aparato han copado ya todos los puestos de mando y están dispuestos a iniciar un nuevo viraje. Como afirma Paul Barton, «la democracia popular, concebida como una alianza del Partido comunista con el aparato de Estado Y con una burguesía desintegrada por seis años de ocupación nazi, se reveló irrealizable por su incompatibilidad con las relaciones sociales existentes. De ello se dedujo la necesidad de adoptar numerosas medidas tendentes, como las nacionalizaciones, a quebrar la alianza que debía constituir la base de la democracia popular» [20] . En 1947,el partido comunista ruso. toma la iniciativa de la reunión en Polonia de nueve partidos comunistas de dónde habrá de salir la fundación del Kominform tanto para plantar cara a sus contradicciones como para dar una replica al Plan Marshal1, cuya ayuda se ofreció inicialmente también a los países satélites. Su mentor, Zhdánov, justificará posteriormente su formación por «la necesidad (...) particularmente urgente de la consulta y libre coordinación de las actividades entre los diferentes partidos».

Meses más tarde, el «golpe de Praga» cierra todo un periodo: unos 8.000 delegados de fábrica reunidos en Praga junto con las milicias obreras formadas y movilizadas en todo el país, deciden un golpe de estado que otorga el poder al partido comunista en detrimento de sus recientes aliados disolviéndose posteriormente. No habrá soviets Checoslovacos, sino una sociedad y un Estado cuyas estructuras y funcionamiento parecen estar calcados del modelo ruso. El proceso de asimilación estructural está llegando a su fin. Como dice Paul Barton, «inclusive en el caso de ocupación militar, Stalin se opone a la toma del poder durante todo el tiempo en que perdure una seria agitación en el país en cuestión. (...) La experiencia rusa, por otra parte, explica suficientemente la negativa de Stalin a admitir la toma del poder por sus epígonos en plena fermentación revolucionaria: los bolcheviques llegaron al poder gracias al desencadenamiento de las aspiraciones populares, pero el sucesor de Lenin ha necesitado más de veinte años para liquidar las veleidades de sus súbditos y asentar sólidamente su régimen. (...) No ordena la «acción directa» más que allí donde sus emuladores operan en plena apatía general de las «masas». A partir del momento en que éstas comienzan a moverse con sinceridad, los estalinistas reciben la consigna de establecer una coalición con sus adversarios. (...) El objetivo es volver a sujetar a las masas revolucionarias cuya vanguardia pretenden ser los estalinistas. Una vez domesticadas, serán utilizadas al día siguiente para desembarazarse de los aliados del momento ; la «revolución nacional democrática» se verá entonces completada, proclamándose el comienzo de la «edificación del socialismo» [21] . Los intereses de la burocracia rusa y la necesidad de luchar al mismo tiempo contra las fuerzas capitalistas que amenazan a su base económica y contra las fuerzas obreras que contestan su monopolio político han conducido a la transformación del «glacis» estratégico en una serie de Estados satélites de idéntica estructura.

No obstante, las contradicciones no se detienen en este punto. La subordinación al aparato ruso de los diversos aparatos de los partidos que ostentan el poder en Europa Oriental, no les impide segregar una burocracia que, por el hecho de haber sido calcada del modelo ruso hasta el punto de basarse en los mismos zig-zags económicos,. no deja de tener unos intereses propios y divergentes de los de la burocracia estaliniana. Estos regímenes se originaron, pues, en una revolución inconclusa y fuertemente controlada y en la acción de unas masas muy dóciles; no obstante, la reacción posterior a la ola revolucionaria no tendrá en ningún momento la profundidad de la que vivió la U.R.S.S. durante los años 1920-1930. Su base social y política es frágil y su fuerza surge en gran parte de la presencia del Ejército Rojo. Por otra parte, los burócratas de los países orientales han de revelar en seguida una mayor sensibilidad a las resistencias y a las aspiraciones obreras y campesinas, invocando claramente las aspiraciones nacionales con el pretexto de la búsqueda de una vía propia hacia el socialismo.

En particular, las peculiares características de la lucha del partido comunista yugoslavo durante la guerra, habrán de provocar entre éste y el partido y Estado rusos la primera ruptura entre organismos y estructuras surgidos del mismo aparato y herederos del mismo bagaje ideológico. En efecto, el partido comunista yugoslavo ha sido el único que ha encabezado una lucha de carácter revolucionario contra el ocupante alemán al mismo tiempo que contra las fuerzas sociales dirigentes de la pre-guerra. Al contar con el firme apoyo de las masas, es el primero en rechazar de hecho la política de conciliación defendida con el hombre de «democracia popular», el primero igualmente en emprender francamente una política de «transformación socialista» y en criticar el «oportunismo» de los «partidos hermanos» de Francia e Italia. Los dirigentes yugoslavos, orgullosos de su fuerza, de su ambición y de la confianza popular, critican los tratados económicos injustos que la U.R.S.S. ha firmado con sus aliados, se oponen a la intromisión de los militares, y, sobre todo, de la policía secreta rusa en su país, y a los intentos de los caciques del aparato soviético de prescindir de ellos y quitarles el control del partido. Tras una lucha secreta de varios meses, una serie de detenciones por ambas partes y el intercambio de unas cartas cada vez más airadas, la ruptura emerge a la luz pública con una declaración del Kominform fechada el 18 de junio de 1948.

El conflicto entre los partidos ruso y yugoslavo excedería los límites de este trabajo, no obstante parece conveniente recordar algunos de sus episodios. Durante el XX Congreso, Jruschov reveló que Stalin solía decir en julio de 1948: «Voy a mover mi dedo meñique y Tito desaparecerá» [22] . De hecho se pusieron en marcha un número considerable de medios para acabar con la resistencia de Tito y los demás dirigentes yugoslavos, entre otros las más monstruosas acusaciones, apoyadas por los más modernos instrumentos propagandísticos, así como la organización en las democracias populares de nuevos procesos destinados a probar su culpabilidad. Como en los tiempos de los procesos de Moscú, la policía secreta se convierte en el maestro de ceremonias, esforzándose en aniquilar con el terror cualquier tipo de oposición incluso parcial, arrancando a los dirigentes comunistas unas confesiones espectaculares y obligándoles a admitir en público, los más tremendos crimenes. de espjonaje y terrorismo,. relacionados con la Gestapo, el Intelligence Service, la C.I.A. americana y, naturalmente, con el trotskismo internacional, con objeto, primero de acabar con el hereje en cuestión y eliminar el polo de resistencia, y, por otra parte, para eliminar a todos los elementos. susceptibles de manifestar algún tipo de independencia de criterio o de sensibilidad a las presiones populares en los aparatos dirigentes de los países satélites.

La ocupación rusa, en su primera fase, supuso la liquidación de todos los elementos sospechosos de trotskismo. Sverma, secretario del partido comunista eslovaco, murió en 1944 en unas circunstancias aún no esclarecidas: había formado parte clandestinamente de la oposición de izquierda. La represión se abate sobre todos los antiguos trotskistas de los países de democracia popular. Este es el caso del alemán Oskar Hippe que, tras su salida de los campos de concentración nazis, habrá de emprender el camino de Siberia, o también el del trotskista búlgaro Gatcheff; el checo Zavis Kalandra será colgado después de que su antiguo amigo el poeta Eluard se negase a intervenir alegando que bastante tenía con defender a los acusados que clamaban su inocencia para poder ocuparse también de los que afirmaban su culpabilidad. El «affaire Tito» provoca igualmente decenas de miles de detenciones y ejecuciones. En Polonia Gomulka, Spychalsky y Loga-Sowinsky no han cometido más delito que el de haberse integrado en la lucha popular durante la ocupación alemana, no obstante se les atribuye cierta hostilidad a algunas pretensiones rusas lo cual les acarrea una permanencia de bastantes meses en la cárcel, resultando aún desconocidas las circunstancias que determinaron su salvación del proceso y la horca. En Hungría será ahorcado Rajk, ex combatiente de la guerra de España y organizador del partido en la clandestinidad, y en Bulgaria Kostov, también clandestino durante la ocupación: las negativas de Kostov no conmoverán la tranquila conciencia de los comunistas del mundo entero, que se apoyan en las confesiones de Rajk para proclamar su culpabilidad. En Checoslovaquia Clementis paga con su vida el delito de haberse opuesto antaño al pacto germano-soviético, Sling el de haber sido responsable del partido clandestino durante la ocupación alemana. y Josef Pavel el de haber sido el jefe de las milicias obreras durante el «golpe de Praga». Los motivos de la ejecución de Slansky, hombre del aparato por excelencia, aún no se han esclarecido, mas el hecho de haber sido acusado de asesinar a Sverma, recuerda de forma harto significativa la técnica de acusación empleada en la U.R.S.S. entre 1936 y 1938.

Por regla general, en todos los países de Europa oriental, el poder se encuentra más o menos mediatizado por los «moscovitas» como Ulbricht (Alemania), Anna Pauker (Rumania), Bierut (Polonia) y Rakosi y Geroe (Hungría), es decir por aquellos que han pasado1a guerra en la U.R.S.S. volviendo a su país al mismo tiempo que el ejército ruso. La depuración afecta a la mayoría de los veteranos de las brigadas internacionales de España, a los organizadores clandestinos y, en general, a aquellos dirigentes que en un momento u otro tuvieron algún tipo de relación con el movimiento de masas o han sido algo más que meros instrumentos dóciles dirigidos por el aparato internacional. Una vez más, si bien en un nuevo escenario y sin la amenaza. que suponía en 1936 el imperialismo alemán y las pretensiones nazis, el régimen estaliniano demuestra que el terror y el gobierno policíaco son imprescindibles para el mantenimiento de su dominio. Una vez más, ofrece una imagen odiosa o inverosímil del «socialismo», permitiendo a los defensores de la libertad de empresa, del militarismo, del colonialismo y de todas las fuerzas de opresión, actualizar sus argumentos y abrillantar el blasón del «mundo libre» y sus principios, incluso entre los propios obreros. En estas circunstancias, la victoria en 1950, de los comunistas chinos encabezados por, Mao Tse-Tung, a pesar de que su línea hubiese sido expresamente condenada por Stalin, no sólo no presagia una expansión sino que anuncia nuevas contradicciones y dificultades subrayando un poco más aún la completa irracionalidad de la idea del «socialismo en un solo país».

Las antiguas contradicciones

La aparición de las nuevas contradicciones no puede disimular las antiguas que aún no han sido resueltas. Resulta relativamente fácil si se cuenta con una policía eficiente y con el monopolio absoluto de la información, acabar con las veleidades independentistas de los intelectuales y proseguir la rusificación de las nacionalidades alógenas. La reconstrucción de la industria, a pesar de algunos despilfarros de fuerza y material, también será llevada a cabo sin graves crisis: en 1948, se alcanza y sobrepasa el nivel de producción de 1940. No obstante, aparecen nuevos problemas, pues la rapidez de la evolución industrial despierta en el obrero un sentimiento de su propio valor que constituye el renacimiento de la conciencia de clase. Tras la distensión que se produjo durante la guerra, el encuadramiento del campesinado se convierte en una labor digna de Sísifo. El consejo de los koljoses, encabezado por Andreiev, consiguió recuperar en un año los cinco millones de hectáreas «usurpadas». La estructura orgánica del partido en las estaciones de maquinaria y tractores dispone de un número creciente de cuadros. Sin embargo los koljosianos siguen enfrentando una poderosa inercia al sistema de suministros obligatorios. Los victoriosos comunicados de 1946 y 1947 apenas consiguen disimular un profundo estancamiento. La producción agrícola en realidad es menor que la de antes de la guerra y la riqueza ganadera inferior en un 16 por 100 a la existente con anterioridad a 1928; mientras tanto la pobla­ción ha aumentado en un 25 por 100.

En seguida va a estallar entre los dirigentes una gran dis­cusión en torno a la agricultura. El debate es abierto por Jruschov. Al parecer en el período de 1946-47 éste último tuvo algunos problemas, pues Shatalin, colaborador de Malenkov, lanzó un ataque público contra la política de los mandos en Ucrania que era su feudo; ésta pudo ser igualmente la razón de su sustitución por Kaganóvich en el secretariado del partido ucraniano entre marzo y diciembre de 1947. No obstante, a finales de 1949 vuelve a encontrarse en primera fila como se­cretario del Comité Central. Probablemente Jruschov fue el inspirador de un ataque de Pravda, fechado el 19 de febrero de 1950, contra Andreiev, al que le reprocha haber fomentado el sistema de pequeñas unidades de trabajo en los koljoses en detrimento de las brigadas, lo cual confiere a las tareas agrí­colas un carácter menos colectivo. Andreiev reconoce su error, lleva a cabo su autocrítica y conserva todos sus cargos tanto en el Politburó como en el Comité Central. Jruschov aparece entonces, firmando un artículo el día 8 de marzo, en el que, para hacer frente a las dificultades de la agricultura, propone la fusión de los koljoses para reducir su número. También subraya que este método facilitaría la mecanización y permitiría aumentar la producción reduciendo los costes. Como señala Schapiro, tal reforma presentaría además la ventaja de facilitar el control del partido sobre los koljoses. La propuesta es aceptada y se empieza a aplicar inmediatamente, los 252.000 koljoses se reducen a 121.400 a finales de año y a 94.800 a finales de 1952. contando 76.355 de ellos con su propia organización del partido, Schapiro opina que la política de Jruschov choca con la oposición de Malenkov y Beria, uno de cuyos partidarios, Baguirov. secretario del partido en el Azerbaiyán, critica en mayo de 1951 la premura con la que ha sido realizada la concentración [23] .

El conflicto no tarda mucho en estallar de nuevo. En un discurso pronunciado el 1 de marzo y publicado el 4, Jruschov propone que los propios koljosianos emprendan la construcción de unas aglomeraciones centrales de tipo urbano, las «agro-villas» en las que todos ellos podrían conservar sus parcelas individuales cerca de su vivienda. La oposición suscitada por esta propuesta en los medios dirigentes se manifiesta con claridad en una nota de la Pravda del día siguiente donde se puntualiza que el texto del discurso de Jruschov ha sido publicado sin la indicación de que sólo se trataba de material de discusión. Sólo Baguírov y Ariutinov, secretario del partido comunista armenio, tomarán posición públicamente contra las tesis de Jruschov antes del XIX Congreso en donde serán combatidas con éxito por Malenkov sin que haga referencia alguna a su autor.

De hecho, la discusión ha sido resuelta antes del Congreso por una intervención de Stalin en la discusión acerca del manual de economía política que se estaba preparando. La conclusión de sus artículos en los que arremete a unos jóvenes contradictores desconocidos, es la condena formal de la propuesta hecha por dos de ellos, Wenger y Saruina, en el sentido de vender el material de las estaciones de maquinaria y tractores a los koljoses, a cuyo respecto declara que supondría «hacer girar al revés la rueda de la Historia», «arruinar a los koljoses, amenazar la mecanización de la agricultura, frenar el ritmo de la producción koljosiana,(...) alejarnos del comunismo». Como medio para «elevar la propiedad koljosiana al nivel de la producción nacional», propone además la progresiva supresión del mercado y la construcción de un sistema de intercambio de productos entre la industria y los koljoses. Las «agro-villas», a las que ni siquiera alude, quedan, por tanto descartadas definitivamente [24] .

El XIX Congreso

El XIX congreso se inicia el día 5 de octubre de 1952, al día siguiente dela publicación en la Pravda (3 y 4 de octubre) del artículo de Stalin acerca de los problemas económicos: de esta forma quedaba claramente afirmado que este Congreso, el primero desde 1939, no era, como los anteriores, más que una gran parada, puesto que el gran jefe ya había decidido. Stalin, que se encuentra en la sala, no tomará la palabra más que en el acto de clausura, pero tal abstención no es óbice para que la asamblea con sus aclamaciones y los periodistas con sus crónicas le den la destacadísima importancia que corresponde al amo todopoderoso. El papel de lugarteniente y eventual delfín le corresponde a Malenkov que presenta el informe del Comité Central. Junto a Beria, ministro del Interior (M.V.D.) y responsable de la seguridad (M.G.B.), el tercer personaje es, sin lugar a dudas, Nikita Jruschov, encargado de la presentación del informe sobre las modificaciones del estatuto.

No se da información alguna sobre la composición social del Congreso ni sobre las funciones desempeñadas realmente por los delegados, sólo se puede suponer que los funcionarios del partido y del Estado, como en los anteriores congresos, estaban en clara mayoría, mientras sólo, asistía una ínfima minoría de obreros y campesinos que trabajaran efectivamente en las fábricas o en el campo. No obstante, es interesante señalar que, cuando un 75 por 100 de la totalidad de los miembros del partido se habían afiliado tras el comienzo de la guerra, sólo un 25 por 100 de los delegados pertenecen a esta misma generación mientras, que un 36,4 por 100 de ellos se afiliaron entre 1921 y 1930 y un 36 por 100 entre 1931 y 1940. De ello podemos deducir que el aparato no parece haber sido afectado por el periodo de guerra y de posguerra ya que el 75 por 100 de los delegados tienen más de cuarenta. años mientras que en el XVIII Congreso un 80 por 100 tenía menos de cuarenta: la generación. formada durante la lucha contra la oposición y superviviente a las grandes purgas, conserva, pues, los mandos.

En el Congreso no se produce discusión alguna digna de mención El único acontecimiento importante es la modificación. de los estatutos expuestos. por Jruschov. Quedan suprimidos el. Politburó y el Buró de Organización, sustituyéndose por un Presidium de veinticinco miembros titulares y once suplentes. Jruschov realmente no da ninguna explicación de esta reforma, contentándose con indicar que el. nombre de Presidium. conviene, mejor, al organismo, encargado de dirigir. el trabajo en los intervalos entre las sesiones del Comité Central y que no tiene objeto la existencia del Buró de Organización cuando la práctica ha demostrado que es el Secretariado el organismo que centraliza sus funciones. El masivo incremento del número de miembros del más restringido organismo de dirección recordaba el experimentado por el Comité Central durante la época de la lucha contra la oposición: en el XX Congreso, Jruschov afirmará que, efectivamente, la finalidad de esta medida era ahogar a los antiguos .miembros del. Polítburó con un gran número de responsables menos experimentados y seguramente más manejables, tanto más cuanto que, por fidelidad a la tradición del aparato, el Secretario General había constituido un buró secreto, cuya existencia, ya que no. su composición, sólo fue revelada después de su muerte. El análisis elaborado por Merle Fainsod de la composición del nuevo Presidium, traduce además, la preocupación de representar en la mayor medida posible a los verdaderos rectores del país en un organismo de dirección única y concentrando en él a los responsables de los diferentes sub-aparatos: lo integran los diez secretarios del Comité Central y los trece Vice-presidentes del Consejo de Ministros de la U.R.S.S., algunos responsables de los sindicatos, de las Juventudes, del aparato del partido, de las Repúblicas y asimismo algunos de los altos responsables de la administración económica.

El Comité Central electo comprende 236 miembros titulares y suplentes, es decir una cantidad casi doble a la del Comité saliente. Schapiro resalta dos hechos interesantes en su composición. En primer lugar un 61 por 100 de sus miembros lo eran ya del Comité Central y por otra parte los secretarios regionales representan la mitad de los titulares en lugar de la quinta parte de 1939 [25] . El Secretariado parece expresar una cierta preocupación por el equilibrio entre las personalidades de segundo plano del régimen. Además de Stalin, Malenkov, Jruschev y Suslov, también comprende a Aristov, Brezhnev, Ignatov y Mijaflov, vinculados al parecer con Jruschov, y Pegov y Ponomarenko, hombres de confianza de Malenkov. Por último, y de acuerdo con Schapiro, es interesante apuntar que el XIX Congreso decide suprimir la palabra «bolchevique» que incluía el titulo del partido entre paréntesis, introduciendo asimismo una modificación en el orden de los deberes de los militantes del partido que coloca en primer lugar la salvaguarda de la unidad del partido y otorga sólo el cuarto puesto al estudio del marxismo-leninismo [26] .

¿Hacia una nueva purga?

De hecho, el XIX Congreso cierra un periodo de dificultades y tensiones crecientes. Contiene más de una amenaza El artículo de Stalin ya permitía prever un endurecimiento y la intensificación de la lucha en favor de una mayor disciplina koljosiana. Malenkov hace hincapié en la justeza de la política de depuración y de represión de la ante-guerra afirmando en su informe: «A la vista de los resultados de la guerra se revela la plena significación de la lucha despiadada que nuestro partido ha mantenido a lo largo de los años contra los enemigos del marxismo-leninismo, contra los degenerados trotskistas-bujarinistas, contra esos cobardes y esos traidores que han intentado apartar al partido de su camino y destruir la unidad de sus filas» [27] .

Se multiplican los signos que indican una lucha en la cumbre: quince días después del Congreso, el 30 de octubre de 1952, se anuncia que, de resultas de un «error técnico» no ha sido mencionado el nombre del mariscal Govorov entre los miembros suplentes electos del Comité Central. El día 7 de noviembre, Beria, número cuatro hasta la fecha en la enumeración de los dirigentes, desciende dos puestos siendo adelantado por Voroshílov y Bulganin. La prensa entabla una campaña contra el nepotismo y el auge del «enchufismo» entre los responsables, subrayando la necesidad de nuevos cuadros. La Pravda del 10 de diciembre escribe: «En el timón, en la dirección, en la industria y en la agricultura, en el partido y en el aparato estatal, deben hallarse hombres dedicados por entero a la causa del comunismo y conocedores de su trabajo (...) Hay muchos hombres que cumplen con estas condiciones y sólo es necesario saber como escogerlos a tiempo y promocionarlos hasta los puestos dirigentes.» El día 23 de diciembre, Mijail Suslov en un vivo ataque contra Fedoseiev, revela por vez primera la caída en desgracia de Voznesensky y la resolución de junio de 1949 de que fue objeto; Leonhard Schapiro da cuenta de la presión ejercida por los más jóvenes mandos del partido, reclutados a partir de 1941, contra el obstáculo que constituye el arraigamiento de los cuadros que ascendieron en vísperas de la guerra y recuerda en qué forma, durante el período 1937-38, Stalin supo preservar su dominación con la leva de una nueva generación de apparatchiki [28] . Ciertamente todo parece indicar que se avecina una depuración de grandes proporciones.

Todo indica igualmente que la detención de los «médicos criminales», cuyo «complot» ha sido revelado el 13 de enero de 1953, tuvo lugar hacia finales de noviembre. La Pravda anuncia la detención de otros nueve médicos, entre los que se encuentran varios judíos, todos ellos celebridades de la medicina soviética, a los que se acusa de haber asesinado a Zhdánov y a Chtsherbakov y de haber preparado el asesinato de Stalin y de varios jefes militares. Estos hombres -muchos de ellos han sido condecorados con la orden de Lenin- uno de los cuales, Vinogradov, fue llamado como experto médico a testimoniar en el juicio de Bujarin a propósito de los «asesinatos» de Gorki, Pechkov y Kuibyshev, son presentados como espías. Cinco de ellos confiesan haber actuado con el apoyo de la organización judía Joint por cuenta de los servicios secretos americanos, otros tres se declaran agentes del Intelligence Service. El 20 de enero la doctora Lydia Timaschuk, que ha colaborado en su desenmascaramiento, es condecorada. Muchos indicios sugieren que el «affaire» de los «asesinos de bata blanca» era sólo el preludio de una operación de mayor envergadura. Harrison-Salisbury afirma que los rumores que circulaban en Moscú acerca de las personalidades amenazadas sólo excluían a Stalin y a Poskrebyshev del peligro; también confirma que la mujer de Mólotov ha sido detenida y deportada tras la detención de los médicos [29] . En el entierro de la señora Mikoyan, Iván Shaumián habla de la detención, en aquel momento, de dos de los cinco hijos de Mikoyan. En opinión de Harrison-Salisbury, «el baño de sangre de los años 30 quedaría eclipsado por la matanza que se estaba preparando». Es preciso señalar además que sólo dos dirigentes, Kozlov y Suslov, intervienen en la campaña que se desencadena en la prensa contra los «nacionalistas burgueses judíos» los «degenerados y malvados», los «espías y los desviacionistas». Esta. nueva campaña, organizada seguramente por el propio Stalin, o al menos por Poskrebyshev, podría tener, como blanco, como ya se ha sugerido, a Beria, cuyos servicios son censurados por haberse «dejado sorprender» por los médicos y sus cómplices. Wolfgang Leonhard subraya fundadamente las extrañas circunstancias que concurren en el anuncio, el 17 de febrero, de la muerte del mayor-general Kosynkin, jefe de la guarnición del Kremlin [30] .

¿Acaso la inminencia de una nueva purga provoca un reflejo defensivo entre los dirigentes que se sienten amenazados? Resulta difícil responder a esta pregunta o ir más lejos que Schapiro, que considera posible que «los dirigentes del Partido cercanos a Stalin, al mismo tiempo que no se atrevían a enfrentarse con él mientras siguiera vivo, se resistían con bastante tenacidad a organizar un nuevo baño de sangre» [31] , pues la experiencia les decía que podía arrastrarles a ellos mismos. ¿Qué interpretación se puede dar al relato que ofrece Krishna Menoni de su entrevista con Stalin? El dictador garabatea unos lobos sobre una hoja de papel y después le dice al estadista indio que el campesino ruso conoce bien a los lobos, viejos enemigos suyos, y que sabe cómo matarlos, pero que los lobos también lo saben [32] . ¿Quiénes son los «lobos»? Vale aquí cualquier hipótesis pero ninguna de ellas contaría con una base seria. ¿Qué ocurrió entre el primer ataque sufrido por Stalin y su muerte?. ¿Sucedió todo como lo relataron la prensa y la radio? La respuesta bien pudiera ser negativa si se tienen en cuenta algunas inexactitudes, y unos curiosos silencios. ¿En definitiva Stalin murió de muerte natural o bien su final fue adelantado o provocado por sus «discípulos» y «fieles compañeros de armas», o bien las falsedades en la información no son más que el resultado de un deseo de ganar tiempo disimulando el verdadero estado de salud del enfermo, retrasando tal vez el anuncio de su muerte? Schapiro renuncia prudentemente a tomar postura por falta de documentos serios y escribe: «Una cosa sí es cierta: para muchos miembros del partido, situados en los altos cargos o menos eminentes, la muerte de Stalin se producía en el momento preciso» [33] .

Efectivamente, su muerte, el día 5 de marzo, detiene inmediatamente la ofensiva preparada durante sus últimos meses. El día 4 de abril, un comunicado del Ministerio del Interior anuncia la puesta en libertad y rehabilitación de trece médicos, seis de los cuales ni siquiera habían sido nombrados todavía. De los nueve que figuraban en la lista del 13 de enero, dos de ellos no constan en la lista de los rehabilitados, mas no se especifica si habían muerto en prisión o si, por el contrario, se trataba de meros auxiliares de la policía que desempeñaban el consabido papel de provocadores. El mismo comunicado afirma que las confesiones habían sido obtenidas por la tortura y que los altos funcionarios responsables de tal «violación de la legalidad» serán fusilados.

La muerte de Stalin va a tener enormes consecuencias. El partido, «asamblea de la elite dirigente», dominado por su aparato y centralizado en manos del secretariado de Stalin, a pesar de ser la única fuerza organizada del país y de detentar un monopolio absoluto, no por ello deja de sufrir una verdadera decapitación con la muerte de aquel que al mismo tiempo había fundamentado la dominación de la burocracia encarnada por él mismo y confiscado los derechos políticos de los propios burócratas. La angustia de sus lugartenientes y herederos, sus llamadas a la calma, sus advertencias contra el desorden y el pánico y la concentración de tropas en torno al Kremlin durante las horas siguientes a la noticia demuestran que por lo menos ellos tenían conciencia de que podía iniciarse entonces una nueva era.


[1] Brzezinski, op. cit., págs. 218-219

[2] Fainsod, How Russia….,

[3] Schapiro, C. P. S. U., pág. 523

[4] Brzezinski, op. cit., pág. 219.

[5] Schapiro, C. P. S. U., pág. 524.

[6] Brzezinzki, op. cit., pág. 139.

[7] Schapiro, C. P. S. U., pág. 507.

[8] Ibídem

[9] Leonhard, Krem1in since Stalin, pág. 105.

[10] Jruschov, A. S. C., pág. 60

[11] XXII Congreso, op. cit., pág. 60.

[12] Ibídem, pág. 358.

[13] Citado por Brzezinski, op. cit., pág. 222

[14] Claudius, «In a soviet isolator», Soviet affairs nº 1, St. Antony's College papers, pág. 136.

[15] Brigitte Gerland, «L'I.T.L. en lutte pour la révolution politique», La Vérité nº 346, 4 de diciembre de 1954.

[16] Brzezinski, op. cit., págs. 136-139

[17] Pravda, 23 de agosto de 1946

[18] Leonhard, Child, pág. 199

[19] Ripka, Le coup de Prague, págs. 34-35.

[20] Barton, Prague á 1 heure de Moscou, Pág. 1

[21] Ibídem, págs, 121-122

[22] Jruschov, A. S. C., pág. 62.

[23] Schapiro, C.P.S.U., pág. 516

[24] Stalin, Derniers écrits –págs. 180-181

[25] Fainsod, How Russia…., págs. 277-279.

[26] Schapiro, C.P.S.U., pág. 526.

[27] Pravda, 6 de octubre de 1952

[28] Schapiro., C. P. S. U., pág. 546

[29] Harrison-Salisbury, «Russia reviewed»,. New York Times, 24 de septiembre de 1954

[30] Leonhard, Krem1in, pág,. 49

[31] Schapiro, C. P, S. U., `pág.546

[32] Harrison Salisbury, New York Tímes, 22 de septiembre de 1954

[33] Schapiro, C. P. S. U., pág. 546



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