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Carta a Monatte

Traducción especial para esta edición de la versión francesa de www.marxists.org. Publicado en español en León Trostsky, Los cinco primeros años de la Internacional Comunista, Bs. As., Pluma, 1974, p. 185. Pierre Monatte (1881-1960): Sindicalista revolucionario, fundó el grupo Vie Ouvriére en 1909. Uno de los primeros en oponerse a la Primera Guerra Mundial. Se unió al Partido Comu-nista Francés en 1923, para dejarlo un año más tarde. Fundó La Revolution Prolétarienne en 1924, publicando un periódico del mismo nombre y fundó la Liga Sindicalista en 1926.

13 de julio de 1921
Querido amigo:
Aprovecho la ocasión para saludarlo muy cordialmente y para compartir con usted, en lo relativo a la situación del sindicalismo francés, algunas opiniones personales que concuerdan plenamente, así lo espero, con la línea adoptada por la III Internacional1 .
No le ocultaré la felicidad que experimentamos frente al éxito del sindicalismo revolucionario, junto a una profunda inquietud con respecto al posterior desarrollo de las ideas y de las relaciones en el movimiento obrero francés. Los sindicalistas revolucionarios de todas las tendencias forman aun hoy una oposición y se agrupan y se unen precisamente por su situación de oposición. Mañana, cuando ustedes sean los dirigentes de la CGT [Confédération Générale du Travail, Confederación General del Trabajo] 2 —pues no dudamos que el día se aproxima— ¿se encontrarán frente a cuestiones esenciales de la lucha revolucionaria? Y es en este punto que es permisible una seria inquietud. La Carta de Amiens constituye la práctica oficial del sindicalismo revolucionario3 .

Para formularle lo más claramente posible mi pensamiento, diría que invocar la Carta de Amiens, no resuelve sino que elude la cuestión. Es evidente para todo comunista consciente que el sindicalismo francés de preguerra era una tendencia revolucionaria muy importante y muy profunda. La carta fue para el movimiento proletario de clase un documento muy precioso, pero el valor de este documento es históricamente limitado. Desde entonces, tuvo lugar la guerra, fue fundada la Rusia de los Soviets, una inmensa oleada revolucionaria atravesó toda Europa, la III Internacional creció y se desarrolló, los antiguos sindicalistas y los antiguos socialde¬mócratas se dividieron en tres tendencias hostiles. Frente a nosotros se han planteado nuevos problemas inmensos... La Carta de Amiens no da respuesta a ellos. Cuando leo Vie Ouvriére, no encuentro allí respuesta a los problemas fundamentales de la lucha revolucionaria. ¿Es posible que en 1921 tengamos que volver a las posiciones de 1906 y a “reconstruir” el sindicalismo de preguerra...? Esta posición es amorfa, conservadora, corre el riesgo de convertirse en reaccionaria. ¿Cómo se representan ustedes la dirección del movimiento sindical cuando ustedes tengan la mayoría en la CGT? Los sindicatos incluyen comunistas afiliados al partido, sindicalistas revolucio¬narios, anarquistas, socialistas y grandes masas sin partido. Naturalmente, cualquier problema de la acción revolucionaria debe ser examinado por el conjunto del aparato sindical que agrupa a centenares de miles y millones de obreros. Pero, ¿quién diri¬girá el balance de la experiencia revolucionaria, quién hará un análisis de ella, quién sacará las conclusiones necesarias, quién formulará las propuestas, transformando las consignas, los métodos de combate y quién las aplicará en las amplias masas? En una palabra, ¿quién dirigirá el movimiento? ¿Usted piensa llevar adelante esta tarea como parte del grupo Vie Ouvriére? En este caso, se puede decir con seguridad que se organizarán otros a su lado que, en nombre del sindicalismo revolucionario, pondrán en discusión su derecho a dirigir el movimiento. Y finalmente, ¿qué actitud tendrán hacia los numerosos comunistas sindicalizados? ¿Cuáles serán las relaciones entre ellos y su grupo? Puede suceder que comunistas afiliados al partido estén a la cabeza de un sindicato y que los sindicalistas revolucionarios no afiliados a un partido estén a la cabeza de otro. Las propuestas y las consignas del grupo Vie Ouvriére pueden no ser acordes con las propuestas y consignas de la organización comunista. Este peligro es muy real, puede volverse fatal y reducirnos, algunos meses después de la victoria, nuevamente al reino de los Jouhaux, Dumoulin y Merrheim .
Conozco bien la aversión de los medios obreros franceses que pasaron por la escuela del sindicalismo anarquista respecto al “partido” y a la “política”. Reconozco naturalmente que no se puede chocar bruscamente contra esta mentalidad, que el pasado explica suficientemente, pero que para el futuro es extremadamente peligrosa. Con respecto a esto, puedo acordar perfectamente con la transición gradual de la antigua separación a la fusión total de los sindicalistas revolucionarios y los comu¬nistas en un solo partido; pero es necesario darse clara y firmemente ese objetivo. Si todavía hay en el partido tendencias centristas, también existen ellas en la oposición sindical. Aquí y allá es necesaria la previa depuración de las ideas. No se trata de subordinar los sindicatos al partido, sino de unir a los comunistas revolucionarios y los sindicalistas revolucionarios en los marcos de un partido único. Se trata de un trabajo concertado, centralizado, de todos los miembros de este partido unificado, en el seno de los sindicatos que permanecen autónomos, una organización inde¬pendiente del partido. Se trata para la verdadera vanguardia del proletariado francés de formar un todo coherente con el objetivo de cumplir su tarea histórica esencial: la conquista del poder, y de proseguir bajo esta bandera su acción en los sindicatos, organización fundamental, decisiva, de la clase obrera en su conjunto.
Hay una cierta dificultad psicológica para dar un salto hacia un partido después de una larga acción revolucionaria por fuera de un partido; pero esto es retroceder frente a la forma más prejuiciosa del asunto. Ya que, lo afirmo, todo su trabajo anterior sólo fue una preparación para la fundación del partido comunista, para la revolución proletaria. El sindicalismo revolucionario de preguerra fue el embrión del Partido Comunista. Volver al embrión sería una monstruosa regresión. Por el contrario, la participación activa en la formación de un verdadero partido comunista supone la continuación y el desarrollo de las mejores tradiciones del sindicalismo francés.
Cada uno de nosotros debió, en el curso de estos años, renunciar a una parte envejecida de su pasado, para salvar, desarrollar y asegurar la victoria de los elementos del pasado que soporten la prueba de los acontecimientos. Este tipo de revoluciones internas no son fáciles, pero sólo a ese precio se adquiere el derecho a participar eficazmente en la revolución obrera.
Querido amigo, creo que el momento actual definirá por mucho tiempo los destinos del sindicalismo francés, la suerte de la revolución francesa. Entre las decisiones a tomar, a usted le corresponde un importante rol. Usted le daría un golpe muy cruel al movimiento del que es uno de los mejores militantes si, ahora que es necesaria una elección definitiva, le da la espalda al partido comunista, pero estoy convencido que no será así.
Estrecho muy cordialmente su mano y estoy a su disposición.


León Jouhaux (1870-1954): Dirigente de la Confederación General del Trabajo (CGT) de la que fue secretario general desde 1921 hasta la Segunda Guerra Mundial. Sindicalista socialpatriota durante la Primera guerra. Se opuso a la Revolución Rusa. Para Trotsky era la personificación del colaboracionismo de clases. Georges Dumoulin (1877-1963): Centrista durante la Primera Guerra Mundial, se unió después a Jouhaux y al ala derecha de la CGT. Tuvo varios cargos sindicales antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando colaboró con el gobierno de Vichy. Alphonse Merrheim (1871-1923): Partidario de Jouhaux en 1917, luchó contra los revolucionarios y permaneció en el ala derecha de la CGT luego de la división de 1921.



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