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Carta a las secciones nacionales[1]

 

 

22 de diciembre de 1931

 

 

 

1. Recibí el número 5 de Osvobozhdenie, el perió­dico de nuestros amigos búlgaros. Contiene un material asombroso sobre el trato que reciben nuestros camara­das presos de parte de los stalinistas que también están encarcelados. Parece que en algunas penitenciarias búlgaras se formó entre los presos un grupo de partidarios de la Oposición de Izquierda. Se lanzó contra ellos una campaña furiosa y ponzoñosa, es decir netamente stalinista, impulsada desde afuera de las cárceles por los burócratas. Indudablemente, entre los stalinistas encarcelados hay muchos revolucionarios honestos y correctos. Pero cuando, en nombre de la Comintern, se les cuenta todo tipo de atrocidades sobre la Oposi­ción de Izquierda, atrocidades que ellos en la prisión no pueden comprobar, desahogan su odio a la cárcel en los oposicionistas de izquierda, adoptando la línea del menor esfuerzo. La exigencia de los oposicionistas de que planteen abiertamente y prueben esas acusaciones lleva a nuevas calumnias y enfrentamientos físicos.

En Plovdiv varios camaradas quedaron seriamente lesionados. Entonces los stalinistas elevaron al fiscal del estado una queja contra nuestros camaradas, que fueron confinados en celdas incomunicadas. En Osvobozhdenie se publica una carta del camarada D. Gatschev al fiscal del estado, referida a este incidente, escrita el 16 de octubre de 1931. Es un documento excelente que -como lo señala el Consejo de Redac­ción muy correctamente- atestigua la elevada moral proletaria de nuestros amigos presos. En mi opinión esta carta merece ser publicada en la prensa de toda la Oposición de Izquierda; lo merece desde todo punto de vista.

La declaración comienza con la observación de que su autor pertenece a la Oposición de Izquierda Internacional. Luego se afirma: "Señor Fiscal del Estado, nunca pedí y nunca permitiría su interferencia en nues­tras luchas fraccionales. Usted es el representante del gobierno de la clase burguesa, contra el que luchamos para remplazarlo por el gobierno de la clase obrera. Somos una fracción del movimiento de la lucha de clase del proletariado, que es un enemigo de la clase a la que usted sirve". Pero como sus enemigos de clase recu­rrieron a pesar de todo al fiscal del estado, Gatschev consideró necesario aclarar los hechos. Luego presenta en detalle el trágico episodio que originó el conflicto. Después de citar el artículo de Trotsky sobre lo inadmi­sible de emplear métodos terroristas en las luchas frac­cionales internas de la clase obrera, continúa: "no podemos recurrir a la provocación, al terror, a la mentira, a la calumnia, al asesinato, etcétera, en las luchas entre camaradas. Pero cuando se nos ataca... ¿no podemos defendernos? Sí, nos defende­mos, no somos cristianos." La carta termina con las palabras siguientes: "El veredicto real lo dará la clase obrera. A ella apelo."

En otras cárceles ocurrieron incidentes similares. Hay que informar lo más ampliamente posible sobre estos hechos a la clase obrera. Nuestros camaradas búlgaros deben saber que no están solos, que en todos los países hay cientos y miles de camaradas que los acompañan y que el número de sus amigos aumenta rápidamente. Hay que agregar que al camarada Gatschev se lo condenó a muerte una vez.

2. Recibí una fotografía de un grupo de veintitrés camaradas griegos, bolcheviques leninistas, arqueo­marxistas, presos en la cárcel de Singros, en Atenas. La fotografía me dio una idea clara y vívida de la composición de nuestra sección griega. ¡Los burócratas desvergonzados tuvieron la osadía de llamar fascistas a estos proletarios que llevan escrito en la cara su espíritu revolucionario! Allí donde la fracción bolche­vique leninista griega hundió raíces firmes en la clase obrera, el futuro le pertenece al verdadero bolche­vismo, al verdadero marxismo. Saludo afectuosamente a nuestros camaradas presos.

3. Hace sólo 2 meses recibimos de la URSS docu­mentos y materiales muy característicos del trabajo teó­rico y político de los cuadros dirigentes de la Oposición de Izquierda. Son varios cientos de hojitas escritas en letra tan microscópica (por razones conspirativas) que me llevó alrededor de seis semanas descifrarlas con lentes de aumento. Esto solo habla de sus arduos esfuerzos revolucionarios. Comenzamos a publicar en Biulleten Opozitsi este material, recibido con mucha demora. En el número 25-26 se publica un largo artículo del camarada Rakovski y las tesis programáticas de tres exiliados. Los lectores se convencerán rápidamente de que la Oposición rusa no tiene la menor intención de capitular. El material, que contiene las discusiones internas de la Oposición de Izquierda, demuestra el alto nivel teórico-político que están alcanzando los bolche­viques leninistas rusos. Entre ellos se está formando una nueva generación marxista que no permitirá que se extinga el espíritu teórico del comunismo científico. Cuanto menos oportunidad tengan los camaradas rusos de hacerse oír, con más decisión e intransigencia deben responder los demás camaradas a las intrigas e insinua­ciones de todo tipo, más allá de cuál sea su origen.

4. La Conferencia de enero [Decimoséptima] del Partido Comunista de la Unión Soviética se prepara bajo el signo de la lucha contra el "trotskismo". ¿Cuánto hace que la burocracia stalinista declaró liquidado al "trotskismo"? (Molotov había proclamado "¡cadáver!", "¡terminado!", etcétera.) ¿Cuánto hace que se declaró "a partir de ahora el enemigo principal es la Oposición de Derecha"? Ahora se da un nuevo giro; "¡el ’trotskismo’ es el enemigo principal!" Se descubrió que el "trotskismo" penetró en todas las instituciones de enseñanza, en los libros de texto más importantes y hasta en los comentarios a las obras de Lenin. El Comité Central informa telegráficamente a las organizaciones que, mientras la Oposición de Derecha encuentra apoyo en el campo, en los koljoses, etcétera, los "trotskistas" levantan cabeza en los distritos industriales. Kaganovich, el amsterdamista[2], pronunció un discurso en el Instituto de Profesores Rojos, que abarca una página entera de Pravda, sobre la necesidad de extender a todos los frentes la lucha contra el "trotskismo". Próximamente tendremos que escribir un artículo especial sobre la importancia política de esta campaña. Por el momento basta con señalar algunos hechos destacados. La cúpula stalinista se ve obligada a estrechar cada vez más el círculo que la rodea. Se reduce su base de apoyo entre los que repiten los obligados juramentos de lealtad. Por eso inventa fórmulas complementarias, cada vez más frenéticas, que culminan finalmente en el dogma de la infalibilidad de Stalin.

Todo intento de investigación marxista, en cual­quier dirección, lleva inevitablemente a un conflicto con la ideología del stalinismo. Se acusa de "trotskis­tas" a gran cantidad de personas que no tienen la menor ligazón con el "trotskismo", que por el contrario le son hostiles. Por otra parte, parece que en todas las instituciones de educación superior, las cátedras marxistas más importantes están ocupadas por oposicionistas que capitularon. Indirectamente, pero de manera muy convincente, esto demuestra que sólo dentro de la Oposición de Izquierda se desarrolla una vida teórica seria, por lo que la burocracia stalinista se ve obligada a poner a los renegados en los cargos más importantes.

El hecho de que un estado y un aparato partidario tan tremendos, después de ocho años de lucha continua y exacerbada contra la Oposición de Izquierda, tengan que volver a concentrar todas sus fuerzas para com­batir al "trotskismo", señala la poderosa vitalidad de nuestras ideas. La historia todavía le reserva mucho que decir a la Oposición de Izquierda rusa.

5. Me escribieron que un camarada extranjero, aparentemente mal observador, se expresó con bas­tante desprecio sobre la Oposición alemana. Sin embargo, precisamente en el último período, ésta creció mucho y se está convirtiendo en un factor de extraordinaria importancia en la política de la clase obrera alemana. Naturalmente, las razones principales de este cambio residen en las condiciones objetivas. Una genuina fracción marxista puede manifestar más efectivamente su superioridad precisamente en una etapa en que las fracciones derechistas, centristas y eclécticas pierden la cabeza, en una etapa de grandes objetivos revolucionarios, de cambios abruptos en la situación política, cuando se aproximan conflictos grandiosos. Solamente los cuadros que viven esas etapas y asimilan hasta lo más íntimo las enseñanzas recibidas se convertirán en cuadros bolcheviques verdaderos. La actual situación de Alemania también demuestra muy gráficamente lo importante que fue para la Oposición de Izquierda Internacional librarse oportunamente de elementos extraños y ambiguos camaradas de ruta. Si no hubiéramos roto a tiempo con Urbahns, ahora no tendríamos la posibilidad de encon­trar un camino que nos lleve hasta la base del Partido Comunista. Si después no hubiéramos roto con Landau, la vida interna de la Oposición de Izquierda estaría paralizada por las intrigas antiprincipistas, las peleas y las maniobras. Algunos críticos de la actual Oposición alemana, tendrían que preguntarse si no apoyaron durante demasiado tiempo a la fracción internacional de Landau-Naville, debilitando en consecuencia a la Oposición alemana.

6. En Francia, la Oposición de Izquierda está indudablemente estancada, lo que determina la aparición de fuerzas centrífugas. También hay razones objetivas que lo explican. Allí todavía no ha terminado el reflujo comunista. El partido y los sindicatos inde­pendientes se siguen desintegrando. El partido incluso pierde votos en las elecciones. Como a la clase obrera francesa no se le plantean tareas revolucionarías inmediatas, la Oposición de Izquierda no tiene posibi­lidad de manifestar sus principales cualidades políticas: capacidad de orientación y audacia en las decisiones.

En estas condiciones, el reflujo comunista general también atrapa a la Oposición de Izquierda, ya que la mayoría de los obreros franceses todavía ven mucho más claramente lo que la Oposición tiene en común con el partido que lo que la diferencia de él.

Pero además de estas grandes razones históricas, que inciden en la debilidad de la Oposición francesa, existen otras de carácter secundario. Desde sus co­mienzos la composición de la Liga fue muy heterogé­nea. Muchos de sus componentes repitieron monótona­mente las fórmulas de la Oposición rusa para darse algo de importancia y ocultar su impotencia. Basta con re­cordar que un burgués tan conservador, cobarde y vacío como Paz se imaginaba seriamente que era el represen­tante de la Oposición de Izquierda. Ahora este engendro se metió en el Partido Socialista. Y ése es su lugar. Sin embargo, hubo camaradas nuestros que opinaron que rompimos con Paz demasiado pronto y de manera demasiado tajante. El grupo Lutte de Classes, que du­rante varios años estuvo saltando de uno a otro extremo ideológico, entró a la Oposición de Izquierda. Es muy probable que, si la Liga se hubiera desarrollado rápida­mente y reclutado obreros, más de un intelectual de la Lutte de Classes se habría educado, templado y conver­tido en un buen revolucionario. Pero, en las condiciones del reflujo, el grupo Lutte de Classes finalmente sólo sacó a relucir sus cualidades negativas. La mayoría de sus militantes abandonó la Liga para aprender por su cuenta y dirigir al proletariado francés. Con toda segu­ridad tienen todas las condiciones para hacerlo. Lamen­tablemente, parece que los militantes del grupo Lutte de Classes que se quedaron en la Liga todavía no han aprendido las lecciones de los últimos dos años; vaci­lan, maniobran, merodean y olfatean el aire, en lugar de arremangarse y ocuparse de las pequeñas tareas cotidianas que los aguardan. La situación se complica todavía más con las vacilaciones y errores terribles del Grupo Judío. Dada la debilidad de la Liga, este peque­ño grupo no juega un papel subordinado. En una situa­ción de desarrollo y avance de la Liga, el Grupo Judío tendría que ser su vocero propagandístico entre los obreros judíos. Pero el grupo, en el que indudablemen­te hay obreros dedicados a la causa, apenas cumple esta función. Por el contrario, llegó a apoyar a dos o tres camaradas que pretenden dar una orientación determi­nada a la Liga, al Secretariado Internacional y a toda la Oposición Internacional. Actualmente, nadie sabe nada de esta dirección, pues sus autores hasta ahora no han aportado más que confusión a la Liga. Estuvieron con Paz en contra de nosotros, hicieron depender su orien­tación en la Liga de condiciones subjetivas, apoyaron a Molinier-Frank[3] contra Rosmer-Naville, hicieron bloque con Naville y después con Rosmer, crearon confu­sión y se confundieron ellos mismos, dispersaron al Grupo Judío y no produjeron más que descomposición.

Debido a las condiciones específicas de Francia, propuse varias veces introducir en los estatutos de la Liga propuestas como la siguiente: todo militante de la Liga que en el lapso de un mes no haya cumplido la tarea cotidiana, como dar cursos a los obreros jóvenes, vender el periódico en la calle, juntar dinero, concurrir a las reuniones, hacer contactos, etcétera, será expulsa­do. ¡No necesitamos lastres! Toda la experiencia del movimiento obrero, y la de la Liga en particular, de­muestra que precisamente a los intelectuales y semi­intelectuales improductivos y remisos a arremangarse les gusta dedicarse a la maniobra y la intriga, emponzo­ñando la vida de la organización e impidiendo el ingreso de los obreros.

7. La sección española hizo algunos avances y es­tableció contactos que le permiten confiar en nuevos éxitos. Pero es claro que, pesados en la balanza del grandioso movimiento revolucionario de las masas españolas, los éxitos de la Oposición española son peque­ños. Sin embargo, esto se debe principalmente al hecho de que la Oposición española no existía antes de la re­volución. Se constituyó al calor mismo de los hechos y en este proceso desperdició el tiempo en experimentos que desde un principio se veían claramente estériles (por ejemplo en Cataluña).

La extrema debilidad de la Oposición española a co­mienzos de la revolución se manifestó en que, a pesar de la situación excepcionalmente favorable del país, nuestros camaradas españoles no lograron, sino hasta hace poco, editar un semanario. La ayuda del extranje­ro no llegaba a tiempo o era insuficiente. El Soviet de Barcelona fue suspendido. No podemos callar que las razones de la Oposición española para explicar la suspensión de El Soviet son completamente inaceptables. En lugar de decir clara y abiertamente: "¡No tenemos medios, somos débiles, ayúdennos" los camaradas es­pañoles declaran que no quieren someterse a la censu­ra. Cuando los revolucionarios no están en capacidad de desprenderse de la censura deben, entonces, por un la­do, adaptarse a ella legalmente y, por el otro, decir ab­solutamente todo lo que sea necesario en la prensa ile­gal. No desaparecer de la escena acusando a la censura y a su propio orgullo revolucionario, por cuanto ello significa llevar a cabo una política decorativa y no bolchevique.

La revolución española ha entrado ahora en un período de calma que separa la etapa burguesa de la proletaria. El tiempo que durará ese intervalo es algo que no puede predecirse. De cualquier modo, la Oposición española tiene ahora la oportunidad de realizar un trabajo más sistemático y mejor planeado. Hay que de­sarrollar los cuadros, sin pérdida de tiempo. En este as­pecto, el órgano teórico mensual Comunismo es una de las armas más importantes. Debe crearse un boletín serio para la discusión interna. No es posible pensar en la educación de los cuadros basándose únicamente en los problemas nacionales. Si en el transcurso del año pasado los camaradas españoles le han dedicado muy poco tiempo a los problemas internacionales, esto es atribui­ble a la juventud de la Oposición y al furioso ritmo de los acontecimientos revolucionarios. Así, indudable­mente, se explica por qué la intervención de la Oposi­ción española en problemas internacionales ha sido tan esporádica y ha tenido un carácter episódico, no siem­pre adecuado.

8. Hasta ahora la Liga norteamericana se viene de­sarrollando lentamente, con etapas de retroceso, pero en general de manera orgánica. La gran ventaja de la Liga norteamericana sobre la francesa fue ser desde el principio un grupo homogéneo, que no fue expulsado del partido en 1923-1924 sino en 1928. La lentitud del crecimiento de la Liga es atribuible fundamentalmente a que estos últimos años no hubo grandes conflictos en la clase obrera norteamericana. Como ya escribí en otra parte, es de presumir que la crisis norteamericana crea­rá por primera vez las premisas para el trabajo revolu­cionario a gran escala y que, gracias a la educación sis­temática previa de los cuadros, la Liga norteamericana entrará bien preparada a la nueva etapa, aunque no de­bemos ocultar que los cuadros todavía no han sido real­mente probados.

La Liga norteamericana participó menos de lo que hubiera sido deseable en la vida de la Oposición de Izquierda Internacional. Una explicación es seguramente la distancia. Sin embargo, sería positivo que todo el Comité Central de la Liga siguiera atentamente los pro­blemas internos de la Oposición de Izquierda, ya que la excesiva concentración de estos asuntos en manos de un solo camarada no ha rendido hasta ahora los frutos esperados.

9. Esta carta no es, de ningún modo, un balance sistemático de cada una de las secciones, ni una presentación sistemática de cada uno de los problemas. El ob­jetivo es intercambiar opiniones con los camaradas, si bien de manera puramente informal, sobre algunos problemas y fenómenos que me parecen importantes e interesantes desde la perspectiva de la Oposición de Iz­quierda. Por eso dejo de lado, por ejemplo, a las seccio­nes china, checoslovaca, belga y otras, en parte por fal­ta de información y en parte porque no tengo suficiente claridad sobre los problemas que afectan a estas seccio­nes. En conclusión, quiero agregar que la necesidad de recurrir a esta carta deriva de que todavía no hayamos logrado crear un secretariado internacional. Este hecho se explica parcialmente por una causa general, el creci­miento relativamente lento de las secciones nacionales, y también parcialmente por circunstancias especiales, la composición personal del Secretariado y el clima que encontró y a la vez contribuyó a crear en París. Demás está repetir aquí lo que ya le escribí innumerable canti­dad de veces al Secretariado y sobre todo al secretario de tiempo completo. En consecuencia, trataré de enviar a todas las secciones mi carta del 6 de octubre de este año. Desde entonces, las cosas no sólo no han mejorado sino que han empeorado. Me parece evidente que sin una reorganización del Secretariado no mejorarán.

¿Cómo encarar la reorganización? Resulta fácil contestar esta pregunta si se tiene claridad sobre las fallas de la vieja organización, cuyo principio era: crear un se­cretariado basándose en la selección personal y no en las delegaciones de las secciones nacionales. A muchos camaradas les parecía, y a mí también, que ese conjun­to de camaradas elegidos en base a sus cualidades per­sonales desarrollarían cierta independencia respecto a las secciones nacionales, y podrían ejercer una influen­cia benéfica sobre ellas; lamentablemente, no se logra­ron esos resultados. Tal vez porque entre nosotros hay cuadros que todavía no están suficientemente prepara­dos para una tarea de tanta responsabilidad. De todos modos, la consecuencia fue que el funcionamiento del Secretariado pasó a depender del humor de un sólo ca­marada que no estaba ligado a ninguna organización, ni bajo ninguna disciplina. El Secretariado se transformó en una fuente de sorpresas constantes y, durante los úl­timos meses, incluso en el instrumento de una subfrac­ción cuya plataforma y objetivos nadie conoce. Eviden­temente, esa situación es intolerable. Resulta claro que el Secretariado tiene que relacionarse más con las sec­ciones nacionales. Tiene que ser una institución que funcione constantemente; en consecuencia, sus miem­bros deben estar en una, o a lo sumo en dos ciudades bien comunicadas. En este caso, será necesario estable­cer un buró permanente en una de las ciudades. Pero todos los miembros del Secretariado deberán ser dele­gados oficiales de las secciones nacionales correspondientes, las que a su vez serán responsables por sus de­legados. Debido a la imposibilidad práctica de que todas las secciones nacionales envíen delegados, sería por lo menos deseable que lo hicieran las más impor­tantes para colaborar con el Secretariado. Por supuesto, ese tipo de organización no protege al Secretariado con­tra la posibilidad de cometer errores, pero si contra al­gunas de las tendencias más peligrosas, las inclinacio­nes personales y las vacilaciones. Para ubicar el funcio­namiento del Secretariado es importante tomar en con­sideración el peso específico del país en cuestión y del partido oficial, así como el tamaño de la correspondien­te sección de la Oposición. Así, por ejemplo, pese a lo reducido del país, la sección griega es numéricamente la más importante, después de la rusa, y la de composi­ción más proletaria. Por lo tanto, sería muy deseable que en el Secretariado participaran sus representantes oficiales.

Posdata. Si aceptamos que Alemania es ahora la cla­ve de la situación internacional, debemos sacar la conclusión de que el eslabón principal de la Oposición de Izquierda Internacional es la sección alemana. Esta ca­rece de medios financieros y técnicos. Si hay un lugar donde se necesita especialmente un semanario, es Ale­mania. Entre los obreros alemanes aumenta rápida­mente la demanda de la prensa oposicionista. No cabe duda de que un semanario tendría una amplia circula­ción. Todas las secciones tienen que plantearse el obje­tivo de ayudar a la alemana a publicar el semanario.

Posdata II. Después de concluir esta carta, advertí que contiene partes publicables y párrafos destinados total o parcialmente a la exclusiva información de los militantes de la organización. No me cabe duda de que las direcciones de las secciones sabrán distinguir qué partes de esta carta se pueden utilizar en la prensa. En cuanto a mí, me tomé la libertad de tocar todos los pro­blemas delicados porque el único objetivo de toda la carta es un fraternal análisis interno.

 

L. Trotsky



[1] Carta a las secciones nacionales. The Militant, 13 de febrero de 1932 (secciones 1-4) y un boletín interno sin número ni fecha de la Liga Comunista de Norteamérica del año 1932 (secciones 5-9 y posdatas). La carta del 6 de octubre de 1931, escrita por Trotsky al Secretariado Internacional, que dijo que trataría de enviar a las secciones, evidentemente no fue enviada y no pudo ser localizada en la "sección abierta" de los archivos de Trotsky en la Universidad de Harvard.

[2] Lazar Kaganovich (n. 1893): compinche de Stalin y firme stalinista durante varios gobiernos soviéticos y en cargos dentro del partido. Al hacerse cargo Jruschov de la dirección soviética, a mediados de la década del 60, fue removido de todos los puestos que ocupaba, como elemento "antipartidario". El amsterdamista: referencia a 1926, cuando los stalinistas estudiaban la posibilidad de fusionar la Internacional Sindical Roja con la Internacional de Amsterdam. Después de haberse llegado a la decisión de no continuar con esta política se publicó un discurso de Kaganovich en favor de esta fusión. El argumento de Kaganovich fue que el taquígrafo lo había citado mal, y que él estaba demasiado ocupado para redactar el discurso. A partir de allí se lo conoció con el apodo de "amsterdamista".

[3] Pierre Frank (n. 1905): dirigente de la Liga Comunista francesa y colabora­dor de Raymond Molinier en la década del 30, más adelante fue miembro del Secretariado Internacional y del Secretariado Unificado de la Cuarta Inter­nacional.



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