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Contra el «derrotismo» en España

Respuesta a preguntas relativas a la situación española 14 de septiembre de 1937

 

Este documento constituye la respuesta taquigráfica de Trotsky en inglés a las preguntas de un militante de Los Ángeles, Dick Lorre, miembro de la Appeal Association, ala izquierda del partido socialista americano, constituida en torno a los militantes trotskystas. No tenemos el texto de estas preguntas, pero parece que todas se refieren al mismo problema, la actitud de los revolucionarios frente al gobierno Negrín que, bajo el patronazgo de Stalin, y la mirada complaciente de los gobiernos de Londres y París, acababa de reprimir duramente a la extrema izquierda y estaba a punto de crear las condiciones para la derrota en la guerra contra Franco y sus aliados. Sin llegar hasta las posturas de ciertos grupos bordiguistas que no veían en la guerra civil más que una lucha entre clanes burgueses rivales -algo semejante a una «guerra imperialista»- y estaban por el «derrotismo revolucionario», un grupo de militantes americanos mantenían una postura en contra de todo apoyo «político o material» al gobierno burgués leal. Estos militantes, miembros de la Appeal Association, constituían el grupo «Joerger-Salemme». Attilio Salemme era de New York y Joerger de Chicago: los dos simpatizaban con la Revolutionary Workers League, de Hugo Oehler. Lo que Trotsky llama aquí «la resolución Salemme», era uno de los textos de discusión interna de la Appeal Association anterior a la «salida» del partido socialista americano y la fundación del Socialist Workers Party. Titulado Shall the international Proletariat give Material Aid to the Spanish Loyalist Government?», debía aparecer en el Internal Bulletin, Organising Commitee for the socialist Party Convention, 1 de octubre de 1937, al mismo tiempo que el texto de Trotsky titulado «Answer to Questions Concerning the Spanish Situation». T. 4208.
 

 

1) La diferencia entre Negrin y Franco es la diferencia entre la putrefacta democracia burguesa y el fascismo.

2) Siempre y en todas partes, ahí donde los obreros revolucionarios no son lo suficientemente fuertes como para acabar con el régimen burgués, han de defender incluso la propia democracia burguesa, contra el fascismo, pero, sobre todo, han de defender sus propias posiciones en el seno de la democracia burguesa.

3) Sin embargo, los obreros no defienden la democracia burguesa con los métodos de la democracia burguesa (Frente Popular, bloques electorales, coaliciones gubernamentales, etc.), sino con sus propios métodos: es decir, con los métodos de la lucha revolucionaria de clases. Así es como participan en la lucha militar contra el fascismo, mientras continúan defendiendo sus propias organizaciones, sus derechos y sus intereses contra el gobierno democrático burgués.

4) La democracia burguesa se descompone al mismo tiempo que el que la ha engendrado. El simple hecho de que pueda darse una insurrección fascista contra la democracia burguesa, es un síntoma de que sus días están contados. Ni siquiera la «regeneración» de la democracia burguesa puede figurar en el programa del proletariado. La defensa de la democracia burguesa contra el fascismo es únicamente un episodio táctico subordinado a nuestra línea, que consiste en acabar con la democracia burguesa e instaurar la dictadura del proletariado.

5) La coalición con la burguesía bajo la etiqueta del Frente Popular, la participación en el gobierno del Frente Popular, el apoyo político a un gobierno de este tipo, la renuncia a la agitación independiente y a la organización de cara al derrocamiento revolucionario del gobierno burgués, no pueden, en el mejor de los casos, sino alargar la agonía de la democracia burguesa y facilitar el triunfo del fascismo. No sólo la política de los estalinistas, y de los socialistas, agentes directos de la contrarrevolución, sino incluso la de los dirigentes de la C.N.T. y del P.O.U.M., ha sido y sigue siendo nociva para los intereses del proletariado.
6) Pero si es cierto -y lo es- que tanto el gobierno Negrín-Stalin como el de Franco son los guardianes del capital, si es cierto que la politica de Negrin-Stalin conduce inevitablemente a la victoria del fascismo, no es menos erróneo concluir que en la lucha entre los dos ejércitos, el proletariado podría adoptar una posición neutral. El proletariado español, como el internacional, está interesado en: a), la derrota militar de Franco; y b), a que en la guerra civil se ponga en práctica una política capaz de provocar en el plazo más corto posible el derrocamiento del gobierno Negrín-Stalin.

7) Se nos puede objetar que durante una guerra entre dos estados burgueses el proletariado, cualquiera que sea el régimen político de su país, debe adoptar la postura según la cual «la derrota de nuestro propio gobierno es un mal menor». ¿Esta regla no es igualmente aplicable a la guerra civil en la que se enfrentan dos gobiernos burgueses? De ninguna forma. En una guerra entre dos Estados burgueses, el objetivo es una conquista imperialista, no la lucha entre la democracia y el fascismo. En la guerra civil española, la cuestión es: democracia o fascismo.

Para la clase capitalista, la diferencia entre democracia y fascismo no es decisiva. Según las circunstancias utiliza una u otro para sus propios fines. Pero, para los agentes pequeño burgueses del capital -los dirigentes de la socialdemocracia, los estalinistas y los anarquistas- la democracia es la propia fuente de su existencia y de su influencia. El fascismo significa para ellos desastre y exterminio. El proletariado revolucionario no puede colocar los dos campos en lucha en un mismo saco: debe utilizar este combate para sus propios intereses. No puede alcanzar el éxito con una política neutral, sino por el contrario, golpeando militarmente a su enemigo número uno: el fascismo.

8) Evidentemente, Franco es un enemigo directo de las masas obreras y campesinas. Negrín. Caballero, Stalin y Companys, son enemigos menos evidentes, camuflados, que aún dirigen a millones de obreros y campesinos. Con Franco, el único combate posible es un combate físico, con Negrín, un combate físico actualmente es imposible, porque los elementos revolucionarios están en minoría y porque el combate físico -que es inevitable- debe ser preparado políticamente. Los medios más eficaces para esta preparación política, consisten en desenmascarar y denunciar la desastrosa política militar del gobierno, explicando a las masas que la causa de esto es su servilismo ante los intereses del capital.

9) Se puede objetar que los dos campos imperialistas (Italia y Alemania por una parte, Inglaterra, Francia y la U.R.S.S. por otra) luchan en la península Ibérica y que la guerra de España no es más que un episodio de esta lucha. En el sentido de la posibilidad histórica, es cierto. Pero no es lícito identificar la posibilidad hístórica, con el curso real, concreto, de la guerra civil hoy día. Los intereses de los países imperialistas indudablemente tienen influencia sobre el desarrollo de los acontecimientos en España. Pero, hasta ahora, no se ha conseguido modificar su carácter fundamental, en tanto que lucha entre el campo de la democracia burguesa española y el campo del fascismo.

10) Si la guerra debe continuar sobre las mismas bases, las diferencias políticas entre los dos campos pueden reducirse a cero. Esto no es más que una posibilidad. Hasta el presente no es un hecho. Es preciso utilizar la situación tal como es. La situación puede modificarse en cualquier otro sentido: bajo el peso de los golpes que le está dando Franco en los campos de batalla, el gobierno Negrín puede verse obligado a hacer más concesiones a los obreros que Kerensky en agosto de 1917 bajo los golpes de Kornilov. Debemos utilizar estas concesiones para preparar mejor la derrota de Negrín.
11) Si, por ejemplo, Caballero fuese capaz de empezar la lucha contra Negrín -como muchos esperaron-,[1] tomaríamos parte en esta lucha, sin aceptar ninguna responsabilidad por parte de Caballero. Por el contrario, le acusaríamos de carecer de un programa revolucionario y de la resolución necesaria en un combate de este tipo. Pero Caballero ha abandonado su propia arma, la U.G.T. y los obreros anarquistas, la C.N.T., que le habían empujado al camino de la lucha.[2] La huida de este héroe de comedia disipa bastantes ilusiones, otorga un claro lugar a los verdaderos revolucionarios, y da la posibilidad, sin dejar de luchar militarmente contra Franco, de movilizar políticamente a las masas contra Negrin.

12) Tomemos un ejemplo: Dos barcos con armas y municiones salen de Francia o de los Estados Unidos, uno para Franco y otro para Negrin. ¿Qué actitud deberían tomar los trabajadores? ¿Sabotear el transporte de los dos o sólo el de Franco? No somos neutrales. Dejaríamos pasar el barco con municiones para Negrín. Sin ilusiones, sabemos que de estas balas, nueve de cada diez serán dirigidas contra los fascistas, pero al menos una contra nuestros camaradas. Pero de las municiones destinadas a Franco, diez de diez serán dirigidas contra nuestros camaradas. No somos neutrales. No dejaríamos pasar el barco con municiones para Franco. Entiéndase bien, si se produjese en España una insurrección obrera armada, intentaríamos hacer llegar las armas y las municiones hasta las masas de obreros insurrectos. Pero mientras no tengan suficiente fuerza para esto, escogeríamos el mal menor.

13) En tanto que partido revolucionario, ¿movilizamos hoy en día voluntarios para Negrin? Esto significaría enviarlos a las garras de la G.P.U. ¿Colectar dinero para el gobierno Negrin? ¡Absurdo! colectaremos dinero para nuestros propios camaradas en España, y si enviamos camaradas, será clandestinamente, para nuestro propio movimiento.

14) ¿Nuestra actitud frente a comités como el Comité americano para la democracia en España, frente, a los mítines, acciones sindicales., etc? Defenderemos la idea de que los sindicatos deben colectar dinero, no para el gobierno, sino para los sindicatos españoles, para las organizaciones obreras. Si se nos objeta que los sindicatos españoles están ligados al gobierno, y que por lo tanto sería inadmisible mandarles dinero, responderemos mencionando un único ejemplo: durante la huelga de los mineros de Gran Bretaña en 1926, enviamos dinero a los sindicatos de mineros, cuyos dirigentes estaban estrechamente ligados al gobierno británico.[3] Los comités de huelga pueden ser reformistas, pueden ser traidores, pueden tener relaciones con los patronos. Pero no podemos dejar de tener en cuenta que mientras los mineros no sean capaces de cambiarlos, les enviaremos dinero, corriendo el riesgo de que traicionen a los obreros. Advertimos a los obreros, y si esto se llega a dar, les diremos: « ¡Ya veis, vuestros dirigentes os han traicionado!»

15) La resolución Salemme afirma: «La línea Cannon. Shachtman-Goldman,[4] que consiste en preferir una «victoria gubernamental», es idéntica a la de los estalinistas. Esta degeneración abierta en una política de Frente Popular del «mal menor» demuestra la falsedad de la afirmación según la cual la ayuda material no implica apoyo político. Los obreros que se niegan a entregar las armas, es decir, que se niegan a dar al gobierno apoyo material o político, son abatidos por la checa estalinista gubernamental.
Sí, ya sabemos que nuestros camaradas son abatidos por la cheka estalinista gubernamental. ¿Pero, qué consecuencia saca de esto el grupo Salemme? ¿Propone la deserción del ejército leal o la insurrección militar? Si el gobierno moviliza a los obreros y campesinos, ¿qué significado tiene negarse a otorgarle ayuda militar? No puede significar más que dos cosas: deserción o insurrección. ¿O es que proponen una huelga general? Sin embargo, una huelga general, sobre todo durante una guerra no puede tener otro objetivo que el derrocamiento del gobierno, no puede ser más que el prefacio de una insurrección. Estoy absolutamente de acuerdo en que si hay condiciones para llamar a la insurrección, habría que hacerlo. Pero, ¿es posible? Me gustaría saber cuántos regimientos Salemme hay en España, si es que esta resolución ha sido escrita para España y no para satisfacción personal de su autor. Si pedimos al soldado que deje de luchar, entonces es necesario pedir al obrero (que, trabajando en las fábricas de municiones está dando ayuda material al gobierno leal) que deje de trabajar. Pero si, como en el caso, no somos lo suficientemente fuertes como para tomar el poder, debemos combatir militarmente en las condiciones materiales determinadas por la correlación de fuerzas, sin dejar de prepararnos políticamente para la insurrección contra Negrín.

16) La-resolución afirma algo después: «Los obreros revolucionarios no deben convertirse en los defensores de un gobierno burgués, no deben defender más que un gobierno obrero. Por otra parte, no deben adoptar la postura del derrotismo revolucionario, como en el caso de una guerra imperialista. Los intereses del proletariado en la guerra civil española exigen que los revolucionarios, no sólo se abstengan de agitar, sino combatan todo programa que llame al derrotismo revolucionario o al defensismo.»
Pero la guerra contra el fascismo no es solamente una defensa del gobierno Negrin. Tenemos nuestras organizaciones obreras. En España, sobre todo en Cataluña, hay propiedad socializada, granjas colectivas. El gobierno Negrín está en contra, aunque hasta ahora se ha visto obligado a tolerarlas. Debemos defender estas conquistas contra Franco.

17) La resolución Salemme dice: «En ningún caso los revolucionarios deben lanzar consignas llamando al sabotaje de la lucha militar contra Franco, lo que constituiría un desliz hacia la postura del derrotismo revolucionario. »
Esta declaración habla por sí misma. Estos «revolucionarios» se sienten tan revolucionarios que se sienten condenados por su propia posición, proclamando que no llamarán al sabotaje de la lucha militar contra Franco. ¿Una afirmación semejante no es algo humillante para estos «revolucionarios »? No es menos interesante señalar que, los autores no hablan más que de «sabotaje» del ejército republicano. ¿Estarán por el sabotaje al ejército de Franco? ¿Están por el sabotaje al ejército fascista? ¿A qué se debe este silencio? Esta omisión caracteriza perfectamente al grupo y a su postura; bajo la envoltura de expresiones vehementes y de fórmulas terriblemente revolucionarias intentan disimular su falta de confianza en sí mismos. No es sorprendente. La escuela de la intransigencia puramente formal está condenada a cerrar a cada paso los ojos ante la realidad, y cuando, accidentalmente, un discípulo de esta escuela abre los ojos, se convierte en oportunista. Actualmente tenemos un ejemplo evidente en Bélgica, con el camarada Vereecken.[5]

18) La resolución Salemme afirma después: «Los socialdemócratas que prefirieron criminalmente la victoria de Hindenburg a la de Hitler y que tuvieron que soportar la de los dos, o los estalinistas, que han preferido Roosevelt a Landon[6] no están más degenerados políticamente que los Cannon o los Shachtman que prefieren la victoria de Negrín a la de Franco, y que habrán de soportar, bien una dictadura militar de Negrín, o bien una tregua Negrin-Franco.
La guerra civil entre Negrin y Franco no tiene el mismo significado que la competencia electoral entre Hindemburg y Hitler[7]. Si Hindemburg hubiera comenzado una lucha militar contra Hitler, entonces, esto hubiera sido el «mal menor». Pero Hindemburg no era el «mal menor»J. no llevó una lucha abierta contra Hitler. Los socialdemócratas esperaban esto, que era estúpido, pero no se llevó a cabo. Sin embargo, hubo una guerra entre la socialdemocracia y el fascismo. Sostener a Hindemburg contra Hitler significaba renunciar a la independencia política. Nosotros no apoyamos políticamente -a Negrin. Si hubiésemos tenido diputados a Cortes, hubiéramos votado contra los presupuestos militares de Negrin.[8] Acusamos a Negrin de la responsabilidad política por su conducción de la guerra. Pero al mismo tiempo debemos rechazar a las hordas fascistas hasta que seamos capaces de tomar entre nuestras manos la política militar. Afirmar que combatir con las fuerzas de Negrin contra Franco es lo mismo que apoyar a Hindemburg contra Hitler es -y siento decirlo-, una variante de lo que suele llamarse «cretinismo parlamentario ». La guerra contra el fascismo no puede resolverse con métodos parlamentarios, debido a que el fascismo es un arma de la reacción que no puede combatirse. más que por la fuerza. Por esto estamos en contra de la política de los socialdemócratas alemanes, la peor combinación parlamentaria, con Hindemburg contra Hitler. Llamaremos a la creación de milicias obreras, etc. Pero ahora lo que hay es un combate contra el fascismo. Es cierto que el estado mayor «republicano» es capaz de concluir un compromiso con Franco cualquier día.[9] Pero éste no es el caso hoy en día. Nosotros no podemos tener en. cuenta más que lo que ocurre realmente. Debemos servirnos tácticamente de la guerra entre los republicanos y los fascistas para nuestro propio objetivo estratégico: el derrocamiento del régimen capitalista.

19) La resolución Salemme declara: .«Cannon y Shachtman afirman en las actas del pleno del 30 de julio que: "Quien se niegue, por ejemplo, a sostener materialmente al gobierno en la guerra contra el fascismo, combatiendo en las filas del ejército leal, despreciará criminalmente su deber proletario más elemental".» Preguntamos a Cannon y a Shaclítman: ¿los obreros revolucionarios de Cataluña, que han luchado contra los intentos. de la disciplina militar burguesa, han despreciado su deber proletario más elemental? ¿Lo han despreciado al negarse a entregar sus armas, que es una ayuda material al ejército burgués leal? ¿Actuaban como agentes de la 5ª columna, como Burnham nos ha acusado cuando nos negamos a dar una ayuda militar al Frente Popular?[10]. Aquí todo está en el mismo saco. Los obreros catalanes han luchado contra el gobierno desde el 3 al 7 de mayo. No de forma consciente, sino instintiva. Luchaban por el poder que podía darles las mejores posibilidades de luchar y continuar la guerra contra Franco. Sin embargo lo intentaron sin dirección revolucionaria y fracasaron. Ahora están diez veces más débiles que antes de las jornadas de mayo. Los trabajadores se preguntan: «¿Qué debemos hacer, no en el Bronx o en Manhattan, sino en España? Somos demasiado débiles y además estamos desarmados.» El grupo Salemme responderá con nuestras propias palabras: «Hay que preparar políticamente a las masas para el futuro derrocamiento del gobierno Negrin.» Bien. Pero para esto hace falta tiempo, y durante este tiempo, Franco se acerca. ¿No vamos a intentar vencerlo?
La consigna de «Ni victoria ni derrota» o «No somos ni defensistas ni derrotistas» es errónea desde el punto de vista de los principios y políticamente perniciosa. Está desprovista de todo valor agitativo. Imaginaros a un revolucionario en medio de los dos campos de la guerra civil con su bandera: «Ni victoria ni derrota.» Esta consigna es válida para Poncio Pilato, no para un revolucionario. Estamos por la defensa de las organizaciones obreras. Participamos en la lucha contra Franco Somos «defensistas». Los «derrotistas» son Negrin, Stalin y compañía. Participamos en la lucha contra Franco como los mejores soldados, y al mismo tiempo, en interés de la victoria sobre el fascismo, agitamos la revolución social y preparamos el derrocamiento del gobierno derrotista de Negrín. Sólo una actitud semejante puede acercarnos a las masas.

CRUX



[1] En el momento de su caída, Francisco Largo Caballero, anteriormente llamado por los propios comunistas españoles el «Lenin español», gozaba aún de una sólida popularidad. En el seno de la U.G.T., la coalición de sus adversarios -socialistas de derecha, «Prietistas» y estalinistas- no habían conseguido apartarle de los Puestos de responsabilidad por medio de la legalidad sindical. En el seno de la J.S.U. habla muchos que no estaban esperando más que una señal suya para comenzar abiertamente la lucha contra la dirección carrillista. La C.N.T. había protestado en vano por su reemplazo por Negrin, y el mismo P.O.U.M. poco antes de ser puesto fuera de la ley, se había proclamado a favor de un gobierno C.N.T.-U.G.T. presidido por él. Sin embargo, desde esta época, sus adversarios, apoyados en el aparato de estado comenzaron a tramar una ofensiva contra sus posiciones. Caballero y sus amigos fueron apartados de Claridad, y posteriormente eliminados de Las Noticias de Barcelona. Desalojados de la dirección del P.S. por medio de unas votaciones impugnada por él, Largo Caballero se negaba a emplear medios que tuvieran el riesgo de conducir al partido a una escisión en plena guerra. Sus adversarios no tenían los mismos escrúpulos ni las mismas dudas. En julio, por iniciativa del sector ejecutivo prietista, los locales de la federación Provincial de Levante, caballerista, eran ocupados y su periódico, Adelante, confiscado a resultas de la ocupación de los locales por los guardias de asalto. En el intervalo, los adversarios de Largo Caballero habían hecho votar al C.A. de la U.G.T., por 24 contra 14, una resolución que desaprobaba la actitud de la central en mayo, el rechazo de sostener todo gobierno que no presidiera él.

[2] Cuando Trotsky respondía a estas preguntas, Largo Caballero, después de muchas dudas, acababa de tomar su primera iniciativa, excluyendo de la U.G.T. a los principales sindicatos controlados por sus adversarios -cerca de 200.000 afiliados- por «falta de pago de las cotizaciones ... ». Sin embargo esperaría a que sus adversarios reunieran -en contra suya- un comité nacional que proclamó su destrucción, eligiendo un nuevo Comité ejecutivo, presidido por Ramón González Peña. Su primera conferencia pública, el 17 de octubre en Madrid, encontraría, con general sorpresa, un enorme eco. Pocos días después, el gobierno lo confinaría sin que él protestara realmente

[3] Sobre este, punto, o bien falla la memoria de Trotsky o bien el resumen de su respuesta taquigráfica está confundido. Si bien los dirigentes -laboristas- de las Trade Unions británicas llevaron en su conjunto una política, conciliadora que -constituía una verdadera capitulación ante el gobierno conservador, no se puede decir lo mismo de la Federación de los mineros cuyo presidente, Arthur J. Cook era uno de los portavoces del Movimiento nacional minoritario, estrechamente ligado a la Internacional Sindical Roja. Por otra parte la federación de mineros había sido la única en aceptar la ayuda financiera de los sindicatos rusos, gesto rechazado por las restantes direcciones sindicales.

[4] J. P. Cannon, veterano del I.W.W. y cofundador del P.C. americano, Max Shachtman y el abogado Albert Goldman, eran tres de los principales dirigentes de los B.-L. americano. Shachtman a partir del pacto germano-soviético, dirigiría una oposición que negaba el carácter «obrero» del Estado soviético y que Trotsky combatió personalmente. (Ver En defensa del Marxismo.) El' debate terminaría con la escisión entre «cannonistas» y «shachtmanistas».

[5] Alusión al hecho de que Vereecken había sido adversario del entrismo antes de hacerse defensor del P.O.U.M

[6] A. Landon era candidato del partido republicano, contra F. D. Roosevelt en las elecciones presidenciales

[7] En 1932 el partido socialdemócrata alemán había llamado a los electores a votar por el presidente saliente, el viejo mariscal Hindemburg -símbolo de la derecha reaccionaria y militarista- para «barrer el camino que conducía a HitIer». En 1933, el presidente Hindemburg llamó a Hitler a la Cancillería, abriéndole legalmente el camino del poder.

[8] Votar el presupuesto militar de Negrin significa otorgarle apoyo político. Nosotros no podemos hacer eso, sería un crimen. ¿Cómo explicar esto a los obreros anarquistas? Muy sencillo: no tenemos ni la más mínima confianza en la capacidad de este gobierno en conducir la guerra a la victoria.

Acusamos a este gobierno de proteger a los ricos y atacar a los pobres. Este gobierno debe ser derrocado. Mientras no seamos lo suficientemente fuertes como para derrocarlo, combatiremos bajo su bandera. Pero en todas las ocasiones manifestaremos nuestra desconfianza en él: esta es la única posibilidad de movilizar políticamente a las masas contra este gobierno, preparando su derrocamiento. Cualquier otra política sería una traición a la revolución. (Nota de Trotsky.)

[9] En mayo de - 1937, el presidente de la república, Azaña, había enviado a los funerales del rey Jorge V, a Londres, al socialista de derecha Julián Besteiro, con la misión de negociar una mediación británica entre los dos bandos. Un año más tarde, el 9 de septiembre de 1938, el doctor Negrin en persona, que había ido a Suiza con el pretexto de un congreso médico, se entrevistaba secretamente con el duque de Alba, representante en Londres de la Junta del general Franco. (Hugh Thomas, La guerra civil española, p. 554.)

[10] James Burnham era entonces un brillante intelectual del grupo trotskysta americano en el interior del partido socialista. En 1939 combatiría con Shachtman para evolucionar en seguida hacia posiciones que conducirían, a través de sus trabajos sobre la «revolución de los ejecutivos», a la derecha del partido republicano, alrededor del senador Goldwater. De hecho, en esta época, había emitido dudas respecto a la postura de Trotsky, referente al Frente Popular en España, que consideraba «sectaria», y frente a su postura de ruptura con los socialistas americanos, en la perspectiva de la construcción de un nuevo partido.



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