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Contratesis de la Oposición sobre el Plan Quinquenal

Contratesis de la Oposición sobre el Plan Quinquenal[1]
Noviembre de 1927

4. El “punto de partida”

El siguiente defecto de las tesis del CC consiste en su completo fracaso para dilucidar la actual situación económica. Sin una adecuada investigación de los resultados de la gestión económica de los dos últimos años, y sin un análisis de las deficiencias de esta gestión, ninguna verificación económica de la actividad económica planificada es posible.
En la resolución aprobada por el pleno de julio de 1927 se lee: “Los resultados económicos de conjunto del corriente año, en la medida en que pueden ser evaluados a partir de datos provisionales, parecen ser favorables, y de conjunto la actividad económica se ha desarrollado durante el año actual sin crisis. Esto demuestra la mejoría considerable que ha tenido lugar en la gestión económica planificada.”
Estas afirmaciones han sido refutadas por los hechos concretos.
Durante el año pasado, la prensa oficial ha afirmado unánimemente que la hambruna de productos en nuestro país ha sido considerablemente aliviada, o incluso superada.
Esta teoría de que la hambruna de productos había sido superada era necesaria para el propósito de refutar las tesis de la Oposición sobre el fracaso de la industria en estar a la altura de las crecientes necesidades económicas de la población y de la economía nacional.
De hecho no ha habido ningún alivio de la hambruna de productos; todo lo que se ha logrado es una pacificación aparente del mercado de bienes durante la primera mitad del año económico 1926-27, provocada por medidas para limitar artificialmente la demanda. El resultado ha sido que en la segunda mitad del año la necesidad de los productos se revelará con toda su fuerza.
Las pruebas más contundente de esta hambruna de productos son las colas que se ven afuera de los negocios en las ciudades, y la oferta completamente insuficiente de productos industriales a los distritos rurales. El triunfo del Comisariado de Comercio del Pueblo sobre el mercado, proclamado por los burócratas optimistas, ha sufrido un completo naufragio.
En 1925-26, unos 584.4 millones de puds de cereales fueron comprados por el estado y las organizaciones cooperativas de distribución de granos. Además de esto la cantidad comprada por los consumidores de las cooperativas pequeñas y privadas fue de alrededor de 300 millones de puds. En 1926-27 estas mismas organizaciones de venta trajeron menos granos que el año pasado.
Si bien 1927-28 es el tercer año seguido con una buena cosecha, la situación en el mercado de granos ha comenzado a empeorar desde finales de septiembre. Las cosechas cayeron y en la actualidad están un 10% por debajo del nivel del año pasado. Cuando tomamos en cuenta que el número de compradores pequeños y privados también ha declinado considerablemente en comparación con el año pasado, el déficit en la oferta se vuelve todavía mayor. La caída en la cosecha total de cereales es por un lado una clara señal de las profundas perturbaciones en las relaciones entre la ciudad y el campo, y por otro lado, una fuente de nuevos peligros amenazadores. La destrucción de nuestros planes de exportación, y así de nuestros planes de importación, que implica un freno a la industrialización, es un resultado obvio de este estado de situación (en el cuarto trimestre de 1926-27 la cantidad de grano exportada fue sólo el 23% de la cantidad correspondiente al mismo trimestre del año previo). A esto se debe agregar la brecha sin precedentes entre los precios de compra y los de consumo.
“En 1927 el consumidor paga por un pud de harina 1 rublo y 14 kopeks más por encima del precio pagado al campesino por un pud de centeno. En el caso del trigo la diferencia es de 2 rublos con 57 kopeks. Esta diferencia es dos veces y media más grande que la de los precios de la preguerra” (Pravda, julio de 1927). ¿Comprenden los dirigentes actuales de nuestra economía el significado real de esto? No, no lo comprenden. Dicen que en 1927 comenzamos a “comer mucho” (Rikov, en su informe a la fábrica Profkhorovka); que el peligro de la guerra ha perturbado a la economía (si esto es así, ¿qué sucederá en tiempos de guerra? Pero afortunadamente este no es el caso); y que el aparato es malo (lo que es verdad en grado suficiente). Estas explicaciones no se elevan más allá del nivel de ideas propias de un granjero de inteligencia normal. Tres hechos por sí solos sirven para explicar las dificultades en el mercado de cereales: la hambruna de productos (el atraso de la industria); la acumulación de reservas por parte de los kulaks (la diferenciación en el campo) y una política imprudente en la esfera de la circulación monetaria (excesiva emisión de moneda). Si no se comprende esto, el país se verá arrojado a una crisis económica. “Hablando prácticamente, una buena cosecha -ante la falta de bienes industriales- podría significar una mayor utilización de granos para la destilación clandestina de alcohol y mayores colas frente a los negocios en las ciudades. Políticamente, esto significaría una lucha del campesino contra el monopolio del comercio exterior, es decir, contra la industria socialista.” 2
Los eventos que siguieron han confirmado completamente los temores de la Oposición. El camarada Stalin trató de deformar el propósito de estas advertencias, y de hacerlas a un lado con una burla barata. “El camarada Trotsky”, dijo el camarada Stalin, “parece creer que nuestra industrialización será realizada, por así decir, por una especie de ‘fracaso de la cosecha’.” (Informe estenográfico a la XV Conferencia Nacional del AUCP (B)3, pág. 459).
Todos estos graves errores y cálculos equivocados de nuestros dirigentes económicos han provocado una desorganización de los mercados de mercancías y de dinero, y amenazan la estabilidad de los chervonets. Como el campesino no tiene ninguna oportunidad de cambiar los chervonets por bienes, prefiere vender menos, y esto lleva a la caída de la oferta de granos y de materias primas, al aumento en los precios, a la restricción de las exportaciones y a la desorganización de todo el sistema económico.
¿Es posible ignorar simplemente hechos semejantes cuando evaluamos nuestra situación económica, y cuando elaboramos un plan quinquenal? Ocultar estos hechos al partido meramente porque arrojan una luz demasiado clara sobre la política del CC durante los últimos años sería más que un error, sería un crimen contra el partido...

8. Las raíces de nuestras dificultades

La principal causa general de nuestras dificultades puede ser formulada brevemente como sigue: la industria se ha desarrollado demasiado lentamente durante los últimos años, y no logra mantener el paso con el desarrollo de conjunto de la economía nacional. La ciudad no puede brindar suficientes mercancías a cambio de los productos del campo. La línea política incorrecta que ha sido adoptada, especialmente la incorrecta política impositiva, facilita que el kulak concentre el grueso del cereal y otras reservas en sus manos. Esta desproporción es una fuente constante de crecimiento de los elementos parasitarios, los especuladores, y de las gigantescas ganancias de los estratos capitalistas.
Al mismo tiempo hay un rápido crecimiento de los elementos capitalistas entre los pequeños productores agrícolas. Debido a esto, la dependencia de la economía estatal del kulak y de los elementos capitalistas va en aumento, en lo que respecta a los alimentos, las exportaciones y la oferta de materias primas.
Los elementos kulaks, que se apoyan sobre su mejor posición económica y sobre sus crecientes reservas, se suman a los aliados capitalistas en las ciudades para hacer a un lado los planes económicos del poder soviético, ponen restricciones sobre las exportaciones -y en consecuencia sobre las inversiones de capital y sobre la tasa de industrialización- que en realidad retardan el proceso de construcción del socialismo.
Otro aspecto de estos fenómenos básicos es el débil desarrollo de la exportación, la importación insuficiente de medios de producción, la falta de nuevos capitales para la construcción de nuevas fábricas y para la expansión y la renovación de los equipos de las viejas fábricas, el crecimiento continuo del desempleo en la ciudad y en el campo. El resultado de esto es que a finales de esta década no hemos tenido ningún éxito económico para registrar (como, por ejemplo, el crecimiento ininterrumpido de la producción en la industria estatal); el aumento de la inversión de capital y de la actividad de construcción; el crecimiento del comercio entre la ciudad y el campo, acompañado del crecimiento absoluto y relativo de las cooperativas y de la industria estatal; y el mejoramiento de la situación material del campesinado medio, sino que tenemos al mismo tiempo para registrar un crecimiento indudable de las dificultades de carácter social y de clase.
La Oposición exigía un más rápido desarrollo de la industria mediante una presión impositiva más poderosa y sistemática sobre el kulak y el nepman, y mediante el recorte del enorme aparato burocrático. La mayoría del CC acusó a la Oposición de “superindustrialización”, y de “pánico” hacia el kulak. La mayoría se deslizó a la deriva sin velas y sin timón, confiando en el azar. Las dificultades actuales son el castigo impuesto por la política de negligencia de los dirigentes.
A principios de este año había entre unos 800 y 900 millones de puds de productos agrícolas que se acumulaban en las aldeas, centralmente en manos de los kulaks y de los campesinos acomodados. Estos almacenamientos excedían de lejos las reservas de seguridad requeridas, están aumentando rápidamente, y aumentarán en unos 200 a 300 millones de puds, llegando a mil millones hacia fines del presente año agrícola. Este hecho es un síntoma amenazador del estancamiento de la circulación de mercancías en la aldea, y su resultado final está destinado a presentar obstáculos para aumentar el área cultivada.
Aquí tenemos una consecuencia del desarrollo insuficiente de la industria, que no está en una situación como para brindar un fondo de intercambio para estos stocks de la aldea. El lento desarrollo de la industria retrasa el desarrollo de la agricultura.
Esta acumulación de productos agrícolas en la aldea está estrechamente ligada con la cuestión de nuestras exportaciones insuficientes y con la frustración de nuestros planes de exportaciones y de importaciones por parte de los kulaks y los campesinos acomodados. Cuando el camarada Kamenev* explicó muy correctamente nuestro fracaso en llevar adelante nuestro plan de exportación de granos en 1925 refiriéndose al hecho de que el kulak estaba reteniendo el cereal, desbaratando en consecuencia el plan, se vio abrumado por una avalancha de ataques y de estadísticas que trataban de “refutar” este argumento. Y no sólo eso: su sucesor, el camarada Mikoian4, se verá enfrentado este año con la frustración del plan original de exportación de cereal, y con la perspectiva del fracaso del plan de importación que ya ha sido considerablemente recortado. Este segundo “error de cálculo” es todavía más imperdonable por el hecho de que ha sido cometido dos años después del primero, esto es, bajo condiciones donde las consecuencias de la diferenciación en el campo se han vuelto más obvias para todos. El camarada Mikoian, en su artículo del número 252 de Pravda, señaló muy correctamente que “nuestro balance del comercio exterior es la frontera que limita la velocidad de nuestro desarrollo industrial”. ¿Pero quién establece esta frontera? La extensión de nuestro comercio exterior está determinada en cierto grado por la extensión de nuestras exportaciones industriales (35.8% en 1925-26), pero centralmente por la extensión de nuestras exportaciones agrícolas, que comprendían el 64.2% de nuestras exportaciones totales en 1925-26. Y como nuestras provisiones excedentes de granos y de materias primas para exportación se obtienen centralmente de los campesinos acomodados, mientras que son precisamente estos estratos los más resueltos a retener sus granos, el resultado es que estamos siendo “regulados” por el kulak y los campesinos acomodados.
El comercio exterior es correctamente designado como uno de los sectores clave de nuestra economía estatal. El crecimiento del capitalismo en el campo resulta en que un sector ciertamente importante en extremo de esta esfera clave (que cobra importancia por el hecho de que el nuestro es un país agrario) pasa a manos de nuestro enemigo de clase. Aquí, la clase obrera se ve enfrentada con unos de los resultados más peligrosos de la política instrumentada por el CC desde el XIV Congreso del Partido bajo la consigna de “disparemos contra la izquierda”. Este resultado devastador es comprensible para el más sencillo de los obreros. Esto significa: recortar las exportaciones en un momento donde mil millones de puds de reservas de cereales están disponibles; dificultades en importar las materias primas necesarias para las industrias textiles, de lana y de cuero y para producir artículos de consumo masivo; dificultades para importar la maquinaria más necesaria; dificultades para pagar los créditos en el exterior; el empeoramiento de la hambruna de productos en la ciudad y en el campo.
El resultado objetivo de la política económica del CC durante los dos últimos años ha sido proteger el crecimiento acelerado de los elementos capitalistas, especialmente en la agricultura, donde ahora estamos llegando a un punto en que estos elementos ejercen una presión notable sobre los planes económicos del estado soviético, y llegan incluso a desbaratarlos. Incluso hasta la persona más ciega puede ver esto.
Pero sólo aquellos que se niegan a ver pueden no observar que las dificultades arriba mencionadas van todas en una misma dirección: el monopolio del comercio exterior.
Hay sólo dos formas de escapar de la situación que se ha creado, y la situación tal como está no puede durar.
El primer camino es aquel que propone la Oposición, un préstamo obligatorio de cereal por parte del 10% más rico de las granjas de los kulaks, que totalizan unos 150 a 200 millones de puds. Después que las necesidades de la ciudades hayan sido satisfechas, el remanente de este grano debe ser exportado, hay que comprar materias primas y maquinarias con los ingresos, y de esta manera se puede producir dentro del país mismo el volumen adicional de mercancías requeridas para satisfacer la hambruna de productos en el campo y la falta de provisiones alimenticias en las ciudades.
Aquellos que rechazan este camino quedan con la única alternativa de abandonar el monopolio del comercio exterior, de recurrir al capital extranjero para exportar e importar, y de importar los productos extranjeros para las aldeas a cambio de la exportación de las reservas acumuladas de granos. La actual mayoría del CC, con su política de marcar el paso en el mismo lugar, es orgánicamente incapaz de hacer una elección a tiempo, sea a derecha o a izquierda. Esta falta de resolución lleva a que las decisiones se tomen a último momento, con el apuro provocado por el pánico, y entonces inevitablemente en dirección de una política de derecha.
La Oposición nunca ha dicho en ningún momento o lugar que el CC haya resuelto anular el monopolio del comercio exterior, reconocer las viejas deudas, etc. La idea de la anulación o modificación del monopolio del comercio exterior nunca ha sido oficialmente sugerida, sea en las reuniones o en la prensa. Pero en las oficinas de varios funcionarios, o en los más estrechos círculos de negocios, incluso entre comunistas, se insiste con cada vez mayor frecuencia en una “reforma” o “modificación” del monopolio del comercio exterior como prerrequisito necesario para el crecimiento de las exportaciones agrícolas y para el desarrollo de las fuerzas productivas del país (ni hace falta decirlo, en sentido capitalista y no socialista). La dirección de conjunto de la política del CC y sus consecuencias objetivas son más fuertes que todos sus reaseguros puestos sobre el papel. La Oposición advierte al partido contra el giro a la derecha que se avecina en lo tocante a la cuestión del monopolio del comercio exterior...

1. Extractos de las Contratesis presentadas por la Oposición frente a las tesis oficiales de Rikov y Krzhizhanovsky. Frente a la prohibición de publicar su Plataforma, este documento fue la única vía por la que la Oposición pudo publicar sus posiciones en la prensa soviética y reafirmar sus principios básicos. Las secciones que aquí se presentan marcan el comienzo de la crisis de la recolección de granos, que la mayoría de la dirección intentaba ocultar. Las Contratesis fueron firmadas por Bakaev*, Kamenev, Rakovski, Yevdokimov, Muralov, Smilga, Zinoviev, Peterson y Trotsky. El texto ruso fue impreso en el suplemento de Pravda llamado Boletín de Discusión, del 19 de noviembre de 1927. Fue publicado en International Press Correspondence, del 12 de diciembre de 1927. Traducción especial para esta edición de la versión publicada en The Challenge of the Left Opposition (1926-27), Ed. Pathfinder, 1980, Nueva York, EE.UU., pág. 455.
2. Ver Enmiendas a la Resolución Rikov, pág. 359 (énfasis en la cita añadido por Trotsky).
3. AUCP (B): All-Union Communist Party (Bolsheviks), Partido Comunista de toda la Unión, fue el nombre adoptado por el Partido Comunista Ruso a partir de 1925. En 1952, cambió este nombre por el de Partido Comunista de la Unión Soviética.
4. Anastas Mikoian (1895-1978): reemplazó a Kamenev en el comisariado de comercio en 1926 y fue nombrado en el Buró Político en 1939. Sobrevivió a las purgas y se asoció al programa de “desestalinización” de Kruschov.