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Declaración al Comité Central y a la Comisión Central de Control

Este es el texto de la respuesta de la Oposición a la capitulación de los tres (Radek, Preobrajenski, Smilga, del 10 de julio de 1929). Traducida especialmente para este boletín por Rossana Cortez de la versión digital “Déclaration au Comité Central et a la Commission Centrale de Controle”, publicada en Marxist Internet Archives/français/Trotsky/Œuvres, cuya fuente a su vez es Cahiers Léon Trotsky N.º 6, con una introducción de Pierre Broué, que presenta el contexto de esta declaración. Las notas fueron preparadas para esta edición, salvo las que tengan aclaración en contrario.

K. Rakovsky[1], V. Kossior[2] y M. Okudjava[3]
22 de agosto de 1929

Extractos de la introducción de Pierre Broué[4]

[…] La capitulación de los tres (Radek, Preobrajenski y Smilga, declaración del 10 de julio de 1929) era demasiado evidente para no provocar ciertas reacciones de rechazo. Así, I. Smirnov y los suyos condenan lo que consideran como una abjuración y retoman en las negociaciones las reivindicaciones que habían sido adelantadas por Preobrajenski. En el exilio, no faltan hombres que están listos para pedir su reintegro al partido sobre la base de la nueva política de “giro a izquierda”, y que quieren renunciar públicamente a sus ideas pasadas y presentes y aún menos efectuar un gesto que significaría por su parte la aprobación de la represión contra la Oposición, y en particular, contra el exilio de Trotsky. Rakovsky va a apostar por ellos buscando ante todo retenerlos sobre la pendiente donde corren el riesgo de deslizarse con I. Smirnov a pesar de todas sus buenas intenciones. De Saratov, en donde discutió el texto con sus camaradas de deportación, Rakovsky envió finalmente el 22 de agosto al Comité Central y a la Comisión Central de Control una “declaración” firmada por Kossior y Okudjava.
En un tono muy moderado, con una forma cuidadosamente calculada, la declaración afirma la determinación de la Oposición de tomar todas sus responsabilidades en vistas de la constitución de un frente único en el partido contra el peligro de la derecha. Sigue siendo extremadamente firme en la reivindicación de liberación inmediata y de reintegración a las filas del partido de los oposicionistas apresados y deportados.
Se le reprochará no condenar claramente la teoría del “socialismo en un solo país”, permanecer ambiguo en las cuestiones fundamentales de la revolución internacional. Los que la critican diciendo que está dirigida hacia hombres que van a emprender la fuga, ¿miden la gravedad de la crisis que sacude a la Oposición? La cuestión se resuelve rápidamente en la vida. Primeramente, en las colonias en donde circula con el precio de grandes esfuerzos, la declaración reúne en pocas semanas un número importante de deportados sublevados de indignación por la “traición” de los tres: quinientas firmas en tres semanas, entre ellas, las de prestigiados militantes: Muralov, Kasparova, Grunstein, Sosnovsky. Corta la hierba bajo los pies de los conciliadores en tren de deslizarse hacia la capitulación, como I. Smirnov[5], demostrando “buena voluntad” y “espíritu unitario” frente a la mala fe de los procuradores. Finalmente, la capitulación de Smirnov, Bogulavsky[6], Mrachkovsky, Beloborodov[7] y otros, en octubre, no tiene el carácter degradante de la de Radek y sus socios: además, cuando aparece, una nueva declaración, fechada el 4 de octubre, marca la reanimación de la Oposición de Izquierda bajo la dirección de Rakovsky.

Es que la dureza en el rechazo del aparato a la declaración de agosto, los violentos ataques firmados por Yaroslavsky[8] en la Pravda, las feroces represalias ejercidas contra Rakovsky, sacado de Saratov y deportado en condiciones inhumanas a Barnaul, contra Sosnovsky, enviado a Cheliabinsk, luego a Tomsk, finalmente –una verdadera tumba- terminan de convencer a los auténticos vacilantes, a los conciliadores sinceros, a los verdaderos inocentes: como escribía Rakovsky en sus tesis de agosto, es la actitud hacia la Oposición de Izquierda, es decir, hacia el régimen del partido, de su democracia interna, de la democracia obrera, lo que es la piedra de toque de un verdadero “giro a izquierda” que permite esperar un enderezamiento del partido.

Cuando Trotsky pone su firma finalmente el 25 de agosto debajo de la declaración de Rakovsky, puede escribir a la vez que está de acuerdo con su contenido político y que pertenece a un pasado desaparecido.

Comentando los acontecimientos de los últimos meses sobre la base de la correspondencia de la URSS, Isaac Deutscher[9] estima que el golpe dado a la Oposición fue muy rudo: de 8.000 miembros -dos veces más que en el momento de su semi legalidad en el partido durante 1927- con los que contaba en deportación a comienzos de 1929, la Oposición cayó al final del mismo año a poco más de 1.000 partidarios solamente. Trotsky escribe a sus camaradas que, incluso si no quedaran más que tres, lo esencial es que subsisten la bandera, el programa, el futuro.
La crisis política de la Oposición se termina, aunque los debates continúan y se agregan algunas capitulaciones aisladas a la larga lista de 1929. Sus sufrimientos no terminan. Después que Radek y sus compañeros trazaron entre la Oposición y la fracción stalinista en el poder la línea de la abyección, Stalin va a trazar la línea de sangre […].

Desde el XV Congreso[10], que decidió nuestra expulsión del partido, ocurrieron hechos considerables que han provocado un reagrupamiento de las fuerzas en el país y dentro del partido.
Los hechos más importantes son:

Una ofensiva abierta llevada adelante por una parte de la clase campesina contra la dictadura proletaria
La formación en el partido de una corriente de derecha que se propone hacer concesiones al kulak y al comercio privado
Las decisiones tomadas por la XVI conferencia del partido por las medidas a tomar para superar el peligro capitalista acelerando la edificación industrial, el desarrollo de los koljoses[11] y los sovjoses[12], la lucha contra el kulak y el peligro de derecha[13].

La nueva edificación socialista comienza en circunstancias difíciles. Resultan en parte de cierto retraso en el ritmo de la edificación que ha permitido movilizarse a los kulaks y a los nepman. Por lo tanto, esta edificación empieza en un contexto de descomposición muy avanzado del aparato de estado, de los sindicatos y del partido, de desacuerdos en el seno de la clase campesina media y parcialmente de los campesinos pobres –mientras que la clase obrera no estaba preparada para esto y fue tomada de improviso por la racionalización y el alza de precios de los objetos de primera necesidad y su escasez. Esta situación se complicó más por profundas divergencias ideológicas dentro del partido, del que un sector, la derecha declarada, considera con desconfianza la nueva edificación socialista y espera que cuando fracase, triunfen sus propuestas, mientras que otro sector, más considerable aún, obstaculiza la edificación en la práctica, pregonándola en palabras.

Estas dificultades internas son reforzadas con una situación internacional cada vez menos favorable.

Los nacionalistas reaccionarios de China, por una operación de bandidaje, se apoderaron del ferrocarril de China oriental[14]: las provocaciones que siguieron nos muestran un despertar de la política de intervención del imperialismo internacional, con la colaboración activa de la socialdemocracia internacional, convertida abiertamente en un partido pequeño burgués y que todavía arrastra tras de sí a millones de obreros confundidos.

Sería una ilusión de lo más nefasta creer que estas dificultades se superarán a la brevedad. Provienen de un antagonismo que aumenta y se profundiza ineludiblemente entre nuestra producción socialista y el capital internacional, en plena descomposición, pero que mantiene sólidamente el poder político, y sólo cesará con la victoria de la revolución socialista internacional. Hasta ese momento y con breves intervalos de descanso, este antagonismo no dejará de agravarse.

La eliminación del serio disentimiento que existe entre los Estados imperialistas sobre la cuestión de las reparaciones contribuirá a la constitución de un frente financiero unido contra la URSS, y tratarán de hacernos soportar al menos una parte de estas reparaciones.

Cada nueva etapa en la realización del Plan Quinquenal renovará, en cierta medida, a una escala todavía más grande, las dificultades políticas y económicas de la precedente. La realización del Plan Quinquenal exigirá la movilización de enormes recursos financieros, más importantes cada año, y de los que una parte -por ejemplo, las sumas asignadas a la creación de sovjoses- constituirá forzosamente, en tanto esto no sea rentable, una subvención del Estado en forma pura.

La movilización de considerables recursos exigirá una extrema tensión de las fuerzas productivas y de las capacidades fiscales de las masas obreras y campesinas –o un crecimiento excesivo de la emisión del Estado que crearía el peligro de la inflación y del alza del costo de vida.

La adquisición de herramientas extranjeras exigirá el máximo desarrollo de la exportación, a menudo en detrimento del consumo interno, y el resultado será un aumento del costo de vida, así como una baja del salario real. Junto a estas consecuencias, prácticamente inevitables en las condiciones en que estamos, en plena edificación socialista, esto provocará y provoca una furiosa resistencia de toda la pequeño burguesía, especialmente de los kulaks que, objetivamente, se apoyan en el cerco capitalista internacional.

El partido del proletariado está llamado a atravesar una fase de crueles luchas de clases.

El lugar de los bolcheviques-leninistas en lucha por superar las dificultades presentes y futuras en el camino de la edificación socialista está predeterminado por todo el pasado.

Estimamos que la lucha por la realización del Plan Quinquenal constituye, después de la guerra civil, el compromiso más serio que haya tenido lugar entre el partido comunista y el proletariado, así como los campesinos pobres, por un lado, y el capitalismo que levanta cabeza, por el otro. Del resultado de esta lucha dependerá la suerte de las conquistas de la revolución de Octubre. La realización de los planes establecidos fortificará considerablemente las posiciones del proletariado en la lucha contra el enemigo que nos cerca de dentro y de afuera. El fracaso de estos planes abriría el camino a una corriente de derecha, cuya política, aplicada con todas sus consecuencias, llevaría a la restauración del capitalismo y la caída de la dictadura del proletariado.

Al mismo tiempo, creemos que el Plan Quinquenal constituye la etapa más importante en el desarrollo de la lucha de clases por el fortalecimiento de la dictadura proletaria, con la condición, sin embargo, que la realización de este plan esté enmarcada por las garantías que aseguren la estrecha colaboración del proletariado y los campesinos pobres, bajo la dirección del Partido Comunista.

Con la mayoría del partido, reconocemos que el peligro de derecha, dentro del partido, constituye una amenaza directa e inmediata para la edificación socialista. Además, estimamos que la corriente de derecha no se encuentra en algunas centenas o a lo sumo algunos miles de individuos que defienden continuamente las ideas de la derecha. Este peligro tampoco está solamente en los errores y abusos cotidianos denunciados por los diarios en la sección “El peligro de derecha en la práctica”, errores y abusos cometidos por miembros del partido que se consideran como partidarios del Comité Central y votan todas sus resoluciones, incluso las que son dirigidas contra la derecha.

El peligro de derecha, que súbitamente se ha manifestado con tanta violencia en el partido, tiene causas más profundas y un pasado más lejano. Las raíces ideológicas de la derecha en el partido son disimuladas bajo falsas teorías, como por ejemplo la de la transformación automática de la pequeña economía privada campesina en economía socialista (“integración del kulak en el socialismo”), la del desarrollo ininterrumpido y sin conflictos de la economía socialista como la de gente que parece ignorar la diferenciación de clase en nuestro campo (“la aldea reducida a una clase media”), todas teorías que se han expandido dentro del partido por el hecho de la prolongada influencia que ha ejercido la derecha. La base social del peligro de derecha en el partido está formada por elementos pequeño burgueses que han aportado una ideología hostil al proletariado y por cierta capa burocratizada de comunistas que perdieron toda preocupación ideológica y para quienes el carnet del partido es una manera de asegurar su bienestar personal y su carrera. Estos elementos han sido y son todavía los conductores de la influencia, en el partido, de los elementos pequeño burgueses que lo cercan.

La lucha contra el peligro de derecha en el partido sólo puede ser efectiva con la condición de que haya una depuración de esos elementos y que se oponga el leninismo a las falsas teorías de la derecha.

Los procedimientos empleados actualmente en la lucha contra el peligro de derecha no alcanzaron su objetivo. Impiden la manifestación de ese peligro y se oponen a la diferenciación en el partido entre los verdaderos partidarios del Plan Quinquenal y sus adversarios, declarados o disimulados.

No se puede arrastrar a las masas proletarias y al conjunto de los trabajadores en la lucha por la realización del Plan Quinquenal de industrialización más que con la condición de mejorar sin cesar sus condiciones materiales.

El ritmo de la elevación del nivel de vida de la clase obrera previsto por el Plan Quinquenal es teórico. El ritmo del alza de salarios tal como había sido previsto en el Plan Quinquenal ha sido anulado, a partir del primer año de su realización, por la subida de los precios de los objetos de primera necesidad y por el aumento de las imposiciones oficiales, así como de las contribuciones voluntarias, directas o indirectas, que pesan todas sobre la clase obrera.

Con el partido, reconocemos la necesidad de luchar por la disciplina del trabajo, por combatir cierto estado de ánimo corporativo y tradeunionista que se manifiesta en los obreros: reconocemos también la necesidad de poner un término a las tentativas de los elementos hostiles a la dictadura proletaria que tratan de sacar partido del descontento de los obreros para servir a sus fines contrarrevolucionarios.

Al mismo tiempo, estimamos que los procedimientos burocráticos de racionalización de la producción en las que no se tuvo en cuenta ni las fuerzas físicas ni la calificación de los obreros, ni el estado de equipamiento de nuestras fábricas y de nuestras usinas, procedimientos aplicados por directores de fábricas ultra burocráticos y que, para aumentar la disciplina del trabajo, retoman métodos antiguos rechazados por la revolución de Octubre, tienden a separar a la clase obrera del partido y del poder soviético y amenazan llevar al fracaso a la propia edificación socialista.

Con la mayoría del partido, reconocemos que la edificación socialista, por medio de los koljoses y los sovjoses, efectivamente puede permitir poner fin al capitalismo agrario e introducir profundamente en la vida del campo una forma socialista de producción. Con el partido, reconocemos también que, ateniéndose rigurosamente a la fórmula de Lenin -apoyarse en los campesinos pobres y consolidar la alianza con los campesinos medios, los que, en nuestro país agrícola, seguirán siendo por mucho tiempo un factor económico y político de importancia, ayudar al campesino medio a mejorar su explotación sobre una base técnica más amplia- reconocemos, digámoslo, que a este respecto la tarea principal y fundamental debe ser llevar al campesino, progresivamente, pero con perseverancia, a la explotación colectiva, la única que constituye una base sólida para la edificación de la economía socialista, para la supresión de las clases y la eliminación de las contradicciones entre la ciudad y el campo.

Al mismo tiempo, estimamos que el nuevo plan de edificación de koljoses sólo cumplirá su tarea socialista con la condición que se remedien los errores del pasado, porque, muy seguido, los koljoses le han permitido a los campesinos pobres convertirse en campesinos medios y a los campesinos medios, convertirse en kulaks por medio de subvenciones gubernamentales.
Creemos que si se admiten los kulaks en los koljoses, se introduce un elemento de descomposición y se intenta así aplicar la falsa teoría de la integración del kulak en el socialismo.

El kulak trata de nuevo, como durante la guerra civil, de derrocar a la dictadura proletaria, pero las circunstancias esta vez le son más favorables.

La categoría de los kulaks constituye una capa rural poco numerosa, pero muy densa, enriquecida por cierta experiencia política y que dispone una cantidad considerable de los excedentes de cereales negociables, así como de los medios de producción –lo que asegura su influencia sobre una parte de los campesinos de condición media e incluso pobres. La categoría de los kulaks hace un cálculo que no podría hacer durante la guerra civil: ahora cuenta, no solamente con ciertas partes del aparato de los soviets que tuvo tiempo de corromper y someter, sino con la corriente de derecha en el partido que tiene sus representantes hasta en el comité central.

Pensamos que el problema planteado a la XVI conferencia de una lucha contra la invasión de los kulaks no puede ser resuelta efectivamente más que por la organización de las uniones locales de campesinos pobres, las únicas que estarán en condiciones de movilizar a las amplias masas de los campos, las únicas que crearán una base política para el campesino medio derrotado quienes, finalmente, garantizarán una línea correcta en la edificación de empresas colectivas e impedirán que los kulaks se apoderen nuevamente del stock de trigo.

Algunos temen que las uniones locales de campesinos pobres arrojen al campesino medio al clan de los kulaks. Ahora bien, muy por el contrario, solamente la existencia de organizaciones de campesinos pobres puede sustraer al campesino medio de la tutela política de los kulaks.
Algunos temen también que esas uniones se conviertan en algo como uniones campesinas socialistas-revolucionarias: este temor se basa en un malentendido, en la medida en que los socialistas-revolucionarios, de derecha o de izquierda, reclamaban la organización de toda la clase campesina y no solamente de los campesinos pobres; además, este argumento fue refutado por la experiencia ucraniana[15].
Para crear una base política sólida en el campo, la política del partido tomará un carácter metódico y estable en su lucha contra el capitalismo agrario: evitará admitir fluctuaciones, de una medida administrativa a la otra, de un extremo al otro, con todas las consecuencias negativas y los retrocesos que esto implica, medidas que provienen del deseo subjetivo de ayudar al campesino medio y que, de hecho, fortifican al kulak. Así, por ejemplo, según una ley reciente sobre el impuesto en especie, una buena parte de las explotaciones de los campesinos ricos escapan del impuesto individual, mientras que, sin ninguna duda, desde hace dos años, con los altos precios alcanzados por los productos agrícolas en el mercado libre, el ingreso del campesino rico, del propietario privado, tiene una parte mucho más importante en la renta nacional.

Con el partido, reconocemos que una lucha decisiva e implacable contra la burocracia que se ha desarrollado fuertemente y contra sus métodos de organización es una tarea muy importante y urgente.

El mantenimiento de un inmenso aparato gubernamental y sindical, así como el del partido, pesa mucho sobre las masas obreras a costa de los recursos que cubren todos los gastos del estado. Una reducción rigurosa y severa de todos los aparatos y, entre ellos, el del partido, está dictada expresamente por consideraciones primordiales tanto financieras como políticas. Los recursos financieros limitados de nuestro país atrasado en el plano cultural y social exigen imperiosamente que se ponga fin a todos los gastos inútiles.

Un partido revolucionario debe tener en cuenta la experiencia de las revoluciones europeas, en particular, la revolución francesa en el curso de la cual uno de los medios que fueron empleados para desacreditar a los gobiernos revolucionarios –medio demagógico, pero popular y eficaz- fue acusarlos de ser los provocadores de la vida cara. Sin embargo, el burocratismo constituye un peligro más grande aún: es una verdadera calamidad nacional que ha sido ilustrada con claridad desde hace más de un año por las revelaciones de nuestra prensa sobre escándalos y abusos de todo tipo[16]. Con el partido, estimamos que, mediante una lucha contra el burocratismo, es necesaria la colaboración activa de millones de obreros y trabajadores que participen en el control ejercido sobre los actos de los órganos del Estado y de las organizaciones sociales, sobre todo sobre las organizaciones del partido.

Es con esta condición solamente que se podrá eliminar el espíritu de rapiña, la mala administración, todo lo que duplica o triplica el precio de la edificación: se eliminarán la irresponsabilidad, las extravagancias, lo arbitrario del aparato cuya contrapartida es el embotamiento, la humillación, el servilismo en el que viven las masas laboriosas.
El peligro de la burocracia, que ha aumentado de manera desmesurada, reside en que ella aparta poco a poco a las masas trabajadoras de la dirección efectiva del estado, de los sindicatos, del partido.

Lenin ya hacía observar que no hay control de las masas sobre el aparato si ellas no participan real y directamente en el gobierno del país.

Estimamos que sólo un aparato basado en la confianza de las masas, un aparato basado en la elegibilidad, en la revocabilidad y en el respeto de la legalidad revolucionaria, puede corresponderse con los intereses de las masas laboriosas y con las exigencias de la dictadura proletaria.

En el cerco capitalista, la dictadura proletaria se realiza por el partido comunista, con la ayuda de los sindicatos. Necesariamente, el partido y su dirección detentarán por mucho tiempo aún una parte considerable de la autoridad y, a título de poder electivo y de poder revocable, deberán estar ubicados bajo el estricto control y la libre crítica de todo el partido. La democracia en el partido, prevista por el programa y los estatutos, las decisiones de los consejos y plenarios y en particular, la resolución de diciembre de 1923, esta democracia en el partido, basada en la acción del partido y de la clase obrera, debe ser concretada íntegramente.

Adoptando la nueva línea de la Internacional Comunista en la lucha contra el peligro de derecha, reconociendo que su tarea esencial es la lucha contra la socialdemocracia y que, en esta lucha, es necesario apoyarse en toda la clase obrera, incluida su parte no organizada, creemos al mismo tiempo que la dirección de la IC no ha salido de su período de oscilaciones ideológicas[17].

También creemos que los métodos burocráticos frecuentemente vigentes en la dirección de la IC alejan a las masas obreras de los partidos comunistas y al mismo tiempo, se oponen a una demarcación efectiva entre el comunismo revolucionario y el oportunismo. De manera general, el procedimiento oficial empleado para determinar las desviaciones conduce a errores inevitables y expulsa de las filas de la IC, a gente que es indiscutiblemente de derecha y a comunistas revolucionarios al mismo tiempo. Y a la vez, son muchos los oportunistas que aprovechan para ocultarse.

Consideramos que la base de la solidaridad internacional de la clase obrera se encuentra en uno de los principios del movimiento revolucionario proletario que han sido formulados por los fundadores del socialismo científico, principio que siempre fue defendido por Lenin y que es el siguiente: una organización acabada de la producción socialista sólo es posible a escala internacional. También consideramos que la teoría según la cual sería posible una coexistencia durable entre las formas socialistas y las formas capitalistas de producción está en contradicción con el marxismo y el leninismo.

Deriva de estas dos propuestas que sólo una victoria de la revolución socialista en varios países capitalistas grandes constituirá una situación favorable para la estabilización completa del régimen socialista en nuestro país[18].
Todas las afirmaciones contrarias, que contribuyen a separar al proletariado ruso del movimiento obrero revolucionario mundial, crean ilusiones muy peligrosas, llevan a subestimar las inmensas dificultades que hay que prever en la edificación socialista y así dejan al partido y al proletariado no preparado para superarlas

En la presente declaración, hemos expuesto el conjunto de las cuestiones importantes sobre las que la apreciación de la Oposición coincide con la del partido, sin disimular ni al partido ni a su dirección los desacuerdos que existen.
El primer deber de un bolchevique es el de apoyar, enteramente y sin condiciones, al partido y al Comité Central en la aplicación de los planes de edificación socialista, participando directamente en esta edificación y ayudando a los órganos del partido a superar las dificultades que se encuentran en el camino.
La marcha misma de la lucha de clases, su agravación, la formación en el partido de una corriente de derecha que implica peligros para la revolución proletaria, han suprimido en parte las barreras que separaban del partido a la Oposición de los bolcheviques-leninistas.
Estas nuevas circunstancias deben llevar a un mejoramiento de las relaciones que se han creado entre la Oposición leninista y la dirección del partido, relaciones difíciles, que han resultado de nuestra acción en el período en que la política de la nueva edificación socialista sólo estaba en formación y también de la represión ejercida por la dirección contra la Oposición[19].
Este agravamiento ha sido más sensible aún cuando Trotsky fue expulsado de la URSS; esto es lo que nosotros consideramos como el mayor error político de la dirección del partido.
Declarando que, por nuestra parte, nos esforzaremos por eliminar lo que es difícil en nuestras relaciones con la dirección del partido, apelamos al Comité Central, a la Comisión Central de Control y a todo el partido, solicitándole que nos facilite nuestro reingreso al partido, que libere a los bolcheviques-leninistas, que anule la aplicación del artículo 58[20] a los deportados y el regreso de Trotsky del exilio.

Pensamos que los desacuerdos que subsisten entre nosotros y que serán resueltos por los hechos, no solamente entran enteramente en el marco del programa y de los estatutos del partido, sino también constituyen respuestas a las cuestiones planteadas por el propio desarrollo de la edificación socialista.

Estos disensos no pueden ser una justificación para dejarnos por fuera del partido.

Estimamos que la existencia de fracciones en las filas de los comunistas, sea en el partido o fuera de sus fronteras legales, también es nociva.
Esto amenaza al partido con la escisión, destruye su autoridad ante las masas trabajadoras, quiebra las bases de la dictadura proletaria.

En nuestro deseo de eliminar los motivos generales que llevan a la formación de fracciones, motivos que están expuestos en la resolución del CC de diciembre de 1923, declaramos que estamos enteramente dispuestos a renunciar a los métodos fraccionales de lucha y a someternos enteramente a los estatutos y a la disciplina del partido que garantizan a cada uno de sus miembros el derecho a defender sus opiniones comunistas.

Nuestro reintegro en los derechos de miembros del partido es exigido, según nosotros, no solamente por consideraciones prácticas de utilización de las fuerzas de miles de abnegados comunistas, partidarios resueltos de la edificación socialista, sino por los intereses políticos más certeros del partido y de la clase obrera.

La unificación de todos los comunistas que se ubican en el terreno del leninismo revolucionario, estrechamente unidos por una misma voluntad y una fe común en el éxito de la edificación socialista, en la victoria a conseguir sobre el peligro capitalista, suscitará un nuevo flujo de energía revolucionaria en las filas del partido y de la clase obrera.

Al dirigirles esta declaración, estamos persuadidos que será recibida con simpatía y apoyada por la aplastante mayoría de la masa del partido y de la clase obrera.

Firma: Kossior, Okudjava, Rakovsky[21]

Saratov, 22 de agosto de 1929.

Otros firmantes[22]: Nikolai Muralov[23], Budu Mdivani[24], Lev Sosnovsky[25], Sergei Kavtaradzé [26](estos cuatro en nombre de los detenidos en Cheliabinsk).
Lado Dumbadzé[27], Veronika Kasparova[28], Dimitri Vilensky-Sibiriakov, Rafail (Farbman), Karl y Rebecca Grunstein[29], M. Lazko, Eleazar e Iuri Solntsev[30], Boris Livshitz[31], N. Palatnikov[32], Nikolai Netchaiev[33], Vladimir Maliuta[34], Z. M. Gerdovsky, Chuknadzé, N. I. Mekler, I. Rosengaus, Paulina Vinogradskaia, M.M. Joffé[35], P. Perevertsev[36], Benia Kolondadzé, etc.


[1] K. Rakovsky (1873-1941), socialista internacional tanto como internacionalista, viejo militante en Bulgaria, Rumania, Rusia, Francia, durante la guerra había sido jefe de la administración política del Ejército Rojo, luego fue designado presidente del consejo de comisarios del pueblo de Ucrania, de donde Stalin lo había separado y lo envió como embajador a Londres, luego a París. Declarado persona no grata por el gobierno francés –había firmado un texto de la Oposición de Izquierda diciendo que en caso de intervención extranjera, había que llamar a los soldados a la confraternización- regresó a la URSS y en el XV Congreso fue portavoz de la fracción trotskista de la Oposición unificada en vías de deshacerse.

[2] Stanislav V. Kossior (1889-1939) era el mayor de los tres hijos bolcheviques de un obrero agrario polaco. Siderúrgico, entra en el partido en 1907, combatió en Ucrania durante la guerra civil, luego ocupó responsabilidades del partido en Siberia y en Ucrania. Fue arrestado en 1936 y ejecutado un año después.

[3] M.Okudjava (sin datos) fue uno de los líderes de la presidencia del Congreso de los Soviets Georgianos en Tiflis en 1922. Fue encarcelado por el estalinismo bajo los cargos de asesino y contrarrevolucionario.

[4] Pierre Broué (1926-2005) fue un importante historiador trotskista que se dedicó a difundir de la obra de Trotsky, la actividad de los trotskistas, y a develar las mentiras estalinistas en base al minucioso trabajo de investigador al que consagró su vida.

[5] Ivan N. Smirnov (1881-1936) bolchevique de la Vieja Guardia, cumplió un papel muy destacado en la Guerra Civil. Como militante de la Oposición de Izquierda, fue expulsado del partido en 1927 y capituló en 1929. Rehabilitado, fue nombrado director de las fábricas de automotores. Fue arrestado a prin­cipio de 1933 y permaneció en cárcel hasta que el primer Juicio de Moscú lo sentenció a muerte.

[6] Mijail Boguslavski (1886-1937) fue un bolchevique de la Vieja Guardia, fue miembro del grupo Centralismo Democrático y luego Partidario de la Oposición de Izquierda. Expulsado del partido en 1927, capituló en 1929. Estuvo en el banquillo de los acusados en el Juicio de Moscú de 1937, que lo condenó a muerte.

[7] Alexander Belovorodov (1891-1938) fue comandante del Ejército Rojo y miembro del Comité Central del Partido, murió después del Tercer proceso de Moscú.

[8] Emelian Yaroslavsky (1878-1943) fue un stalinista especializado en la extirpación del "trotskismo", lo que, no obstante, no le impidió caer en desgracia en 1931-1932, cuando no pudo mantener el ritmo exigido por Stalin para rehacer la historia soviética.

[9] Isaac Deutscher (1907- 1967) fue un escritor y político británico de origen polaco. A los diecinueve años de edad, se afilió en Varsovia al Partido Comunista polaco, al que habría de permanecer ligado hasta 1932, cuando fue expulsado de sus filas por su crítica a los métodos estalinistas. En 1934, después de haber militado en algunos grupos trotskistas, se afilió al Partido Socialista polaco, y al cabo de cinco años se instaló en Londres (1939), en donde pronto tuvo a su disposición algunas de las tribunas periodísticas del mundo occidental, como los rotativos The Economist (con el que colaboró entre 1942 y 1949) y The Observer (donde publicó sus artículos desde 1942 a 1947). Fue autor, entre otras obras, de las célebres biografías de León Trotsky, El profeta armado, El profeta desarmado y El profeta desterrado. Según su punto de vista, “la Cuarta Internacional nació muerta, y ello se debió en buena medida a la inexistencia de un. Movimiento revolucionario internacional que pudiera insuflarle vida. Sin que él tuviera culpa de ello, la Internacional de Trotsky se vio aislada del único lugar donde había triunfado la revolución y donde esa revolución, aunque monopolizada y deformada por una burocracia opresora y mendaz, aún existía. En cierto sentido, el mismo Trotsky había previsto la circunstancia principal que habría de condenar a su organización a la ineficacia cuando señaló que, pese a la irresponsabilidad de la política de Stalin en Alemania y en todas partes, los obreros revolucionarios de todos los países seguían mirando hacia Moscú en busca de inspiración y guía". Este punto fue muy controvertido en el movimiento trotskista, y objeto de numerosos debates.

[10] El XV Congreso del PCUS tuvo lugar en diciembre de 1927, ya con la Oposición expulsada.

[11] Los koljoses eran las granjas colectivas en la URSS, operadas por campesinos que recibían un pago sobre la base del trabajo asalariado. Fueron impulsados a gran escala por Stalin en 1929, como parte del plan de colectivización forzosa. En octubre de 1927, había 286.000 familias en los koljoses. Para octubre de 1929, el número ascendió a 1.008.000.

[12] Los sovjoses (derivado de la abreviatura de Sovietskaia Khosjastvo, que significaba explotación del soviet), eran las explotaciones agrícolas que en la URSS no tenían carácter cooperativo, sino que dependían directamente del Estado.

[13] La XVI Conferencia tuvo lugar del 23 al 29 de abril y sobre todo, había adoptado retroactivamente el Plan Quinquenal a partir del 1 de octubre de 1928. (Nota de la versión francesa).

[14] Se trata de la parte terminal del Transiberiano, que atraviesa Manchuria; el término “nacionalistas reaccionarios chinos” designa al gobierno del Kuomintang de Chan Kai Shek. (Nota de la versión francesa).

[15] En el transcurso de la revolución en Ucrania, las uniones de campesinos pobres, constituidas con el apoyo y el aliento del gobierno dirigido por Rakovsky, habían jugado un rol decisivo al hacer inclinar la balanza del lado de los bolcheviques en las aldeas. (Nota de la versión francesa).

[16] Entre los numerosos escándalos denunciados en esa época en la prensa soviética, el más espectacular fue sin dudas el de Smolensk, descubierto en mayo de 1928, y en donde los dirigentes del aparato del partido estaban acusados no solamente de corrupción sino de abuso de poder. (Nota de la versión francesa).

[17] Esta parte de la declaración fue criticada vivamente en el extranjero; a pesar de la restricción final, aparentemente aportaba su sospecha a una política sectaria que Trotsky iba a calificar como la del “tercer período” y que está ligada a la denuncia del “socialfascismo” como enemigo principal. (Nota de la versión francesa).

[18] Los dos párrafos precedentes también fueron criticados por ser demasiado conciliadores con respecto al estalinismo y por evitar criticar de frente la idea de “socialismo en un solo país”. En efecto, se puede destacar la prudencia en la elección de las palabras. (Nota de la versión francesa).

[19] Esta frase fue duramente criticada, no sólo en el extranjero sino en la URSS: efectivamente, parecía admitir que las responsabilidades del carácter “difícil” de las relaciones entre la Oposición y la dirección incumbían primero a la Oposición –y supone también una suerte de autocrítica que muchos militantes no aceptaban (la utilización de una imprenta clandestina, por ejemplo, se volvió necesaria por la prohibición de publicar la plataforma). (Nota de la versión francesa).

[20] El artículo 58 del Código Penal soviético castigaba a quienes realizaban actividades contrarrevolucionarias contra el estado soviético. Stalin lo convirtió en un instrumento fraccional para encarcelar, deportar, exiliar o ejecutar a los adversarios del aparato burocrático.

[21] A partir de la redacción de esta declaración, terminada en Saratov el 22 de agosto, Rakovsky fue transferido a Barnaul en represalia. (Nota de la versión francesa).

[22] Suplemento a los nombres de los firmantes publicado por el Biulleten Oppositsii. En esa época, Kossior fue deportado a Pokrovsk y Okudjava a Samarkand. Muralov, Sosnovsky, Mdivani, Kavtaradzé estaban en la prisión de Cheliabinsk, viniendo de Tara, Barnaul, Oremburg. Solntsev estaba en Petropavlovsk o Cheliabinsk (transferencia operada en ese período, pero sin fecha precisa conocida). Dumbadzé estaba en Bakhsisaray, Veronika Kasparova en Kurgan, Vilensky-Sibiriakov en Viatka, Rafail (Farbman) en Tobolsk o Turkansk (transferencia operada en ese período, pero sin fecha precisa conocida), Karl y Rebecca Grunstein en Cherdyn, Lazlo en Oremburg o Turgai (transferencia operada en ese período, pero sin fecha precisa conocida), B. Livshitz en Tulun, Palatnikov en Aktiubinsk, Netchaiev en Kolpachevo, Maliuta en Arcangel .
Rafail (Farbman) era un miembro del CC del PC ucraniano venido de la Oposición obrera, Gerdovsky, era ex responsable de una imprenta clandestina. Ilya Rosengaus, uno de los antiguos dirigentes de la Oposición en Ucrania. Dimitri Vilensky-Sibiriakov (1888-193?), ex menchevique unido en 1917 al partido bolchevique, era un escritor popular. (Nota de la versión francesa).

[23] N. Muralov (1887-1937), también hijo de campesinos, agrónomo, bolchevique en 1903, dirigente de la insurrección de Moscú en 1905, había sido condenado a muerte por “asesino” en esa época. En 1917, comandó el asalto al Kremlin. Miembro del estado mayor de Trotsky durante la guerra civil, había sido comandante militar de la región de Moscú, luego inspector general del Ejército Rojo.

[24] Polikarp (Mudu) Mdivani (1887-1937) fue un ex jefe de estado de la Georgia soviética y militante de la Oposición de Izquierda, fue sentenciado a muerte por la Corte Suprema de eorgia en julio de 1937 y fusilado.

[25] Lev Sosnovsky (1886-1937), militante desde 1904, periodista popular de un gran talento, era la mejor pluma de la Oposición, todo el tiempo odiado por los burócratas, apresado desde el primer momento de su deportación.

[26] Sergei I. Kavtaradzé (1895-1971), igualmente antiguo bolchevique georgiano, había sido Comisario de justicia, luego presidente del consejo de los comisarios del pueblo de Georgia. Pertenecía igualmente a la Oposición de Izquierda desde 1923.

[27] Lado Dumbadzé (sin datos) es uno de los bolcheviques más viejos; a principios de siglo montó la imprenta clandes­tina en el Cáucaso; luego participo en la Revolución de Octubre, gozando de la estima de Lenin. Era un hombre extremadamente modesto y sacrificado. Desde 1928 pasó de la cárcel al exilio y del exilio a la cárcel. Los sufrimientos y privaciones le han provocado pará­lisis de ambos brazos. El viejo no puede vestirse ni escribir. No obstante, la venganza burocrática decre­tó su traslado al exilio desde el hospital de la prisión, condenándolo a una muerte segura. (Nota tomada de León Trotsky, “Persecución política en la URSS”, libro 4, Escritos 1934-1936, disponible en esta misma página).

[28] Varsenica o Verónica Kasparova (1875-1941), de origen tártaro, se unió al partido en 1904. En el curso de la guerra civil, ocupó puestos importantes en la jerarquía de comisarios políticos del Ejército Rojo, cercana colaboradora de Trotsky. Luego fue responsable de la sección Oriente del secretariado femenino internacional, de la sección de mujeres del PC, profesora de la Universidad de los Pueblos de Oriente. Se unió a la Oposición de Izquierda y fue deportada junto con su hijo. Fue fusilada al mismo tiempo que Rakovsky.

[29] K. I. Grunstein (sin datos) fue comisario del Ejército Rojo durante la Guerra Civil. Fue arrestado en 1928 y capituló en 1932. De acuerdo con el trabajo de Pierre Broué “Los trotskistas en la URSS”: “…pertenecía a la vieja generación; fue militante del partido socialdemócrata letón, donde era un firme aliado de los bolcheviques, luego bolchevique, pasando años en prisión y en deportación. Durante la guerra civil, dirigió una división y gozó de la estima de Trotsky al que estuvo personalmente ligado desde la época de la batalla de Kazán donde estuvo a su lado. Después de la guerra, dirigió la escuela de aviación militar y aseguró el secretariado de la sociedad de los antiguos presidiarios. Cubierto de condecoraciones, fue con Muralov unos de los pocos militantes políticos que se convirtió en un militar reconocido por sus pares “profesionales”. Estuvo con la Oposición de Izquierda desde 1923, refrendó en 1929 la declaración de Rakovsky. Fue deportado a Cherdyn con su mujer Rebecca y un niño.”

[30] Eleazar B. Solntsev (1900-1936) militante de la generación de octubre, economista, miembro de la Oposición “trotskista” de 1923, era considerado como uno de los jóvenes dirigentes de la segunda generación de la Oposición. Había trabajado algún tiempo como economista en el Amtorg en los Estados Unidos, antes de ser destinado a Berlín de donde fue llamado en 1928 para partir inmediatamente a la “cárcel de aislamiento”.

[31] Boris S Livshitz (1896-1949), antiguo profesor rojo, que capituló después de Smirnov y retomó junto a él una actividad clandestina que le valió un nuevo arresto en diciembre de 1932. Se Ignora la fecha en la que fue liberado; fue corresponsal de guerra durante la Segunda Guerra Mundial.

[32] N. Palatnikov (sin datos) fue un “profesor rojo”. De acuerdo con el trabajo de Pierre Broué “Los trotskistas en la URSS”, en 1953 había sido visto en Vorkuta. Fue uno de los pocos que sobrevivió a Stalin.

[33] Nikolai Netchaiev (sin datos), fue miembro de la joven generación de la Oposición de Izquierda. Fue parte del estado mayor del famoso tren blindado en el que se trasladaba Trotsky durante la guerra civil, y uno de sus secretarios.

[34] Vladimir Maliuta (sin datos), obrero oposicionista.

[35] M. M. Joffe (sin datos) viuda del famoso diplomático soviético, falle­cido embajador en Roma, Tokio, etcétera, tras muchos años de exilio ha sido trasladada al extremo norte de Siberia por querer ayudar a sus amigos aliviando sus sufrimientos. Se la acusa de crear la Cruz Roja de la oposición. Su hijo murió como resultado de las privaciones físicas del exilio. Para completar el trágico cua­dro del destino de esta familia, recordemos que, ante la persecución implacable, A. Joffe se suicidó en 1928. Adolf Joffe (1883-1927): uno de los mejores diplomáticos soviéticos después de la Revolución de Octubre. Fue militante de la Oposición de Izquierda. Enfermo, se le negó el tratamiento médico necesario y se sui­cidó. Dejó una carta para Trotsky que se hizo famosa. Se reproducen algunos pasajes en Leon Trotsky, the Man and his Work (Merit Pu­blishers, 1969). Maria Joffe, su viuda, pudo salir de la URSS en 1975, después de veintisiete años en los campos de concentración y en el exilio. (Nota tomada de León Trotsky, “Persecución política en la URSS”, libro 4, Escritos 1934-1936, disponible en esta misma página.)

[36] P. Perevertsev (sin datos) era el verdadero nombre de “Pierre” fue el coordinador, junto con Solntsev, de la Oposición de Izquierda en el exterior, y luego de ser deportado, mantuvo sus contactos, hasta ser arrestado. Desapareció en 1933.



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