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El Frente Popular en Francia

Alicia Rojo 

 

En la entrega anterior vimos el comienzo de un proceso de lucha de clases en Francia que impulsó las tendencias al frente único de las masas y puso a prueba la política de las direcciones de la clase obrera. Ante estos hechos Trotsky dio una batalla para dotar al movimiento obrero de un programa para la revolución socialista en Francia. Repasamos las vías planteadas para la construcción de nuevos partidos revolucionarios y las perspectivas que se abrían para la construcción de la IV Internacional. En este artículo desarrollaremos la formación del Frente Popular y la lucha de Trotsky contra su política de freno del ascenso revolucionario de masas de 1936; y los preparativos para la fundación de la IV Internacional como necesidad urgente del movimiento obrero mundial ante los acontecimientos que se desarrollaban.

 

1935: La formación del Frente Popular

Las tendencias de la lucha de clases que se desarrollaban en Francia, demostraron rápidamente la ineficacia del intento bonapartista de arbitrar entre las necesidades del gran capital y las masas. Las dificultades para consolidar un régimen estable -cinco gabinetes ministeriales se sucedieron en dieciocho meses, después de la caída de Doumergue-, revelaban la profundidad de la crisis.

La burguesía recurrió entonces a las direcciones del movimiento obrero para preservar la estabilidad del Estado burgués, modificando las características del régimen político e incorporando a estas direcciones al gobierno. Se constituirá así el Frente Popular.

Desde el punto de vista de las masas, éstas expresaban su aspiración de derrotar a las bandas fascistas e imponer sus reivindicaciones a través del apoyo al Frente. Aquí actuó la política de engaño y freno del Frente Popular: con frases altisonantes sus dirigentes pretendían convencer a las masas de que podían atar las manos de las bandas fascistas y torcer el brazo de las “200 familias” que dominaban Francia.

Sin embargo, la derrota del fascismo estaba en manos de la movilización revolucionaria de las masas, sólo la conquista del poder derrotaría al fascismo y daría respuesta a las necesidades de las masas trabajadoras y pequeño-burguesas, con la expropiación de las clases dominantes que, de fracasar el recurso al Frente Popular, recurrirían abiertamente al fascismo.

La dinámica de la lucha de clases evidenció, como veremos, que el Frente Popular, si cumplió su labor de frenar y contener a las masas, no podrá impedir que el fascismo llegue a Francia.

El 14 de julio de 1935 se realizó una gigantesca manifestación en la Plaza de la Bastilla, la “Concentración popular”, después de la cual se constituiría el comité dirigente de la coalición que daría inicio al Frente Popular, que reunía al Partido Socialista, el Partido Comunista, el Partido Radical, la Confederación General del Trabajo (CGT), la Confederación General del Trabajo Unitaria, dirigida por el PC1.

Trotsky analizó el carácter del Frente Popular en Francia, poniendo el acento en desenmascarar su verdadero rol y plantear una política revolucionaria hacia la toma del poder. “‘El Frente Popular’ es una coalición del proletariado con la burguesía imperialista, representada por el Partido Radical y otras podredumbres de la misma especie y menor envergadura. La coalición se extiende al terreno parlamentario.

En ambos terrenos, el Partido Radical, que conserva toda su libertad de acción, limita brutalmente la libertad de acción del proletariado… La tendencia general de las masas trabajadoras, incluidas las masas pequeño-burguesas, es por completo evidente: hacia la izquierda. La orientación de los jefes de los partidos obreros no es menos evidente: hacia la derecha. Mientras que las masas, por su voto y por su lucha, quieren derribar al Partido Radical, los jefes del frente único, por el contrario, aspiran a salvarlo.”2

En función de salvar a la burguesía, el objetivo del Frente Popular era “frenar el movimiento de masas orientándolo hacia la colaboración de clases… hoy que las masas están impacien­tes y listas a explotar, se ha hecho necesario un freno más sólido, con la participación de los ‘comunistas’… [es] una válvula de seguridad del régimen contra el movimiento de masas”.

Trotsky discutía contra la explicación que los stalinistas pretendían dar de su intervención en el Frente, presentándolo como la “alianza del proletariado con las clases medias”, tal cual calificaban la coalición con el partido radical. Para el marxismo, la alianza del proletariado con la pequeña burguesía de las ciudades y el campo debía realizarse en lucha implacable contra sus direcciones.

La formación de alianzas duraderas de clases diferentes ligadas por todo un período por una política y un programa comunes, no tenía nada que ver con las alianzas tácticas, con objetivos precisos y manteniendo la libertad de crítica que los bolcheviques habían propugnado. “La regla del bolchevismo en lo que hace a los bloques era la siguiente: ¡Marchar separados, golpear juntos! La regla de los jefes actuales de la Internacional Comunista es: Marchar juntos para ser golpeados por separado”.

Al mismo tiempo, Trotsky batalló por no descuidar el diálogo con las masas, tendiendo un puente entre sus objetivos y las tareas para la creación de organismos que preparen la toma del poder, planteará entonces el impulso de los “comités de acción” enfrentando la política de las direcciones del Frente Popular.

Los “comités de acción” en Francia

Ante el contundente triunfo del Frente Popular Trotsky buscará establecer un diálogo con las masas que lo apoyaban: “¿El “Frente Popular defiende la democracia?

Entonces, que comience por aplicarla en sus propias filas. Esto significa: la dirección del “Frente Popular” debe reflejar directa e inmediatamente la voluntad de las masas en lucha… ¿Cómo?... por medio de elecciones. El proletariado no prohíbe a nadie que luche junto a él… Lo único que exigen los obreros concientes a sus aliados verdaderos o posibles, es que luchen efectivamente… Cada grupo de doscientos, quinientos o mil ciudadanos que adhieren al “Frente Popular” en la ciudad, el barrio, la fábrica, el cuartel o el campo, junto a las secciones de combate, debe elegir sus representantes en los comités de acción locales. Todos los representantes de la lucha se comprometen a reconocer su disciplina”.

Se proponía, empalmando con las tendencias de las masas, a la vez que desenmascarar a las direcciones que traicionaban, hacer pesar a los sectores en lucha al interior del frente, unificarlos, impulsar la lucha revolucionaria, desarrollar el enfrentamiento contra la burguesía y apuntar a la creación de organismos de las propias masas.

Era tarea de los revolucionarios pelear por que los comités de acción tomaran en sus manos la creación de las milicias obreras, el armamento de los obreros, la preparación de la huelga general. “Nadie sino los comités de acción, abarcando los centros principales del país, podrá elegir el momento de pasar a métodos más decididos de lucha, cuya dirección les pertenecerá de pleno derecho”.

En esta dinámica Trotsky no descartaba que los comités de acción se transformaran en soviets. Frente al ascenso revolucionario les otorgará un nuevo lugar: “La consigna de los comités no puede ser abordada más que por una organización verdaderamente revolucionaria, absolutamente consagrada a las masas, a su causa, a su lucha. Los obreros franceses han mostrado de nuevo que son dignos de su reputación histórica. Es necesario inspirarles confianza. Los soviets siempre han nacido de las huelgas. La huelga de masas es el elemento natural de la revolución proletaria. Los comités de acción no pueden actualmente ser otra cosa que comités de los huelguistas que ocupan las empresas. De taller en taller, de fábrica en fábrica, de barrio en barrio, de ciudad en ciudad, los comités de acción deben establecer una ligazón estrecha entre sí, reunirse en conferencias por ciudades, por ramas de producción, por distritos, para terminar en un congreso de todos los comités de acción de Francia. He aquí el que será el nuevo orden, que debe reemplazar a la anarquía actual”.

1936: El gobierno del Frente Popular. El ascenso revolucionario

El Frente Popular triunfó en las elecciones de 19363 superando por más de dos millones de votos a la derecha4, y en las cuales el PC duplicó su caudal electoral. El Partido Socialista reclamó la jefatura del nuevo gobierno en la figura de León Blum.

Pronto los trabajadores se pusieron nuevamente en movimiento para obtener sus reivindicaciones en el terreno de la lucha, en las fábricas y en las calles; evidenciando junto a las expectativas en el Frente Popular una saludable desconfianza en el gobierno de Blum. Las dos CGT se unificarían entonces: más de un millón de trabajadores estaban nucleados en la nueva central, y ascenderían a los cuatro millones en el transcurso de la lucha que se abriría.

En pocas semanas, entre mayo y junio, cientos de fábricas fueron ocupadas; los comités de fábrica se extendieron por todo el país. Miles de trabajadores se plegaron a la huelga en la producción y en los servicios. Francia estaba paralizada.

El nuevo gobierno encabezado por Blum comenzó a retroceder de sus vociferantes consignas revolucionarias para tranquilizar a la burguesía afirmando que su mandato no era “proceder a la expropiación revolucionaria de la propiedad capitalista”. Convocó a negociaciones a la CGT y la organización patronal en el hotel Matignon.

El 10 de junio los delegados de 700 fábricas metalúrgicas exigieron la aceptación inmediata de sus reivindicaciones, en caso contrario exigían la nacionalización de las empresas y su funcionamiento bajo control obrero. El 11 de junio había más de dos millones de obreros en huelga y miles de fábricas ocupadas.

Trotsky definió entonces la apertura de una situación revolucionaria que significaba nuevas perspectivas para la clase obrera francesa. “El ritmo de los acontecimientos en Francia se ha acelerado bruscamente. Antes, había que apreciar el carácter prerrevolucionario de la situación sobre la base del análisis teórico y de diversos síntomas políticos. Ahora, los hechos hablan por sí mismos… Las masas obreras crean ahora una situación revolucionaria con ayuda de la acción directa. La burguesía teme mortalmente el desarrollo de los acontecimientos y toma entre bambalinas, sobre la nariz del nuevo gobierno, todas las medidas necesarias de resistencia, de salvación, de engaño, de aplastamiento y de revancha sangrienta”.

La apertura de una situación revolucionaria ponía aún más al rojo vivo el rol del Frente Popular, que intentaría contener a ese poderoso movimiento de masas con las mínimas concesiones que pudieran obtenerse de la burguesía.

Las tendencias de las masas se distanciaban cada vez más de la política de las direcciones. Se expresaba abiertamente la perspectiva de la revolución proletaria. El problema de la dirección se tornaba clave: “es necesario el estado mayor y el plan de la revolución proletaria. Aún no existe, ni uno ni otro. Pero pueden ser creados. Existen todas las premisas y todos los elementos de una nueva cristalización de masas”.

Trotsky se esforzaba, mientras denunciaba incansablemente la política de las direcciones de masas, por orientar el trabajo de los revolucionarios franceses. Planteó entonces: “¡El lugar de los revolucionarios está en las fábricas!”, allí se decidirá la suerte de Francia.

Los revolucionarios tenían enormes tareas por delante: intervenir en el diálogo profundo que se establecía entre la vanguardia y las capas más explotadas de la clase obrera y acceder a ellas, trabajar en los sindicatos, denunciar y desenmascarar a las direcciones que traicionaban, impulsar los comités de acción como organismos de organización de las masas trabajadoras.

“La principal conquista de la primera ola radica en el hecho de que han aparecido dirigentes en los talleres y en las fábricas. Han sido creados los elementos de los estados mayores locales y barriales. Las masas los conocen. Ellos se conocen unos a otros. Los verdaderos revolucionarios buscarán relacionarse con ellos”.

El fracaso de la perspectiva de la revolución abre el camino al fascismo

Los acuerdos convocados por el gobierno para frenar el ascenso comenzaron a dar sus primeros frutos. La burguesía había encontrado en el Frente Popular el instrumento para frenar y canalizar la movilización obrera pero no podía todavía derrotarla y debió hacer concesiones. Avanzar y vencer a la burguesía o retroceder, perder las conquistas obtenidas y abrir el camino de una derrota de la clase obrera, dependía de la política de las direcciones.

Los “acuerdos de Matignon” significaron, entre otras cosas, el establecimiento de la semana laboral de 40 horas, vacaciones pagas, respeto de los derechos sindicales, contratos colectivos, aumentos salariales. Pero la situación económica general y las necesidades del capital dieron poca vida a estas reformas. Trotsky explicó las causas profundas de los límites de estas medidas con el telón de fondo de la crisis capitalista: “Las reformas, muy ruines en realidad, sobre las que se han puesto de acuerdo los capitalistas y los jefes de las organizaciones obreras, no son viables, pues están por encima de las fuerzas del capitalismo ya decadente, tornado en su conjunto”.

En última instancia, las migajas que pudieron obtenerse de la burguesía y su carácter efímero es directa responsabilidad de las direcciones obreras, que impidieron que el ascenso revolucionario se desarrollara y transformara en revolución proletaria que estableciera un gobierno de los trabajadores, aboliera la propiedad privada y transformara las relaciones de producción. “Los obreros han ejercido en junio una grandiosa presión sobre las clases dirigentes, pero no la han llevado hasta el fin. Han revelado su poderío revolucionario, pero también su debilidad: la ausencia de programa y de dirección. Todos los cimientos de la sociedad capitalista (pero también todas sus úlceras incurables) han quedado en su lugar”.

Los meses siguientes irían confirmando las previsiones de Trotsky sobre las perspectivas para Francia. El gran capital exigiría cortar de raíz con el peligro del retorno de las huelgas y las ocupaciones de fábrica. El gobierno terminará por reprimir abiertamente a las masas, llevando al estallido al gobierno de Blum, cuyo partido entró en crisis frente a la represión de un ministro socialista contra los trabajadores. La ineficacia del Frente Popular para responder a los intereses estratégicos del capital llevaría a su hundimiento. Y la ausencia de una alternativa de los trabajadores abriría, en el mediano plazo, la perspectiva planteada por Trotsky: el estallido de la guerra daría a la burguesía francesa la mano de Hitler para imponer el fascismo en Francia.

 

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1 Además incluía, entre otros a la Liga por los derechos del Hombre, el Comité de Vigilancia de los Intelectuales Antifascistas, el Movimiento de Acción Combatiente (grupos de veteranos de guerra) y los socialistas que no se encontraban en la SFIO.

2 León Trotsky, ¿A dónde va Francia?, Ediciones Pluma, Bs. As. 1974. En adelante todas las citas corresponden a esta obra.

3 El Frente Popular aprobó un programa que incluía entre sus reivindicaciones: amnistía general, desarme de las bandas fascistas paramilitares, respeto del derecho sindical; para asegurar la paz el programa formulaba un llamado a las masas trabajadoras y pedía la colaboración con la Sociedad de las Naciones, y, siguiendo el principio del acuerdo franco-soviético, propugnaba la extensión del sistema de pactos abiertos. Por otro lado, se planteaba, la reducción de la jornada semanal sin disminución del salario y un plan de trabajos públicos contra la desocupación; ante la crisis agrícola y comercial, reclamaba el sostenimiento de cooperativas agrícolas, el crédito agrícola, la reducción de las deudas impositivas.

4 En la primera vuelta el Frente Popular obtuvo 6.421.000 votos contra 4.233.000. El PC pasó de 783.098 en 1932 a 1.466.949 en 1936. En la segunda vuelta del 3 de mayo se reafirmó el triunfo del Frente Popular.

 

 



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