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El Programa de Transición

 

Bárbara Funes

 

 

 

Según la visión de Trotsky, el programa es producto de la época y también de la experiencia histórica. Es así que expresaba la experiencia y las lecciones sacadas por la Oposición de Izquierda que surgió en la URSS en 1923, y fue a partir de 1928, luego del VI Congreso de la Internacional Comunista y la organización de la Oposición de Izquierda Internacional que “comenzó el trabajo colectivo que después de diez años llevó a la elaboración del programa adoptado por nuestra Conferencia Internacional”1.

La situación mundial se caracterizaba por la contradicción entre la madurez de las condiciones objetivas para la revolución socialista (el estancamiento de las fuerzas productivas, limitadas por las fronteras nacionales, y las disputas interimperialistas) y la inmadurez de las condiciones subjetivas (la conciencia de las masas, el partido revolucionario). Se hacía imprescindible un programa de acción, un puente, para superar el abismo entre ambos factores.

Ese puente consiste en “un sistema de reivindicaciones transitorias, partiendo de las condiciones actuales y de la conciencia de amplias capas de la clase obrera a una sola y misma conclusión: la conquista del poder por el proletariado”2.

El programa presenta cuatro tipos de consignas: las democráticas, las mínimas, las transitorias y las organizacionales. Las democráticas son las que se plantearon durante las revoluciones burguesas, como las “democrático-estructurales”, relacionadas con la cuestión agraria, la independencia nacional, y las democrático-formales”, los derechos políticos. Las mínimas son aquellas que levantó la clase obrera durante la época del desarrollo del capitalismo, hasta la segunda mitad del siglo XIX, demandas que no implican un cuestionamiento directo a la propiedad privada, por ejemplo, la jornada de 8 horas, aumento de salarios, etc. Las consignas transitorias son las que permiten impulsar la movilización de las masas a partir de levantar demandas que los trabajadores implementarían si llegaran al poder para terminar con las catástrofes del capitalismo; se pueden citar el control obrero de la producción y la escala móvil de salarios y horas de trabajo. Por último, las consignas organizacionales apuntan a la organización independiente de la clase obrera ya sea en el ámbito de una fábrica, de una localidad o un Estado, e incluye tener una política hacia los sindicatos, sin adaptarse a las burocracias sindicales, impulsando, de acuerdo con las circunstancias, comités de fábrica, soviets, piquetes de huelga, milicias obreras, armamento del proletariado.

La importancia de este programa radica en que realiza el balance de la experiencia ya acumulada por las secciones nacionales de la IV Internacional y sobre la base de esta experiencia abre perspectivas internacionales más amplias. No se trataba de un programa acabado, ya que no contiene un análisis de la sociedad capitalista y de su fase imperialista, ni del programa de la revolución socialista propiamente dicha. Sin embargo, constituye uno de los textos programáticos fundamentales del proletariado internacional.

Trotsky afirmó “La IV Internacional es ahora la única organización internacional que toma en cuenta no sólo las fuerzas que rigen la época imperialista, sino que está armada con un sistema de consignas transicionales capaces de unificar a las masas para una lucha revolucionaria por el poder.”3

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1 León Trotsky, “La Fundación de la Cuarta Internacional”.

2 León Trotsky, “El Programa de Transición”.

3 León Trotsky, “Un gran logro”.



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