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El bolchevismo y la lucha por la paz

Traducción inédita al español realizada por el CEIP León Trotsky de la versión publicada en Fourth International Volumen 2, N°6, julio de 1941.

Por Joachim Brust, julio de 1941

 

El siguiente artículo fue escrito antes del último giro del Partido Comunista. El artículo sigue siendo importante, sin embargo, para demostrar dos proposiciones: 1) Que la línea ‘anti-guerra’ del Partido Comunista durante el período del pacto Hitler-Stalin era una trampa pacifista y no una verdadera política de lucha contra la guerra imperialista; 2) Que la línea ‘anti-guerra’ Stalinista no tenía nada en común con la política Leninista-Trotskista de lucha contra la guerra imperialista. – Los redactores.

 

Despojada de toda palabrería la actual ‘lucha’ estalinista contra la guerra se reduce a esto: en el centro de la lucha debe estar la ‘lucha por la paz’: una ‘Paz Popular’. Hay muchos trabajadores que sinceramente se oponen a la guerra y que tienden a aceptar la línea estalinista como una de verdadera lucha. Los estalinistas intentan presentarla como el programa de Lenin. Esto no podría ser más falso.

¿Pero Lenin no caracterizó la última guerra como imperialista? ¿No previó que otras guerras imperialistas le seguirían? Por supuesto que sí. Es imposible llevar adelante una lucha contra una guerra sin entender su naturaleza y sin caracterizarla correctamente. Esta guerra es una guerra imperialista. Esto no implica, sin embargo, que cualquiera que la califique de imperialista quede automáticamente comprometido en una lucha de vida o muerte en contra de ella. Hoy en día hay personas que reconocen que la guerra es imperialista y sin embargo ‘apoyan’ a los imperialistas ‘democráticos.’

Como todo problema, el problema de combatir la guerra tiene dos facetas, la negativa y la positiva. Es menos dificultoso entender la faceta negativa o pasiva de cualquier problema. Por ejemplo, los estalinistas reconocieron-por escrito- que el nazismo era un serio peligro para la clase obrera alemana. También lo hicieron los socialistas. Ambos llamaron -también por escrito- a la lucha contra los nazis. En otras palabras, con respecto al aspecto negativo del fascismo, estaban de acuerdo; pero ninguno de los dos fue capaz de avanzar en llevar adelante un programa positivo de lucha contra Hitler. En consecuencia, los trabajadores alemanes que siguieron a estos dos aparatos políticos habían bajado la guardia y fueron destruidos por los nazis.

Ahora, por más importante que sea, la caracterización de la guerra como imperialista sólo representa un aspecto -el aspecto negativo o pasivo- de la lucha contra la guerra imperialista. No se le hace difícil a los demagogos utilizarlo para sus propios fines.

La fórmula: “Esta es una guerra imperialista” es aceptable, no sólo para muchos aislacionistas, “anti-imperialistas” pequeño burgueses y pacifistas, sino también para los fascistas. Hitler y Mussolini aprovechan varias oportunidades para proclamar en voz alta que esta es una guerra imperialista, o sea, de parte de Churchill y Roosevelt.

Nunca suficientemente repetido: el reconocimiento del carácter imperialista de la guerra está lejos de garantizar una verdadera lucha en su contra.

No se debe olvidar que el carácter reaccionario -imperialista- de la guerra de 1914-1918 fue reconocido mucho antes de su estallido no sólo por Lenin y los bolcheviques, sino también por todos los miembros de la Segunda Internacional. En varios Congresos internacionales -el de Stuttgart en 1907, el de Basilea en 1912- las resoluciones y los manifiestos en contra de la guerra imperialista inminente fueron aprobados por abrumadoras mayorías. El partido socialista alemán, el pilar de la Segunda Internacional, adoptó una resolución especial en contra del imperialismo en la Convención de Chemnitz en 1912. Fue propuesta por Haase, seguidor de Kautsky, y aprobado por todos los votos menos 3 con 2 abstenciones. Esto para nada impidió a la dirección de los socialistas alemanes manifestar todavía mayor unanimidad en su apoyo a la guerra.

Traicionaron la lucha. Comenzaron a negar que la Primera Guerra Mundial fuera imperialista. Kautsky declaró desvergonzadamente, al comienzo de las agresiones, que la guerra era diferente a la que hacía tiempo había pronosticado la Internacional.

Lo que facilitó esta traición fue el hecho de que el programa positivo de la Segunda Internacional, así como el de los estalinistas de hoy, no fue más allá de una ‘lucha por la paz’.

Social patriotas eminentes como Bernstein, Vandervelde, etc., se presentaron como internacionalistas y luchadores por la paz durante la guerra. El notorio Scheidemann, colega de Noske y uno de los asesinos de Liebknecht y Luxemburgo, escribió un panfleto entero reivindicando la paz, “Viva la paz!” (“¡Es Lebe der Frieden!”). Lo que es todavía peor, el pacifismo -este veneno político tan virulento- infectó las filas del movimiento obrero del momento en medida tal que con la excepción de Lenin y sus amigos, el ala opositora de los internacionalistas no fue más allá de la “lucha por la paz”.

La lucha de Lenin contra la consigna por la “paz”

Este hecho histórico fue registrado en las páginas de “Contra la Corriente”, que fue escrito durante la última guerra por Lenin y Zinoviev y que expresa la línea del Bolchevismo. En el artículo con fecha de diciembre, 1914, Zinoviev escribió:

“Aún entre aquellos socialistas que no se han pasado al campo de los chovinistas y que desean seguir siendo socialistas y cumplir con su deber... estamos todavía lejos de una aceptación completa y unánime de la consigna de guerra civil (o sea de convertir la guerra imperialista en una guerra civil). Una nueva consigna está siendo frecuentemente utilizada en las filas de estos socialistas. Según estos compañeros, la consigna para los trabajadores en este momento debe ser la exigencia de paz por sobre todo lo demás. Sostienen que los trabajadores de todos los países pueden ahora unirse en torno a esta consigna. Esta (la consigna de paz) es concreta y clara, y las masas pueden fácilmente movilizarse en común por ella. Además, esta consigna, sostienen, es revolucionaria porque la exigencia será de una paz democrática, o sea, una paz sin anexiones ni indemnizaciones, una paz con desarme, una paz planificada bajo la supervisión de representantes del pueblo, etc. Y finalmente, dicen, esta consigna también es claramente práctica porque puede ser defendida legalmente con motivaciones socialistas aún bajo las restricciones existentes a la expresión y a la prensa; y porque no puede dejar de atraer a las masas de la población no-proletaria que sufren bajo el peso de la guerra. Tal posición nos parece absolutamente falsa.” (“Contra la Corriente”, Cuarta Edición Rusa, 1925, p. 34-35).

¿Existe algún argumento medianamente serio utilizado por el Daily Worker a favor de una “Paz Popular” que va más allá de la “paz” reivindicada por los socialistas y expuesta por Zinoviev? A los ojos de Lenin, esta consigna de “paz” era absolutamente falsa. Los participantes de Zimmerwald intentaron varias veces ubicar al frente la consigna de paz. Lenin luchó irreconciliablemente contra esto. 

En una carta circular enviada a los Grupos de Zimmerwald el 27 de septiembre de 1915 se había dicho que en el caso de que la guerra continuara durante mucho más tiempo sería el deber de todo internacionalista “llevar adelante la decisión de la Conferencia de Zimmerwald, invitando a la clase trabajadora a unir sus fuerzas y luchar activamente por la paz.” La circular había insistido en que debía haber una “formulación completa y detallada del punto de vista internacional del proletariado con respecto a varias propuestas y programas de paz”. “La continuación de la guerra”, explicó el documento, “también creará nuevas situaciones hacia las que tendremos que definir nuestra actitud si no queremos traicionar o renunciar a nuestro objetivo, o sea la realización de una acción unificada por la paz.”

En su respuesta a esta carta circular, Lenin advirtió:

“Cualquier lucha por la paz que no esté relacionada con una lucha clasista revolucionaria del proletariado es en realidad una frase pacifista burguesa que es o sentimental o engaña al pueblo. No podemos ni debemos hacernos pasar por ‘hombres de Estado’ y componer ‘detallados’ programas de paz. Por el contrario debemos explicar a las masas que sin desarrollar una lucha clasista revolucionaria, cualquier esperanza de una paz democrática sin anexiones, violencia, robo, es un engaño... Las masas no deben ser acalladas con esperanzas de que la paz puede ser lograda sin la derrota del imperialismo.” (Pravda, 6 de sept, 1915, Texto en inglés en The Bolsheviks and the World War, Hoover Library Publication No. 15. p. 366).

Estas líneas fueron escritas hace más de veinticinco años. Pareciera que fueron escritas ayer y dirigidas contra Browder-Minor y sus seguidores que ahora se hacen pasar -de acuerdo con mandatos del Kremlin- por “hombres de Estado” y que componen programas “detallados” de una “Paz Popular,” y de esta manera engañan a sus seguidores.

La menor concesión a ilusiones pacifistas hace todavía más difícil una verdadera lucha en contra de la guerra. Al entregar propuestas para la Conferencia de Kienthal, Lenin escribió en febrero de 1916:

“El “programa de paz” de los socialistas así como también su programa de “lucha por la cesación de la guerra” debe partir de una exposición del engaño respecto de la “paz democrática,” de las aspiraciones pacíficas de los beligerantes, etc., el programa de paz que los ministros demagógicos, los pacifistas burgueses, los social-chovinistas y los kautskianos de todos los países le proponen a los pueblos en este momento. Cualquier “programa de paz” es un engaño para el pueblo y una hipocresía si no está basado en primer lugar en una explicación a las masas de la necesidad de una revolución y del apoyo, la cooperación y el desarrollo de la lucha masiva revolucionaria...” (Lenin, Collected Works, Cuarta Edición Rusa, vol. XIX, p. 61). 

Los argumentos de “paz” en contra de los bolcheviques

Las décadas de relativa evolución pacífica del capitalismo en el continente europeo previas a la primera guerra mundial afectaron -como se ha dicho- aún las secciones más avanzadas de la vanguardia europea, representadas en las mayorías de Zimmerwald y Kienthal. La consigna de transformar el conflicto imperialista en una guerra por la emancipación social era a su modo de ver “irrealista”. Viviendo de recuerdos del pasado eran incapaces de aceptar el análisis de Lenin, o sea, que la primera guerra imperialista o terminaría en la derrota del capitalismo a nivel mundial o comenzaría una época de conflictos imperialistas recurrentes.

El argumento más imponente era que los bolcheviques erraban en “ignorar” el movimiento de masas y el deseo de paz de las masas. Lo que proponía Lenin, sin embargo, no era ignorar este movimiento sino utilizar el anhelo de paz de las masas para educarlas políticamente con respecto a la única salida de la guerra imperialista. Los revolucionarios, según Lenin, participan en todos y cualquier movimiento de masas a favor de la paz con el objetivo de defender su propio programa y señalar el camino hacia la acción y la solución revolucionarias.

No sólo los kautskianos (los social pacifistas), sino también la mayoría de aquellos que participaron de Zimmerwald y Kienthal, meramente plantearon la “exigencia” de paz, sin responder a la pregunta de quién lograría esta paz, y cómo se haría. Para ellos era meramente cuestión de ponerle fin a una guerra en particular. El verdadero problema, sin embargo, era y sigue siendo la necesidad de terminar con el imperialismo y todas las guerras que deben necesariamente surgir del imperialismo.

Fue Kautsky quien elaboró un sistema teórico entero sobre la base de ilusiones pacíficas. La teoría de Kautsky de “superimperialismo” argumentaba que un largo período ininterrumpido de paz era posible bajo el imperialismo. Los imperialistas, decía, después de salir de la guerra -con la ayuda de la Segunda Internacional- reconocerían sus errores, llegarían a un acuerdo entre ellos, repartirían el mundo entre los grandes trusts, etc. Este nuevo orden mundial funcionaría bajo tribunales de arbitraje compulsivos; habría desarme generalizado; la diplomacia secreta sería abolida y las crisis económicas y demás males serían controlados. La tarea era ponerle parches al capitalismo en la medida en que podían (¡y lo hicieron!) los socialistas y de esta manera, según los piadosos deseos de Kautsky, gradualmente y sin dolor se llegaría a la introducción al socialismo. ¡Qué utopía miserable!

La traición de la Segunda Internacional fue justificada por Kautsky sobre la base de que la Internacional era un instrumento de paz y no de guerra. En un panfleto, “El internacionalismo y la guerra”, planteó la fórmula de que en tiempos de guerra era necesario llevar adelante una lucha por la paz, reservando la continuación de la lucha de clases exclusivamente para los tiempos de paz (“Kampf fuer Frieden, Klassenkampf in Frieden). Las ideas de Kautsky fueron llevadas a su conclusión lógica por Max Adler, un austro-marxista que escribió un panfleto titulado “Principios o Romanticismo” (“Prinzip oder Romantik”) en el cual declaró:

“Todo el internacionalismo de la socialdemocracia deberá permanecer y permanecerá una utopía al menos que haga de la idea de paz, el punto central de su programa de política interna y externa... El socialismo después de la guerra o se convertirá en pacifismo internacional organizado o desaparecerá por completo.”

“La idea de paz deberá ser nuestra consigna central!” (“Die Friedensidee Zum Mittlepunkt!) Kautsky y Adler fueron los primeros en levantar esta bandera. ¡Hoy los estalinistas tratan de engañar a los trabajadores haciendo pasar este programa de social pacifismo por la línea de Lenin!

El contraste entre leninismo y estalinismo

En sus tesis sobre la guerra adoptadas por los bolcheviques en la Conferencia de Berna en septiembre, 1914, Lenin escribió:

“El pacifismo y la defensa abstracta de la paz son algunas maneras de engañar a la clase trabajadora. Bajo el capitalismo, en particular en su etapa imperialista, las guerras se tornan inevitables... En este momento, la propaganda de paz, que no está acompañada de una apelación a la actividad revolucionaria de las masas, sólo podrá diseminar ilusiones, desmoralizar al proletariado al insinuar confianza en el humanitarismo de la burguesía y al convertirla en un juguete en manos de la diplomacia secreta de los países beligerantes. En particular, la idea de que una paz democrática es posible sin una cantidad de revoluciones es absolutamente falsa.” (Lenin, Collected Works, Tercera Edición Rusa, vol. XVIII p. 127-128).

Lenin repitió esta idea central en decenas de artículos: “La idea de que una paz democrática es posible sin una cantidad de revoluciones es absolutamente falsa.”

Los defensores originales y más fervientes de esta idea absolutamente falsa durante la última guerra fueron los seguidores de Kautsky, los principales defensores de la misma idea falsa hoy en día son los estalinistas.

En cierto sentido es posible explicar “objetivamente” la traición de los kautskianos. Justo antes de que la Primera Guerra Mundial envolviera a la humanidad, el capitalismo parecía estar en la cima de su poder, lejos de senil, la democracia burguesa y sus instituciones parlamentarias parecían eternas. En el continente europeo ninguna guerra importante había tenido lugar desde hacía más de cuarenta años- desde la guerra franco-prusiana de 1871. Fue esto lo que hizo posible engañar a las masas con la ilusión de que la primera masacre imperialista en realidad sería la última (la “guerra que terminaría con todas las guerra”). Fue esto lo que le proporcionó a las bancarrotas de la Segunda Internacional una semblanza de “realismo”. 

¿Pero qué se puede decir de la posición de los estalinistas?

Kautsky sostenía que los imperialistas podían permanecer pacíficos indefinidamente; Stalin amplió esta utopía interpretando que los imperialistas no sólo pueden ser pacíficos entre ellos sino también pacíficos con la Unión Soviética. Sería posible seguir con la construcción del “socialismo en un solo país” sin ningún peligro directo de guerra. Stalin aseguró muchas veces que la Unión Soviética podría permanecer en paz (esto cuando todavía hablaba para la prensa).

En una entrevista con Eugene Lyons (N.Y. Telegram, 24 de noviembre, 1930) Stalin dijo: “Es posible, y la mejor prueba es que han convivido pacíficamente desde el fin de nuestra guerra civil y el período de intervención.”

En una entrevista con Walter Duranty (N.Y. Times, 1º de septiembre, 1930) Stalin reafirmó su declaración anterior, “No se han confrontado durante diez años, lo cual significa que pueden coexistir.”

Así como el equilibrio temporario entre los poderes imperialistas, en las décadas anteriores a la primera guerra, fue interpretado por los kautskianos como la “prueba” de la posibilidad de un equilibrio prolongado y estable del imperialismo, Stalin tomó el equilibrio temporario entre la Unión Soviética y su entorno imperialista como la prueba de que era posible una paz estable, si las maniobras del Kremlin eran lo suficientemente cínicas e inescrupulosas. Es precisamente debido a que el estalinismo abandonó los fundamentos del marxismo-leninismo en su teoría del “socialismo en un solo país” que la “lucha” del Kremlin contra la guerra asumió desde el principio algún tipo u otro de disfraz pacifista. La naturaleza reaccionaria del estalinismo fue claramente revelada por la participación del KOMINTERN detrás de movimientos por la paz impotentes y pérfidos. Primero esto se llevó a cabo bajo el disfraz de las “Ligas Anti-imperialistas.” Después organizaron los “Congresos por la Paz” (Ámsterdam-Pleyel, etc.). 

¿Cuál fue la actitud de Lenin hacia los “Congresos de Paz,” y las “movilizaciones por la paz”? ¿El gobierno soviético bajo Lenin no participó de las negociaciones de “desarme”, etc? ¿Lenin cambió sus puntos de vista con respecto a este tema después del final de la guerra civil y el establecimiento de un equilibrio temporario entre la Unión Soviética y el mundo capitalista?

Existe un documento histórico importante que proporciona evidencia irrefutable con respecto a este punto. En su carta de instrucciones para la delegación bolchevique del Congreso de Paz en la Haya en diciembre de 1922, Lenin escribió:

“Me parece que si tenemos en la Conferencia de la Haya algunas personas capaces de pronunciar discursos en algún idioma u otro en contra de la guerra, lo más importante que pueden lograr es refutar la idea de que los participantes en la Conferencia se oponen a la guerra, o que entienden cómo la guerra podría y puede estallar sobre ellos en el momento menos esperado, o que tienen el menor conocimiento de los medios a emplear en contra de la guerra, o que de alguna manera son capaces de adoptar un camino inteligente y sensible de lucha contra la guerra.” (Lenin, Collected Works, Tercera Edición Rusa, vol.XXVII, p.375).

Por lo tanto, después de la guerra, la línea de Lenin permaneció igual que durante la guerra; los bolcheviques debían utilizar toda oportunidad para plantear su propia línea contra todas las ilusiones pacifistas. La participación de los bolcheviques en cualquier “Congreso por la Paz” o “movilización por la paz” debería tener como único objetivo exponer su carácter completamente fútil y fraudulento.

La política de Stalin ha sido lo contrario. Se ha aferrado a toda ilusión pacifista, sin importar cuán desacreditada, para “luchar” por la paz. En una entrevista con Duranty (N.Y. Times, 25 de diciembre, 1933) Stalin dijo: “Si la Liga (de las Naciones) proporciona aunque sea la más mínima ayuda para desacelerar el avance hacia la guerra y mantener la paz... apoyaremos a la Liga a pesar de sus deficiencias colosales.”

Después de que Hitler asumió el poder, la Liga de la Naciones fue descrita por el estalinismo no como “una mínima ayuda” sino como un baluarte de paz. Y cada pacto que firmó Stalin con los imperialistas “democráticos” fue recibido como un gran golpe contra la guerra y el fascismo, como enseguida recordará cualquier participante de las difuntas “Ligas contra la guerra y el fascismo.”

La bancarrota total de la política de “Frente Popular” ocasionó la firma del pacto Stalin-Hitler y el estallido de la Segunda Guerra Mundial, que tarde o temprano enredará a la Unión Soviética. Fue en buena medida para ocultar la alianza con Hitler que el Kremlin resucitó la consigna de “oposición” a la guerra. Esencialmente, sin embargo, la línea actual del Kremlin es la última adaptación del pacifismo estalinista a las condiciones de la guerra y la alianza con los nazis. Está tan lejos del bolchevismo como la línea de Kautsky durante la última guerra.

La salida bolchevique

A Marx, Engels, Lenin y Trotsky no se les “ocurrían” simplemente las ideas. Cada principio de sus enseñanzas ha sido dictado por el curso de la historia y de la lucha de clases de la sociedad. Cada principio refleja y expresa las necesidades históricas de la clase trabajadora. El genio de estos grandes pensadores, maestros y líderes de la clase trabajadora se expresó en esto, en que eran capaces de descubrir, formular y aplicar las leyes de esta lucha y su desarrollo adelantándose a sus etapas cruciales. Eran los que proporcionaban respuestas vivas a los temas candentes. En esto está el secreto del poder del bolchevismo (marxismo-leninismo-trotskismo).

Todos los programas por fuera del bolchevismo han llevado y pueden llevar a la humanidad sólo al desastre y a la derrota. Esto ha sido verificado una y otra vez, en particular por los acontecimientos de las últimas dos décadas. De todas las derrotas sufridas en años recientes, la más grave, por mucho, es la Segunda Guerra Mundial que ha sido desatada por los imperialistas sólo gracias a las políticas del estalinismo y de la Segunda Internacional. El pago del precio de estas políticas está siendo ahora cobrado en términos de la increíble destrucción de riqueza material y de fuerzas productivas, en términos de las vidas de decenas de millones de trabajadores y campesinos, sus esposas y sus niños. Sólo el bolchevismo señala la salida.

Durante la Primera Guerra, el bolchevismo probó ser la única tendencia en el movimiento obrero mundial capaz de conducir una auténtica lucha contra la guerra. El verdadero significado de esta lucha nunca puede ser borrado de los anales de la historia. Sin esa lucha la victoria de octubre nunca podría haber sido lograda en Rusia en 1917.

Es imposible conducir una lucha hoy en día sin aprender y asimilar completamente las lecciones de la lucha llevada adelante por Lenin y los bolcheviques. La Tercera Internacional bajo Stalin ha pisoteado cada una de estas lecciones.

Los bolcheviques no se opusieron meramente a la guerra. Tampoco limitaron su lucha a los ataques contra los social patriotas, que apoyaban abiertamente a los dos campos de guerra imperialista. Una de las grandes lecciones de esta batalla es que la lucha contra el social patriotismo es inseparable de la lucha contra el social pacifismo, y todas las variedades del programa de “lucha por la paz.” 

 



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