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El caso del camarada Riazanov[1]

 

 

8 de marzo de 1931

 

 

 

En el momento de escribir estas líneas no sabemos nada acerca de la expulsión de Riazanov[2] del partido, exceptuando los informes de los despachos oficiales de TASS [la agencia de prensa soviética]. Riazanov fue expulsado del partido, no por tener divergencias con la llamada línea general, sino por "traición" al mismo. Riazanov es acusado -nada más y nada menos- de haber conspirado con los mencheviques y social-revolu­cionarios que estaban aliados a los conspiradores de la burguesía industrial. Esta es la versión del comunicado oficial. Lo que no resulta claro a primera vista es que a Riazanov el asunto no le haya acarreado más que una expulsión del partido. ¿Por qué no fue arrestado y denunciado ante el Tribunal Supremo por conspirar contra la dictadura del proletariado? Tal pregunta debe planteársela toda persona que piense, incluso aquellas personas que no conocen al implicado. Los últimos co­municados informan que Krilenko lo menciona en su acusación. ¿Será para que lo acusen mañana?

Los mencheviques y social-revolucionarios repre­sentan a partidos que se proponen el restablecimiento del capitalismo. Se diferencian de otros partidos que están en pro de la restauración capitalista por el hecho de que espetan darle al régimen burgués ruso formas "democráticas". En estos partidos existen fuertes co­rrientes que consideran que en Rusia, cualquier régi­men, independientemente de la forma política que revista, seria más progresivo que el régimen bolchevique. La posición de los mencheviques y social-revoluciona­rios es contrarrevolucionaria en el sentido más preciso y objetivo de la palabra, esto es, en un sentido de clase. Esta posición sólo puede conducir a intentos de aprove­char el descontento de las masas para un levantamiento social. La actividad de mencheviques y social-revolu­cionarios se reduce a preparar tal levantamiento. ¿Se excluye la existencia de frentes de mencheviques y social-revolucionarios con la burguesía industrial? De ninguna manera. La política de la socialdemocracia a nivel mundial se basa en la idea de una coalición con la burguesía contra la "reacción" y el proletariado revolu­cionario. En 1917 la política de los mencheviques y so­cial-revolucionarios se basaba totalmente en el princi­pio de la coalición con la burguesía liberal, tanto repu­blicana como monárquica. Los partidos que consideran que la única salida posible para Rusia es un retorno al régimen burgués no pueden menos que formar un blo­que con la burguesía. Esta última no puede rechazar ayuda, incluyendo la financiera, por parte de sus cola­boradores democráticos. Dentro de estos marcos todo resulta claro, puesto que emana de la naturaleza misma de las cosas.

Pero, ¿cómo pudo Riazanov participar en la conspi­ración menchevique? Aquí nos vemos confrontados con un enigma obvio.

Cuando Sirtsov fue acusado de "jugar doble", todos los obreros conscientes debieron preguntarse: ¿Cómo pudo un viejo bolchevique, quien, no hace mucho, fue nombrado por el Comité Central en el cargo de presi­dente del Consejo de Comisarios del Pueblo, convertirse repentinamente en el defensor ilegal de opiniones que él rechazó y condenó oficialmente? De este hecho sólo podemos establecer la extrema duplicidad del régi­men stalinista, en el cual las verdaderas opiniones de los miembros del gobierno son establecidas únicamente por la intervención de la GPU.

Pero en el caso Sirtsov, sólo se trataba de un conflic­to entre los centristas y el ala derecha del partido, y nada más. El "caso" Riazanov, es incomparablemente más significativo e impresionante. Toda la actividad de Riazanov se manifestaba en el terreno de las ideas, de los libros, de las publicaciones, y por ese solo hecho estaba bajo el constante escrutinio de cientos de miles de lectores a través de todo el mundo. Finalmente, y lo que es más importante, Riazanov es acusado, no de simpatizar con la desviación del ala derechista del par­tido, sino de participar en la conspiración contrarrevolucionaria.

No dudamos por un instante de que numerosos miembros del Partido Comunista de la Unión Soviética, teóricos y prácticos de la línea general, son menchevi­ques sin saberlo; que numerosos ex mencheviques, que han cambiado sus nombres pero no su esencia, ocupan con éxito los cargos más responsables (comisarios del pueblo, embajadores, etcétera); y que dentro de los marcos del PCUS los agentes directos de los menchevi­ques, junto a los Bessedovskis, Agabekovs y otros ele­mentos corrompidos y desmoralizados, no ocupan un lugar secundario. El régimen stalinista es el criadero de todo tipo de gérmenes y de la descomposición dentro del partido. Pero no podemos incluir al "caso" Riaza­nov en estos marcos. Riazanov no es un advenedizo, un aventurero, un Bessedovski, o cualquier tipo de agente de los mencheviques. Su línea de desarrollo puede trazarse año tras año, de acuerdo a hechos y documen­tos, artículos y libros. En él tenemos a un hombre que ha participado en el movimiento revolucionario durante más de 40 años; y todas las etapas de su actividad han entrado en una forma u otra en la historia del partido proletario. Riazanov tuvo serias divergencias con el partido en distintos períodos, incluyendo los tiempos de Lenin, o mejor, especialmente en aquellos tiempos, cuando participaba activamente en la formulación cotidiana de la política partidista. En uno de sus discursos, Lenin habló directamente del lado fuerte de Riazanov, así como de su lado débil. Lenin no consideraba a Ria­zanov como un político. Cuando hablaba de su lado fuerte, tenía en cuenta su idealismo, su profunda devo­ción por la doctrina marxista, su erudición excepcional, su honestidad de principios, su intransigencia para defender la herencia de Marx y Engels. Es precisamente por eso que el partido colocó a Riazanov a la cabeza del Instituto Marx-Engels que él mismo había creado. Su trabajo tenía importancia internacional, no sólo desde una perspectiva histórico-científica, sino también desde un punto de vista revolucionario y político. El marxismo es inconcebible si no se acepta la dictadura revolucio­naria del proletariado. El menchevismo es la refutación democrático-burguesa de esta dictadura. Al defender al marxismo contra el revisionismo, Riazanov condujo, a través de toda su actividad, una lucha contra la socialdemocracia y, consecuentemente, contra los menchevi­ques rusos. ¿Cómo puede entonces, reconciliarse la posición principista de Riazanov con su participación en la conspiración menchevique? No hay una respuesta para esta pregunta. Y pensamos que no puede haberla.

Estamos totalmente seguros de que Riazanov no participó en conspiración alguna. Pero, en ese caso, ¿de dónde surge la acusación? Si fue inventada, entonces, ¿por quién y con qué fin?

A esto sólo podemos dar explicaciones hipotéticas, basadas, sin embargo, en un conocimiento suficientemente adecuado de la gente y las circunstancias. Nos valdremos además de la lógica política y de la psicología revolucionaria, las cuales no pueden ser abolidas por los despachos de la TASS.

El camarada Riazanov dirigió una vasta institución científica. Necesitó la colaboración de un personal calificado gente iniciada en el marxismo, en la historia del movimiento revolucionario, en los problemas de la lu­cha de clases, y gente que conociera lenguas extranje­ras. Los bolcheviques que tienen estas cualidades ocu­pan, casi siempre, cargos administrativos de responsabilidad y no están disponibles para una institución cien­tífica. Por otra parte, existen entre los mencheviques numerosos políticos ociosos que se han retirado de la lucha, o que, por lo menos, pretenden haberlo hecho. En el dominio de la investigación histórica, del comen­tario, de las anotaciones, de la traducción y las correcciones importantes, etcétera, el camarada Riazanov se apoyaba hasta cierto punto en este tipo de menchevi­ques retirados. Ellos jugaron en el instituto casi el mis­mo papel que desempeñaron los ingenieros burgueses en la Comisión de Planeación Estatal, y en otros cuer­pos económicos. Como regla general, un comunista que dirige cualquier institución defiende a "sus" especialistas y, a veces, incluso a aquellos que lo llevan de las narices. El ejemplo que mejor ilustra esto es el del ex­ presidente de la Comisión de Planeación Estatal y miembro del Comité Central, Krshishanovski, quien durante muchos años, echando espuma por la boca, de­fendió los programas mínimos y los planes de sus subordinados saboteadores, en contra de la Oposición.

El director del Instituto Marx-Engels se sintió obligado a asumir la defensa de sus colaboradores mencheviques cuando éstos se vieron amenazados con el arresto y la deportación. Este papel de defensor, que no siempre culminaba con éxito, lo comenzó a practicar ayer. Todo el mundo, incluido Lenin, lo sabía; algunos se reían de esto, comprendiendo perfectamente bien los intereses "administrativos" que guiaban a Riazanov.

Indudablemente, algunos colaboradores menchevi­ques, la mayoría quizá, utilizaron el instituto para encu­brir su trabajo conspirativo (ocultando archivos y docu­mentos; manteniendo correspondencia y contactos en el extranjero; etcétera). Podría pensarse que Riazanov nunca estuvo muy atento a las admoniciones del parti­do, y que demostró excesiva benevolencia hacía sus pérfidos colaboradores. Pero creemos que esta es la máxima acusación que puede hacerse contra el cama­rada. Los libros editados por Riazanov están ante los ojos de todo el mundo: no hay ni menchevismo ni sabo­taje en ellos, a diferencia de los planes económicos de Stalin-Krshishanovski.

Pero si uno acepta el hecho de que el error de Riaza­nov no va más allá de la protección crédula de los espe­cialistas mencheviques, ¿de dónde surge entonces la acusación? Sabemos por la experiencia reciente, que la GPU stalinista es capaz de enviar a un oficial de Wran­gel a las filas de los revolucionarios irreprochables. Menshinski y Iagoda no vacilarían un instante en atri­buir algún crimen a Riazanov tan pronto como se lo ordenaran[3]. Pero, ¿quién lo ordenó? ¿A quién le conven­dría? ¿Quién procuró este escándalo internacional en torno al nombre de Riazanov?

Precisamente en este sentido podemos dar expli­caciones determinadas por todas las circunstancias. En los últimos años, Riazanov se había retirado de la políti­ca. En esta forma, él compartió el destino de muchos antiguos miembros del partido, quienes, desmoraliza­dos, abandonaron la vida interna de aquel y se encerra­ron en el trabajo económico o cultural. Sólo esta resig­nación permitió a Riazanov proteger a su instituto con­tra la devastación de todo el período posleninista. Pero en el último año, se hizo imposible mantener esta posi­ción. La vida del partido, y especialmente a partir del Decimosexto Congreso, se convirtió en un constante examen de lealtad al único jefe. En toda unidad hay ahora agentes nuevos del plebiscito que en cada ocasión preguntan al vacilante e indeciso: ¿Consideran a Stalin como jefe infalible, como gran teórico, como un clásico del marxismo? ¿Están dispuestos a jurar su leal­tad al jefe del partido, Stalin, en el Año Nuevo? Cuanto menos demuestre el partido su capacidad para controlarse a través de la lucha ideológica, mayor necesidad tendrá la burocracia de controlar al partido con la ayu­da de los agentes provocadores.

Durante muchos años, Riazanov pudo mantener un silencio muy prudente -demasiado- en toda una serie de cuestiones candentes. Pero Riazanov era orgánicamente incapaz de ser cobarde, de decir perogrulladas. Cualquier demostración ostentosa de sentimiento de lealtad le repugnaba. Uno puede imaginarse que en las reuniones del instituto, frecuentemente se apasionaba contra los jóvenes corrompidos, esa invulnerable promoción de jóvenes profesores que generalmente com­prenden muy poco de marxismo pero que se desbordan en falsedad e información. Indudablemente, este tipo de camarilla interna, tuvo por mucho tiempo su candi­dato para el cargo de director del instituto y, lo que es aún más importante, sus conexiones con la GPU y el secretariado del Comité Central. Si Riazanov hubiese aludido de alguna manera, aunque sólo fuese de pala­bra, al hecho de que Marx y Engels no eran más que los exploradores de Stalin, entonces todas las estratage­mas de estos jóvenes inescrupulosos se habrían de­rrumbado y ningún Krilenko se habría atrevido a que­jarse contra Riazanov por su benevolencia hacia los tra­ductores mencheviques. Pero Riazanov no aceptó esto. En cuanto al secretariado general, no podía hacer ma­yores concesiones.

Habiendo adquirido el poder del aparato, Stalin se siente internamente más débil que nunca. Se conoce muy bien a sí mismo y es por eso que teme a su propia posición. Necesita que confirmen diariamente su papel ele dictador. El régimen plebiscitario es despiadado: no acepta las dudas, exige un reconocimiento entusiasta y perpetuo. Es por eso que le llegó el turno a Riazanov. Si Bujarin y Rikov fueron víctimas de su "plataforma", y es cierto que renunciaron dos o tres veces, Riazanov fue víctima de su honestidad personal. El viejo revolucio­nario se dijo a sí mismo: servir mientras uno mantiene la boca cerrada con los dientes apretados, está bien; ser un entusiasta lacayo, imposible. Es por eso que Riaza­nov cayó bajo la justicia del partido de los Iaroslavskis. Luego Iagoda proporcionó los elementos de la acusación. En conclusión, Riazanov fue declarado traidor del partido y agente de la contrarrevolución.

En el Partido Comunista de la Unión Soviética y en los partidos orientales de la Comintern, hay muchos que observan consternados las actividades de la buro­cracia stalinista. Pero justifican su pasividad diciendo:

"¿Que puede hacerse? Hay que callarse la boca para no sacudir los fundamentos de la dictadura". Este posi­bilismo no es sólo cobarde sino ciego. El aparato del partido oficial, en lugar de ser el fundamento de la dic­tadura, se convierte cada vez más en un instrumento para su desintegración. Este proceso no puede detener­se con el silencio. Las explosiones internas se suceden cada vez con mayor frecuencia y en forma más amena­zante. La lucha contra el régimen stalinista, es la lucha por los fundamentos marxistas de una política proleta­ria y no puede lograrse si no existe la democracia par­tidaria. El régimen plebiscitario de Stalin no puede, por su naturaleza misma, ser duradero. Por lo tanto, para que no sea eliminado por los enemigos de clase, es in­dispensable liquidarlo mediante los esfuerzos de los elementos avanzados de la Internacional Comunista. ¡Esta es la lección del "caso" Riazanov!



[1] El caso del camarada Riazanov, The Militant, 1º de mayo de 1931.

[2] David B. Riazanov (l870-193?): historiador y filósofo que fue socialdemócrata en la década de 1890, un internacionalista menchevique durante la Primera Guerra Mundial y bolchevique en 1917. Organizó el instituto Marx Engels, y después del auge del stalinismo se retiró de la actividad política. Pero su actitud de erudito escrupuloso hacia la historia del partido lo hizo desagradable a Stalin, por cuya orden fue implicado entre loa acusados del juicio a los mencheviques de 1931. Fue arrestado, expulsado del partido, despedido de su puesto de director del Instituto Marx-Engels y exilado a Saratov. Trotsky consideraba que había muerto en 1933; más adelante, otros establecieron la fecha como 1935 o 1938.

[3] En 1927 la GPU identificaba a alguien que tratara de relacionarse con los miembros de la Oposición de Izquierda como a un oficial de Wrangel, el general de la Guardia Blanca que, durante la Guerra civil, había luchado contra el gobierno soviético. Este intento de difamar a los oposicionistas como colaboradores de los contrarrevolucionarios fracasó cuando la GPU tuvo que reconocer que el supuesto oficial de Wrangel era en realidad un agente suyo. Viajeslav Menshinski (1874-1934): sucedió a Felix Dzhershinski en la dirección de la GPU en 1926, pero Iagoda, como lugarteniente de Stalin en la GPU cumplió un papel dominante.



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