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El estalinismo y el POUM en la revolución española

Walter Held
(5 de febrero de 1937)

La dialéctica de la historia ofrece la paradoja de una revolución proletaria realizada en un país que se convierte en el principal obstáculo para la revolución en otro. Es cierto que esta misma tragedia se representó ya, hace diez años, en el teatro de la revolución china. Allí también la burocracia soviética echó en la balanza todo el peso material del estado que ha usurpado, para impedir la victoria de los obreros y los campesinos chinos. Pero China queda demasiado lejos para los trabajadores de Europa Occidental. Este ejemplo no basta para comprometer suficientemente a la Komintern ante sus ojos. Pero esto sucederá, y todo ocurrirá de otro modo en la actualidad, ya que este proceso se desarrolla en España, ante ellos. Hoy día no existe para los revolucionarios proletarios otra tarea más urgente que demostrar al proletariado la transformación contrarrevolucionaria de la Komintern.

Los que duden, no tienen más que leer la última resolución del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista sobre la cuestión española, que dice, por ejemplo: “El Presidium del CE de la IC, aprueba la política del Partido Comunista español, que moviliza a sus afiliados y a las masas populares para la lucha contra el fascismo que quiere aplastar el régimen parlamentario e instaurar una dictadura fascista, aprueba la línea seguida para la defensa y consolidación de la República democrática y parlamentaria, la República del Frente Popular, que garantiza todas las libertades y todos los derechos del pueblo español, en la que ha sido aplastada toda la base material del fascismo y en la que el pueblo puede expresar su voluntad y decidir su suerte.”

El absurdo de estas frases es tan evidente, que casi no vale la pena refutarlas. “La república democrática y parlamentaria en la que no hay lugar para el fascismo.” Por el contrario, el fascismo es el hijo más legítimo de la República burguesa, tan legítimo hoy día, en la época del capitalismo decadente, que no existe una república democrática sin poderosos cuadros fascistas. Su presencia es, por otra parte, el signo más claro de que, gracias a las traiciones de la II y III Internacionales, el proletariado ha dejado pasar el momento más propicio para la toma del poder. La mentira demagógica del Frente Popular, no sólo es incapaz de acabar con el fascismo, sino que incluso aumenta su posibilidad. A medida que el gobierno del Frente Popular francés se compromete a los ojos de las masas, las posibilidades de Doriot y de La Rocque aumentan. Y el propio Doriot era el resultado de la degeneración estalinista.

En una palabra, no hay mejor “base material” para el fascismo que la República democrática parlamentaria, y sólo la dictadura del proletariado, que reemplazará a esta última, será la que pueda arrancar de raíz el fascismo.

Señalemos que la “Internacional Comunista” exige ya lo que Azaña y Companys no se habían atrevido aún a pedir: el restablecimiento de la propiedad privada. “El Presidium del CE de la IC declara acertada la posición del partido contra las nacionalizaciones sumarias de la industria, según la cual, la nacionalización se basa en los intereses de la defensa de la república [debiendo pues cesar con la guerra civil], que se levanta contra los intentos de los enemigos del pueblo de sabotear y debilitar la economía, y según la cual, la nacionalización no debe llevarse a cabo más que en lo que concierne a las empresas que pertenezcan a participantes probados o indirectos del levantamiento.”

Los que crean que damos a la resolución del Ejecutivo una interpretación de mala fe, pueden leer el Manifiesto del Partido Comunista Español del 18 de septiembre de 1936, en el que se puede leer textualmente: “Toda requisición de la propiedad por los obreros no es más que una medida transitoria, útil para las necesidades de la defensa.” Podemos añadir citas de discursos de la Pasionaria, del líder del partido, Hernández, y de otros estalinistas españoles que dicen lo mismo. Por otra parte, la resolución del CE de la IC tiene como fin consolidar solemnemente esta “línea” del Partido Comunista Español. El propósito de los estalinistas está claro: el restablecimiento de la propiedad privada y de la República parlamentaria, después de lo cual, podrá continuar el juego de la revolución española, de la que los estalinistas quieren hacer un disparatado carrusel.

Para justificar la política reaccionaria de la Komintern en España, y bajo las órdenes del gran Stalin (el actual Borgia), se ven proliferar en todo el mundo, como malas hierbas, “teóricos” que “prueban”, con imperturbable seriedad que España está viviendo actualmente su 1789 y no su 1917, que se trata de liberar a la sociedad burguesa del yugo del feudalismo, y no al proletariado del yugo de la sociedad burguesa. Tener que contradecir estas teorías... ¡es como para morirse de vergüenza!

¡Sólo España no había sido tocada por el desarrollo del capitalismo mundial durante los últimos 150 años, por este desarrollo de extraordinaria potencia, que ha conmovido todos los rincones del mundo civilizado! ¡Ha dormido el profundo sueño de la Bella Durmiente del Bosque, y no ha despertado hasta 1936, por el “beso” de Franco, para luchar por los derechos del hombre y de la propiedad privada, por las ideas de los siglos XVIII y XIX!

En realidad los estalinistas defienden hoy en España, de forma cómica, lo mismo que ya habían defendido los mencheviques, lo que Stalin-Bujarin defendieron en 1925-1927 para China, y lo que defienden hoy para España los reformistas Prieto, Besteiro, etc.; una teoría que ha naufragado en todos los grandes acontecimientos del siglo XX.

Esta paradoja, el hecho de que sea precisamente la Unión Soviética la que intente impedir la “sovietización” de España, con el pretexto de que este país aún no está maduro para la revolución proletaria, se embellece aún más por el hecho de que esta gente son los usurpadores de la revolución proletaria de un país que, en 1917, era incomparablemente más atrasado que la España actual. Algunas cifras lo demostrarán. En España, en 1920, el número de proletarios industriales ascendía al 25 % de la población total, y posteriormente, como lo demuestra el enorme crecimiento de las ciudades españolas después de la guerra, ha aumentado considerablemente. En la Rusia zarista, no había en 1913, más que un 16,7 % de proletarios; incluso en 1928, el proletariado no ascendía a más de un 17,3 % de la población total. El 40 % de la población total española vive en ciudades, de las que algunas (Madrid, Barcelona) cuentan con más de un millón de habitantes. En la Rusia zarista solamente el 20 % de la población habitaba en ciudades. Es cierto que España dispone de una red de ferrocarriles extremadamente débil, pero aún así es mucho más considerable que la de la Rusia zarista en vísperas de la primera guerra mundial: 3,1 km. por cada 100 km.2, contra 0,4 km. por cada 130 km. cuadrados.

Es evidente que la cuestión de saber si España, aislada, está preparada para la construcción del socialismo, no se puede ni discutir. En estos términos ningún país está preparado para el socialismo, y Rusia no lo estaba a fortiori. El socialismo será internacional o no será. No se podía gritar por el mundo esta sencilla verdad más fuerte que lo han hecho los vergonzosos Procesos de Moscú. España está preparada para el socialismo en el sentido en que, allí también, el capital financiero internacional ha creado una burguesía tan reaccionaria, que el capitalismo no puede cumplir ninguna misión progresiva; está preparada para el socialismo como un eslabón de la cadena que ha entrado en la fase de decadencia, que amenaza con precipitar al mundo en la peor de las barbaries.

Los epígonos del menchevismo en España intentan explicar por qué la burguesía liberal no consiguió, después de más de cien años, construir una “república parlamentaria democrática”. ¿No ha recurrido siempre a la ayuda de los generales, por miedo al proletariado? La revolución española de 1931 era, igual que la revolución alemana de 1918, una revolución proletaria en la que, debido a la ausencia de una dirección revolucionaria, el proletariado ha perdido los frutos de su victoria.

Al igual que la revolución francesa de 1848 produjo el golpe de estado de Cavaignac, la revolución rusa de febrero el levantamiento de Kornilov, y la República de Weimar los putschs de Kapp, de Ludendorff y de Hitler, así el “fascismo”, y de la misma forma, la “democracia” española da lugar continuamente a los putschs y levantamientos de Primo de Rivera, Sanjurjo, Franco. ¿Qué miembro de la Komintern hubiera considerado, entre 1920 y 1923, a Kapp y Ludendorff como representantes del feudalismo contra el capitalismo progresivo, y hubiera formado sobre esta base un Frente Popular, para la defensa de la República, con los republicanos Wirth y Stresemann? ¡Alucinaciones de este calibre no pueden salir más que de la cabeza de Walcher!

Las teorías según las cuales España no está madura para el socialismo, que se encuentra ahora en vísperas del desarrollo burgués, son tan grotescas, que los obreros españoles, libres de prejuicios mencheviques, han tomado ya en sus manos la colectivización de la economía. En Cataluña sobre todo han obtenido magníficos resultados, a pesar del sabotaje de la dirección política que encarna de hecho el principio de la propiedad privada de los medios de producción. No sólo han sido socializadas las industrias de guerra, las industrias fundamentales y los ferrocarriles, sino también los tranvías, taxis, grandes almacenes, cines, teatros, hoteles, cafés y la industria alimenticia; todo esto se encuentra en las manos de los obreros y de los sindicatos. Y sin embargo, el “descubrimiento” de que España aún no está madura para el socialismo continúa su camino.

¡Los resultados de la colectivización serían mucho mejores si hubiese una dirección política que la centralizase, para seguir, conscientemente, este proceso, defendiéndola realmente contra todas las resistencias y sometiendo la economía a una dirección y a un plan únicos! Pero la dirección política se encuentra aún en manos de los republicanos burgueses y de sus agentes estalinistas que, es cierto, siguen el movimiento, y firman decretos de socialización pero únicamente para poder traicionar mejor cuando se dé el caso.

Sin embargo, considerar la traición estalinista en España como la continuación de la política neomenchevique del CE de la IC, sería confundir causa y consecuencia. La burocracia estalinista siempre dio testimonio de un profundo desprecio por la teoría, a la que ha relegado al papel de instrumento de sus propios intereses materiales y oportunistas. La reputación de Stalin como “teórico” y como el “mejor alumno de Lenin”, no se funda, de ninguna manera, en la fuerza de sus argumentos o de sus facultades intelectuales, sino únicamente en el poder, esencialmente material, de la GPU, que sabe destruir toda tentativa de destruir los “axiomas” de Stalin a base de métodos extremadamente eficaces.

Esta posición hostil a la revolución española, está dictada igualmente por la alianza militar con el imperialismo francés. Stalin-Litvinov temen que al tomar postura por la España soviética, pueden lanzar al estado mayor francés a los brazos de Hitler, ya que los señores burócratas no tienen ninguna confianza en la fuerza de la acción espontánea del proletariado francés.

La dirección soviética, hubiera querido permanecer totalmente neutral en el asunto de la guerra civil española, tal como ha intentado hacerlo desde el principio. Hoy en día, aún algunos1 se declaran dispuestos a participar en el bloqueo efectivo de toda Europa. El hecho de que el Partido Comunista francés otorgue plenos poderes a Blum para impedir el paso de voluntarios por la frontera franco-española, está dentro de esta línea.

Sin embargo, la neutralidad soviética, en el momento en que Hitler y Mussolini apoyan activamente a Franco, hacía aparecer otro peligro. Gracias a la victoria de Franco, Hitler hubiera aumentado enormemente su presión sobre Francia, mejorando en gran medida su posición internacional. Por otra parte, si la Komintern hubiese traicionado abiertamente al proletariado español, hubiera trastornado a la clase obrera mundial, dejando el campo libre al “trotskysmo”, tan odiado y temido como la muerte.

1 El gobierno alemán de noviembre de Ebert-Scheidemann, creo, también, “comités de socialización” ¡y los “independientes” alemanes entraron en este juego en lugar de denunciar la mentira!

Bajo esta doble presión, por fin se decidieron a otorgar una modesta ayuda, extremadamente modesta, a la España republicana, al tiempo que fijaban las condiciones para la realización del presente programa: nada de socialización, sino conservación de la propiedad privada, nada de ejército rojo, construido a base de milicias proletarias, sino reconstrucción del ejército republicano, bajo las órdenes de oficiales burgueses, destrucción del “trotskysmo”, es decir, de toda tentativa proletaria antiestalinista.

Las necesidades internas, en estrecha ligazón con consideraciones de política exterior, han obligado a la burocracia estalinista a tomar esta postura. Después de haber conseguido transformar, en la Unión Soviética, la revolución proletaria en un cementerio burocrático, no puede permitir que se forme, en otra parte del mundo, una joven república soviética, llena de vigor, con un proletariado autónomo, y consciente de su fuerza.

El contraste sería evidente para todo el mundo. Tomando nueva fuerza de las iniciativas del proletariado español, sus hermanos rusos, uniendo este ardiente ejemplo a su glorioso pasado, se sublevarían de nuevo y harían tabla rasa de los privilegios y de las tiranías de la burocracia. Stalin y los suyos lo saben perfectamente, precisamente por esto, rinden culto a la religión del nacionalismo mesiánico, según el cual, los dioses Marx, Lenin y Stalin han reservado el socialismo al pueblo elegido de Rusia. Precisamente por esto, temen y ahogan toda reacción autónoma del proletariado, en cualquier país que se produzca.

Sin embargo es un axioma (no un axioma estalinista, ciertamente, sino un axioma marxista), que la situación de la URSS no puede asegurarse y consolidarse con la creación de nuevos estados soviéticos. Con esto se pueden medir hasta qué punto se oponen los intereses de la Unión Soviética (de sus conquistas proletarias) a los de la burocracia, y el incomparable cinismo de la burocracia y de sus (amigos) (en cuyas filas figuran nombres como Romain Rolland, Heinrich Mann, etc.), que identifican los intereses de la Unión Soviética con los de la burocracia y difaman toda crítica de ésta como de “agente a sueldo de la GESTAPO” y “aliado de Hitler”.

¿Agente de la Gestapo? Stalin y su burocracia, que han hecho más por la victoria de Hitler que él mismo, a base de su política de “liberación nacional y social” de su política de “sindicatos rojos” y de la teoría imbécil, elaborada por el propio Stalin del “socialfascismo”. ¿Conspiradores del restablecimiento del capitalismo? Stalin y su burocracia, que han restablecido constitucionalmente el derecho de herencia, que han hecho a los directores de fábrica explotadores de los obreros, que exaltan como formas “socialistas” del trabajo, las peores variantes del sistema de trabajo “por piezas”, que reemplazan el marxismo por el nacionalismo más estúpido, que dan en todas partes nueva vigencia a las formas de vida burguesas. ¿Saboteadores de la economía? Stalin y su burguesía que, por su imbécil “colectivización a ultranza” durante el primer plan quinquenal, han arruinado de tal manera el progreso del país, que aún no se ha restablecido, que son responsables, debido a su nefasta administración burocrática, de todos los accidentes de ferrocarril y de las fábricas de la URSS.

La estrategia del POUM El POUM., que se formó por la fusión del Bloque Obrero y Campesino de Maurin y la Izquierda Comunista española de Andrés Nin, reconoce, mientras la cuestión quede en abstracto, el carácter proletario de la revolución española, lo que le da una incontestable ventaja en relación a la postura estalinista. Debido a las faltas cometidas en el pasado respecto a la cuestión nacional (la herencia de Maurín) el POUM no dispone de una verdadera base de masas más que en Cataluña. Por esto, al hablar de la política del POUM., nos vemos obligados a limitarnos a la situación de Cataluña, así como la posición del gobierno central Largo Caballero-Del Vayo, corresponde, en lo esencial, a la de la Komintern, que ya hemos criticado en la primera parte de este artículo.

El hecho de que el POUM se haya declarado por la revolución socialista y contra la República parlamentaria democrática (aunque, como ya demostraremos, sin sacar las consecuencias prácticas necesarias) le ha valido el honroso odio del ejecutivo amarillo de Moscú. En la citada resolución del CE de la IC, en la que el POUM es calificado constantemente de “trotskysta”, aunque, por desgracia, no merezca este reproche, se dice: “El presidium del CE de la IC apoya la lucha que está llevando el PC, sostenido por otras organizaciones del Frente Popular, contra el trotskysmo, agente de Hitler y del general Franco, que está desarrollando, en interés de estos últimos, un trabajo de espionaje local, con la intención de acabar con el Frente Popular, que sostiene una campaña de calumnias contra la URSS y que utiliza todo tipo de intrigas y de estratagemas demagógicas para provocar la llegada del fascismo a España. Teniendo en cuenta que el trotskysmo realiza un trabajo subterráneo en el seno de las tropas republicanas, en interés del fascismo, el presidium aprueba la línea del partido que conduce a la completa y definitiva extirpación del trotskysmo en España, como una necesidad para la victoria sobre el fascismo.”

La Deutsche Volkszeitung estalinista, que ha impreso esta resolución, se queja, por otra parte, del hecho de que las tropas alemanas residen en España como en su propia casa. Este reproche concierne en la misma medida a la burocracia estalinista, que se esfuerza por trasportar a España, el método ruso de procesos de brujería.

De la misma forma que el Borgia del Kremlin, repugnante, embrutecido y privado de toda fantasía, ha exterminado a todos los viejos bolcheviques, deshonrándolos como “agentes de la Gestapo y del Mikado” y ha hecho abatir “como perros rabiosos” a las más grandes figuras de la revolución rusa, también los cómplices de Stalin en España se dedican a calumniar de la forma más venenosa, a todo un partido, a una importante fracción del proletariado español, con el fin de preparar el progrom contra ella.

A pesar de que, como ya lo hemos dicho anteriormente, tenemos numerosas y profundas diferencias con el POUM, a diferencia del SAP, el “partido hermano alemán” del POUM, que emplea toda su influencia en Barcelona para impedir que se dedique a una crítica abierta del estalinismo, nosotros defendemos enteramente y sin reservas la causa del POUM. Todas las tendencias honestas y razonables del movimiento obrero mundial, deben exigir que cesen las incalificables calumnias contra los trotskystas, los viejos bolcheviques y el POUM. Si el movimiento obrero mundial no quiere perecer, debe impedir la introducción en sus filas de los métodos de provocación de Goering.

Sin embargo, nuestra completa solidaridad con el POUM frente a la campaña de progroms de Moscú, no debe impedirnos explicar claramente y en voz alta nuestras divergencias con él. No se trata de “tener razón”, ni de “buscar tres pies al gato”, se trata del propio destino de la revolución española. Incluso, si la crítica ha sido formulada demasiado tarde para España, hay que saber extraer el sentido de los acontecimientos que se están produciendo en el plano internacional. Para definir bien nuestra posición respecto al POUM, permitidnos invocar a nuestros maestros Marx y Engels. Éstos se pusieron del lado de la Comuna de París sin reservas, defendiéndola contra todas las calumnias y suspicacias, y precisamente por esto, tenían el derecho de criticar sus debilidades y sus errores.

Los amigos internacionales del POUM (entre los que hay algunos como el SAP alemán, de un calibre extremadamente sospechoso, y que están dispuestos a vender al POUM al Frente Popular alemán por un plato de lentejas) le presentan a menudo como “el partido bolchevique español” que conducirá al proletariado a la victoria. Si así fuese, nadie sería más dichoso que nosotros. Desgraciadamente, el POUM no representa al bolchevismo (y no se proclama en ese papel histórico, como veremos después en unas citas) sino más bien como el ala izquierda de los mencheviques de Martov,

en oposición al menchevismo de derechas (Kerensky, Plejanov y Dan) de los estalinistas.

Desde que el POUM firmó en enero de 1936 el programa del Frente Popular, para condenar unas semanas más tarde, de forma benigna, ciertamente, la política del Frente Popular, sus oscilaciones no han cesado. Cada vez que un paso en la vía justa le han procurado la simpatía de las masas revolucionarias, ha comenzado a tener miedo, y a buscar un acomodo en la “mayoría” de este mismo Frente Popular de colaboración con la burguesía, que es el mayor obstáculo para la España socialista.

Vamos a intentar profundizar en estas oscilaciones con la ayuda de las propias explicaciones del POUM. Demostraremos que se tratan de verdaderas dudas sobre los principios, y no movimientos tácticos, no sólo admisibles, sino necesarios. En el número 1 de su Boletín en francés, La Révolution espagnole, el POUM declara, en un artículo oficial sobre los “principios políticos del POUM”: “El gobierno del Frente Popular está en manos de la Izquierda Republicana de Azaña, y el programa redactado por todos los partidos, no supera los fines de este partido burgués reformista. Esta nueva experiencia de liberalismo burgués, no puede conducirnos más que a la catástrofe.”

¡Bravo! ¿Sin embargo, nos tratasteis de sectarios porque nosotros decíamos esto mismo en el momento en que vosotros ayudabais a la formación del Frente Popular español, y cuando aceptasteis su programa “burgués­reformista”, que no puede más que conducir a la “catástrofe”?

En esta época, el POUM se sitúa en oposición al gobierno catalán de Companys, aunque, desgraciadamente, sin sacar las consecuencias necesarias. “En Barcelona, el gobierno de la Generalitat, sólo representa una fachada oficial, sin ningún poder. La autoridad real es detentada por el Comité Central de las milicias antifascistas, que está compuesto en su mayoría por representantes de organizaciones obreras.” Así pues, aparentemente, existe esta dualidad de poder que se produce en determinado período de toda revolución proletaria.

Pero es precisamente ante esta conclusión, que significa que hay que derrocar las formas vacías del antiguo poder, en donde el POUM retrocede. Así, en el mismo artículo, y sin embargo muy cerca de la posición revolucionaria leninista que constituye el punto más a la izquierda en la curva de sus oscilaciones, comienza ya la confusión: “Lo que suele denominarse doble poder, no existe en Cataluña. La clase obrera controla de forma efectiva toda la sociedad.”

Así, en lugar de combatir realmente al gobierno Companys, se contenta con liquidarlo en el papel. Y podremos ver como el gobierno Companys, inexistente en el papel, liquida, no en el papel, sino en la realidad, al todopoderoso Comité Central de milicias antifascistas (y todo esto con la colaboración del POUM. El POUM comete otro error apoyando el “Consejo Económico de la Generalitat”. En el artículo ya citado se dice: “Al lado del Comité de Milicias, el Consejo Económico tiene la misión de asegurar la organización de la economía catalana en un sentido revolucionario” y sin embargo, el susodicho Consejo no es otra cosa que un instrumento del gobierno Companys, que no tolera la ocupación de fábricas por los obreros, ya que no tiene otros medios para oponerse, pero que continúa siendo fiel a los principios del capitalismo privado, cuyo reconocimiento prepara con mucha habilidad y diplomacia.

La tarea del POUM, en tanto que partido revolucionario, no podía ser, en consecuencia, glorificar y apoyar el Consejo Económico de la Esquerra catalana, por el contrario, debía haber declarado que no puede concebirse una socialización verdaderamente duradera, más que después de la toma del poder político por la clase obrera, y después de la instauración de su dictadura. La tarea del POUM era liberar al proletariado de las ideologías pequeñoburguesas de los Azaña, Companys, Caballero, Stalin-Hernández, así como la de los anarquistas, declarar la guerra a las tendencias burguesas y pequeñoburguesas, por la agitación, la propaganda y la explicación a las masas, y no tapando la mentira con la “unidad” (unidad con los traidores a la revolución).

Otro artículo, publicado en el número 2 de la Révolution espagnole, y que agrava aún más la confusión del artículo programa aparecido en el primer número, nos muestra las relaciones entre el Comité Central de Milicias y el gobierno catalán. El POUM compara el papel del Comité central de milicias al de un estado mayor durante la guerra, observando como el gobierno civil no tiene el poder que aparenta. Pero se contradice él mismo. Efectivamente, es cierto que durante la guerra el poder del gobierno civil se reduce considerablemente, pero también es cierto que jamás se reduce a cero. O el gobierno civil conserva su autoridad o el estado mayor da un golpe militar y acaba con el gobierno civil. Si este último impide una conducción racional de la guerra, el estado mayor no temerá dar un golpe de estado, incluso durante la guerra. En nuestro caso, el dilema es más importante todavía, si se considera que el gobierno civil representa a la burguesía, mientras que el CC de milicias representa a la clase obrera.

Es cierto que, durante un breve período de transición, es posible la dualidad de gobierno, y el partido revolucionario debe conformarse con esta situación, pero sólo hasta el momento en que ha persuadido a la inmensa mayoría de la clase obrera de que es preciso acabar con los últimos vestigios del antiguo poder. Precisamente esta necesidad es la que el POUM se esfuerza en negar; participa en todas las comedias diplomáticas, que deben servir para disimular la existencia del doble poder, y que en realidad a donde llevan es a que el CC de las milicias se convierta en un instrumento del gobierno, y no como sostiene el POUM, con la mejor buena fe del mundo (aunque la fe revolucionaria no basta para hacer la revolución si falta la inteligencia revolucionaria) que el gobierno se convierta en un instrumento del CC de las milicias.

Veamos la descripción de este primer paso hacia la liquidación de las milicias en el órgano francés del POUM: “El marco que hacía parecerse el CC de milicias al Instituto Smolny de Petrogrado en las jornadas revolucionarias de 1917, ha desaparecido. El CC de milicias, así como el Comité de guerra, tienen su sede en el ministerio de la guerra. El cambio no tiene solamente un carácter geográfico, corresponde a un nuevo desarrollo de las relaciones entre el CC y el gobierno popular de Cataluña. Lo han aconsejado dos ideas: la primera es un asunto de fachada diplomática (!): la mayoría (!) del partido antifascista ha considerado ventajoso dejar una autoridad aparente al gobierno Companys, por otra parte se (!) ha resuelto transformar el CC de milicias en una sección del ministerio de la guerra oficial.”

Si el Comité revolucionario del Smolny hubiera dado prueba de una sumisión tan completa, también Kerensky se hubiera reconciliado con él. El POUM no practica la intransigente oposición bolchevique a los esfuerzos de los traidores pequeñoburgueses, para arrastrar a la clase obrera detrás suyo, se somete (con conciencia pesada, como Martov) a la “mayoría” y al impersonal “se”. En lugar de mostrar al proletariado el verdadero papel de Companys, Tarradellas y sus agentes estalinistas, el POUM se consuela con confusas propuestas pseudomarxistas. “En Cataluña no se puede hablar de doble poder. El esquema tradicional, inspirado en la revolución rusa, donde los consejos obreros se encuentran frente al gobierno burgués, no corresponde en absoluto a la situación de Barcelona. El gobierno Companys no representa los intereses de la burguesía capitalista: de composición pequeñoburguesa republicana, está sometido en la cadena de los acontecimientos, a las oscilaciones que tienen su origen en la debilidad económica de la pequeña burguesía. En octubre de 1934, Companys y sus amigos se mostraron incapaces de mantener a raya a la reacción capitalista. En 1936 no hubieran podido (aunque lo hubieran intentado) resistir a la enorme ola del proletariado. En Cataluña no hay más que un poder: la clase obrera, y detrás de este poder, el campesinado y la pequeña burguesía.”

En todo esto, no se encuentra ni rastro de pensamiento razonable. Para Companys y su partido, la guerra civil, no significa más que una desgracia nacional, desprovista de todo significado. Si se someten, aparentemente, por un espacio determinado de tiempo, a las medidas de la clase obrera, no es más que para guardar el poder entre sus manos, para desarmar poco a poco políticamente al proletariado y preparar un compromiso con Franco y Mola. El POUM parece imaginar que al proletariado le basta con ejercer el poder, haciendo presión sobre el gobierno pequeñoburgués. ¿No se acuerdan Nin y Andrade, que no son incultos, de la postura de Stalin-Kamenev en febrero de 1917? ¿No conocen la respuesta que dio Lenin al ala conciliadora de los bolcheviques en las Tesis de Abril? 2

Es cierto que vemos al POUM., después de otros avatares, mantener un punto de vista correcto sobre el papel de Companys, pero el gran reproche que hacemos al POUM es precisamente no haber previsto los acontecimientos según un análisis marxista de las fuerzas de clase, sino contentarse con seguirlos de forma empírica.

Esta confusión del POUM sobre la cuestión fundamental del estado y de la revolución, le condujo también a dar el paso fatal el 26 de septiembre, la entrada de Nin en el gobierno Tarradellas.

Algunas semanas antes se burlaban del gobierno republicano de coalición Largo Caballero-Giral. Se afirmó que Cataluña era mucho más progresiva, teniendo en cuenta que el verdadero poder, se decía, estaba entre las manos del CC de milicias y otros comités proletarios. Sin embargo en el mismo número de La Révolution espagnole, donde se nos informa de la formación de un nuevo gobierno con Andrés Nin como ministro de justicia, se nos anuncia la liquidación del CC de milicias. Realmente es un precio demasiado caro para un sillón ministerial. Anatole Lunatcharsky, que no escapó a la ejecución y a la difamación más que por su muerte prematura, cuenta en sus Siluetas de la Revolución, la frase pronunciada por Trotsky a propósito de la entrada de Tchernov en el gobierno Kerensky: “Qué miserable prueba de amor propio, abandonar su posición histórica por un portafolios ministerial!” Nin, al que la gran prensa mundial presenta como

2 Casualmente, hoy día, en la Unión Soviética, cualquier divergencia de opinión con lenin, en cualquier época pasada, figura como argumento decisivo en las requisitorias del menchevique Vychinsky, que se encontraba y se encuentra, al otro lado de la barricada. ¿Reprocharía a Stalin su error en marzo de 1917?

alumno de Trotsky, parece, desgraciadamente, más cercano a Tchernov que a su pretendido maestro.

En tanto que miembros del gobierno Tarradellas, Nin ha firmado igualmente decretos sobre la nueva organización comunal en Cataluña. Durante la revolución, se formaron, un poco en todas partes, espontáneamente, comités que se llamaban generalmente “casas del pueblo”. Es evidente que la Esquerra catalana no se alegraba de esta iniciativa de las masas revolucionarias, pero la tarea del POUM, partido que se pretende revolucionario, debía haber sido sostener efectivamente esta iniciativa, ampliarla, ayudarla a organizarse de forma centralizada, para destruir completamente la antigua burocracia.

Sin embargo, los decretos del gobierno Tarradellas-Nin liquidan los comités populares, acaban con estas iniciativas por medio de medidas jurídicas, e imponen a las comunas una nueva burocracia. Como un verdadero partido centrista a lo Martov, el POUM echa lágrimas de cocodrilo sobre los nuevos decretos: “Se puede lamentar la supresión de las iniciativas revolucionarias locales y espontáneas, pero se debe reconocer por otra parte, la necesidad de una legislación única para toda Cataluña.”

Por otra parte, leemos en el número 8 de La Révolution espagnole: “Pensamos que cada pueblo debe hacer la experiencia de sus combates. Por muy útiles que puedan ser las enseñanzas de la revolución rusa, no son completamente aplicables a la revolución española. Desde el punto de vista político, es impensable que en este momento sea posible en España, y aún menos en Cataluña, establecer la hegemonía de un partido proletario en la dirección del combate. Teniendo en cuenta la actual situación de las organizaciones y las relaciones de fuerza entre los partidos y sindicatos, se puede incluso considerar que esto no sería lamentable.”

El POUM comete aquí el trágico error de todos los centrismos, error que consiste en considerar a su propio partido como algo muerto, en lugar de considerarlo como un factor vivo de la revolución. En Cataluña existen cuatro corrientes fundamentales, la Esquerra catalana, burguesa republicana, el PSUC, estalinista, los anarcosindicalistas y el POUM. La Esquerra y los estalinistas combaten por la República, siendo los estalinistas, en otros términos, agentes de la Esquerra en el campo proletario. Los anarcosindicalistas están sumidos en la confusión y se adaptan al más fuerte. El POUM, según él, está por el socialismo, ¿Qué significa pues la renuncia del POUM a la hegemonía? No puede significar otra cosa que esto: el POUM no se ha tomado en serio su propio programa, renuncia a aplicarlo para estar en paz con la Esquerra y con el PSUC.

¿Cómo puede entonces exigir a los obreros que comprendan la profundidad de las divergencias que le separan del estalinismo?

Estas semimedias, esta autocastración, ¿no preparan precisamente el terreno al hipócrita trabajo de los estalinistas? El estalinismo no tiene el corazón tan grande como para renunciar también él a la hegemonía. Es cierto que entre los métodos de Stalin, jamás ha figurado el de llevar una lucha abierta para persuadir a las masas. Pero, si no dispone de argumentos, sí dispone de una enorme potencia material, quizá la más grande que jamás haya poseído un déspota, y se sirve de ella con una total ausencia de escrúpulos. Así pues, pone como condición de su apoyo a la España antifascista la liquidación del POUM en tanto que factor político y su supresión. Simultáneamente, envía esta canalla periodística de Michel Koltsov, especialista en progroms, que ha aprendido este honorable oficio de Petijura, el verdugo de Ukrania, para que lleve a cabo una campaña de calumnias contra el POUM.

Así es como Stalin prepara “su” hegemonía, que es la renuncia al marxismo, la renuncia a la dictadura del proletariado, la renuncia a la victoria. Un partido marxista, único, representante consciente de los intereses del proletariado, no debe oprimir por la fuerza a las restantes corrientes. El sarcasmo de Bujarin, “Un partido al poder, los demás a la cárcel”, no es ni un axioma, ni un principio, como quisieran hacer creer los pocos dotados epígonos de Stalin; sólo fue necesario en Rusia, una amarga necesidad de los terribles años de la guerra civil. Debido a esto, es absolutamente posible que el POUM, con una línea justa, pueda llegar a una alianza duradera con los anarcosindicalistas. Pero un partido marxista revolucionario jamás puede renunciar a la lucha por la hegemonía, por la aplicación victoriosa de sus concepciones.

Le Temps, el periódico más sólido de la burguesía francesa, ofrece, el 22 de enero, esta apreciación de la situación: “Por fin, se ha llegado a esto (...) Después del desenfreno revolucionario, viene la cara de circunstancias. Los dirigentes, que después de la experiencia rusa saben que es peligroso llegar demasiado lejos, intentan contener a las tropas. Pero las tropas siguen el camino que los jefes les habían indicado no hace mucho tiempo. En Rusia, Lenin rompió el nudo brutalmente. Pero en Rusia había un régimen autoritario que sabía hacerse obedecer. En Barcelona no existe más arma que la propaganda. Se están haciendo muchos esfuerzos por unir al proletariado en los sindicatos unificados, para hacer un sólo partido con los socialistas, comunistas y anarquistas, para crear una base sólida de un estado antifascista autoritario. No se economiza nada para conseguir esto, ni conferencias, ni reuniones, ni campañas de prensa, pero los resultados son bastante escasos.”

Parece que este empleado del Comité de Redacción hubiese comprendido mejor los problemas y los peligros que amenazan al proletariado español, que muchos dirigentes del POUM. Lo que realmente es indispensable a la revolución española para vencer a todos los Franco, Hitler, Mussolini y Salazar, es el puño de hierro, el “régimen autoritario” de la dictadura del proletariado, o sea, la hegemonía del partido revolucionario del proletariado.

Al renunciar a este papel, el POUM. refuerza nuestro principal argumento: la heroica desgracia del proletariado español consiste en que no dispone de una verdadera vanguardia marxista. El corresponsal de Le Temps habla de intentos infructuosos para instalar un régimen autoritario “antifascista”. Nada extraño, la negociación aún no es un programa. Los ensayos no pueden conducir más que a resolver la crisis de forma contrarrevolucionaria, es decir, contra el proletariado y en favor de los hombres de negocios de la Esquerra, y estos últimos obligados a su vez a retroceder ante Franco y Mola.

El propio Nin habló de la organización de la economía, en uno de los discursos que pronunció en calidad de ministro de justicia, declarando: “Se trata de un problema distinto al de la colectivización y la nacionalización. El movimiento espontáneo de las masas ha demostrado su valor socialista. Pero es preciso que se deshaga de los errores y de las desviaciones que se han manifestado en este terreno. En algunos casos, la colectivización de una fábrica significa que se apropiaba sin tener en cuenta las necesidades de la guerra y de la economía en general. Es imprescindible que esto no siga así. La colectivización o la confiscación de una fábrica no se hace para uso de un sindicato o de un sector de la clase obrera.” Cierto, camarada Nin, pero ¿cómo queréis poner orden en la economía, cómo queréis organizarla de tal forma que sirva al proletariado en su conjunto, sin establecer la dictadura del proletariado? ¿Cómo podéis participar en un gobierno que el propio POUM califica así: “Si no es burgués democrático, tampoco es proletario”? El 21 de enero, editasteis un número especial de La Batalla en honor de Lenin, en el que os referisteis a las tesis de Lenin sobre la democracia y la dictadura; pero, ¿no sería mejor recordar las enseñanzas esenciales de Lenin en los momentos decisivos de la revolución española?, como por ejemplo éste, que se encuentra precisamente en estas tesis: “lo esencial, que los socialistas no comprenden, y que demuestra su miopía teórica, su dependencia respecto a los prejuicios burgueses, su traición política al proletariado es que, en la sociedad capitalista, cuando se acentúa la lucha de clases, no puede haber nada intermedio entre la dictadura de la burguesía y la dictadura del proletariado. Cualquier sueño sobre una tregua de este tipo no es más que un lamento de pequeñoburgués.”

La exclusión de Nin del gobierno, arrancado a la fuerza por el representante del gobierno estalinista en Barcelona, Antonov-Ovseenko (que sería fusilado poco después en Moscú como “fascista-trotskysta” y “perro rabioso”), ha provocado un nuevo giro a la izquierda del POUM, aunque sin embargo sigue sin darse cuenta de su error principal, lo que deja la puerta abierta a otros errores fatales. Companys y Tarradellas han vuelto a adquirir confianza y no se molestan mucho; hacen discursos al estilo de Azaña, de Caballero y de Del Vayo, condenan la república soviética, glorifican la SDN y al señor Eden. La diferencia entre el gobierno central y el gobierno de Cataluña, tan a menudo señalada por el POUM, comienza a esfumarse. La Batalla está aterrorizada por el hecho de que los políticos pequeñoburgueses levantan la cabeza cada vez con más impertinencia e intentan disminuir la autoridad de las organizaciones obreras. Es sobre todo la valiente organización de las juventudes del POUM, la JCI, cuyo heroico dirigente Vidal ha caído en la lucha contra Franco, la que encuentra el tono justo. La Batalla del 6 de enero anuncia en grandes titulares: “Hay que resucitar los comités, a fin de crear los instrumentos del poder obrero.” Desde luego, ésta es la consigna correcta. Pero camaradas, ¿creéis que los obreros olvidarán tan pronto que fuisteis vosotros mismos los que firmasteis los decretos de disolución de estos comités? Goethe, al que los marxistas actuales pueden leer aún con provecho, escribía: “... Pues el hombre que, en una época ambigua, tiene un espíritu ambiguo, multiplica el mal y lo agranda cada vez más. Pero el que se aferra firmemente a su idea, recrea el mundo.”

El POUM y los anarquistas Los dirigentes del POUM subrayan frecuentemente el hecho de que ellos mantienen relaciones amistosas con los anarcosindicalistas. Sin duda es una línea política justa el crear con las organizaciones anarcosindicalistas un frente estable contra las traiciones de los “amarillos” estalinistas, pero sin por ello dejar, ni siquiera un minuto, de criticar los errores teóricos y las incorrecciones prácticas del anarquismo.

Al principio de la guerra civil, el POUM disponía de un marco sindical autónomo, la FOUS. Éste era un error que el POUM reconoció bastante pronto. Pero, en lugar de fusionarse con la organización anarcosindicalista de masas, la CNT, para resolver positivamente el conflicto con la UGT, sindicato reformista reaccionario dirigido por los estalinistas

(sustituyendo la “unidad sindical a cualquier precio” por la “unidad sindical con la plataforma revolucionaria”) en POUM llevó a sus militantes a la UGT, probablemente para evitar una discusión teórica sería con los anarcosindicalistas.

El resultado ha sido muy distinto del esperado: el POUM, en lugar de controlar a los dirigentes anarquistas a través de las masas revolucionarias de la CNT, ha sido excluido de todas las negociaciones sobre la unidad sindical, y la resolución firmada por la UGT y la CNT, contiene incluso cierto número de puntos que deben entenderse como una directa amenaza contra una eventual actividad fraccional del POUM. (Punto 15: “Llevamos una acción común contra todo trabajo fraccional de los grupos incontrolados, que, bien por incomprensión, o bien por mala voluntad, son peligrosos para la realización de este programa.” [La Révolution espagnole, n.° 9]. En la cuestión sindical, el POUM. se encuentra sentado en dos sillas, lo que facilita considerablemente el juego común de las direcciones de la CNT y la UGT.

Algo semejante ocurre con la cuestión del gobierno. En lugar de llevar, con la CNT, una oposición común contra Companys y luchar para preparar la toma del poder por los soviets, el POUM facilita y alienta la transformación de los anarquistas negadores del estado en un partido dispuesto a aliarse con los republicanos. Actualmente, después de la exclusión del POUM del gobierno, intenta naturalmente ganar a la CNT a una actitud de oposición a Companys. ¿Pero cómo puede conseguir que las masas no vean en esto más que puro egoísmo de partido, por parte del POUM? Se preguntarán: ¿el carácter del gobierno Companys depende de que Nin sea o no ministro de justicia? ¿Nuestros ministros anarquistas no son ellos mismos, una garantía del carácter “casi” socialista del gobierno?

Ya hemos dicho que son precisamente estas oscilaciones las que hacen tan peligrosa la campaña de progroms de los estalinistas. Los obreros no comprenden que la diferencia entre el POUM y el PSUC, representa en realidad la diferencia entre la dictadura socialista del proletariado y la reacción burguesa. Y en estas condiciones, ¿no estarán dispuestas las capas atrasadas de la clase obrera a sacrificar al POUM a cambio de la ayuda rusa? El único recurso que tiene el POUM para llevar la batalla es una posición firme, decidida, valiente. Aún no es demasiado tarde, pero se ha perdido ya demasiado tiempo precioso.

El POUM y la Internacional

El POUM pertenece (y esto también es herencia de Maurín3) al Buró de Londres, buró de los partidos socialistas independientes y residuo de la Internacional Dos y media, que, formada en la confusión, no cesa de extenderla a su alrededor. Aún hoy hay seis partidos enteros en este Buró. Uno de ellos no tiene más que un carácter puramente ficticio: el partido socialista independiente de Polonia, que no existe más que en la fantasía de la famosa figura heroicómica del doctor Kruk, y dos de los otros son débiles grupos fraccionales, los maximalistas italianos y el SAP alemán. Quedan el ILP y el partido socialista sueco.

Cuando a principios de octubre el Buró se reunió para preparar las conferencias a las que es tan aficionado, y que nunca sirven para nada, se olvidó de tomar posición sobre las cuestiones más importantes, Unión Soviética, nueva Internacional: efectivamente, era imposible llegar a resoluciones unánimes, debido a la ausencia de puntos de vista comunes...

Hay otras pruebas de esta curiosa “unidad”. El POUM califica muy justamente de “crimen” la política de neutralidad del movimiento obrero francés respecto al conflicto español. Pero el aliado francés del Buró de Londres, Marceau Pivert, pertenece al Estado Mayor de Blum, ¡uno de los principales responsables de esta política de neutralidad!

El partido socialista sueco apoya la política de neutralidad del gobierno sueco. La Batalla del 28 de enero publica un resumen del discurso del ministro de justicia sueco, Westman, en el que defiende ante el Parlamento la política de neutralidad. Desgraciadamente olvida decir que el jefe del partido sueco hermano del POUM, Fluegg, está de acuerdo en los puntos esenciales con el discurso de Westman. El POUM caracteriza hoy al Frente Popular (después de muchas oscilaciones) como una traición burguesa de la revolución y, mientras tanto, el SAP firma con los cadáveres vivientes de la república de Weimar, un manifiesto para una nueva república de Weimar. Por una feliz coincidencia, el llamamiento en favor del Frente Popular alemán aparece en la Deutsche Volkszeitung, órgano de los cómplices alemanes de los verdugos de Moscú, en el mismo número de la resolución del CE de la IC, que dedica groseros ataques al POUM, espía de Franco y de Hitler. En interés del Frente Popular alemán, junto a liberales fracasados y organizadores de pogroms estalinistas, el SAP se transforma también en un instrumento de Stalin, esforzándose por tranquilizar al POUM e intentando que decida acabar con toda crítica al estalinismo.

3 También la IV Internacional honra la memoria de Joaquín Maurín, muerto por las tropas de Franco. Pero no hay nada más peligroso que canonizar sus terribles errores teóricos y prácticos con la excusa de su martirio, algo que probablemente Gorkin intenta hacer en gran medida

Mientras que el POUM permanece fiel a la fórmula presentada anteriormente por el SAP (la necesidad de poner las bases para la creación de una nueva Internacional), este último ya ha comenzado las negociaciones para un “partido unificado” con los mercenarios alemanes de Stalin. La Neue Front, órgano del SAP, se separa, por esta razón, de la penosa posición del POUM, por medio de la siguiente prédica: “Sabemos perfectamente que la necesaria renovación fundamental del movimiento obrero no puede hacerse por medio de simples actos de voluntad y resoluciones de congresos. Pero una revolución victoriosa en España mejoraría considerablemente las posibilidades de creación de una gran Internacional proletaria capaz de actuar. Sin embargo, hoy día, la victoria de España es una esperanza, no una realidad. No sabemos qué consecuencias comportará la postura de la URSS, no se puede prever si se tratará de una nueva Internacional o de una Internacional renovada.”

Evidentemente, al que está metido hasta el cuello en el marasmo de la confusión, no se le puede pedir que vea más allá de la punta de su nariz. Así es como el SAP, que teme como a la muerte cualquier viraje a la izquierda del POUM y que respira aliviado después de cada viraje a la derecha, hace todo lo posible para impedir la victoria del proletariado español, para dejar a Stalin la posibilidad de diezmar las filas de los viejos bolcheviques, incitar a un pogrom contra los revolucionarios españoles, y... renovar de esta forma la Internacional.

En el número 2 de la edición alemana de La Révolution espagnole, se encuentra una resolución del POUM sobre la cuestión internacional de la que extraemos lo que sigue: “Para vencer, el proletariado español necesita partidos revolucionarios que se sometan a una disciplina internacional. Esta Internacional no existe. La II y la III no pueden ser los instrumentos de la revolución mundial. La IV Internacional, fundada por Trotsky, debido a su carácter sectario, no puede serlo en mayor medida. Los actuales acontecimientos han hecho de nuestro país el centro de la lucha revolucionaria mundial, el lugar de reunión de los partidos socialistas independientes y de grupos de diferentes países.”

Ya hemos visto cómo no hay ningún sitio con menos disciplina internacional que en el Buró de Londres. El marxismo de estos partidos no llega muy lejos, ya que no han comprendido nada del papel subjetivo que debe jugar un partido revolucionario. La única respuesta que nos da el POUM es llamarnos sectarios. Por otra parte, el POUM sabe que la IV Internacional no ha sido “fundada por Trotsky”, ni siquiera ha sido fundada del todo. Lo cierto es que trabajamos firmemente y sin oscilaciones en su construcción, afiliado a un Buró Internacional, que coordina el trabajo práctico y teórico, y que estamos orgullosos de poder contar entre nosotros al camarada León Trotsky, en tanto que fuerza, experiencia y sabiduría de la mayor altura y eminencia.

¿Nuestro sectarismo? Lenin, Liebknecht y Luxemburgo también se vieron obligados a ser sectarios cuando trabajaban con todas sus fuerzas para persuadir a las masas de la definitiva bancarrota de la II Internacional. La lucha contra la III Internacional, que dispone de recursos materiales enormes y posee la aureola del primer estado proletario, es incontestablemente más larga y más dura. Nuestro sectarismo consiste en que seguimos siendo fieles a nosotros mismos, en que decimos lo que realmente pasa. El Buró de Londres se descompone día a día, mientras se une a sectarios de la peor calaña (los sionistas, el doctor Kucky Feid—, la IV Internacional consolida cada vez más sus posiciones y entra ya en contacto con las masas en varios países. Si los camaradas del POUM quieren llegar a ser el partido bolchevique español, no deben aliarse con los Kautsky y los Longuet de 1937, es decir, a Schwab, Pivert y Maxton, sino unirse a la plataforma y a los métodos de lucha de la IV Internacional.

Los dirigentes del POUM hablaban últimamente de los “injustificados ataques dirigidos al POUM por la III y la IV Internacional”. Los camaradas del POUM reconocerán, después de todo lo que acabamos de decir, que se trata de un argumento demagógico, que deberían calificar por debajo de su dignidad. La III Internacional extiende venenosas calumnias, miente y provoca, para impedir la liberación del proletariado español. Por el contrario, la IV Internacional difunde la luz de la crítica marxista, y no tiene otro interés que el de preparar el camino de la revolución proletaria. Precisamente debido a esto, ya es hora de crear el nuevo camino hacia el desarrollo del marxismo revolucionario. En el propio interés de la revolución española e internacional, debe hacerse todo lo posible en esta dirección.

5 de febrero de 1937
(Publicado en Quatrième Internationale, nº 3, marzo-abril 1937) 

 



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