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El fascismo y el mundo colonial

Agosto de 1938

Artículo sin firma. Parece ser un documento escrito para proporcionar una plataforma común a los delegados y militantes antiestalinistas del próximo Congreso contra la Guerra y el Fascismo. El manuscrito ruso no contenía el punto Nro. 5. Tomado de la versión publicada en Escritos, Tomo IX, pág. 65, Editorial Pluma.

1. El fascismo es la forma más salvaje y abominable del imperialismo. Pero esto no significa que la clase obrera y los pueblos oprimidos deban someterse al imperialismo cuando se pone su máscara democrática. Los pueblos latinoamericanos no quieren caer bajo el dominio del imperialismo japonés, italiano o alemán. Pero esto no significa que México pueda tolerar que el imperialismo británico o norteamericano controle sus recursos naturales o sus políticas nacionales. Las clases obreras y los pueblos de los países atrasados no quieren ser estrangulados ni por un verdugo fascista ni por uno “democrático”.

2. El Japón intenta hacer de China una colonia. Italia y Alemania quieren penetrar en las colonias francesas y británicas. En este sentido son los “agresores”. Pero esto de ninguna manera significa que las clases trabajadoras y los pueblos oprimidos tengan el deber de defender los derechos coloniales de Francia, Gran Bretaña, Holanda, Bélgica, etc. La tarea de los revolucionarios genuinos es deshacer a los regímenes coloniales opresivos. Nuestra consigna: ¡el derecho de todas las naciones a su autodeterminación, no de palabra, sino de hecho; la total y genuina liberación de todas las colonias!

3. El futuro de la humanidad está inseparablemente ligado con el destino de India, China, Indochina, Latinoamérica y Africa. La simpatía activa, la amistad y el apoyo de los genuinos revolucionarios, socialistas y demócratas honestos está completamente del lado de estos pueblos -que constituyen la mayoría de la humanidad- y no del lado de sus opresores, no importa con que clase de máscara política se presenten. Aquellos que activa o aún pasivamente apoyan un régimen colonial bajo el pretexto de defender su propia “democracia” son los peores enemigos de las clases trabajadoras y de los pueblos oprimidos. Nosotros y ellos vamos por caminos muy diferentes.

4. Estamos de todo corazón con el pueblo español en su lucha contra el fascismo. Pero la condición elemental para la victoria de la revolución en España es la expulsión de la GPU de la república española y el desarrollo sin obstáculos de la iniciativa revolucionaria de los obreros y campesinos españoles. Sólo en esta forma se puede movilizar de nuevo a las masas del pueblo español contra los fascistas domésticos y extranjeros; sólo así es posible remover la base social y militar de Franco.

6. En los países atrasados el camino para oponerse al fascismo es ante todo el camino de la lucha revolucionaria por la independencia nacional y por la transformación radical de las relaciones agrarias. Sin la revolución agraria no hay independencia nacional ni salvación contra el fascismo. Cualquiera que bloquee el camino hacia la expropiación de la propiedad territorial y de los recursos nacionales en beneficio de los campesinos y del pueblo en general, está instigando al fascismo. Generalidades vagas acerca de la amistad y la democracia no son suficientes. Se debe tener una posición clara: o con los magnates del capital y de la seudo-democracia, o con la democracia genuina de los obreros, los campesinos y los pueblos oprimidos.

El socialista o demócrata mexicano que encuentra posible creer en el “pacifismo” del bloque entre la burocracia stalinista y la democracia imperialista, es el que más se distingue por su ceguera política. Caballeros de la calidad de Lombardo Toledano, que tratan de subordinar a la clase obrera mexicana al bloque entre la GPU y los pacifistas imperialistas, traicionan abiertamente no sólo a los intereses del proletariado mexicano, sino también a los del pueblo mexicano.

Si México se deja llevar por la corriente política de Lombardo Toledano, es decir, si voluntariamente permite que se lo utilice como moneda de cambio en los negocios entre el Kremlin y la Casa Blanca, significaría la destrucción no sólo de la democracia mexicana sino también de la independencia nacional del país.

El pueblo mexicano no quiere y no puede permitir que se transfieran a su tierra los métodos usados en España; ni los métodos de Franco, ni aquellos de Stalin.

De la mano con cientos millones de oprimidos de razas no blancas, de la mano con cientos de millones de trabajadores en los países imperialistas, los obreros y campesinos de México lucharán por la paz, la libertad, la independencia y el bienestar de su país, así como por la felicidad de toda la humanidad.

 



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