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El golpe de Estado bonapartista

A Luta de Classe (La lucha de clases) Año VII – Belo Horizonte, 10 de diciembre de 1937 – Nº 34.

 

Editada por el Comité Central provisorio del Partido Obrero Leninista

 

La promulgación de la “constitución” el día 10 de noviembre marcó la etapa final del golpe de estado bonapartista, iniciado el 2 de Octubre con el decreto del estado de guerra.

Tras el decreto del estado de guerra, el C.C.P. del P.O.L. caracterizaba claramente el golpe bonapartista y preveía dos alternativas – la guerra civil o la consolidación de un régimen fascista con o sin Getúlio [Vargas]*, con o sin los integralistas*. Los acontecimientos posteriores mostraron que entramos en la segunda alternativa.

¿En qué fuerzas se apoyó el golpe bonapartista? ¿Cuáles fueron la causa o las causas del mismo? ¿Cuál fue la actitud de la burguesía? ¿Cuál fue la posición de las masas trabajadoras? ¿Cuáles son las perspectivas a trazar de cara a los últimos acontecimientos?

La justa comprensión de los problemas antes mencionados es la condición indispensable para la lucha revolucionaria en esta nueva etapa.

La campaña presidencial.

A principios de 1937 la presión externa, aliada a la de la burguesía que se preparaba para la sucesión presidencial, obligó a retroceder a la reacción. El estado de guerra fue suspendido, las puertas de las prisiones se abrieron y comenzó la campaña “por la democracia y contra los extremismos de la derecha y de la izquierda”. Se enfrentaron en la campaña presidencial, de un lado, la burguesía industrial y los representantes de la agricultura intensiva y del otro lado, los latifundistas de San Pablo y del Noreste; los primeros, representados por Armando de Salles* y los segundos, personificados ocasionalmente en la figura de José Américo*.

El repliegue de la reacción no fue seguido, sin embargo, por una lucha tenaz y vigorosa contra la misma por parte de las organizaciones proletarias y pequeñoburguesas. No hubo ningún intento serio de organizar el proletariado completamente despedazado por la brutal reacción del último estado de guerra. El P.C. eliminó completamente todo contenido de clase de su programa y se esforzó en arrastrar la masa a remolque de uno de los candidatos burgueses. Sus puntos de vista encontraron apoyo incondicional por parte de los restos de la A.N.L. y de todos los “demócratas” pequeñoburgueses. La candidatura de José Américo, que llevaba la carga del apoyo de Cattete[1] y representaba los elementos más débiles y atrasados de la burguesía, echó mano de la demagogia y buscó apoyarse en un amplio movimiento de masas.

A medida que las masas acudían a los actos de José Américo, se agravaban rápidamente las contradicciones internas en el campo de los elementos políticos que lo apoyaban. El apoyo simultáneo de las masas trabajadoras y de los elementos más reaccionarios de la burguesía, estrechamente ligados al Cattete, hacía que José Américo oscilase, completamente impotente, entre la demagogia más descarada y las declaraciones de fidelidad a las fuerzas políticas.

Después de los discursos de Bahía, en que el termómetro marcó el más alto grado de histeria, demagogia y mesianismo, la candidatura de José Américo entró en crisis. Ante la amenaza de ser retirada por las fuerzas políticas, José Américo capituló integralmente y afirmó, en ocasión de la inauguración del Comité Nacional de Propaganda, su deseo de obedecer fielmente a las directivas de los políticos. La candidatura de José Américo estaba muerta. José Américo pasó a ser un juguete en las manos de Getulio.

La reacción había retrocedido, pero conservaba intactas todas sus fuerzas y se preparaba para entrar en acción nuevamente en el momento oportuno.

La participación de la masa trabajadora en la campaña electoral, aunque a remolque de la burguesía, la forma violenta de la lucha contra el integralismo, la aparición de una gran cantidad de organizaciones, aunque con objetivos confusos, mostraba claramente que se estaba procesando una maduración política rápida en el seno de la masa. El movimiento de masa alcanzó el punto culminante con la formidable demostración espontánea en ocasión de la absolución de Pedro Ernesto[2].

La ofensiva de la reacción.

Esa misma demostración fue la señal para el reinicio de las actividades de la reacción. Getulio, militares reaccionarios e integralistas buscaron organizar una contrademostración – la marcha sobre el cementerio. A pesar del apoyo oficial, de la prensa y de los políticos joseamericanos, la demostración fue un fracaso completo. Las masas no se prestaron a las maniobras de la reacción y los integralistas constituyeron casi la totalidad de los presentes. La reacción constató que le faltaba todo y cualquier apoyo de las masas.

Ante ese fracaso, los acontecimientos se precipitaron y tomaron otro rumbo. No pudiendo movilizar a las masas, la reacción se decidió por el golpe bonapartista. Para emprender el golpe, Getulio contaba con el apoyo de gran cantidad de oficiales del ejército y de la marina, con el integralismo, con las fuerzas políticas joseamericanas, en pánico por el carácter que iba tomando la candidatura de José Américo, y con los elementos de Rio Grande do Sul que querían derribar a Flores[3] de cualquier modo.

Forjado el “documento” atribuido a la Comintern[4], es presentado a la Cámara, junto con el pedido de estado de guerra (tres días antes, el ministro de justicia había declarado que no existía, de ningún modo, peligro comunista) por los ministros de guerra y de marina – Getulio era muy sospechoso –se instaló un pánico nunca visto. Nadie ignoraba que el “peligro comunista” era una simple excusa y que se trataba, en realidad, de un golpe de estado a consumarse a la sombra del estado de guerra.

José Américo se prestó dócilmente a las maniobras de Getulio. Se declaró solidario con la medida propuesta y los diputados que lo “apoyaban” votaron, con rarísimas y significativas excepciones, (Pereira Carneiro, conde, católico e industrial) la medida propuesta.

La burguesía nacional más avanzada, agrupada en la U.D.B*., dudaba entre la lucha abierta por la democracia (garantías constitucionales, elecciones, etc.) que exigía una movilización efectiva de las masas, con todos sus peligros (¡!) y la política de concesiones y maniobras. Votó contra el estado de guerra, sin desenmascarar, sin embargo, audazmente al golpe de estado, y apeló a las fuerzas armadas visiblemente mancomunadas con Getulio y concientes del papel que iban a desempeñar. No le hizo más que el juego a Getulio.

Los líderes “democráticos” pequeñoburgueses (que días antes aconsejaban al proletariado no hacer huelgas, porque sería una provocación) abandonaron la lucha y huyeron. Ellos, que en realidad impedían la organización y la lucha de las masas trabajadoras contra la reacción y en defensa de sus reivindicaciones económicas y políticas, no tenían otro camino a seguir. Habiendo depositado toda sus confianzas sobre el mesiánico José Américo, el fracaso inevitable del mismo fue la señal de la desbandada.

El stalinismo, que salió desmoralizado y estropeado de la aventura de Noviembre*, resolvió transformarse en puntero electoral de José Américo en el seno de las masas trabajadoras. Continuó su obra de lanzar la confusión en el seno de las masas trabajadoras, ya iniciada con la demagogia aliancista (ante los ojos de una parte de las masas, la A.N.L. era “una especie de integralismo”) y creó la fórmula “defensa de la democracia contra los extremismos de la derecha y de la izquierda”. Esa fórmula confusionista tuvo rápido éxito y a su sombra se reprimía al movimiento revolucionario y se fingía luchar contra el integralismo. Esa misma fórmula sirvió para preparar ideológicamente el terreno para el golpe de Getulio. El stalinismo, atando a las masas al carro de la burguesía, perdió completamente la visión de los problemas y quedó impotente ante el avance brusco e inesperado de la reacción. No intentó movilizar a las masas a una acción concreta contra el golpe de estado y el estado de guerra y continuó confiando en la burguesía nacional, en el imperialismo “democrático” y en el ejército “popular” que no permitirían la instauración de un régimen fascista en Brasil.

El Partido Obrero Leninista tomó desde el inicio una posición clara y firme. Lanzando la candidatura de Prestes a la presidencia de la república, el P.O.L. inició la lucha contra la política de remolque y buscó deshacer las ilusiones sobre la “democracia” de Armando de Salles y José Américo. Combatió impiadosamente la fórmula cretina de “defensa de la democracia contra el extremismo de la derecha y de la izquierda”. En el nº 3 de “Sob Nova Bandeira”[5] [Bajo Nueva Bandera] dedicado al estudio del fascismo, el P.O.L. mostró que la lucha oficial contra el integralismo era un simulacro, una farsa cínica y que sólo los trabajadores organizados y con conciencia de clase eran una garantía segura contra la reacción.

El P.O.L. no logró cambiar el rumbo de los acontecimientos. Iniciado el golpe de estado, hizo todo para despertar la combatividad de las masas desmoralizadas ante la nueva y vergonzosa derrota del stalinismo. El P.O.L. propuso una acción común al P.C. en el sentido de hacer un denodado esfuerzo para llevar a las masas a la lucha contra la marcha amenazadora de la reacción. El P.C. se negó a tomar conocimiento de la propuesta. Hace mucho tiempo que sus dirigentes ya no creen en el proletariado y en las masas trabajadoras; asimilaron perfectamente bien la ideología confusa de los líderes pequeñoburgueses, a los que se aliaron. Aún hoy esperan la salvación del ejército “popular” de la burguesía “antiimperialista” y del imperialismo “democrático”.

Las fuerzas que hicieron el 10 de noviembre.

Una vez obtenido el estado de guerra y sembrado el terror, la reacción inició la aplicación del plan preparado de antemano. Las etapas se sucedieron con increíble rapidez. La junta ejecutora del estado de guerra con Newton Cavalcanti y Dario Paes Leme[6]; nombramiento de los comandantes de las regiones de San Pablo y Rio Grande do Sul a ejecutores del estado de guerra; prisión de Pedro Ernesto; requisición de las brigadas militares de San Pablo y Rio Grande; fuga de Flores e intervención en Rio Grande; cierre de la masonería y del espiritismo; manifestación integralista del 1º de noviembre; promulgación de la nueva “constitución”. Tales fueron los principales episodios del golpe de estado bonapartista.

Para llevar a cabo el golpe de estado bonapartista, Getulio contaba con el apoyo de la fracción más reaccionaria del ejército, con el integralismo y las fuerzas políticas que apoyaban la candidatura de José Américo, con excepción de Juracy Magalhães y Lima Cavalcanti[7]. El integralismo era la única fuerza que poseía alguna base de masa y de ahí el papel que le cupo de exprimir el apoyo de la “masa popular” a los planes de Getulio. A cambio de eso, su influencia sobre los acontecimientos era sensible. Las medidas de cierre de las tiendas masónicas y de los centros espiritistas eran inspiradas claramente por los verdes. La participación de los integralistas en todos los actos oficiales, la movilización del día 1º de noviembre y la prohibición expresa de la censura de cualquier ataque a los mismos eran índices ciertos de la participación del sigma en la preparación del golpe. En ocasión del desastre del tren verde, las visitas a los heridos evidenciaron, de un lado el prestigio del sigma y del otro lado los primeros signos de la onda adhesionista[8].

Apoyado en esas tres fuerzas heterogéneas – militares, políticas e integralistas – Getulio derribaba uno a uno a sus adversarios políticos y neutralizaba a algunos sectores de la U.D.B. (corriente del Partido Constitucionalista liderada por Cardoso de Mello Netto y Alcantara Machado). Preparado el terreno, se desata el golpe final el 10 de noviembre.

El integralismo quedó sobrando…

Una de las corrientes que había participado activamente en el golpe en preparación fue alejada desde el inicio de la participación en el poder. El integralismo, al contrario de lo que hacían creer los acontecimientos que precedieron al golpe final, quedó completamente alejado del poder, en la situación que terminaba de crearse. Este hecho fue motivado por una serie de causas importantes. En primer lugar, la ausencia de cualquier resistencia al golpe bonapartista hacía prescindible la movilización de la tropa de choque del sigma, y la repartición del poder entre Getulio y Plinio, con ventajas para el segundo que, contando con un partido organizado, podría absorber con relativa facilidad todo el poder y eliminar a Getulio. En segundo lugar, Getulio intentó conquistar de este modo una parte de la pequeñoburguesía (incluso la aliancista – la adhesión vergonzosa del presidente de la A.N.L., Hercolino Cascardo, que ya el día 11 mandó un telegrama de adhesión y solidaridad a Getulio es bien significativa) y disfrazar hasta cierto punto el carácter fascista del “Estado novo” instituido por la nueva “constitución”. En tercer lugar, la dependencia de la economía brasileña del imperialismo (principalmente del americano e inglés) era un impedimento a la participación del integralismo en el poder. El integralismo, agente de Hitler y Mussolini, crearía serias dificultades y posiblemente graves consecuencias a las relaciones de Brasil con Estados Unidos e Inglaterra. Y el nuevo gobierno, a pesar de todas las modificaciones, no podía dejar de estar subordinado económicamente a los imperialismos inglés y americano. En cuarto lugar, Getulio estaba interesado en que la transición se diese del modo más suave posible, a fin de que las masas no se dieran cuenta del nuevo y pesadísimo carga que les era impuesto. Con el integralismo sería imposible evitar el aspecto violenta que indispondría desde el inicio el “nuevo régimen” con las masas.

Pero la no participación de los integralistas en el poder no disminuye de ningún modo el carácter reaccionario y fascista del nuevo orden de cosas. Getulio, en cuyas manos están concentrados todos los poderes, sabrá desempeñar el papel de verdugo de las masas trabajadoras y del movimiento revolucionario con la misma pericia y ferocidad de un Plinio Salgado*. Buscar distinguir Getulio de Plinio, considerar el actual estado de cosas como un mal menor, colocar en primer plano la lucha contra el integralismo, es hacerle el juego a Getulio, es sabotear la lucha contra el golpe bonapartista, es desviar criminalmente la atención de las masas del principal enemigo que personifica en el momento actual las fuerzas más reaccionarias del país.

El integralismo perdió, ante la situación creada, gran parte de sus posibilidades. El apoyo incondicional dado por ellos a Getulio, la inclusión de gran parte del programa del sigma en la nueva “constitución”, desarmó completamente al integralismo y le sacó, por lo menos temporalmente, todas sus perspectivas. Getulio aún tiene un cierto interés en conservar los bandos verdes, a fin de echar mano de ellos en caso de que surjan grandes dificultades para su consolidación. Caso contrario, desde que se de una relativa estabilización del régimen y el integralismo se haga innecesario, aún como fuerza de reserva, será absorbido lentamente o destruido. Se repetirá, tal vez, aunque en condiciones diversas, el caso de Portugal.

El ejército y las fuerzas políticas.

Las dos otras fuerzas – el ejército y los políticos burgueses, liderados por Benedicto Valladares[9] – disputarán aún durante mucho tiempo la hegemonía en la situación creada. Esa disputa será una fuente permanente de accidentes, de luchas entre bastidores que podrán impedir una relativa consolidación del régimen, acarrear una crisis grave, aunque no se pueda excluir de antemano el predominio de una de las fuerzas. De hecho, Getulio fue la línea de unión, momentáneamente necesaria, entre los militares y los políticos. Estos apoyaban a Getulio, a fin de que la hegemonía no quedase enteramente en las manos de los militares. Con Getulio al frente, los políticos seguirían teniendo participación efectiva en el poder y el carácter militar-bonapartista del golpe de estado quedaría más disfrazado. El “ropaje civil” de Getulio daba así al golpe de estado una indumentaria más prosaica, es verdad, pero también más “democrática”.

El carácter bonapartista del golpe.

El golpe de Getulio tuvo un carácter típicamente bonapartista. No tenía un apoyo serio por parte de la burguesía y no se basaba sobre un amplio movimiento de masas. La primera tarea de Getulio era convencer a la burguesía de entregar sus destinos en sus manos y conquistar, por medio de medidas de carácter demagógico, no sólo a la pequeñoburguesía sino también a parte del proletariado. Además de eso, se hacía necesario situarse en la lucha interimperialista, de tal modo que fuese posible evitar a cualquier precio serias complicaciones de carácter internacional.

Este trabajo fue iniciado en el mismo día de la “promulgación” de la nueva “constitución”, a través del discurso proclamado por Getulio.

La liberación de las tasas que gravaban al café y contribuían a su debacle catastrófica en el mercado mundial – medida hace mucho defendida por los exportadores – buscaba conquistar a los productores de café. La supresión de la confiscación cambiaria de 35 % que aún perduraba, debería beneficiar a todos los exportadores. Esas medidas, en la proporción en que se reflejen favorablemente sobre la economía del país, asegurarán el apoyo de la parte de la burguesía interesada, e influirán poderosamente sobre la relativa consolidación.

La primera medida demagógica, que dirigida directamente a la masa popular, era la promesa de suspensión del pago de las deudas externas. La Acción Integralista y la Alianza Libertadora ya habían preparado el terreno para la repercusión favorable de tal medida. Ambas habían sembrado la ilusión de la posibilidad de no pagar las deudas, conservando la misma estructura capitalista del régimen.

De hecho, como era de prever, días después se supo que la suspensión de las deudas era apenas transitoria. El gobierno iba a negociar un nuevo esquema para los pagos. La dependencia de la economía del país del imperialismo era una cosa demasiado seria.

El nacionalismo utópico, reaccionario y pequeñoburgués, pregonado por la A.I.B. y la A.N.L., también permitió a Getulio encontrar un puente de paso para las masas. Entre todas las medidas más o menos vagas, de carácter nacionalista, introducidas profusamente en la nueva “constitución”, una mira preferentemente al proletariado – la ley de los dos tercios, cuya aplicación fue iniciada con gran alarde pocos días después. La reacción esa vez no es más unilateral. Al lado de una represión policial violenta, se prevé también una vasta campaña ideológica para la conquista de las masas.

Todas esas promesas y medidas comenzaron a surtir efecto. El P.R.P. se solidariza con el nuevo régimen; el jefe de la A.N.L., Hercolino Cascardo, hipoteca la solidaridad y el apoyo a Getulio; la máquina sindical de Agamemnon envía telegramas en abundancia.

La pobreza ideológica del movimiento revolucionario, la corrupción pequeñoburguesa del P.C., y la demagogia torpe y reaccionaria de la A.N.L. no fueron los factores de menor importancia del éxito de Getulio.

La promulgación de la nueva “constitución” y el discurso de Getulio produjeron inquietud en Londres y Nueva York. Pero Getulio se apresuró en tranquilizar a sus amos y asegurarles que no pretendía, de ningún modo, rebelarse contra ellos. Explicó claramente la cuestión de las deudas externas y aseguró que se trataba sólo de un “Estado nuevo” o “fuerte” – de ningún modo fascista. La censura se encargó de impedir toda y cualquier noticia interna o externa que calificase el golpe reaccionario de otro modo que “Estado novo” o “estado fuerte”.

Perspectivas.

Gran cantidad de hechos permite prever, como hipótesis más probable, una relativa estabilización, más o menos duradera, de la actual situación política.

La absoluta ausencia de todo intento de oposición a la marcha fulminante del golpe de estado bonapartista, hizo que la transformación se procesara de un modo completamente indoloro, sin alboroto y sin incidentes de importancia. La atención de las masas no fue despertada por ningún hecho relevante, hubo, hasta cierto punto, una indiferencia por la transformación radical por la que el país acaba de pasar. Nadie levantó dudas sobre la legitimidad del acto de Getulio y todas las discusiones se entablan alrededor de la interpretación de la nueva “constitución”.

Ese ambiente permite a Getulio no sólo reunir a los políticos a su alrededor y hacer demagogia apuntando a las masas, así como eliminar poco a poco los elementos poco seguros del ejército. Las reformas y las promociones están en marcha. Los cuadros políticos de los diversos estados están reagrupándose alrededor del “Estado novo” y se habla con insistencia de la formación de un partido único nacional para apoyar el gobierno de Getulio. Los políticos burgueses que no se sienten muy cómodos se retiran a la vida privada (Borges de Medeiros, Pilla, etc.) y nadie piensa en resistir. El ala del PC dirigida por Cardoso de Mello Netto y Alcantara Machado está haciendo todo lo posible para acomodarse.

Las masas trabajadoras, sin vanguardia, contaminadas por la podredumbre stalinista y aliancista, son un campo, hasta cierto punto propicio a la demagogia del “Estado novo”. Nada se puede esperar de una acción espontánea de las masas. La ausencia de una vanguardia deja al proletariado expuesto a las influencias más nefastas.

Las tareas del movimiento revolucionario

Pero la estabilización sólo podrá ser relativa y aún dependiendo de la situación internacional, extremadamente inestable. El actual gobierno sólo podrá superar por un corto período las contradicciones internas del campo de la burguesía y una posible mejora (?) de la situación económica no podrá ser duradera (otro documento del P.O.L. estudiará la situación económica actual y sus perspectivas), y aún así será lograda a costa de una explotación aún más feroz de las masas trabajadoras (inflación, caída del cambio, carestía de la vida, disminución de los salarios, modificación de las leyes sociales, etc.).

Es necesario, por lo tanto, preparar desde ya la lucha contra el régimen de Getulio & Cía. Pero para eso es necesario exterminar implacablemente todas las agencias de la burguesía y toda la ideología pequeñoburguesa en el seno del proletariado. Es necesario, antes que nada, crear el instrumento de lucha – el partido del proletariado, la vanguardia conciente de las masas trabajadoras. Es necesario ver con claridad. Es indispensable exterminar de raíz todo confusionismo y toda la podredumbre que el stalinismo introdujo en el movimiento proletario. Es necesario mostrar a las masas un programa claro, indicarles el camino correcto y llevarlas a la única salida – a la lucha revolucionaria por la transformación del régimen capitalista en régimen socialista, a través de la dictadura del proletariado. En la época de la crisis general del capitalismo y de la revolución proletaria, la burguesía es incapaz de defender la democracia aún burguesa. Solo hay una alternativa – o fascismo o comunismo. La política stalinista de colaboración de clase y de la lucha por la democracia viene fracasando sucesivamente en todos los países y sólo abre y facilita el camino al fascismo. El último ejemplo, y el más trágico, es el de España. Los stalinistas traicionaron la revolución, se unieron a la burguesía española y al imperialismo “democrático”, y el fascismo está venciendo.

También en Brasil los hechos sucedieron de modo idéntico. La burguesía se mostró incapaz de defender las más mezquinas migajas de la democracia burguesa que aún restaban y prefirió entregar la gestión de sus negocios a un gobierno bonapartista. El proletariado, a remolque de la burguesía, víctima de ideologías pequeñoburguesas, es un campo propicio a la demagogia. La pequeña burguesía comienza a pasarse a la reacción (Cascardo).

Sólo una clase en el período actual está interesada en el mantenimiento de las libertades democráticas y en la conquista de nuevas libertades. El proletariado, para resistir a la ofensiva patronal, necesita del derecho de huelga, de la libertad de reunión, organización y prensa. Y la reconquista de esos derechos suprimidos sólo se podrá dar en el devenir del proceso revolucionario, en la medida que se forjen su conciencia de clase y su vanguardia – el partido del proletariado. El derrumbe del actual gobierno no se dará a través de plebiscitos (cuya fecha depende de la voluntad exclusiva de Getulio) ni a través de bloques de clase (?) y sí a través de un poderoso movimiento insurreccional de las masas trabajadoras, arrastrando las capas no proletarias, y cuyo proceso permanente nos llevará a la dictadura del proletariado – la revolución socialista.

Pero ese movimiento no surgirá espontáneamente. Se incubará lentamente hasta ganar fuerzas y explotar potente e invencible, en función de la situación objetiva nacional e internacional y en función de los factores subjetivos – conciencia de clase y partido.

Nos incumbe crear el partido, forjar en la lucha implacable contra el stalinismo, el oportunismo, el nacionalismo, etc. La vanguardia conciente del proletariado, armada con los principios inmortales del marxismo y de la metodología revolucionaria del bolchevismo-leninismo.

Las tareas centrales, urgentes y vitales son: formación de militantes revolucionarios, consolidar una vanguardia, formación de una conciencia de clase del proletariado.

Sólo una bandera, la bandera de Marx, Lenin y Trotsky, la bandera del comunismo, la bandera de la IV internacional, la bandera de la revolución proletaria, podrá conducirnos a la victoria.

El Comité Central Provisorio del Partido Obrero Leninista.

20/11/37.



[1] Se refiere al Palacio de Cattete, en la ciudad de Río de Janeiro (Capital de Brasil), aquí alude al apoyo de Vargas. (NdE)

[2] Alcalde del Distrito Federal (Rio de Janeiro), principal escenario de la represión de Vargas a los movimientos de 1935. (NdE)

[3] José Antônio Flores da Cunha (1880-1959): Militar, interventor del Estado de Rio Grande do Sul entre 1930 y 1937. Durante 1937 se alejó de Vargas, buscando aumentar su influencia nacionalmente, lo que le costó el alejamiento del cargo y el exilio en Uruguay por 5 años. (NdE)

[4] Documento que revelaba el “plan Cohen” que contenía un supuesto plan de los comunistas para una nueva insurrección. Vargas lo utilizó como pretexto para el golpe que instauró el Estado Novo. El documento era una falsificación del capitán integralista Olímpio Mourão Filho, quien fue también parte activa del golpe militar de 1964 en Brasil. (NdE)

[5] Boletín de discusión editado por el POL. (NdE)

[6] Militares brasileños que apoyaban a Vargas. (NdE)

[7] Militares brasileños que no apoyaron el golpe de 1937, pero que participaron de la “revolución” de 1930. (NdE)

[8] Adhesión al gobierno de Getúlio Vargas. (NdE)

[9] Gobernador del Estado de Minas Gerais, leal a Vargas. (NdE)

 



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