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El movimiento stajanovista

N. Markin [León Sedov][1]

 

Traducción especial para este boletín de Pedro Bonanno, tomado de New International, Vol. 3 Nº 1, febrero de 1936, pp. 9-13. Las notas fueron preparadas para esta edición.

 


Su significado real y las distorsiones burocráticas
Durante la noche del 31 de agosto, Alexei Stajanov, un minero de 29 años de edad, de orígenes campesinos, extrajo 102 toneladas de carbón durante un turno de seis horas usando su taladro neumático, muy por encima de la producción promedio, entre 6 y 7 toneladas. (El mejor promedio de producción de Europa [Polonia, el Ruhr] ronda las diez toneladas, con un máximo de 16 a 17 toneladas.) El “movimiento stajanovista” vio la luz ese mismo día.

 

Poco tiempo después, los periódicos soviéticos rebosaban de noticias acerca de otras hazañas similares, donde diversos récords eran superados. Boussygin, un tornero (de la planta automotriz de Gorki) forja unos 112 a 127 cigüeñales por hora (mientras que los operarios de las plantas de Ford producen tan sólo 100 por hora). En lo que respecta a forjar ruedas en un torno, la norma es seis pares por turno, pero un obrero stajanovista forjó 12 pares. Este récord fue a su vez batido rápidamente: el número se elevó a 15, después a 17 y por último a 18 pares. En las minas de cobre de los Urales, un minero de apellido Ivanchikov produjo durante un solo turno un 970% más por encima del promedio, o sea, diez veces más que la productividad promedio de la industria. Ese día ganó 320 rublos, es decir, una cantidad que representa casi el doble del salario mensual promedio de un obrero soviético. Las hermanas Vinogradov, tejedoras de oficio, pasaron de hilar 70 bobinas a 144 bobinas. En la región metalúrgica de Krivor Roig, un minero stajanovista logró superar el promedio, primero en un 2.300%, y luego llegó a un 2.500%! El propio récord establecido por Stajanov fue batido muy rápidamente: el minero Gobatiuk produjo 406 toneladas de carbón durante un solo turno. Pocos días más tarde, el minero Borisov produjo casi 800 toneladas, sobrepasando todos los récords previos, situándose unas 46 veces por encima del promedio! ¿Cómo se logran todos estos récords?
¡Estas son cifras magníficas!
Echemos un vistazo para saber si son reales, cuáles son las razones que explican las causas subyacentes de estos resultados sorprendentes, y por qué medios se obtienen.

 

Antes que nada, debemos efectuar una observación de orden general. En años recientes, la industria soviética ha crecido enormemente, y se ha enriquecido con la adopción de nuevas mejoras tecnológicas. Pero hasta ahora, el crecimiento de la industria soviética se expresaba principalmente en los índices cuantitativos, en los incrementos de los volúmenes de producción. Ha habido un crecimiento ininterrumpido en el número de fábricas –a menudo instalaciones muy modernas– y de las máquinas más perfeccionadas, pero el volumen de producción por máquina había aumentado muy levemente hasta el año pasado. En otras palabras, la tecnología existente ha estado funcionando a un nivel extremadamente bajo, y su rendimiento es sólo una minúscula fracción del nivel alcanzado por esa misma tecnología en Estados Unidos o en Alemania. Es precisamente este bajo nivel de utilización de la tecnología avanzada el que ha creado la posibilidad misma para este vertiginoso salto en la producción. Si un motor preparado para funcionar a 1.000 revoluciones por minuto funciona tan sólo a 100 revoluciones, es relativamente fácil, bajo condiciones normales, acelerarlo hasta que llegue a 1.000 revoluciones, pero es muy difícil (y a menudo peligroso) acelerarlo hasta que alcance, digamos, 1.050 revoluciones. Los motores de la industria soviética han estado funcionando a una velocidad muy baja. Esta diferencia de nivel entre el potencial latente que anida en la tecnología avanzada y su subutilización efectiva fue, en la esfera de la producción, la condición preliminar necesaria para el nacimiento del movimiento stajanovista. Pasemos revista ahora al trabajo de Stajanov. Un minero, según relata Stajanov, trabajaba no más de 2 horas y media o 3 con su taladro neumático, y el resto del tiempo tenía que hacer trabajos de apuntalamiento, esto es, tenía que realizar tareas auxiliares mientras el taladro permanecía inactivo. Durante una jornada laboral de dos turnos, el taladro neumático era utilizado sólo 5 ó 6 horas en vez de 12. En la actualidad, el taladro de Stajanov funciona durante 6 horas sin parar (en vez de 2 horas y media), y el trabajo de apuntalamiento es realizado por otras personas. En otras palabras, se ha creado una división elemental del trabajo, que ha traído aparejado un gran incremento en la productividad. Muchas otras mejoras han sido introducidas en el proceso de producción mismo, con un subsecuente aumento en la eficiencia. Pero el hecho de que se hayan agregado trabajadores auxiliares torna necesario introducir, de modo inmediato, importantes correcciones en los récords mencionados, un factor que Ordjonikidze[2] en persona reconoció durante el Congreso Stajanovista que tuvo lugar recientemente en Moscú. “A veces se cree que un solo hombre [Stajanov – N.M.] produjo 102 toneladas. Esto no es verdad. Esas 102 toneladas fueron producida por una brigada entera”. Así, si el volumen de producción se divide por el número total de obreros que componen la brigada, se obtiene una cifra diferente de las 100 toneladas, o más, por obrero. Ésta ronda las 30 ó 35 toneladas, la cual, en comparación con la productividad máxima lograda anteriormente, unas 14 toneladas, representa un aumento considerable, pero de proporciones mucho más modestas. Aquí tenemos un aumento de la productividad del trabajo que es 2 ó 2 veces y media mayor, pero no 15 ó 20 veces mayor.
La irregularidad de los resultados
 

Otra causa esencial que explica los récords mencionados antes radica en el hecho de que aquí no nos vemos confrontados con una jornada de trabajo promedio, bajo condiciones normales de producción, sino con una preparación muy especial, que por lo general se efectúa durante un periodo de tiempo considerable. Todavía más, el obrero que bate récords de producción trabaja con una intensidad extraordinaria, a un ritmo que, por supuesto, no puede sostener durante un periodo de tiempo muy largo. (Señalemos también, como un hecho interesante, que se ha creado una función especial en el seno de la brigada stajanovista: la del trabajador que releva a los hombres fatigados, una función que por su misma naturaleza revela la particular sobrecarga de trabajo que sufre la fuerza de trabajo.) Así, los récords, en su gran mayoría, se obtienen bajo condiciones del todo especiales y completamente artificiales, y por medio de esfuerzos muy intensos. Esta es la razón por la que los récords no sólo son inestables, sino que tampoco son indicativos, en tanto tendencia, de un aumento en la productividad media del trabajo. 


En la mayoría de los casos, los récords en sí mismos poseen un carácter bastante único. No fue por azar que Ordjonikidze, al presentar a uno de los stajanovistas, Sorokov, como un fenómeno a todas luces extraordinario, ante el Congreso Stajanovista (14 al 17 de noviembre de 1935), destacó que: “Este camarada ha batido récords no por un par de días, sino durante un periodo de tres meses”. Lo que un stajanovista logró producir ayer, no es capaz de producirlo al día siguiente. Las causas básicas de esto son: la falta generalizada de organización en la industria, las desproporciones existentes dentro de cada planta, las que existen entre las diferentes ramas de la industria, y otras por el estilo. La brigada del stajanovista Sujorukov extrae 150 volquetes de carbón un día, 80 volquetes al día siguiente, y así sucesivamente, siguiendo una curva completamente irregular (Trud, 20 de octubre de 1935). La brigada del stajanovista Zhukov produce entre 80 y 90 toneladas de carbón un día, y al día siguiente no obtiene más que 8 toneladas (¡menos de la décima parte!). Pero en la siguiente jornada llega a las 92 toneladas, para volver a bajar al otro día, cuando la productividad cae otra vez a 20 toneladas (Trud, 24 de octubre de 1935). Según los periódicos, las causas de esto son: las horas muertas a causa de desperfectos en los motores, el funcionamiento deficiente de la cinta transportadora, etc, y también la fatiga acumulada del día anterior (lo cual revela por lo general la fatiga que experimenta el obrero stajanovista). En la planta “Lenin” de construcción de locomotoras, “los éxitos de los stajanovistas probaron ser efímeros. Tan sólo unos pocos días más tarde, el volumen producido por los torneros cayó abruptamente. En este momento, hay días durante los cuales no se alcanza siquiera a producir el promedio”. (Trud, 1 de noviembre de 1935). En una investigación realizada entre 120 mineros que se habían quedado rezagados, se estableció que sólo uno de ellos podía ser considerado “perezoso”, mientras que los otros se habían rezagado a causa de la falta total de organización en la producción, y debido a otros motivos técnicos. El número de Trud correspondiente al 2 de noviembre publica extractos interesantes tomados del “diario íntimo” de un minero stajanovista. De estas notas, surge el siguiente hecho digno de mención: de quince días, el autor del diario sólo trabajó dos jornadas completas, mientras que no trabajó en absoluto durante cinco días consecutivos, y sólo trabajó parte de la jornada en los días siguientes. Además, fue transferido de un puesto a otro, ya sea porque su máquina no estaba lista o la veta de carbón no estaba preparada para la extracción, o bien no había madera para efectuar tareas de apuntalamiento, o no había volquetes de carbón para cargar, y otras falencias por el estilo. Boussygin, el obrero que más récords rompió después de Stajanov, (que ya fuera mencionado antes) se encuentra en una situación similar. Ni bien los periódicos habían anunciado las resonantes noticias acerca de sus récords (Boussygin, según parece, ha imitado obsecuentemente a los torneros de la Ford), se supo que Boussygin, al día siguiente “no pudo trabajar a toda velocidad, ya que su taladro no había sido adecuadamente preparado”. Al día siguiente, Boussygin “estuvo sin trabajar durante dos horas porque la administración de su sector no había preparado su taladro, y no había cambiado las mechas”. Al día siguiente, Boussygin pasó una hora y media sin trabajar y, además de esto, manufacturó “un producto completamente inservible. Se estableció que se había confundido el grado de acero en la sección de insumos” (Pravda, 23 y 24 de noviembre de 1935). Esta es la situación en la que se encuentra uno de los más famosos stajanovistas, que trabaja bajo condiciones excepcionalmente privilegiadas. Boussygin “armó tal batahola que toda la fábrica se puso en pie”, “Boussygin hizo sonar la alarma”, “Boussygin atravesó el taller acompañado por el director”. Boussygin declara: “Tengo varias cuestiones que plantear, hay muchas cosas que deberán cambiar”, y declaraciones por el estilo. Boussygin puede tomarse todas estas libertades, pero los obreros de base no se atreven a suspirar siquiera. La administración, naturalmente, teme a Boussygin y a los otros obreros que han batido récords como él: ésta les concede condiciones de trabajo que son particularmente favorables, les brinda un servicio especial y los coloca por encima del resto. Uno puede, sin dificultad, representarse la situación de los obreros de base, muy diferente de la de los stajanovistas. Incluso el periódico Trud declara: “No debemos preocuparnos sólo por aquellos obreros que ya han batido récords”. Nuevamente vemos aquí el carácter completamente irreal de los récords de Boussygin –así como también los obtenidos por los otros obreros–, quien, según se nos dice, ha sobrepasado los promedios norteamericanos. Boussygin ha logrado, en varias ocasiones, producir 127 cigüeñales en una hora, mientras que los torneros de las plantas de Ford producen nada más que 100. Pero la diferencia entre ellos radica en esto: que los torneros de la Ford lo hacen a cada hora, ayer y hoy, antes de ayer y mañana. En otras palabras, esto representa una norma promedio, el estándar norteamericano, y no un récord. Boussygin, en cambio, produce 127 cigüeñales en una hora, y durante la hora siguiente es posible que no produzca ninguno.  “Emulación” Se ha hecho una gran alharaca acerca de estos logros. Una hilandera, Odintsova, anuncia ante el Congreso Stajanovista que se está preparando para operar 150 telares. Las hermanas Vinogradov, dos mujeres que también han batido récords de producción, les gritan en respuesta: “Y nosotros llegaremos a 208 [risas, aplausos en la sala]”. Estos incidentes abundan, y los líderes que conducen el Congreso alimentan a conciencia este espíritu “competitivo”, aprobándolo, incitándolo, etc. Ni hace falta decir que esta alharaca, que envuelve al movimiento stajanovista, es un fenómeno completamente pernicioso, hacia el cual los obreros soviéticos no pueden más que abrigar sentimientos completamente negativos, e incluso hostiles. Lenin subrayó una vez, hablando acerca del tema de los récords obtenidos por la racionalización norteamericana: “Bajo el capitalismo, esto es una tortura, o un engaño”. Hay elementos de “tortura y engaño” en los récords soviéticos también. Ya hemos señalado el hecho de que estos récords no indican una tendencia al crecimiento de la productividad promedio del trabajo. Ahora pasaremos a demostrar, usando la mina en la que trabaja Stajanov como ejemplo, lo irrisorio que ha sido el efecto que estos récords han tenido sobre la productividad promedio. En esta mina, aparte de Stajanov, trabajan también varios obreros que han obtenido logros similares, y que incluso lo han “sobrepasado”. La mina produjo 8.120 toneladas de carbón en octubre, mientras que había producido 8.065 toneladas en septiembre, es decir, se produjo un incremento de sólo siete décimas partes del 1% en la productividad. No obstante, si tomáramos en cuenta no sólo la cantidad de carbón extraído, sino también la cantidad transportada a la superficie y la carga en los volquetes, el crecimiento sería incluso menor. En otras ramas de la industria, nos encontramos con una situación análoga. Por supuesto, no debemos perder de vista el hecho de que estamos todavía en los comienzos del movimiento. ¿Por qué ha surgido el movimiento stajanovista? ¿Debemos concluir, de lo dicho más arriba, que el movimiento stajanovista –considerado no como una serie de récords aislados, sino en tanto movimiento con miras a elevar la productividad del trabajo– es un “bluff”, carente de perspectiva alguna? En absoluto. En nuestra opinión, este movimiento, purgado del espíritu que alienta los récords y la alharaca propagandística, tiene un gran futuro ante sí. Permítannos esbozar las causas fundamentales para ello.
Ya hemos señalado más arriba que la subutilización de las nuevas, y a menudo poderosas, tecnologías es la causa básica que alienta la existencia misma del importante incremento en la productividad del trabajo. Por otro lado, hemos indicado la necesidad de un enfoque agudamente crítico de los resultados arrojados por los récords, pero todavía no hemos respondido una pregunta de importancia primordial: ¿Por qué emergió el movimiento stajanovista “repentinamente” hacia finales de 1935? ¿Qué fuerzas le dieron aliento? ¿Por qué no surgió, digamos, hace uno o dos años, cuando la tecnología avanzada ya se encontraba disponible? Stalin, en un discurso de tono extraordinariamente vulgar que dio ante los stajanovistas, brindó la siguiente explicación de este fenómeno: “La existencia se ha tornado más dichosa y feliz. Y cuando la gente vive dichosa, el trabajo avanza a pasos agigantados” (Pravda, 22 de noviembre de 1935). La cuestión es muy sencilla, según parece: el obrero soviético aumenta la productividad del trabajo en razón de la “dicha” que experimenta, y esta dicha se debe, por supuesto ¡a Stalin! Molotov[3], que sometió a cada uno de los oradores del Congreso a un minucioso interrogatorio, les preguntó porqué trabajaban ahora con métodos stajanovistas, sin haberlo hecho previamente. Molotov nos brinda una explicación más realista: “En muchos lugares, el impulso inmediato para aumentar la productividad del trabajo, por parte de los stajanovistas, surgió del deseo de aumentar sus salarios”. (Pravda, 19 de noviembre de 1935). Parece que Molotov ha tenido más éxito que Stalin en descubrir América.
En todos los comunicados de prensa, en todos los discursos de los stajanovistas, el leit motiv que se repite es el mismo: el interés material personal. Éste es el estímulo fundamental del movimiento stajanovista, y es precisamente esto lo que asegura su crecimiento indudable en el futuro cercano. Estas condiciones de interés personal han sido creadas en un periodo muy reciente, que está relacionado con el curso hacia la estabilización del rublo, la eliminación de las tarjetas de racionamiento de alimentos, y la normalización del sistema de abastecimiento. Tan sólo unos meses atrás, la cantidad que un trabajador obtenía en rublos jugaba un rol relativamente modesto en su presupuesto, en razón de que éste se basaba en los productos distribuidos por la cooperativa de la fábrica, y a través del comedor de la fábrica, etc. Bajo estas condiciones, una cantidad mayor o menor de rublos no hacía una gran diferencia. Pero, bajo las nuevas condiciones, cuando el rublo se está convirtiendo nuevamente en el “equivalente universal” de las mercancías –seguramente que es todavía un equivalente muy imperfecto e inestable, pero es un equivalente al fin–, el obrero soviético, en su lucha por aumentar su salario, se ve impulsado a aumentar la productividad de su trabajo. Esto es así porque los jornales por pieza producida (trabajo a destajo), que fueron introducidos hace ya tiempo en toda la URSS, expresan en forma automática, en rublos, el crecimiento de la productividad del trabajo de cada uno de los trabajadores.Los jornales por trabajo a destajo, que fueron introducidos hace mucho tiempo, se han convertido en la forma salarial prevaleciente, tanto en la industria como en el transporte, incluso en aquellas ramas donde hay dificultades en razón del carácter colectivo, “brigadista”, del trabajo. En la industria carbonífera, por ejemplo, el trabajo a destajo ya era la forma prevaleciente de trabajo, pero allí todavía se obtenían jornales según las denominadas brigadas de trabajo por productividad, esto es, una brigada de obreros recibía salarios para el grupo entero según la cantidad producida por la brigada, y dentro de la brigada los salarios eran divididos por partes casi iguales. Ahora está comenzando una transición –y se efectuará rápidamente allí donde no se haya realizado todavía– hacia una tasa diferencial basada en el trabajo a destajo. Es decir, cada trabajador recibirá una paga proporcional a lo que produce. En tanto la nueva tecnología ha creado las precondiciones para el movimiento stajanovista, el jornal por pieza producida, bajo las condiciones creadas por la reforma monetaria, ha puesto en marcha el movimiento. Y en el seno de la contradictoria vida económica soviética, con sus elementos de capitalismo y socialismo, el movimiento stajanovista no sólo se ha vuelto necesario desde el punto de vista económico, sino que es en cierta medida progresivo: en tanto y en cuanto aumenta la productividad del trabajo. Por supuesto, no es progresivo en el sentido de que “prepara las condiciones para la transición desde el socialismo [?] al comunismo [¡!]” (Stalin, Pravda, 22 de noviembre de 1935), sino en el sentido de que, en el seno de la economía transicional actual, de carácter contradictorio, éste prepara, por medio de métodos capitalistas, las precondiciones elementales para una sociedad socialista. En la época anterior a Stalin, el dinero y los jornales por trabajo a destajo no fueron nunca considerados como categorías del comunismo o del socialismo. Los jornales por trabajo a destajo fueron definidos por Marx “como la forma de salarios más adecuada al modo de producción capitalista” (El Capital). Y sólo un burócrata, que ha perdido los últimos vestigios que le quedaban de honestidad marxista, puede presentar esta retirada forzosa desde un “socialismo” que, supuestamente ya había sido alcanzado, y que conduce de vuelta al dinero y a los jornales por trabajo a destajo (y por lo tanto, a acentuar la desigualdad, al trabajo extenuante para los obreros, y al alargamiento de la jornada laboral) como “la preparación de la transición al comunismo”. La introducción del régimen de trabajo a destajo trae aparejada una profunda diferenciación en las filas de la clase obrera soviética misma. Si esta diferenciación se había visto frenada, hasta ahora, por el sistema de abastecimiento regulado –tarjetas de racionamiento, cooperativas y comedores en las fábricas–, cobrará renovado impulso bajo las condiciones de transición hacia una economía monetizada. No hay ningún país capitalista del mundo, en la actualidad, donde las diferencias salariales en el seno de la clase obrera sean tan grandes como en la Unión Soviética. En las minas, un minero no stajanovista obtiene entre 400 y 500 rublos, mientras que un minero stajanovista obtiene más de 1.600 rublos. El obrero auxiliar, que conduce un equipo hasta las entrañas de la mina, sólo obtiene 170 rublos si no es stajanovista, y 400 si está enrolado en el movimiento (Pravda, 16 de noviembre de 1935). Esto significa que un obrero llega a ganar casi diez veces más que otro. Y 170 rublos no representan, en absoluto, el salario mínimo, sino el salario promedio, según datos provenientes de las estadísticas soviéticas. De lo que se deduce que hay trabajadores que no ganan más que 150, 120 o incluso 100 rublos. Un obrero especializado y muy calificado, Kaslov (de la fábrica de construcción de motores de Gorki), ganó 950 rublos en la primera quincena del mes de octubre. Esto representa un monto 12 veces más alto que el sueldo de un auxiliar de minas, y está 16 veces por encima del salario de un obrero que obtiene 120 rublos. Los obreros textiles stajanovistas obtienen 500 rublos, o más, mientras que los que no son stajanovistas obtienen 150 rublos, o incluso menos (Pravda, 18 de noviembre de 1936). Los ejemplos que damos no indican, en absoluto, los límites, ya sea en cuanto a topes máximos o montos mínimos. Se podría demostrar, sin dificultad alguna, que los salarios de las capas privilegiadas de la clase obrera (de la aristocracia obrera en el sentido pleno de la palabra) son 20 veces más altos, a veces incluso más, que los salarios de los obreros con bajos salarios. Y si se toman en cuenta los sueldos percibidos por los especialistas, el cuadro de la desigualdad se torna verdaderamente siniestro. Ostrogliadov, ingeniero en jefe de una mina que sobrepasa con creces el plan, obtiene 8.600 rublos por mes. Conste que no es más que un modesto especialista, y su salario, por lo tanto, no puede considerado como algo excepcional. De este modo, los ingenieros a menudo ganan entre 80 y 100 veces más que un obrero no calificado. ¡Esta desigualdad ha cobrado nueva vida hoy, 18 años después de la Revolución de Octubre, casi en la víspera, según las palabras de Stalin, del “tránsito del socialismo al comunismo”! A esto hay que agregarle otros privilegios personales de que gozan los stajanovistas: lugares reservados para ellos en las casas de descanso y en los sanatorios, reparaciones en sus viviendas, lugares para sus hijos en los jardines de infantes (Trud, 23 de octubre de 1935), acceso gratuito a los cines, etc. Además de esto, los stajanovistas pueden acceder a un servicio de peluquería sin tener que aguardar en la cola (Donbass, Trud, 11 de noviembre de 1936), tienen derecho a lecciones gratuitas en sus hogares para ellos y sus familias (Trud, 2 de noviembre de 1935 y otras fuentes), atención médica gratuita durante el día y la noche, etc., etc. Creemos que la dirección estalinista está colocando a los stajanovistas en una posición muy privilegiada no sólo con el fin de fomentar un aumento en la productividad del trabajo, sino también con el propósito de alentar, en forma deliberada, la diferenciación en el seno de la clase obrera, con el objetivo político de conquistarse una base de apoyo, mucho más estrecha, sin duda, pero también más firme: la aristocracia obrera. La pronunciada diferenciación en las filas de la clase obrera, la formación de una aristocracia en su seno, torna más agudos los antagonismos internos. Tampoco debe sorprendernos el hecho de que el movimiento stajanovista sea recibido de manera hostil por la masa obrera. Esto ni siquiera la prensa soviética puede disimularlo. La hostilidad toma varias formas, que van desde las bromas hasta el asesinato. Y entre aquellos que se mofan se encuentran obreros comunistas, e incluso obreros que tienen pequeños puestos de responsabilidad en el partido o los sindicatos (Trud, 3 de noviembre de 1935). 

Los líderes han convocado a luchar contra los “saboteadores”. El gobernador general de Ucrania, el estalinista Postychev, declara: “La lucha contra los saboteadores y aquellos que oponen resistencia al movimiento stajanovista… es uno de los principales frentes de la lucha de clases en este momento” (Pravda, 13 de noviembre de 1935). El lugarteniente de Stalin en Leningrado, Zhdanov, dice lo mismo:

 “En ciertas empresas, el movimiento stajanovista se ha topado con una cierta resistencia, incluso de parte de los obreros atrasados… El partido no se detendrá ante nada para despejar el camino del movimiento stajanovista hacia la victoria, barriendo a todos aquellos que se le opongan”. (Pravda, 18 de noviembre de 1935).
¿Tienen efecto estas amenazas sobre los obreros? Los extractos que mostramos a continuación muestran que, en todo caso, los obreros no están dispuestos a ceder sin luchar, allí dondequiera que sus intereses vitales estén en juego.
El periódico Trud del 18 de noviembre informa que “en la mina número 5, el minero Kirilov le propinó una golpiza al jefe de sección, quien le exigía que hiciera un buen trabajo de apuntalamiento detrás del minero stajanovista Zamsteyev”. Veamos qué sucedió: la aplicación de los métodos stajanovistas en las minas de carbón conduce a una considerable reducción en el número de mineros (por ejemplo, en la mina donde trabaja Stajanov, su número se redujo de 36 a 24). El desempleo no es una amenaza para ellos, pero una parte de los mineros son transferidos al trabajo auxiliar de apuntalamiento, que es mucho peor pago. Esta es la situación en que se encontraba el minero Kirilov. En el mismo número de Trud se relata cómo dos obreros “efectuaron una maliciosa agitación contra los métodos stajanovistas. Jagtirev trató de persuadir al obrero Kurlitchev, stajanovista, de que no trabajara. Como resultado de esto, el trabajo en esta sección se vio afectado”. Los stajanovistas se quejan de que “el trabajo sólo avanza allí donde hay supervisión” (Trud, 24 de septiembre de 1935). En Odessa, en la planta de construcción de maquinaria pesada, el obrero Poliakov atacó al stajanovista Korenozh con una barra de hierro. Poliakov ha sido expulsado del sindicato, ha perdido su empleo y se planea entregarlo a los tribunales a modo de ejemplo (Trud, 23 de octubre de 1935). En Marionpole, en la planta Azorstal, dos obreros, Chisjakov y Khomenko fueron sentenciados a dos y a cuatro años de prisión por haber amenazado de muerte a un jefe de brigada stajanovista. En la planta Krasny Shtampovchik, una obrera stajanovista encontró una escoba sucia sobre su telar, con la siguiente nota: “Para la camarada Belozh: Se le ofrece este ramo de flores en reconocimiento por haber triplicado la producción” (Trud, 1 de noviembre de 1935). Fueron necesarios seis días para encontrar a los culpables. Entre ellos se encontraba el delegado de la planta, Muraviev. Fueron despedidos, pero sus superiores exigieron que el asunto fuera llevado ante los tribunales. Trud (12 de noviembre de 1935) informa que “los obreros textiles, que han llevado adelante su labor en forma intensiva, se han enfrentado, y todavía se enfrentan, con grandes obstáculos. La luchas de clases [!!] se manifiesta a cada paso”. Un pequeño ejemplo: “…las ventanas del entrepiso fueron abiertas para dejar salir el aire pestilente, contaminando así la fábrica”. En otra fábrica: “Las lanzaderas fueron enjabonadas en decenas de telares. Todas estas acciones encubren acciones de sabotaje. En la fábrica El Bolchevique, el enemigo desvergonzado [esto es, los mismos obreros – N. M.] abiertamente se burlaron del obrero Udotzev, quien operó 144 telares automáticos”. Un obrero stajanovista cuenta cómo se mofaron de él: “Vinieron y me dijeron: ¡qué flaco que estás! ¡qué pálido te has puesto! ¡estás a punto de desaparecer!” Izvestia del 28 de septiembre informa que, en la sección 25 de la fábrica de cajas de Moscú, los obreros Kolnogorov, padre e hijo, “le recriminaron al stajanovista Solovin que había bajado el jornal por pieza trabajada, e incitaron a los obreros Naumov y Kiepekin, quienes vivían con los Kolnogorov, a colocar papeles encendidos bajo los pies de Solovin, mientras éste dormía. Este acto bestial le provocó serias quemaduras a Solovin. Los criminales fueron arrestados”. En la fábrica Aviakhin, el obrero Krikov a menudo sobrepasaba la norma, mientras que los obreros más calificados producían menos que él: “El 14 de octubre, todo quedó claro. Karpov le dijo lo siguiente a Krikov: No trabajes tan duro y no sobrepases la norma. Exige, por el contrario, que aumenten el jornal por pieza…” Krikov informó acerca de este hecho a la administración, y el obrero Karpov, que inicialmente había sido despedido, fue reincorporado con una severa amonestación, luego de haberse arrepentido (Pravda, 17 de noviembre de 1935).
El mismo número de Pravda cuenta que, en Smolensk, “los obreros atrasados comenzaron a perseguir al tornero Likhoradov, stajanovista... Las cosas llegaron a un punto en el cual un tal Sviridov rompió un engranaje y arrancó la correa de transmisión de Likhoradov”. Likhoradov mismo declara (Pravda, 17 de noviembre de 1935): “Cuando había hecho siete zunchos [es decir, cuando había excedido considerablemente el promedio – N. M.], se creó bastante revuelo. Los elementos hostiles estaban dispuestos a lincharme”.
La prensa soviética llama a los obreros que se resisten al movimiento stajanovista “elementos perniciosos”. “El método favorito de aquellos que combaten el movimiento stajanovista consiste en causar daños y romper la maquinaria”, escribe Trud. Pravda (3 de noviembre de 1935) comunica que, en Tambov, cuatro obreros stajanovistas “al llegar al trabajo, encontraron que sus cajas de herramientas habían sido destruidas y sus herramientas habían sido robadas”. La lucha es tan aguda que, en ciertas ocasiones, por suerte raras, toma la forma de actos terroristas. “En la noche del 23 de octubre, el stajanovista más destacado de la fábrica Trud, el cerrajero Shmirev, fue asesinado… Los criminales han sido arrestados”. (Pravda, 19 de octubre de 1935). Pocas semanas más tarde, Pravda anuncia que “los asesinos han sido sentenciados a muerte por un tribunal militar”. En la mina Ivan, el mejor stajanovista, Nicolas Tsekhnov, fue muerto “con el fin de evitar la implementación del sistema stajanovista en la sección… Los criminales han sido arrestados” (Izvestia, 30 de octubre y 2 de noviembre de 1935). Ya hemos mencionado el hecho de que los stajanovistas a menudo trabajan a expensas de sus colegas. Trud (23 de octubre de 1935) comunica: “Los stajanovistas están sobrecargados de trabajo, mientras que sus compañeros holgazanean”. El mismo diario dice en otra parte: “Los éxitos de los stajanovistas han provocado la reducción del número de obreros en ciertas ramas: una nueva lucha ha comenzado”.Shura Dimitrov, un obrero stajanovista, declaró sin rodeos ante el comité de fábrica: “Esta situación me tiene harto. O lo solucionan, de modo tal que todo el mundo tenga trabajo para hacer, o bien traen de vuelta a los obreros sin que yo tenga que dejar de trabajar así”. No es difícil imaginar el estado de ánimo prevaleciente en la planta bajo semejantes condiciones. El capataz de la fábrica Primero de Mayo [en Leningrado], Soldatov, dice: “Cuando no había ningún stajanovista, nadie holgazaneaba, pero con los stajanovistas, la holgazanería ha comenzado” (Trud, 2 de octubre de 1935).
Hemos dado un número tan grande de citas con el fin de demostrar la agudeza de la lucha que se libra en el seno de la clase obrera en torno al movimiento stajanovista. Si bien el movimiento stajanovista no amenaza todavía a los obreros soviéticos con el desempleo –la industria, con su poderoso crecimiento, es todavía capaz de absorber todas las manos obreras que todavía no encuentran ocupación–, sí los amenaza con la pérdida de sus puestos. Los amenaza con ser transferidos a puestos auxiliares, con una excesiva tensión física, con reducciones salariales, etc. Cuanto más diferenciación se fomente en la clase obrera, más se ampliarán la desigualdad económica y los antagonismos. Sería absurdo pensar que la mayoría de los obreros, o incluso una porción considerable de ellos, pueda convertirse en stajanovista. El aumento de salario obtenido por los stajanovistas ya ha provocado, sin duda, incomodidad en las filas de la burocracia. Ocupada con la estabilización de la moneda corriente soviética, ésta no puede “repartir” rublos a discreción en todas direcciones. Stalin ha declarado abiertamente que los parámetros técnicos actuales deben ser reajustados “ya que han dejado de ser acordes con la realidad; hay que poner marcha atrás y poner los frenos… Aquellos deben reemplazados por nuevas normas técnicas, más elevadas”, las cuales “son necesarias, además, con el fin de empujar a las masas atrasadas hacia las más avanzadas”. Eso está muy claro. Estas nuevas normas, según Stalin, deben “situarse en algún punto intermedio entre las normas actuales, y las obtenidas por los Stajanov y los Boussygin (Pravda, 22 de noviembre de 1935). Y la elevación de las normas técnicas indudablemente irá seguida de una reducción de los jornales por pieza, lo cual significa que los niveles salariales sufrirán un duro golpe. En muchas empresas, los jornales por pieza fueron reducidos por el gerente, inmediatamente después de los primeros récords logrados por los stajanovistas. Esto es lo que el obrero soviético percibe y esto es lo que lo alarma. Y entonces busca el camino de la autodefensa, y protesta a su manera, como hemos visto a partir de los hechos que aparecen en las crónicas.

Es muy probable que estemos en la antesala de una oleada de serias luchas económicas defensivas en la URSS. Esta lucha inevitablemente tendrá un carácter no sincronizado y atomizado. La clase obrera de la URSS no tiene sindicatos, no tiene partido. Esas organizaciones completamente degeneradas que se denominan a sí mismas “sindicatos”, son consideradas por los burócratas mismos (aquellos que pertenecen a otras organizaciones) como un apéndice en bancarrota de los organismos económicos del estado. Esto lo reconoce abiertamente la prensa soviética.

 Las cuestiones relativas a la defensa de los intereses económicos de la clase obrera soviética cobrarán una enorme importancia, en el futuro cercano. Los obreros, inevitablemente, aspirarán a construir sus propias organizaciones, no importa qué tan primitivas sean, organizaciones que sean capaces, por lo menos, de defender los intereses directos de los obreros en cuestiones vitales como la jornada laboral, el descanso, las vacaciones, el salario. Desearán erigir una muralla contra la presión de la burocracia hacia la intensificación del trabajo, ya sea que ésta se exprese bajo la máscara del movimiento stajanovista o cualquier otra.
La tarea de los bolcheviques-leninistas es ayudar a la clase obrera de la URSS, en esta lucha contra las enormes desviaciones burocráticas en el campo de la lucha por aumentar la productividad del trabajo. Sobre todo, debemos ayudar al obrero soviético avanzado –sobre la base de una activa participación en el incremento del poderío económico del país– a formular correctamente, a lanzar y popularizar entre las masas aquellas reivindicaciones, consignas fundamentales, (una suerte de programa mínimo) de defensa de los intereses de la clase obrera contra la burocracia, contra su arbitrariedad, sus atropellos, sus privilegios, su corrupción. Es muy probable que, sobre la base de los éxitos industriales y de cierto aumento en el nivel de vida de las masas, al menos de sus capas superiores, – un incremento muy por detrás de los avances industriales– el obrero soviético tome nuevamente la senda, mediante la defensa de sus intereses económicos elementales, de la lucha política. Así se abrirá la perspectiva para la regeneración de la Revolución de Octubre.

12 de diciembre de
1935 



[1] N.Markin era el seudónimo de León Sedov (1906-1938). Fue el hijo mayor de León Trotsky y Natalia Sedova. Militó de las Juventudes Comunistas. Se unió a las filas de la Oposición de Izquierda y acompañó a sus padres en su último exilio. Fue una importante figura política con personalidad propia; coeditó con Trotsky el Biulleten Oposzitsi y fue durante años miembro del Secretariado Internacional. Murió en un hospital de París, poco antes de la fundación de la Cuarta Internacional, en circunstancias que indican que fue víctima de un asesino de la GPU.
[2] Gregori Orjonikidze (1886-1937) fue un viejo bolchevique y organizador de la fracción stalinista, más adelante estuvo a cargo de la industria pesada. Aun­que siguió siendo un stalinista leal, todavía no se conocen públicamente las circunstancias que rodearon su muerte. [3] Viajeslav M. Molotov (1890-1986): viejo bolchevique, en 1920 fue electo para el Comité Central del PC ruso, y pronto se convirtió en un ardiente stalinista. Fue miembro del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista (1928-1934), presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo (1930-1941). Fue eliminado de la dirección en 1957 por oponerse al programa de “desestalinización” de Jruschov.



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