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El trotskismo argentino y los orígenes del peronismo

 

Por Alicia Rojo

Introducción

Este trabajo es parte de una investigación sobre los orígenes del trotskismo argentino, en el que estudiamos el surgimiento de los primeros grupos, su desarrollo durante la década del ‘30 y sus posicionamientos frente al peronismo.

En este artículo enfocaremos el proceso de surgimiento del peronismo desarrollando las posiciones de los grupos trotskistas acerca del carácter de éste. No pretendemos hacer un estudio exhaustivo del peronismo, proceso cuya complejidad y la amplísima bibliografía que ha producido, excede los marcos de este artículo. Asimismo, la amplitud de las fuentes amerita un estudio detallado de las posiciones de los grupos que será objeto de nuestro trabajo de investigación, así como el análisis del conjunto de los grupos. El objetivo aquí es describir las posiciones de los grupos trotskistas desde el análisis de sus publicaciones y ensayar una evaluación a partir de nuestras definiciones de los fenómenos de los nacionalismos burgueses. En este sentido constituye una primera aproximación al tema. Partimos para eso de los trabajos existentes pero proponemos una óptica comparativa de distintas corrientes, a la vez que aportamos elementos para un análisis sobre el peronismo y la situación de la clase obrera en la etapa, como base para evaluar las posiciones de los grupos estudiados.

Consideramos el tema de este trabajo de gran importancia. Por un lado, porque hace a los orígenes del trotskismo argentino que se constituirá en una corriente fundamental de la izquierda argentina. Por otro lado, porque refiere a un tema clave en la historia argentina en general y para la clase obrera en particular, como lo es el peronismo. Tema que remite a una problemática clave para los países semicoloniales como los nacionalismos burgueses y hace a la reflexión acerca del carácter y las tareas de la revolución en estos países, en particular a la liberación nacional.

Nos concentraremos en el análisis de tres de los cinco grupos trotskistas existentes en 1945: Octubre, publicación del grupo de Jorge Abelardo Ramos, el GOM (Grupo Obrero Marxista), dirigido por Nahuel Moreno, cuya publicación fue a partir de 1946 Frente Proletario, y el GCI (Grupo Cuarta Internacional) dirigido por J. Posadas, que publica Voz Proletaria. Utilizamos para este trabajo los periódicos, boletines internos y revistas de cada uno de ellos. La elección de estos grupos no significa una evaluación de la importancia de los otros, que formarán parte del trabajo de investigación. Pero si consideramos que son los tres grupos cuyas políticas ejercen mayor influencia en las décadas siguientes: en el caso de Jorge A. Ramos, abandonando el trotskismo y constituyéndose en uno de los mentores de la llamada «izquierda nacional», el grupo de Moreno, que dará origen a una de las corrientes de mayor peso del trotskismo argentino y el de Posadas, que, particularmente en la década siguiente, se constituirá en una tendencia importante del trotskismo latinoamericano.

Nuestro trabajo abarca el período que se inicia en 1943 con los albores del peronismo, hasta 1948-49. Estos límites obedecen a dos razones. Si bien las publicaciones de los grupos que estudiamos comienzan en 1946-47, los análisis y debates acerca del peronismo remiten al golpe del 4 de junio de 1943 y siguen desarrollándose hasta 1948-49; en segundo lugar, porque el propio gobierno peronista sufre una serie de transformaciones hacia esta época producto de los cambios en las condiciones nacionales e internacionales de la postguerra.
Centraremos nuestros análisis en torno a los siguientes problemas:
-las tareas de la revolución en la Argentina, a partir de la caracterización del país y su relación con el imperialismo, así como las relaciones de clases y particularmente las características de la burguesía nacional (en razón de su importancia en el debate en relación al carácter del peronismo); la caracterización del fenómeno peronista y las relaciones con las clases dominantes, con el imperialismo y con la clase obrera; y, relacionado con lo anterior, los análisis sobre la situación del proletariado en la época que estudiamos.

En esta introducción plantearemos las posiciones de León Trotsky acerca de los nacionalismos burgueses ya que nos proponemos evaluar las posiciones de los grupos trotskistas a la luz de las herramientas teórico-políticas aportadas por Trotsky. Organizamos este trabajo en tres capítulos. En el primero analizaremos las posiciones de los grupos sobre el carácter de la Argentina, su relación con el imperialismo y las relaciones entre las clases, así como las tareas de la revolución en el país. En el segundo nos concentraremos en el análisis del carácter del peronismo, en función de los planteos desarrollados en el primer capítulo. En el tercero, nos referiremos a la situación de la clase obrera y el carácter de los sindicatos en la etapa peronista.

El trotskismo argentino en los ‘40

En el número anterior de Cuadernos desarrollamos un panorama de los grupos trotskistas hasta la formación del PORS12 son:
-El Grupo Obrero Marxista (GOM) dirigido por Nahuel Moreno, surgido en junio de 1944 y que edita desde fines de 1946 Frente Proletario, y funda el POR en 1949.
-El Grupo Cuarta Internacional (GCI) dirigido por Homero Cristalli, «J. Posadas», que se retira del PORS y edita un boletín en 1945-46 y después publica Voz Proletaria a partir de 1947.
-Octubre, fundado por Jorge Abelardo Ramos que publica su revista del mismo nombre en 1945-46.
-Frente Obrero, impulsado por Enrique Rivera y Aurelio Narvaja, «Carbajal», publica dos números de su periódico en septiembre y octubre de 1945.
-Unión Obrera Revolucionaria (UOR) dirigida por Miguel Posse, «Oscar», que publica El Militante desde 1943. en 1942. Se trató de un intento de unificación de los grupos trotskistas, pero tuvo una vida breve. Las diferencias políticas y teóricas en torno al problema de la «liberación nacional» hicieron eclosión frente al surgimiento del fenómeno peronista. El trotskismo se vio nuevamente dividido en varios grupos cuya militancia alcanzaba «algunas decenas» cada uno, según Osvaldo Coggiola, quien señala que, por ejemplo, el GOM pasa de una decena de miembros en 1945 a 110 militantes en 1948. Los más importantes

Hagamos una breve síntesis de los dos grupos que hemos excluido de nuestros análisis: la UOR y Frente Obrero.
La UOR desarrolla las concepciones que negaban las tareas democrático-burguesas por considerar al país como capitalista desarrollado y no como una semicolonia.

Para este grupo, durante los ‘30 se había producido un desplazamiento económico de la oligarquía agraria por la burguesía industrial. Esto entró en contradicción con la hegemonía oligárquica en el Estado. Así, el golpe de 1943 fue expresión de esta burguesía industrial. Siendo ésta incapaz de engendrar una expresión política propia, los militares, en tanto que árbitros del conflicto industrial vs. agrario, para resolverlo a favor de los industriales, llamaron a las masas. Y estas últimas intervinieron «por su propia iniciativa» cuando se trató de salvar al gobierno (que les había otorgado numerosas concesiones) contra el complot de los agrarios y el gran capital3.

La contradicción entre los orígenes históricos del peronismo y sus objetivos fundamentales determinó que éste último se encontrase frente a un conflicto con la propia burguesía, conflicto en el que la clase obrera intervino como árbitro»4.

«Si la actitud de las masas otorga a esa lucha un contenido de clase, eso no quiere decir que el peronismo sea el representante natural del proletariado. El peronismo fue y sigue siendo un movimiento burgués creado y mantenido en beneficio de un grupo de militares, abogados y arribistas sin principios, quienes supieron aprovechar la traición de los partidos obreros para afirmarse en el seno del proletariado.»5

El peronismo es visto como un movimiento nacionalista burgués que intenta apoyarse en el proletariado para gobernar en beneficio de la burguesía industrial, el ejército y un sector político arribista que se encarama como burocracia estatal. Su política sindical se basará en la lucha por una organización gremial por fuera de la CGT, la que ofrecía el mayor riesgo de «estatización» del movimiento obrero por un gobierno burgués6.

«Por una central obrera anti-estatal y anti-colaboracionista: ¡Fuera Trabajo y Previsión y la policía de los sindicatos! ¡Fuera los burócratas rentados, entregadores y traidores, vividores de la justicia social! Contra la conciliación y el arbitraje obligatorio a cargo de instrumentos del capitalismo: ¡Basta de farsa en la lucha contra la carestía de la vida! Los obreros deben imponer el salario móvil y los comités de vigilancia de precios; la Universidad bajo la bota, el Plan Quinquenal es un plan para la burguesía. Por la lucha de clases. Por la acción revolucionaria. Por los grupos de defensa y las milicias obreras.»7

Frente Obrero parte de un análisis de las clases y relaciones sociales encontrando una división en las clases dominantes: un sector que puede colocar sus excedentes en el mercado externo y otro sector que tiene su mercado en el país.

«El sector librecambista: el grupo acaudillado por la oligarquía bonaerense... El sector proteccionista: el grupo acaudillado por los industriales... Su modo de razonar es bastante coherente: nuestro país debe conquistar al par de su independencia política, su independencia económica. Para ello necesita una industria fuerte, la que en sus primeros pasos, no puede desarrollarse plenamente sino con el apoyo del Estado y con una política aduanera adecuada.»8

El peronismo sería expresión de este sector industrial. «El yrigoyenismo es la expresión política tradicional del sector nacionalista-proteccionista. El peronismo (llamémosle así) es la continuación del yrigoyenismo. Pero continuación no quiere decir identidad... La pequeña industria de la época de Yrigoyen se ha transformado en la gran industria de nuestros días (con gérmenes de capital financiero); además el capitalismo mundial ha entrado en agonía, una de cuyas manifestaciones es precisamente la industrialización acelerada de los países atrasados, industrialización de la que el gobierno de Perón es una consecuencia... [después del 30] el sector proteccionista se encontró sin ningún partido popular que sostuviera sus posiciones... Su poderío económico en cambio, iba en aumento... [el 4 de junio] Perón y la oficialidad joven que lo rodeaba daban una expresión más consecuente a la fuerza económica que los impulsaba...»9

En cuanto al imperialismo, analiza la relación del país con los Estados Unidos y con Inglaterra y concluye en el error de considerar al peronismo como expresión de los intereses del imperialismo inglés.

El imperialismo yanqui resiste la política de los nacionalistas argentinos porque teme que el país sirva de centro de atracción para la constitución de un gran Estado latinoamericano... El imperialismo inglés, a pesar de su posición privilegiada, se ha visto obligado a seguir a la cola del yanqui en su política con respecto a la Argentina... por la dependencia económica a que lo obligó la guerra. Sin embargo, no ha dejado de manifestar cierta complacencia por la resistencia del gobierno argentino a la política panamericana de Wall Street, aunque en general ha mantenido una actitud ambigua y dilatoria, confiando en que la terminación de la guerra significará el fin de la enojosa tutoría a que lo tiene sometido su rival yanqui. Tradicionalmente Inglaterra compra a la Argentina productos de la tierra y paga las compras con el producido de sus inversiones y con productos industriales. La pérdida de gran parte de sus capitales en el exterior la obliga a acrecentar la venta de artículos industriales o a suspender las compras. Eso sólo mostraría el abismo de ridículo que supone creer a un gobierno empeñado en la industrialización, como agente inglés.»10

En cuanto a la relación entre el peronismo y la clase obrera Frente Obrero considera que el apoyo del proletariado al peronismo es expresión, por un lado de sus aspiraciones nacionalistas (como antes lo había sido Yrigoyen), por otro lado, de su repudio a los partidos obreros tradicionales.

La verdad es que Perón, al igual que antes Yrigoyen, da una expresión débil, inestable y en el fondo traicionera, pero expresión al fin, a los intereses nacionales del pueblo argentino... Al proletariado argentino, la política peronista en los sindicatos, le ofreció un inesperado apoyo para librarse, en parte, del abrazo asfixiante de los partidos socialistas y comunistas que querían utilizar las fuerzas de la clase obrera para remachar las cadenas de la explotación imperialista. Sólo un cretino sin remedio puede creer que el proletariado se deja engañar totalmente con las promesas de Perón o se deslumbre con los adornos de su gorra militar...»11

Además, el peronismo ofreció a la clase obrera la posibilidad de influir en la vida nacional:

La clase obrera le ha dado a los acontecimientos señalados, el sentido de un verdadero triunfo suyo. Por primera vez en muchos años, ha salido a la calle y ha influido de manera importante en el curso político del país... Las grandes masas explotadas se están poniendo, de nuevo, en movimiento. Darles conciencia del verdadero sentido de su lucha y organizarlas para la misma -ser la expresión consciente del movimiento inconsciente de la masa- es la misión histórica de la vanguardia proletaria, de la IV Internacional».12

Así Frente Obrero parte de considerar al peronismo como representante de la burguesía industrial y sus intereses nacionalistas y como vía de expresión de los intereses del proletariado. A lo largo de este artículo polemizaremos con posiciones similares, aunque en boca de otros grupos.

Haremos ahora referencia a los estudios que se han hecho sobre el tema de este trabajo. Nos concentraremos en dos, por haber sido elaborados por miembros de organizaciones trotskistas actuales: Ernesto González y Osvaldo Coggiola13, para tomar algunas de sus definiciones acerca de los temas que tocamos en este trabajo.

El primero se trata de un estudio colectivo, coordinado por González, que abarca en su primer tomo, desde la formación del GOM -con una breve referencia al período previo- hasta la caída del gobierno peronista. No se trata, en realidad, de un estudio sobre el trotskismo en esta etapa, sino sobre los orígenes de la corriente morenista, ya que las referencias a otros grupos son circunstanciales y los análisis se concentran exclusivamente en el GOM y el POR (refiriéndonos a la etapa que nosotros estudiamos).
González reconoce la dificultad del GOM para analizar correctamente el fenómeno del 17 de octubre. «En su artículo ‘¿Movilización Antiimperialista o Movilización clasista?’ Moreno, polemizando con otros dos grupos trotskistas, la UOR y el CGI, decía cosas de las que después él mismo y el partido se autocriticaron por unilaterales».14 Se refiere al trabajo en el que Moreno caracterizaba a la movilización del 17 de octubre como «lucha de camarillas», en la que «el proletariado atrasado salió a defender el orden burgués contra la propia burguesía» y que «en ningún momento el proletariado dejó de ser utilizado».15

Sin embargo, rescata su política de trabajar entre los obreros peronistas: «Al GOM le resultó difícil comprender el proceso que culminó el 17 de octubre de 1945. Sin embargo, tuvo una actitud diferente ante el obrero peronista desde el mismo día del surgimiento de ese nuevo e imprevisible fenómeno que vino a arrasar con las tradiciones clasistas del viejo movimiento obrero. Toda la izquierda sólo veía en las movilizaciones a los burócratas, a la policía abriendo paso y permitiendo el ingreso de las columnas de las fábricas y a un coronel supuestamente nazi-fascista. Pero el GOM, a diferencia de las otras corrientes, fue adonde estaban los obreros peronistas, y educó a sus militantes y simpatizantes en que el respeto a la voluntad de la base era una cuestión decisiva de la democracia obrera, tan importante como su independencia de los patrones y el Estado.»16

Su autocrítica se extiende a la política frente a las elecciones de 1946: «¿Cuál fue la actitud de nuestra organización ante las elecciones? Hicimos una campaña propagandística por el ‘Frente Unico Proletario’... No hicimos ninguna diferenciación entre la Unión Democrática y el frente peronista. Pero esta posición sectaria no justifica la campaña que nos hicieron, después, algunos grupos que lanzaron la patraña de que el GOM había llamado a votar por la Unión Democrática.»

Sin embargo, González rescata el análisis sobre el peronismo, afirmando su superiorioridad en relación al que realiza Posadas, y, nuevamente, resalta el valor de la inserción del GOM en la clase obrera y sus sindicatos. «Más allá de las unilateralidades, nuestro grupo intentó hacer una definición de clase del nuevo fenómeno y aplicó un método correcto para interpretar esa realidad. Para el GOM, Perón era parte de un régimen bonapartista que reflejaba a la vieja estructura agroganadera del país ligada tradicionalmente a Gran Bretaña. En cambio el posadismo y otras corrientes de la izquierda tenían la caracterización de que el peronismo era el gobierno de la burguesía industrial antiimperialista y casi revolucionaria. De estas diferentes caracterizaciones surgieron políticas distintas. El posadismo se convirtió en el ‘agente ideológico del peronismo’, mientras que nosotros participamos en la creación de los sindicatos peronistas sin capitular, aunque tuvimos una política sectaria.»17
Sin embargo, también en la caracterización de la etapa encuentra debilidades, centradas en no haber valorado correctamente la decadencia del imperialismo inglés: «Las denuncias que realizó nuestro partido sobre los acuerdos y convenios firmados con Inglaterra y sus consecuencias fueron correctas. Lo que no tuvimos en cuenta fue el debilitamiento de Gran Bretaña después de la Segunda Guerra Mundial, que permitieron que nuestro país dejara de ser su semicolonia y se convirtiera en un país relativamente independiente, hasta el golpe militar proyanqui de 1955.»18
Sobre la relación con el movimiento obrero, los autores sacan la siguiente conclusión: «... el posadismo no se dio una política para luchar contra el control totalitario del peronismo. Al idealizarlo, al tener una caracterización equivocada, se negó a dar una orientación precisa con respecto al movimiento obrero. Nosotros, pese a nuestros errores, instrumentamos oposiciones sindicales, pero el posadismo se negó a organizar a la vanguardia con ese objetivo. Estuvieron en el movimiento obrero pero no tuvieron una política de conjunto contra la burocracia y el control estatal sobre la clase obrera. Su trabajo sindical fue meramente fabril... Posadas y su grupo capitularon al totalitarismo peronista.»19
Nahuel Moreno y su corriente revén posteriormente sus análisis: una caracterización más correcta del debilitamiento del imperialismo inglés y de los efectos de la ofensiva norteamericana sobre el país y un análisis más ajustado de la relación del peronismo con la clase obrera, impulsarán el cambio de su política y propiciarán el «entrismo» en el peronismo.
González cita el balance que hace Moreno sobre la actuación de la corriente en esta etapa: «...Lo que caracterizó inicialmente a nuestro grupo, tanto desde el punto de vista programático, como en cuanto a la práctica, fue un obrerismo rabioso, llamémoslo así... Esta tendencia obrerista, sectaria, ultra, enfrentaba y trataba de superar el carácter bohemio e intelectual, declassé, del movimiento trotskista argentino en su conjunto... Nuestra organización argentina nació entonces centrando toda su estrategia en trabajar sobre el movimiento obrero... Teníamos una desviación nacional-trotskista: la de creer que podía haber solución a los problemas del movimiento trotskista en el país, con una visión nacional... No fue hasta el año 1948 que comenzamos a intervenir en la vida de la Cuarta Internacional, participando en su Segundo Congreso.»20
Así, González destaca el cambio en relación a la percepción de la ofensiva del imperialismo norteamericano sobre el país, y la modificación de los análisis en ese sentido21, sin embargo, la caracterización sobre el significado del peronismo recién se modificará globalmente hacia fines del gobierno peronista.

El trabajo de Coggiola, en su primer tomo, abarca desde los inicios del trotskismo argentino hasta la década del ‘60. Considera en bloque los años de van desde 1943 a 1960, analizando las posiciones de los cinco grupos reseñados más arriba. Tomaremos fundamentalmente los comentarios acerca de los tres grupos que enfocamos en este trabajo. Los análisis más extensos los dedica al GOM de quien afirma que «... en materia de entroncar con el antiperonismo liso y llano, ningún grupo trotskista superó al GOM, liderado por Nahuel Moreno.»22
Este sectarismo es ejemplificado por Coggiola en las posiciones del GOM frente a las elecciones de 1946: «Los otros grupos trotskistas acusaron al GOM de haber sostenido directamente a la UD [Unión Democrática], acusación de la que éste se defiende retrospectivamente, diciendo que en febrero de 1946 llamó, al igual que otros grupos al ‘voto programático’ (voto ‘por la revolución socialista’ con papeleta ilegal, de hecho un voto anulado). Lo cual no impide que efectivamente el GOM considerase a la UD como más progresiva, puesto que definía al peronismo como la ‘vanguardia de la ofensiva capitalista contra las conquistas obreras’. El GOM no percibía ni un atisbo de nacionalismo o de resistencia limitada al imperialismo en el ascenso del peronismo... Al negar al peronismo todo carácter nacionalista, el GOM dejó pasar por delante de sus narices el movimiento nacionalista latinoamericano más importante de la posguerra.»23
Expresión de las posiciones de Coggiola sobre el morenismo -y también de su peculiar interpretación de las citas-, es su crítica a la política sindical del GOM:
«Lo transcripto indica que el GOM tendía a una alianza con las corrientes ligadas a la Unión Democrática contra el peronismo, considerado como el ‘enemigo principal’». Lo «transcripto» es en realidad una cita en la cual Frente Proletario le critica a los sindicatos dirigidos por socialistas y sindicalistas el tratar de impedir el llamado a asambleas «por temor a que los peronistas ganen la mayoría», contra lo cual Frente Proletario plantea: «para evitar el divisionismo es preferible dar ejemplo de democracia sindical y llamar a asamblea».
Sin embargo, Coggiola reconoce la importancia de los análisis teóricos de la corriente de Moreno: «Hay que decir a favor del POR que fue seguramente el primer grupo que analizó la estructura socio-económica argentina en base a la categoría de ‘desarrollo combinado’.»24 Se refiere Coggiola a los estudios sobre la estructura agraria y la industria en la Argentina.
En interpretación de Coggiola, el grupo de Posadas definíaque se había producido «una revolución social (aunque el GCI no lo afirmara directamente): sustitución de una clase por otra en el poder (la oligarquía por la burguesía industrial) canalizando el impulso revolucionario de las masas.»25
Coggiola explica las contradicciones en las que cae el GCI: «Cómo explicar, por ejemplo, que la burguesía industrial (que Posadas considera representada orgánicamente por Perón) se haya enrolada masivamente en el frente anti-peronista en 1945-46? El GOM reprochará esto, con justicia, al GCI.»26
Sobre la relación del peronismo con las masas, para Co-ggiola, «La explicación del GCI no cae en el sectarismo atroz del GOM o la UOR en relación a las movilizaciones peronistas, pero sí en la perogrullada: los obreros obrarían ‘llevados por su instinto anticapitalista’. El peronismo sería la ‘expresión instintiva’ de los obreros (y conciente de la burguesía)... [el GCI] propugna, es cierto (trotskismo obliga) la independencia del movimiento obrero frente al Estado y la burguesía, aunque no sepamos muy bien por qué.»27
En cuanto al grupo de Ramos, Coggiola concluye categóricamente que sus posiciones culminan en una «apología de la burguesía argentina [que] llega hasta el delirio».28
Como balance general para este autor «las posiciones de los diversos grupos trotskistas en el momento del surgimiento del peronismo no se diferenciaban claramente de las dos corrientes fundamentales en que se había dividido la sociedad argentina: peronismo y antiperonismo.»29

Trotsky, la revolución en los países semicoloniales y los nacionalismos burgueses

El análisis sobre la revolución en los países coloniales implica la consideración de varias cuestiones. Por un lado, la dominación del imperialismo sobre estos países transforma la lucha por la liberación de este dominio en la tarea inicial de la revolución. Si la penetración imperialista desarrolla un proletariado relativamente moderno alrededor de ciertas actividades económicas, en forma combinada mantiene amplios sectores en el atraso; la transformación de las relaciones de propiedad en el campo es otra de las tareas centrales de la revolución en los países semicoloniales. Así entonces, el proletariado asume un papel central en la economía y la sociedad, pero a la vez la mayoría de la población está constituida por amplios sectores campesinos y pequeño burgueses en general. En este sentido, la resolución de aquellas tareas y las relaciones entre estas clases resulta una cuestión clave en las revoluciones de los países semicoloniales.
Por otro lado, tratándose de países dominados por el imperialismo, sus burguesías a la vez que explotan a sus proletariados, son oprimidas por el imperialismo; en este sentido, hace falta determinar el carácter de la burguesía nacional, su actitud frente al imperialismo en distintos momentos y su relación con las demás clases. Esto implica determinar los momentos en que las burguesías nacionales ofrecen cierta resistencia o se enfrentan a la dominación imperialista, cuáles son sus límites y qué política debe tener el proletariado y su vanguardia revolucionaria en estas situaciones. El análisis de los movimientos nacionalistas burgueses debe hacerse en este marco.
Trotsky sintetiza algunas de estas cuestiones refiriéndose al México bajo gobierno de Cárdenas: «La clase obrera de México participa y no puede más que participar en el movimiento, en la lucha por la independencia del país, por la democratización de las relaciones agrarias, etc. De este modo, el proletariado puede llegar al poder antes que la independencia de México esté asegurada y las relaciones agrarias reorganizadas. Entonces, el gobierno obrero podrá volverse un instrumento de resolución de estas cuestiones. La sociedad latinoamericana, como toda sociedad -desarrollada o atrasada- está compuesta por tres clases: la burguesía, la pequeño burguesía y el proletariado. En la medida en que las tareas son democráticas en el amplio sentido histórico, son tareas democrático burguesas, pero acá la burguesía es incapaz de resolverlas, como lo ha sido en Rusia y en China.
En este sentido, durante el curso de la lucha por las tareas democráticas, oponemos el proletariado a la burguesía. La independencia del proletariado, incluso en el comienzo de este movimiento, es absolutamente necesaria, y oponemos particularmente el proletariado a la burguesía en la cuestión agraria, porque la clase que gobernará, en México como en todos los demás países latinoamericanos, será la que atraiga hacia ella a los campesinos...»30
Aquí Trotsky define el carácter de las tareas de la revolución en los países semicoloniales; se trata de tareas democrático burguesas, sin embargo, no será la burguesía quien las resuelva, sino el proletariado. En este sentido, plantea cómo debe participar el proletariado en el movimiento de liberación en los países semicoloniales: en forma independiente de la burguesía.
Ahora bien, la ofensiva del imperialismo sobre los países semicoloniales, y podemos decir, en particular sobre América Latina, pega un salto tras la Primera Guerra Mundial; en particular después de los años ‘30 y con la Segunda Guerra. Trotsky describe el marco en que surgen los nacionalismos burgueses: el reforzamiento de la ofensiva imperialista sobre los países semicoloniales, el surgimiento de movimientos de resistencia contra esta opresión en las masas y su expresión en reacomodamientos burgueses que buscaban condiciones más favorables para relacionarse con el imperialismo. Concentrándonos en Latinoamérica, la ofensiva norteamericana es determinante:
«Bajo Roosevelt, la política del puño de hierro en América Latina se cubre con el guante de terciopelo de las pretensiones demagógicas de amistad y ‘democracia’. La política del ‘buen vecino’ no es más que la tentativa de unificar el hemisferio occidental bajo la hegemonía de Washington, como un sólido bloque esgrimido por este último en su vigorosa campaña para cerrar la puerta de los dos continentes americanos a todos los poderes imperialistas, excepto él mismo. Esta política se complementa materialmente por medio de los tratados de comercio favorables que Estados Unidos se empeña en celebrar con los países latinoamericanos en la esperanza de desalojar sistemáticamente del mercado a sus rivales. El papel decisivo que juega el comercio exterior en la vida económica de los Estados Unidos impele a este último hacia esfuerzos aun más decididos para excluir a todos los competidores del mercado latinoamericano, por medio de una combinación de producción barata, diplomacia, artimañas y cuando es necesario, de la fuerza.»31

Trotsky señala el avance del imperialismo norteamericano sobre América Latina en el marco de la competencia con otros imperialismos. Esta ofensiva provocará la resistencia de las masas:
«(...) Al mismo tiempo, la política del imperialismo yanqui necesariamente aumentará la resistencia revolucionaria de los pueblos latinoamericanos a los que debe explotar con creciente intensidad. Esta resistencia, a su vez chocará con la más feroz represión y tentativas de supresión por parte de los Estados Unidos, los que se revelarán aún más plenamente como el gendarme de la explotación imperialista extranjera y un puntal de las dictaduras nativas. Por su misma posición, por consiguiente, Washington, al servicio de Wall Street, desempeñará un papel crecientemente reaccionario en los países latinoamericanos. Así, los Estados Unidos aparecen como el amo predominante y agresivo de América Latina, listo para proteger su poder con las armas, en la mano contra cualquier asalto serio de sus rivales imperialistas o contra cualquier tentativa de los pueblos de América Latina para liberarse de su expoliadora dominación.»32
Esta reforzada ofensiva imperialista provocará reacomodamientos en la burguesía de estos países, resaltando que ésta buscará aprovechar la rivalidad entre los imperialismos para encontrar una mejor ubicación en relación a la explotación de sus países:
«En muchos de los países latinoamericanos, la ascendente burguesía nacional, buscando una mayor participación en el botín y aun esforzándose por aumentar la medida de su independencia -es decir, por conquistar la posición dominante en la explotación de su propio país- es cierto que trata de utilizar las rivalidades y conflictos de los imperialistas extranjeros con este fin. Pero su debilidad general y su retrasada aparición les impide alcanzar un más alto nivel de desarrollo que el de servir a un amo imperialista contra otro. No pueden lanzar una lucha seria contra toda dominación imperialista y por una auténtica independencia nacional por temor a desencadenar un movimiento de masas de los trabajadores del país, que a su vez amenazaría su propia existencia social. El ejemplo reciente de Vargas [dictador brasileño entre 1930-45 que va asumiendo una política nacionalista], que trata de utilizar la rivalidad entre los Estados Unidos y Alemania, pero al mismo tiempo mantiene la más salvaje dictadura sobre las masas populares, viene al caso.»33
Trotsky resalta la debilidad de la burguesía nacional de los países semicoloniales y la imposibilidad de que emprenda una lucha seria contra el imperialismo. Veamos entonces cuáles son las características de estas burguesías nacionales y las de su enfrentamiento con el imperialismo. Escribiendo sobre China, pero refiriéndose a los países semicoloniales, Trostky afirma: «Ni una sola de las tareas de la revolución ‘burguesa’ puede ser resuelta en estos países atrasados bajo la dirección de la burguesía ‘nacional’, pues esta última emerge desde el comienzo con apoyo exterior como clase ajena u hostil al pueblo. Cada estadio en su desarrollo la liga más estrechamente al capital financiero extranjero del cual es esencialmente el agente... La así llamada burguesía ‘nacional’ tolera todas las formas de la degradación nacional en tanto puede esperar mantener su propia existencia privilegiada. Pero en el momento en que el capital extranjero se dispone a asumir el dominio indiviso sobre toda la riqueza del país, la burguesía nacional se ve obligada a recordarse a sí misma sus obligaciones ‘nacionales’. Bajo la presión de las masas puede incluso verse sumergida en una guerra. Pero ésta será una guerra librada contra una de las potencias imperialistas, la menos dispuesta a negociar, con la esperanza de pasar al servicio de alguna otra potencia, más magnánima.»34
Las burguesías de los países semicoloniales se encuentran íntimamente ligadas al capital extranjero, su propia existencia depende de esta ligazón, frente a un salto en la ofensiva imperialista pueden intentar formas de obtener una mayor autonomía pero lo harán aprovechando las rivalidades interimperialistas para alcanzar relaciones más favorables con alguno de los imperialismos.
Cuál debe ser la actitud del proletariado y las organizaciones revolucionarias frente a esta situación resulta clave. Contra quienes sostienen las potencialidades revolucionarias de la burguesía, Trotsky reafirma, por un lado, los límites de este tipo de acciones de la burguesía, límites que están dados no por la posibilidad de que inicie acciones contra el imperialismo, sino por su ubicación frente a las tareas históricas de los países semicoloniales; y por otro lado, la necesidad de mantener la independencia del proletariado y sus organizaciones; sólo a condición de esto, será posible impulsar la lucha por la liberación nacional, lucha que la burguesía detendrá en cuanto sus intereses de clase se vean amenazados.
Escribiendo acerca de China a fines de los ‘20, Trotsky afirma:
«La única ‘condición’ de cualquier acuerdo con la burguesía, acuerdo separado, práctico, limitado a medidas definidas y adaptado a cada caso, consiste en no mezclar las organizaciones y las banderas, ni directa ni indirectamente, ni por un día ni por una hora, en distinguir el rojo del azul, y en no creer jamás que la burguesía sea capaz de llevar a cabo una lucha real contra el imperialismo y de no constituir un obstáculo para los obreros y campesinos y que esté dispuesta a hacerlo...
Lenin enseñaba que es preciso distinguir rigurosamente la nación burguesa oprimida, de la que oprime... Lenin elevaba los movimientos de liberación nacional, las insurrecciones coloniales y las guerras de naciones oprimidas al nivel de las revoluciones democráticas burguesas... Presentar las cosas como si el yugo colonial asignara necesariamente un carácter revolucionario de la burguesía nacional, es reproducir al revés el error fundamental del menchevismo, que estimaba que la naturaleza revolucionaria de la burguesía rusa debía deducirse absolutamente de la opresión absolutista y feudal.
... Lo que es preciso medir no es la actitud de cada burguesía indígena hacia el imperialismo ‘en general’, sino su posición ante la misión histórica revolucionaria de su nación. La burguesía rusa es la de un Estado imperialista opresor. La burguesía china es la de un país colonial oprimido... La burguesía china es lo suficientemente realista y conoce bastante bien al imperialismo mundial como para comprender que una lucha realmente seria contra él exige una presión tan fuerte de las masas revolucionarias que la propia burguesía se ve amenazada desde un principio...
El marxismo enseña invariablemente que las consecuencias revolucionarias de ciertos actos que la burguesía se ve obligada a realizar a causa de su situación, serán más completas, resueltas, innegables, sólidas, a medida que la vanguardia proletaria sea más independiente de la burguesía y se incline menos a dejarse coger los dedos con la puerta burguesa o adornar a la burguesía exagerando su espíritu revolucionario y la posibilidad de establecer con ella el ‘frente único’ para la lucha contra el imperialismo.»35
Qué relación establecerá el proletariado con las organizaciones de la burguesía y la pequeño burguesía que surjan en estos procesos?
«... En todos los casos en que ella (la burguesía nacional) enfrenta directamente a los imperialistas extranjeros o a sus agentes reaccionarios fascistas, le damos nuestro pleno apoyo revolucionario, conservando la independencia íntegra de nuestra organización, de nuestro programa, de nuestro partido, y nuestra plena libertad de crítica. El Kuomintang en China, el PRM en México, el APRA en Perú son organizaciones totalmente análogas. Es el frente popular bajo la forma de un partido.
Correctamente apreciado, el Frente Popular no tiene en América Latina un carácter tan reaccionario como en Francia o en España. Tiene dos facetas. Puede tener un contenido reaccionario en la medida en que esté dirigido contra los obreros, puede tener un carácter agresivo [«agressive» en la traducción del francés, traducido generalmente como «progresivo»], en la medida en que esté dirigido contra el imperialismo. Pero, apreciando el frente popular en América Latina bajo la forma de un partido político nacional, hacemos una distinción entre Francia y España. Pero esta diferencia de apreciación y esta diferencia de actitud sólo están permitidas con la condición que nuestra organización no participe del APRA, el Kuomintang o el PRM, que conserve una libertad de acción y de crítica absoluta».36
Y refiriéndose a la burguesía india: «En el caso de que la burguesía india se vea obligada a dar el más pequeño paso en el camino de la lucha contra la arbitrariedad británica, el proletariado apoyará naturalmente este paso. Pero lo apoyará con sus propios métodos: asambleas masivas, consignas audaces, huelgas, manifestaciones y acciones de combate más importantes, dependiendo de la relación de fuerzas y de las circunstancias. Precisamente para hacer esto, el proletariado debe tener libres sus manos. Le es indispensable la independencia completa con respecto a la burguesía, sobre todo de cara a ejercer influencia sobre el campesinado, la clase más numerosa de la población india. Unicamente el proletariado puede lanzar un programa agrario audaz y revolucionario, levantar y arrastrar a decenas de millones de campesinos y dirigirlos contra los opresores interiores del imperialismo británico. La alianza entre los obreros y los campesinos pobres es la única alianza honesta y firme, capaz de asegurar la victoria final de la revolución india.»37
La perspectiva clara de la intervención proletaria en las luchas de liberación nacional es la revolución socialista.
Queremos reparar en un aspecto que hace al régimen político que adoptan los países semicoloniales en función de esta relación particular con el imperialismo. Los regímenes democráticos no pueden sostenerse en forma estable, en el momento histórico al que nos referimos, debido a la presión del imperialismo y al temor a su proletariado. Si la burguesía cede por completo a la presión imperialista, establecerá un régimen fascista. En cambio, para enfrentar la presión imperialista, debe apoyarse en el proletariado, debido a la fortaleza relativa que éste asume y la debilidad de las burguesías nacionales. Consolida así regímenes semibonapartistas.
«Estamos en el período en que la burguesía nacional busca obtener un poco más de independencia frente a los imperialismos extranjeros. La burguesía nacional está obligada a coquetear con los obreros, con los campesinos, y tenemos ahora al hombre fuerte del país orientado a la izquierda como hoy en México. Si la burguesía nacional está obligada a abandonar la lucha contra los capitalistas extranjeros y trabajar bajo su tutela directa, tendremos un régimen fascista, como en Brasil, por ejemplo. Pero allí la burguesía es absolutamente incapaz de constituir su dominación democrática, porque, por un lado tiene el capital imperialista, y por el otro, le tiene miedo al proletariado porque la historia, allí, saltó una etapa y porque el proletariado se volvió un factor importante antes que haya sido realizada la organización democrática del conjunto de la sociedad. Incluso en estos gobiernos semibonapartistas democráticos, el Estado necesita del apoyo de los campesinos y es gracias a su peso que disciplina a los obreros.»38
Más tarde Trotsky afina esta definición estableciendo el papel de la burguesía nacional en relación al imperialismo y su oscilación entre éste y el proletariado, estableciendo el concepto de bonapartismo sui generis, el cual puede -continuando con su razonamiento- ser «de derecha», si se apoya mucho más en el capital extranjero y adopta el carácter de una dictadura, o «de izquierda» si se apoya en el proletariado.
«En los países industrialmente atrasados el capital extranjero juega un rol decisivo. De ahí la relativa debilidad de la burguesía nacional en relación al proletariado nacional. Esto crea condiciones especiales de poder estatal. El gobierno oscila entre el capital extranjero y el nacional, entre la relativamente débil burguesía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esto le da al gobierno un carácter bonapartista sui generis, de índole particular. Se eleva, por así decirlo, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar o bien convirtiéndose en instrumento del capital extranjero y sometiendo al proletariado con las cadenas de una dictadura policial, o maniobrando con el proletariado, llegando incluso a hacerle concesiones, ganando de este modo la posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros...»39
Estos regímenes que entablan esta relación particular con las masas y con el imperialismo, también la establecen con los sindicatos, a los que someterán a su tutela, desarrollando un proceso de estatización de las organizaciones obreras. «El gobierno de los países atrasados, o sea coloniales o semicoloniales, asume en general un carácter bonapartista o semibonapartista. Difieren entre sí en que algunos intentan orientarse hacia la democracia, buscando el apoyo de obreros y campesinos, mientras que otros implantan una cerrada dictadura policíaco militar. Esto determina también la suerte de los sindicatos: o están bajo el patrocinio especial del estado o sujetos a una cruel persecución. Este tutelaje del estado está determinado por dos grandes tareas que éste debe encarar: en primer lugar, atraer a la clase obrera, para así ganar un punto de apoyo para la resistencia a las pretensiones excesivas por parte del imperialismo y al mismo tiempo disciplinar a los mismos obreros poniéndolos bajo control de una burocracia.»40
Sintetizando, el marco en que surgen los nacionalismos burgueses tiene que ver con la ofensiva del imperialismo sobre los países de Latinoamérica. Esta ofensiva puede provocar resistencia, tanto en las masas como en las burguesías de los países semicoloniales. Estas burguesías, si ofrecen resistencia al imperialismo lo harán en busca de encontrar mejores condiciones de negociación con aquél y de explotación de sus propios proletariados. Su debilidad y su ligazón estrecha con el imperialismo, a la vez que su temor a la movilización revolucionaria de las masas, imprimirá los límites de su lucha/enfrentamiento/resistencia antimperialista. Al mismo tiempo, esta debilidad, la fortaleza relativa de los proletariados de estos países y la ofensiva imperialista dará origen a regímenes que buscarán apoyarse, si ofrecen alguna resistencia al imperialismo, en los proletariados, dando lugar a regímenes de tipo «bonapartistas sui generis de izquierda» (mientras que su sometimiento completo al imperialismo dará origen a bonapartismos «de derecha»). Trotsky, partiendo de la necesidad de aprovechar los roces entre la burguesía nacional y el imperialismo, y de la incapacidad de esta burguesía para llevar adelante una lucha seria contra el imperialismo debido a su estrecha dependencia de él, plantea su política. Esta se basa en la independencia del proletariado y sus organizaciones y en el logro de una alianza entre la clase obrera y las demás clases explotadas de la sociedad. Como clase dirigente de esta alianza, el proletariado debe luchar con sus propios métodos de clase, por la resolución de las tareas democrático-burguesas de la revolución, como el problema agrario y la liberación del país del imperialismo. La resolución de estas tareas por el proletariado implica la toma del poder, y por lo tanto la revolución socialista. La revolución en los países semicoloniales implica el desarrollo de la dinámica que Trotsky expresó en su teoría de la revolución permanente, tanto en lo que hace al sujeto de la revolución -el proletariado-, como dirección de la alianza obrero-campesina, las tareas -democráticas y socialistas-, y en su aspecto internacional, en tanto su consolidación depende de la extensión de la revolución a nivel mundial.

Capítulo 1: Las tareas de la revolución en Argentina

A. Argentina: los años ‘30 y ‘40. Industrialización y clases sociales

Argentina reforzó en los treinta su dependencia con respecto al imperialismo asumiendo plenamente el carácter de país semicolonial. Este carácter estuvo dado por el papel de nuestro país a nivel mundial caracterizado por ser productor de materias primas y alimentos, la falta de un desarrollo industrial que permita un adecuado nivel de utilización del capital y de productividad del trabajo, la dependencia del país de los capitales externos, así como el establecimiento de una serie de compromisos y pactos a través de los cuales el país perdía atributos esenciales de su soberanía41.
El fortalecimiento de los lazos con Gran Bretaña, concretamente desde la firma del Pacto Roca-Runciman, marcó el punto de inflexión que consolidó el carácter de semicolonia de la Argentina. La crisis mundial iniciada en 1929 transformó las relaciones comerciales a nivel mundial y tuvo consecuencias trascendentes en el largo plazo. El cierre de los mercados europeos a la producción argentina impulsa a las clases dominantes a mantener el mercado inglés a costa de enormes concesiones. Asegurada a los sectores terratenientes esta cuota de participación en el mercado mundial, se hizo necesario impulsar un cierto desarrollo industrial que permitiera hacer frente a las dificultades para abastecer el mercado interno producto de las limitaciones de la capacidad exportadora.

Este proceso se dio en el marco de la modificación de las relaciones económicas a nivel mundial y de las transformaciones en las relaciones entre los imperialismos. Desde la Primera Guerra Mundial se venía dando un debilitamiento de la hegemonía del imperialismo inglés, y una expansión mayor de los capitales alemanes, norteamericanos y japoneses. Inglaterra invertía sus capitales fundamentalmente en sectores de materias primas e infraestructura necesaria para la comercialización, mientras que los capitales en expansión orientaron sus inversiones hacia el sector industrial.
La Segunda Guerra Mundial introdujo una serie de transformaciones relacionadas, en primer lugar, con los cambios que se vislumbraban en la relación de fuerzas a nivel internacional. El ascenso del imperialismo norteamericano se transformó cada vez más en una ofensiva sobre América Latina. La guerra ofreció el marco para esta ofensiva que se tradujo en la Argentina en la presión por la declaración de la guerra a los países del Eje. Por otra parte, las circunstancias económicas impulsaron la necesidad de fortalecer el mercado interno ante las dificultades para abastecerlo desde los países en guerra, sumado esto a la escasez de divisas y las posibilidades de exportación hacia los países beligerantes.
En este marco, se afirmó una división en las clases dominantes argentinas. Mientras los sectores tradicionales -terratenientes ganaderos- se aferraban al mantenimiento de la estructura económica existente con eje en la ligazón al imperialismo inglés, otros sectores advertían la necesidad de acercarse al imperialismo norteamericano. Estos estaban conformados fundamentalmente por los grupos cerealistas (que veían limitado el mercado europeo) y los grupos financieros y sectores industriales necesitados de la renovación de maquinarias y equipos.
Así, se pondrán de manifiesto las contradicciones que generaba en las clases dominantes argentinas la situación particular en relación con el imperialismo. La decadencia del imperialismo hasta entonces dominante en la Argentina y el avance del norteamericano generaba resistencias en sectores de la burguesía a entrar completamente en la órbita de éste, lo cual implicaría una serie de transformaciones para la estructura económica del país y el peso relativo de los distintos sectores de clase.
La «industrialización por sustitución de importaciones» que comienza tras la crisis del ‘30, buscaba la superación de la crisis del «modelo primario exportador», en el marco de la propia crisis del sector agrario argentino y de las transformaciones a nivel internacional. Este proceso desarrollado en el marco del cambio de relaciones de fuerza entre los imperialismos dará lugar a una serie de contradicciones dentro de las clases dominantes argentinas.

Se abren aquí una serie de cuestiones relacionadas con: el carácter del proceso de industrialización y sus limitaciones en cuanto a la transformación de la estructura existente; el carácter de la burguesía industrial que protagoniza este proceso de industrialización; las relaciones de la clase dominante y sus distintos sectores con los imperialismos, uno en decadencia, el inglés, otro en expansión, el norteamericano.

Para comprender el carácter que asume este proceso es necesario partir de una definición sobre la burguesía industrial argentina: «nace estrechamente ligada al campo. La clase industrial argentina no ha nacido libre. Depende estrechamente de la tierra y se siente ligada con sus usufructuarios por más de un lazo de consanguineidad y semejanza. Apenas está saliendo del cascarón, el cordón umbilical que la une a los terratenientes es fuerte y potente, como potente la prominencia de los intereses ganaderos dentro de la economía nacional.»42 Desde el punto de vista de su origen, la burguesía argentina surge como una diferenciación en el seno de la propia burguesía terrateniente a través de la capitalización de la renta agraria y la territorialización de la ganancia industrial: «a medida que la industria argentina se desarrolló, fue acentuándose su entronque con los terratenientes y el capital extranjero, en razón de que la mayor parte de la inversiones en la industria consiste en reinversiones de ganancias por parte de los grupos financieros en que los terratenientes y el capital extranjero tienen una participación preponderante.»43
En los valiosos análisis dejados por Milcíades Peña, acerca de esta estrecha vinculación, encontramos datos sobre la elevada proporción de industriales significativos que pertenecen a la clase terrateniente, marcando «...la abundante participación de intereses terratenientes en la propiedad y el control del núcleo de firmas industriales que ocupan la mayoría de los obreros y arrojan la mayor parte de la producción industrial del país. También se constata la elevada participación de intereses industriales en empresas agropecuarias.»44
Es necesario tener en cuenta también el papel del capital extranjero, en el cual se produjeron cambios tanto en su magnitud como en sus formas de inversión, en el marco del cambio de la relación con los imperialismos. En los ‘30 el capital extranjero se invertirá cada vez más en la actividad industrial a través de inversiones directas.
Dorfman señala que las filiales de empresas imperialistas, fáciles de reconocer porque llevan el nombre de la casa matriz, constituyen sólo una de las formas en que se invierte el capital financiero internacional, «Fuera de estas formas desembozadas de relación financiera con el capital extranjero, pueden señalarse varias fases intermedias como por ejemplo las compañías parte de cuyas acciones han pasado al poder de entes comerciales o financieros no argentinos, industrias que se han establecido gracias a préstamos logrados en bancos extranjeros, etc.». Tomando en consideración sólo las empresas más notables y más notoriamente respaldadas, directa o indirectamente, por capitales formados en el extranjero, Dorfman llega a la conclusión de que los capitales imperialistas constituyen «la mitad del capital total de la industria argentina, a pesar de que la información suministrada es evidentemente trunca. Así, pues, una parte considerable de los capitales invertidos en fábricas que funcionan dentro del territorio argentino no son nacionales; derivan y dependen de grupos industriales o financieros con ramificaciones en todo el mundo, que también aquí ejercen su acción».45
Por eso el concepto de «pseudoindustrialización» de Mílciades Peña resulta útil, particularmente en lo que hace a la consolidación de la relación de dependencia: «... la pseudoindustrialización no ha solucionado el problema nacional, es decir, la supeditación del país a las metrópolis imperialistas. Todo lo contrario, ha marchado paralelamente con una creciente subordinación al capitalismo financiero internacional... la persistencia del problema nacional se vincula estrechamente a la permanencia de las viejas relaciones de propiedad, ya que las mismas clases dominantes nacionales y el imperialismo -aliados en una sociedad donde el imperialismo es socio mayor- usufructúan ambas situaciones.»46

Entonces, la burguesía adoptó un proceso de industrialización limitada en función de sus propios lazos con la burguesía terrateniente y dependiente del capital extranjero. Es así que la crisis del ‘29, al poner en cuestión la realización de la renta agraria, impulsó el interés de los terratenientes argentinos por la diversificación de la economía nacional para hacerla menos dependiente de las fluctuaciones del mercado mundial y resolver mediante un proceso de sustitución de importaciones la disminución de ingresos que significó la disminución de exportaciones impuesta por la crisis. Sectores claves de la oligarquía terrateniente argentina comenzaron a plantear los beneficios de un proceso de industrialización limitada.
En este sentido, el desarrollo de un proceso de industrialización por sustitución de importaciones resulta «funcional» al equilibrio del sistema en su conjunto47. Así, sectores de las clases agroexportadoras se incorporaron a nuevas actividades industriales, sectores provenientes de la actividad financiera y de la comercialización internacional de productos agrícolas, es decir, sectores con una base económica diversificada48.
Podemos decir que junto con los sectores tradicionales ganaderos vinculados al mercado externo, sobre todo a través del imperialismo inglés, convivían grupos económicos orientados hacia la actividad industrial, y provenientes tanto de las actividades agrarias como de grupos financieros, estrechamente vinculados al capital extranjero.

Para concluir remarquemos que el proceso de industrialización por sustitución de importaciones se impulsó en función de las necesidades de preservación del sistema capitalista semicolonial argentino, es decir, que no transformó radicalmente las relaciones de propiedad, reafirmando este carácter semicolonial y atrasado del país, manteniendo la hegemonía de los sectores tradicionales de la economía y la dependencia respecto del apoyo financiero y técnico de los países imperialistas. El proceso de industrialización se dio a partir de la diversificación de los sectores agroexportadores en relación estrecha con el capital extranjero, obteniendo estos sectores el control de la industria argentina a través de un proceso de concentración y centralización.
Sin embargo, la ofensiva creciente del imperialismo norteamericano sobre el país planteó la necesidad de redefinir la relación con el imperialismo. La coyuntura de la Segunda Guerra Mundial profundizó las contradicciones. Se abrió entonces una crisis y un debate en torno al modo en que el país se insertará en la nueva división internacional del trabajo bajo hegemonía norteamericana, el modo en que la economía argentina se adecuará a estas transformaciones, qué rol cumplirá la industria y el Estado, qué sectores de clase hegemonizarán este proceso.
Estas transformaciones y la crisis que provocaron, se expresarán a nivel político dando lugar a una serie de reacomodamientos y cambios en las formas de representación política de los distintos sectores de clase, marco en el cual tendrá lugar el surgimiento del peronismo, tema del próximo capítulo de este trabajo.
En el apartado siguiente desarrollaremos las posiciones de los grupos trotskistas en relación con el carácter del país, del proceso de industrialización y de la burguesía industrial argentina. A su vez, estas cuestiones determinarán sus posiciones acerca de las tareas de la revolución en la Argentina.

B. Las posiciones de los grupos trotskistas

El problema del carácter y las tareas de la revolución en la Argentina ha cruzado al trotskismo argentino. Como analizamos en el número anterior de Cuadernos49, la discusión acerca de la «liberación nacional» no había sido zanjada a comienzos de la década del ‘40. Las posiciones que se presentan allí no se trasladan mecánicamente a los análisis del fenómeno peronista; sin embargo, encontramos en aquella discusión y en la incapacidad para resolverla un punto de partida para comprender las enormes dificultades que enfrentaron los grupos trotskistas a la hora de analizar el trascendental proceso político que presenciaban. Este proceso comprometía a la amplísima mayoría de la clase obrera argentina, y su comprensión y la elaboración de una política correcta resultaba, por tanto, de importancia clave para los pequeños grupos trotskistas.
Como planteamos también en el número anterior de Cuadernos, la caracterización del país afectará la consideración acerca de las tareas de la revolución en los grupos trotskistas argentinos anteriores a 1943. Ambos temas influirán ahora en el análisis del fenómeno peronista.
Por esto será necesario analizar estos aspectos junto con la caracterización de la burguesía nacional en particular, ya que su desarrollo instala la discusión acerca de su carácter, y, desde 1943, su relación con el peronismo.

Partamos de hacer una síntesis de las posiciones de los grupos. Los tres grupos que analizamos coinciden en cuanto a la caracterización del país como semicolonial. Sin embargo, la diferencia de matices en este punto y la diferente consideración acerca de las relaciones entre las clases y con el imperialismo así como sobre el carácter de la burguesía nacional y su posible rol en la lucha por la liberación nacional, abrirán diferencias claves entre los grupos.

Octubre - Jorge Abelardo Ramos
Considera que la industrialización que se desarrolla en el país en la década del ‘30 introduce una gran transformación en la estructura económica argentina ya que da origen a la consolidación de una burguesía industrial que se desarrolla en contradicción con la estructura existente. El carácter semicolonial del país hace necesaria una revolución democrático burguesa en la Argentina, la cual sería llevada adelante por un movimiento nacional formado por el proletariado, el campesinado, la pequeña burguesía y la burguesía industrial, en lucha contra el imperialismo. Si bien Octubre destaca la incapacidad de la burguesía nacional de llevar una lucha consecuente contra el imperialismo y pone esta tarea en manos del proletariado, advierte sobre los «zig-zags» que la burguesía puede hacer y el error de caracterizarla de antemano como contrarrevolucionaria. En sus análisis sobre el peronismo veremos concretamente su política frente a los movimientos nacionales.

Frente Proletario - GOM-POR - Nahuel Moreno
Rechaza categóricamente la contradicción entre el proceso de industrialización y la estructura económica existente y, por lo tanto, entre la burguesía industrial y la vieja oligarquía argentina. Plantea la ligazón estrecha entre ambos sectores de la burguesía y de ella con el imperialismo, y de ahí la imposibilidad de una lucha de la burguesía industrial contra aquél. Así, las tareas de la revolución agraria y la lucha contra el imperialismo quedan en manos del proletariado en alianza con el campesinado en lucha tanto contra el imperialismo como contra el capital nacional, y en este sentido, se plantea la necesidad de un partido obrero revolucionario. Frente Proletario no ve la posibilidad de roces entre la burguesía argentina o sectores de ésta y el imperialismo en el momento que analiza. En los análisis sobre el peronismo veremos las implicancias de estas posiciones.

Voz Proletaria - GCI - Posadas
Coincidiendo con Octubre y oponiéndose a Frente Proletario, plantea que el proceso de industrialización da origen a una burguesía industrial que pugna por reemplazar en el dominio de la economía a la vieja oligarquía terrateniente. En este marco, la burguesía busca establecer nuevas relaciones con el imperialismo angloyanqui que domina al país, lo que provoca roces debido a que sus intereses industrialistas se oponen a los intereses imperialistas. En este proceso, la burguesía se vuelve hacia una fuerza que pueda contrapesar la presión del imperialismo, el proletariado, utilizando su fuerza para sus objetivos, engañando a la clase obrera. Oponiéndose en esto a Octubre, Voz Proletaria considera que la burguesía no puede ser revolucionaria en ningún momento, pero que el proletariado debe aprovechar todos los movimientos que impulsen su lucha revolucionaria. También aquí se verá concretada esta política en relación con el peronismo.

B. 1. Sobre la burguesía «nacional» y el imperialismo

Octubre plantea en relación al carácter del país:
«La Argentina es un país semicolonial, con una economía agraria fundamentalmente capitalista y un proletariado industrial altamente concentrado.»50

Voz Proletaria por su parte, caracteriza al país como semicolonial, definiendo a la economía argentina como primario exportadora y destacando la relación del país con el imperialismo:
«La Argentina, a pesar del desarrollo de la economía y de la industria, es aún una semicolonia, porque depende su base económica de la producción agrícolo-ganadera y de la exportación de materias primas, y porque está sometida a la gran industria y finanza del mercado mundial imperialista. De esta situación, de su dependencia del imperialismo y por el régimen de producción capitalista, deriva su atraso económico y surge el bajo nivel de vida y cultura del proletariado y las masas pobres del campo y la ciudad.
El país está trabado en sus verdaderas posibilidades de desarrollo económico, que haga posible un poder adquisitivo permanente y estable y le permita con el desarrollo del mercado interno y el desarrollo constante de la producción, levantando y extendiendo nuevas industrias, asegurando un gran mercado interno, transformar las bases económicas del país, en un gran país industrial.»51
Frente Proletario pone un énfasis aún mayor en la relación del país con el imperialismo:
«La Argentina es un país completamente dominado por dos países imperialistas, Inglaterra y Norteamérica. Estos dos países imperialistas tienen como aliados íntimos a los burgueses nacionales, dueños de campos...».52
«El dominio del imperialismo sobre la Argentina y Latinoamérica es decisivo. Las más importantes empresas industriales, como así también las más importantes ramas de la producción nacional están en manos del imperialismo»53.

Las diferencias se profundizan en torno a la caracterización del proceso de industrialización y de la burguesía industrial.
Para Octubre, la burguesía desarrollada al calor de la industrialización entraría en contradicción con la estructura económica existente, y por lo tanto con el imperialismo dominante al momento.
«La inexistencia de una burguesía industrial permitió a la oligarquía sobrevivirse en el poder político y continuar dirigiendo el país como una estancia. Pero la crisis mundial de 1929 y la segunda carnicería imperialista de 1939 proporcionaron nuevas oportunidades para consolidar la estructura productiva de la industria.»
«Así fueron creándose las premisas económicas de una política nacional, cuya presencia entra en contradicción con la política antinacional de la oligarquía»54.
«La llamada burguesía nacional comprende aquellos sectores de la industria, el comercio, la agricultura y la ganadería cuyos intereses están radicados esencialmente en el país, y cuyas ganancias no se exportan a los países imperialistas, sino que se reinvierten en su economía interna».55
«En su explotación de la colonia o semi-colonia, el imperialismo choca en primer lugar con la burguesía nacional, la que intenta ampliar su participación en la plusvalía nacional. El imperialismo comprende claramente que su antagonismo con la burguesía nacional es infinitamente menor que con el proletariado del país.» 56

Frente Proletario desarrolla su caracterización de la burguesía industrial argentina, a la que liga estrechamente no sólo al imperialismo, sino a la oligarquía terrateniente. En este sentido, se opone a Octubre en torno a la visión del proceso de industrialización que sufre la Argentina, relativizando su importancia en cuanto a la formación de sectores económicos con intereses opuestos a la vieja estructura económica argentina.
«El país se ha industrializado desde el año 1800, a un ritmo más o menos lento. Significa industrialización de un país atrasado como el nuestro, liberación económica del imperialismo? Desde todo punto de vista, no, si el país está plagado de capitales imperialistas, la industrialización seguramente es controlada por el imperialismo. ...
En la Argentina la ligazón de los industriales y terratenientes más fuertes con el imperialismo es un hecho que cada día que pasa se acentúa más».57
Por lo tanto se enfrentará con Octubre en cuanto a la caracterización de la burguesía industrial, que no se opone a la oligarquía sino que se desarrolla en íntima relación con ella. Esta definición la basará Frente Proletario en amplios análisis acerca de la ligazón entre los sectores de la clase dominante argentina entre sí y con el capital extranjero.
«Los dueños de Tamet a simple vista, es el consorcio financiero Tornsquist formado por la familia Tornsquist. Este consorcio es una potencia industrial, dueña de las más viejas instituciones bancarias con inversiones industriales... son poderosos representantes en el país de capitales extranjeros o de capitales nacionales fundidos al capital foráneo... El consorcio Tornsquist tiene intereses en el campo.
El estudio de Tornsquist nos lleva a otra conclusión: que está ligada a DODERO y a la C.A.D.E. y además en el número anterior dimos las ligazones de SOULAS-CAMPOMAR con Tornsquist y con ROBIROSA de la C.A.D.E. en algunas empresas y con capital francés en las compañías químicas, todo esto revela la existencia de una actividad en líneas generales común de los capitales de los distintos países de Europa. A medida que sigamos haciendo estos estudios veremos como la mayor parte del capital extranjero en nuestro país, el que controla lo fundamental de la economía argentina es el capital europeo. Ese es el motivo de la oposición entre Perón y Braden, defensor el primero de la situación imperante en el país, es decir defensor del capital europeo, se defiende de la ofensiva que le lleva a cabo el otro representante del capital yanqui.»58

Por su parte, Voz Proletaria se diferencia del análisis de Frente Proletario considerando que la burguesía industrial se desarrolla en oposición a las clases terratenientes, en función de sus intereses enfrentados en relación al desarrollo de la economía:
«Esta [burguesía industrial] somete todo el desarrollo y extensión de la industria y de la economía en general a su propio y particular interés, sintiéndose y obrando como nueva dueña del país, en reemplazo de la vieja oligarquía terrateniente y vacuna. Asentándose sobre la base del peso de su desarrollo industrial, económico, financiero y su dominio político, busca establecer nuevas bases de relaciones y dependencia con el imperialismo. Especula con su fuerza para redistribuir y sacar mayor proporción en el reparto de la plusvalía que deja la explotación nacional del país. Ese es su programa nacional para su problema nacional.
Los viejos sectores de la burguesía del país no pudieron ni pueden acomodarse con la reestructuración de la economía, con su desarrollo, con los convenios, los planes, la inversión de capitales, etc. y a quienes el desarrollo industrial los relega a su sometimiento para la cuota de la plusvalía de la explotación del país, que son los sectores del campo, del comercio, de las finanzas, exportadores, importadores, etc, ligados por mil lazos e intereses al imperialismo, se expresa más directamente por boca de radicales, socialistas, conservadores... comunistas. Junto a los de sus propios intereses, son voceros del imperialismo. En su puja común de tratar de impedir, detener o desviar el proceso de desarrollo económico industrial, y el fortalecimiento de la burguesía industrial nacionalista.»59

En función de estos análisis los grupos discutirán en relación con la posibilidad de que sectores de la clase dominante argentina ofrezcan alguna lucha contra el imperialismo.
Frente Proletario negó esta posibilidad en aquella etapa:
«La burguesía nacional está dividida en innumerables sectores, desde los íntimamente ligados al capital extranjero, hasta los que sufren con cierta violencia la influencia de éste. Sin embargo, por el momento, el choque entre los distintos sectores burgueses imperialistas y nacionales no es violento, la buena situación económica general hace que no se exacerbe esta lucha. La burguesía nacional obtiene mayores ganancias que nunca, aunque envidiando al imperialismo que los obtiene mucho mayores que ella, no es tan tonta de arriesgarse en una lucha con los consorcios extranjeros por el botín que les toca de la explotación de las masas argentinas. Hoy día la burguesía nacional y la extranjera en el país están unidas en la explotación del trabajador: todo los une, nada los separa. Esta situación difiere completamente de la época de crisis, 1929-1932, en la cual sectores de la burguesía nacional no ligados al imperialismo, se ponían en pugna con él, para llegar a un mejor acuerdo... Ahora bien, ni siquiera en épocas de crisis, los sectores más castigados de la burguesía nacional son capaces de intentar un ataque serio contra el imperialismo...»60

Voz Proletaria se diferencia claramente de la posición de Frente Proletario al encontrar una puja entre los sectores de la clase dominante: burguesía industrial y oligarquía terrateniente. Encuentra que los lazos de la burguesía industrial con el imperialismo no niegan los roces producto de la presión de éste. En este marco, la oposición de la oligarquía y la presión del imperialismo, la burguesía industrial establece una relación con el proletariado que es definida así:
«La burguesía industrial debe desarrollar su plan entre la presión del imperialismo, de la oligarquía y del proletariado ... al proletariado se dirige intentando crearle la ilusión de que con su esfuerzo, sacrificio, mucha producción ... se liberaría de la sujeción del imperialismo y se solucionaría el problema nacional ... identificando el reforzamiento de su estado capitalista como conveniente a los intereses revolucionarios del proletariado.»61
«Lo que realmente une e identifica a la burguesía con el imperialismo, no es lo que dice Frente Proletario: identidad de intereses en general ¿Qué intereses son? En lo económico chocan. Es su temor a las masas lo que los une.
Para realizar su liberación del imperialismo debería enfrentarlo revolucionariamente. Su temor a las masas se lo impide. Por otra parte choca con la imposibilidad del ensanchamiento del mercado mundial consumidor, de la competencia mundial, de la falta de perspectivas históricas del régimen capitalista, todo lo cual somete a la burguesía nacionalista a las finanzas y gran industria del imperialismo. Por eso su antiimperialismo se reduce a desarrollar maniobras financieras y diplomáticas, pagar enormes sumas por las nacionalizaciones...»62

Hasta aquí, las definiciones en cuanto al carácter del país, de la burguesía industrial y su relación con la oligarquía y el imperialismo. Veamos ahora, sus conclusiones sobre las tareas de la revolución en la Argentina.

B. 2. Sobre las tareas de la revolución

Octubre, a partir de su caracterización de la burguesía nacional (que profundizaremos más adelante cuando la vinculemos al peronismo), deduce las tareas de la revolución argentina y el rol de las clases de ella.
«Dado que la industria de los países atrasados está muy poco desarrollada y que las clases medias constituyen la mayoría preponderante de la población, la tarea inmediata que se les plantea no es el socialismo, sino ante todo hacer la revolución democrática-burguesa, es decir, la revolución agraria63 y la unidad nacional. Ambas tareas son el contenido del movimiento nacional y su respectivo peso específico se encuentra determinado por la estructura del país dado y su relación con otros similares.»64
Octubre también se encarga de explicar el concepto de «movimiento nacional» que llevará adelante estas tareas:
«las tareas nacionales se plantean precisamente por la imperiosa necesidad de amortiguar los efectos de la crisis superando esa tremenda desproporción en el desarrollo de las diversas ramas de la economía, mediante la remodelación de ésta en torno a un nuevo eje (la industria). El campesinado pobre y medio, el proletariado agrícola y urbano, la pequeña burguesía y la burguesía industrial se ponen en lucha contra el imperialismo, que es el factor principal que mantiene a los países rezagados en la miseria y el atraso. Como expresión de esa lucha contra el imperialismo, surgen los movimientos nacionales.»65
En cuanto al rol específico de la burguesía en la resolución de estas tareas, como punto de partida general, Octubre plantea:
«Se puede establecer como ley general, que la burguesía de los países rezagados es incapaz, en las condiciones de la dominación y agonía mundiales del imperialismo, de llevar a cabo las tareas de la revolución nacional (revolución agraria, unidad nacional, soberanía económica). Esta ley, que se apoya en toda experiencia histórica, encuentra su más profundo fundamento en el hecho de que la cuestión nacional se plantea en esta época como producto de la crisis mundial del capitalismo»66.
Pero enseguida advierte de la política oscilante de la burguesía, la cual puede tener incluso un rol revolucionario:
«Pero de la incapacidad de la burguesía de los países retrasados para realizar las tareas de la revolución nacional no se deduce en absoluto que no intente hacerlo. Toda su política oscila permanentemente en torno a dos grandes cuestiones. La primera en orden de importancia es ‘mantener su dominación sobre el proletariado y los campesinos pobres’; la segunda, ‘casi de vida o muerte’, crear ‘un mercado interior único y protegerlo contra las ‘mercancías extranjeras’.
Por esta razón, la política de la burguesía colonial o semicolonial consiste en una serie de zig-zags. Y resulta el mayor de los absurdos antidialécticos y el peor error que se pueda cometer el querer fijar de antemano a la burguesía un rol reaccionario o revolucionario.»67

Frente Proletario plantea, a partir de su caracterización de la relación entre imperialismo y clases dominantes de los países atrasados, las tareas de la revolución, el rol del proletariado y la imposibilidad de alianzas con sectores de la burguesía:
«Todos los países latinoamericanos tienen dos problemas comunes: el agrario y el dominio del imperialismo. Indudablemente hay entre los países latinoamericanos grandes diferencias, pero en lo esencial esos dos problemas están indisolublemente ligados entre sí y a la lucha contra el capitalismo, ya que al atacar a los latifundios atacamos también a su hermano de leche la burguesía industrial, y a su patrón el imperialismo.»68
«El proletariado es el encargado de esta tarea gigantesca, unido a los chacareros empobrecidos... El capitalismo moderno se manifiesta en los trusts, cartels, etc, grupos capitalistas nacionales e internacionales ligados más o menos íntimamente unos con otros. No se puede luchar contra el capitalismo internacional, o sea el imperialismo, aliándose al capital nacional como quiere el stalinismo y el socialismo, todo lo contrario, la lucha hay que llevarla contra uno y otros ya que están íntimamente ligados, es decir la lucha contra el imperialismo se trasforma en la lucha revolucionaria contra el régimen capitalista.
«La burguesía se une e internacionaliza cada vez más... la lucha tendrá que ser llevada a cabo por el proletariado dirigido por un partido Obrero Revolucionario Argentino (sección del Partido Mundial de la Revolución Socialista, IV Internacional) que lucha intransigentemente por la revolución y dictadura obrera a través de la lucha de clases.»69

Voz Proletaria define la lucha del proletariado contra el sistema capitalista pero aprovechando los roces entre la burguesía industrial y el imperialismo:
«El problema nacional de la Argentina y de Latino América, es el problema de la destrucción del régimen capitalista... El proletariado, en sus movimientos de clase, busca instintivamente esa salida revolucionaria. Por eso la burguesía nacional esquiva el problema... Por eso en su oposición al imperialismo, limitó y limita, no sólo sus objetivos económicos, sino el carácter de sus movimientos y la orientación de su oposición política, evitando todo lo que pudo y pueda darle un sentido revolucionario.
Pero esta es la época del dominio mundial del imperialismo... y la existencia de sistemas de explotación agraria feudales y semifeudales... determinan la tarea de la expulsión del imperialismo y de la revolución agraria ... chocan... con el régimen de la propiedad privada y es el sistema de explotación capitalista. De esta realidad surge la necesidad de realizar en forma combinada, sin etapas intermedias las tareas del problema nacional y las tareas de la revolución socialista.
(...) debido a la falta del Partido revolucionario de la Cuarta Internacional que oriente y conduzca esta lucha le ha permitido a la burguesía industrial canalizarla para su provecho. Pero demostró su impotencia histórica... Así el desarrollo económico y las posibilidades de transformación industrial del país sirven fundamentalmente para la acumulación y concentración del capital de la burguesía industrial nacionalista.»70
Criticando al GOM, Voz Proletaria plantea: «Cuando se niega y se persiste en negarse a reconocer el proceso concreto del roce de la burguesía industrial con el imperialismo angloyanqui, el carácter del país, el sentido del empuje revolucionario del proletariado, la conveniencia para él de aprovechar para su propio programa específico de país atrasado esta lucha; cuando en su lugar se le dirige la orientación y se le atrae la atención política hacia la ‘lucha de clases contra el capitalismo’, con posiciones y políticas que no corresponden al proceso general y concreto del carácter del país y de su lucha.»71
Y afirma la necesidad de «aprovechar, para sus intereses revolucionarios, los roces, fricciones y pasos de la burguesía nacional con el imperialismo.»72

C. Algunas conclusiones

Los grupos coinciden en la caracterización del país como semicolonial. Si bien este carácter se refuerza desde los ‘30 al afianzarse la dependencia de Gran Bretaña, podemos decir que es precisamente en la época que los grupos analizan, del surgimiento del peronismo, cuando la Argentina asume un carácter relativamente «independiente» en la coyuntura (retomaremos este punto más adelante). Sin embargo, puede considerarse correcta la definición de los grupos en perspectiva histórica en tanto remarcan el carácter atrasado del país y la dependencia del imperialismo.
En otros puntos sus definiciones se vuelven más polémicas. Las diferencias más importantes se centran en el carácter que asumió la industrialización en el país, lo que se relaciona con la consideración acerca de la relación con el imperialismo y el carácter de la burguesía industrial.
En el primer punto de este capítulo desarrollamos nuestra posición al respecto. El proceso de industrialización por sustitución de importaciones implicó una serie de transformaciones, producto de los cambios en las relaciones económicas a nivel mundial. Sin embargo, este proceso no sólo no transformó las relaciones de propiedad ni el carácter semicolonial y atrasado del país, sino que se dio en forma limitada (al no desarrollar la industria básica, por ejemplo) y dependiente (debido a la estrecha relación con el capital extranjero y la dependencia de capital y tecnología). La interrelación explicada entre los sectores de la burguesía industrial y la burguesía terrateniente argentinas y su dependencia del capital extranjero, en el marco de un proceso de industrialización con estas características, hacen discutible la afirmación de que se creen «las premisas económicas de una política nacional cuya presencia entre en contradicción con la política antinacional de la oligarquía», como plantea Octubre.
Tampoco puede decirse que la burguesía industrial, como plantea Voz Proletaria, «somete todo el desarrollo y extensión de la industria y de la economía en general a su propio y particular interés, sintiéndose y obrando como nueva dueña del país, en reemplazo de la vieja oligarquía terrateniente y vacuna». El mismo grupo advierte al afirmar el carácter semicolonial del país que «depende su base económica de la producción agrícolo-ganadera y de la exportación de materias primas». No es correcto afirmar que la burguesía industrial somete a la economía a su interés oponiéndose a los intereses de las clases terratenientes, dándose como se dio el proceso de industrialización en las condiciones que describimos más arriba. Pero además no es posible comprobar el reemplazo de la oligarquía terrateniente por la burguesía industrial, logrando ésta el control de la economía, cuando lo comprobable es la interrelación entre los distintos sectores de la clase dominante argentina y con el capital extranjero, y son estos «grupos económicos diversificados»73 los que controlaban la economía.
Lo que sí se advierten son una serie de reacomodamientos y divisiones de sectores de clase en el marco de la disputa interimperialista que se produjo en esta etapa. Se trata de una división «horizontal» de las clases dominantes que no tiene que ver con la oposición burguesía industrial nacionalista-oligarquía terrateniente, sino con divisiones entre sectores de las clases dominantes en función de la relación a establecer con los imperialismos, y los reacomodamientos que provocaron las nuevas relaciones internacionales que, primero la crisis del ‘30 y después la Segunda Guerra, produjeron en nuestro país.
También aparecen diferencias en torno a las relaciones con el imperialismo. Estas diferencias se dan fundamentalmente en relación a la posibilidad de roces y enfrentamientos. Y esto a su vez se relaciona con las tareas de la revolución en la Argentina y la posibilidad del surgimiento de movimientos nacionalistas.
Tanto Voz Proletaria como Octubre coinciden en el surgimiento de roces entre la burguesía industrial y el imperialismo. Para Octubre, en este marco surgen los movimientos nacionales. Las tareas de la revolución argentina son la reforma agraria y la unidad nacional, lo que significa «la remodelación de ésta [la economía argentina] en torno a un nuevo eje (la industria)», y será posible resolverlas en lucha contra el imperialismo, debido a su oposición a todo proceso de modernización industrial de la Argentina. Octubre vislumbra una etapa de desarrollo económico previo liderado por la burguesía industrial; en este marco aparecen sus consideraciones en torno al «error que se pueda cometer al querer fijar de antemano a la burguesía un rol reaccionario o revolucionario». O sea que Octubre le otorga a la burguesía industrial al menos la posibilidad de cumplir un rol revolucionario. Los planteos de Trotsky son categóricos en cuanto al rol de las burguesías nacionales y la imposiblidad de que cumplan un rol revolucionario. Así también prever una etapa previa necesaria de desarrollo burgués en manos de la burguesía nacional, contradice la propia teoría de la revolución permanente. Retomaremos este punto en el capítulo siguiente.
Para Voz Proletaria una de las tareas de la revolución, además del problema agrario, es la expulsión del imperialismo. Pero la burguesía industrial, debido a la oposición con aquél en función de sus intereses de desarrollo económico, aprovecha esta lucha para su beneficio. El proletariado debe «aprovechar, para sus intereses revolucionarios, los roces, fricciones y pasos de la burguesía nacional con el imperialismo».
Plantea correctamente, la imposibilidad de que la burguesía cumpla un rol revolucionario y «la necesidad de realizar en forma combinada, sin etapas intermedias las tareas del problema nacional y las tareas de la revolución socialista».

Frente Proletario ofrece valiosos antecedentes para el estudio de la estructura de clases en la Argentina, desarrollando las características del proceso de industrialización en un país atrasado y la ligazón entre los sectores industriales y la vieja estructura agropecuaria del país y con el imperialismo.74 En este sentido, es correcta su crítica a la falsa oposición entre burguesía industrial y oligarquía terrateniente. Considera que la revolución implica un enfrentamiento tanto contra el imperialismo como contra la burguesía terrateniente e industrial. Sin embargo, no encuentra, en el marco de su análisis, la posibilidad del surgimiento de movimientos nacionalistas que ofrezcan un marco particular para la lucha proletaria por la liberación nacional. Se trata de una visión distante de los análisis de Trotsky sobre la emergencia de fenómenos de resistencia al imperialismo en países semicoloniales.
Al no sopesar en forma adecuada la rivalidad entre Inglaterra y Estados Unidos, Frente Proletario niega la posibilidad de roces con el imperialismo y el impacto de estos cambios sobre la economía argentina con las divisiones que se operan en la clase dominante. Y por lo tanto no analizarán correctamente las consecuencias a nivel político de estos cambios, fundamentales para comprender el fenómeno peronista.

 

Capítulo 2: Qué fue el peronismo

A. Acerca del carácter del peronismo en sus orígenes

En el capítulo anterior desarrollamos las características de las transformaciones que tienen lugar desde los ‘30 y con el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Este panorama ofrece el marco en que se produce el surgimiento del peronismo.
A riesgo de repetirnos, sinteticemos algunas de sus características. A nivel internacional, el proceso central tiene que ver con la decadencia del imperialismo inglés y la afirmación del ascenso del imperialismo norteamericano. Señalamos las implicancias de este hecho en la Argentina: el imperialismo tradicionalmente dominante se encontraba en retirada y la ofensiva de Estados Unidos sobre el continente planteaba la necesidad de redefiniciones en cuanto a la relación del país con el imperialismo. El pacto Roca-Runciman reforzó la dominación inglesa, mientras crecían las presiones norteamericanas. El problema de la política argentina frente a la guerra se manifiestó como expresión de esta situación: la neutralidad argentina era una necesidad para Gran Bretaña, debido a los requerimientos de abastecimiento de alimentos y materias primas. La declaración de guerra al Eje significaba el realineamiento de los países latinoamericanos detrás de Estados Unidos.
En 1942, en la Conferencia de Río de Janeiro, Argentina se opuso a subordinarse a este país en política exterior. Desde ese mismo año, Estados Unidos prohibió la exportación a la Argentina de equipos eléctricos, productos químicos y otros artículos básicos.
Las clases dominantes argentinas comenzaron a dividirse en torno a esta cuestión. Los sectores industriales, cerealistas y financieros, necesitados de mercados que la Europa en guerra ya no ofrece y de renovación de maquinarias y equipos, comenzaron a plantear la necesidad de profundizar la relación con el imperialismo norteamericano. Estancieros y ganaderos, dominantes aún en la estructura económica argentina, resistían esta opción.
Esta situación se manifestó en crisis política, los distintos sectores de clase intentarán expresar sus intereses a través de diferentes manifestaciones políticas, pero cada vez será más claro que los viejos canales y las viejas prácticas habían perdido eficacia.
El plan Pinedo de 1940 fue expresión de estas contradicciones. Se trataba de un proyecto que se basaba en la compra de los excedentes agrícolas, el impulso a la industria de la construcción y la actividad manufacturera, aunque sin afectar la posibilidad de exportar, basándose en la idea de que no debía producirse aquello que se importaba, se priorizaban los acuerdos con Estados Unidos y se atribuían nuevas funciones al Banco Central. Este plan contemplaba los intereses de diferentes grupos sociales: la compra de excedentes y el postulado de no afectar la importación de los países que compraban al país, beneficiaba a los sectores agroexportadores, y también a los sectores industriales al establecer una nueva distribución de recursos desde el Estado, impulsando la ligazón con capitales de origen norteamericano. El proyecto no fue aprobado, expresión de las profundas contradicciones presentes en las clases dominantes y la imposibilidad de articular un proyecto de desarrollo.
La escisión en las clases dominantes se expresó, en primer lugar, en la división del Partido Conservador. La candidatura de Patrón Costas para las elecciones previstas para 1944, un industrial azucarero impulsor de una más activa colaboración con Estados Unidos, concita el apoyo de los industriales y los capitales extranjeros. Su victoria en las elecciones internas del partido y su seguro triunfo en las elecciones nacionales apuró la reacción.
El golpe del 4 de junio de 1943 tuvo el objetivo de impedir que los sectores más proclives a la entrada del país en la órbita norteamericana llegaran al poder75. Expresó a los sectores dominantes tradicionales aún vinculados con el imperialismo inglés, sector expresado más directamente por el ejército. Esta institución asumió el gobierno en el marco de la crisis política abierta y como expresión del conjunto de las clases dominantes, en cuanto resguardo del capitalismo argentino semicolonial y atrasado, y en procura de restaurar la unidad burguesa rota.76
En este sentido, el gobierno que surgió puede definirse como bonapartismo, en tanto una institución del Estado, el ejército, asume el poder, «elevándose» por encima de las clases, en el marco de la división de las clases dominantes, y en función del sostenimiento del sistema.

La presión del imperialismo norteamericano sobre la Argentina recrudece.
En 1944 el país declara la guerra al Eje. El gobierno militar entró en crisis. El coronel Perón (como Ministro de Guerra y, sobre todo, a cargo de la Secretaría de Trabajo y Previsión), iba obteniendo cada vez mayor influencia, especialmente en función de su peso en el movimiento obrero.
Se abrirá paso la movilización del 17 de octubre que dará un nuevo giro a la situación. Perón había sido forzado a renunciar días antes, falto de apoyo en las propias fuerzas armadas y con la oposición aglutinada. En su «despedida», Perón anunció un aumento de salarios y la implantación del salario mínimo, vital y móvil. En el marco de la agudizada crisis política, Perón fue detenido. Mientras comenzaba la movilización de apoyo a Perón en las calles, el Confederal de la CGT se reunió el 16 de octubre. El 17 convoca a la huelga general. Miles de trabajadores se le habían anticipado y abandonaban sus puestos de trabajo para converger en la Plaza de Mayo, donde permanecieron exigiendo la libertad de Perón. Perón apareció en el balcón de la Casa de Gobierno. Comenzaba a definirse un nuevo panorama en las relaciones de fuerzas que se expresarán en las elecciones de 1946. Los tradicionales partidos, el Conservador y el Radical, no representaban ya, tal cual eran, los nuevos realineamientos de clases y el peso social en la escena nacional del proletariado.
La presión de Estados Unidos se manifestó en la figura de su embajador, Braden. A su alrededor se aglutinaron los sectores más ligados al imperialismo norteamericano: los grandes industriales y los terratenientes con lazos con la industria, más los trusts cerealeros, que organizarán la Unión Democrática, con el apoyo de los partidos socialista y comunista77. Perón tenía el apoyo de los sectores ganaderos y el Partido Laborista.
En el capítulo anterior nos hemos referido a la situación económica, que retomamos brevemente aquí. Hemos reseñado también la crisis política. El año 1945 marca claramente la intervención de la clase obrera como actor clave en la escena política nacional.
El proceso de industrialización que se desarrolló en los ‘30 y ‘40 dio lugar a una serie de transformaciones estructurales en la clase obrera argentina. Al crecimiento cuantitativo del proletariado industrial, producto del crecimiento de la industria y de las migraciones internas, debemos agregarle cambios cualitativos en cuanto a su composición y formas de organización.
La clase obrera argentina protagonizó una etapa de ascenso cuyos picos se dieron entre 1935 y 1937 con un punto álgido en las huelgas de la construcción de 1936. Este proceso de luchas culminará en el surgimiento de los sindicatos industriales. La coyuntura de la Segunda Guerra Mundial marcó un reflujo en este proceso; sin embargo, se dieron una serie de luchas parciales de consecuencias claves, como las de los frigoríficos de 1943 y 1945. Y, elemento fundamental, tendrá lugar un proceso de organización expresado en la formación del Partido Laborista. Este partido, asentado sobre los sindicatos, constituyó un intento de organización política independiente de la clase obrera argentina.78 Más adelante le dedicaremos un apartado especial a estos temas.
Digamos aquí que el coronel Perón desarrolló una política social destinada a estos sectores obreros, a la vez que un proceso de cooptación-represión de dirigentes sindicales.
La expresión, a nivel de la burocracia sindical, de las divisiones al interior de las clases dominantes y de la coyuntura internacional y la política de los partidos obreros, dieron origen a dos CGT. Una bajo control de socialistas y comunistas, seguía las políticas de estos partidos a nivel nacional e internacional, apoyando (hacia 1941) a través de una política de colaboración de clases al imperialismo norteamericano. Otra, «apolítica» que se prestaba a la colaboración con el gobierno militar. Perón reprimió a la primera, persiguiendo a los sindicalistas de la izquierda a los que no pudiera cooptar y procedió a asegurarse el apoyo del resto de los dirigentes sindicales.
Así, a la par que una política social que incluía medidas largamente esperadas por el proletariado y ciertos sectores populares, Perón inició un proceso de estatización de las organizaciones sindicales. La destrucción del Partido Laborista como germen de organización autónoma de la clase obrera y la integración de la burocracia sindical en el Partido Peronista, fueron expresión de este proceso.
Volvamos a las elecciones de 1946. El triunfo electoral de Perón dio origen a un nuevo tipo de gobierno. La imposibilidad del régimen surgido en 1943 para resolver la crisis, fundamentalmente por el aumento de la presión del imperialismo norteamericano, expresada abiertamente en la campaña electoral, puso de manifiesto la necesidad de buscar el apoyo de otra fuerza social, el proletariado79.
El recurso a la clase obrera y las organizaciones sindicales como base de apoyo del régimen respondía a varios objetivos. Por un lado, «resolver» la debilidad de las clases dominantes, que por su parte respondieron aglutinándose en la oposición contra Perón, frente a las medidas de tipo «populistas». Por otro lado, resultaba necesario, en función del mantenimiento del orden social, incorporar al proletariado al régimen a través de sus organizaciones, así como el otorgar beneficios sociales, máxime teniendo en cuenta la etapa de ascenso previo protagonizada por la clase obrera argentina en los años ‘30. Por último, la perspectiva de la postguerra abría dos panoramas: por un lado, la posibilidad de un ascenso proletario; en este sentido, y en relación con lo anterior, el surgimiento del peronismo tiene un objetivo «preventivo»; y por otro lado, los mercados para la venta de productos industriales que la Argentina había obtenido en tiempo de guerra, se perderían ante la vuelta de los países beligerantes a la producción civil; esto hacía necesario fortalecer el mercado interno y por lo tanto, aumentar la capacidad de la demanda interna.
Como decíamos, el gobierno peronista iniciado en 1946 da comienzo a una nueva etapa en la historia argentina. El régimen peronista se caracteriza por un lado, por las concesiones a la clase obrera para contar con una fuerza contra la ofensiva norteamericana y, por otro lado, amortiguar la lucha de clases, impidiendo que el proletariado asuma una organización independiente que implique la amenaza al régimen burgués en su conjunto.
Ya vimos que las clases dominantes se sumaron a la oposición al peronismo en el 1945 y 1946; sin embargo, esta oposición se fue trocando en colaboración, reticente en algunos casos, más abierta en otros. Así, uno de los primeros sectores que revisó su postura fue el agropecuario; la Sociedad Rural, por ejemplo, ya en el curso del año 1946 (aún en el marco de las quejas repetidas por la política social en el campo), cambió su tono opositor80. Y la UIA, como representación de los grandes industriales, que formó parte de la Unión Democrática en 1946, para 1948, por ejemplo, también admitía los beneficios que la política del gobierno les había brindado81.

Este tema nos introduce en la actitud del gobierno peronista hacia los distintos sectores sociales. Así, un análisis del peronismo, aún con los límites que planteamos en este trabajo, no quedaría completo sin una referencia general a las políticas desplegadas por su gobierno.
En primer lugar, debemos decir que el gobierno peronista implicó un cambio cualitativo en relación al rol y funciones del Estado. Este proceso de mayor intervencionismo estatal fue característico de la mayoría de los países capitalistas frente a la crisis del ‘30 y se refuerza en el marco de la guerra y la postguerra. También en la Argentina, el Estado asumió un rol esencial para atenuar los efectos de la crisis con el objetivo de restablecer las relaciones con el mercado mundial. Si bien, entonces, la intervención del Estado fue un proceso previo al surgimiento del peronismo, adoptó nuevas características con su ascenso al poder. Este nuevo papel tenía que ver con una sociedad capitalista que se hacía cada vez más compleja, sin un rol claro en la economía mundial y sin una estrategia de desarrollo autónomo; en este marco, el Estado asumió la búsqueda de «respuestas ordenadoras» que apuntaban a dinamizar la acumulación capitalista y actuar a la vez como conciliador de intereses de distintos sectores de clases82.
Esta política se expresó en varios campos y en nuevas instituciones. Por un lado, una serie de políticas apuntaron a favorecer el proceso de acumulación capitalista, sobre todo a través del crecimiento de ciertas ramas industriales. Por otro lado, esto se combinaba con una «apuesta a Gran Bretaña»83, expresada en acuerdos y políticas que procuraban sostener la relación argentina con aquel país. Por último, la política social.
Veamos. En el marco de la situación de la postguerra, Argentina sufría la escasez de divisas y la pérdida de mercados para productos industriales abiertos antes por la coyuntura bélica. A esto se sumó el «boicot» norteamericano que prohibía el envío de productos estratégicos (como equipos para extraer petróleo, artículos de acero, armas). Así, una serie de políticas tuvieron efectos sobre el desarrollo de ciertas ramas de industria, incluidas las de propiedad estatal, como Fabricaciones Militares. Otras medidas buscaron reformar el sistema bancario oficial y ejercer una mayor regulación del comercio exterior. El crédito industrial fue una política que buscaba favorecer a ciertos sectores industriales: si bien ofreció crédito a medianas y pequeñas empresas, sostenía con financiación a largo plazo a las grandes empresas industriales y derivó el crédito, después, a frigoríficos e ingenios azucareros84.
La presión norteamericana (y su preocupación por el surgimiento de un régimen no confiable en Sudamérica) explica que el gobierno siguiera «respaldándose» en Gran Bretaña85; el gobierno peronista, por ejemplo, estableció sucesivos tratados entre 1947 y 1949 para regular el comercio con Inglaterra: Argentina lograba con ellos una cuota para la carne a cambio de comprar bienes británicos; a la vez, la política de control de cambios se mantuvo para dar preferencia a las compras en el área de la libra, con lo cual el país aceptó esperar para utilizar los créditos en libras ganadas durante la guerra, y los créditos fueron utilizados para cancelar compromisos externos del país y comprar las inversiones de origen británico, siendo la libra inconvertible, los créditos argentinos sólo podían ser aplicados a dicha moneda comprando bienes ingleses. En el mismo sentido fue la nacionalización de los ferrocarriles, que, aún siendo expresión de una ampliación de las funciones del Estado nacional, se hicieron en condiciones altamente favorables para Inglaterra, pagándolos incluso cuando la concesión estaba a punto de vencer y los ingleses esperaban deshacerse de ellos.
El IAPI, creado en 1946, aparece como una de las instituciones más importantes creadas por el gobierno peronista. Es explicado como parte de una política de transferencias de ingresos desde el sector agrícola al industrial. Sin embargo, si bien el IAPI manejaba buena parte del comercio exterior nacional, su organización burocrática hizo este control poco efectivo, y orientó gran parte de sus recursos a dar enormes subsidios a los frigoríficos extranjeros; los aportes a estas empresas entre 1946 y 1954 sumaron un monto superior a todas las compras de equipos de transporte y energía que efectúa el IAPI en el mismo lapso86. Esta institución es una expresión de los aspectos contradictorios de la política del gobierno peronista que, por un lado ,impulsó la diversificación de la economía para lograr una inserción más favorable del país en el mercado mundial, y un intento de superación de los límites del desarrollo capitalista argentino; y por otro lado, se «recostó» sobre el imperialismo inglés sosteniendo a los sectores más tradicionales de la economía.

Este último aspecto es claramente visible en la política del peronismo hacia los sectores agropecuarios. Así, el gobierno no dio siquiera pasos tímidos hacia una reforma agraria, la colonización y entrega de tierras fue el aspecto más claro de continuidad con la política anterior, y las tierras que se colonizaron fueron sobre todo de origen fiscal y no afectaron al latifundio, base de las relaciones de propiedad en el campo argentino.
Por último, como dijimos, la política social del peronismo, tenía un doble objetivo: consolidar al proletariado como base social de apoyo y amortiguar la lucha de clases. Por otro lado, se esperaba poder conformar un mercado interno consumidor. Aquí entramos en un tema central: el movimiento obrero en la etapa peronista.
Desarrollaremos este tema en el capítulo 3 de este trabajo. Digamos aquí que resultará una expresión también de los aspectos contradictorios del peronismo. Por una parte, el gobierno peronista desarrolló una política tendiente a favorecer la sindicalización de la clase obrera dando origen a poderosas organizaciones sindicales. Por otro lado, ganaba el apoyo del proletariado a través de una serie de concesiones que mejoraron notablemente sus condiciones de vida y trabajo. Las comisiones internas, creadas como forma de control de los obreros sobre las condiciones de trabajo en las fábricas, que incluían el control de los ritmos de trabajo, actuarán por décadas como manifestación del poder de las bases obreras, y como límites a la necesidad de aumento de la productividad de la patronal. Al mismo tiempo, el régimen cooptaba a la burocracia de las organizaciones sindicales, y a través de mecanismos como el arbitraje, el reconocimiento estatal de los sindicatos, el cobro de cuotas sindicales, etc., consolidaba un proceso de estatización de las organizaciones obreras.
Finalmente, hagamos referencia a otro aspecto característico del gobierno peronista: los elementos totalitarios del régimen en cuanto restricción de libertades democráticas, persecución a las fuerzas políticas disidentes, particularmente la izquierda, la intervención en el ámbito de la educación y, en particular, el universitario.
Como conclusión de su política podemos decir que, por un lado, beneficiaba a la burguesía ganadera que se enriquecía con la expansión del mercado interno consumidor de carnes, y con el sostenimiento de las cuotas de exportación; dio origen a nuevos sectores burgueses ligados a la expansión del mercado interno y productores de artículos de consumo; creó un sector burocrático enriquecido con la negociación de los permisos de cambio (los cupos de importación y exportación) o vendiendo cereales a través del IAPI, es lo que se llamó la burguesía «cupera»87. La burguesía industrial por su parte tenía una política contradictoria hacia el gobierno, mientras los beneficiaba la posibilidad de nuevos negocios, los perjudicaba la imposibilidad de renovar maquinaria, y fundamentalmente la política social del peronismo y el aumento del poder de negociación de la clase obrera; aun así, ciertos sectores de los industriales encontraron condiciones para realizar importantes negocios. Ante este panorama, podemos decir que, producto de las contradicciones en las que aparece, el peronismo surgió y se afirmó «apoyándose» en la vieja estructura económica argentina y en oposición a la ofensiva del imperialismo norteamericano; al mismo tiempo, las necesidades de diversificación económica que las circunstancias imponían al país y la dinámica del propio desarrollo económico dependiente y del propio régimen dio origen a nuevos sectores burgueses y a una particular relación con la clase obrera.

Sinteticemos las condiciones en que emerge el fenómeno peronista:
a) se dio en el marco del cambio de la hegemonía a nivel mundial de Gran Bretaña a Estados Unidos y la transformación de las relaciones comerciales, lo cual forzó a la Argentina y sus clases dominantes a redefinir su inserción en el mercado mundial;
b) la crisis en las clases dominantes que esta situación produjo, que se expresó en escisión en torno a la ligazón al imperialismo y en crisis de dominación política;
c) la necesidad de cambios que permitieran afrontar esta nueva situación internacional: el desarrollo de un proceso de pseudoindustrialización, la sustitución de importaciones, impulsado en principio como respuesta a la crisis del ‘30 y ampliado en el marco de la guerra;
d) un proceso de transformaciones en la clase obrera argentina producto de esta industrialización: crecimiento del proletariado industrial y nuevas formas de organización como resultado de agudos ascensos de la lucha de clases;
e) la coyuntura particular del estallido de la segunda guerra que: reforzó la presión del imperialismo norteamericano y por lo tanto las contradicciones al interior de la clases dominantes, planteó la perspectiva de ascenso obrero en la posguerra, reforzó la necesidad de fortalecer el mercado interno.

En lo que hace al movimiento y al régimen peronista, las características antes explicadas nos permiten contrastarlo con las definiciones de Trotsky en relación a los nacionalismos burgueses y los regímenes de los países semicoloniales, desarrolladas en la introducción.
La redoblada ofensiva imperialista sobre los países semicoloniales ofreció el marco para el surgimiento de fenómenos de nacionalismo burgués. En la ofensiva imperialista sobre América Latina, liderada por el imperialismo norteamericano, éste se enfrentaba a la competencia de otros imperialismos sobre la región. Esta ofensiva produjo no sólo la resistencia y la movilización de las masas, sino también, frente a la perspectiva de una sujeción completa al imperialismo y la pérdida de control en la explotación de sus propios países, la búsqueda por parte de las burguesías de obtener una relativa autonomía para desarrollar esta explotación y de condiciones más favorables de negociación con el imperialismo. Sin embargo, la relativa debilidad de la burguesía semicolonial frente al capital imperialista, a la vez que la relativa fortaleza del proletariado, dio origen a regímenes que se caracterizaban por su oscilación entre la burguesía nacional y la clase obrera, y entre el capital extranjero y el nacional. En este marco, estos gobiernos, si intentaban ofrecer resistencia al imperialismo, necesitaban del apoyo del proletariado para sostenerse.
La ofensiva norteamericana sobre la Argentina ofrece un ejemplo de esta situación. La burguesía argentina necesitaba reacomodarse a la nueva situación internacional, frente al avance del imperialismo norteamericano y el debilitamiento del inglés, tradicionalmente dominante en el país y al que se encontraban profundamente ligados los sectores de clase más fuertes de la economía argentina. La ofensiva imperialista dio origen a un movimiento nacionalista que intentaba resistir esta ofensiva respaldándose para esto en el imperialismo británico, es decir, intentaba utilizar esta rivalidad para obtener un espacio de negociación más favorable con el nuevo imperialismo. Sin embargo, la relativa debilidad de la burguesía argentina en el marco de las divisiones internas que la ofensiva imperialista produce, y la fortaleza del proletariado, dio origen a un régimen que puede definirse como bonapartista sui generis, en tanto, oscilando entre las clases fundamentales de la sociedad, se apoya en el proletariado y, en este sentido, «de izquierda»- en resguardo de las relaciones sociales de producción. Digamos que la definición de «bonapartismo sui generis» es elaborada por Trotsky a la luz de sus estudios sobre México. En este sentido, si bien puede aplicarse al peronismo, es necesario aclarar que el régimen cardenista expresa un tipo de nacionalismo con importantes diferencias con el analizado aquí; diferencias expresadas en una política más ofensiva de resistencia al imperialismo, que se reflejan, por dar sólo un ejemplo, en su política de nacionalizaciones, en la que avanza mucho más que el peronismo.
Ahora bien, estas burguesías semicoloniales no ofrecen una lucha consecuente por la liberación de sus países de la opresión imperialista, debido a los múltiples lazos que las unen con el capital extranjero, de los cuales depende su propia existencia, y a la vez, por el temor a sus propios proletariados y la potencialidad revolucionaria que una lucha nacional puede desatar.
En este sentido, la etapa peronista no implicó un proyecto de desarrollo nacional independiente. Así, por ejemplo, su política de industrialización limitada buscó crear condiciones de cierta autonomía para lograr una inserción más favorable del país en la división del trabajo internacional y el fortalecimiento del mercado interno, pero en ningún momento implicó la ruptura de los lazos con el imperialismo. No se propuso, entre otras cosas, liberar a la economía de la traba del latifundio y dar impulso a una redistribución de recursos que desarrollara las industrias básicas. Así, por ejemplo, el desarrollo de la industria, si bien tuvo el efecto de ampliar la utilización de mano de obra, se implementó sobre la base de la utilización de la capacidad productiva instalada y con escasa inversión productiva.
Sin embargo, aún esta clase de oposición a la ofensiva del imperialismo norteamericano que implicó el peronismo, generó la reacción de aquél. El recurso del peronismo al apoyo de la clase obrera significó la búsqueda de una base social desde donde resistir a la presión imperialista y a la vez, a la oposición alternada de distintos sectores de las clases dominantes. Tuvo también el objetivo de encauzar la potencialidad revolucionaria del proletariado en defensa de los intereses de clase de la burguesía argentina.

B. Los grupos trotskistas frente al peronismo

La discusión se centrará en torno a la relación del peronismo con la clase dominante y con el imperialismo y el lugar de la clase obrera en el movimiento peronista. Comenzaremos con el primer punto y le dedicaremos un capítulo al segundo, aunque en la caracterización del peronismo incluiremos los análisis que los grupos hacen de la relación de éste con el proletariado. Hagamos antes una síntesis de las posiciones de los tres grupos.

Octubre - Jorge Abelardo Ramos
Para este grupo el peronismo expresa un movimiento nacional que representa los intereses de la burguesía nacional en su enfrentamiento contra la oligarquía y el imperialismo, en concordancia con sus caracterizaciones sobre el rol progresivo de la industrialización y las características del desarrollo de la burguesía industrial. Para Ramos el peronismo es la versión burguesa de la Revolución Nacional y dará los primeros pasos hacia la unificación nacional de América Latina. En relación a las masas, tendrá un rol progresivo al desarrollar la conciencia nacional. En este sentido, sería necesario apoyar las medidas en tanto promuevan el desarrollo burgués y por lo tanto aceleren la lucha de clases.

Voz Proletaria - Posadas - GCI
Para este grupo el peronismo también representa los intereses de la burguesía industrial nacionalista que se apoya en el proletariado para impulsar una política de desarrollo industrial, para la cual se opone al imperialismo y a la oligarquía terrateniente. Pero se diferencia de Octubre al plantear la imposibilidad de la burguesía de llevar adelante una lucha consecuente contra el imperialismo. Resalta el carácter del «movimiento nacional» de las masas que lleva al poder a Perón, discutiendo con el GOM la situación del movimiento obrero en la etapa, así como el rol de la «burguesía nacionalista». Le critica al GOM no ver este rol dentro del movimiento nacional y su juego de maniobras frente al imperialismo, ni el estado de movilización de las masas, al cual la burguesía responde con «concesiones».

Frente Proletario - Nahuel Moreno - GOM-POR
En esta etapa, Frente Proletario plantea que Perón es un representante del imperialismo inglés y de los sectores más concentrados de la economía. Lo define como bonapartista, aunque no en función de roces entre sectores de clases ni con el imperialismo, sino en el de enfrentamientos entre camarillas. Así, se apoyará sobre instituciones como la iglesia, el ejército y la burocracia, aunque actuará como representante del conjunto de las clases dominantes y del imperialismo dominante, o sea el inglés. En relación a la clase obrera, ésta es utilizada por el peronismo, a través de sus capas más atrasadas, y en un momento de descenso del movimiento obrero. Por último, encuentra elementos fascistizantes expresados en sus prácticas dictatoriales que son a su vez expresión de la influencia del capital financiero en los países atrasados.

B. 1. Sobre el carácter deL peronismo: su relación con la clase dominante y el imperialismo

Octubre retoma sus análisis sobre el papel de la burguesía industrial y plantea que Perón será su representante y caracteriza al peronismo como un movimiento nacional en enfrentamiento con el imperialismo.
«El programa... (de Perón) sintetiza admirablemente las aspiraciones de la burguesía argentina y sus límites históricos... La subida de Perón al poder es la versión burguesa de la Revolución Nacional... una parodia en fin.»88
Pero poco después afirma: «El triunfo de Estado Unidos sobre Inglaterra en su vieja lucha coincide con otro acontecimiento no menos notable: el nacimiento de la burguesía industrial argentina. Cuando Wall Street se disponía a tomar posesión de la herencia colonial inglesa en el continente, la nueva burguesía argentina se cruzó en su camino, levantando a su paso un vasto movimiento nacional en América Latina.»89
Avanzando en su valoración positiva del rol de la burguesía nacional en estos movimientos, y el carácter de su lucha contra el imperialismo, Octubre afirma que la burguesía en pos de lograr un mayor desarrollo económico, avanzará en su oposición al imperialismo. Así, no descarta la posibilidad de que la burguesía industrial avance en la realización de las tareas nacionales. En cuanto a la actitud de los revolucionarios frente a ella, Octubre postula apoyar todas las medidas que impliquen un avance del desarrollo burgués.
«Pero la impotencia histórica de la burguesía del continente no significa impotencia política. El partido revolucionario podrá acaudillar efectivamente la lucha contra el imperialismo si es capaz de incorporar a ella a todas las capas, profesiones y grupos de la pequeña burguesía urbana y rural que buscan una bandera. En este proceso, con inevitables virajes a la izquierda de la burguesía, originados por sus diferencias con el imperialismo. El partido proletario no otorga en este caso una carta de crédito político a la burguesía, sino que apoya con sus propios métodos cada acto que a su juicio signifique un golpe contra el imperialismo. No apoya a la burguesía nacional como clase «antiimperialista», sino aquellas medidas de su gobierno que promuevan al desarrollo burgués del país y que por lo mismo aceleren la lucha de clases en la Argentina y el continente».90
«... sin embargo, sería poco serio confundir los zigzagueos de la burguesía nacional, así como sus contradicciones y retrocesos ante el imperialismo, como una demostración irrefutable de su capitulación definitiva. Cada paso que la burguesía argentina da en su desarrollo económico y en su política de industrialización le quema los puentes para un retroceso considerable ante el imperialismo, se transforma en impulsos motores para el cumplimiento de su aspiración nacional más profunda.»91
Frente Proletario refuta en primer lugar la afirmación que considera al peronismo como representante de la burguesía nacional. Afirma su carácter de «agente» inglés en función de los intereses del sector más fuerte de la burguesía argentina: los terratenientes. Advierten, en este sentido, sobre la resistencia a la influencia al avance del imperialismo norteamericano que afectaría a la economía en su conjunto.
«Los hechos desde hace mucho tiempo nos vienen demostrando, cómo el gobierno no es más que un agente político de la City de Londres. Un gobernante que no cumple las leyes de trabajo sino con los industriales yanquis y los pequeños industriales y no con las empresas inglesas, por ejemplo: los despidos en los frigoríficos o el aumento de salarios que todas las empresas del país tuvieron que hacer efectivo...»92
«El gobierno, según sus corifeos, los stalinistas y pésimos marxistas, es representante de la burguesía nacional anti-imperialista [sic]. Con una sola actitud Perón y Miranda han echado por tierra las especulaciones de engañados y traidores. La prórroga del tratado Roca-Runciman no ha hecho otra cosa que confirmar una vez más que el gobierno militarista y frailón no hace más que seguir los intereses de los trusts más importantes en el país, los trusts ingleses o ligados al capital financiero europeo, sin dejar de ceder en determinados momentos a la rigurosa presión yankee.»93
Frente a la presión norteamericana «Los roces entre Norteamérica y los gobiernos argentinos se llame Perón o Castillo, tienen esa base económica», «la clase nacional de mayor poderío dentro de los explotadores, los terratenientes, fuerza siempre la unidad y colaboración con Inglaterra y se resiste al imperialismo norteamericano. En general todas las clases explotadoras nacionales están contra el imperialismo yanquee, porque saben que éste desequilibraría la economía nacional. En ese sentido y sólo en ese, todo gobierno burgués argentino será agente de Inglaterra»94.
En relación al carácter del régimen peronista, Frente Proletario hace extensos análisis sobre las relaciones entre el régimen surgido del golpe de 1943 y las clases sociales y el imperialismo. Establece el carácter «bonapartista» del régimen del 4 de junio, carácter dado no por enfrentamientos entre sectores de clases, sino entre camarillas y dirigentes. Así, la base de apoyo del gobierno serían el ejército, la iglesia y la burocracia, en el marco de la utilización del proletariado.
«El 4 de junio no puede ser explicado por otras razones que las de crisis políticas provocada por las rencillas y lucha entre dirigentes, la buena época económica que nos daba un movimiento obrero sin ímpetu entre el capital financiero inglés y norteamericano. Estos roces favorecieron el surgimiento de un clásico gobierno bonapartista, sin más intereses predeterminados que los suyos propios de camarilla de arribistas ambiciosa del poder por el poder mismo. Apoyado en el ejército, la iglesia y la burocracia, trata, como todo gobierno bonapartista de constituirse en benefactor del pueblo en general, particularizando sus afectos a las clases más desposeídas. Lo que no pudo hacer en tal sentido la demagogia de Perón, lo realizó la policía, prestando su valiosísimo apoyo para que los sindicatos reacios se plegaran a las manifestaciones «anticapitalistas» que lo encumbrarían en el poder.»95
«El golpe del 4 de junio no obedece a direcciones a ninguna razón económica o clasista; prueba de ello es que se producen cuando las relaciones de todos contra todos son mejores que nunca. Ni roces entre las clases nacionales, ni de éstas con el imperialismo dominante».96
«La propia burguesía tiene roces con los gobernantes, aspira a que sus técnicos gobernantes, deroguen al inepto gobierno militar. Una sola fuerza puede hacer balancear el gobierno contra la burguesía, es el proletariado. Llega el momento del hombre que barrió de los sindicatos a los stalinistas a través de la Secretaría de Trabajo y Previsión».97
Esta caracterización le permite hacer la siguiente definición del movimiento peronista:
«(...) surge así un movimiento dirigido y formado por militares y marinos, curas y profesores, conservadores y sindicalistas a granel, ex socialistas y radicales, matones y caficios, industriales y comerciantes, ganaderos y terratenientes, curas y artistas de varieté o radioteatro, agentes del imperialismo y ‘nacionalistas’ trasnochados».98
Finalmente Frente Proletario, negando la caracterización de fascista atribuida al gobierno peronista (por el Partido Comunista, por ejemplo), analiza los elementos «fascistizantes» que encuentra en el peronismo y en el movimiento sindical, determinados por el carácter que asumen los regímenes en los países atrasados en la época imperialista y la consiguiente represión contra la clase obrera.
«Caeríamos en un grueso error... acusándolo a él [al gobierno] y al movimiento sindical en pleno de fascista». «la forma democrática hace que no impere la más desembozada reacción fascista, aunque esto mismo nos obliga a hacer resaltar el contenido estatizante, fascistizante del actual gobierno principalmente en el movimiento obrero».99
«En la época actual la forma política que corresponde al desarrollo capitalista es en las metrópolis el Estado totalitario fascista y en los países semicoloniales, los latinoamericanos y el nuestro en especial, las dictaduras o semi dictaduras policíaco-militares de tipo bonapartistas».100
«De un lado declaraciones formales de democracia y de otro práctica dictatorial. Por supuesto que esta característica no es casual, sino perfectamente explicable por la presión del imperialismo, que mediante su arma número uno, el capital financiero, somete a las burguesías de los países atrasados y las hace directamente reaccionarias».101

Voz Proletaria define al gobierno de Perón como representante de la «burguesía industrial nacionalista» y polemiza con el GOM que lo considera agente del gobierno inglés. Considera que la burguesía industrial en función de sus intereses se opone al imperialismo.
«A nuestra posición que fija el movimiento del 4 de junio y el gobierno de Perón como agente de la burguesía nacionalista, que apoyándose en condiciones de desarrollo previo favorable, recoge la alteración mundial del trabajo a su favor y sirviéndose de la lucha anglo yanqui, hace su propio juego para disputarle a ambos parte de la plusvalía que extraen del proletariado del país, Uds. sostienen la negación de las burguesías nacionales. Así afirman que Perón es un gobierno bonapartista y el mejor agente que ha tenido el imperialismo inglés; y el desarrollo de la industria nacional hecha para beneficio y por el imperialismo inglés; que el cambio jurídico del Estado en la Argentina es para servir mejor al imperialismo inglés; que el Partido Laborista y el Radical Quijonista son resultados (dice el GOM como en el 18 Brumario) de unirse desechos de toda clase, agentes del imperialismo inglés, y que se forma para servirlo».102
«La burguesía industrial nacionalista por medio de Perón declara, constantemente la independencia económica del país. Intenta hacer creer al proletariado que para lograr la independencia nacional debe producir, producir y producir. El gobierno de Perón, representando directamente a la burguesía industrial nacionalista, en su roce y disputa al imperialismo es llevado por su interés de explotar con sus capitales sectores de la economía del país y necesita el dominio político para ese interés y para estar en mejores condiciones de negociar económica y política con el imperialismo...»103
Voz Proletaria también discute contra el GOM la posición de fascistizante. ¿Qué plantea en relación a los aspectos totalitarios del régimen? «Es indudable que el gobierno traba en cierta medida la propaganda opositora. Medidas policiales y municipales, etc. limitan la campaña de oposición. El proletariado, sin embargo no se siente conmovido por la agitación que hacen los opositores al gobierno reclamando el uso y derecho de las libertades democráticas, por cuanto su movimiento puede todavía desarrollarse, si bien con ciertos controles y reajustes impuestos últimamente por el gobierno nacionalista, a fin de impedir el crecimiento y consolidación de tendencias revolucionarias.»104
Voz Proletaria define su política hacia la burguesía industrial en oposición a Octubre: «sabemos que ella no puede jugar un rol revolucionario», «Cualquier apoyo ‘crítico o condicional’, etc, es ... despertar y llevar al seno del proletariado ilusiones... se puede llegar a lo sumo con ella, a establecer acuerdos, alianzas concretas en cada caso concreto, parciales ... cuando realmente dé pasos revolucionarios ... sin mezclar las banderas»105.
«En las tareas que surgen del problema, lo que apoyamos no es a la burguesía nacionalista sino a las medidas, a los pasos reales contra el imperialismo y que sirven para el desarrollo de la lucha por los intereses revolucionarios del proletariado y de las masas pobres del campo y la ciudad. Ese apoyo lo damos sin condición alguna; pero sin hacer reclame a la burguesía, sino que es con la lucha de clases y luchando por el programa de clase revolucionario, concreto, vivo y permanente, como apoyamos.» 106

B. 2. Orígenes del peronismo y la clase obrera

Para Octubre el peronismo como movimiento nacional conducido por la burguesía industrial, encontró en la clase obrera, la fuerza combatiente para llevar adelante las tareas nacionales. «El proletariado argentino, a su vez, recién ha puesto su planta en la arena política del país y ya ha obtenido en la contienda electoral una aplastante victoria... sin embargo, que el espíritu de lucha de la clase obrera y su sagacidad de clase no implican aún una conciencia socialista de sus propios fines, de la misma manera que las pequeñas batallas de Perón con el imperialismo no significan que Perón luchará consecuentemente contra Washington o Londres.»107
«El crecimiento de la industria ha creado un proletariado estable, con un cierto poder de compra... el gobierno peroniano desarrolla consecuentemente una política favorable a los intereses de la burguesía industrial. También la clase obrera ha recogido algunas migajas de la prosperidad general».108
«La crisis del imperialismo creó para la Argentina la posibilidad de la industrialización. Las oleadas revolucionarias de la postguerra transformaron a nuestro proletariado, por la inexistencia de un poderoso partido obrero, en la fuerza combatiente del movimiento nacional conducido por la burguesía. Esos dos hechos ofrecieron a la burguesía argentina el singular privilegio de iniciar los primeros pasos de la unificación nacional, es decir, de liquidar el yugo imperialista mediante la fusión económica y política de los 20 estados actuales en una gran nación.»109
«El movimiento de la clase obrera argentina, que en la primera etapa de su ascenso lleva al poder a la burguesía nacional, es parte integrante de la vasta oleada revolucionaria que se inició en todo el mundo durante la segunda guerra imperialista.»110

Acorde con su caracterización del movimiento peronista, Frente Proletario describe la relación entre el surgimiento del peronismo y la clase obrera. Tres elementos resultan centrales en estos análisis: la situación de reflujo de la clase obrera, el rol jugado por las direcciones reformistas del movimiento obrero y la utilización que el peronismo hace del proletariado, en un marco general de prosperidad económica.
«El 4 de junio surgió en plena época de descenso revolucionario. Traición de las direcciones obreras, con el inevitable abatimiento del proletariado y una muy buena situación económica del país. Esta falta de ascenso violento del movimiento obrero, ha permitido que sea utilizado en el plan demagógico del gobierno sin consecuencia para la burguesía.»111
«El gobierno de Perón surge en momentos excepcionales de crisis política, y de confusión y desorientación de las masas. Por un lado las rencillas y rivalidades personales o políticas existentes entre los mismos políticos burgueses, el desprestigio del conservadorismo, y la ineptitud revelada de los demás partidos tradicionales. De otra parte las organizaciones sindicales, burocratizadas y degeneradas por los dirigentes stalinistas y reformistas, alejadas de los obreros y traicionando sistemáticamente sus intereses. En suma, el proletariado, desviado de los métodos de lucha revolucionarios y de sus objetivos de clase, no era una fuerza capaz de determinar cambio político alguno. La burguesía nacional, terrateniente e industriales, que disfrutaban conjuntamente con el imperialismo la floreciente prosperidad económica que le significaba la explotación del proletariado y campesinado tampoco.»112
«(...) ni el movimiento peronista, ni después el partido peronista fueron creados por la iniciativa obrera, a no ser que entendamos por iniciativa obrera la de algunos viejos burócratas, o soplones sindicales a sueldo de la policía».113

Voz Proletaria establece también la relación del régimen con la clase obrera, a partir de la necesidad de la burguesía industrial de obtener una base de apoyo para llevar adelante su política industrialista.
«La burguesía industrial nacionalista con su golpe militar del 4 de junio... se orientó inmediatamente a la busca de una base, una fuerza social donde apoyarse para llevar adelante su política de desarrollo industrial... Los intentos que hizo para atraer a su lado a los viejos sectores de la burguesía agrícola ganadera, con todas las garantías de su anti-comunismo... fracasaron. No tuvo otra salida que dirigirse a buscar al proletariado, y a pesar de lo peligroso, depender de él para esa base».114
Establece una relación entre las necesidades de la burguesía y los sentimientos nacionales de las masas, y en función de esta relación entre la burguesía, el régimen y las masas, niega el carácter de «dictadura semifascista» del gobierno peronista que le adjudica Frente Proletario. A diferencia de éste, Voz Proletaria plantea que el proletariado apoyó al peronismo en función de sus propios intereses revolucionarios, intereses que la burguesía utilizó en su beneficio pero que la obligaron a hacer concesiones a las masas.
«La burguesía nacionalista industrial recogió en su campaña y explotó en su beneficio el sentimiento y movimiento nacional de las masas, pero encuadrándolos en los límites burgueses de maniobras financieras, diplomáticas y de especulación con el imperialismo. El GOM constata, a su pesar que Perón fue llevado por las masas al poder. Pero al no comprender el sentido del movimiento de las masas... el sentido del movimiento de la burguesía nacionalista, sostiene... que el gobierno es una dictadura semifascista... en una época tranquila... con un movimiento obrero castrado, sin ímpetu hace que la burguesía no necesite ningún arma para oponerla al movimiento obrero... que es agente del imperialismo inglés... que la CGT y los sindicatos son agentes del imperialismo inglés...»115
«Negando el sentido que tiene y tuvo el apoyo de las masas a Perón y a la CGT... da la espalda al movimiento de independencia nacional del proletariado.
La burguesía necesita del proletariado para su juego de especulación y maniobra frente al imperialismo y en defensa de su propio desarrollo económico. Ante el empuje revolucionario de éste, debió hacer algunas concesiones».116

C. Algunas conclusiones

Al considerar los planteos de los grupos trotskistas aparecen los siguientes ejes: el papel de la burguesía industrial, la relación del peronismo con el imperialismo y el papel de la clase obrera en el surgimiento del peronismo.
a. Tanto Octubre como Voz Proletaria coinciden al plantear que el peronismo representaba los intereses de la burguesía industrial;
b. la burguesía industrial se enfrentaba para desarrollarse a la oligarquía terrateniente, para Octubre debía enfrentarse también al imperialismo. Para Voz Proletaria la «burguesía industrial nacionalista» maniobraba para lograr mejores condiciones para negociar con el imperialismo;
c. la burguesía encabezó un movimiento nacional apoyado en el proletariado.
En el capítulo anterior desarrollamos las características de la burguesía industrial argentina. Explicamos que esta clase social se conformó como una diferenciación de la burguesía terrateniente y se desarrolló ligada al capital extranjero. En los ‘40 la industria argentina se hallaba ya altamente concentrada, y los grupos económicos que la controlaban tenían un importante grado de diversificación, sus capitales provenían y se invertían en las actividades agropecuarias, las finanzas, la industria ya existente y las nuevas actividades industriales que surgieron al calor de la sustitución de importaciones y la guerra. Estos sectores no se plantearon un proyecto de desarrollo independiente, ni encararon una lucha contra el imperialismo. Los sectores más vinculados con la industria necesitaban estrechar la relación con el imperialismo norteamericano para proveerse de maquinarias y equipos. El peronismo expresó un intento de «equilibrio» entre las fuerzas progresivas de la sociedad, el proletariado y los sectores más tradicionales de la economía frente a la ofensiva norteamericana, y al mismo tiempo, el intento de crear condiciones que le permitan una negociación más favorable con el imperialismo. En el punto anterior desarrollamos la política del gobierno peronista y advertimos cómo se dio esta dinámica y el juego de intereses entre los distintos sectores de clase.
Ni Octubre ni Voz Proletaria realizan un análisis de las características estructurales de esta burguesía industrial. Cabría preguntarse si se trata de sectores industriales no vinculados al capital extranjero o ajenos al proceso de concentración, es decir, medianos y pequeños industriales. En el punto anterior explicamos también que la política del peronismo no apuntó a beneficiar a estos sectores. La limitada política industrial del peronismo, a través de su política crediticia por ejemplo, favoreció a la gran industria y no a estos sectores medios. Además, la debilidad estructural de estos sectores en el conjunto de la economía permite dudar de la posibilidad de que encabezaran un movimiento de enfrentamiento con el imperialismo, ni es posible comprobar la existencia de un proyecto de desarrollo nacional independiente de los intereses de la burguesía agropecuaria y del capital imperialista.
En este marco, en Voz Proletaria, la caracterización del peronismo como movimiento nacional, y la visión de los roces efectivamente existentes con el imperialismo, lo llevará a plantear el apoyo a las medidas del gobierno que impliquen un enfrentamiento con el imperialismo pero llamando a mantener la independencia del proletariado y sus organizaciones, lo cual le otorga una perspectiva correcta de intervención frente a los movimientos nacionales que según los planteos de Trotsky significaba aprovechar los roces de las burguesías nacionales con el imperialismo manteniendo la independencia del proletariado. Sin embargo, una sobrevaloración de la «independencia» de la «burguesía industrial nacionalista» (aspecto éste que completaremos en el capítulo siguiente) llevará a Voz Proletaria a una visión oportunista del peronismo ya que, en el conjunto de su política, se adaptará a él en tanto expresión política de la clase que lidera el «movimiento nacional», y en tanto dirección «real» de la clase obrera.
Ejemplo de esta adaptación en relación al régimen peronista, será la subestimación de sus rasgos totalitarios. El gobierno peronista combinaba concesiones hacia al movimiento obrero (y control sobre los sindicatos, tema que tomaremos más adelante) con una política represiva hacia el conjunto de la población. La restricción de las libertades democráticas caracterizó al régimen desde el comienzo y fue profundizándose con los años. Para Voz Proletaria estas políticas afectaban a los partidos burgueses y no al movimiento obrero por lo tanto no plantea una política hacia este problema. Sin embargo, la restricción de las libertades democráticas fue sentida fundamentalmente por las clases medias, que mantuvieron su oposición al peronismo, al igual que el estudiantado, y por los partidos de izquierda. Como plantea Trotsky, el proletariado debe ganarse a los sectores populares, campesinado y clases medias -estas últimas de peso clave en la sociedad argentina-; atender a la defensa de las libertades democráticas es central para afianzar esta alianza de clases. Voz Proletaria delineará una posición que subestima los aspectos más reaccionarios del régimen peronista y que se expresará también en relación al tema de la clase obrera y sus organizaciones.

Octubre, a partir de su caracterización de la burguesía industrial y el movimiento que encabeza, avanza mucho más al definir que los pasos que da en su desarrollo económico y en su enfrentamiento con el imperialismo «se transforma en impulsos motores para el cumplimiento de su aspiración nacional más profunda». En función de esta caracterización, Octubre impulsa el apoyo a las medidas del gobierno peronista que «promuevan al desarrollo burgués del país y que por lo mismo aceleren la lucha de clases.» Dos premisas subyacen a estos planteos: por un lado, la posibilidad de que la burguesía adopte un camino revolucionario, en tanto es capaz de resolver las tareas nacionales; por otro lado, que es necesaria una etapa de desarrollo burgués que «acelere la lucha de clases» y, previsiblemente, prepare el camino para una revolución proletaria. Esta posición queda más explícita cuando Octubre plantea «El movimiento de la clase obrera argentina, que en la primera etapa de su ascenso lleva al poder a la burguesía nacional». Estas posiciones se oponen a los planteos de Trotsky desarrollados en la introducción de este trabajo. Por un lado, la comprobación de la incapacidad de la burguesía de resolver las tareas de liberación nacional, por otro lado, en relación con las políticas frente a los movimientos nacionalistas, la necesidad de que sea el proletariado quien encabece la lucha por las tareas democráticas, en tanto sólo serán resueltas, íntegra y efectivamente, en una lucha revolucionaria contra el orden burgués. En este sentido, una concepción etapista que plantea el apoyo del proletariado a las políticas burguesas que impulsan el desarrollo económico «burgués» e incluso el apoyo a un movimiento que en su primera etapa lleva al poder a la burguesía, marcan la ruptura que Octubre-Ramos hacía con el trotskismo, pese a sus reiteradas referencias a la Cuarta Internacional y a las frecuentes reproducciones de textos de Trotsky. La intervención del proletariado en los movimientos nacionales se da en el marco de «oponer» permanentemente a la clase obrera a la burguesía, y el apoyo de los revolucionarios a las medidas de la burguesía se da en tanto impliquen un enfrentamiento con el imperialismo y a condición de mantener la independencia de sus organizaciones y la lucha por sus objetivos revolucionarios y la toma del poder, sólo en ese camino serán resueltas las tareas democráticas de la revolución.

Por su parte, los análisis de Frente Proletario se basan en:
a. el peronismo expresaba los intereses del imperialismo inglés y los sectores ligados a él;
b. la no existencia de roces entre sectores de la clase dominante nativa y con el imperialismo;
c. el peronismo surgió como producto del enfrentamiento entre camarillas;
d. el movimiento obrero fue utilizado por el peronismo en el marco de su estado de desmovilización.
Los análisis en que basa esta caracterización, como vimos en el capítulo anterior, parten de la consideración de la unidad de intereses entre los sectores de la burguesía argentina. Sin embargo, Frente Proletario no sopesa correctamente las divisiones en la clase dominante, que ya los inicios de la guerra mundial habían puesto al rojo vivo, producto de las resistencias de sectores de esta clase a la penetración del imperialismo norteamericano: «las relaciones de todos contra todos son mejores que nunca. Ni roces entre las clases nacionales, ni de éstas con el imperialismo dominante». Así, el peronismo aparece a sus ojos como producto de un tipo de bonapartismo resultado de un enfrentamiento entre camarillas. Esto se suma a la caracterización de la situación del movimiento obrero que permite su utilización demagógica. La inexistencia de roces entre las clases los lleva a explicar el recurso a la clase obrera como base de apoyo a partir de: «La propia burguesía tiene roces con los gobernantes, aspira a que sus técnicos gobernantes, deroguen al inepto gobierno militar. Una sola fuerza puede hacer balancear el gobierno contra la burguesía, es el proletariado».
Esta caracterización lleva a Frente Proletario a una política sectaria en relación al movimiento peronista, sin encontrar en él ningún rasgo de nacionalismo. Su visión ignora la riqueza del concepto de bonapartismo sui generis planteada por Trotsky para los gobiernos de los países semicoloniales utilizado en este trabajo para explicar el gobierno peronista. Al negar las divisiones en la burguesía y subestimar la decadencia del imperialismo inglés, así como al no evaluar correctamente los intentos del régimen peronista de crear condiciones de relativa autonomía del país y en función de esto, sus roces con el imperialismo norteamericano, Frente Proletario no puede ver las oscilaciones que el gobierno peronista expresa entre la «burguesía nacional» y el imperialismo. Esto explica la unilateralidad de su visión del gobierno peronista como agente inglés, exenta de las contradicciones que implicaban el «respaldo» que buscaba en este imperialismo como forma de resistencia a la ofensiva norteamericana. Así tampoco puede evaluar correctamente el rol que cumple el proletariado. Partiendo del error de considerarlo «castrado» (sin ver las tendencias que expresaban por ejemplo, la conformación del Partido Laborista, tema que retomaremos más adelante), Frente Proletario no advierte que es precisamente la fortaleza objetiva del proletariado la que empuja al gobierno a buscar su apoyo, en el marco de las contradicciones de clase y los roces con el imperialismo.

Una visión opuesta en relación al movimiento obrero, es la planteada por Voz Proletaria, ya que considera que las masas, aunque engañadas, acuden al peronismo a partir de sus objetivos revolucionarios.
Más adelante retomaremos también este aspecto. Digamos aquí que Voz Proletaria subestima el hecho de que el peronismo al «engañar» a las masas aborta procesos que podían tender a su organización independiente y constituyó no tanto la expresión como la canalización o desvío de la potencial movilización revolucionaria de las masas. Esta visión tendrá consecuencias sobre el análisis del proceso de estatización de los sindicatos.

Nuevamente, encontramos que la no utilización del concepto de bonapartismo sui generis para analizar el fenómeno peronista así como los análisis de Trotsky sobre la relación entre estos regímenes y el movimiento obrero, limita la comprensión de la dinámica de los procesos que analizaban. Como planteamos más arriba, el peronismo busca en el proletariado una fuerza social de apoyo frente a la crisis burguesa y la ofensiva imperialista; esto hace a su carácter de «bonapartismo sui generis», se apoya en el proletariado y oscila entre éste y el capital extranjero; el régimen necesita y puede apoyarse en esta fuerza social, precisamente porque en los países atrasados la penetración del capital crea un proletariado relativamente fuerte. Por otro lado, el hecho de ser un fenómeno preventivo de posibles condiciones de revolución social, explica los límites de las acciones de enfrentamiento del peronismo con el imperialismo -y en definitiva de todo régimen con estas características-; toda posible acción de ruptura se detendrá ante el temor a desatar una movilización revolucionaria de las masas.

Capítulo 3: La clase obrera. Estatización de los sindicatos y conquistas

A. La situación de la clase obrera en la etapa

Desarrollaremos un breve panorama de la situación de la clase obrera en la etapa, el proceso de sindicalización y el carácter de las conquistas obtenidas por el proletariado, así como del proceso de estatización de los sindicatos.
Para referirnos a la situación de la clase obrera en los ‘40, es necesario reseñar brevemente los procesos previos de ascenso obrero, la constitución de los sindicatos industriales y la situación durante la guerra.
La década del ‘30 fue una etapa de importantes niveles de conflictualidad, particularmente entre los años 1935-37117. En estos años, se consolidó la organización de los sindicatos industriales. La huelga de la construcción fue expresión del «proceso de descomposición y recomposición de una fracción determinada de la clase obrera, en las nuevas condiciones que impone el desarrollo de la industria... En los ‘30 la rama se encontraba dominada por grandes empresas constructoras, que empleaban a miles de obreros, entre las que tenían un lugar destacado las que eran de propiedad de capitalistas extranjeros. Cambió la forma de organización de los obreros, basada en el oficio, y fue reemplazada por la organización por rama industrial.»118
Este aumento de la conflictividad impactó sobre las clases dominantes, que comenzaron a manifestar su preocupación por la necesidad de resolver estos conflictos no sólo a través de la represión, sino también a través de la mediación y regulación estatal de las relaciones capital-trabajo.
Ya en plena guerra los temores de las clases dominantes provenían, además, de un pronóstico que -a la vista de la experiencia acumulada por la clase obrera y el ascenso a nivel mundial protagonizado por ésta- resultó ser ampliamente justificado: la posibilidad de ascenso obrero al final de la guerra. Este fragmento de un discurso de monseñor De Andrea en 1942 es claro: «El más pavoroso y a la vez el más difundido de los problemas que sorprenderán a la terminación de la guerra... es el de la cuestión obrera. El problema de la desmovilización y de la desocupación en los países beligerantes, tendrá una enorme repercusión en los países neutrales. Las deudas fantásticas pesarán en forma abrumadora: la transformación de la industria de la destrucción en la de la producción, no ha de hacerse en un día y la reconstrucción de las familias, la distribución equitativa de los recursos agotados, demandarán afanes insospechados. La posible sustitución de esta guerra de gobiernos por la revolución de los pueblos, decididos a pedirles cuenta de las masacres, los exterminios y la calamitosa humanidad que dejará como saldo, causará convulsiones cuyos efectos rebasarán el territorio del viejo mundo. Ante tales perspectivas...para conservar la paz social es necesario no dejarnos sorprender’.»119
Según Korzeniewicz «evitar la potencial explosión de conflictos, [fue] un componente crucial del golpe de junio de 1943. Al menos, éste es el argumento que sostendría más tarde en sus discursos el coronel Perón...: ‘Está por terminar una guerra en Europa... y los que no somos ya muy jóvenes conocemos cuáles son las consecuencias de las terminaciones de las guerras en Europa. Los gobernantes de hoy deben mirar fijamente a ese período de postguerra que viene cargado de negros nubarrones. La postguerra traerá profundos problemas... La postguerra traerá, en primer término, una paralización y una desocupación. Traerá, asimismo, una agitación natural en las masas, pero traerá también una agitación que no será natural, sino artificial en esas mismas masas. Todas esas circunstancias del campo social serán aprovechadas por los verdaderos enemigos de la unión nacional. Por eso sostenemos que es indispensable que ese momento nos encuentre total y absolutamente unidos’.»120
Debemos agregar la situación de la lucha de clases en los ‘40, expresada en luchas parciales y el surgimiento del Partido Laborista. Aunque los picos de ascenso de la lucha obrera se dieron en la década del ‘30, los primeros ‘40 verán dos importantes luchas en el gremio de la carne, en la primera de las cuales la dirección ejercida por el Partido Comunista será puesta a prueba, y tras la segunda se producirá el surgimiento de una importante experiencia de la clase obrera argentina, el Partido Laborista.
La huelga de la carne de 1943 fue levantada por el dirigente comunista Peter después de que Perón lo liberara de la cárcel con este cometido. El Partido Comunista alegó que no podían sabotearse los esfuerzos de guerra de los aliados impidiendo los envíos de carne a las tropas que luchaban contra el fascismo. Puede decirse que, a la vista del crecimiento de la influencia del PC en la clase obrera121, esta traición allanó el camino a los esfuerzos de Perón por fortalecerse en los gremios industriales. En enero de 1945 comenzó una nueva huelga general en el gremio de la carne. Tras la decadencia comunista en el gremio, surgieron sindicatos autónomos. El dirigente Cipriano Reyes, en acuerdo con el gobierno ordenó la vuelta al trabajo. Sin embargo, como muestra de que aún el control de Perón sobre el movimiento obrero no era total, será el propio Reyes quien tras impulsar la movilización del 17 de octubre, se negará a ingresar a la CGT e impulsará la creación del Partido Laborista. Creado tras la enorme movilización del 17 de octubre, éste expresaba las tendencias a la organización autónoma de un sector del movimiento obrero.122
Ernesto González analiza el origen el Partido Laborista a partir de la política de Perón en su primera etapa de alentar a quienes estaban en contra de intervenir en la guerra, como forma de oponerse a las presiones de Estados Unidos sobre el país. Con esta política se rodeó de dirigentes sindicales de relativa importancia, como Gay y Reyes, quienes impulsarán en 1945 la creación del Partido Laborista. Para González ambos dirigentes reflejaban un «reformismo relativamente independiente. Querían un partido obrero nacionalista, expresión de ese movimiento obrero que se había incorporado a la escena política y que les sirviera para negociar con el gobierno de turno, pero que no fuera un apéndice del mismo»123. Este proyecto chocaba con el de Perón, cuyo objetivo era un amplio movimiento burgués en el que la clase obrera estuviera representada sin jugar un papel hegemónico, y no un partido independiente. Después del triunfo electoral, Reyes y una parte de los diputados laboristas se opondrán a la creación del Partido Unico de la Revolución (luego Partido Peronista) y se producirá la ruptura.
En cuanto a la organización de la clase obrera, ya nos referimos al surgimiento de los sindicatos industriales. Durante la etapa peronista el movimiento obrero protagoniza un salto en los niveles de sindicalización y un fortalecimiento de sus organizaciones.
Por una parte, señalemos el crecimiento de la clase obrera industrial en las décadas del ‘30 y ‘40. El número de establecimientos industriales aumentó de 38.456 en 1935 a 86.440 en 1946, a la vez que el número de los trabajadores del sector pasaba de 435.816 a 1.056.673 en 1946124. También se modificó la composición interna de esa fuerza laboral. Hacia 1947 alrededor de 1.368.000 migrantes del interior habían llegado a Buenos Aires atraídos por el rápido crecimiento industrial.
Después de 1943, desde la Secretaría de Trabajo se impulsó la formación de nuevos sindicatos, se priorizaron las reivindicaciones planteadas por organizaciones constituidas formalmente, se convocó a los líderes sindicales a participar en la elaboración de la legislación social y laboral, de la que sobresale el decreto 23.852 que por primera vez definió el status de los sindicatos en la Argentina.125 En 1948 la tasa de sindicalización había ascendido al 30.5% de la población asalariada, y en 1954 era del 42.5%. En la mayoría de las industrias manufactureras la tasa oscilaba entre el 50 y el 70%. Entre 1946 y 1951 el número total de afiliados sindicales aumentó de 520.000 a 2.334.000. Había un millón y medio de trabajadores nucleados en la CGT en 1947, con una población económicamente activa de 5.299.800; en 1950 había aproximadamente dos millones y medio.126
Esta extensión de la sindicalización fue acompañada por la implantación de un sistema de negociaciones colectivas. Los convenios firmados en toda la industria argentina en el período 1946-48 regulaban las escalas de salarios y las especificaciones laborales e incluían además un conjunto de disposiciones sociales que contemplaban la licencia por enfermedad, por maternidad y las vacaciones pagas.
En cada sector de la actividad económica sólo se otorgó a un sindicato el reconocimiento oficial que le permitía negociar con los empleadores de esa actividad. La patronal estaba obligada por ley a negociar con el sindicato reconocido y los salarios y condiciones establecidos por esa negociación se aplicaban a todos los obreros de esa industria, estuvieran agremiados o no. Además, se creó una estructura sindical centralizada, que abarcaba las ramas locales y ascendía, a través de federaciones nacionales, hasta una única central, la CGT.
Entre la legislación social, se sancionó la ley 33.302 que protegía al trabajador de los despidos arbitrarios y garantizaba un salario anual complementario, a la vez que respaldaba totalmente la legislación laboral previa a 1943. En cuanto a los salarios, entre 1946 y 1949 los salarios reales de los trabajadores industriales aumentaron un 53% y la parte de los salarios en la renta nacional subió del 40.1% al 49%127.

Indudablemente, una de las conquistas más importantes del movimiento obrero en esta etapa fueron las comisiones internas. Se trataba de organismos con un alto grado de penetración en el nivel de planta que establecían un vínculo entre las bases y la organización sindical y significaban una presencia permanente de representantes sindicales para resolver los problemas de los obreros, así como una garantía para la implementación de la legislación laboral y acuerdos colectivos. Algunas de sus funciones, por ejemplo en la industria metalúrgica, eran la presentación y discusión de los reclamos, la supervisión de la implementación de legislación, acuerdos, seguridad, etc. Así, se mantuvo cierta sensibilidad al descontento existente y la capacidad de tomar iniciativa, debido en gran parte a la existencia de las comisiones internas, así como a la dificultad para centralizar el control de los delegados de fábrica, diariamente expuestos a presiones de sus pares y atentos a sus demandas128.
Según Doyon129, su implantación fue resultado directo de las presiones ejercidas por los obreros y sus organizaciones y carecieron de respaldo legal mientras Perón estuvo en el poder; la definición de sus funciones no fue incluida en la ley de convenios colectivos de 1953130.

A la par que el movimiento obrero alcanzaba tan importantes niveles de sindicalización, consolidaba los sindicatos por industria, se unificaba nacionalmente en una única central obrera, mejoraba su nivel de vida y condiciones de trabajo negociadas a través de convenios colectivos, se reforzaba el proceso de burocratización y estatización de las organizaciones sindicales. Hagamos un breve repaso de las medidas que el gobierno peronista tomó para avanzar en esta tarea.
El Estado podía intervenir cualquier sindicato opositor y al mismo tiempo condicionaba la concesión de favores a aquellos que renunciasen al derecho de huelga131 El reconocimiento de los sindicatos autorizados a negociar con la patronal estaba en manos del Estado a través del Ministerio de Trabajo. Esto se estableció por medio de un decreto de octubre de 1945, la Ley de Asociaciones Profesionales, que estableció además el derecho del Estado a supervisar amplias áreas de la actividad sindical.
La estructura legal aseguraba a los sindicatos: derechos de negociación, protección de los dirigentes sindicales contra la adopción de medidas punitivas que los afectaran, estructura sindical centralizada y unificada, deducción automática de los sueldos y salarios de las cuotas sindicales. Pero al mismo tiempo otorgó al Estado las funciones de garante y supervisor final de este proceso, y de los beneficios derivados de él132.
La política de intervención de sindicatos, tanto por parte del gobierno como por la CGT, particularmente a partir de la declaración de ilegalidad de una huelga, se intensificó hacia 1947 y los años siguientes. La dirección sindical se aseguró el dominio sobre las seccionales a través del control de los fondos, el poder de intervención y la destitución de los líderes locales.

Observamos que la organización de la clase obrera en la etapa peronista plantea a la vez dos aspectos: por un lado, se desarrolló un poderoso proceso de organización de sindicatos por industria que abarcaba a la gran mayoría de la clase obrera, a la vez que los trabajadores obtenían enormes conquistas sociales y formas de organización, como las comisiones internas; por otro lado, se desarrolló un proceso de estatización de las organizaciones obreras que implicaba la ligazón de los sindicatos con el Estado a través de múltiples mecanismos.
Nos hemos referido en la introducción a la relación que establece Trotsky entre regímenes bonapartistas y sindicatos. Estos regímenes ponían bajo su tutelaje a los sindicatos, sometiéndolos así a un proceso de estatización. Trotsky también analiza la relación entre los países semicoloniales y el imperialismo en relación a la estatización de los sindicatos.
«Hay una característica común en el desarrollo, o para ser más exactos en la degeneración, de las modernas organizaciones sindicales de todo el mundo; su acercamiento y su vinculación cada vez más estrecha con el poder estatal... El capitalismo monopolista no se basa en la competencia y en la libre iniciativa privada sino en una dirección centralizada... A su vez los sindicatos de las ramas más importantes de la industria se ven privados de la posibilidad de aprovechar la competencia entre las distintas empresas. Deben enfrentar un adversario capitalista centralizado, íntimamente ligado al poder estatal. De ahí la necesidad que tienen los sindicatos -mientras se mantengan en una posición reformista o sea de adaptación a la propiedad privada- de adaptarse al estado capitalista y de luchar por su cooperación... Los países coloniales y semicoloniales no están bajo el dominio de un capitalismo nativo sino del imperialismo extranjero. Pero este hecho fortalece, en vez de debilitarla, la necesidad de lazos directos, diarios, prácticos entre los magnates del capitalismo y los gobiernos que, en esencia, dominan, los gobiernos de los países coloniales y semicoloniales. Como el capitalismo imperialista crea en las colonias y semicolonias un estrato de aristócratas y burócratas obreros, éstos necesitan el apoyo de gobiernos coloniales y semicoloniales, que jueguen el rol de protectores, de patrocinantes y a veces de árbitros. Esta es la base social más importante del carácter bonapartista y semibonapartista de los gobiernos de las colonias y de los países atrasados en general. Esta es también la base de la dependencia de los sindicatos reformistas respecto al estado.»133
Así, la estatización de los sindicatos que impulsa el gobierno peronista buscaba asegurar el control de la clase obrera a través de sus organizaciones y evitar el surgimiento de tendencias independientes o revolucionarias, integrando al movimiento obrero al régimen, impregnándolo de una ideología de conciliación de clases. La profundización de la burocratización y el salto en el proceso de estatización de las organizaciones obreras que se operó en esta etapa estaban en relación con este objetivo.
Sin embargo, para los «bonapartismos sui generis», obtener el apoyo de la clase obrera, implicaba no sólo disciplinarla sino ganarla, a través de la cooptación. Las conquistas alcanzadas por la clase obrera en esta etapa, las poderosas organizaciones sindicales, los organismos de fábrica, la legislación laboral, fueron los puntales de la lucha obrera en las décadas siguientes.

B. Análisis y políticas de los grupos trotskistas

Aquí nos concentraremos en la caracterización de los sindicatos y de la CGT de cada uno de los grupos sobre la relación de la clase obrera con el peronismo y la situación del movimiento obrero en la etapa; en segundo lugar nos referiremos a la política planteada por los grupos hacia la clase obrera y los sindicatos. Hagamos antes una síntesis de las posiciones.

Octubre - Jorge Abelardo Ramos
Octubre valora la sindicalización de la clase obrera en virtud de la experiencia que le permite hacer con los sindicatos, mientras que la CGT, a pesar de sus elementos de burocratización, expresa las tendencias a la unidad de la clase. Interpreta esta burocratización como los intentos de la dirigencia sindical de oponer los viejos sindicatos por oficio a los poderosos sindicatos industriales. Hecha esta caracterización, plantea como política la necesidad de construir un partido revolucionario.

Frente Proletario - Nahuel Moreno - GOM- POR
Frente Proletario basa la caracterización del movimiento obrero en la etapa peronista en la pasividad de la clase obrera y su falta de deseos de lucha. Esta pasividad, sumada a la traición de las direcciones del proletariado y a la falta de una dirección revolucionaria, hacen posible el triunfo del peronismo. Producto de esto es que las conquistas concedidas por Perón a la clase obrera pierden valor por no haber sido conseguidas con su lucha. Analiza el proceso de estatización de los sindicatos como parte de la política del imperialismo de controlar a la clase obrera, en este sentido, gobierno y sindicatos son instrumentos del imperialismo. Así, los sindicatos no son instrumentos de la burguesía nacional contra el imperialismo, sino de ambos contra la clase obrera. Sin embargo, estando los trabajadores en los sindicatos peronistas, Frente Proletario se propone militar en ellos. Define su política alrededor de la conformación de fracciones revolucionarias u oposiciones sindicales en lucha por la democracia obrera y la construcción de nuevos sindicatos y una nueva CGT cuando el ascenso de la clase obrera lo haga posible.

Voz Proletaria - Posadas - GCI
Voz Proletaria considera que la burguesía industrial domina a los sindicatos como arma de negociación contra la oligarquía terrateniente y el imperialismo, pero a la vez los burocratiza para defenderse del propio proletariado. En cuanto a la situación de la clase obrera, caracteriza que su movilización con métodos de clase logró arrancar conquistas económicas y políticas y le permitió cobrar conciencia de sus fuerzas. La movilización del proletariado en apoyo a Perón respondió a los objetivos revolucionarios de aquél (nacionalización y reforma agraria), y expresó su sentimiento y conciencia nacional. Sin embargo, cayó en la ilusión de buscar a su dirección revolucionaria en su enemigo de clase. Fue precisamente la falta de una dirección revolucionaria lo que permitió el engaño de la burguesía «nacionalista» contra el proletariado. En cuanto a la política hacia la clase obrera plantea la necesidad de que ésta obligue a la CGT a romper con la burguesía nacionalista, imprimirle su propia política de clase e imponerle su programa.

B . 1. Sobre la clase obrera y los sindicatos

Octubre considera que los sindicatos formados por la clase obrera durante la etapa peronista constituyeron un avance para la clase al permitir a los obreros hacer su experiencia sindical.
«El formidable desarrollo alcanzado por los sindicatos en la Argentina, la incorporación de miles de activistas a rangos de la dirección, la efectiva participación de las masas en las organizaciones sindicales entrañan un magnífico avance de nuestra clase... Bajo el signo del peronismo, amplias capas de obreros revolucionarios buscan su camino.»
Sobre la CGT, considerando que impulsa la política de la burguesía y que su dirección está burocratizada, rescata su rol como expresión de las tendencias a la unidad de las masas.
«Su gran impulso inicial fue expresión del anhelo de las masas a unificarse en su lucha contra el enemigo de clase. Gran parte de los sindicatos que la integran son organismos surgidos en los últimos años. Miles de jóvenes aprenden hoy en sus filas el ABC de la política sindical, preámbulo de la política revolucionaria. Nuevas capas obreras atrasadas, son arrastradas aún ahora en la poderosa marea de los sindicatos. Sin embargo, aun antes de que la clase obrera haya completado su organización, en las cumbres de la CGT ya ha cristalizado una burocracia. Este hecho, [es] inevitable, mientras las organizaciones obreras no sean dirigidas por obreros trotskystas... los dirigentes de la CGT intentan frenar el impetuoso ascenso de los sindicatos de industria, verdadera expresión del proletariado moderno, oponiéndoles, a veces por medios divisionistas, la ficción provinciana y artesanal de los sindicatos por oficio. Bajo esta maniobra se destacan claramente los intereses de la patronal.»134

Por su parte, Frente Proletario, acorde con su caracterización del reflujo del movimiento obrero en la etapa, considera que los sindicatos no se han fortalecido, por el contrario, son un reflejo de la pasividad de la clase obrera.
Sin negar el aumento en la importancia del proletariado como clase producto de los cambios económicos de la etapa, insiste en la utilización demagógica de éste, posibilitada por las traiciones de la dirección stalinista. El papel del stalinismo, la pasividad de la clase obrera y la falta de una dirección revolucionaria, explican el control que el peronismo impuso sobre el movimiento obrero.
«El actual gobierno militar no podía ignorar para su campaña demagógica a un sector de la población en los últimos tiempos, debido a la industrialización ha adquirido un enorme peso dentro de la sociedad argentina, el proletariado.
Las traiciones sindicales stalinistas anteriores, la debilidad burocrática de los gremios, le permitieron a S. T. y P. [Secretaría de Trabajo y Previsión] aplastar y suplantar al stalinismo dentro del movimiento sindical.
Falta de democracia sindical más falta de iniciativa en el proletariado, que ha sido acostumbrado a que los asuntos los resuelvan los dirigentes, produce indirectamente el triunfo del peronismo... La fuerza ideológica peronista, con sus zigzagueos, está dada en la falta de una dirección revolucionaria de lucha de clases dentro del proletariado y su fuerza material en los dineros estatales y en la represión del movimiento obrero independiente. Es un peligro mientras subsistan estos dos factores.
(...) el descenso del movimiento obrero argentino ha debilitado todas las organizaciones, ya que la inexistencia de crisis violenta hace que entre los obreros no surja la necesidad de defenderse... La amplísima mayoría de obreros que en nuestro país no van a un sindicato stalinista no es... porque el programa stalinista no es revolucionario, sino que por el contrario no van por que ni siquiera tienen derecho de luchar por un pliego de condiciones chato como cinco de queso, y la prueba la tenemos que los obreros... que resuelven defenderse del patrón... no tienen ningún inconveniente en concurrir al sindicato más a mano.»135

Discutiendo con Frente Proletario, Voz Proletaria retoma sus análisis acerca del estado de movilización de la clase obrera, lo cual explica su afluencia a los sindicatos.
«El grueso enorme del proletariado es peronista, ha ido a la CGT y a sus sindicatos por las razones que indica nuestro análisis político y no por estar «castrado y sin ímpetu», en baja, etc. este proletariado arrancó en la primera etapa -apogeo del peronismo- y a través de movilizaciones profundas y por sus métodos de clase, conquistas económicas y políticas valiosas. Cobró así conciencia cabal de su fuerza y poderío.»136
Según Voz Proletaria el proletariado acude al movimiento peronista impulsado por objetivos revolucionarios:
«Es a la realización de estas tareas [nacionalización sin pago bajo administración obrera y revolución agraria] que el proletariado, obedeciendo a su instinto de clase, se movilizó al responder al llamado de Perón... El grueso del proletariado se incorporó a la industria desde 1935 y despertado su sentimiento y conciencia nacional, intentó imprimir con su peso una dirección revolucionaria a la solución de los problemas nacionales planteados. Pero con ello mostró la primaria ilusión de encontrar su dirección revolucionaria en su enemigo de clase. Evidenciando su poderoso instinto histórico de clase en el impulso con que apoyó al juego demagógico, anticapitalista y antiimperialista de Perón, señalaba su profundo deseo revolucionario, y qué perspectivas tomaban sus aspiraciones.»137
Como ejemplo de los objetivos revolucionarios de la clase obrera, Voz Proletaria encuentra el triunfo de Perón en las elecciones por la reforma constitucional de 1949.
«Esta elección demuestra nuevamente cómo el proletariado es la fuerza política decisiva, y cómo se ha unido en realidad tras su apoyo a Perón, por una política que él ve de interés nacional, en oposición a la oligarquía y al imperialismo. De esta nueva experiencia el proletariado debe sacar las conclusiones políticas, para que los deseos y esperanzas puestas en su voluntad y decisión de hacer triunfar a Perón se lleven a delante.»138

Diferenciándose de las otras corrientes trotskistas, igual que lo hace en relación al peronismo, Frente Proletario plantea la ligazón de los sindicatos no a la burguesía industrial sino al imperialismo.
«La estatización de los sindicatos no obedece pues a las necesidades de la burguesía industrial «democrática» contra el imperialismo, sino a los intereses comunes de ambos estrechamente ligados entre sí y comandados por éste último. Perón cumple ese cometido. La S. T y P. es el prototipo de repartición estatal que necesita el gobierno de la actual época para impedir en el movimiento obrero todo planteamiento revolucionario que atente contra las bases de la explotación capitalista.»139

Voz Proletaria parte de una caracterización de los sindicatos en los países semicoloniales y en la Argentina en particular, como herramienta de la burguesía nacional frente a la oligarquía y el imperialismo, y para defenderse a la vez, del propio proletariado.
«En los sindicatos de los países semicoloniales oprimidos por el imperialismo (como la Argentina) la razón más fundamental de la división del movimiento obrero es por la influencia que en ellos ejerce la lucha y roces entre el imperialismo y la burguesía nacional, y del imperialismo contra la burocracia soviética y que transportan a sus filas los burócratas sindicales y los partidos obreros ligados y dependientes ideológicamente de ellos. Y cuando más se agudiza esa lucha, más se agudiza la división en el movimiento obrero. La burguesía industrial necesita el dominio del movimiento sindical y de la central obrera no sólo para usarla como arma política en sus negociaciones y defensas con la oligarquía y el imperialismo, sino para prevenirse y defenderse del propio proletariado y de sus movimientos revolucionarios.»140

Frente Proletario vuelve a utilizar, al igual que con el régimen peronista, la caracterización de «semifascista» para los sindicatos, y de la CGT como «agente del imperialismo».
Explicando los mecanismos de ligazón entre la CGT y el gobierno: estatización de los gremios, persecución a la oposición, declaración de ilegalidad de huelgas, concluye: «Los sindicatos oficialistas son una repartición más del gobierno, por las reglamentaciones en vigor y por sus actos. En cuanto a su esencia son sindicatos estatizados, es decir, los sindicatos oficialistas son sindicatos fascistas o semifascistas».141
En el artículo «La CGT enemigo principal de los obreros argentinos», Frente Proletario desarrolla su posición acerca del proceso de estatización de los sindicatos.
«La CGT argentina no es más que una réplica de las grandes centrales obreras de Inglaterra, Norteamérica y Europa en general, que aparecen casi sin excepción en este estado especial del desarrollo capitalista preñado de tendencias a la concentración y centralización de todas las actividades.
De cualquier manera, la CGT argentina como todas las grandes centrales obreras del mundo, constituye el resultado más alto del movimiento espontáneo de los obreros, movimiento no político, primitivo, meramente económico... concorde con la tendencia fundamental de la época... la Argentina está dominada económicamente por el imperialismo, al igual que el resto de Latinoamérica y los países atrasados. El gobierno, aunque compuesto de hombres que sólo buscan su lucro personal, no puede menos que seguir la trayectoria que le marcan los truts extranjeros. No puede menos, por lo tanto, que arbitrar los medios necesarios para conseguir la máxima aspiración imperialista: el control y freno del movimiento obrero. Los medios que utiliza el gobierno, son la creación de la S. T. y P. y la compra de la CGT. Con la primera, se asegura el control indispensable sobre las organizaciones de los trabajadores; con la segunda, el freno a todo movimiento obrero de protesta».142
En su artículo «La CGT agente del imperialismo» desarrolla:
«En todo esto la CGT no es sino la cadena de transmisión de esta política dentro del movimiento obrero. Dotada de frondosos recursos en todo sentido; con un aparato burocrático que une a una ineptitud crónica un cinismo jamás desmentido, es el brazo fuerte del gobierno en la domesticación de las masas trabajadoras. Ante las empresas extranjeras, la CGT, organismo del gobierno bonapartista fascistizante, aplasta al proletariado y al hacerlo, frena al único sector que podía dar la batalla al imperialismo, contradiciendo así el cuento de la independencia del país... Las reverencias de la CGT hacia el imperialismo no son sino la sombra chinesca, de algo real: la ligazón y el estado de dependencia de la burguesía argentina del imperialismo, verdadera fuente en la que hay que ahondar para explicar correctamente el fenómeno actual.»143

Voz Proletaria parece no compartir con Frente Proletario su visión del proceso de estatización de los sindicatos:
«Nuestro deber revolucionario no es como dice ‘F. P’: ‘contra la CGT, agente directo del Estado y la patronal...’; ‘trabajar en los sindicatos ya estatizados (?)...’»144
En 1949 Voz Proletaria define que «El gobierno con su política sindical actual de ‘domesticación’ del movimiento obrero, y de la eliminación de toda acción independiente de clase del movimiento sindical, se prepara para tratar de impedir todo movimiento proletario, cuando las experiencias y condiciones objetivas, empujen a los obreros, al ver que no tienen salida por el camino de la presión al gobierno...»145
Discutiendo con Frente Proletario, Voz Proletaria se opone a la caracterización de semifascistas de los sindicatos y a su política a la que considera divisionista.
La burguesía «ante el empuje revolucionario de éste [el proletariado] debió hacer alguna concesión... Derecho de huelga, reconocimiento del derecho sindical, comisiones internas de fábrica, libre funcionamiento de los delegados; revisión de los salarios para ponerlos a nivel del costo de vida cada trimestre, voto de la mujer. ¿Fueron estas conquistas obreras regalos de la burguesía o cayeron del cielo?...
Cientos de delgados obreros y la mayoría del proletariado, viven la contradicción inconciente de dar su apoyo a Perón en el campo político y oponérsele en el sindical. Ellos obligan a sus dirigentes «semifascistas» a ir a la huelga... Camaradas del GOM el proletariado está muy lejos de estar ‘castrado y sin ímpetu’».146

Frente Proletario desarrolla también su caracterización acerca del carácter de las conquistas obtenidas por la clase obrera durante la etapa peronista:
«Debemos demostrar a los obreros que las conquistas que no son conseguidas por los trabajadores en pie de lucha, sólo sirven para adormilar al proletariado y por consiguiente son conquistas sin ningún valor, porque así como fueron otorgadas nos pueden ser arrebatadas. Solamente el obrero que ha conseguido por sí solo una conquista, por sí solo es capaz de defenderla... La demagogia peronista ... juega con consignas revolucionarias dentro de los sindicatos. En bocas peronistas esas consignas no pasan de meras frases, jamás serán una realidad, a no ser que el proletariado por sí solo la imponga... El peronismo agita el antiimperialismo... debemos saber utilizar esta consigna para que sirva al proletariado en su lucha contra la opresión y no al coronel Perón en la obtención de votos.»147
Voz Proletaria hace otra evaluación sobre el tema, las conquistas fueron arrancadas al gobierno a través de su lucha:
«El propósito inmediato era que junto a las concesiones dadas, reglamentar, controlar y estatizar al movimiento obrero, de acuerdo a los intereses de la burguesía industrial en particular y del régimen capitalista en general. Pero el proletariado iba detrás de Perón, los sindicatos y la CGT a llevar y luchar por sus problemas de clases. Por eso, por fuerza de su propio movimiento arrancó conquistas de suma importancia para sus intereses de clase, tanto económicos como los de reconocimiento legal del sindicato, los delegados, las comisiones internas y su derecho a intervenir y resolver por su propia cuenta sus problemas.»148
Será la burguesía industrial quien utilice los impulsos revolucionarios de la clase obrera en su beneficio, y lo hará como parte de su necesidad de ganarse a la clase obrera en el marco de sus roces con el imperialismo.
«Los obreros no podían alcanzar a comprender los objetivos y fines de la política de Perón. Sin partido ni dirección revolucionaria, lógicamente debían ser engañados por la política de concesiones económicas acompañadas por la campaña de justicia social y algunos ataques al imperialismo; ciertas medidas efectivas contra algunas empresas ... hechas para salvaguardar su política general, no sólo para sus roces con el imperialismo sino para imponerse a la resistencia ... de parte de algunos sectores de la burguesía, contribuyó a engañar al proletariado... La experiencia ahora reemplaza a la ilusión primaria, su confianza política cambia de curso y la dirige a su propia clase, a su propia fuerza, a mirarse a sí mismo. Ve que necesita imponer en el sindicato sus deseos... las mismas perspectivas que cuando las creyó encontrar apoyando a Perón. Busca en realidad, lo mismo, una dirección, un programa propio, revolucionario.»149

B. 2. Sobre la política hacia la clase obrera y los sindicatos

En cuanto a la política hacia la clase obrera, Octubre declara la necesidad de la construcción de un partido revolucionario.
«Por ahora baste a nuestro propósito declarar nuestro apoyo a los sindicatos industriales en su pleno derecho a constituir organizaciones representativas y combatientes.
Octubre llama a los obreros avanzados a forjar su partido con el indestructible acero del proletariado, con la tradición, la energía y las ideas de los oprimidos que la IV Internacional expresa orgullosamente.»150

Frente Proletario advierte que los obreros afluyen a los sindicatos peronistas, y en función de esta realidad planteará su política.
«A pesar de esto los obreros más activos, los que quedan o van surgiendo van a los sindicatos oficialistas afiliados a la CGT. El movimiento sindical en donde están los obreros es el movimiento de la CGT, tenemos por consiguiente la obligación de militar en esos sindicatos ya que nuestro objetivo es capacitar al proletariado en nuestras posiciones... Nuestra principal tarea en los sindicatos por el momento, es capacitar a través de círculos de estudios a esos compañeros y señalar la falta de un verdadero POR como la causa de la desorientación y la necesidad de su surgimiento.»151
Frente Proletario plantea la política de trabajar en los sindicatos peronistas a la espera de un ascenso obrero que haga posible la creación de nuevos sindicatos y una nueva central obrera.
«Nuestro objetivo más inmediato en nuestra lucha sindical, dentro y fuera de la CGT es la lucha contra el peligro más cercano: la estatización sindical y el arbitraje obligatorio de la S. de T. y P... nuestro trabajo en los sindicatos peronistas no es para conservar un esqueleto: los sindicatos oficiales, y una unidad estatal y burocrática: la CGT, sino para acelerar el movimiento revolucionario... No porque los obreros estén casi en su mayoría en la CGT vamos a hacer un fetiche de ella, como que romper con ella es romper la unidad sindical de los obreros, y que como consecuencia de ello hay que permanecer en la CGT hasta imponer nuestras posiciones revolucionarias. Esto sería traición e ir a la cola del movimiento obrero. Los procedimientos policiales y burocráticos de la CGT y su control por el estado la inhiben en línea general, para su reforma en un organismo revolucionario... nuestra línea estratégica: trabajar dentro de los sindicatos peronistas... encabezar cuando llegue el ascenso más o menos violento ... planteando la creación de nuevos sindicatos y posteriormente de una nueva central obrera. Frente a la CGT, nuestra consigna debe ser: Ni sindicatos que lo único que tienen es un sello, ni sindicatos o movimientos auténticamente obreros que respeten el aparato estatal o las camarillas burocráticas, en nombre de la disciplina y unidad obrera!»152
El eje de la política sindical, además de la lucha por la democracia sindical, está puesto en la formación de sindicatos revolucionarios, fracciones revolucionarias y oposiciones sindicales.
«(...) lucha por sindicatos revolucionarios... crear en cada fábrica núcleos que luchen por el programa de la IV y unir esos núcleos en fracciones revolucionarias, luchar por la construcción de un partido obrero revolucionario que dirija en su conjunto la lucha de cada sindicato, de cada fábrica, de cada estancia, contra la burguesía en su conjunto es nuestro principal deber en el momento actual.»153
«... Si contamos para nuestras fracciones solamente con nuestros militantes y simpatizantes, es decir, haciendo caso omiso de independientes o indecisos es como los conquistaremos y como avanzaremos de verdad, ya que todas nuestras posibilidades de acción se estructurarán sobre una base firme y no problemática. De la misma manera que solamente logrando un mínimo de enraizamiento con el proletariado como de actividad sindical, es como será posible a nuestros militantes formar una auténtica fracción.»154
«La lucha por la democracia sindical debe tener una herramienta: las oposiciones sindicales. Hay que formar oposiciones sindicales con todo obrero honrado y luchador que quiera que su sindicato sea libre, democrático y anticapitalista. Hay que organizar un gran Congreso Nacional de estas oposiciones para elaborar un programa común.»155

Voz Proletaria plantea las características del trabajo en los sindicatos:
«Hay que estar dentro de la CGT y sus sindicatos. No para romperlos o dividirlos, no ‘contra la CGT’, sino a su lado, en medio del desarrollo de su lucha, para ayudarlos a comprender esa contradicción [apoyo político a Perón y oposición sindical]... Hay que ser pacientes y partir del grado y nivel de conciencia política de los obreros. Hay que comprender qué es lo que buscan, qué esperan y quieren de la CGT. Hay que comprender qué contradicción expresa la CGT, para que en el propio proceso de la lucha se eduque y desarrolle la conciencia del proletariado».156
En este sentido plantea su oposición a la consigna de «Nueva Central Obrera» planteada por Frente Proletario:
«Formar oposiciones sindicales? Contra quién? Contra la CGT y sus sindicatos: ‘herramientas -las más importantes- del capitalismo’. Pero es que el proletariado... está en la CGT y sus sindicatos. Pero entonces es contra el proletariado que hay que formar oposiciones sindicales, y hacer un Congreso de ellas, y unir en frente único ‘con los obreros reformistas’ y sus burócratas pelados (es decir, sin obreros que los sigan) para formar ‘la nueva Central Obrera ‘libre’ (también de obreros) e ‘independientes’ (de todo menos del imperialismo)».157
Voz Proletaria plantea su política hacia la clase obrera: impulsar asambleas que discutan el programa que debe llevar adelante la clase obrera.
«La burguesía industrial por medio de la CGT... Lo que quiere es engañar al proletariado para que a costa de sus sacrificios ella solidifique su industria... Los sindicatos obreros y la CGT deben ser los representantes de su interés de clase... La base fundamental de la CGT debe ser la lucha contra el imperialismo y la burguesía por unir a los pueblos de Latinoamérica en la lucha común contra el imperialismo, los Estados Unidos Socialistas de Latinoamérica. En libres y democráticas asambleas, con el derecho a intervenir todas las tendencias ideológicas y políticas del proletariado, se debe discutir este programa, junto con la nacionalización de las empresas imperialistas... sin indemnizaciones... que los obreros administren y repartan la tierra a los campesinos... Para que así realmente la Confederación General del Trabajo sea su Central Obrera. Y no una agencia del estado capitalista.»158
Transformar a la CGT en la Central que los trabajadores necesitan:
«Los obreros necesitan una CGT que se haga cargo de sus problemas y luche decididamente por su solución. Necesitan imprimir en su central obrera el sello de su propia política de clase. Obligar a la dirección de la CGT a romper su maridaje con la burguesía nacionalista y su estado capitalista, llevando su propio programa de reivindicaciones. Los trabajadores deben imponer a sus dirigentes la verdad de que son ellos el factor fundamental en la vida de la nación».159
Desde un punto de vista de la política más general hacia el proletariado se plantea: «Para el programa nacional y latinoamericano, para las tareas de la revolución permanente en estos atrasados países, le ayudaremos a clarificar y desarrollar su conciencia ideológica y política, para separar y obrar, tanto económica como políticamente y organizativamente, de acuerdo a sus intereses revolucionarios de clase.»160

C. Algunas conclusiones

Teniendo en cuenta el panorama desarrollado, observamos que el nudo de la discusión en torno a las posiciones de los grupos trotskistas pasa por dos ejes: el peso del proceso de estatización de las organizaciones obreras en la etapa peronista, y el de las conquistas obtenidas por la clase obrera. Además, resulta central la caracterización de la situación de la clase obrera previa al surgimiento del peronismo. Según el balance que cada corriente haga entre estos procesos resultará en su evaluación de la relación entre el peronismo y la clase obrera y su política hacia ella.
Octubre y Voz Proletaria ponen el acento en la importancia de la experiencia que la sindicalización significó para la clase obrera. Octubre prácticamente absolutiza este aspecto minimizando la crítica hacia el proceso de estatización de los sindicatos. Así, no desarrolla una política hacia las organizaciones obreras planteando en forma enunciativa y desvinculada de toda política sindical, la creación de un partido revolucionario, redondeando con esto su capitulación al peronismo.
Voz Proletaria hace una análisis más complejo. Los sindicatos son instrumentos de la burguesía nacional contra el proletariado y a la vez base de apoyo en su enfrentamiento contra el imperialismo. Señala el estado de movilización de las masas y califica de «revolucionarios» los objetivos de la clase obrera al apoyar al peronismo.
No hemos hecho en este trabajo, un estudio exhaustivo del estado de la subjetividad y la conciencia obreras en esta etapa, sin embargo es necesario anotar que el peronismo fue desde sus inicios un movimiento que, como parte de sus objetivos se planteaba prevenir todo ascenso revolucionario. Voz Proletaria apunta a esto cuando se refiere al «engaño» del que fue víctima el movimiento obrero, sin embargo, al no profundizar en los mecanismos de cooptación de la clase y estatización de sus organizaciones, este grupo hará hincapié en la «experiencia» que la clase hace con el peronismo. En este sentido, Voz Proletaria tiende, a nuestro modo de ver, a una visión oportunista en tanto se adapta al estado de conciencia de la clase obrera en esta etapa, conciencia que era reformista y no revolucionaria en tanto confiaba en una dirección burguesa, se adapta por esta vía al fenómeno peronista y a las direcciones existentes del movimiento obrero: «El proletariado es la fuerza política decisiva, y ...se ha unido en realidad tras su apoyo a Perón, por una política que él ve de interés nacional, en oposición a la oligarquía y al imperialismo. De esta nueva experiencia el proletariado debe sacar las conclusiones políticas...». El acento puesto en la «experiencia» que la clase obrera estaba realizando no le permite ver el proceso que impedía que esa experiencia cristalizara en organizaciones independientes, -hecho éste que, a pesar de las previsiones de Voz Proletaria, no se operó- y que se profundizó con el ascenso de Perón: la estatización de los sindicatos. Si bien se refiere al objetivo de la burguesía de «estatizar al movimiento obrero», Voz Proletaria no analiza este proceso y dedicándole extensos espacios a la polémica con Frente Proletario sobre el movimiento obrero, no profundiza en él, mientras que al discutir acerca de las tareas: «‘trabajar en los sindicatos ya estatizados (?)...’», parece dudar de su existencia.
Así como Voz Proletaria subestima los aspectos totalitarios del régimen peronista en relación al conjunto de las clases, subvalora también estos aspectos al interior del movimiento obrero.
El marco de estos análisis y en última instancia su explicación, es la caracterización más general de los sindicatos definidos como instrumentos de la «burguesía industrial nacionalista» en sus roces con el imperialismo y con la oligarquía. Si bien el control de los sindicatos es analizado como «defensa» de la burguesía contra el propio movimiento obrero, considerarlos un arma de la burguesía industrial (en el marco de la definición más general de esta clase explicada en este trabajo) contra el imperialialismo, le permite a Voz Proletaria subordinar el problema de la estatización de los sindicatos a esos objetivos.
Las definiciones de Trotsky sobre la relación entre los gobiernos bonapartistas y los sindicatos consideran ambos aspectos: «Este tutelaje del Estado está determinado por dos grandes tareas que éste debe encarar: en primer lugar, atraer a la clase obrera, para así ganar un punto de apoyo para la resistencia a las pretensiones excesivas por parte del imperialismo, y al mismo tiempo, disciplinar a los mismos obreros poniéndolos bajo control de la burocracia». Ambos objetivos hacen a la política hacia los sindicatos en los gobiernos de tipo bonapartista sui generis. Pero también Trotsky estudia más profundamente las causas del proceso de estatización de los sindicatos que señalamos en este trabajo y que tiene que ver con las tendencias propias del capitalismo en esta fase y en particular en las semicolonias.
Así como los grupos trotskistas no utilizan la categoría de bonapartismo sui generis y la riqueza de los análisis de Trotsky en relación a los nacionalismos burgueses, tampoco lo hacen en cuanto al análisis de los sindicatos, su relación con la clase obrera y el Estado.
Frente Proletario discute con Voz Proletaria su caracterización de los sindicatos como arma de la burguesía industrial contra el imperialismo, y plantea, por el contrario, que la estatización de los sindicatos responde «a los intereses de ambos», es decir, «impedir en el movimiento obrero todo planteamiento revolucionario que atente contra las bases de la explotación capitalista».
A diferencia de Voz Proletaria, Frente Proletario analiza extensamente el proceso de estatización de los sindicatos. En este sentido, advierte más claramente los elementos de burocratización, cooptación, ligazón al estado y represión al interior del movimiento obrero. Sin embargo, adolece de los errores sectarios a los que nos referimos más arriba expresado en definiciones como «en cuanto a su esencia son sindicatos fascistas o semifascistas» (si bien descarta la caracterización de fascista para el régimen peronista como tal), confundiendo los métodos de la burocracia sindical con el carácter de los sindicatos que sólo puede ser comprendido a la luz de categorías que abarquen el conjunto de las contradicciones de un régimen de un país semicolonial en la etapa imperialista.
Este mismo sectarismo se advierte en relación a la valoración de las conquistas obtenidas por el proletariado. Si para Voz Proletaria fueron producto del «empuje revolucionario» de las masas, para Frente Proletario «no son conseguidas por los trabajadores en pie de lucha, sólo sirven para adormilar al proletariado y, por consiguiente, son conquistas sin ningún valor».
En este sentido, es necesario balancear el hecho de que estas conquistas obedecen a la fortaleza del proletariado por un lado, y al objetivo de cooptar al movimiento obrero por parte del gobierno, por otro.
Cada grupo pone el peso en uno de los aspectos transformando sus posiciones en unilaterales, volviendo a unas «oportunistas» en tanto hacen primar el aspecto revolucionario del movimiento obrero, subestimando su conciencia reformista y el rol de las conquistas en el proceso de cooptación, (Voz Proletaria); y «sectarias» a las otras, en tanto subvaloran la fortaleza del proletariado como clase y de sus organizaciones así como la importancia de las conquistas obtenidas en esta etapa, (Frente Proletario).
Los grupos desarrollan una política concreta en relación al movimiento obrero. Trotsky da lineamientos generales para el trabajo sobre los sindicatos estatizados:
«No podemos elegir a nuestro gusto y placer el campo de trabajo ni las condiciones en que desarrollaremos nuestra actividad... Tenemos que adaptarnos a las condiciones existentes en cada país dado para movilizar a las masas no sólo contra la burguesía sino también contra el régimen totalitario de los propios sindicatos y contra los dirigentes que sustentan ese régimen. La primera consigna de esta lucha es: independencia total e incondicional de los sindicatos respecto del estado capitalista. Esto significa luchar por convertir los sindicatos en organismos de las grandes masas explotadas y no de la aristocracia obrera.
La segunda consigna es: democracia sindical. Esta segunda consigna se desprende directamente de la primera y presupone para su realización la independencia total de los sindicatos del estado imperialista o colonial.
(...) La neutralidad de los sindicatos es total e irreversiblemente cosa del pasado. Ha desaparecido junto con la libre democracia burguesa... a pesar de la degeneración progresiva de los sindicatos y de sus vínculos cada vez más estrechos con el Estado imperialista, el trabajo en los sindicatos no ha perdido para nada su importancia, sino que la mantiene y en cierta medida hasta es aún más importante que nunca para todo partido revolucionario. Se trata esencialmente de luchar para ganar influencia sobre la clase obrera. Toda organización, todo partido, toda fracción que se permita tener una posición ultimatista respecto a los sindicatos, lo que implica volverle la espalda a la clase obrera sólo por no estar de acuerdo con su organización está destinada a perecer. Y hay que señalar que merece perecer.»161
Ambos grupos plantean la importancia de apuntar al logro de la democracia sindical y la independencia de los sindicatos. Se diferencian en cuanto a la política concreta hacia los sindicatos.
No nos proponemos aquí hacer una crítica de las políticas y tácticas específicas de pequeños grupos frente a una situación tan compleja como la que se le presentaba. Digamos que Voz Proletaria ponía el acento en «ayudar a comprender», «para que en el propio proceso de la lucha se eduque y desarrolle la conciencia del proletariado» y la imposición de un programa de clase a la CGT, oponiéndose a Frente Proletario que considera necesario formar oposiciones sindicales y fracciones revolucionarias en la perspectiva de formar nuevos sindicatos. A pesar de las críticas de Voz Proletaria que le discute su negativa a trabajar «donde estaban los obreros» y de su evidente sectarismo, Frente Proletario se plantea el trabajo en los sindicatos peronistas, política que (a pesar de sus importantes errores políticos y de análisis) le permitió lograr inserción en el movimiento obrero.

Conclusiones finales

A lo largo del artículo hemos planteado conclusiones parciales en relación a los temas específicos de cada capítulo. Se trata de conclusiones parciales en tanto son producto de una primera aproximación al tema de estudio y del análisis de una porción del material disponible y parte de una investigación más extensa sobre el tema. Aquí trataremos de redondear una caracterización de los grupos estudiados, sobre un tipo de nacionalismo burgués como fue el peronismo, y una evaluación general de sus políticas a la luz de los análisis de Trotsky sobre los nacionalismos burgueses.
Al trotskismo argentino de los años ‘40 le tocó presenciar un fenómeno que marcaría a fuego la historia argentina y su clase obrera. Aquellos pequeños grupos de «decenas de militantes», marginales en la vida política del país y dentro de la propia clase obrera, inmersas ambas en un proceso de profundas transformaciones, debieron apelar a las armas teóricas y políticas de que disponían para dar respuesta a la realidad que enfrentaban. Lo hicieron con un grado mucho mayor de sofisticación que otras corrientes de izquierda, como el Partido Socialista o el Comunista. No son estas corrientes objeto de estudio en este trabajo, pero recordemos por ejemplo, que ambos militaron en la Unión Democrática, cediendo por esta vía al imperialismo norteamericano y traicionando los intereses de clase del proletariado.
Los grupos trotskistas se esforzaron por encontrar respuestas a todos los aspectos que ofrecía aquella realidad tan compleja: el carácter del país, su relación con el imperialismo, la situación del proletariado y sus organizaciones, los cambios políticos y el surgimiento de un fenómeno cuyo significado aparecía contradictorio y cuyas consecuencias resultaban difíciles de prever. A diferencia del resto de la izquierda, los trotskistas buscaban un camino hacia la clase obrera y sus análisis se orientaban en este sentido.
Desde esta consideración general los tres grupos analizados ofrecen importantes diferencias.
En primer lugar, el grupo dirigido por Jorge A. Ramos, Octubre, irá definiendo su alejamiento del trotskismo desde la etapa que analizamos. Su importancia no es menor en tanto se transformará en un referente de la «izquierda nacional», que se esforzará por encontrar cualidades «revolucionarias» en la burguesía nacional argentina. Estas posiciones se forjan en la etapa que analizamos, aunque no desarrollaremos los variados vericuetos de la trayectoria de Ramos162. Ramos y su grupo a través de su publicación Octubre, se propondrá sentar las bases de una corriente ideológica más que de un partido con inserción en la clase obrera163. Una revisión general de estos ejemplares arroja una importante proporción de artículos de análisis de la situación nacional y otra, aún mayor, de artículos de León Trotsky, mayoritariamente referidos a la cuestión nacional. Este conjunto de artículos le sirven a Ramos para apoyar su posición acerca de la importancia que la cuestión nacional tenía para el trotskismo y para sustentar su posición en el acervo teórico y político del trotskismo. De número en número Ramos va despojando a la burguesía nacional de sus características reaccionarias, va desligando la revolución en las semicolonias de la revolución internacional y a la revolución democrática de la revolución socialista. Efectivamente, la «cuestión nacional» es central en la estrategia revolucionaria del trotskismo, pero con su operación Ramos culmina en una negación de la revolución permanente, como condensación del carácter y las tareas de la revolución en las semicolonias y su ligazón con la revolución mundial. Culmina en una concepción «etapista» de la revolución (en la medida que mantiene la necesidad de tal revolución): otorgándole posibilidades revolucionarias a la burguesía nacional subordinará al proletariado dentro del movimiento nacional dirigido por aquélla en pos de una etapa «previa» de desarrollo burgués. Esta concepción imprime su caracterización del peronismo como movimiento nacional resignando toda política de independencia del proletariado.
J. Posadas a través de Voz Proletaria desarrollará un interesante análisis acerca del peronismo como movimiento nacionalista burgués. Como analizamos en este artículo, parte de un error de análisis al caracterizar al peronismo como expresión de la «burguesía industrial nacionalista». Hemos esbozado la compleja relación de clases y con el imperialismo en el marco de la cual surge el peronismo. Este error no le impide plantear una política de independencia de clase hacia el proletariado y de denuncia de los mecanismos de subordinación de la clase obrera dentro del «movimiento nacional». Sin embargo, su visión de un sector de la burguesía nacional que se plantea una política industrialista para el desarrollo de la nación (si bien en términos burgueses) y para lo cual necesita encontrar mejores condiciones de negociación con el imperialismo, subestimando la profunda dependencia con éste, imprimirá a su política un sesgo «oportunista» expresado en su política hacia el régimen y el movimiento obrero. En este artículo nos referimos al carácter de la política de desarrollo industrial y sus profundos límites en función de su dependencia del imperialismo. Planteamos estos límites además, en función de la política que el peronismo implementa para aprovechar los roces interimperialistas, se «recostaba» sobre la estructura tradicional del país y se «apoyaba» en el imperialismo inglés. Voz Proletaria subestima estos elementos priorizando las «oportunidades» que la clase obrera obtendría en el marco del «movimiento nacional» que expresa el peronismo: movilización revolucionaria en función de objetivos nacionales, expansión de sus organizaciones, experiencia con su dirección burguesa.
Esta concepción deriva en, por un lado, la subestimación de las características totalitarias del gobierno peronista, incluso al interior del movimiento obrero; por otro lado, una sobreestimación de la «conciencia revolucionaria» del proletariado en la etapa, que lo lleva a prever una pronta ruptura con su dirección burguesa sin ver a fondo que los mecanismos de cooptación apuntaban no sólo a sus organizaciones sino también a crear una conciencia reformista y «burguesa» en el movimiento obrero. De conjunto, una adaptación al fenómeno peronista.
Nahuel Moreno y Frente Proletario parten de un análisis profundo de la estructura económica y las relaciones de clases en la Argentina. Estos análisis serán ampliados y profundizados por Moreno más adelante y, en manos de Milcíades Peña, constituyeron un aporte fundamental para la interpretación de la historia argentina (cuyos fundamentos han sido retomados, pero no suficientemente reconocidos por gran número de historiadores).
Este análisis le permite percibir la estrecha ligazón de las burguesías y regímenes semicoloniales con el imperialismo y los límites de aquéllos para impulsar una política de desarrollo industrial autónomo. Sin embargo, su análisis sobre el fenómeno peronista en esta etapa y sus implicancias sobre la clase obrera fue básicamente unilateral y «sectario». En primer lugar, porque no sopesa correctamente la nueva relación con el imperialismo que el peronismo expresaba. En segundo lugar, no analiza el fenómeno peronista como un tipo de bonapartismo que establece una relación particular entre burguesía nacional e imperialismo, adoptando en este marco una relación también particular con el proletariado. Por último, no percibe las contradicciones que el peronismo expresó en el movimiento obrero y en este sentido, no realizó un balance equilibrado entre el proceso de cooptación y estatización y las concesiones otorgadas al movimiento obrero.
A grandes rasgos, los grupos analizados expresan por un lado, un proceso de adaptación a los fenómenos objetivos y de presión sobre las direcciones de estos fenómenos, por otro lado, una posición sectaria frente al proceso en desarrollo. El grupo de Moreno, expresión de esta última posición, desplegará posteriormente un viraje de 180 grados, con el objetivo de ganar influencia sobre la clase obrera peronista, impulsará el entrismo en el Partido Socialista de la Revolución Nacional (PSRN), movimiento impulsado por el gobierno peronista e influenciado por dirigentes de orígen socialista.

En rigor, ninguna de las corrientes estudiadas aplica en toda su riqueza y profundidad los análisis de Trotsky sobre los nacionalismos burgueses, que ofrecían una visión dialéctica de estos procesos, cayendo así en concepciones unilaterales como las que estudiamos, ni examinan los procesos que se desarrollan en Argentina, a la luz de las experiencias internacionales, particularmente en América Latina, como el cardenismo en México o el varguismo en Brasil.
En este sentido podemos plantear una conclusión más general sobre el abordaje de los procesos nacionales. Tanto Voz Proletaria como Frente Proletario elaboran políticas para afrontar estos procesos e insertarse en la clase obrera, sin embargo se advierte una debilidad profunda en este esfuerzo: la dificultad para ligar los procesos nacionales en relación con la situación internacional. Una revisión general de las publicaciones de las corrientes señala la falta de un análisis amplio y profundo acerca de los nacionalismos burgueses y la forma en que éstos se dieron en otros países que implica profundizar en el análisis de la política de los imperialismos hacia los países semicoloniales y en particular sobre América Latina.
Esta debilidad, combinada con (y a la vez explicable por) la crisis de la Cuarta Internacional164 tras el asesinato de Trotsky y el fin de la Segunda Guerra Mundial, están en la base de los errores de estos grupos. Sumado esto a la pobre utilización de las categorías y análisis de Trotsky para abordar los procesos que se desarrollaban.
En parte, esto desmiente el lugar común que afirma que las debilidades de las corrientes trotskistas responden a su «desinterés» por los problemas nacionales y su concentración en lo internacional y su «dogmatismo». Voz Proletaria y Frente Proletario se esforzaron y tuvieron relativo éxito en ligarse a la clase obrera pero esto no los puso a cubierto de gruesos errores políticos. Probablemente el esfuerzo por romper con su pasado reciente, en función de lo cual se plantearon una mayor inserción en la clase obrera (y que efectivamente se constituyó en un nuevo punto fuerte relativo) se hizo a costa de la pérdida de un punto de vista internacionalista y de la pasión por la discusión de los aspectos teórico-políticos (puntos que resultaban destacables en los grupos trotskistas previos que discutieron profundamente procesos internacionales como la revolución española, la burocratización de la URSS, la Segunda Guerra Mundial y desarrollaron una interesante polémica en torno al problema de la «liberación nacional»165).
Aún así es importante destacar que el trotskismo desarrolló de conjunto una visión que ofreció posteriormente una alternativa a las concepciones liberales y revisionistas sobre el peronismo. En los análisis posteriores del propio Nahuel Moreno, en los estudios de Milcíades Peña y en las elaboraciones de Ernesto González, encontramos una utilización de la categoría de bonapartismo para explicar el peronismo que supera las visiones del peronismo como expresión de la dictadura fascista en la Argentina, o como una manifestación política de cuño nacionalista que retomaba las tradiciones de los grandes caudillos argentinos. El peronismo dio lugar a una intensa discusión política y académica en torno a su carácter y su significado, y su influencia impregnó las posiciones teóricas y políticas que se delinearon. Unas, atacaron los aspectos autoritarios y populistas del peronismo y lo calificaron de fascismo. Otras, reivindicaban sus aspectos nacionalistas y pro-obreros y lo calificaron de revolucionario. Ambas se apoyaron en y respaldaron ,a su vez, a expresiones políticas de diferente tipo. Unos analizaron el peronismo como expresión de una alianza de clases con intereses industrialistas, otros lo vieron como expresión de los intereses más retrógados de la sociedad argentina. Se han hecho análisis simplistas y otros de gran riqueza empírica y teórica. Imposible agotar aquí un estado de la cuestión que no nos hemos propuesto hacer.
Digamos que, como pretendimos reflejar en este artículo, las categorías con las que Trotsky aborda fenómenos de este tipo ofrecen los elementos para analizar la dinámica de las relaciones entre las clases y del país con el imperialismo, claves para comprenderlos, a la vez que los elementos para desplegar una política revolucionaria, basada en la independencia del proletariado, para intervenir en ellos. Este es el gran aporte de Trotsky y el trotskismo para la comprensión de fenómenos de esta naturaleza y para la acción de los revolucionarios.

Un análisis más completo del conjunto de las posiciones y políticas de los grupos trotskistas de la etapa -y posteriores- nos permitirá profundizar en estas conclusiones. En este trabajo quisimos reflejar las posiciones en torno a uno de los fenómenos más trascendentes de la historia de nuestro país e iniciar una reflexión acerca de un tema complejo y clave en los países semicoloniales, como los nacionalismos burgueses.

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Revistas:
- Cuadernos del CEIP León Trotsky.
- Fichas de investigación económica y social.
- Cuadernos de Estrategia.
- Estrategia de la emancipación nacional.

Fuentes utilizadas
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- Voz Proletaria, órgano del Grupo Cuarta Internacional, números de los años 1947, 1948, 1949.
- Octubre, números de los años 1945, 1946, 1947.
- Frente Obrero, números de los años 1943, 1945.
- Revolución Permanente, órgano teórico-político, POR, 1949.
- Grupo Cuarta Internacional, Boletín Interno, julio de 1949.
- Grupo Cuarta Internacional, Servicio de Prensa N° 5, octubre de 1950.
- Grupo Cuarta Internacional, Boletín Interno del Secretariado Internacional, abril de 1951.

Notas 

1 PORS (Partido Obrero de la Revolución Socialista): lo formaban miembros de la LOS (Liga Obrera Socialista), grupos de La Plata y Berisso, el Núcleo de Córdoba (en el que militaba Posadas), Rosario y Santa Fe, el grupo de transporte nucleado alrededor de Medunich Orza, la VOL (Vanguardia Obrera Leninista), orientada por Jorge Abelardo Ramos, Adolfo Perelman, entre otros. Nahuel Moreno hizo un breve paso por el PORS (ver Cuadernos del CEIP N° 2).
2 Coggiola encuentra «por lo menos una decena» y enumera ocho. A los que citamos en este trabajo, agrega: Zona Sud, impulsado por «Guevara» que edita el periódico Bandera Roja, el grupo «Spartacus» dirigido por Daniel Siburu, en Rosario, el grupo de Esteban Rey en el norte argentino, y otros grupos que posiblemente hayan existido en Córdoba. Osvaldo Coggiola, El trotskismo en la Argentina, tomo 1, Bs. As. CEAL, 1985, pág. 92-93.
3 Coggiola, op. cit.
4 El militante N° 8 enero de 1948.
5 El militante N° 9 abril 1948.
6 Horacio Tarcus, El marxismo olvidado en la Argentina. Silvio Frondizi y Milcíades Peña, Ediciones El cielo por asalto, Bs. As. 1996.
7 El militante, N° 2 diciembre de 1946.
8 Frente Obrero N° 1, septiembre de 1945.
9 Idem.
10 Idem.
11 Idem.
12 Frente Obrero N° 2, octubre de 1945.
13 Ernesto González es historiador y dirigente del Movimiento al Socialismo y Osvaldo Coggiola, del Partido Obrero. Otros trabajos que se refieren al tema son el citado de Horacio Tarcus y el de Norberto Galasso: Liberación nacional, socialismo y clase trabajadora, Bs. As. Ed. Ayacucho, 1991.
14 González (coordinador), El trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina, Editorial Antídoto, Bs. As, 1995, pág 120.
15 González, op. cit. pág 119.
16 Idem, págs 118-19.
17 Idem, pág 123.
18 Idem, pág 134.
19 Idem, pág 172.
20 Idem, pág 94.
21 Idem, pág 156.
22 Coggiola, op. cit. pág 97.
23 Idem, pág 98-99.
24 Idem, pág 123.
25 Idem, pág 102.
26 Idem, pág 102.
27 Idem, pág 102-3.
28 Idem, pág 109.
29 Idem, pág 103.
30 León Trotsky, «Discusión sobre América Latina», 4 de noviembre de 1938, Escritos Latinoamericanos, Ediciones CEIP León Trotsky, Bs. As. Segunda Edición, 2000.
31 «La política de Roosevelt en América Latina», 1938, idem, pág. 94.
32 Idem.
33 Idem pág. 93. Los destacados son nuestros.
34 Prólogo a «La tragedia de la revolución china», en La teoría de la Revolución Permanente, Ediciones CEIP León Trotsky, Buenos Aires, 2000, pág. 528.
35 Stalin, el gran organizador de derrotas. La III Internacional después de Lenin, El Yunque Editora, Bs. As. 1974.
36 León Trotsky, «Discusión sobre América Latina», 4 de noviembre de 1938 en Escritos Latinoamericanos, op. cit.
37 León Trotsky, «La India ante la guerra imperialista», Escritos 1939-40, pág. 38. Editorial Pluma, 1979.
38 León Trotsky, «Discusión sobre América Latina», en Escritos Latinoamericanos, op. cit.
39 León Trotsky, «La industria nacionalizada y la administración obrera», op. cit.
40 León Trotsky, «Los sindicatos en la era de la decadencia imperialista», 1940. Escritos Latinoamericanos, op. cit.
41 Milcíades Peña, Industria, burguesía nacional e liberación nacional, Ediciones Fichas, Bs. As. 1974.
42 Dorfman, Historia de la industria argentina, Ed. Solar, Bs. As. 1983
43 Fichas de investigación económica y social, N° 1.
44 Fichas... N° 1.
45 Citado en Estrategia de la emancipación nacional , septiembre de 1957, pág. 62.
Así, en 1935 más del 50% del total de la industria era propiedad de extranjeros. Esta penetración del capital extranjero se combinaba con un alto grado de concentración industrial, un pequeño número de empresas controlaban los establecimientos que ocupan la mayoría de los obreros y producen el grueso de la producción industrial.
Sin embargo, se ha planteado en oposición a esto el desarrollo de una cantidad mayor de empresas no ligadas al capital extranjero, en especial durante los ‘40, «El Censo Industrial peronista de 1954 da la respuesta: las sociedades anónimas ocupan el 34% de los obreros y aportan el 42% de la producción industrial argentina. En cuanto a la pequeña y mediana empresa... propietarias de 94 de cada 100 establecimientos industriales, en conjunto, pese a ser decenas de miles, producen menos que los 234 establecimientos que ocupan al 32% de la clase obrera.» Fichas... N° 1, pág. 30.
«... el capital financiero internacional posee o controla sólo un pequeñísimo número de establecimientos que son los que ocupan la mayoría aplastante de los obreros y arrojan la mayoría aplastante de la producción.
Y éstas son las empresas que controla el capital internacional, quien no controla el mayor número de empresas industriales en general, pero posee la mayor parte de las grandes empresas, que cuentan miles de obreros y producen el grueso de la producción industrial del país.» Fichas... N° 1, pág. 32.
46 Estrategia..., op. cit. pág. 52.
47 Murmis y Portantiero, «Crecimiento industrial y alianzas de clases en la Argentina», 1930-40, en Estudios sobre los orígenes del peronismo, Ed. Siglo XXI, Bs. As., 1972.
48 Aspiazu, D., Basualdo, E. M., Khavisse, M., El nuevo poder económico en la Argentina (1929-1960), Bs. As., CEAL, 1985.
49 Ver Cuadernos N° 2, CEIP León Trotsky.
50 Octubre N° 2, noviembre de 1946, pág. 6.
51 Voz Proletaria N° 1, junio de 1947, pág. 3. Desde aquí todos los destacados que siguen en negrita son nuestros.
52 Frente Proletario N° 4, febrero-marzo de 1947, pág. 4
53 Frente Proletario N° 7, agosto de 1947, pág. 3.
54 Octubre N° 2, noviembre de 1946, pág. 4.
55 Octubre N° 4, abril de 1947, pág. 3.
56 Octubre N° 4, pág. 15.
57 Frente Proletario N° 6, junio de 1947, pág. 8.
58 Frente Proletario N° 5, abril de 1947, págs. 18-19-20.
59 Voz Proletaria N° 1, junio de 1947, pág. 1.
60 Frente Proletario N° 7, agosto de 1947, pág. 3.
61 Voz Proletaria N° 1, junio de 1947, pág. 1.
62 Voz Proletaria N° 4, agosto de 1948, pág. 6.
63 A pesar de que este artículo de Riveri plantea la revolución agraria como tarea de la revolución en la Argentina y Octubre volverá a plantearlo en otras oportunidades, el propio Ramos, con su seudónimo Guerrero, plantea en el mismo número y discutiendo contra el stalinismo: «El problema agrario en la Argentina, excluimos naturalmente, de esta caracterización a los restantes países de América Latina, está substancialmente resuelto desde el punto de vista capitalista. Al mismo tiempo que desarrolló la industria nacional, la primera guerra imperialista ejerció otros efectos del mismo carácter en el campo. Al finalizar la contienda los productos agrícolas alcanzaron altos precios en el mercado mundial, por la desorganización de la producción europea. Esta ola de prosperidad permitió a nuevas capas de campesinos adquirir en propiedad las tierras que cultivaban; asimismo facilitó a otros arrendatarios establecer formas más capitalistas de relaciones». Octubre N° 3, enero-febrero de 1947, pág. 4. Recordemos la discusión que Peña hace con Ramos alrededor de este y otros temas en Industria, burguesía industrial y liberación nacional, op. cit.
64 Octubre N° 3, pág. 6.
65 Octubre N° 3, enero-febrero de 1947, pág. 6.
66 Octubre N° 3, pág. 7.
67 Octubre N° 3, pág. 7.
68 Frente Proletario N° 17, marzo de 1948, pág. 1.
69 Frente Proletario N° 4, febrero-marzo de 1947, pág. 20.
70 Voz Proletaria N° 1, junio de 1947, pág. 3.
71 Voz proletaria N° 1, pág. 5.
72 Voz Proletaria N° 4, agosto de 1948, pág. 2.
73 En terminos de Aspiazu y otros, op. cit.
74 En 1948 Nahuel Moreno escribía sus «Tesis Industriales» que aparecen en Cuadernos de Estrategia N° 2 y planteaba algunos conceptos que después serán evidentemente tomados y profundizados por Milcíades Peña:
«Los teóricos burgueses incapaces de distinguir las distintas formas de dominio imperialista,... opinan que la industrialización de un país atrasado, es independencia económica de ese país con el imperialismo y fortalecimiento de la burguesía industrial antiimperialista.
Este criterio ha encontrado eco en nuestras filas. Nada más errado que esta opinión. El imperialismo desarrolla y es el primer factor del desarrollo de explotaciones capitalistas en los países atrasados....
Dorfman calculaba en el año 1941 que la mitad del capital invertido ese año en la industria argentina era capital directamente extranjero, es decir, de sucursales fabriles de sus empresas, o sea de capital imperialista. Si a esto le sumamos las empresas indirectamente controladas, llegaremos a un porcentaje bastante mayor del 60% como el dominio del capital industrial en poder del imperialismo...
Por otra parte se generalizó y se transplantó a los países atrasados el fenómeno que Lenin ya estudió en los países adelantados: el del capital financiero y la trustificación. Con respecto al primer fenómeno, nos encontramos con que en la Argentina hay una cantidad de empresas financieras, personas o empresas que cumplen la misma función ligadas a multitud de empresas y controlando parte de las acciones...Comprobamos esto en la Argentina mediante la ligazón de las grandes empresas. Tornquist (capital belga y europeo) controla directamente o con una gran influencia las siguientes compañías industriales: Tamet, Azucarera Argentina, La Negra, etc., Roberts (capital inglés), Fábrica argentina de alpargatas, Rifalleaum, etc, Bemberg, Trust Cerveza, M. A. A. (Manufactura Algodonera Argentina). Pero esta es una forma de dominio imperialista. Está la otra que es la efectuada a través de sucursales industriales directas de las metrópolis: Duperial, Catita, Sudantex, etc...
Y la tercera forma de dominio y penetración imperialista son los acuerdos y la interrelación de empresas nacionales y extranjeras, cuyo ejemplo más perfecto es SIAM, con su acuerdo con la Westinghouse... La burguesía industrial argentina no es homogénea. Su sector más fuerte, más importante, está unido a las empresas imperialistas... Estos sectores no tienen ninguna oposición a los terratenientes ya que la mayoría de las veces éstos capitalizan su ganancia en compra de tierras, o viceversa, los terratenientes capitalizan su renta en la industria...
Es una leyenda creer que el actual gobierno... está empeñado en una lucha por la industrialización del país contra el imperialismo...
Todos los que sostienen que Yrigoyen y Perón fueron representantes de la burguesía industrial argentina y que Justo lo fue de los terratenientes y del imperialismo, se olvidan que el proteccionismo y la primera etapa de la nueva industrialización se inicia con Justo.
La industrialización argentina no se debe a la conquista del poder estatal del sector industrial antiimperialista y latifundista, sino a los fenómenos mundiales: la crisis del mercado y régimen capitalista mundial y el ingreso de los capitales y técnica imperialista.»
75 El GOU advierte sobre el peligro de la conformación de un frente popular (como señalaba la experiencia chilena en los 30) y de la ofensiva de Estados Unidos sobre el país como uno de los principios justificatorios de su creación (Ver Juan Domingo Perón, Obras completas, Ed. Docencia, 1997, Prólogo de Fermín Chávez).
76 "El ejército sale a la calle para imponer la unidad de la burguesía que se había dividido frente a la ofensiva yanqui y establecer un gobierno de las Fuerzas Armadas que, desde arriba, presione a los distintos sectores burgueses en este sentido». Ernesto González, op.cit., pág. 16.
77 Para una breve síntesis de las políticas del PC en esta etapa ver Cuadernos N° 2, CEIP León Trotsky.
78 González, Qué es y qué fue el peronismo, Ediciones Pluma, Bs. As., 1974.
79 «(...) tradicionalmente, la burguesía argentina ligada a Europa se había recostado sobre el imperialismo inglés para frenar los embates del nuevo amo. Pero ahora que Inglaterra acentuaba su decadencia, y comenzaba a retirarse, y en el país no había ningún sector burgués lo suficientemente fuerte como para frenar la ofensiva norteamericana. Perón y sus amigos deben recurrir a los trabajadores organizados». E. González, Qué es y qué fue... op. cit.
80 «La beligerancia entra, casi inmediatamente, en pausa. La SR [Sociedad Rural] modifica ya en el curso de 1946, su tono agresivo, por un tono colaborador (...) El entendimiento entre la SR y el gobierno del general Perón tendra reiteradas e inequívocas manifestaciones....» Cuneo, Dardo, Comportamiento y crisis de la clase empresaria, CEAL, Bs. As., 1984, pág. 134.
81 «A mediados de 1948, el Día de la Metalurgia da motivo a exteriorizar la adhesión industrial al Gobierno; dice, ahí, Carlos Alfredo Tornquist:... ‘el gobierno del general Perón ha proclamado esta política, dando grandes impulsos al fomento industrial, como lo prueba el hecho de que los industriales no hemos ganado nunca como en estos últimos años’», Cúneo, Comportamiento..., op. cit. pág. 150
82 Campione, Daniel, Del intervencionismo conservador al intervencionismo populista. Los cambios en el aparato del Estado, 1940-1946, Revista Taller, Vol 2, N°4, 1997.
83 Schvarzer, Jorge, La industria que supimos conseguir, una historia político social de la industria argentina, Ed. Planeta, Bs. As., 1996.
84 Schvarzer, op. cit.
85 Schvarzer, op. cit.
86 Schvarzer, op. cit.
87 González, Qué es y qué fue... op. cit.
88 Octubre N° 4, abril de 1947, pág. 4.
89 Octubre N° 5, noviembre de 1947, pág. 4
90 Octubre N° 5, pág. 5.
91 Octubre N° 5 pág. 7.
92 Frente Proletario N° 1, octubre de 1946, pág. 5.
93 Frente Proletario N° 6, junio de 1947, pág. 1.
94 Revolución Permanente, órgano teórico político, POR, N° 1, julio de 1949, pág. 23.
95 Frente Proletario N° 18, junio de 1948, pág. 2.
96 Revolución Permanente... N° 1, pág. 23.
97 Frente Proletario N° 20, agosto de 1948, pág. 8.
98 Frente Proletario N° 20, pág. 8.
99 Frente Proletario N° 7, agosto de 1947, pág. 2.
100 Frente Proletario N° 21, septiembre de 1948, pág. 2.
101 Frente Proletario N° 16, mayo de 1948, pág. 3.
102 Boletín Interno, GCI, N° 6, julio de 1949, Carta al GOM.
103 Voz Proletaria N° 2, septiembre de 1947, pág. 1.
104 Voz Proletaria N° 3, marzo de 1948, pág. 3.
105 Voz Proletaria N° 1, junio de 1947, pág. 5.
106 Voz Proletaria N° 1, pág. 6.
107 Octubre N° 2, noviembre de 1946, pág. 6.
108 Octubre N° 4, marzo-abril de 1947, pág. 5.
109 Octubre N° 5, noviembre de 1947, pág. 7.
110 Octubre n° 4, marzo-abril, pág. 3.
111 Frente Proletario N° 7, agosto de 1947, pág. 4.
112 Frente Proletario N° 18, junio de 1948, pág. 2.
113 Frente Proletario N° 24, marzo de 1949, pág. 1.
114 Voz Proletaria N° 1, junio de 1947, pág. 2.
115 Voz Proletaria N° 2, septiembre de 1947, pág. 1.
116 Voz Proletaria N° 4, marzo-abril de 1947, pág. 6.
117 Korzeniewicz registra en esta etapa una intensificación de los conflictos laborales en 1932, declinando después a causa del desempleo, para alcanzar una importante ola de huelgas en los años 1935 y 1936, descendiendo luego nuevamente durante la Segunda Guerra Mundial. Analizando los conflictos laborales durante el período concluye: «El desarrollo de nuevas modalidades de conflictualidad laboral y mediación estatal se hizo evidente en la segunda mitad de la década del 30. El acontecimiento crucial que marcó este cambio fue la huelga de los obreros de la construcción a fines de 1935». Roberto Korzeniewicz, «Las vísperas del Peronismo. Los conflictos laborales entre 1930 y 1943», en Desarrollo económico N° 131.
118 Iñigo Carreras, Nicolás, La estrategia de la clase obrera, 1936. Pimsa, 2000, pág. 283.
119 Korzeniewicz, op. cit., pág. 350 .
120 Korzeniewicz, op. cit., pág. 351.
121 «Mientras el número de obreros de las organizaciones sindicales creció alrededor del 18% entre 1936 y 1941, la cantidad de afiliados a los sindicatos industriales casi se duplicó. Las organizaciones lideradas por comunistas contabilizaron casi todo este aumento. El crecimiento de los cuatro sindicatos de liderazgo comunista más importantes contribuía aproximadamente con el 93% de la expansión total de la afiliación entre 1936 y 1941» (Tamarín, 1985, pág. 152)». Citado en Korzeniewicz, op.cit.
122 E González, Qué es y qué fue..., op. cit.
123 E González, pág. 18, op. cit.
124 James, Daniel, Resistencia e integración. El peronismo y la clase trabajadora, 1946-1976, Ed. Sudamericana, 1990.
125 Doyon, Louise, «El crecimiento sindical bajo el peronismo», en Desarrollo económico N° 57.
126 Doyon, Louise, op. cit.
127 James, Daniel, op. cit.
128 Doyon, «La organización del movimiento sindical peronista, 1946-1955», en Desarrollo económico N° 94.
129 Doyon, op. cit.
130 Adolfo Gilly analiza este proceso de surgimiento de organismos de fábrica y su importancia para la clase obrera argentina. «El movimiento partía de las fábricas, hecho fundamental que no veían quienes sólo consideraban el hecho de que Perón, desde la Secretaría de Trabajo del gobierno militar, lo favorecía y se apoyaba en él. Se organizaba en torno a las reivindicaciones concretas de los trabajadores largamente postergadas durante la guerra. Era la versión argentina del movimiento de masas de postguerra que se produjo en otros países industrializados, incluidos Estados Unidos, Francia, Italia». «El control por el Estado desde arriba, a través de los dirigentes peronistas, y el empuje y la organización de los trabajadores desde abajo, marcó desde entonces los sindicatos industriales de masas argentinos.»
Sin embargo, según Gilly «... ni la presión obrera podía impedir que, manteniéndose dicha estructura en la sociedad (capitalista) y en su Estado, aquella organización sufriera un creciente proceso de burocratización a través de la alta dirección sindical peronista ligada al Estado por una red tupida de intereses y prebendas que se extendía hasta las comisiones internas de las grandes fábricas y sus ‘clientelas’ políticas. Pero la burocratización, a su vez, no eliminaba la existencia de la organización, simplemente la adormecía y la volvía más pasiva...». Gilly, Adolfo, Democracia obrera y consejos de fábrica: Argentina, Bolivia, Italia.
131 Una resolución de la secretaría de trabajo publicada en marzo de 1944 establecía: «...Todos los conflictos laborales deben ser canalizados por la Secretaría de Trabajo... En tanto se procuren agotar las instancias de conciliación, no se podrán declarar huelgas ni paralizaciones o renuncias, bajo pena de severas sanciones. Más aún, no se dará curso a ninguna gestión conciliadora, si en el momento de la presentación, ya se han realizado paralizaciones totales o parciales o existe un anuncio de su realización inminente.» (Diario La Prensa, 7 de marzo de 1944). Doyon, «Conflictos obreros durante el régimen peronista», en Desarrollo económico N° 67.
132 James, Daniel, op. cit.
133 León Trotsky, «Los sindicatos en la era...», op. cit.
134 Octubre N° 5, noviembre de 1947, pág. 11
135 Frente Proletario N° 6, junio de 1947, pág. 6
136 Boletín Interno, Secretariado Internacional, GCI, abril de 1951, pág. 20
137 Voz Proletaria N° 1, junio de 1947, pág. 4.
138 Voz Proletaria N° 7, enero de 1949, pág. 1.
139 Frente Proletario N° 18, junio de 1948, pág. 2.
140 Voz Proletaria N° 1, junio de 1947, pág. 2.
141 Frente Proletario N° 7, agosto de 1947, pág. 2.
142 Frente Proletario N° 16, mayo de 1948, pág. 2.
143 Frente Proletario N° 20, agosto de 1948, pág. 2.
144 Voz Proletaria N° 4, agosto de 1948, pág. 6.
145 Voz Proletaria N° 10, mayo de 1949, pág. 3.
146 Voz Proletaria N° 4, agosto de 1948, pág. 6.
147 Frente Proletario N° 6, junio de 1947, pág. 8.
148 Voz Proletaria N° 1, junio de 1947, pág. 2.
149 Voz Proletaria N° 1, pág. 4.
150 Octubre N° 5, noviembre de 1947, pág. 12.
151 Frente Proletario N° 7, agosto de 1947, pág. 8.
152 Frente Proletario N° 6, junio de 1947, pág. 8.
153 Frente Proletario N° 4, febrero-marzo de 1947, pág. 7.
154 Frente Proletario N° 6, junio de 1947, pág. 8.
155 Frente Proletario N° 24, marzo de 1949, pág. 3.
156 Voz Proletaria N° 4, agosto de 1948, pág 6.
157 Boletín Interno, Secretariado Internacional, GCI, abril de 1951, pág. 20.
158 Voz Proletaria N° 1, junio de 1947, pág. 7.
159 Voz Proletaria N° 4, agosto de 1948, pág. 1.
160 Voz Proletaria N° 1, junio de 1947, pág. 4.
161 LeónTrotsky, «Los sindicatos en la era...», op. cit., pág. 158.
162 Una discusión de Milcíades Peña con Ramos se transformó en uno de los análisis más profundos sobre la burguesía industrial argentina y la liberación nacional, ver Industria, burguesía industrial y liberación nacional, Ediciones Fichas, Bs. As. 1974.
163 La relación de los grupos analizados en este trabajo con el movimiento obrero, su inserción y sus políticas concretas serán tema de otros trabajos.
164 Un análisis de las posiciones y políticas internacionales, así como de las relaciones de los grupos con la Cuarta Internacional puede ser en sí mismo tema de otro trabajo.
165 Ver Cuadernos N° 2 CEIP León Trotsky.



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