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Es hora de pasar a una contraofensiva internacional contra el estalinismo

2 de noviembre de 1937

 

Socialist Appeal, 20 de noviembre de 1937. B. 0. 60-61, diciembre de 1937, pp. 1-4, donde llevaba como subtítulo: «Carta a todas las organizaciones obreras.» T. 4227.

 

 

El movimiento socialista mundial está corroído por una terrible epidemia. El foco de esta epidemia se encuentra en Moscú, o más exactamente, en la G.P.U., con la que el aparato de la Komintern se sirve de cobertura legal. Los acontecimientos de los últimos meses en España han demostrado de hasta qué crímenes son capaces los burócratas de Moscú y la hez de sus mercenarios internacionales, completamente degenerados y desatados. No se trata de asesinos «accidentales» o de falsificaciones «accidentales»: se trata de un complot contra el movimiento obrero internacional.

Es evidente que los Procesos de Moscú no han sido posibles más que gracias al régimen totalitario, en el que la G.P.U. dicta a la vez el comportamiento de los acusados, de los fiscales y de los abogados; pero estas falsificaciones jurídicas fueron concebidas desde el comienzo como el punto de partida de una campaña de exterminio contra aquellos que, en la arena mundial, se oponen a la pandilla de Moscú». En el pleno del Comité Central del P.C. de la U.R.S.S., Stalin pronunció un discurso en el que proclamó que «la IVª Internacional está compuesta, en sus dos terceras partes, por espías y provocadores». Esta desvergonzada declaración, que lleva realmente el sello de Stalin, indicaba ya claramente las intenciones del Caín del Kremlin. Sin embargo, no se limitan de ninguna forma a los cuadros de la IVª, Internacional.

En España, el P.O.U.M., que mantiene una implacable lucha contra la IVª Internacional, ha sido calificado de «trotskysta». Después del P.O.U.M., le ha llegado el turno a los anarcosindicalistas, e incluso a los socialistas de izquierda.

Actualmente se califica de «trotskystas» incluso a gentes que sólo se han limitado a protestar contra la represión emprendida contra los anarquistas. El número de fusilamientos y de crímenes aumenta a un ritmo acelerado. Bien es verdad que ciertos detalles escandalosos pueden achacarse al excesivo celo de ciertos agentes, pero, en su conjunto, el trabajo está estrechamente centralizado y dirigido por un plan elaborado en el Kremlin. El pasado 21 de abril tuvo lugar en París un pleno extraordinario del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. Las sesiones fueron estrictamente secretas. A la prensa internacional no se filtró sino un breve comunicado que indicaba que los trabajos se habían dedicado a la lucha contra el «trotskysmo».[1] Stalin había enviado directamente las instrucciones desde Moscú.

No se han publicado ni los debates ni las decisiones. Según los testimonios que hemos recogido, y según los acontecimientos posteriores, es evidente que este pleno era en realidad un congreso de los responsables internacionales de la G.P.U. y que su tarea consistía en la preparación de una campaña de calumnias, de denuncias y de asesinatos contra los adversarios del estalinismo en el movimiento obrero mundial.

Durante el proceso de Zinoviev y Kamenev, en agosto de 1936, aún habla dudas en las filas de
la Internacional Comunista, que se hacían sentir a pesar de los esfuerzos de los viejos servidores de la G.P.U., como Jacques Duclos en Francia[2]. Los mismos cuadros de la I.C., a pesar de estar acostumbrados a todo, dudaban de enfangarse en este barro regado con la sangre todavía fresca de Zinoviev. Pero a lo largo de los meses que han transcurrido, se quebró la resistencia de los indecisos. Toda la prensa de la I.C., sujeta a Stalin con una cadena de oro, se lanzó a una orgía de calumnias, cuya grosería y bajeza no tienen precedentes. El papel de director de orquesta fue representado por emisarios de Moscú del tipo de Michel Koltsov, Willi Münzenberg y otros canallas[3]

Pravda prometió con gran certidumbre que la depuración se llevaría a cabo en España con la misma implacabilidad con la que se había llevado a cabo en la U.R.S.S. Los hechos han sido de cerca a las palabras. Documentos falsificados contra el P.O.U.M., asesinatos de escritores anarquistas, el asesinato de Andrés Nin, rapto de Erwin Wolf,[4] de Mark Rhein,[5] decenas de asesinatos más discretos., golpes a traición, emboscadas, encarcelamientos, detenciones arbitrarias en el interior de las prisiones, confinamiento en celdas de castigo, malos tratos, y en términos generales, todo tipo de torturas físicas y morales encubiertas por una calumnia incesante, grosera y rencorosa, que realmente lleva el sello de Stalin.[6]

En España, donde el denominado gobierno republicano sirve de cobertura legal a las bandas de Stalin, la G.P.U. ha encontrado el terreno más propicio para la ejecución de las directrices del pleno., Pero el asunto no se limita a España. Tal y como puede deducirse de la lectura de la prensa de la Komintern, han sido enviados a los Estados Mayores francés y británico, documentos secretos sobre un pretendido encuentro entre Trotsky y Rudolf Hess.

Al Estado Mayor checoslovaco ha sido enviado una correspondencia falsificada tendente a demostrar los lazos entre el veterano revolucionario alemán Anton Grylevicz con la Gestapo. Jacques Duclos ha intentado implicar a los trotskystas en misteriosos asesinatos cometidos en París, sobre los que la G.P.U. podría sin duda proporcionar información a la policía francesa. Ignace Reiss ha sido asesinado en Lausana, el 4 de septiembre, por haber roto políticamente con Moscú, espantado por los crímenes de Stalin.[7] Algunos de sus asesinos han sido arrestados. Son miembros de la I.C. y agentes de la G.P.U. reclutados entre las filas de los guardias blancos rusos.[8] La instrucción llevada por las autoridades judiciales francesas y rusas, nos da razones para sospechar que la misma banda ha cometido toda una serie de crímenes que hasta ahora no habían podido ser elucidados. Los guardias blancos sirven a Moscú como asesinos a sueldo, así como de acusadores públicos -Vychinsky-, periodistas -Koltsov, Zaslaawsky- o embajadores -Troianovsky y Maisky.[9]

(...) El comunista canadiense Henry Scott Beattie, que sirvió durante cuatro meses en España como voluntario, y que fue enviado en seguida a su país como agitador por los propios milicianos, ha contado recientemente en la prensa como el partido estalinista canadiense quiso hacerle decir en los mítines que, en España, los «trotskystas fusilan a los milicianos heridos». Durante algún tiempo, Beattie, según sus propias palabras, siguió esa orden monstruosa «sometiéndose a la disciplina del partido», es decir, a las decisiones del pleno dirigido por Stalin.[10] Desde que Beattie salió de la atmósfera envenenada de la Komintern para respirar aire puro, ha sido tratado de espía, de provocador, y es muy posible que su cabeza sea puesta a precio. En las empresas de este tipo, Stalin no mira los gastos: ¡solamente los preparativos técnicos para el asesinato de Reiss, han costado 300.000 francos!

Para cubrir o justificar sus crímenes, la G.P.U. mantiene a decenas de periodistas burgueses extranjeros, de la escuela de Louis K. Fisher y de Duranty. Para quien sabe leer entre líneas, desde hace mucho tiempo, no le resultará un secreto el hecho de que los telegramas y los artículos amistoso-críticos-equívocos, fechados en Moscú y firmados por « independientes », acompañados con frecuencia de la nota «no censurado», están dictados en realidad por la G.P.U., y tienen por objetivo reconciliar a la opinión pública burguesa con la siniestra figura del Caín del Kremlin. Esta especie de periodistas « independientes » se distingue de los señores Duranty y cía... sólo en los honorarios más elevados!

Pues bien, no se moviliza únicamente a reporteros a sueldo de la G.P.U., están también escritores de gran renombre, conocidos como honorables, del tipo de Romain Rolland, el difunto Barbusse, Ma1raux, Henrich, Mann, Lion Feunchtwanger,[11] la G.P.U. paga generosamente los servicios morales de sus «amigos» por intermedio de las Ediciones del Estado.

El mecanismo es diferente, pero apenas vale más cuando se trata de dirigentes de la IIª Internacional y de la F.S.R. A partir de consideraciones de política internacional o interior, León Blum, León Jouhaux, Vandervelde y sus semejantes en los demás países, han organizado un complot del silencio, en el sentido estricto de la palabra, en torno a los crímenes de la burocracia estalinista en la U.R.S.S. y en el resto del mundo. Negrín y Prieto son cómplices directos de la G.P.U., y todo esto bajo la bandera de la «defensa de la democracia».

El enemigo es fuerte, lo sabemos; es muy influyente, el oro suena en sus bolsillos. Se cubre con la autoridad de la revolución, que estrangula y deshonra. Pero sabemos también que, por fuerte que sea, no es todopoderoso. A pesar de su caja repleta, a pesar de su aparato, a pesar de la falange de sus «amigos» del Kremlin, los verdaderos comunistas conseguirán abrirse camino en la conciencia de las masas obreras del mundo entero. Embriagado por su impunidad, Stalin ha traspasado las fronteras que la prudencia impone a todo criminal, incluso a aquel que las circunstancias favorecen muy especialmente. A base de métodos tan desvergonzados no engaña más que a aquellos que quieren ser engañados: no pocas dudosas semicelebridades entran en esta categoría. Pero las masas no quieren ser engañadas, las masas quieren la verdad, la están obteniendo. La obtendrán.

Como Stalin no está ligado a ningún principio, ha franqueado los últimos límites. Pero esta es justamente su debilidad. Puede seguir asesinando, pero no puede detener la verdad. La inquietud va tomando cada vez más fuerza entre los obreros comunistas, socialistas y anarquistas. Incluso los aliados de Stalin en la IIª Internacional comienzan a mirar con inquietud hacia el Kremlin. Numerosos «amigos literarios» se alejan prudentemente con el pretexto de la neutralidad. Y esto no es más que el comienzo.

Ignace Reiss no es el único que nos suministrará sus revelaciones. Los asesinos detenidos en Francia y en Suiza hablan.[12]14 Millares de voluntarios revolucionarios en España contribuyen, con sus revelaciones, a esclarecer la verdad sobre sus verdugos en todas las partes del mundo. Los proletarios conscientes se preguntan: «¿Para qué sirve esta interminable cadena de fechorías?» La respuesta va penetrando en las cabezas: Stalin prepara su coronación sobre las ruinas de la revolución y sobre los cadáveres de los revolucionarios. La consagración bonapartista de Stalin debe coincidir con su muerte política en el movimiento obrero. Hay que combinar los esfuerzos de todos los revolucionarios, de todos los obreros sinceros, de todos los auténticos amigos del proletariado, para hacer desaparecer de las filas del movimiento de emancipación la espantosa grangrena del estalinismo. Para tener éxito en esta empresa no hay mas que un camino: revelar la verdad a los obreros sin exageraciones, pero tampoco con debilidad. En esta situación, el programa de acción se desprende de la propia situación.

Hay que establecer con certidumbre y publicar los nombres de todos los delegados nacionales al último pleno de París, como los de aquellos individuos directamente responsables de la organización de las falsificaciones, de las desapariciones, de los asesinatos en los diferentes países.

Es necesario establecer con exactitud y publicar los nombres de todos los estalinistas extranjeros que ocupaban u ocupaban en España algún cargo militar, político o administrativo, cualquiera que sea su rango: todos estos individuos, en tanto que agentes de la G.P.U. están implicados en los crímenes cometidos en España.

Es necesario seguir de cerca la prensa estalinista internacional como la actividad literaria de amigos declarados o encubiertos de la G.P.U., el tipo de veneno que esparcen, lo que permitirá con frecuencia prever el nuevo crimen que están preparando.

Hay que instaurar en todas las organizaciones obreras, un enérgico régimen de desconfianza respecto a cualquiera que esté directa o indirectamente ligado al aparato estalinista. Por parte de los instrumentos de la Internacional Comunista, igual que de los instrumentos dóciles de la G.P.U., se puede esperar todo tipo de traiciones contra los revolucionarios.

Hay que reunir incansablemente los materiales de prensa, los documentos las declaraciones de testigos, sobre la criminal actividad de los agentes de la G.P.U. y de la I.C. Hay que publicar las conclusiones periódicamente en la prensa, sólidamente apoyadas en estos materiales.

Hay que abrir los ojos de la opinión pública sobre el hecho de que la propaganda adormecedora y mentirosa de numerosos «filósofos», «moralistas», estetas, artistas, pacifistas, y «jefecillos» obreros a favor del Kremlin, y bajo la apariencia de «defensa de la U.R.S.S.», está generosamente pagada por el oro de Moscú. Hay que exponer a todos estos señores a la vergüenza que merecen.

El movimiento obrero no ha conocido aún, en sus propias filas, un enemigo tan vil, tan peligroso, tan poderoso y tan pérfido como la pandilla estalinista y sus agentes internacionales.
La negligencia de la lucha contra este enemigo equivaldría a una traición. A los charlatanes y diletantes, puede bastarles el hastío patético, pero no a los revolucionarios serios. Necesitamos un plan y una organización. Hay que crear comisiones especiales para seguir las maniobras, las intrigas y los crímenes del estalinismo, para advertir sobre este peligro a las organizaciones obreras y para elaborar los métodos más adecuados para oponerse y resistir a los gangsters de Moscú.

Hay que publicar el material apropiado y recurrir a los recursos necesarios para ello. Hay que editar un libro en todos los países que desenmascare a la sección nacional de la Internacional Comunista.

No tenemos ni aparato gubernamental, ni amigos pagados, y, a pesar de ello, desafiamos valientemente a la banda estalinista ante toda la humanidad. No vamos a rendirnos.

Algunos pueden caer en esta lucha.[13] Pero todos conocemos ya el desenlace final: el estalinismo será aplastado, aniquilado, cubierto de vergüenza para siempre. Y ante la clase obrera de todo el mundo se abrirá de nuevo un ancho y recto camino.



[1] Rundschau publicaria un llamamiento contra la política de no intervención salida de los trabajos de este pleno. Pero está claro que Trotsky poseía informaciones de buena fuente relativas al contenido real de las decisiones de esta conferencia. (Ver nota 9.)

[2] Trotsky reiterará esta acusación contra Jacques Duclos la víspera de la muerte -en condiciones bastante sospechosas- de su hijo Leon Sedov en. una clínica parisiense. Antes que él, Henri Barbé, le había ya atribuido el papel de «agente». El 27 de noviembre de 1937, Trotsky telegrafió al presidente del consejo francés, Camille Chautemps, pidiéndole que insistiese en que fuese«interrogado, por lo menos en calidad de testigo, Jacques Duclos, vicepresidente de la Cámara de Diputados y veterano agente de la G.P.U.».

[3] Koltsov -a pesar de ser fervoroso partidario de Stalin- sería ejecutado a su regreso de España, y Münzenberg, expulsado del P.C., y denunciado a su vez como traidor, fue asesinado con toda seguridad en 1940, en Francia, después de su evasión, durante la confusión, del campo en el que estaba internado

[4] Erwin Wolf —cuyo seudónimo era N. Braun- era el miembro del S. I. que había sido enviado a España poco antes de las jornadas de mayo. Arrestado por primera vez el 27 de julio, sería puesto en libertad. Pero desaparecería poco después, mientras que su familia sería informada de que realmente había sido arrestado, pero puesto en libertad el 27 de septiembre. No volvería a aparecer. Una nota publicada en febrero de 1938 en Le Matin anunciaba su ejecución en la U.R.S.S., junto con Antonov-Ovseenko. El 18 de febrero de 1938, una carta de las autoridades judiciales de Cataluña confirmaba a su familia que había sido puesto en libertad. (La Lutte ouvriere, 24 de abril de 1938.) Durante mucho tiempo se hablará de su «desaparición», antes de resignarse a hablar de su «asesinato».

[5] Mark Rhein, hijo del dirigente menchevique ruso Abramovitch, habla sido arrestado en Barcelona en el mes de abril, siendo corresponsal de prensa. Jamás fue vuelto a localizar, a pesar de las rápidas intervenciones de las autoridades socialistas. Miembro de Juventudes Socialistas, era partidario del Frente Popular, y puede que no se tratase de algo personal

[6] Sobre los métodos empleados en las «checas» para acabar con la resistencia de los sospechosos, puede consultarse el libro de Katia Landau, viuda de Kurt Landau, igualmente asesinado: El estalinismo en España.

[7] El cuatro de septiembre de 1937, se descubrió en Suiza, cerca de Chamblandes, el cadáver, acribillado a balazos de Ignace Portsky, llamado Ignace Reiss y Ludwig, uno de los principales responsables de los servicios de información soviéticos en el extranjero. Veterano militante comunista polaco, quedó profundamente desengañado a partir del Primer Proceso de Moscú, y posteriormente por la declaración de exterminio a trotskystas, poumistas y todo tipo de revolucionarios antiestalinistas. Avisó a varios grupos, especialmente trotskystas, de la decisión de la reunión de París mencionada en la nota n.º 2. Su mensaje es conocido con el nombre de «Advertencia de Ludwig». El 11 de junio de 1937 tomó contacto en Amsterdam con Sneevliet. El 17 de julio dirigiría a Stalin una carta abierta, en la que denunciaba al estalinismo, sus errores y sus crímenes -incluyendo el asesinato de Andrés Nin- anunciando su decisión de «volver a Lenin» y terminando con un «¡Viva la IVª Internacional!» Desde este momento quedó condenado a muerte por Spiegelglass, llegado a París para dirigir su liquidación; fue acorralado, y seis meses después acribillado a balazos. Trotsky deploraría las imprudencias cometidas en este asunto, criticando la ligereza con la que, según él, había actuado Sneevliet, al no dar a la deserción de Reiss la publicidad necesaria. Pero Trotsky ignoraba -e ignoraría hasta su muerte- la presencia, entre los círculos dirigentes del movimiento y alrededor del propio León Sedov, del agente de la G.P.U. Mark Zborovsky, llamado Etienne

[8] Entre las personas implicadas en el asesinato de Reiss, sobre la base de las confesiones de los dos primeros inculpados, figuraban miembros de la Unión para el repatriamiento de rusos, los rusos blancos Smirencky, Schwarzenberg, Sergei Efron, en el interior de un equipo que dirigía un hombre del medio, Roland Abbiat, natural de Mónaco. El equipo de reserva estaba dirigido por un miembro de la Unión Imperialista Rusa, el ruso blanco Kondratiev. Cuando Trotsky escribió estas líneas, únicamente estaban bajo llave los comparsas, aunque la policía suiza conocía los principales hilos y sus responsables. Éste era el mismo grupo que el año anterior había desvalijado los archivos de Trotsky, vigilado estrechamente a Leon Sedov y al ex diplomático soviético Alexandre Barmine, que acababa de romper con Stalin. Había preparado en Mulhouse una emboscada para apoderarse de Leon Sedov, y este último no escapó sino por una enfermedad inesperada que le habla impedido acudir a esta villa en la que le esperaban los asesinos.

[9] Todos estos hombres eran antiguos mencheviques que, durante la guerra civil, antes o después, habían servido a los gobiernos blancos, reclamándose de la Asamblea Constituyente disuelta por los bolcheviques. (Zaslavsky, que de 1936 a 1938, se distinguió en Pravda por la violencia de las injurias que dirigía a los viejos bolcheviques juzgados en Moscú, había sido, en 1917, uno de los principales acusadores de Lenin, calificado por él de «agente alemán».) No se unirían al régimen soviético más que al final, o cerca del final de la guerra civil.

[10] Henry Scott Beatlle fue uno de los cuatro primero voluntarios de su país en España. Herido, volvería a partir durante el verano de 1937, enviado a Toronto para participar en la campaña de defensa de la España republicana. Pero no aceptaría el papel que se le asignaba. Excluido del P.C., sería denunciado como «trotskysta» por el Toronto Day Clarion del 14 de septiembre de 1937.

[11] En las notas que había redactado poco antes de su muerte, Ignace Reiss había expresado la repugnancia que provocaba en él, la actitud de un escritor como Feuchtwanger, del que pensaba que actuaba «plenamente consciente».

[12] de hecho, los hombres que sabían algo no hablaron. Los Schwarzenberg, Spiegalglass, Efron, Grosovsky, encausados por la investigación de los magistrados suizos, escaparon oportunamente a la policía francesa, que no consiguió detener más que a la mujer del último, Lydia Grosovskaia, empleada en la Embajada rusa de Paris. Seria rápidamente puesta en libertad, lo que aprovecharía para desaparecer. La evidente y escandalosa, complicidad de la que se hablan beneficiado los asesinos en Francia provocó la protesta de las autoridades suizas. Poco después, Trotsky escribiria: «La G.P.U. tiene poderosos cómplices en la policía francesa, incluso en las cumbres. Millones de chervonets han sido solocados con el único propósito de asegurar la impunidad dela mafia estalinista en Francia. A esto hay que añadir las consideraciones "6patrióticas" y "diplomáticas" convenientemente utilizadas por los asesinos de Stalin que operan en París como en su propia casa.» (Carta al juez de instrucción de la investigación sobre la muerte de Rudolf Klement, 24 de agosto de 1938.)

[13] Efectivamente, la G.P.U. no se estaba quieta. Continuaría golpeando. Sería ella seguramente, gracias a las indicaciones de «Etienne», quien asesinó a Leon Sedov en una clínica de París en la que tenía que haber sido hospitalizado. Fue también la que consiguió llevar a Francia, y posteriormente asesinar a Rudolf Klement, colaborador del S.I., intentando disimular el asesinato bajo burdas mentiras. Fue ella, en fin, la que después de meses de esfuerzos, consiguió asesinar a Trotsky en su propio despacho. Otros militantes «trotskystas» serian asesinados más tarde; el italiano Pietro Tresso, llamado Blasco, antiguo dirigente del Partido Comunista italiano, y del Movimiento por la IVª Internacional, «desaparecido» en un maquis francés después de una evasión masiva de la prisión de Puy, el vietnamita Ta tu Thau, ejecutado por los hombres de Ho Chi Minh, el yugoeslavo Slobodan Marcúlic, muerto en las primeras horas de la acción de los partidarios de Tito, sin contar, por supuesto, los militantes asesinados en las prisiones estalinistas, así como los supervivientes de los trotskystas rusos, el alemán Walter Kalandra, antiguo dirigente del P.C. en su país, que se pasó en 1936 a la IVª Internacional, colgado en Praga en 1950.



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