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¿Es posible la victoria?

23 de abril de 1937

 

B. O. Nº 56-57, julio-agosto de 1937, pp. 10-16. Este artículo, fechado el 23 de abril de 1937, apareció en La Lutte Ouvriére del 14 y 21 de mayo de 1937, con la firma de Crux, y con un retraso considerable, ya que la insurrección obrera de Barcelona se había producido en el intervalo. Todo el articulo se extiende en una polémica contra el discurso de Nin aparecido en La Batalla el 21 de marzo, que Trotsky había hecho traducir al francés. De hecho, constituye la primera «intervención» de este último en el curso de la revolución desde el comienzo de la guerra civil. T. 4142.

 

Repasemos una vez más los hechos esenciales. El ejército de Franco fue creado bajo la tutela directa de Azaña, es decir, del Frente Popular, que incluía a los socialistas, los comunistas, y a la zaga, los dirigentes anarcosindicalistas.

El hecho de que la guerra se prolongue, es consecuencia del programa burgués conservador del Frente Popular, es decir, de la burocracia estalinista.

Cuanto más tiempo dure la influencia de la política del Frente Popular en el país y en la revolución, mayor será el peligro de que las masas acaben extenuándose y desmoralizándose y de que el fascismo consiga la victoria militar.

La responsabilidad de esta situación recae directamente sobre los estalinistas, los socialistas y los anarquistas, o más exactamente, sobre sus dirigentes, que han subordinado la revolución a los intereses de la burguesía, siguiendo el ejemplo de Kerensky, Tséretelli, Scheidemann, Ebert, Otto Bauer, etc.

¿Significa esto que si se mantiene la actual política será imposible la victoria militar de Caballero sobre Franco? No se puede pasar revista por adelantado a los recursos y las posibilidades materiales y morales de los campos beligerantes. Sólo el proceso de la lucha podrá verificar la verdadera situación de la correlación de fuerzas. Pero lo que nos interesa no es la victoria militar en sí misma, sino la victoria de la revolución, es decir, la victoria de una clase sobre otra. Hay que ayudar lo más posible a las tropas republicanas, pero la victoria del ejército de Largo Caballero sobre el de Franco no significa aún la victoria de la revolución.

«¿Qué revolución tiene usted en perspectiva?», nos objetarán los filisteos del Frente Popular, «¿la revolución democrática o la revolución socialista?». La victoria del ejército de Largo Caballero sobre el de Franco significaría la victoria del progreso sobre la reacción.

No se pueden escuchar estos argumentos sin esbozar una amarga sonrisa. Hasta 1934 nos esforzamos una y otra vez en explicar a los estalinistas que, incluso durante la etapa imperialista, la democracia burguesa conserva sus ventajas frente al fascismo, que siempre que uno y otra choquen violentamente, es necesario sostener a la democracia contra el fascismo.

Sin embargo, añadíamos: podemos y debemos defender a la democracia burguesa no con los métodos de ésta, sino con los de la lucha de clases, o sea, con métodos que preparan el derrocamiento de la democracia burguesa por medio de la dictadura del proletariado. Esto significa que en el proceso de defensa de la democracia burguesa, incluso con las armas en- la mano, el partido del proletariado no debe asumir ninguna responsabilidad respecto a la democracia burguesa, no debe entrar en su gobierno, sino que debe conservar plena libertad de crítica, de acción, frente a todos los partidos del Frente Popular, preparando así el paso de la democracia burguesa a la etapa siguiente.

Todo lo que no sea esta política es una tentativa traidora y desesperada de cimentar la democracia burguesa, que está inevitablemente abocada a la bancarrota, cualquiera que sea el desenlace militar inmediato a la guerra civil.

«Pero usted se olvida del campesinado», gritará cualquier imbecil que haya leído las miserables compilaciones de la Komintern de los años 1923-29. los que más nos acusan de olvidar al campesinado son los señores que traicionan los intereses revolucionarios del campesinado en nombre del frente Único con los terratenientes.

El campesinado español ha demostrado suficientemente que intenta con todas sus fuerzas caminar junto al proletariado. Sólo hace falta que el proletariado comience a expropiar los latifundios. Pero son precisamente los estalinistas, y sus nuevos alumnos los «socialistas»« y los «anarquistas», los que están impidiendo al proletariado lanzar el programa agrario revolucionario.

El gobierno Stalin-Caballero intenta por todos los medios dar a su ejército el carácter de guardián democrático de defensa de la propiedad privada. [1] Esto es, en esencia, el Frente Popular. Todo lo demás son frases... Precisamente porque el Frente Popular prepara el triunfo del fascismo. El que no haya comprendido esto, está sordo y ciego.

¿Es posible la victoria militar de la guardia democrática del capital sobre -su guardia fascista? Sin duda. Pero como en la actual situación la guardia fascista responde mejor a los intereses de los capitalistas, la victoria militar de Stalin-Caballero no puede ser ni estable ni duradera. Sin revolución proletaria, la victoria militar de la democracia significa únicamente un rodeo en el camino del fascismo.

Andrés Nin reconoce que el resultado de la heroica lucha del proletariado español es que «la revolución ha retrocedido». [2] Nin olvida que esto se debe precisamente a la cooperación directa de la dirección del P.O.U.M. que, bajo la máscara de la «crítica», se ha adaptado a los socialistas y a los estalinistas, es decir a la burguesía, en vez de oponer siempre su partido a todos los demás, preparando de esta forma la victoria de la revolución proletaria. Al comienzo de la revolución española, hace ya seis años, previnimos sobre las consecuencias de esta funesta política de dudas y adaptaciones. Aconsejamos a todos los obreros que lean atentamente nuestra polémica con Nin a través de ciertas cartas y artículos. Las actuales vacilaciones de Nin son la consecuencia directa de sus vacilaciones de ayer.

Nin afirma que: «la reacción se ha fortalecido desde el momento en que se nos expulsó del. gobierno catalán»[3]. Realmente debería decir: «Nuestra participación en el gobierno catalán ha permitido la consolidación de la burguesía, nuestra expulsión, y el hecho de que ésta se dirija abiertamente por el camino de la reacción.»

En el fondo el P.O.U.M. aún se encuentra a medias en el Frente Popular. Los dirigentes del P.O.U.M. exhortan lastimosamente al gobierno del Frente Popular para que entre en la vía de la revolución socialista. Los dirigentes del P.O.U.M. intentan hacer comprender respetuosamente las enseñanzas de Marx sobre el Estado a los dirigentes de la C.N.T.[4] Los dirigentes del P.O.U.M. se consideran los consejeros « revolucionarios » de los jefes del Frente Popular. Esta postura es estéril e indigna de un revolucionario. Es necesario movilizar abierta y audazmente a las masas contra el gobierno del Frente Popular. Hay que desvelar ante los obreros anarquistas y sindicalistas la traición de estos señores que se hacen pasar por anarquistas cuando en realidad no pasan de simples liberales.[5] Es preciso fustigar a Stalin como el peor agente de la burguesía. Es preciso sentirse los dirigentes de las masas revolucionarias y no los consejeros del gobierno burgués.

Así pues, es posible la victoria militar del ejército democrático del régimen burgués de Stalin-Caballero. ¿Pero qué consecuencias inmediatas tendrá?

Las actuales violencias contra las organizaciones obreras, en nombre de la «disciplina» y la «unidad» del ejército no representan otra cosa que la escuela del bonapartismo. No sólo se trata de la disciplina interna del ejército del proletariado, sino de la sumisión militar del proletariado a la burguesía. La victoria militar elevará al más alto grado la confianza en sí mismos de los círculos dirigentes del ejército «republicano», impregnándolos definitivamente de tendencias bonapartistas.

Por otro lado, la victoria militar, pagada con la sangre de los obreros, acrecentará la seguridad y la firmeza de la vanguardia proletaria. En otras palabras, la victoria del ejército republicano del capital sobre el ejército fascista significará necesariamente la explosión de la guerra civil en el seno del campo republicano.
En esta nueva guerra civil, el proletariado no podrá vencer si a su cabeza no se encuentra un partido revolucionario que haya conseguido ganarse la confianza de la mayoría de los obreros y de los campesinos semiproletarios. Pero, si este partido no aparece en el momento crítico, la guerra civil en el campo republicano correrá el riesgo de conducir al bonapartismo, que por su naturaleza se diferencia bastante poco de la dictadura del general Franco. He aquí por que la política del Frente Popular es un camino indirecto que conduce hasta el propio fascismo...

De la misma forma que Azaña ha preparado y armado el ejército del general Franco, Caballero, este segundo Azaña, bajo la máscara del socialismo, está preparando un segundo ejército de Franco, de algún Cavaignac o Galliffet español, bajo la máscara de general «republicano».[6]

¡Quien no se dé cuenta de esto, es despreciable!

En La Batalla del 4 de abril encontramos «13 condiciones para la victoria». Todas ellas tienen el carácter de consejos que el C.C. del P.O.U.M. da a las autoridades. El P.O.U.M. reclama «la convocatoria de un congreso de delegados de los sindicatos obreros, campesinos y de «soldados». En apariencia parece que se trata de un congreso de soviets de diputados, obreros, soldados y campesinos. Pero desgraciadamente es al gobierno burgués a quien el P.O.U.M. propone respetuosamente convocar tal congreso que, en seguida deberá sustituir «pacíficamente» al gobierno burgués.[7] ¡La consigna revolucionaria ha sido transformada en una frase hueca!

El ejército burgués, ejército clasista y represivo

El cuarto punto dice: «Formación de un ejército controlado por la clase obrera.» La burguesía aliada con los republicanos debe ser la encargada de crear un ejercito para que lo controle Nin. La esterilidad de la postura del P.O.U.M. se manifiesta en su forma más nefasta, en la cuestión más aguda, la del ejército. El ejército es un instrumento de la clase dominante y no puede ser otra cosa. El ejército está controlado por el que lo manda, es decir, por el que tiene las riendas del poder del estado. El proletariado no puede controlar un ejército creado por la burguesía y sus lacayos reformistas. En un ejército de este tipo, el partido revolucionario puede y debe crear sus células, preparando el paso de sus fracciones más avanzadas del lado de los obreros. El C.C. del P.O.U.M. escamotea esta tarea revolucionaria fundamental bajo la dulce utopía del «control» del ejército burgués por parte de los obreros. La postura oficial del P.O.U.M. está completamente impregnada de ambigüedad. No podía ser de otra forma: la ambigüedad es el alma del centrismo.

¿Tomar el poder por la vía pacífica?

«La revolución retrocede», anuncia sentenciosamente Nin, cuando de hecho, lo único que está haciendo es preparar su propio retroceso. ¿Es posible que Nin se prepare para detener la revolución descendente en la etapa democrática? ¿Cómo? Evidentemente con la ayuda de frenos oratorios. Si Nin fuese capaz de reflexionar en sus propias palabras, comprenderla que la revolución, si los señores dirigentes impiden que llegue hasta la dictadura del proletariado, debe descender inevitablemente hasta el fascismo. Así ocurrió en Alemania. Así ocurrió en Austria. Así ocurrirá en España, aunque en un plazo mucho más breve.

Es imprescindible profundizar en la situación sacando todas las conclusiones. Cuando Nin dice que hoy los obreros pueden apoderarse del poder por la vía pacífica[8] está diciendo algo flagrantemente contradictorio a la verdad. Ya hoy, el poder se encuentra en manos de los altos mandos militares y de la burocracia, aliados con los estalinistas y los anarcoreformistas. Estos señores, en su lucha contra los obreros, se apoyan en la burguesía extranjera y en la burocracia soviética. En estas condiciones, hablar de la conquista pacífica del poder, es abusar de uno mismo y abusar de la clase obrera.

En el mismo discurso del 21 de marzo, Nin dice que se quiere privar a los obreros de sus armas, recomendando no entregarlas. Ciertamente es un consejo juicioso. Pero cuando una clase intenta desarmar a otra, y cuando ésta, sobre todo si es el proletariado, se niega a entregar las armas, esto significa que la guerra civil está cerca.[9] La confiada y errónea perspectiva de Nin sobre la conquista pacífica del poder, reduce a nada los radicales argumentos sobre la dictadura del proletariado. La errónea política de sobre la dictadura del proletariado. La errónea política de Nin reside esencialmente en esta política confiada. Le permite dejar de sacar las conclusiones necesarias de sus radicales razonamientos, continuando su política de vacilaciones centristas. Precisamente de la necesidad de mantener esta política confiada, surgen las reaccionarias persecuciones de Nin contra los «trotskystas», es decir, los verdaderos revolucionarios que impiden a Nin hacerse pasar por bolchevique

¡No entreguéis las armas!

Es sintomático que Nin no diga de forma clara y precisa quién es el que pretende privar a los obreros de sus armas. El deber de los verdaderos revolucionarios es nombrar a los autores de los proyectos contrarrevolucionarios, de llamarles por ¡su nombre, de desprestigiarlos, a ellos y a sus partidos, de hacerlos odiosos a las masas populares. No basta con decir a los obreros: «¡No entreguéis las armas!» Es necesario enseñarles como arrancar sus armas a los que se las quieren quitar La política del P.O.U.M., ni por su tono ni por su con tenido, responde a la gravedad de la situación. La dirección del P.O.U.M. se consuela pensando que es más «avanzada» que la de otros partidos. Pero esto es poco. No hay que establecer la política en relación a los demás, sino en relación a los acontecimientos, en relación a la lucha de partidos con sus intrigas y sus combinaciones, sino los millones de obreros y campesinos por una parte y la burguesía española e internacional, por otra[10]

Dime con quien andas y te diré quien eres

La política internacional de Nin es tan errónea como la nacional. Los dirigentes del P.O.U.M. están jurando continuamente, excusándose: «No estamos por la IVª Internacional ni somos trotskystas.» Y simultáneamente repiten que se mantienen en el terreno de las ideas de Marx y Lenin..., ¡Mentira! Fuera de la línea de la IV.ª Internacional no hay más que la línea de Stalin-Caballero. La dirección del P.O.U.M. zigzaguea entre estas dos líneas. El arte - de Nin, Andrade y Gorkin -al contrario de las enseñanzas de Marx. y Lenin- consiste en evitar responder honesta mente a las criticas. Precisamente por esto, cada nueva etapa de la revolución les coge de improviso. ¡Y sin embargo, aún no han llegado las pruebas más terribles! -¡Dime con quien andas y te diré quién eres! La dirección del P.O.U.M. está ligada a la miserable «pandilla» oportunista del S.A.P. alemán, que son lacayos del estalinismo[11], a los dirigentes del Independent Labour Party de Inglaterra, que ha perdido todo derecho a la existencia, y a otros grupos semioportunistas sin el más mínimo porvenir. Dime con quien andas y te diré quien eres. La política internacional del P.O.U.M. no hace más que completar sus vacilaciones en el plano nacional

Los trabajadores no deben contar más que con ellos mismos

Es preciso cortar -neta, resuelta y audazmente- el cordón umbilical con la opinión pública burguesa; es preciso romper con los partidos pequeñoburgueses, incluidos los sindicalistas. Es preciso dirigirse hacia las masas, hacia sus capas más bajas y explotadas. Lo que no hay que hacer es esparcir ilusiones sobre una futura victoria que vendrá sola. Es preciso decir la verdad, por amarga que pueda -ser. Es preciso enseñarles a desconfiar de la agencia pequeñoburguesa del capital. Es preciso enseñarles a no fiarse más que de ellos mismos. Es preciso ligarlos indisolublemente a su propia suerte. Es preciso enseñarles a crear ellos mismos sus propios organismos de combate -los soviets- contra el estado burgués

¿Se puede esperar que la dirección del P.O.U.M. efectuará este giro? ¡Ay!, la experiencia de seis años de revolución no da lugar a esperanzas de este tipo. Los revolucionarios, tanto dentro de sus filas como fuera de ellas, revelarán su propia derrota si reducen su papel a exhortar a Nin, Andrade y Gorkin, de la misma forma que éstos exhortan a Caballero, Companys y los demás.[12] Los revolucionarios deben dirigirse a los obreros, a la base, dirigirlos contra las dudas y las vacilaciones de Nin. La unidad del frente revolucionario no significa la capitulación ante los centristas. Los intereses de la revolución están por encima de la unidad formal del partido[13].

Hace falta un estado mayor revolucionario

¿Cuántos militantes tiene ahora el P.O.U.M.? Unos dicen 25.000, otros 40.000.[14] Esto no es decisivo. Ni 25.000 ni 40.000 pueden asegurar la victoria por su cuenta. El problema se resuelve a través de las relaciones entre el partido por una parte, y la clase obrera y las masas oprimidas de la ciudad por otra. 40.000 militantes con una dirección que duda y vacila no puede más que adormecer al proletariado preparándolo para la catástrofe. Una decena de millares de militantes, con una dirección firme y perspicaz pueden encontrar el camino de las masas, arrancarlas de la influencia de los charlatanes estalinistas y socialdemócratas, y asegurar no sólo la victoria transitoria y precaria de los ejércitos republicanos sobre las tropas fascistas, sino también la victoria completa de los trabajadores sobre los explotadores. El proletariado español ha demostrado en tres ocasiones que es capaz de tal victoria. Todo el problema se reduce a su dirección.[15]



[1] Sobre esta cuestión, Winston Churchill, desde el punto de vista de la clase enemiga. lleva el agua al molino de Trotsky diciendo: «Se ha construido un ejército cohesionado, una organización firme, una jerarquía de mandos Cuando en cualquier país se destruye toda la estructura de la civilización y de la vida social, el estado no puede reconstruirse más que en un marco militar La República española posee en el nuevo ejército un instrumento cuyo significado no es sólo militar sino político» (Journal Politique. pp. 177-178).

[2] La Batalla. 21 de marzo de 1937.

[3] Ibidem, una traducción más exacta debería decir: «Se ha visto acentuar cada día el proceso contrarrevolucionario.»

[4] Ibidem, «La C.N.T. debe hacer su examen de conciencia, abandonar sus viejos prejuicios, cien veces rebasados.» En La Batalla del 14 de mayo, Nin interpelaba a los dirigentes anarcosindicalistas: «¿Os repugna la expresión dictadura del proletariado?. Abandonémosla pues y contribuyamos anarquistas y marxistas revolucionarios a fundar el poder unido del proletariado.»

[5] En su articulo del 21 de marzo. Nin habla de las «desviaciones cometidas por la dirección de la C.N.T.».

[6] El general Miaja Menant, antiguo miembro de la ultrarreaccionaria y semiclandestina Unión Militar Española, núcleo de la conspiración de los oficiales, había sido recuperado por el Partido Comunista, al cual se afilió, y que hizo de él el héroe de la batalla de Madrid. En 1939 aceptará tomar la presidencia de la Junta insurreccional, creada por el coronel Casado con apoyo británico, con el fin de eliminar a los comunistas y preparar la capitulación.

[7] El gobierno al que el P.O.U.M., según los términos de la resolución del 30 de marzo de 1937, confiaba la tarea de convocar el congreso en cuestión, debería ser, según el texto «un gobierno constituido por representantes de todas las organizaciones políticas y sindicales de la clase obrera». Los dirigentes del P.S.R. belga Vereecken y Renery, protestarían contra esta interpretación de Trotsky de la resolución del P.O.U.M. calificándola de «falsificación». (La Lutte Ouvriere belga, 22 de mayo de 1937.) En realidad la resolución no mencionaba expresamente el hecho de si en ese gobierno. aparte de la presencia de los partidos y organizaciones sindicales de la clase obrera, podía preverse la participación de ministros pequeñoburgueses. El carácter equívoco de esta laguna -que justifica la interpretación de Trotsky- se concreta con ciertos comentarios de la prensa del P.O.U.M. Adelante, de Lérida, escribe el 17 de abril que «la única solución posible, lógica y revolucionaria, es un gobierno obrero y campesino, un gobierno con todas las organizaciones obreras y políticas, con el proletariado dirigiéndolo y los republicanos detrás». En un texto polémico contra Vereecken y Renery, Rudolf Klement -bajo el seudónimo de Adolphe- retomaría y acentuaría aún más, sobre este punto, el argumento de Trotsky: «En un momento de crisis decisiva, el P.O.U.M. ha demostrado que es incapaz de situar la cuestión del gobierno en un terreno de clase, no lo ve más que bajo el ángulo de la distribución de las carteras de un gobierno burgués ( ... ). El P.O.U.M. encarga a un gobierno de colaboración de clase lo que ni él mismo es capaz de hacer; reconstruir el poder obrero, preparar la dictadura del proletariado, cavar su propia tumba» (Information Bulletin, julio de 1937, p. 10).

[8] . La Batalla, 21 de marzo de 1937. «¿Significa esto que llamamos a una lucha violenta por el poder? No. Hoy en día, con las posiciones que aún conserva la clase obrera, puede atacar el poder sin recurrir a la violencia(...). Aún disponemos de la suficiente fuerza como para derrumbar el castillo de naipes de la democracia burguesa con un simple soplido.»

[9] Nueve dias después de la redacción de este documento. estallaban en Barcelona los «Hechos de mayo», combate entre las fuerzas del orden y los obreros que se negaban a entregar las armas. 

[10] Cuando escribía estas lineas, Trotsky no conocía el contenido del informe de Nin pronunciado ante el Comité Central ampliado de diciembre, en donde explica como la política del P.O.U.M descansaba sobre su «pacto secreto» con los dirigentes de la C.N.T. y que era preciso hacerlo público lo antes posible. (Boletin interior del P.0.U.M., nº 1, pp. 3-5.)

[11] Recordemos que el S.A.P. había firmado un manifiesto para un Frente Popular alemán (L'Humanité, 9 de enero de 1937), Vereecken señalaba en su respuesta, que la J.C.I. condenaba la política del S.A.P. Rudolf Klement precisaría: «El P.O.U.M. aún no ha roto con los sapistas. Ha dejado su órgano alemán en manos de éstos, que lo utilizan para su propia propaganda. Tanto el P.O.U.M. como el S.A.P. forman parte del Buró de Londres, y el P.O.U.M. ha convocado con él una conferencia internacional. Aunque parece que en las últimas semanas el S.A.P. y el I.L.P. se han retirado de los preparativos de esta conferencia internacional, el P.O.U.M. sigue manteniendo una posición ambigua (analizar las condiciones y estimular las fuerzas para una futura organización internacional verdaderamente revolucionaria) y acaba permitiendo participar al S.A.P. y a todos los demás, a pesar de que mantienen una política de fusión con los P.C. Aún más, ha retirado la cuestión rusa del orden del día a fin de no crear dificultades con el S.A.P. y los demás. Es cierto que el Comité Central del P.O.U.M. ha aprobado una resolución contra la política del S.A.P., pero lo ha hecho con extremada moderación. Sencillamente “invita a los dirigentes del S.A.P. a examinar y corregir su línea política. en interés del proletariado y de la revolución social”, en lugar de combatir resueltamente rompiendo con él.»

[12] Se puede relacionar muy provechosamente este texto con el de la carta dirigida -y jamás recibida- a Rous por Trotsky el16 de abril de 1936, en la que este último daba explícitamente consejos a la dirección del P.O.U.M. La posterior experiencia política las explicaciones de Nin, son las que le dictan estas aseveraciones, que constituyen un giro radical. Según su opinión, la fracción B.-L. del P.O.U.M. no debería preocuparse por la unidad del partido, en el que estaba «acorralada». Las manifestaciones «Independentistas» del grupo B.-L. se multiplicaron, y sobre todo, empezó a publicar en abril La voz leninista. Sin embargo Trotsky, al escribir este articulo, continuaba dirigiéndose a los jefes del P.O.U.M., sobre todo a Nin y Andrade. Los militantes belgas Vereecken y Renery, pro testaron violentamente contra su conclusión escribiendo: «El Buró central por la IVª Internacional viene actuando desde hace va rios meses conforme a la respuesta (actual) de Crux. En enero decidió que los militantes de nuestra tendencia en Barcelona entraran en el P.O.U.M. sin pedir derecho a fracción, con el objetivo de trabajar honestamente, en el marco de la democracia interna del P.O.U.M. y en la elaboración de una línea realmente revolucionaria. Sin embargo el Buró ha creado en Barcelona un grupo in dependiente, sin fuerza ni influencia. Toda la actividad del Buró está orientada hacia la creación de un partido independiente fuera del P.O.U.M. Hoy día es incontestable que este grupo está formado casi exclusivamente por elementos llegados del extranjero. A pesar de que estos militantes pueden ser útiles al partido, están en desventaja, ya que ignoran el idioma y la tradición de las organizaciones obreras, no tienen ningún apoyo en las fábricas o las explotaciones rurales, permanecen aislados, apartados de la actividad revolucionaria de las masas. Un partido no es algo que pueda ser exportado e importado a voluntad. (La Lutte ouvriére de Bélgica, 22 de mayo de 1937.)-

[13] Casi seguramente Trotsky ignoraba en esta fecha la publicación de un manifiesto del Comité local de Barcelona del P.O.U.M.,. adoptado el 13 de abril, y procedente de una propuesta de José Rebull, que en relación con la crisis de la Generalitat declaraba: «En el marco de las instituciones burguesas no pueden darse más que soluciones burguesas. Una situación revolucionaria jamás ha terminado en revolución victoriosa si no ha sabido oponer un nuevo poder al antiguo. El Frente obrero revolucionario deberá comenzar inmediatamente la creación de consejos de obreros, soldados y campesinos, convocando lo más rápido posible el con greso de los consejos, restableciendo así la dualidad de poder, indispensable para la toma del poder político por la clase obrera, e instaurando un verdadero gobierno obrero y campesino.» Este manifiesto, publicado en La Batalla el 15 de abril, colocaba en primer plano las divergencias políticas en el seno del P.O.U.M., sobre las cuestiones cruciales del gobierno y el poder. El Comité Central había reclamado la formación, en la Generalitat, de un gobierno constituido por todas las organizaciones políticas y sindicales de la clase obrera. (La Batalla, 30 de mayo). Juventud Comunista, ór gano de la J.C.I., decía en su edición del 1º de abril: «Ante la crisis del Consejo catalán, nosotros queremos un gobierno obrero y campesino en la Generalitat.»

[14] Ver pág. 77

[15] Vercecken y Renery responderían: «Nosotros consideramos este articulo, así como la actitud general de nuestro Buró y de la sección francesa sobre el P.O.U.M., como sectarias y nefastas, y si nos entrara la tentación de emplear palabras grandilocuentes, diríamos criminales.» (La Lutte ouvriére de Bélgica, 22 de mayo de1937.)



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