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¡Fuera ahora!

Relato de un participante del movimiento en Estados Unidos contra la guerra de Vietnam

por Fred Halstead, Pathfinder, New York, 1971.

La segunda guerra de Indochina fue la primera en la época del imperialismo Norteamericano en la cual EEUU fue derrotado. Después de salir victorioso en la guerra Española-americana y en las dos guerras mundiales, para hallarse luego en un impasse en Corea, la maquinaria militar del Pentágono fue expulsada de Vietnam, gracias a la lucha perseverante de los indochinos y a la resistencia del pueblo norteamericano contra la guerra. Este fue el movimiento mas antiguerra mas efectivo y con mayor continuidad en el seno de una gran potencia mientras la guerra todavía se desarrollaba, con excepción de Rusia de 1905 y 1917. Este fue el más sustancioso y, excepto por Rusia de 1905 y 1917, el más efectivo movimiento anti-guerra dentro de algún país poderoso mientras aún hoy la herida continúa abierta.
Los propagandistas oficiales inventaron varias fórmulas para justificar la intervención militar. Fue presentado como una cruzada por la democracia y la libertad contra la amenaza del comunismo totalitario y por la defensa de la independencia del Sur contra la invasión del Norte. EEUU estaba allí, se dijo, para cumplir las obligaciones convenidas con el régimen títere de Saigón, y bloquear la expansión de China y la URSS. Hacia el final las excusas se volvieron extremadamente débiles: para asegurar la vuelta del POW (prisioneros de guerra), para impedir una matanza en el sur si el NLF (Frente de Liberación nacional) toma el poder; para proteger las tropas norteamericanas que estaban quedando aisladas. Todo esto era demagogia.

En realidad, la intervención de EEUU tuvo cabalmente un carácter imperialista. El gigante del capitalismo mundial lanzó un ataque militar sin haber recibido provocación alguna contra una pequeña y dividida nación colonial a miles de millas que peleaba por su autodeterminación y unificación.
Una serie de presidentes norteamericanos anhelaban hacer lo que el imperio del rey Jorge III no logró hacer contra los patriotas rebeldes de 1776.
Por un lado estaba un estado armado hasta los dientes apoyando objetivos estratégicos e intereses materiales de corporaciones enriquecidas en la arena global, y del otro lado había trabajadores y campesinos insurrectos que avanzaban hacia provocar la caída del poder y la propiedad capitalista, a pesar de lo programa políticamente limitado de su dirección.
Estas tendencias anticapitalistas y antiterratenientes subyacentes se expresaron claramente en la reunificación de Vietnam en 1976 y en el proceso de eliminación de las relaciones de propiedad capitalistas en el Sur. La guerra civil prolongada en el sur de Vietnam se transformó de esta manera en una pieza central de la lucha internacional entre los sostenedores del capitalismo y las fuerzas que avanzaban hacia el socialismo, las cuales se han estado desarrollando desde la revolución bolchevique de 1917.
Con la excepción del genocidio contra los nativos americanos, que implicó guerras intermitentes durante cuatro siglos, fue la guerra mas larga de la historia norteamericana. El primer soldado norteamericano fue dado por muerto en Vietnam fue en 1959, el último en 1975, un período que abarcó 16 años. ( La guerra revolucionaria duró 8 años y la guerra española-americana solo duró cuatro meses).
Según el departamento de defensa de EEUU, el número total del personal militar norteamericano que participó en uno u otro momento en la guerra del Sudeste asiático -incluyendo las bases en Tailandia y otros países y los barcos en el océano- ascendió a mas de ocho millones. Esta cantidad era mas de la mitad del número de norteamericanos que participaron en la segunda guerra mundial (8.744.000 comparado con 16.112.566). Mas de tres millones de americanos fueron a Vietnam mismo. Sesenta mil fueron asesinados, 46.000 de ellos en combate, y 300.000 fueron heridos. (La proporción de heridos seriamente y lisiados permanentes en relación a los muertos, digamos de pasada, fue mucho mayor entre los americanos en Vietnam que en las guerras previas, debido a en gran parte las técnicas avanzadas para trasladar rápidamente a los accidentados a los hospitales).
Los indochinos fueron asesinados en cientos de miles, posiblemente millones, y sus tierras desbastadas. El Pentágono lanzó mas toneladas de bombas en un área relativamente pequeña de Indochina, la cantidad lanzada en cualquier sitio en el mundo en todas las guerras anteriores juntas.
El gasto directo en dólares para los EEUU en Vietnam del sur fue solamente de 141 mil millones. Esto fue mas de 7000 dólares por cada uno de los 20 millones de habitantes de esa área, cuyo ingreso per capita era de solo 157 dólares por año. Los gastos colaterales ascendieron a mucho más. Los economistas correctamente relacionaron la rápida inflación de fines de los sesenta con el gran déficit federal que resulto del gasto de EEUU por la guerra de Vietnam.
La mayoría de los norteamericanos consideran hoy esto como una enorme pérdida de vidas y riquezas en una guerra vergonzosa. Sin embargo los estrategas del Pentágono hacen una evaluación diferente. Sin duda, ellos no se cubrieron de gloria o no lograron aplastar la revolución Vietnamita y mantener el área de maniobras para las operaciones de EEUU en la región. Sin embargo ellos retrasaron el avance de la revolución colonial en Vietnam por una década y media. Esto fue parte de su trabajo de mantener el orden en el mundo para las grandes empresas norteamericanos, sus compañías multinacionales, y sus clientes en Japón y en el resto del mundo.
A principios de los sesenta la gran mayoría de los norteamericanos ignoraban la guerra, o se amoldaron a ella, aunque sin mucho fervor patriótico. Esta parecía algo remoto de sus intereses inmediatos, algo de lo cual ellos sabían poco o nada, y depositaron su confianza en el gobierno. Esta era una época de confianza en la sabiduría y honestidad en los máximos lideres políticos y sobre todo en las buenas intenciones de los ocupantes de la casa blanca. Los políticos de Washington se apoderaron cruelmente de esa ingenuidad.
Sin exageración, la mayoría de los norteamericanos apenas tenían conciencia que Vietnam existía cuando las administraciones de Truman, Eisenhower y Kennedy los estaban arrastrando sigilosamente hacia un pantano sangriento. Los demócratas y los republicanos juntos llevaron adelante "una política exterior bipartidista" en el sudeste de Asia y aprobaron automáticamente esto en el Congreso mientras los principales medios de comunicación que moldeaban a la opinión pública -y que la mantenían desinformada- no lanzaron ninguna advertencia de lo que estaba por suceder.
El movimiento antiguerra comenzó con la gente que ya estaba radicalizada: pacifistas, socialistas, comunistas, estudiantes rebeldes y una gran cantidad de individuos indignados moralmente. Al comienzo estos eran una pequeña minoría, convencidos de lo justo de su causa y listos para enfrentarse a la impopularidad que su actitud les acarreaba. La energía, la resolución y la fortaleza de esta vanguardia crearon al movimiento y permaneció como su fuerza motriz.
El aspecto más paradójico de este profundo e inolvidable capítulo de la historia norteamericana fue el rol central y decisivo jugado por los elementos de izquierda, los cuales incluían a los pacifistas radicales. Cuando esto comenzó, era casi impensable que ellos pudieran llegar a poner en movimiento y dirigir un movimiento de tal vasto alcance. Ellos mismos no esperaban un desarrollo semejante. Ellos simplemente se sintieron obligados a hacer todo lo que pudieran.
Al principio de los sesenta la izquierda norteamericana -la vieja y la nueva- estaba visto como un grupo marginal esotérico con una influencia virtual insignificante. En lo que concierne a los números de las organizaciones de izquierda esto estaba muy cerca de la verdad. La guerra fría y la atmósfera de "caza de brujas", junto a la prosperidad prolongada de los años 50, habían diezmado sus filas.
Aún después que su cantidad aumentara bastante a principios de los sesenta, las decenas de miles que directamente apoyaban a diferentes grupos de izquierdas no eran muchos comparados con la población en su conjunto.
Aún así este grupo no respetado, irrelevante, y de ninguna manera homogéneo se transformó en el "última vestigio" a medida que ocupaba el espacio abandonado por la educación oficial, la religión, los sindicatos, los periodistas y las instituciones políticas. Estas estaban atadas al sistema bipartidista y estuvieron de acuerdo con los generales y con el Departamento de Estado, apoyando una guerra la cual era en forma evidente ilegal e injusta en toda su extensión.
Si analizamos esta cuestión mas de cerca, esto no es tan sorprendente. Sólo aquellos que están preparados ideológicamente a desafiar el conformismo ciego podrían tomar el riesgo de enfrentarse públicamente. Si el número de tales norteamericanos era muy pequeño a principios de los sesenta, esto daba testimonio, no tanto de la irrelevancia como del espacio marginal que una crítica profunda al sistema ocupaba, bajo el corrupto y senil régimen bipartidista.
El movimiento más tarde hizo su impacto sobre el sistema, como se demostró con el surgimiento del pacifismo demócrata y republicano. Sin embargo los políticos pacifistas no dirigieron, ellos siguieron, muy atrasados, vacilando y refunfuñando todo el tiempo. Ha habido una cierta distorsión de la historia en cuanto a este punto, pero su intento de reivindicarse fue desmentido por los hechos.
Sólo dos senadores, Morse y Gruening, votaron en contra de la resolución del Golfo de Tonkin con la cual Johnson obtuvo una luz verde en 1964. Un solo miembro de la Cámara de diputados, Adam Claylon Powel, mostró cierta disidencia con su abstención. Otros sabían que algo estaba mal. Pero estaban conscientes de que para evitar "caer en la irrelevancia" dentro del sistema bipartidista, uno no anda por ahí ofendiendo a los poderes establecidos y poniendo en tela de juicio las "razones de estado" sobre la base del respeto a la decencia humana o algo por el estilo. A Morese, Guening y Powel sus direcciones nacionales le bajaron el pulgar y nunca mas ganaron otra elección. Incluso luego de que el dramático cambio en la actitud pública hiciera permisible las actitudes pacifista en el Capitolio, la vasta mayoría de los dos partidos -incluyendo a las palomas- votaron a favor al presupuesto militar para Vietnam hasta 1973.
En la medida en que las palomas demócratas y republicanas contribuyeron a extender el sentimiento antiguerra -y algunos de ellos lo hicieron al prestar su autoridad ocasionalmente a las actividades antiguerra, publicando ciertos hechos sobre la guerra, y otras cosas mas- sus actividades fueron contradichas por el hecho de que llevaban a la gente a apoyar a los dos partidos que apoyaban la guerra y también por medio de sus efectivos votos.

La cuestión no fue resuelta, ni siquiera mejorada durante el proceso electoral del régimen bipartidista. Por el contrario el período electoral fue utilizado ciertamente para provocar el efecto opuesto. Sirvieron para engañar a los sentimientos antiguerra, desactivar las protestas, y otorgar a los guerreristas mas capacidad de maniobra en sus planes desafortunados y perniciosos. Esto se repitió con cada elección para el congreso o para la presidencia desde 1964, cuando Johnson se presentó como el candidato de la "paz" hasta 1972, cuando la administración de Nixon anunció que la "paz estaba cerca" y luego, después de la elección, prosiguió con otro ataque brutal sobre el pueblo vietnamita.
Los que conservan o predican la creencia en la posibilidad de una reforma dentro del régimen capitalista bipartidista deben tener en cuenta que el movimiento norteamericano contra la guerra de Vietnam -el gran resurgir moral en EEUU desde la lucha contra la esclavitud- tuvo que enfrentarse y mantenerse al margen de los dos partidos.
Más allá del acuerdo de oponerse a la guerra, los precursores del movimiento poseían visiones contrarias en muchos aspectos y apoyaban diferentes, y aún conflictivos, métodos. Para cada momento decisivo a lo largo del camino debían discutir a fondo sus diferencias tácticas y de principio a fin de arribar a una acción unificada y concertada. Esto no fue fácil y a veces imposible.
Fue necesario restablecer la tradición de tolerancia frente a la diversidad de opinión y prohibir la polémica violenta y llena de difamaciones. Estos modales habían estado ausentes en las relaciones entre los grupos de izquierda por décadas, desde que la vieja tradición fue rota por el PC stalinista. El tono dado por los radicales pacifistas influenciados por J.A. Muste jugó un rol saludable en este aspecto.
A veces algunos de estos últimos, sin embargo, se sentían incómodos por una profunda polémica , y completamente horrorizados con las maniobras en las asambleas -no importa que tan abiertas, francas y conformes a las reglas que estas fueran- lo que inevitablemente conlleva todo debate útil donde se disputaban cuestiones que debían ser resueltas de una manera o de otra.
Pero el choque de ideas y el esfuerzo deliberado para convencer a la gente para que tome partido, fue esencial e inevitable para tomar decisiones prácticas. Ninguna cantidad de "amor y confianza" podía sustituir o eliminar este debate. La alternativa era dejar las decisiones a los profetas o santos, pero ninguno de nosotros lo era.
Al principio, el movimiento abordó tres problemas políticos internos que estaban interconectados: el macartismo (red bailing), la no-exclusión de ningún sector y el mecanismo democrático de toma de decisiones.
El macartismo tuvo que ser echado a un lado de modo que los marxistas y revolucionarios de cualquier orientación no pudieran ser excluidos de participar abiertamente en pie de igualdad en todas las actividades del movimiento y en los órganos de dirección. Esto fue una parte esencial para posicionar al movimiento para resistir la inevitable catarata marcartista desatada por los guerreristas y combatir la histeria anticomunista sobre la cual se apoyaba la aceptación psicológica de la guerra misma. El macartismo fue rechazado abiertamente y eliminado al inicio del desarrollo del movimiento. Esto tenía que ser así para que los esfuerzos acordados avanzaran. Aunque este peligro se planteó de vez en cuando nunca se volvió a plantear seriamente otra vez.

Esta apertura hacia la izquierda implicó un quiebre con la guerra fría, la ideología anticomunista que había saturado la estructura del pensamiento norteamericano desde poco después de la segunda guerra mundial. El movimiento antiguerra se enfrentó al problema de lleno reconociendo que cada matiz de opinión debía poseer todos los derechos de expresión dentro del mismo y nadie fuera castigado por su afiliación política o su opinión política. Esto se difundió a través de círculos mas y más amplios hasta que la forma de pensar en EEUU cambió significativamente.
El revés propinado al macartismo fue uno de los logros mas importantes del movimiento antiguerra.
Esto era todavía mas extraordinario si consideramos que "el enemigo" en la guerra era una dirección comunista apoyada por la URSS y China. Bajo estas circunstancias bien podría esperarse que las nuevas oleadas anticomunistas hubieran sido fomentados o estimulados. Todos los intentos para generar esos movimientos encontraron poca respuesta y tuvieron mínimos efectos. Lo mismo pasó con los esfuerzos de los chauvinistas para organizar un movimiento a favor de la guerra y anticomunista. El rechazo a la guerra se demostró más poderoso que los sermones anticomunistas y la demagogia seudopatriótica.

La política de no-exclusión tuvo efecto junto con el rechazo al macartismo. No se exigió ningún "juramento de fidelidad" ni se impusieron restricciones a nadie que se opusiera a la guerra bajo ningún aspecto. El único requerimiento fue la disposición para protestar y activar contra la guerra. Esta regla tuvo que ser implementada en dos frentes. Ciertos moderados asustadizos trataron de excluir a la izquierda o ultraizquierda de la coalición. Por otro lado, algunos grupos sectarios clamaban por la expulsión de los políticos liberales y las personalidades liberales que estaban dispuestas a sumarse en acciones comunes del marco de las protestas antiguerra. El movimiento no hubiera crecido como lo hizo y atraído a millones hacia la acción a menos que se respetara el principio de no-exclusión.
El proceso de toma de decisiones democrático fue ilustrado en las conferencias periódicas que se realizaban a nivel regional y nacional, abiertas a todo el mundo. Allí los problemas eran discutidos e informados públicamente. Estas fueron también ámbitos importantes para la presentación y el debate de ideas sobre una amplia variedad de problemas. Cada grupo era invitado a establecer su mesa con publicaciones, a distribuir circulares, a realizar talleres y así sucesivamente. Estaban aquellos -como Dave Dellinger- que menospreciaban el debate en las asambleas y los organismos de toma de decisiones amplios, ellos preferían pequeñas reuniones con líderes selectos. Incluso estas nunca fueron secretas sino que eran abiertas a los observadores y se anunciaban públicamente. El popular movimiento antiguerra conducía sus asuntos y aprobaba las propuestas de acción a la vista de todos.

Por el contrario, los guerreristas de Washington tomaron sus entre bambalinas y sin la participación del pueblo. Un ejemplo sorprendente es citado en los papeles del Pentágono y resumido por el New York Times:
"La administración Johnson, aunque el presidente era reacio y vacilante para tomar una decisión final, se intensificó la guerra encubierta contra Vietnam del norte y comenzó a planear en la primavera de 1964 librar la guerra en forma abierta. Un año antes de que se diera a conocer en forma pública la profundidad de su participación y el temor a la derrota".
En la primavera de 1964, esto es mientras el presidente Johnson estaba peleando por la reelección como un candidato de la paz.
Los conspiradores fueron instalados en el poder en Washington, mientras el movimiento antiguerra planeaba sus actividades frente a las masas. Esto no evito que el gobierno condenara a las personalidades del movimiento bajo cargos de conspiración. Aunque ninguno de los grandes juicios fue ganado por los fiscales luego de la apelación, exigieron una costosa fianza a los acusados y gravaron los recursos del movimiento.
Encima, las autoridades recurrieron a todo tipo de represión , los que no fueron suficientemente descriptos en los capítulos anteriores. Esto necesitaría otro volumen para bosquejar la persecución política, los allanamientos, los robos, la persecución ilegal, las provocaciones, incluyendo las violentas, las falsificaciones hechas por el FBI ideadas para fomentar la enemistad entre los grupos y los individuos, los arrestos, encarcelamientos, las incriminaciones, los golpes, los secuestros, los asesinatos, las cortes marciales, la gente dada de baja por mala conducta, y varios "trucos sucios" que fueron usados contra las fuerzas antiguerra -y no solo bajo Nixon. El movimiento antiguerra fue "espiado" (watergated) desde el principio y en forma violenta.
Frente a todo esto, y a la luz de la ira extrema completamente justificada contra los guerreristas, la ausencia de violencia de parte del movimiento antiguerra en EEUU se encuentra entre sus rasgos mas notables. De hecho su comportamiento en este aspecto es excepcional en la historia de los levantamientos sociales en EEUU. Durante todo el tiempo, la corriente principal del movimiento rechazó la confrontación violenta como una táctica para las fuerzas antiguerra y combatió efectivamente toda tendencia fuera en ese sentido.
Por diferentes razones políticas y filosóficas, los pacifistas y los trotskistas fueron los más consistentes partidarios de esta propuesta. Brad Lyttle hizo el siguiente comentario en 1969 sobre esto:
"Esto puede parecer curioso, pero es cierto que hoy los trotskistas son una de las fuerzas más poderosas trabajando para otorgar al movimiento antiguerra un carácter pacífico y ordenado"
Esto no me parecía curioso.
Durante ocho de los quince años de guerra el movimiento antiguerra participó de acciones callejeras en un lugar o en otro del país. Aún así en el transcurso de estos quince años, mientras el gobierno de EEUU estaba asesinando a cientos de miles en Indochina, ni una sola persona fue asesinada por los manifestantes antiguerra en los EEUU. Igualmente importante era el hecho que la matanza de los activistas antiguerra por las autoridades -un peligro siempre presente- se mantuvo al mínimo a causa de la política de hacerles responsables a los guerreristas y sus servidores de la violencia.
Aunque los ingrediente para que se produjeran choques violentos estaban presentes en todas las grandes movilizaciones, estos fueron conscientemente neutralizados por los organizadores y generalmente se disipaban en refriegas y "choques" menores. Incluso un ala del movimiento que estaba a favor de la confrontación, la táctica de no-violencia fue generalmente aceptada, en gran parte por la insistencia de los pacifistas. Aunque las manifestaciones de este tipo fueron a veces violentas, las armas letales estaban en manos de la policía, y los heridos eran casi siempre los manifestantes.
Aún el puñado que apoyaba al terrorismo y que se autoexcluía de la corriente principal del movimiento antiguerra, en este punto, fue lo suficientemente influenciado por el pensamiento predominante que limitó sus ataques con bombas a estatuas y edificios vacíos. Una vez un grupo de estos supuestamente hizo estallar una bomba en instalaciones relacionadas con una investigación militar en la Universidad de Wisconsin que explotó y mató a un estudiante graduado opositor a la guerra y que se encontraba casualmente en el edificio. Amén por este incidente, los miembros de ese grupo se mataron en explosiones accidentales.
Por supuesto, en la zona de guerra este problema era completamente distinto. Allí el Pentágono tenía el monopolio total para imponer el tono, enseñar los métodos, y proveer los medios de la guerra. Algunos de los reclutas enfurecidos y desesperados a quienes los oficiales ordenaban matar, tomaron las armas en sus manos para matar y aterrorizar a sus propios oficiales para evitar morirse o masacrar vietnamitas en el territorio. No es necesario decir nada más.
El movimiento de masas contra la guerra fue antes que nada un fenómeno generacional, en razón de que la juventud era alistada en el ejército y llevada a pelear y morir en el frente. Este fue el aspecto más apremiante. El movimiento competía con el establishment por ganar la voluntad de la juventud norteamericana. El gobierno tenía que alistarlos o forzar su alistamiento bajo presión de leva. El movimiento conquistó el deseo de participación de la juventud y también su apoyo recurriendo a su sentido de preservación, a su conciencia y a sus convicciones profundas. Ganó esta contienda fácilmente, y como cada vez más la juventud era incorporada a las fuerzas armadas, llevaron consigo el fermento de las ideas antiguerra.
Aunque muchos fueron beneficiados con una prórroga, los estudiantes universitarios, y ocasionalmente los de los colegios secundarios, formaron el corazón de casi todas las acciones de masas de la SDS (Students for Democracy Society) garantizando desde la marcha en Washington en 1965 hasta la preparación del segundo discurso inaugural combativo en enero de 1973. Los campus universitarios de costa a costa de EEUU sirvieron como bases y centralmente como centros de la organización del movimiento antiguerra. Los estudiantes universitarios fueron capaces de jugar un rol distintivo por primera vez en la historia norteamericana, en parte, debido a la inmensa expansión que la educación superior experimentó después de la segunda guerra, cuando sus miembros crecieron por encima de los 8 millones, a principios de los setenta. La escritora Susan Jacoby, quién se graduó en la universidad en 1965, observaba retrospectivamente:
"si mi generación no hubiera resistido a la guerra con fuerza, estoy persuadida que los asesinatos en Vietnam -y el descuido de las necesidades sociales en el país- seguirían existiendo"
El movimiento avanzó con paso desigual ya que experimentó flujos y reflujos. Este andar no fue determinado por la voluntad de los participantes, sino por el ritmo de los grandes eventos políticos-militares. Las acciones disminuían durante los periodos de elecciones nacionales y tomaban ímpetu con cada nuevo cambio en la situación militar y por los pronunciamientos políticos importantes desde Washington.
El clima estacional en Indochina -el cual dictaba los tiempos de la ofensiva militar- coincidían con los semestres de la universidad en EEUU, dando como resultado que los grandes movimientos militares en Indochina tendieron a realizarse cuando las universidades estaban en plena actividad. De este modo las grandes movilizaciones ocurrieron en primavera o en otoño de los años no electorales.
Los cuatro grandes ascensos ocurrieron alrededor del 15 de abril de 1967, del 15 de octubre al 15 de noviembre de 1969, a principios de marzo de 1970 y el 24 de abril de 1971. Los organizadores del movimiento antiguerra tuvieron que tener en cuenta este ritmo desigual del movimiento de masas y estaban expuestos a cometer severos errores si sus estimaciones eran erróneas, como sucedió varias veces.
Muchas personas bien intencionadas siguieron diciendo de 1965 en adelante que el movimiento era pasajero y que había pasado su apogeo. Susan Jacoby, por ejemplo, lo confirma:
"Entre 1965 y 1967, yo tuve muchas discusiones con amigos que habían participado de acciones antiguerra. La guerra de Vietnam, yo sostenía , era un fenómeno temporario, el movimiento antiguerra está desviando energías de la lucha por el cambio social en EEUU, este era un movimiento elitista de chicos blancos y adinerados, cuyos padres tenían la capacidad de comprar sus prórrogas".
Tales observaciones no comprendían los propósitos de los hombres en el poder o confundía las fluctuaciones inevitables en las actividades visibles de masas con un declive general en el movimiento en su conjunto.

No podía haber duda alguna sobre el arraigo popular y genuino del movimiento. El FBI y la CIA nunca tuvieron la capacidad de mostrar prueba alguna sobre los subsidios extranjeros o su manipulación, por la sencilla razón de que no existía nada de eso. El movimiento estaba basado en la indignación de millones de norteamericanos en contra de una guerra injusta, inmoral no declarada y apelaba al sentido de justicia y decencia. No tenía protección oficial. Tuvo que ser construido desde cero y ser mantenido, de cierta manera sin orden ni concierto, por voluntarios que trabajaban por nada o solo por su mera subsistencia. El mismo apenas fue financiado a través de contribuciones, amplias o pequeñas, provenientes de simpatizantes y colectas realizadas en los actos políticas.
La coalición a menudo tambaleaba al límite de la quiebra, alarmando a los recaudadores de dinero día a día. Cientos o posiblemente miles de individuos hacían prestamos importantes sin tener ningún comprobante, sabiendo que estos nunca serían devueltos, y a menudo aceptando una devolución parcial o ninguna por colaborar por la causa.
Las autoridades trataron de terminar abruptamente con la ayuda financiera intimidando a los donantes. Un ejemplo registrado del espíritu imperturbable de esos apoyos fue el de Oliver Butterworth, un profesor inglés de la Universidad de Hartford de mujeres en Connecticut, quien había realizado una contribución al NPAC antes de la manifestación en Washington del 24 de abril de 1971. Fue investigado y acosado por agentes de la Comité Interno de Seguridad de la Cámara de Diputados quienes citaron sus cuentas bancarias y exigieron un explicación sobre la donación. El escribió esta respuesta:
"en razón de que su comité ha estado recientemente interesado en las organizaciones pacifistas, quizás usted pudiera ser suficientemente bueno para darme los nombres de las organizaciones pacifistas que usted presuponga actualmente mas efectivas. Yo pienso que tales organizaciones merecen un amplio apoyo público, porque la prolongada e impopular guerra en el sudeste asiático es el elemento mas destructivo de EEUU en el presente".
Mientras que las corporaciones ganaban muchos miles de millones en ganancias directas por las asignaciones militares, no obteníamos nada sin embargo estábamos empobrecidos por participar en la oposición. Decenas de miles de activistas hicieron terribles sacrificios de tiempo, dinero y energía para continuar con el movimiento. Quizás esto fuera mejor así, pues no había lugar para el arribismo o el privilegio para obtener una posición destacada en un movimiento de este tipo.

La tarea de enfrentar a la guerra de Vietnam fue un desafío que sometió a prueba a cada tendencia que competía por conquistar adherentes entre la juventud. Las principales tendencias pueden ser caracterizados así:
La capa de mayor tamaño, en gran medida desestructurada, amorfa y errática estaba compuesta de estudiantes radicalizados quienes se consideraban una nueva izquierda y que estuvieron vagamente organizados por un período de tiempo alrededor del SDS. Desde el principio estaban los pacifistas, especialmente los pacifistas radicales influenciados por A.J. Muste. Aunque no existía un grupo anarquista en el sentido formal, una tendencia esencialmente anarquista jugó un rol significativo. Allí había ciertas organizaciones religiosas, entre ellas el comité de amigos norteamericanos y otros grupos quákeros.

Luego estaban los representantes de las tres principales corrientes del movimiento obrero y del socialismo internacional: la orientación los estalinistas orientados por Moscú alrededor del partido comunista, los trotskistas en el SWP y en la Unión juvenil socialista, y los Social Demócratas de la segunda internacional.
Por detrás el resto era un conjunto impresionante de pequeñas bandas sectarias, varios ultraizquierdistas, y maoístas, cada uno con su propia consigna distintiva.
El SDS fue un instrumento para lanza la iniciativa antiguerra de masas a comienzos de 1965 y para llamar la atención a los activistas estudiantiles sobre el carácter criminal de la guerra. Apoyó la campaña en contra del reclutamiento y en contra del ROTC (Centros de entrenamientos oficiales de la reserva) en 1966 y ayudó a denunciar la complicidad de la universidad con el gobierno. Sin embargo nunca pudo este organismo vacilante de líderes comprender la importancia central de la lucha contra la contra de la guerra para la política norteamericana y mundial. Después de abril de 1965 ellos se abstuvieron de organizar y dirigir al movimiento, aunque tenían una oportunidad abierta de par en par para hacerlo. Careciendo de su propia dirección, los miembros del SDS tuvieron que adherir a dirigentes que provenían de otras organizaciones. Las figuras del SDS tal como Clark Kissinger, Rennie Davis, Carl Davidson, y a veces Tom Hayden , jugaron roles decisivos. Sin embargo el SDS como tal no elaboró ni aplicó ninguna línea coherente en el movimiento antiguerra. Excepto por un grupo de personalidades, el SDS no afectó el posterior desarrollo de las protestas antiguerra después de su fragmentación en 1969.
La mayoría de los socialdemócratas estaban atados a la política de guerra a través de su sumisión a la burocracia de la AFL-CIO, su perspectiva dominada por el partido demócrata y su feroz ideología anticomunista. Su comportamiento ha sido descripto apropiadamente por Julio Jacobson, editor de New Politics.:
"(Max) Shschtman, (Bayard) Rustin y sus particulares seguidores emergieron como halcones en la guerra en Vietnam en el ala derecha del Partido Demócrata. Michael Haningthon e Irving Howe y sus seguidores (ahora organizados en Comité de organización socialista demócrata) no llegó tan a la derecha como sus recientes colegas ahora trasformados en halcones. Sin embargo fue lo bastante lejos como para alejar a los activistas juveniles en contra de la guerra, especialmente cuando Harrington y Hove dejaron en claro que ellos eran solamente críticos de la guerra trágica (su adjetivo favorito), no oponentes reales a la aventura imperialista. Ellos pelearon furiosamente contra aquellos que defendían el retiro unilateral de las tropas americanas de Vietnam, lo cual significaba que estaban a favor -trágicamente y desvergonzadamente- que las divisiones americanas permanecieran en Vietnam hasta que Hainoi cumpliera con las condiciones par la paz de Harrinton y Hove. (En el libro de Harringon, "socialismo", escrito cuando la guerra de Vietnam estaba en su punto mas sangriento y el movimiento antiguerra estaba en su apogeo, no hay un solo párrafo en las 400 páginas dedicado a la guerra).
Solo un pequeño tercer segmento de los social demócratas, representados en la región del este por Dave Mc Reynolds y en el Oeste pos Charles Curtiss, participaron en el movimiento organizado contra la guerra.
El PC fue atraído bastante a regañadientes al seno de la coalición antiguerra, la cual no estaba de acuerdo con los modelos de sus manipulados "frentes" tradicionales. Este no tenía justamente la fuerza para imponer una política de exclusión contra los trotskistas, maoístas o cualquier otro. Su línea de conducta Estaba en el fondo determinada por su concepción ideológica fundamental la cual planteaba que todas las luchas debían subordinarse a la diplomacia del Kremlin frente a Washington, lo cual en esta coyuntura significaba la búsqueda de lo que se llamó "distensión". El PC por esto constantemente tenía puesto sus ojos en el sector liberal del establishment de EEUU, y en las elecciones (todo para nada, como resultó ser, ya que cuando la clase dominante decidió que el momento era oportuno, fue Nixon quien inició la "detente" entre los países) El PC actuó como un factor moderado de contención en las acciones dela coalición.

La participación del PC fue importante por otras razones e incluso fue necesario para el éxito de ciertas acciones. El PC en sí mismo no muy grande durante todo el período de la guerra de Vietnam, sin embargo había sido hegemónico en la izquierda en EEUU antes de 1956 y por años había sido 10 y hasta 20 veces mas grande que todos grupos radicales y por esto aún conservaba un radio mayor de influencia que ningún otro componente organizado del movimiento.
Su periferia estaba integrada por ex-miembros que seguían siendo simpatizantes en algún grado, círculos sociales de miembros retirados y sus hijos, contactos dentro del movimiento obrero y otros movimientos que habían trabajado con el PC en alguna actividad o en otras en los años pasados, y así sucesivamente. Si el PC apoyaba con tesón las protestas antiguerra, esta gente, muchos de ellos experimentados e influyentes, podrían ser rápidamente movilizados para construir el movimiento. Si todos respaldaran algún proyecto, su tamaño se multiplicaría.
Por otro lado, si el PC se oponía o se abstenía de alguna acción, aunque tales individuos podrían no hacer los mismo, tendrían dudas y vacilaciones que se podrían convertir en algo menos efectivo. Este es el porque una parte importante del arte de construir acciones exitosas era animar y presionar al PC para participar en forma total.
A.J. Muste, el respetado mentor del movimiento antiguerra fue un pacifista del tipo de Gandhi que favorecía y promovía las acciones de masas, gracias en parte a su larga experiencia en las organizaciones del movimiento obrero y las luchas huelguisticas. Este veterano, sin embargo, murió en la primera etapa del movimiento, desde entonces los ejes de la orientación del ala pacifista tendió a ser establecida por David Dellinger. El era no sólo pacifista sino un declarado y coherente anarquista. Dellinger insistió que las acciones de masas debían subordinarse a las tácticas de resistencia y enfrentamiento individuales las cuales eran inapropiadas para la construcción de acciones lo mas amplias posibles.
El SWP y Dellinger eran los exponentes mas sistemáticos de líneas divergentes que promulgaban acciones de masas por un lado y la confrontación de pequeños grupos por el otro. La larga historia de Dellinger, como alguien que había resistido a la guerra, su abnegación, su coherencia, y su duro trabajo le otorgaron distinción en el movimiento, aún a pesar de que no tenía aparato u organización que lo apoyara, su enfoque y métodos anarquistas, antes que su pacifismo, estaban en sintonía con el carácter libertario y los impulsos impacientes de un gran estrato de una nueva juventud radicalizada, quienes -aunque no adoptaron ninguna ideología en particular- estaban por lo pronto, inclinados al anarquismo.
Aunque este mismo fenómeno fue una característica de la juventud radicalizada alrededor del mundo, este surgía bajo especiales condiciones dentro de EEUU. El movimiento antiguerra había sido constituido aquí después de un período prolongado de reacción en un país políticamente atrasado sin una tradición marxista arraigada, o un partido socialista de masas, o un partido comunista o un partido laborista. Esto podía contar con el apoyo de una parte del movimiento sindical conservador, a excepción de algunos dirigentes aislados y algunas simpatía de las filas que creció a través del tiempo.
Sus primeros contingentes fueron reclutados de la población estudiantil que no tenía experiencia política la cual siguió siendo su sostén durante todo el proceso. Como muchos se inclinaban a acciones más agresivas, adoptaban con disposición la táctica de incursionar en pequeños grupos planteada por Dallinger. Semejante impaciente y temeraria militancia ciertamente tenía lugar. Además era beneficioso para Dellinger y sus seguidores radicales pacifistas para ganarse jóvenes con esta actitud para sus tácticas de no-violencia, las cuales le dieron un peso moral a sus pequeñas confrontaciones y reducciones del nivel de persecución. El daño provino por sus intentos de subordinar las movilizaciones de masas a estas actividades periféricas y sus esfuerzos insistentes para imponer tales métodos en todo el movimiento.
Lo equivocado de tales enfoques debían ser explicados pacientemente una y otra vez a fin de mantener al movimiento orientado hacia las amplias masas y sus sectores más decisivos, los reclutas y la clase obrera. Se produjeron debates acalorados continuamente entre los círculos dirigentes y las reuniones políticas entre los defensores de las dos líneas. Las cuestiones en juego eran cruciales para que el movimiento no fuera descarrilado en un callejón sin salida, y a veces lo llevaron a una situación de ruptura.
Dellinger despreciaba a las movilizaciones a favor de la retirada inmediata considerándolas como un frente único con un "mínimo común denominador. Sin embargo hacer salir a EEUU de Vietnam era el propósito central del movimiento y la razón de su existencia.
La gente que estaba alrededor del PC dentro de la coalición desempeñó un papel secundario apoyando las manipulaciones de Dellinguer en los debates.
En palabras de Dellinger:
"Los comunistas, quizás debido a que ellos habían aprendido algo del fracaso de sus intentos anteriores, mas probablemente porque ellos estaban demasiado débiles y políticamente inseguros para oponerse a una nueva izquierda poderosa, no ofrecieron una resistencia importante al rechazo de muchas a plantear un mínimo común denominador como principio guía".

A pesar de que el PC desaprobaba las tácticas de enfrentamiento, ellos hallaron esto conveniente para armar un bloque con Dellinger contra el SWP, y y raramente en forma episódica sucedió lo contrario.
A la larga más y más gente comprendió las deficiencias y los peligros políticos de las tácticas de enfrentamiento de los anarquistas. Los métodos de movilización de masas defendidos por el SWP y otros se demostraron efectivos en toda la línea.
En 1965 y antes no era evidente en absoluto que Vietnam podría cobrar tanta importancia en la vida norteamericana y convertirse en el problema dominante en la política. El SWP no previó esto, sin embargo no cometió el error de menospreciar la importancia de la guerra. Consideró como una organización socialista revolucionaria que tenía una obligación internacionalista de hacer todo lo que pudiera para combatir el intento de su propio gobierno de aplastar una revolución colonial. Además en sintonía con su enfoque marxista ortodoxo o de lucha de clases se orientó hacia ganarse el apoyo de los obreros y los reclutas hacia el movimiento antiguerra.
El SWP no era un recién llegado. Entre sus viejos cuadros había individuos que habían estado en el PS en la época de Debbs y en el Industrial Workers of the World y que habían sido fundadores y líderes del PC antes de su expulsión por sus ideas antistalinistas en 1928. Los miembros del SWP tenían experiencia en oponerse a las tres mayores guerra imperialistas anteriores, en incontables luchas obreras y en la organización partidaria. Sus cuadros más jóvenes fueron educados en esas tradiciones y en los principios revolucionarios desarrollados y practicados por Marx, Engels, Lenin y Trotsky. Todo esto era rechazado con desprecio como bagaje inútil por parte de los líderes de la nueva izquierda. No obstante, ellos no pudieron hacer a un lado a los cuadros antiguerra del SWP y del YSA.
Mientras la dirección del PC estaba compuesta, con algunas excepciones, por personas que se habían radicalizado en los 30, el SWP era dirigido predominantemente por gente de la generación de los 60, quienes estaban en mejor concordancia para los nuevos acontecimientos y sabían como sacar provecho de las lecciones del pasado. Yo pertenezco a la "generación del silencio" entre estas generaciones la cual estuvo escasamente representado en las organizaciones de izquierda.

Muchos en la izquierda atribuían a la influencia del SWP y del YSA por completo la capacidad de organización, la disciplina y el trabajo duro de sus miembros. Tales observadores fracasan en advertir y comprender que esa efectividad dependió en el fondo de sus ideas marxistas y sus métodos de la clase obrera, los que fueron sus muchos militantes estudiantiles a partir de la literatura partidaria, la mayor experiencia de sus líderes y al tener experiencia en la práctica concreta.

El SWP sostuvo la autonomía del movimiento antiguerra como una fuerza de masas. Continuamente se subrayaba la necesidad de movilizaciones de masas oponiéndolas a la inutilidad de quedar atrapado en la política bipartidista o embarcarse en aislados incursiones de bandas compuestas por individuos bien intencionados. Este era esencialmente un enfoque de lucha de clases, basado en la acción directa de las masas contra el régimen.
La ausencia de la participación amplia del movimiento obrero le dio un campo de acción mayor a los proyectos de la tendencia anarquista, la ultraizquierda y otros izquierdistas pequeño-burgueses. Frente a esto fue un logro considerable que la firmeza del SWP y de otros evitaran que movimiento antiguerra -que era amorfo en sus ideas y policlasista en su composición y en su dirección- no quedara sumergido en las maquinaciones electorales o se levantaran barreras que impidan la participación de los americanos comunes deseosos de expresar su oposición a la guerra.

El SWP fue severamente criticado por insistir en que la coalición centre sus actividades en el problema más importante que era acabar con la presencia de EEUU en Vietnam, formulado más brevemente en la consigna "Out Now". Mantuvo firme en esta posición porque este objetivo era muy importante e imperativo en y por si mismo garantizar la máxima concentración en su logro.

El movimiento era un frente único de un tipo especial, no era entre organizaciones de masas de la clase obrera por una serie de demandas concretas, sino entre elementos diversos y policlasistas cuyo único vínculo de unidad era la oposición a la guerra. Tuvo que limitarse a implementar acciones alrededor del propósito central para mantenerse unidos. No podría haberse transformado en un partido político, como algunos deseaban, que pudiera desarrollar un programa o plantearse resolver los problemas fundamentales de la sociedad norteamericana, para no hablar de tomar el poder del estado. Esto iba más allá de sus capacidades en razón su composición de clase y su carácter heterogéneo. Los componentes del movimiento, mucho menos el norteamericano común, no estaban dispuestos a emprender acciones unificadas de masas sobre una serie de otras cuestiones, no importa cuan significativas fueran. En ese sentido, sólo las protestas específicas en contra de la guerra involucró a las grandes masas.
Sólo en dos pequeñas ocasiones -15 de octubre de 1969 y al principio de mayo de 1970- las movilizaciones alcanzaron la participación activa por parte de algunos millones, acercándose a una fuerza de masas capaz de disputar el poder. Sin embargo, esos millones no se estaban planteando tomar el poder del estado: la gran mayoría de ellos aún se consideraban demócratas o republicanos. Ellos estaban protestando contra la guerra.

Una revolución social y política en EEUU necesariamente implicará un quiebre profundo con el sistema bipartidista. Requerirá mayor participación activa sobre una base sólida de decenas y decenas de millones de trabajadores, que no sólo cuestionen esta o aquella política de gobierno, sino determinando democráticamente las políticas en sus propias organizaciones de masas cambiando al mismo tiempo la estructura de la sociedad.

Ningún movimiento socialista de masas surgió de acciones contra la guerra. Muchos desilusionados acusaban al SWP por esto (al mismo tiempo seguían votando a los demócratas).Esperaban demasiado del estado genuino del movimiento por un lado y subestimaban sus logros por el otro. Una vez que la guerra de Vietnam terminó el movimiento organizado en contra de ella dejó de existir. Esto era inevitable.

Muchos izquierdistas sin partido cometieron el error de considerar al movimiento antiguerra como un embrión del partido revolucionario o intentaban convertirlo en una formación política de izquierda acorde con sus exigencias. No importa hasta que punto tuvieran éxito con alguna formación, esto simplemente dejaba de ser un movilizador efectivo en contra de la guerra.

El SWP no tenía interés alguno para actuar en esta forma. Era el mismo una organización socialista revolucionaria con un programa bien definido y una tradición seria. Mantenía el mismo tipo de relaciones con el movimiento antiguerra como con cualquier otra organización de masas con cuyos objetivos particulares tenía acuerdo. Estos eran para hacer que sus militantes y simpatizantes construyeran lealmente y transformándolo en el instrumento mas efectivo para sus objetivos.. El SWP en ningún tuvo hegemonía en el tamaño dentro del movimiento. Se apoyaba en el poder de convencimiento, aspirando a convencer a otros de lo correcto de sus propuestas a medida que se probaban en la vida real.

No siempre el SWP tenía razón. A veces nosotros cambiábamos nuestras posiciones en el curso del debate o por la necesidad de acuerdos. Muy a menudo, otros tenían mejores ideas sobre asuntos en cuestiones de procedimientos, el estilo cultural y la forma de publicidad. El grupo más revolucionario puede a veces desarrollar hábitos conservadores y tardar en adaptarse con rapidez al cambio de las circunstancias.

Por su naturaleza no podía estar a la vanguardia en experimentar con nuevos estilos de vida personales. No obstante , el SWP no se propuso actuar como un censor dentro del movimiento de las expresiones de contracultura, mas allá de que estuviera de acuerdo con ellos o no . Aunque trataba de ser flexible, se rehusó obstinadamente hacer cualquier compromiso sobre cuestiones vitales tales como mantener el movimiento antiguerra independiente de la estructura de poder capitalista.

El SWP conjuntamente con otros usó procedimientos democráticos beneficiándose de ellos y defendiéndolos.

Todas las agrupaciones fueron alentadas para presentar sus puntos de vista en las conferencias antiguerra, establecer una mesa con su literatura, distribuir circulares, realizar talleres, y dejar que hablen oradores en los actos. El SWP defendió el derecho para todos de expresar sus ideas. No tenía miedo sino que le daba la bienvenida al toma y daca del debate y al choque de ideas. El movimiento por lo tanto se volvió una gran escuela en el cual se abrieron y se expandieron mentes y se aprendieron lecciones verdaderas. Los asuntos como la movilización de masas, la no-exclusión, y la toma de decisión democrática proporcionó precedentes de gran valor para el futuro.

Los enemigos más encarnizados del SWP y del YSA tenían que reconocer que estos jugaban un rol central en la vida del movimiento antiguerra. Julio Jacobson, un acérrimo antitrotskista, afirmó : "la única organización (socialista) fortalecida por el movimiento antiguerra fue el SWP". Esto es una exageración ya que casi todos los grupos radicales ecepto el SDS emergieron después del período antiguerra más fuertes que en el período precedente. Sin embargo no hay duda que el SWP fue el que más ganó. Su prestigio fue en aumento, captó los mejores militantes y mejoró su posición en comparación con sus rivales de la izquierda norteamericana. Surgió con cuadros que habían absorbido una lección práctica muy valiosa difícilmente se aprenda en los libros.

Cualquier otra cosa que su trabajo haya logrado, el SWP demostró que aún un pequeño partido revolucionario puede trasmitir la experiencia de las luchas pasadas y de tal modo jugar un rol esencial en guiar una agitada lucha social y política hacia la victoria. Esto es, después de todo, la razón de su existencia.

Es muy pronto para valorar todas las consecuencias de esta experiencia. No obstante es claro que la agitación antiguerra y las movilizaciones de masas y estimularon la radicalización de varios sectores de la población. "No es un accidente", escribía Susan Jacoby, " que muchas mujeres veteranas del movimiento de derechos civiles y del movimiento antiguerra finalmente terminaran envueltas en el movimiento de liberación femenina". Esto cambió el rostro político de EEUU y motivó una sana desconfianza hacia los gobiernos de Washington y dio sus frutos en las revelaciones de Watergate y sus consecuencias.
Se quebró la fiebre de la histeria anticomunista y se debilitó la eficacia del "cuco rojo"(red scares) que han sido usados como armas contra cualquier ataque al status quo.

Desafió y cambió la imagen estereotipada de los conscriptos como peones obedientes del alto mando inmunizados contra las tendencias de oposición de la población civil.

El odio hacia cualquier nueva aventura militar en el extranjero ha restringido las opciones disponibles para Washington en sus propósitos imperialistas, como indicó el dilema planteado en Angola en 1976.
El movimiento norteamericano contra la guerra en Vietnam rompió las tradiciones de aquellos grandes y exitosos movimientos por reformas sociales en EEUU , que se restringían a asuntos internos y aceptaban acríticamente la política exterior imperialista, las guerras agresivas y las aventuras contrarrevolucionarias del establishment norteamericano.

Y esto no puede reflejarse mas que en las futuras luchas por el progreso social dentro de EEUU y a nivel internacional. Es aún posible que el movimiento antiguerra muestre que fue en un número de aspectos un ensayo para la próxima revolución socialista norteamericana

En cualquier caso, los veteranos del movimiento antiguerra tienen que estar orgullosos de su participación, parte de la cual está escrita en este libro.

Logramos lo que nos propusimos. Nuestras propuestas ganaron a la opinión pública y ejercieron suficiente presión -conjuntamente con lo hecho por los vietnamitas- para traer a las fuerzas de EEUU a casa. Una vez que eso fue hecho los vietnamitas estuvieron en condiciones de hacerse cargo de su propio país.

El movimiento norteamericano contra la guerra de Vietnam infringió una dura derrota a la teoría que dice que por su control sobre el ejército, la policía, la economía y sobre los medios de comunicación modernos y efectivos, la clase dominante podría salirse con la suya en la medida en que haya prosperidad. El movimiento antiguerra comenzó sin nada excepto sus volantes. Pero demostró que la gente puede pensar por sí misma si el problema los toca profundamente, a pesar de la tecnología. En asuntos humanos no hay nada tan poderoso como una idea y un movimiento el cual le ha llegado el momento.



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