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Hacia el enriquecimiento de la teoría del desarrollo desigual y combinado de Trotsky

Estrategia Internacional N° 16

Estrategia Internacional N° 16 - Invierno (austral) de 2000
Luis Vitale

Luis Vitale es un intelectual marxista chileno. Autor de más de 50 libros y folletos. Entre sus publicaciones se encuentran los 6 tomos de "interpretación marxista de la Historia de Chile" y 9 tomos de "Historia General de América Latina". Actualmente dicta cátedra de Historia de América Latina en la Universidad de Chile.

 

Este artículo, redactado en el 60 aniversario de la despedida del León Trotsky tiene por objetivo contribuir al enriquecimiento de su teoría del desarrollo desigual y combinado.

¿Con qué categoría global de análisis hay que investigar nuestra particular evolución histórica? Fue una de las preguntas epistemológicas centrales que nos formulamos en el proceso de elaboración de nuestra Historia General de América Latina. La categoría de desarrollo desigual y combinado nos permitió un primer abordaje, pero en el transcurso de la investigación notamos que era necesario complementarla con las categorías de articulado, específico-diferenciado y multilineal, porque tomadas en su conjunto nos podrían dar cuenta con mayor precisión de una de las tendencias generales más importantes del desarrollo histórico.

El desarrollo desigual no sólo se ha dado en la era capitalista sino también en las sociedades precapitalistas, como puede apreciarse en Indoamérica comparando el estadio cultural de las formaciones sociales inca y azteca con las comunidades cazadoras-recolectoras y agroalfareras de esa misma época. El desarrollo desigual permitió a los españoles y portugueses imponer sus formas de colonización y, ulteriormente, al capitalismo europeo, especialmente inglés, establecer las reglas del mercado internacional a las nacientes repúblicas latinoamericanas. Durante la fase imperialista se ahondó la diferencia entre las naciones altamente industrializadas, exportadoras de capital financiero, y los países coloniales y semicoloniales, que "contribuyeron" con su excedente económico al afianzamiento del capital monopólico metropolitano.

Este desarrollo desigual -ya analizado por Marx y Lenin- adquiere diversas formas combinadas. Por eso, analizando la Rusia zarista, Trotsky insistió en un desarrollo combinado que se expresaba en la interrelación entre las formas más modernas del capitalismo con las relaciones de producción más retrasadas. Esta combinación contradictoria podemos comprobarla actualmente en América Latina, donde siguen existiendo miles de talleres artesanales al lado de fábricas con la más alta tecnología.

El desarrollo desigual y combinado se registra no sólo en la economía, sino también en la formación y evolución de las clases sociales, cuyos segmentos se entremezclan, particularmente en el sector dominante, al compás del desarrollo capitalista y de la disputa por la hegemonía en el bloque de poder. Esta tendencia puede apreciarse en la propia Colonia, donde los terratenientes se hicieron mineros y la burguesía comercial invirtió en tierras y minas. En el plano de las relaciones de producción se combinaron formas esclavistas con serviles y hasta asalariadas embrionarias. Inclusive el esclavismo en América Latina y el Caribe fue distinto al grecoromano, al producirse en el momento de despegue del capitalismo mercantilista y mantenerse en Cuba, Puerto Rico y Brasil hasta fines del siglo XIX, cuando era manifiesta la preponderancia del modo de producción capitalista.

El desarrollo desigual y combinado se refleja, asimismo, en la relación etnia-clase y en el sincretismo de culturas en las que se combinan costumbres y creencias de formaciones sociales anteriores con las que provienen de otras, generalmente de carácter exógeno. Esta determinación es clara en América Latina colonial, pero también puede observarse en la penetración cultural impuesta por Europa occidental y Estados Unidos durante los siglos XIX y XX. En todo caso, el desarrollo desigual es preexistente a cualquier forma combinada.

A nuestro juicio, el desarrollo desigual y combinado adquiriría mayor precisión si se le complementara con las categorías de articulado, específico-diferenciado y multilineal.

Introducimos el concepto de articulado porque establece una clara interrelación recíproca entre las formas denominadas modernas y las atrasadas, eliminando cualquier apreciación de coexistencia estática o de dualismo estructural entre ellas. En la actualidad latinoamericana se articulan variantes de economía de subsistencia indígenas y campesinas con el mercado capitalista, como puede comprobarse en las regiones andina y mesoamericana. Razón tenía Rosa Luxemburgo cuando sostenía que el sector precapitalista es funcional al sistema, remarcando la integración forzada y la subordinación de todas las relaciones de producción al modo preponderante de producción. El concepto de articulado permite, asimismo, apreciar en toda su dimensión la complementariedad condicionada por el régimen de dominación de clases de las diversas relaciones de producción, tanto a nivel nacional como internacional. En síntesis, la mundialización de la economía capitalista y su incidencia en América Latina podría ser mejor comprendida complementando lo combinado con las diversas formas de articulación. Del mismo modo, podríamos entender mejor los fenómenos de transferencia y aculturación que, iniciándose como exógenos, se constituyen rápidamente en elementos activos de las formaciones sociales.

Estos desarrollos desiguales, articulados y combinados tienen, así mismo, un carácter específico-diferenciado. Es fundamental analizar lo que se articula y combina en las formaciones históricas de desarrollo desigual, pero también lo que las diferencia. No existe unidad sin diversidad. Por eso, lo específico-diferenciado se convierte en una categoría clave para investigar la multiplicidad de los procesos en nuestro subcontinente indo-afro-latino.

La singularidad es parte de la generalidad. No puede haber tendencias generales de los procesos históricos sin contemplar la especificidad de las determinaciones singulares. "No es que no haya que distinguir", decían Pelletier y Globot, "lo universal de lo particular (...) Las particularidades -las condiciones, las circunstancias, el medio- no pueden pues reducirse a la ‘lógica universal’ del desarrollo social, ni deducirse de ella, pero tampoco pueden ser separadas de ella, ni serles opuestas, ni simplemente agregársele como su complemento, como un accesorio empírico". De este modo se verá más clara la singular historia de América Latina, abruptamente incorporada al sistema mercantilista mundial desde la colonización hispano-lusitana y, posteriormente, al sistema capitalista. A su vez, entenderemos las heterogeneidades de cada uno de los países de América Latina, considerada por algunos autores como un subcontinente homogéneo.

La categoría de continuidad histórica debe ser manejada teniendo en cuenta la discontinuidad y el desarrollo desigual, articulado, combinado y específico-diferenciado, insistiendo más en la unicidad contradictoria de los procesos concretos que en una continuidad supuestamente lineal.

A la concepción unilinealista o unilineal de la historia hay que oponerle la real multinealidad de los procesos de evolución de las sociedades. Precisamente, el curso diferente que sigue cada una de ellas es lo que determina su especificidad. El desarrollo multilineal de las culturas precolombinas fue cortado drásticamente por la conquista ibérica, pero sigue expresándose en la existencia de pueblos agroalfareros, aunque subordinados a la sociedad global dominante.

Sin embargo, adscribirse acríticamente al concepto de multilinealidad puede conducir a negar las tendencias generales de la historia en función de un "relativismo cultural" abstracto.

Adherirse a un evolucionismo multilineal generalizado en todos los tiempos, incluyendo el contemporáneo, significaría soslayar la interconexión e interdependencia de procesos que, dentro de la diversidad, aceleran la continuidad-discontinuidad histórica. Es necesario, entonces, analizar el desarrollo de las culturas y la pluralidad de sus líneas de evolución, criticando la concepción unilineal de la historia sin caer en otra forma de dogmatismo que conduce, en aras de un muestrario inconexo de evoluciones multilineales, a una forma de ininteligibilidad del proceso de unicidad contradictorio de la historia.

¿Hay desarrollo desigual y combinado bajo el régimen neoliberal?

Los ideólogos del neoliberalismo -que no tienen una teoría para interpretar el funcionamiento de su sistema- han pretendido borrar los pensamientos acumulados en la historia y, en particular, el marxismo. Argumentan que la teoría del desarrollo desigual y combinado ha quedado obsoleta ante el fenómeno de la globalización y que con su imaginaria "aldea global" se ha cerrado el proceso desigual de las naciones.

A nuestro juicio, sucede lo contrario, pues el balance de veinte años de neoliberalismo demuestra palpariamente que el desarrollo de los países del llamado tercer mundo es más desigual que nunca, ya que, hoy existe más desigualdad económica y social entre los países imperialistas y los de Asia y Africa.

Ni que hablar de lo que más conocemos y vivimos: América Latina. Las estadísticas muestran que la tasa de crecimiento es inferior a las de las décadas de 1950-60, con cifras de desempleo mayores que nunca, con niveles de deterioro ambiental más agudos y de salud muy inferiores al pasado.

Bastaría decir que la segunda economía de exportación del mundo es la droga.

Pero en nuestra América no sólo es evidente el desarrollo desigual sino también el combinado. Este desarrollo desigual y combinado puede apreciarse hoy más que nunca en la proliferación de pequeñas empresas funcionales al sistema que coexisten con empresas filiales de las transnacionales, fenómeno que cobra mayor relevancia al aplicar la categoría de específico-diferenciado en cada uno de nuestros países.

Sin embargo, contradictoriamente, se está produciendo un proceso que camina con altos y bajos hacia un nuevo internacionalismo, por el momento por regiones, de los trabajadores y los movimientos sociales, como se observa en las siguientes zonas: Centroamérica, Caribe, Región Andina y Cono Sur. Esta nueva forma de internacionalismo, en el cual no sólo hay obreros sino nuevos movimientos sociales, no es igual a la que concibieron Marx, Lenin y Trotsky, pero va caminando hacia ese objetivo mundial.

Conclusivamente, podemos decir que la Teoría del desarrollo desigual y combinado, íntimamente ligada a la Teoría de la Revolución Permanente es más vigente que nunca en este mundo más conservador que neoliberal. Por eso, podemos decir que su autor no ha muerto porque sólo muere una persona cuando se ha olvidado su pensamiento y su acción.



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