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¡Intensificar la ofensiva![1]

 

 

6 de agosto de 1932

 

 

 

El ataque físico de los stalinistas a los bolcheviques leninistas en la Salle Bullier de París provoca no sólo una profunda indignación sino también un sentimiento de vergüenza por la actual dirección de la Comintern. No fue tarea de los comunistas de base, de los obreros - ¡nunca se rebajarían a tales abominaciones! - sino de una burocracia centralizada que aplica las órdenes que le imparten desde arriba. Su objetivo: crear dentro de las filas comunistas un clima tan enviciado que los argumentos razonables pierdan toda fuerza. Es el único camino que le queda a la burocracia stalinista para salvarse de la crítica de la Oposición de Izquierda. ¡Qué terrible degeneración!

La historia del movimiento revolucionario ruso abunda particularmente en enconadas luchas fraccionales. Durante treinta y cinco años las observé muy de cerca y participé en ellas. No puedo recordar un solo ejemplo en el cual las diferencias de opinión, no sólo entre los marxistas sino entre éstos, los narodnikis[2] y los anarquistas, se arreglaron por la fuerza de los puños. En 1917 Petrogrado hervía en los mitines continuos. Primero como minoría insignificante, luego como partido fuerte, finalmente como abrumadora mayoría, los bolcheviques condujeron una campaña aplastante contra los social-revolucionarios y los mencheviques. No puedo recordar una sola reunión en la que las peleas físicas remplazaran a la lucha política. Durante los últimos dos años estudié muy a fondo la historia de la Revolución de Febrero y la de la de Octubre, y no encontré en la prensa de la época una sola noticia sobre un hecho de este tipo. Lo que las masas proletarias querían era escuchar y comprender lo que los bolcheviques querían era convencerlas. Esta es la única forma posible de educar a un partido y ganar para él a la clase revolucionaria.

En 1923, en el momento culminante de la disputa en el Cáucaso entre los stalinistas y los leninistas, Orjonikije[3] golpeó en la cara a uno de sus adversarios. Lenin, seriamente enfermo y confinado en el Cáucaso, se estremeció literalmente por el informe sobre la conducta de Orjonikije. Para Lenin, el hecho de que Orjonikije encabezara el aparato del partido en el Cáucaso sólo hacía que su culpa fuera mayor. Una cantidad de veces me mandó decir, a través de sus secretarias Glaser y Fotieva, que se debía expulsar a Orjonikije. Veía en la rudeza de Orjonikije los índices y síntomas de toda una escuela y un sistema, la escuela y el sistema de Stalin. El mismo día Lenin le escribió a Stalin su última carta, en la que declaraba que rompía con él toda “relación fraternal”. Desde entonces toda una serie de factores históricos condujeron al triunfo de esta escuela de “rudeza” y “deslealtad”, no sólo en el Partido Comunista de la Unión Soviética sino también en la Comintern. La aberración de Bullier constituye la pura e indiscutible expresión de este fenómeno.

Nueve de cada diez componentes del aparato contemplan con alarma creciente, sino con disgusto total, el sistema stalinista. Pero no pueden desprenderse de sus garras. En cada uno de los eslabones decisivos de la cadena hay Semards e Iaroslavskis, Bessedovskis y Agabekovs. Estos caballeros pasaron ahora de la calumnia y la falsificación al ataque físico organizado. La orden parte de Stalin y se trasmite luego a todas las secciones de la Comintern. ¿Los ayudará esto? No, de ninguna manera. Su necesidad de emplear métodos cada vez más contundentes demuestra la inefectividad de sus ataques anteriores a los bolcheviques leninistas.

En Alemania se están desarrollando acontecimientos tremendos. Los dirigentes de la Comintern guardan silencio; actúan como si tuvieran la boca llena de agua. ¿No exigen los sucesos alemanes la convocatoria inmediata de un congreso mundial de la Comintern? Por supuesto que sí. Pero en un congreso hay que dar respuestas, y los stalinistas no tienen nada que decir. Sus errores, sus zigzags, sus crímenes los superaron totalmente. Callarse, ocultarse, esperar pasivamente lo que ocurra, ésta es la esencia misma de la política de la fracción stalinista.

Pero los bolcheviques leninistas no se quedarán callados ni dejarán que lo hagan los demás. Pese a ser poco numerosos, nuestros camaradas franceses demuestran una magnifica perseverancia para plantearles a los obreros los problemas candentes de la revolución proletaria mundial. Al asaltarlos al estilo de los bandidos, los stalinistas no hacen más que rendir homenaje a su energía revolucionaría.

Tan pronto como los bolcheviques leninistas previnieron en Moscú contra Chiang Kai-shek, la burocracia stalinista los abatió, persiguió y aplastó. Apenas los bolcheviques leninistas de París hacen sonar la alarma contra el fascismo, la camarilla stalinista se dispone a aplastarlos. Estos hechos no quedarán impunes. El partido y la clase aprenden con los grandes acontecimientos.

No hacemos responsables a los comunistas de base por los crímenes de la burocracia stalinista, los bolcheviques leninistas no cambiarán su actitud hacia el Partido Comunista Francés o hacía la Comintern. No tendrá éxito el intento de erigir en todas partes murallas de odio entre nosotros y los millones de comunistas. Es evidente que la justicia está de nuestra parte y que los obreros nos escuchan con más atención.

Cuanto más pierdan la cabeza los stalinistas, más perseverarán los leninistas en su actividad. La burocracia se revuelve y se retuerce ante nuestra critica, ante el golpe de nuestros argumentos. En consecuencia, se hace más evidente nuestra rectitud y efectividad. ¡Intensifiquemos dos, tres, diez veces nuestra ofensiva!



[1] ¡Intensificar la ofensiva!. The Militant, 27 de febrero de 1932. El incidente al que se hace referencia en este artículo ocurrió en París el 28 de julio de 1932, en un mitin público sobre la crisis política alemana convocado por el Partido Comunista Francés. Los oposicionistas de izquierda anunciaron que iban a concurrir y presentar su posición. Cuando llegaron los recibieron con la siguiente advertencia: “Mejor asegúrense de tener a mano yodo y vendas.” Cuando uno de los oradores, Pierre Semard, secretario general del Partido Comunista, dijo unas palabras sobre el frente único, los oposicionistas aplaudieron. Entonces Semard dio la orden: “¡Expúlsenlos!” Unos cincuenta stalinistas los asaltaron, los golpearon en la cabeza u en el estomago, dejando a uno inconsciente y los echaron. Maurice Thorez tomó el micrófono levantó el pie demostrativamente, lo señalo y dijo: “Este es el método para tratar con ellos.” En The Militant del 20 de agosto de 1932 se publicó el informe de lo sucedido.

[2] Los narodnikis (populistas): movimiento organizado por intelectuales rusos que consideraban que el futuro de Rusia estaba en la liberación del campesinado y desarrollaban su actividad en ese medio. En 1879 el movimiento se dividió en dos partidos, uno de ellos dirigido por Plejanov; este se volvió a dividir y el grupo de Plejanov se hizo marxista mientras que el otro constituyó la base del partido social-revolucionario.

[3] G. K. Orjonikije (1886-1937): organizador de la fracción stalinista, estuvo luego a cargo de la industria esada. Aunque siguió un fiel stalinista aun no están claras las circunstancias de su muerte.



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