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Introducción

 

Bárbara Funes

 

Pero algo está claro: si llega una revolución, no será el resultado de la cooperación entre el capital y el trabajo. La experiencia de1905 muestra que ésta es una miserable utopía. Familiarizarse con esas experiencias, estudiarlas, es el deber de cada obrero pensante que esté ansioso por evitar los trágicos errores. Es en este sentido que hemos dicho que los aniversarios revolucionarios no sólo son días para conmemorar, sino días para sacar lecciones de las experiencias revolucionarias.

León Trotsky, Lecciones de un gran año, enero de 1917[1]


 

 

 

En este nuevo aniversario de la Revolución Rusa, las palabras de sus principales dirigentes recobran nueva luz bajo el signo de estos tiempos. Sectores de la clase obrera, dada por muerta hace una década, dan indicios de organización y de lucha. Han iniciado un camino de aprendizaje, sumando en forma creciente a la actividad a franjas de casi todos sus sectores que, con desigualdades, ensayan formas de lucha y organización. Estos primeros combates constituyen la escuela de guerra del proletariado actual. Recrearán las viejas tradiciones de lucha del proletariado y crearán otras nuevas.
 
La Revolución Rusa no cayó del cielo: se preparó, embrionariamente, en cada uno de los combates parciales entre la clase obrera y la burguesía, y en cada organización cuya estrategia fuera la emancipación de la clase obrera internacional. Las revoluciones del porvenir también requieren preparación desde el presente. Por eso hoy, el mejor homenaje que los marxistas revolucionarios desde el CEIP podemos realizar a esta gran gesta histórica del proletariado mundial es contribuir a que las nuevas generaciones de trabajadores, trabajadoras y jóvenes que nacen a la vida política extraigan las conclusiones necesarias de la gran conquista que significó esta revolución obrera triunfante para las batallas actuales y futuras que deben encarar, con miras a dar respuesta a sus problemas más profundos.

Quienes trabajan al servicio del capital intentan hacer creer a los sectores populares que algunos gobiernos latinoamericanos (como el de Venezuela o el de Bolivia) encarnan el socialismo del siglo XXI. Las palabras de León Trotsky, uno de sus dirigentes más importantes, resuena en las alas del tiempo, explicando la verdadera naturaleza de una revolución:

“La revolución significa un cambio del régimen social. Ella transmite el poder de las manos de una clase que está ya agotada a las manos de otra clase en ascenso. La insurrección constituye el momento más crítico y más agudo en la lucha de dos clases por el poder. La sublevación no puede conducir a la victoria real de la revolución y a la erección de un nuevo régimen más que en el caso de que se apoye sobre una clase progresiva que sea capaz de agrupar en torno suyo a la inmensa mayoría del pueblo…”[2]

De acuerdo con esta clara definición, podemos afirmar que los políticos burgueses que llaman a los trabajadores a unirse con la “burguesía nacional” no han realizado ninguna revolución ni son voceros del socialismo, ya que siguen sosteniendo al sistema capitalista, basado en la explotación y la opresión de la mayoría de la población por parte una minoría. Sus promotores, intelectuales y periodistas sirvientes del sistema actual, constituyen una remake senil de los reformistas del siglo XX, como Eduard Bernstein, que intentaron “probar que la evolución del capitalismo no agudiza las diferencias entre el proletariado y el burguesía sino que tiende a suavizarlas, y que, por lo tanto no la revolución sino la cooperación del proletariado con los estratos sensibles de la burguesía es el verdadero camino a la liberación del proletariado”[3]. La historia del capitalismo hasta ahora ha demostrado exactamente lo contrario: la burguesía necesita incrementar la explotación de la clase obrera y mantenerla sometida por diversos mecanismos para conservar su poder y sus privilegios.

En estos días, a 90 años de la Revolución Rusa, ante las tergiversaciones y las falacias que se multiplican sobre ella en todo el mundo, es nuestro deber ayudar a despejar la bruma que puede nublar la vista de los sectores de la clase obrera que empiezan a ponerse en movimiento.

Esta gloriosa gesta del proletariado ruso demostró a los ojos de las masas la materialización de la teoría marxista en la acción de los trabajadores, tomando en sus manos las riendas de su propio destino, creando un estado nuevo que atendiera a las necesidades de la mayoría de la población, y luchando por construir las bases materiales para terminar con las distintas formas de opresión, un estado dirigido por la clase obrera misma. En palabras de Karl Radek “…la Revolución Rusa (…) es el primer paso en el desarrollo del socialismo de una teoría en la acción”. [4]

En este Boletín especial presentamos una serie de textos de difícil acceso, y en algunos casos inéditos. Está organizado en secciones de acuerdo con la temática de los artículos seleccionados.

En la primera de ellas, Teoría y Práctica de la Revolución, publicamos notas que sistematizan algunas de las principales lecciones de esta revolución.

“El desarrollo del socialismo de la teoría a la acción”, de Karl Radek, realiza un recorrido por la historia del marxismo, desde sus orígenes hasta la Revolución Rusa, como expresión concreta de la teoría marxista, donde también analiza el surgimiento del reformismo como una falsificación del marxismo y señala agudamente sus contradicciones.

“Lenin en 1917”, de Víctor Serge, constituye un importante estudio de la obra del gran dirigente revolucionario V. I. Lenin durante el primer año de la revolución. A lo largo del desarrollo de esta nota, queda de manifiesto la evolución del pensamiento de Lenin al calor del proceso revolucionario ruso y su confluencia entre la teoría que sostenía y su práctica militante. 

“¿Qué fue la Revolución Rusa?”, de León Trotsky, es una brillante conferencia que este gran dirigente revolucionario dio ante una auditorio de jóvenes estudiantes socialistas en Copenhague, ya durante uno de sus exilios. En este discurso resume las lecciones más importantes de Revolución Rusa. “Las enseñanzas de la revolución”, de Vladimir I. Lenin, plantea el balance de la revolución desde su inicio en febrero hasta julio de 1917, y señala la necesidad de que las masas obreras y populares rompan con los sectores conciliadores, los mencheviques y los eseristas, y confíen en sus propias fuerzas.

“El derrocamiento del Gobierno Provisional” y “A los Comités del Ejército y a los Soviets de Soldados”, son dos discursos pronunciados por León Trotsky ante el Soviet de Petrogrado, el 25 de octubre de 1917, el mismo día de la toma del poder.

Los profundos cambios en las relaciones sociales se debieron al protagonismo de millones de hombres, mujeres y jóvenes que tomaron el cielo por asalto. Precisamente la intervención activa de las masas en los acontecimientos constituye el elemento más indispensable de la revolución.[5] Pero sólo con su energía revolucionaria no se hubiese podido conquistar el poder. La clase obrera necesita contar con su propia organización que tenga una estrategia revolucionaria. León Trotsky afirmó: … El partido revolucionario es la condensación de lo más selecto de la clase avanzada. Sin un partido capaz de orientarse en las circunstancias, de apreciar la marcha y el ritmo de los acontecimientos y de conquistar a tiempo la confianza de las masas, la victoria de la revolución proletaria es imposible.[6] Fue así que el Partido Bolchevique, en tanto dirección de millones de personas dispuestas a todo por cambiar la sociedad desarrolló numerosos puentes para soldar la alianza entre el proletariado y las masas.
 
En la segunda sección, El Partido Bolchevique y el movimiento de masas, ofrecemos textos que reflejan la política de los militantes revolucionarios rusos hacia distintos sectores antes y después de la toma del poder por el proletariado.

Numerosas nacionalidades fueron sometidas por el imperio zarista. La endeble burguesía rusa no estaba dispuesta a terminar con esa opresión. Fue así que la consigna del derecho a la autodeterminación de las naciones oprimidas, impulsada por el Partido Bolchevique, y levantada por el proletariado ruso, les ganó la confianza de las poblaciones oprimidas. Esta cuestión se pone de manifiesto en forma clara en el “Discurso sobre la cuestión nacional”, una polémica de Lenin con los socialdemócratas polacos y “El derecho de autodeterminación de los pueblos y la revolución proletaria”, de León Trotsky.

La política hacia las mujeres se refleja en “Nuestras tareas”, un artículo de Alexandra Kollontai publicado originalmente en el periódico Rabotnisa[7], donde se convoca a las trabajadoras a unirse al Partido Bolchevique y a luchar contra la guerra y la carestía de la vida junto con las obreras y obreros de todos los países y en “El poder soviético y la posición de la mujer”, de Lenin, donde se da cuenta de las conquistas que dio a las mujeres la Revolución Rusa, mientras que en “Mujeres combatientes en los días de la gran Revolución Rusa”, A. Kollontai realiza un homenaje a quienes participaron de la insurrección, rescatando del olvido a varias revolucionarias bolcheviques que tuvieron roles destacados durante la revolución.

El artículo “La juventud socialista en Petrogrado”, de I. Velez es un interesante relato histórico sobre la organización de los jóvenes para la época. Presentamos también “La posición de la república y las tareas de los jóvenes trabajadores”, un importante artículo de León Trotsky, donde sintetiza la historia de la revolución desde 1917 a 1922 y señala el importante papel que estaban llamados a jugar los jóvenes en la construcción del estado soviético, ya que muchos de los obreros más combativos habían muerto durante la guerra civil.

Otro problema que se aborda es el de la educación, ya que la toma del poder por el proletariado revolucionó la vida de un pueblo mayoritariamente analfabeto, que necesitaba elevar su nivel cultural para asumir su rol en las cuestiones del estado. En el artículo “Con Lenin y Trotsky”, de A. Morizet se realiza una descripción muy interesante de la situación de la educación antes de la Revolución Rusa y luego de la toma del poder, señalando los enormes esfuerzos del Partido Bolchevique por elevar el nivel de cultura de las masas. Por otra parte, en el “Discurso en el II Congreso de toda Rusia de maestros internacionalistas”, V.I.Lenin, convoca a los maestros que apoyan la revolución, a ganar para la causa al sector de docentes que se oponían a ella y a encarar la educación como instrumento de desarrollo del espíritu humano.

La revolución también agitó las aguas en el arte: como testimonio de este hecho ofrecemos un documento del Comisariado Popular para la Enseñanza, donde da los lineamientos sobre la relación entre el arte y el avance de las masas en la revolución, lineamientos básicos que concuerdan y luego serán retomados por Trotsky en su libro Arte y Revolución y se propone el estímulo al estudio del arte para los trabajadores y los campesinos, y el desarrollo de expresiones artísticas como medio de propaganda de la revolución y el cautivante artículo “Las calles son nuestra paleta. Un tributo a Vladimir Mayakovsky”, de Dave Widgery, donde se dan algunos elementos de la biografía de Vladimir Mayakovsky y su estrecha relación con la revolución, dado que fue un militante del partido bolchevique.

En la tercera sección, Internacionalismo proletario, brindamos dos interesantes documentos históricos que dan cuenta de la política de los bolcheviques hacia el proletariado internacional: “Llamamiento a los soldados de los países beligerantes”, de V.Lenin y “Manifiesto a las masas trabajadoras de Francia, Inglaterra, América e Italia”, de Lenin, Tchicherine y Trotsky.

En la cuarta sección, Ecos de la Revolución Rusa en Europa, hemos compilado una serie de textos que dan cuenta de la efervescencia revolucionaria que reinaba en el proletariado europeo: “La Revolución Rusa y la inminencia de la revolución en Europa”, de Dominique Gros da un panorama de la combatividad de la clase obrera alemana, austríaca, húngara, rumana, checoeslovaca e italiana, y de la oleada de huelgas que sacudió a Francia y a Inglaterra; “Los problemas de la revolución mundial”, de Pierre Broué, donde se explican algunos aspectos de la Revolución Alemana; “Un llamado a los trabajadores del mundo”, de Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht, Clara Zetkin y Franz Mehring y “A los trabajadores y soldados de los países aliados”, de Karl Liebknecht dos documentos de gran valor histórico. Para desgracia de la Revolución Rusa y sus protagonistas, ninguno de estos procesos revolucionarios triunfó. Las causas de estas derrotas no son aquí objeto de análisis. Sin embargo, es importante señalar que el aislamiento del proletariado ruso insurrecto fue una de las bases materiales para la posterior deformación del primer estado obrero triunfante de la historia.

Este Boletín electrónico fue realizado por el CEIP “León Trotsky”. Contó con la valiosa colaboración de varias compañeras y compañeros en la edición y traducción de los textos aquí publicados: Pedro Bonanno, Dolores Contreras, Cecilia Gárgano, Ana Julia Gola, Carolina Kementari, Germán Passaro, Julio Rovelli, Analí Trevin, Gabriela Vino y Viviana Yañez. 

Aun cuando no pretende dar cuenta del maravilloso y complejo proceso histórico de la Revolución Rusa en su conjunto, esta publicación tiene como uno de sus principales propósitos difundir y recrear lo mejor de la tradición de lucha de la clase obrera internacional. Si bien no presentamos en esta publicación artículos de polémica, no podemos dejar de señalar una de las principales mentiras que circulan en medios académicos y políticos: la afirmación de que el estalinismo es la continuidad del bolchevismo. Estos textos muestran al bolchevismo en todo su esplendor, contradiciendo política por política a aquellas implementadas años después por la reacción estalinista. Si la continuidad fuera cierta, no le hubiera sido necesario a la burocracia contrarrevolucionaria recurrir a un enorme aparato de terror para asesinar a la vieja guardia bolchevique, los principales dirigentes de la gran gesta de Octubre, en los Juicios de Moscú[8] y, luego, al asesinato del propio León Trotsky. La orientación tomada por el estado soviético bajo el poder de Stalin, tomó un curso opuesto a la política bolchevique. Uno de los puntos más relevantes, se puede observar en el plano internacional[9]. Tanto Lenin como Trotsky consideraron a la Revolución Rusa como el prólogo de la revolución internacional y una necesidad vital para el proletariado ruso para consolidar el estado obrero. Ambos sostenían que no era posible construir el socialismo en un solo país, ya que las condiciones objetivas desarrolladas por el capitalismo crearon un entrelazamiento económico entre las naciones que hacían (y hacen) imposible pensar el desarrollo del socialismo en un país aislado del mundo. Por el contrario, Stalin, para conservar su poder, se convirtió en el gendarme del proletariado internacional, al aliarse con sectores del imperialismo e impulsar la colaboración de los Partidos Comunistas de la Tercera internacional con sus gobiernos nacionales[10]. 

La Oposición de Izquierda[11] primero, y luego la Cuarta Internacional[12], cada una encaró una lucha muy dura contra el régimen stalinista y sus agentes, contra la tergiversación del marxismo, contra la colectivización forzosa, los campos de concentración donde miles de trotskistas y opositores fueron asesinados, contra los terribles juicios de Moscú, y contra la política de conciliación con la burguesía que impulsaba el estalinismo a escala mundial.

Hoy, cuando se mantiene y se profundiza la situación de miseria y opresión de millones de seres humanos bajo el capitalismo, los senderos abiertos por la Revolución Rusa conservan toda su vigencia. Hace 90 años, la clase obrera tomó el poder, y le demostró al mundo que es posible construir una sociedad sin explotadores ni explotados. Para que los trabajadores del presente sigan las huellas de sus hermanos y hermanas proletarios rusos es necesario que conquisten su independencia política. Por eso, para quienes realizamos este boletín electrónico rescatar las lecciones de la Revolución Rusa tiene sentido en tanto sean tomadas como guía para la acción. Son las ricas experiencias que formarán las nuevas camadas de hombres y mujeres revolucionarios que se propongan, al igual que hace 90 años, terminar con este sistema de explotación y opresión.

“…pero un día el verdadero sol vendrá
un sol verdadero duro que despertará al paisaje demasiado blando
y los trabajadores saldrán y verán entonces el sol
el verdadero el duro el rojo sol de la revolución
y se contarán
y se comprenderán
y verán cuántos son
y mirarán la sombra
y reirán
y avanzarán
por última vez el capital querrá impedirles que rían
lo matarán
y lo enterrarán en la tierra bajo el paisaje de miseria
y al paisaje de miseria de lucro de polvo y de carbón lo quemarán
lo arrasarán
y cantando fabricarán otro
un paisaje totalmente nuevo totalmente hermoso
un verdadero paisaje totalmente vivo
harán muchas cosas con el sol
y hasta cambiarán el invierno en primavera.”[13] 


[1] Ensayo publicado en un diario ruso de Nueva York, el 20 de enero de 1917, menos de dos meses antes de la Segunda Revolución Rusa. León Trotsky vivía entonces en Nueva York. “Fue traducido en forma inédita para el libro 1917. Escritos en la Revolución, Ediciones IPS, Buenos Aires, 2007.”

[2] L. Trotsky, ¿Qué fue la Revolución Rusa?, publicado en este boletín.

[3] K. Radek, “El desarrollo del socialismo de ciencia en acción”, publicado en este boletín.

[4] K. Radek, op. cit.

[5] L. Trotsky, op. cit.

[6] L. Trotsky, op. cit.

[7] El periódico que elaboraba y difundía el Partido Bolchevique hacia las mujeres.

[8] Los Juicios de Moscú fueron una herramienta creada por Stalin para deshacerse de todos los opositores a su régimen. Tuvieron lugar en 1936, 1937 y 1938. Entre los acusados se encontraban muchos importantes bolcheviques y colaboradores de Lenin que habían sobrevivido a los años de la guerra civil. Recomendamos la lectura del libro “Los trotskistas en la URSS”, disponible en esta misma página web, en la sección Investigaciones.

[9] El régimen burocrático estalinista no podía dejar de afectar a las capas más sensibles como las mujeres. Mientras que el estado soviético, en los primeros años de la revolución les dio el derecho al aborto y el derecho al divorcio, conquistas que ni siquiera los países más avanzados habían otorgado. Stalin, años más tarde, los revocó. León Trotsky en su obra La Revolución Traicionada afirmó “El motivo más imperioso del culto actual de la familia es, sin duda alguna, la necesidad que tiene la burocracia de una jerarquía estable de las relaciones sociales, y de una juventud disciplinada por cuarenta millones de hogares que sirven de apoyo a la autoridad y el poder”. Recomendamos la lectura del documento “Los derechos de la madre y el niño en la Unión Soviética”, donde se expresa la idolatría que se hace de la familia y del rol maternal de las mujeres. Este documento se puede leer en Andrea D’Atri, Pan y Rosas. Pertenencia de género y antagonismo de clase bajo el capitalismo, Ediciones Las Armas de la Crítica, Buenos Aires, 2004. Recomendamos también la lectura de “Las mujeres en el primer estado obrero de la historia”, capítulo V del libro citado. 

[10] Ver una de las polémicas desarrolladas por Trotsky al respecto en su escrito “Stalin firmó el certificado de defunción de la Tercera Internacional. Carta abierta al proletariado mundial”, publicado el 25 de mayo de 1935 en Escritos de León Trotsky (1929-1940), disponibles en esta página web.

[11] En 1923 se creó la Oposición de Izquierda en el Partido Comunista ruso y en 1930, la Oposición de Izquierda Internacional en la Internacional Comunista. Uno de los puntos que sostenían era la teoría de la revolución permanente contra la teoría del socialismo en un solo país.

[12] La ratificación, en 1933, por parte de la Tercera Internacional de la política seguida en Alemania que impidió la acción unificada del proletariado para derrotar al fascismo, determinó que Trotsky declarara muerta a la Tercera como organización revolucionaria y llamara a formar una nueva internacional. Así, la Oposición de Izquierda internacional realizó la conferencia de fundación de la Cuarta Internacional, que se llevó a cabo en París el 3 de septiembre de 1938.

[13] Fragmento de la poesía “Paisaje cambiante”, incluido en Jacques Prevert, Palabras, Compañía General Fabril Editora, Buenos Aires, 1989 (10º edición).



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