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La acción política: las huelgas de hambre

Los militantes de la Oposición que quedaron en libertad tenían teóricamente los mismos medios de acción que los otros ciudadanos soviéticos: como ellos, participaban aquí o allá en las huelgas o en las manifestaciones de descontento. Y durante este período parecen haber sido el único grupo que distribuyó o difundió clandestinamente panfletos o textos políticos.
Pero el grueso de las filas de la Oposición, los deportados, cuyo número se elevó a alrededor de ocho mil hacia 1933, tenía escasos medios de acción para realizar lo que era su objetivo principal, mejorar las condiciones de detención. Los deportados y los prisioneros conmemoraron siempre mediante manifestaciones las dos fechas, el 1º de mayo y del 7 de noviembre, cantando La Internacional a pesar de la prohibición y enarbolando trapos rojos a modo de banderas. Estas manifestaciones les costaban generalmente muy caras: arresto de deportados, por ejemplo a los de Rubtsovsk en 1930, y sanciones severas en las “cárceles de aislamiento”, aislamiento especial, calabozos, ampliación de condenas. Pero, cuando el régimen se tornó insostenible, sólo quedó el recurso de la desesperación: la huelga de hambre. La primera había estallado a partir de los primeros meses de 1928 en la prisión de Tomsk. La segunda había tenido por escenario la penitenciaría de Tobolsk, donde el régimen era feroz. En 1930, en la “cárcel de aislamiento” atestada -más de cuatrocientos cincuenta prisioneros en ese momento- de Verjneuralsk, el director Biziukov había hecho encadenar desnudos a los prisioneros huelguistas de hambre y los había rociado con agua fría en pleno invierno para obligarlos a ceder.
Fue en Verjneuralsk donde se desarrollaron, a partir de 1930, las huelgas más duras, al menos de las que se conocen. La primera estalló a fines de abril de 1931, donde un detenido, “decista”, Essaian, fue herido de un tiro por un centinela. Se formó un comité de huelga de tres miembros, con Dingelstedt, el “bolchevique militante” Kvachadzé y el “decista” Saiansky87. Los ciento setenta y seis comunistas de todas las tendencias en huelga tenían el apoyo de los anarquistas. Reivindicaban sanciones contra los responsables, el cambio de director, garantías para el futuro, la liberación y la hospitalización del herido, la adecuación del reglamento y la mejora de las condiciones cotidianas de vida.
El séptimo día se les prometió enviar una comisión especial de la GPU, presidida por Andreeva, para negociar, y entonces levantaron la huelga: el 1º de mayo de 1931, los prisioneros envalentonados en bloque por esta primera victoria se movilizaron en la “cárcel de aislamiento” con retratos de Trotsky y banderas con las consignas de la Oposición. Pero la comisión no llegó. La huelga se reinició a principios de julio. Esta vez, la comisión se presentó y cedió muchas reivindicaciones importantes88. Recién más tarde se sabrá que ciertas promesas no fueron cumplidas y especialmente que Essaian no fue liberado, sino sólo transferido. Bajo represalias solapadas, treinta y cinco detenidos fueron enviados a Suzdal bajo un régimen muy duro.
La segunda huelga de hambre se desató en Verjneuralsk en mayo de 1933. En efecto, desde hacía meses, a los condenados cuya pena había finalizado se les “renovaba” automáticamente la sanción administrativamente por la dirección colegiada de la GPU, sin justificación. Los detenidos decidieron entonces advertir a la GPU que retomarían inmediatamente la huelga de hambre si no obtenían la liberación de todos los prisioneros cuyas penas expiraran. El comité de huelga elegido, todavía con Dingelstedt, el “bolchevique militante” Sacha Slitinsky y Jakov Byk, tomó todas las disposiciones para que la huelga comenzara en día fijo, aun en caso de transferencia de detenidos89. Como comenzó la transferencia, la huelga estalló simultáneamente en muchas prisiones. En Verjneuralsk fue quebrada al día número trece. Dingelstedt, Slitinsky y Byk fueron transferidos a la siniestra penitenciaría de Solovki, en las islas Solovietsky, que Ciliga llama “La Guyana ártica”. Allí, los presos políticos -comunistas uzbecos y de Kirguizia, pero también georgianos y caucasianos- estaban mezclados con los presos comunes y eran objeto de las peores vejaciones. Fortalecidos por la experiencia adquirida, los hombres de Verjneuralsk recomenzaron su paciente trabajo, se reagruparon, se reorganizaron. Algunos meses más tarde entablaron el combate por el reagrupamiento de los presos políticos con la obtención de un régimen especial. Obtuvieron, escribe Ciliga, “algunos resultados”90. El rastro de F. N. Dingelstedt, profesor rojo, intelectual judío, luchador heroico, se perdió en 1935 luego de su transferencia en deportación a Alma-Ata.
El armenio Arven A. Davtian -“Tarov”-, que tomó parte en las dos primeras huelgas de hambre de Verjneuralsk, quedó en la “cárcel de aislamiento”. Es por él que se conoce el desarrollo de una tercera huelga de hambre, en la célebre “cárcel de aislamiento”, luego de la visita de la comisión de la GPU que “renovó” en diciembre de
1933 las penas de todos los detenidos. La huelga comienza el 11 de diciembre. Dejemos hablar a este comunista armenio:
“El 20 de diciembre, transportaron en brazos a los huelguistas de una celda a otra. Esto era para investigarlos. Luego comenzaron a alimentarlos por la fuerza. Fue un espectáculo imposible de olvidar: hubo verdaderas batallas entre los huelguistas y los guardias. Naturalmente los primeros fueron golpeados. Extenuados, fuimos alimentados por la garganta con sondas apropiadas. Los tormentos fueron inauditos. Nos introdujeron en la boca grandes trozos de goma, los huelguistas eran arrastrados como perros destrozados a la ‘celda de alimentación’. Nadie capitulaba individualmente. El día quince de la huelga, nuestro comité de huelga decidió ponerle fin al mediodía porque muchos huelguistas intentaban suicidarse. Uno de los colaboradores de la GPU vino hacia nosotros en la ‘cárcel de aislamiento’ y comenzó a amenazar con enviar a los huelguistas a Solovietsky. Nuestros camaradas lo echaron de las celdas. La decisión del comité de huelga fue aprobada por unanimidad por el conjunto de los huelguistas. El representante de la GPU tuvo que prometer verbalmente (se negaba a hacerlo de forma escrita) la liberación de aquellos que habían terminado su condena. Fue así como, el 22 de enero de
1934, terminada mi condena fui transportado a la celda de los ‘liberables’”91.


87 Ciliga A., op. cit., p. 197.
88 Ibídem, pp. 198-200.
89 Ibídem, p. 213. Davtian, que había pasado muchos años en Verjneuralsk y había logrado escaparse de la URSS en 1935, hizo un informe para la Comisión Dewey que confirma el de Ciliga sobre este punto. Bajo la falsa identidad de Manukian, este militante armenio se enroló durante la guerra en el grupo FTP-MOI dirigido por Manuchian e inmortalizado luego por la pelícuña El cartel rojo, fue condenado a muerte y ejecutado con sus camaradas de combate.
90 Ibídem.
91 “Llamado de Tarov al proletariado mundial”, La Verité, 11 de octubre de 1935.



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