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La batalla del VI Congreso

La Oposición de Izquierda y la Internacional Comunista

Bárbara Funes y Alicia Rojo

 

En artículos anteriores desarrollamos la situación de la URSS, y algunos de los principales hechos de la lucha de clases internacional, como la Revolución China, frente a los cuales la Oposición de Izquierda rusa libró sus principales batallas. Entre 1923 y 1926 la Internacional Comunista (IC) sostuvo políticas equivocadas, favoreciendo la derrota de diversos procesos revolucionarios en Alemania, Bulgaria, Estonia, Inglaterra, Polonia y China. Sin sacar conclusiones de esos errores, convocaron el VI Congreso en 1928, en el que se definirá el programa de la organización. Stalin y Bujarin presentaron un proyecto de programa cuyo epicentro era la “teoría del socialismo en un solo país”. Con este programa pegará un salto el camino de la transformación de la IC en un instrumento de la política de la dirección burocratizada del Partido Comunista de la URSS y la justificación de las claudicaciones de los partidos comunistas en la lucha de clases de la década de 1930.

 

 

Contra la tradición revolucionaria expresada en los cuatros primeros congresos de la Internacional, que se reunía una vez al año, el VI Congreso tardaría cuatro años en reunirse. Es que la concepción nacionalista de la burocracia que se consolidaba en la URSS había impuesto a los partidos comunistas del mundo la política decidida en los órganos ejecutivos del Partido Comunista soviético. Esta concepción pretendía ahora tomar forma en el programa que la IC debía votar, a través de la imposición de la “teoría del socialismo en un solo país”, como mostraremos en este artículo.

La dirección de la IC ahora en manos de Bujarin, tras la destitución de Zinoviev, presenta el proyecto de programa al Congreso de la Internacional. Trotsky elaborará su Crítica al proyecto que constituirá uno de los hitos más importantes en la lucha de la Oposición contra el curso que la dirección le imprimía a la IC. En su crítica Trotsky abordará problemas claves: la crítica de la “teoría del socialismo en un solo país”, los problemas de estrategia y táctica en la época imperialista, la situación de la URSS y las perspectivas de la revolución china. Tomaremos aquí los primeros puntos, ya que las discusiones en torno de la revolución china fue tratada en el artículo anterior de esta serie.

La “Crítica al Programa de la Internacional Comunista”

A pesar de que circuló en forma clandestina, a través de oposicionistas que actuaban en el aparato de Moscú, este texto llegó a manos de los traductores, quienes luego lo distribuyeron a los dirigentes de las delegaciones de cada sección, y a los miembros de la comisión de programa del congreso.
Entre quienes recibieron el documento y tomaron partido por él se encontraban James Cannon, y Max Shachtman, miembros del comité central del Partido Comunista norteamericano, Maurice Spector, presidente del PC canadiense y Rodolfo Coutinho, de la sección brasileña, quienes al regresar a sus países continuarían la lucha bajo la bandera del trotskismo.

Trotsky comienza su crítica desde el abordaje metodológico-político para la elaboración de un programa internacional. Resulta clave en primer lugar realizar un balance profundo de la lucha revolucionaria de los años previos, sobre todo, teniendo en cuenta que estos años incluían el desarrollo frustrado de la Revolución alemana de 1923. Sin un balance de su responsabilidad en esta revolución, la IC había caído en caracterizaciones equivocadas, políticas pragmáticas y errores de magnitud, cuya máxima expresión se evidenció en la política frente a la Revolución china (Ver Los “zigzags” de la Internacional Comunista…). “De la manera cómo el programa comprenda y juzgue estos hechos, faltas y divergencias depende también la suerte de la Internacional comunista durante los años próximos”[1], planteaba categóricamente Trotsky en su crítica.

Por otro lado, Trotsky pondrá el eje en lo que constituye el fundamento del internacionalismo comunista: el programa comunista no puede ser la sumatoria de las distintas políticas nacionales, sino que debe partir de analizar la economía y la política internacional, ya que la interdependencia entre los estados hace imposible pensarlos como entes aislados. “El partido revolucionario del proletariado no puede basarse más que en un programa internacional que corresponda al carácter de la época actual, la de máximo desarrollo y hundimiento del capitalismo… Debe tomar directamente como punto de partida el análisis del estado político del mundo, como un todo, con sus relaciones y sus contradicciones, es decir, con la dependencia mutua que opone a sus componentes entre sí.”

¿Programa de la revolución internacional o programa del socialismo en un solo país?

El planteo del internacionalismo se vuelve clave para refutar la “teoría del socialismo en un solo país”. Para Trotsky “la manera como el problema del socialismo en un solo país sea resuelta determina el valor del proyecto entero como documento marxista o revisionista.”

Trotsky parte de admitir la justeza de la siguiente fórmula del proyecto de programa: “La desigualdad en el desarrollo económico y político es una ley absoluta del capitalismo. Esta desigualdad aumenta y se acentúa aún más en la época del imperialismo”. Sin embargo, se trata de una visión unilateral, al no integrar otro proceso propio del capitalismo, la interrelación entre las regiones del planeta: la creación de “vasos comunicantes” iguala “el nivel económico y cultural de los países más avanzados y más atrasados”, pero lo hace con sus métodos “que zapan continuamente su propio trabajo, oponiendo un país y una rama de la producción a otros, favoreciendo el desenvolvimiento de ciertas partes de la economía o paralizando el de otras. Sólo la combinación de esas dos tendencias fundamentales, centrípeta y centrífuga, nivelación y desigualdad, consecuencias ambas de la naturaleza del capitalismo, nos explica el vivo entrelazamiento del proceso histórico.” Trotsky exponía así la ley del desarrollo desigual y combinado. Esta interdependencia entre los diversos países, que se ha desarrollado hasta convertirse en división internacional del trabajo, excluye la posibilidad de establecer el régimen socialista en un solo país que sólo se puede comenzar, pero en ningún caso acabar en los límites de una nación.

Este punto de partida general tenía implicancias profundas en la consideración de la situación y las perspectivas de la Unión Soviética.
Stalin y Bujarin pretendían construir el socialismo en la URSS prescindiendo del mundo exterior, basados en los recursos económicos del país, sobrevalorando el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas de la Unión Soviética. Para los autores del programa, la URSS poseía “las premisas materiales necesarias y suficientes, no sólo para vencer a los propietarios agrarios y a la burguesía, sino también para construir el socialismo integral”. Trotsky responde con la descripción de la dependencia económica del país del comercio internacional y de la industria extranjera que quedó en evidencia ante las cifras de las importaciones y de las exportaciones, que pasaron a ser la piedra de toque de los planes económicos soviéticos.

Las “ventajas” materiales de la URSS derivadas de sus amplios recursos y de la pretendida posibilidad de no depender del mercado mundial son respondidas por Trotsky con un argumento categórico: la construcción del socialismo en uno de los países de capitalismo más avanzado del mundo, como Inglaterra, no podría subsistir aisladamente debido a los múltiples lazos que la unían con el mercado mundial y a la necesidad de abastecerse de materias. “Siendo, indiscutiblemente, un país de capitalismo superior, precisamente por esto no tiene ninguna probabilidad de organizar con éxito el socialismo en el marco de sus fronteras insulares. Inglaterra bloqueada se ahogaría al cabo de algunos meses”. Mucho más utópico resulta pretender construir el socialismo sobre la base de un desarrollo mucho menor de las fuerzas productivas como el de la URSS.

Desde un punto de vista más general, los autores del programa ignoran la contradicción entre las fuerzas productivas y las fronteras nacionales; en el capitalismo las fuerzas productivas no encuentran lugar suficiente en el interior de los estados nacionales, necesitan expandirse, y en su expansión conducen a los estados a enfrentarse entre sí, para obtener nuevos mercados. No es otra la causa profunda de la guerra mundial desatada en 1914.

Ahora bien, la sociedad socialista debe construirse sobre las fuerzas productivas más modernas, sobre la generalización de los elementos superiores de la técnica y llevarlos a su máximo desarrollo, rompiendo el límite impuesto por las fronteras nacionales. “El socialismo no sólo debe apoderarse del capitalismo las fuerzas de producción más desarrolladas, sino que debe llevarlas inmediatamente más lejos, elevarlas, dándoles un desenvolvimiento imposible bajo el capitalismo. ¿Cómo, entonces, se preguntará, reducirá el socialismo las fuerzas productivas para hacerlas entrar en los límites del Estado nacional, de los cuales trataban de salir violentamente ya bajo el régimen burgués?”

La pretensión de construir el socialismo en el marco de las fronteras nacionales implicaría un retroceso histórico, este es el fundamento del carácter utópico y reaccionario de la “teoría del socialismo en un solo país”.

La única vinculación con el mundo exterior a ser considerada por la burocracia era el riesgo de una intervención militar contra la Unión Soviética: la defensa ante un eventual ataque militar imperialista a la URSS se vuelve el eje central de la política exterior y la línea con la que se imbuirá a los partidos de la IC.

“Si nuestras dificultades, nuestros obstáculos, nuestras contradicciones interiores, que son principalmente la refracción de las contradicciones mundiales, pueden resolverse simplemente por ‘las propias fuerzas de nuestra revolución’, fuera de la arena de la revolución internacional, entonces la Internacional es una institución medio auxiliar, medio decorativa, cuyos Congresos pueden convocarse cada cuatro años, cada diez o incluso no convocarse nunca. Si se agrega que el proletariado de los otros países debe proteger nuestra obra contra una intervención militar, la Internacional debe, según ese esquema, desempeñar el papel de un instrumento pacifista. Su papel fundamental, el de instrumento de la revolución mundial, pasa entonces, inevitablemente, al último plano.”

Esta es, finalmente la gran pelea que da Trotsky frente al VI Congreso, la necesidad de recuperar a la IC como instrumento de la revolución mundial, su expansión será la única forma verdadera y eficaz de sostener las conquistas de la Revolución rusa y de defender a la URSS.

Estrategia y táctica en la época imperialista


Para Trotsky: “El capítulo del proyecto consagrado a la estrategia y a la táctica habla de la lucha del partido por conquistar el proletariado en general, de la huelga general y de la insurrección en general, pero no explica el carácter particular y el ritmo de la época actual, y sin comprenderlos teóricamente, sin ‘sentirlos’, en política no se puede concebir una dirección verdaderamente revolucionaria.”
Luego del triunfo del Octubre ruso, se desarrolló una contradicción política en toda la década siguiente entre una situación revolución madura, no sólo por las bases sociales, sino también por la creciente actividad de la clase obrera, y la falta de un partido revolucionario de masas e incluso ante la existencia de éste, la carencia de una dirección decidida. [2]

Es que el carácter revolucionario de la época no consiste en que permite tomar el poder a cada momento, sino en sus oscilaciones, en sus transiciones frecuentes y brutales que la hacen pasar de una situación revolucionaria a la victoria de la contrarrevolución. “Actualmente, toda nueva variación brusca de la situación política hacia la izquierda pone la decisión en manos del partido revolucionario. Si éste deja pasar el momento crítico en que la situación cambia, ésta se transforma en su antinomia. En tales circunstancias, la función de la dirección del partido adquiere una importancia excepcional…cuando las premisas objetivas están maduras, la clave de todo el proceso histórico pasa a manos del factor subjetivo, es decir, del partido”.

Esta es la gran lección de estrategia revolucionaria que la época planteaba para la organización internacional del proletariado mundial, y que la dirección estalinista devaluaba al punto de perder el horizonte de la revolución, preparando el camino para traicionar los procesos revolucionarios de los años venideros.

¿Un nuevo cambio de orientación de la Internacional Comunista?

Si hasta el momento
la IC había tenido una orientación derechista, en el transcurso del Congreso, inicia un cambio de orientación, esta vez, a la “izquierda” y que a los pocos meses resultó ser diametralmente opuesta a la orientación anterior. Mientras que años anteriores, la IC había hablado de “estabilización relativa del capitalismo”, en 1928, predecía el colapso inminente y definitivo del capitalismo, se iniciaba el “Tercer Período” (ver Los “zigzags” de la Internacional Comunista luego de la muerte de Lenin). Por lo tanto, según la nueva apreciación de la Internacional, había que pasar de la lucha por “demandas parciales” a la conquista directa del poder.

Pero lo que queremos adelantar en este artículo es que esta nueva orientación estaba fogoneada por el viraje burocrático a izquierda de Stalin en la URSS, en respuesta a la crisis que provocaron los kulaks (campesinos ricos) al retener las cosechas que en gran parte abastecía a las ciudades, para conseguir mayores ganancias y estímulos para la producción agrícola. Con el correr del año 1928, el desabastecimiento y el aumento del precio del pan en las ciudades, va a poner en evidencia, la fortaleza de este sector del campo -en convivencia con la burguesía de las ciudades, para torcer el rumbo del estado soviético- y el peligro de restauración capitalista que constituía, a los ojos del sectores importantes del movimiento de masas. Particularmente, en el partido bolchevique se desarrollará un importante debate aún en las condiciones represivas que le impuso a su ala izquierda. Desde la deportación y la carcel, la Oposición de Izquierda, luego de años de combates por rectificar el rumbo revolucionario del partido, jugará un importante rol frente a esta nueva señal de alarma en la URSS. De estos temas tratará el próximo artículo.


[1] Trotsky, L., “Stalin, el gran organizador de derrotas. La III Internacional después de Lenin”, El Yunque Editora, Buenos Aires, 1974. Las citas que siguen pertenecen a la misma obra.
[2] Trotsky hace este planteo partiendo del carácter de la época imperialista actual en la que es imposible el desarrollo en bloque de las fuerzas productivas, creando las condiciones objetivas para la revolución socialista.



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