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La formación de la Oposición Conjunta

 

Victoria Bosch

 

Ya en abril de 1926 la dirección del partido se encontrará en manos de la dupla Stalin-Bujarin, quienes además de instituir la teoría del socialismo en un solo país, seguirán la línea política del XII Congreso basada en las concepciones económicas de Bujarin. Por su lado, Zinoviev y Kamenev, viendo los peligros que acechaban al país, se volverán vertiginosamente hacia el programa de la oposición y creyendo en un rápido triunfo, acordarán con Trotsky una lucha conjunta. Trotsky a su vez, teniendo una profunda comprensión de la situación, desplegará en este proceso toda su energía y pasión revolucionaria, entregando su intelecto y todas sus fuerzas; dando pruebas de una fuerza de carácter extraordinaria, para una tarea más compleja aún que la que debió enfrentar en 1917.

 

A medida que avanzaba la implementación de las políticas económicas de Stalin-Bujarin[1], aumentaban los peligros alertados por la oposición desde 1923. Las consecuencias en el campo eran cada vez más palpables: aumentaba el poder del kulak y el proceso de concentración de tierras, crecía temiblemente la diferenciación social. Al mismo tiempo estos sectores en ascenso comenzaban a ejercer una fuerte presión dentro de los soviets, e incluso en el partido, contra las organizaciones de campesinos pobres y de obreros agrícolas. Son los sectores que reclaman la vuelta a un orden más conservador, por el matrimonio legal y contra los derechos de las mujeres concedidos por el Estado obrero.

Por su lado la industria se recuperaba muy lentamente, llegando recién en 1926 a sus niveles anteriores a la guerra, dando como resultado que la URSS retroceda aún más en comparación a la industria de los países centrales. Por otro lado crece la influencia del capital privado, parte en la producción[2] pero centralmente en el comercio y en el mercado del interior. Su influencia adquiere un contenido político puesto que “a través del capital comercial, (…) restablece las conexiones entre el campesinado disperso y fragmentado por un lado, y entre el campo y la ciudad por el otro.”[3]

Alarmados por el giro que tomaba la situación y la actitud de la dirección del partido, Zinoviev y Kamenev, (y con ellos también los obreros de Leningrado que se reunían a su alrededor)[4] rompen con Stalin y se vuelven hacia la figura de Trotsky y el programa de la Oposición de Izquierda. En abril comenzaron los primeros acercamientos, sin embargo estos viejos dirigentes no estimaban en profundidad el retroceso de la situación. Kamenev decía: “No tiene usted más que presentarse en público, en la misma tribuna con Zinoviev, y el partido reconocerá inmediatamente cuál es su verdadero Comité central.”[5] Trotsky respondía una y otra vez, que había que disponerse a la lucha sabiendo que la campaña sería larga y la batalla dura.

En julio la Oposición Conjunta da lectura a una declaración política común en una reunión del Comité Central, que proclamaba el aumento del salario obrero, debido a la situación penosa del proletariado, y llamaba a modificar el régimen de impuestos para que estos recaigan sobre los sectores más ricos del campo y de los nepistas, mientras exigía una planificación lo más científica posible, y una política de industrialización que fortalezca las bases socialistas del Estado. Por otro lado Trotsky discutía sobre la política del Comité Anglo-ruso implementada por la Comintern en Inglaterra[6].

Al quedar en minoría en el CC, la Oposición Conjunta decide lanzar una campaña entre los miembros de base del partido para hacer conocer sus posiciones, “se dirigieron a las pequeñas habitaciones de los obreros, en las que se apiñaban grupos de cincuenta proletarios venidos de sus fábricas. (…) Los más arduos problemas se debatían libremente casi en la intimidad mientras que grupos de estudiantes vigilaban los accesos. Todo esto se parecía a un renacimiento del partido”[7]. Reúnen cerca de 8000 miembros en sus filas, establecen un “centro dirigente” en Moscú, y otros en las grandes ciudades del país. Contra ellos, la dirección del partido organiza brigadas de activistas, matones y provocadores, aparecían en las asambleas y reuniones para romperlas, que abucheaban y ahogaban las voces de los dirigentes de la Oposición. “Antes de que la masa del partido hubiera tenido tiempo a averiguar, comprender o decir algo, se la atemorizaba con la perspectiva de una escisión o de una catástrofe. La oposición no tuvo más remedio que emprender la retirada”[8]. Así el 16 de octubre la Oposición Conjunta se ve obligada a entablar un acuerdo, manteniendo sus posiciones políticas pero sin hacer actividades que puedan llevar a la escisión.

Un alto en la campaña

Tras el acuerdo sobrevino una pausa en la lucha política y así durante los últimos meses de 1926 hasta 1927 Trotsky logró ahondar teóricamente y definir políticamente cuestiones claves. Sin embargo, no dejó de acrecentarse la tensión dentro del partido y la XV Conferencia fue el escenario de una intensa disputa interna. Stalin prepara su informe sobre la Oposición Conjunta acusándola de socialdemócrata y Trotsky contestándole, analiza profundamente la situación, en uno de los discursos más brillantes, sobre una de las situaciones más complejas de la historia del movimiento revolucionario y la clase obrera. Tras plantear el programa de la Oposición, Trotsky desarrolla un debate sobre el carácter de la revolución rusa, y las tendencias que brotaban en su seno: por un lado la industria mostraba cómo la economía estaba creciendo, y donde “el papel jugado por la economía nacionalizada no disminuye a medida que las fuerzas productivas aumentan; por el contrario, este papel cobra cada vez más importancia en la economía total del país”[9]. En esta situación, el monopolio del comercio exterior y el poder estatal en manos de la clase obrera eran el sustento socialista de la economía rusa.

Pero en la agricultura la situación era más compleja, la transición de una economía campesina atomizada a la agricultura socialista necesitaba un proceso largo de desarrollo en la técnica, la economía y la cultura. Pero el campesino como resabio del pasado, sólo podía madurar siguiendo la dirección del proletariado o de la burguesía, por lo tanto, era necesario establecer las bases de la alianza con ellos y los ritmos de transformación del campo, de lo contrario podrían avanzar las tendencias hacia la restauración. La discusión se enmarcaba en cómo definir esa relación. “La experiencia de las dos revoluciones nos ha enseñado que el campesinado, si entra en conflicto con el proletariado y lo derroca del poder, simplemente tiende un puente -a través del bonapartismo- para la burguesía. Un Estado campesino independiente no basado ni en la cultura proletaria ni en la burguesa es imposible”[10].

Por último concluía, contra la teoría del socialismo aislado, “que las contradicciones internas que surgen del atraso de nuestro país deben ser resueltas por la revolución internacional, no es de mi exclusiva propiedad, sino que Lenin defendió las mismas posiciones, sólo que de un modo incomparablemente más agudo y categórico”[11]. Incluso la emergencia de la revolución rusa, no había sido más que el resultado de las dos grandes fuerzas mundiales que chocaron entre sí, esto es de la clase obrera internacional y el capital financiero, “De este choque de fuerzas surgió la Gran Guerra, y de ésta la revolución de Octubre”[12]. Por lo tanto la idea de construir el socialismo aislado iba contra la lógica de la revolución de Octubre y sobre todo contra la esencia misma del marxismo.

La situación en 1927

En 1927 comienza la contienda sobre China, y se generan una serie de debates sobre el carácter de la revolución que veremos en la próxima entrega. Al mismo tiempo la Oposición se prepara para intervenir en el XV Congreso, elaborando una plataforma política (ver Acerca de la Plataforma....) a la que se le negó su debida publicación y difusión. Para difundir esta plataforma se celebraron reuniones secretas de obreros, obreras y estudiantes, “Generalmente, se celebraban en casas de obreros. Imagínense dos habitaciones pequeñas abarrotadas de gente y al orador dirigiendo la palabra desde la puerta por la que las dos habitaciones se comunicaban.”[13]. En todo este proceso la Oposición iba reclutando a una nueva camadas de jóvenes que habían nacido a la vida política en 1917, y que luego serán los portadores de sus principios e ideas en el destierro y en los campos de concentración del estalinismo.

Las demostraciones del 7 de noviembre, por el décimo aniversario de la Revolución Rusa, fueron las últimas manifestaciones de la Oposición Conjunta. En la misma se acordó participar llevando carteles y consignas propias, lo que llevó a graves enfrentamientos. De este modo se alzaron, sobre la muchedumbre confusa y excitada, dos grupos activos: el de la Oposición y el de la burocracia. En Leningrado una oleada de oposicionistas arremetía contra los caballos de la tropa. En Moscú, “Algunos obreros comunistas desfilando con su distrito, intentaron desplegar un cartel al llegar a la Plaza Roja…los activistas vigilaban: el cartel fue destruido no bien apareció y quienes lo llevaban golpeados. El automóvil de Trotsky, detenido en medio de un remolino de gente, recibió dos tiros de revolver”[14]. La contradicción entre la gran pasividad de las masas, junto a la dificultad para hacer conocidas sus ideas en el partido, llevó a la Oposición a un callejón sin salida.


[1] Estas políticas, como veíamos en la última entrega, estaban basadas en un dejar hacer en lo económico, y en la falta de una planificación estatal de largo alcance, perjudicando centralmente, el desarrollo de los sectores claves de la industria.

[2] Entre un 4 y un 10 % del total.

[3] León Trotsky, La Teoría de la Revolución Permanente, Ediciones Ceip LT, Buenos Aires, 2000, p 287

[4] Como vimos en la última entrega, la nueva Oposición Conjunta era también la expresión del descontento de sectores de la clase obrera.

[5] León Trotsky, Mi Vida, Ediciones Antídoto, Buenos Aires 1996, p 415.

[6] Cuando estalla la huelga general en Gran Bretaña en 1926, los sindicatos rusos mantenían un acuerdo de cooperación con el Comité General del Trade Union Council (TUC) inglés, el conocido Comité Anglo-ruso. Cuando la TUC traiciona la huelga, y pese a la protesta de Trotsky, la IC mantiene sus acuerdos, cubriendo el rol de esta dirección e infringiéndole un duro revés al joven PC inglés. Esta política la analizaremos con profundidad en otra entrega cuando veamos la crítica a los giros de la Internacional Comunista.

[7] Víctor Serge, Vida y Muerte de León Trotsky, El Yunque Editora, Buenos Aires 1974, p 155.

[8] León Trotsky, Mi Vida, Ediciones Antídoto, Buenos Aires 1996, p 422.

[9] León Trotsky, La Teoría de la Revolución Permanente, Ediciones Ceip LT, Buenos Aires, 2000, p 261

[10] León Trotsky, op. cit, p 262

[11] León Trotsky, op. cit., p 272.

[12] Ibídem.

[13] León Trotsky, Mi Vida, Ediciones Antídoto, Buenos Aires 1996, p 424.

[14] Víctor Serge, op cit., p 162.

[15] Víctor Serge, op. cit, p 163.

[16] I. Deutscher, El Profeta desarmado, Ediciones Era, México, 1979.

[17] Víctor Serge, Memorias de Mundos Desaparecidos, Siglo XXI, México DF 2002, p 234.

[18] Víctor Serge, op. cit, p 236.

 



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