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La guerra de las Malvinas. En la primera fila del combate contra el imperialismo inglés

PST (Argentina)

”En Brasil reina ahora un régimen semifascista que todo revolucionario no puede ver más que con odio. Supongamos, sin embargo, que mañana Inglaterra entra en un conflicto militar con Brasil... En este caso estaré del lado del Brasil ‘fascista’ contra la ‘democrática’ Gran Bretaña. ¿Por qué? Porque el conflicto entre ellos no será una cuestión de democracia o fascismo. Si Inglaterra saliera victoriosa, pondría otro fascista en Río de Janeiro y colocaría dobles cadenas al Brasil. Si por el contrario Brasil fuera victorioso, daría un poderoso impulso a la conciencia nacional y democrática del país y conduciría al derrocamiento de la dictadura de Vargas. La derrota de Inglaterra daría al mismo tiempo un golpe al imperialismo británico y un impulso al movimiento revolucionario del proletariado británico. Verdaderamente uno tiene que tener la cabeza vacía para reducir los antagonismos mundiales y los conflictos militares a la lucha entre fascismo y democracia. ¡Bajo todas las máscaras uno debe saber cómo distinguir a los explotadores, los esclavistas y saqueadores!” León Trotsky, Entrevista con Mateo Fossa en Escritos, setiembre de 1938.

La cita de El Espectador con la que iniciamos esta nota, aunque quizás la más periodística, está lejos de ser excepcional por lo menos en la gran prensa colombiana. Posiciones semejantes, más o menos abiertas, adoptan conocidas figuras que se reivindican “de los derechos humanos” o incluso de la izquierda. Así, A. Vázquez Carrizosa, dirigente conservador y presidente de la Comisión de Derechos Humanos abogó abiertamente por Inglaterra con el argumento del atropello a las libertades democráticas por parte de la dictadura argentina y de la democracia inglesa que, heredada desde los tiempos de Juan sin Tierra, gobierna en las Malvinas. Por su parte, el conocido novelista y simpatizante de la revolución cubana, Gabriel García Márquez, en un largo artículo dedicado en sus nueve décimas partes a denunciar la falta de solución al bárbaro crimen de los desaparecidos, insiste, en que ese es el problema permanente y que si bien Argentina tiene derecho a las Malvinas se trata de un conflicto ridículo, de una guerra de naftalina. Al mismo tiempo, las atrocidades de la dictadura argentina han tratado de ser utilizadas por la dirección de partidos que se reclaman de la clase obrera, como la del partido socialista francés, para intentar enmascarar su política de agentes incondicionales del imperialismo europeo. Otro tanto sucedió con la socialdemocracia alemana, que junto con Mitterrand aprobó fortísimas sanciones económicas contra Argentina a través de la Comunidad Económica Europea, y con el laborismo británico. En nombre de nuestra corriente mundial y del PST, de su lucha de seis años contra una dictadura sangrienta que lo ilegalizó y cercenó la vida a más de cien de sus militantes, en nombre de la límpida trayectoria antiimperialista y anticapitalista de Ana María Martínez, como órgano público de la LIT(CI) llamamos no solamente a enfrentar a la flota inglesa, a la campaña y amenaza imperialista abierta sino también a todas las posiciones que con el argumento supuestamente izquierdista de denuncia a la dictadura sirven solapadamente al baluarte de la contrarrevolución sangrienta en el mundo, el imperialismo mundial, en este caso en primer lugar el inglés. Parafraseando al periodista de El Espectador podemos decir que si Ana María Martínez viviera, ella, como sus cien camaradas desaparecidos, estaría en la primera fila de la lucha contra el imperialismo inglés, en el campo militar de la dictadura que combatió hasta su muerte.

El gobierno Thatcher quiere impedir que se siente un precedente

Muchos son los comentaristas que, como García Márquez, encuentran ridículo y anacrónico el conflicto entre Argentina e Inglaterra. Evidentemente, no piensa lo mismo el gobierno británico, resuelto a conseguir un escarmiento. Ni tampoco el yanqui. Las diferencias tácticas como la división de tareas dentro de la común defensa del orden imperialista mundial no pueden ocultar la enorme importancia que ambos otorgan a un conflicto que concentra hoy la mayor parte de las preocupaciones y esfuerzos de la política exterior de los Estados Unidos. Tampoco son de ”naftalina” las represalias económicas impuestas a Argentina por el imperialismo europeo, las más fuertes contra país alguno en más de treinta años. Al fundamentar ante el Parlamento inglés su línea inflexible, Margaret Thatcher ha dicho que lo que cuentan no son en sí las Malvinas sino el futuro del estado de derecho internacional... del orden imperialista mundial, agregamos nosotros. Y ella tiene razón. Mucha más razón que tantos comentarios periodísticos superficiales.

Es que como bien decía Trotsky, no estamos ante una cuestión de democracia o dictadura militar. Aceptar que Argentina recupere la soberanía sobre las Malvinas como resultado de la ocupación militar, sentaría un peligrosísimo precedente. Imperio en decadencia, Inglaterra conserva todavía unos pocos enclaves en el mundo, notablemente, además de las Malvinas, Gibraltar y Hong Kong. Un caso especial es el de su colonia más cercana e importante, Irlanda. También aquí estamos ante el caso de un enclave, es decir de la penetración y recolonización de un territorio por la fuerza, lo que le permite imponer una mayoría en la población que responde a los intereses del Imperio. Si en las Malvinas los pobladores argentinos fueron perseguidos y expulsados en 1888 para ser reemplazados por un contingente contratado por el monopolio que domina el archipiélago (hoy apátridas a quienes la propia corona británica no reconoce la nacionalidad) en Irlanda se trató de su división y del trasplante a su parte norte de una poderosa colonia protestante, que hace mayoría en esa zona y, apoyada económica y militarmente par el estado británico, mantiene la división y colonización del pueblo irlandés. Estos enclaves tienen por un lado un valor económico para Inglaterra, por ejemplo, mucho se discute sobre el valor de los pozos petrolíferos de la plataforma continental Argentina, sobre la que se asientan las Malvinas, y también un importante valor militar. Aceptar el triunfo de Argentina impulsaría inmediatamente otros reclamos semejantes, como ya ha comenzado a comentarse en España respecto a Gibraltar. Especialmente peligrosa sería la situación en Irlanda. Si la ”Dama de Hierro” prefirió enfrentar el repudio de todo el pueblo irlandés y de la opinión pública mundial, condenando a muerte a Bobby Sands y sus compañeros en la huelga de hambre antes que reconocer su carácter de luchadores por la independencia de Irlanda, es lógico esperar que su recalcitrante vocación imperialista no esté dispuesta a ceder un tranco en este caso. Reconocer la soberanía de Argentina sobre las Malvinas daría enormes fuerzas a los reclamos del pueblo irlandés por su independencia.

Por otra parte, el desalojar por la fuerza al gobernador inglés de las Malvinas y negarse a aceptar la resolución de la ONU, a pesar de su reconocidísima voluntad proimperialista, la acción del gobierno argentino objetivamente cuestiona la inapelabilidad de las instituciones y el orden jurídico que garantiza la conservación de la explotación y el dominio imperialista del mundo y reivindica la acción directa contra ese orden.

Así, si directamente está en juego el destino de los otros enclaves coloniales aún conservados por el imperialismo inglés, indirectamente la acción argentina cuestiona todo el orden de explotación imperialista, el del régimen semicolonial al que está sometida la casi totalidad de los pueblos latinoamericanos, asiáticos y africanos, el que a través del mercado mundial y de los préstamos domina incluso a los estados obreros, el que conserva decenas de miles de Malvinas incrustadas en todo el mundo semicolonial y dependiente: las fábricas, haciendas, comercios y servicios explotados por los monopolios.

En momentos en que las instituciones de la propia banca imperialista informan sobre la agudización del empobrecimiento, del hambre y el desempleo, del brutal endeudamiento de los países latinoamericanos y semicoloniales en general, el desacatamiento argentino a la resolución de la ONU sienta un precedente peligrosísimo para el imperialismo: hoy se desacatan las resoluciones políticas y las normas jurídicas ¿qué les garantiza que en un futuro próximo no se cuestionen las resoluciones y normas de la banca internacional, desconociendo o declarándose incapacitados para pagar los monstruosos compromisos de la deuda externa? En este sentido, el alineamiento de la mayoría de las burguesías y gobiernos latinoamericanos y del propio Pacto Andino en apoyo a Argentina, y condenando las descaradas medidas de sostén al colonialismo inglés, por parte de la Comunidad Económica Europea, constituyen un hecho también peligroso para la estabi1idad del dominio imperialista en el continente.

En momentos en que, aun después del golpe de Jaruzelsky los trabajadores polacos continúan resistiendo el plan de miseria impuesto por la burocracia al servicio de la banca occidental, mientras las masas centroamericanas enfrentan a las burguesías y gobiernos agentes del imperialismo amenazando con incendiar toda la zona a las puertas de los propios Estados Unidos, una derrota inglesa no sólo estimularía en primer lugar la rebelión del proletariado argentino, irlandés y británico en general sino que elevaría la moral y conciencia antiimperialista de todos los pueblos semicoloniales y especialmente latinoamericanos. Eso es lo que la Thatcher quiere impedir.

 

La dictadura argentina empujada por la crisis y el terror al movimiento obrero

Desde el año 1976, tanto el PST como la corriente mundial que hoy integra la LIT(CI), mientras combatíamos a la dictadura bajo las peores condiciones de represión, hemos denunciado sus atrocidades sistemáticamente ante la clase obrera y la opinión pública de todo el mundo: la imposición de un brutal plan de superexplotación que después de rebajar a la mitad el nivel de vida de las masas las castigó con el flagelo de la desocupación, la tortura, el encarcelamiento y asesinato por miles. Más aún, durante todos estos años en que los partidos comunistas de todo el mundo apoyaron subrepticiamente a la dictadura de Videla, proveedora de trigo para la URSS, y mientras los gobiernos de la Europa “democrática” combinaban alguna que otra declaración de crítica a la violación de los “derechos humanos” con el sistemático apoyo económico y militar a la dictadura, nosotros hemos denunciado y combatido también la entrega del país al saqueo por parte del capital financiero internacional, que tiene su expresión más nítida en la multiplicación, por casi diez veces de la deuda del país con la banca imperialista, alcanzando la monstruosa cifra de 32.000 millones de dólares.

Hoy afirmamos que si, por un lado, el justo enfrentamiento a la descarada política colonialista de Gran Bretaña en las Malvinas no permite olvidar ni por un minuto los crímenes de la dictadura, tampoco modifica su carácter de agente del imperialismo mundial, fundamentalmente del yanqui. En este sentido, la aceptación como mediador del general Haig, representante de Reagan es todo un símbolo.

Bastante se ha escrito durante los últimos días sobre el hecho que, si por un lado ha habido una evidente negativa británica a avanzar algún paso hacia la descolonización de las Malvinas, lo que motivó la interrupción de las conversaciones a comienzos de año, por el otro, la ocupación de las islas es también un claro intento del gobierno militar de reacomodarse ante una gravísima crisis económica y el comienzo de abiertas movilizaciones contra el gobierno en Buenos Aires y otras ciudades.

Pero justamente este hecho, que prueba una vez más el incuestionable terror que el gobierno y la burguesía argentina experimenta ante la posibilidad de que surjan nuevos “cordobazos”, indica también claramente dónde está la base más importante sobre la que se asienta el carácter progresivo de la medida.

Es en la crisis tremenda de la economía imperialista mundial, por un lado, reflejada brutalmente en el país, y al mismo tiempo en la heroica tradición de lucha del proletariado y el pueblo argentino, que aterroriza a la dictadura, donde hay que buscar la explicación para esta progresiva acción antibritánica protagonizada por un gobierno proimperialista hasta los tuétanos.

Al mismo tiempo, justamente por tratarse de una acción emprendida como una maniobra, por un gobierno agente del imperialismo, unido a él por mil lazos, que confía en él y ha creído muy probablemente que el asunto se arreglaría antes que la sangre llegara al río, en familia, toda la operación tiene importantes elementos de aventurerismo. Casi seguramente, la dictadura ha hecho un mal cálculo y, al encontrarse con la intransigencia británica, puede verse arrastrada mucho más allá de don- de quiere ir.

Este carácter aventurero de la ocupación agrava el odio y la desconfianza que la clase obrera y el pueblo argentinos sienten por la dictadura. Es en la política de hambre y represión, que la ha caracterizado desde el golpe del 76 que hay que buscar el principal obstáculo para enfrentar la prepotencia colonialista de Inglaterra. Internacionalmente, sirve para darle argumentos de izquierda a los agentes del imperialismo en el movimiento obrero, especialmente europeo. En cuanto a la situación en Argentina, un importante sector de la vanguardia demostró con su actuación en Plaza de Mayo que sigue impugnando a la dictadura pero sin perder de vista la necesidad de responder en primer lugar a la amenaza del imperialismo británico. Es esta actitud la que explica por un lado la imponente manifestación de cerca de cien mil personas, los vítores y aplausos a toda consigna antibritáni y, al mismo tiempo, la tremenda chiflatina que interrumpió el discurso de Galtieri cuando éste intentó, al pasar, legitimizar su representatividad como gobernante.

Sin embargo, no es igual la situación en vastas capas del proletariado y el pueblo que, a pesar de una larga tradición antiimperialista, desconfía de toda posibilidad de que la dictadura pueda conducir a una salida favorable al país y al movimiento de masas y teme a la aventura, que muy probablemente tendrá que pagar con más hambre e incluso con la vida.


Estamos en el campo militar de la dictadura argentina

Como León Trotsky creemos que bajo todas las máscaras es necesario descubrir a los explotadores, a los responsables principales de la sistemática violación del más importante de los derechos democráticos, el derecho al pan, a una vida digna, a los principales sostenedores de la violencia contrarrevolucionaria en el mundo.

Aunque parezca innecesario es preciso recordar, entonces, que las tradiciones democráticas desde los tiempos de Juan sin Tierra no le impidieron al ”democrático” imperialismo británico construirse en base a la brutal superexplotación de sus obreros, de los hijos y esposas de sus obreros primero, y sobre la explotación y masacre sistemática de decenas de millones de asiáticos, africanos y latinoamericanos después.

En cuanto a la socialdemocracia, a nadie pueden extrañar sus posiciones abiertamente imperialistas. Desde la Primera Guerra Mundial, cuando se pasaron definitivamente al campo de la contrarrevolución imperialista, han utilizado muchas veces el argumento de la defensa de la democracia para enviar a la muerta a decenas de millones de trabajadores, al servicio de la rapacidad de sus respectivas burguesías en la lucha por el reparto del mercado mundial, o directamente al servicio de la contrarrevolución imperialista. Tampoco nos asombra la posición ambigua de la URSS y de la mayoría de los PCs, entre los que constituye una honrosa excepción la del cubano. Si por un lado la URSS está fuertemente atada a la Argentina por el comercio de granos, si no puede dejar de mirar con buenos ojos que el conflicto debilite un poco a Inglaterra y Estados Unidos para ganar algunos puntos en la puja interna al acuerdo contrarrevolucionario que la une a ellos desde Yalta, quiere sobre todo el statu-quo y actúa en primer lugar para defender la estabilización en la zona. Aunque el desarrollo del conflicto ha tenido ya una consecuencia muy positiva, reforzando la conciencia latinoamericanista de los pueblos del continente, la influencia que a pesar de su crisis mantienen los aparatos socialdemócratas y stalinistas sobre la clase obrera, especialmente en Europa, nos obliga a redoblar la campaña de denuncia al imperialismo y sus agentes en las filas del movimiento obrero, llamando a la clase obrera y los pueblos oprimidos de todo el mundo a cerrar filas en torno de la Argentina ante el peligro de guerra que lejos estamos de poder descartar. Sin dejar de denunciar ni por un minuto la política represiva y antiobrera, como la inconsecuencia ante el propio imperialismo británico por parte de la dictadura argentina, centraremos nuestra actividad en la denuncia de la rapacidad colonialista de Inglaterra, que se niega a devolver los últimos enclaves de su imperio, ocupados y arrancados a sangre y fuego a los pueblos del mundo y que, con tal de mantener esos privilegios, amenaza con una guerra en gran escala al pueblo argentino e indirectamente a toda Latinoamérica. Denunciaremos también en este decadente imperio uno de los pilares fundamentales del orden de rapiña mundial encabezados por el imperialismo yanki, de su orden jurídico y sus superganancias alimentadas con la miseria y el sufrimiento de centenares de millones en todo el mundo. Sistemáticamente desnudaremos la hipocresía de un estado que tras la bandera de unas recortadas libertades democráticas a su clase obrera intenta esconder la sistemática represión al pueblo irlandés y el sostenimiento a las más sangrientas dictaduras a escala internacional como lo hizo con la del Sha en Irán, la de Somoza en Nicaragua, la de Turquía, la sangrienta opresión palestina por el estado sionista y las dictaduras del Cono Sur, en Brasil, Chile, Uruguay, Bolivia y la misma Argentina.

Es por eso que no nos dejamos embaucar y bajo las formas de gobiernos y regímenes sabemos buscar el contenido de clase de esos fenómenos. Sin brindar el más mínimo apoyo político ni a la dictadura ni siquiera a esta medida antibritánica, que inevitablemente va a traicionar, en el conflicto militar entre el ”democrático” imperialismo inglés y el ultrarreaccionario gobierno de una nación oprimida, sin vacilar ni por un minuto, combatiremos y llamaremos a la clase obrera y los pueblos oprimidos de todo el mundo a combatir en el campo militar de la dictadura argentina. La derrota de Inglaterra no sólo debilitaría al imperialismo británico ante su propia clase obrera, provocando casi seguramente la caída del gobierno conservador, sino que fortalecería también al conjunto de los pueblos oprimidos por el imperialismo. Especialmente, fortalecería al pueblo irlandés, a los pueblos centroamericanos que hoy enfrentan la amenaza de una intervención del “democrático” imperialismo yanki, y al proletariado argentino. Si el peligro de guerra ya se está sumando a la crisis económica y política en Argentina para acelerar la desestabilización y apertura política, un triunfo sobre Inglaterra a través de la movilización y el combate, elevaría la moral del proletariado, ensancharía los márgenes para su actuación política y sindical, acercaría la posibilidad de liquidar los enclaves monopólicos en el país y podría abrir una nueva etapa de ascenso e incluso una etapa prerrevolucionaria o revolucionaria.


El movimiento obrero no debe abandonar la bandera antiimperialista

La salida al conflicto no está clara. El gobierno y la burguesía buscan ansiosamente un arreglo a través de la negociación. El estallido de la guerra, tanto si provocara una rápida victoria británica como en la eventualidad de un enfrentamiento militar prolongado, con su inevitable secuela de un agravamiento de la situación económica, ya muy crítica, provocaría como consecuencia una agudización de la crisis social y política de la burguesía y una radicalización de las clases obrera y media, que podría acabar con la dictadura y abrir una crisis revolucionaria. También el imperialismo yanki trabaja por un arreglo ”pacífico”. Aunque está claro que su mediación no es neutral sino que sostiene firmemente a Inglaterra, al mismo tiempo trata de agotar todas las posibilidades de convencer al gobierno argentino de que se entregue a través de pequeñísimas concesiones, formales, tratando de evitar el estallido de un conflicto que puede polarizar al conjunto de los pueblos latinoamericanos, incluida gran parte de su burguesía, lo que sin duda repercutiría reforzando a las masas centroamericanas en su propio patio trasero.

La dictadura argentina se encuentra entre la espada y la pared ya que una capitulación total también la debilitaría enormemente, sumando una nueva frustración a un pueblo que ya tiene muchas deudas que cobrarle. En todo caso, la intransigencia del gobierno Thatcher, que necesita frenar en las Malvinas toda reclamación posterior, amenaza con provocar un estallido que podría complicar la situación mucho más allá de lo que desea el propio imperialismo británico.

En cualquier caso, aunque comprendemos y compartimos la desconfianza e indignación del proletariado argentino afirmamos una vez más que esto no debe impedirle levantar una vez más la bandera anticolonialista y antiimperialista. Una derrota sin guerra, aunque debilitaría a la dictadura frente a las masas, debilitaría también al país en su conjunto y especialmente al proletariado frente a la rapacidad inglesa y del imperialismo en su conjunto. El saqueo a través de los préstamos y de las concesiones a las inversiones imperialistas y de los términos del intercambio aumentarían aún más los sufrimientos de las masas. La lucha en cambio, a través de sus inevitables sacrificios, apelando a la solidaridad de los trabajadores de todo el mundo, abrirá la posibilidad de frenar y revertir la ofensiva imperialista sobre el país y a la vez abrirá las mejores condiciones para acabar con la dictadura.


Declaración de la LIT (Cl)

Entre la dictadura militar argentina – justamente odiada y combatida por el pueblo trabajador de ese país – y el baluarte contrarrevolucionario mundial que sigue siendo el imperialismo inglés, se ha producido un choque militar, que amenaza con una batalla sangrienta, en el extremo del Atlántico Sur. Fiel a la tradición leninista trotskista, que apoya al nacionalismo de los países oprimidos, cualquiera sea su régimen y gobierno, la Liga Internacional de los Trabajadores (Cuarta Internacional) proclama que peleará, llegado el caso, en el campo del gobierno argentino. Los militares argentinos tienen todo el derecho a haber ocupado las Malvinas. Inglaterra es el principal responsable histórico, político y militar de la sangre que allí se derramó y de la que puede derramarse. Las Islas fueron tomadas hace 150 años por la fuerza por la flota inglesa y, desde entonces, son un reclamo anticolonialista permanente.

La lucha revolucionaria de las masas obligó a Gran Bretaña a retirarse de sus colonias en los siete mares y cinco continentes, dejando lugar en casi todos ellos, luego de la Segunda Guerra Mundial, a una dominación semicolonial, que pasó a hegemonizar el imperialismo yanqui.

Pero donde pudo quedarse, lo hizo. La cínica renuncia de Lord Carrington reconociendo, ahora, que en las Malvinas su política ”ha fracasado”, desnuda que la diplomacia inglesa se ha basado en conservar sus posesiones. Quitándose el disfraz, esa lacra colonialista de la humanidad reacciona, tras el fracaso, enviando su Flota – la tercera del mundo por su capacidad destructiva – a represaliar a los argentinos. Y los hace con el respaldo de los burócratas sindicales laboristas y de todas las alas de la burguesía, dispuestos a llegar a cualquier extremo no sólo en defensa de los islotes, de su valor estratégico y de sus reservas petroleras, sino principalmente del orden imperialista, del orden contrarrevolucionario mundial, el mismo que a sangre y fuego defienden Estados Unidos en Centroamérica, Mitterrand en Africa y el Kremlin con Jaruzelski en Polonia. No es casual que el imperialismo yanqui, cuyos ejércitos y asesores militares están desparramados por el mundo, imponiendo la ley de los monopolios, condenara en las Naciones Unidas la legítima acción de recuperación emprendida por el gobierno argentino. Ni que actúe como ”mediador” en una acción diplomática cuya finalidad es inequívoca: reestablecer la unidad entre dos de sus aliados sobre el principio sagrado de que a una potencia imperialista no se la puede desalojar.

No es casual que Japón y el Mercado Común Europeo postulen lo mismo, ni que algunas burguesías latinoamericanas, satélites del imperialismo yanqui, apoyen a esa mediación. Y menos lo es que los gobiernos socialdemócratas de los imperialismos alemán y francés, coincidan con los burócratas del laborismo inglés en una misma línea: o guerra de escarmiento o ”mediación” que deje a salvo los principios y los intereses coloniales.

Esta clara batalla antiimperialista se enturbia, sin embargo, por el carácter del gobiemo argentino. No sólo es una dictadura sangrienta, que ha explotado a los trabajadores y al pueblo más que ningún otro gobierno en este siglo, sino que lo ha hecho al servicio directo de los Estados Unidos y, en general, los imperialismos, incluido el inglés. Singapur y Argentina son las semicolonias donde los yanquis han obtenido más beneficios en estos años.

El gobierno de Galtieri ha realizado esta acción anticolonialista no como la culminación de una lucha antiimperialista stno como una acción desesperada, de diversificación, cuando era jaqueado por la crisis y por el comienzo de una oleada creciente de reclamos obreros y populares. Galtieri sorprendió a lord Carrington pero, sobre todo, ha querido sorprender a los trabajadores argentinos, para desviarlos de su justiciera batalla por sacudirse el oprobio dictatorial, entreguista y explotador. Sin abandonar un instante la denuncia de la dictadura, sin brindarle la menor confianza ni respaldo político y sin siquiera apoyar su medida en las Malvinas, pelearemos en su mismo campo militar e impulsaremos la unidad de acción contra la agresión imperialista, la más aberrante y profunda violación a los derechos democráticos de los pueblos. Combatiremos junto a los soldados argentinos llamando a la solidaridad de los trabajadores, los demócratas y los antiimperialistas del mundo, defendiendo el derecho a haber ocupado las Islas, en un acto de fuerza, desalojando a los piratas imperialistas.

Pero al mismo tiempo alertamos sobre la inconsecuencia que seguramente tendrá el gobierno argentino, campeón de la entrega, la sumisión y la represión, tanto en la guerra, si ella estalla, como en la negociación que pueda producirse. Bajo la conducción del gobierno militar, incapaz de suscitar la confianza del mismo pueblo que él masacró, de movilizarlo hasta sus últimas consecuencias, de armarlo y asegurar su libre determinación, no hay garantías: la guerra no sólo agravará las penurias de un pueblo hambreado sino que estará expuesta a una derrota; y la negociación puede concluir en una entrega, parcial o total, en cualquier momento, por exigencia de las potencias imperialistas, Estados Unidos en primer lugar, y de la burguesía argentina, con cuyo concurso se ha sostenido y de cuyos intereses ha sido expresión la dictadura militar, a lo largo de seis años.

Por eso, mientras llanamos a combatir junto a los soldados argentinos contra el colonialismo inglés, también llamamos a la movilización de los trabajadores y el pueblo argentino para que exijan y conquisten las medidas que podrían hacer capitular a la Flota de Su Majestad y a los imperialismos coaligados:

• El restablecimiento de las libertades democráticas argentinas, especialmente el libre funcionamiento de los partidos y los sindicatos, para permitir la más amplia autodeterminación obrera y popular.

• La expropiación de las otras diez Malvinas que existen usurpadas en la Argentina y que son los grandes monopolios extranjeros. Junto con la élite oligárquica nativa usufructúan la riqueza del país. Especialmente hay que expropiar a los monopolios industriales y financieros de los Estados Unidos, los más poderosos, y que son el verdadero poder detrás del trono: el principal sostén de los ingleses y de la propia dictadura militar argentina.

• El llamado a una solidaridad activa de los pueblos y los gobiernos del tercer mundo, de América Latina y de los Estados Obreros, reclamando respaldo político y militar. Una apelación especial a la clase trabajadora del mundo, especialmente a la inglesa y europea, para que se sacudan el yugo de sus burocracias y colaboren con la lucha, saboteando a los colonialistas. La capitulación de la Flota inglesa, su retiro y la soberanía plena de Argentina en las Malvinas, así como el control absoluto de sus riquezas, será un triunfo para los trabajadores y los sectores explocados del mundo.

 

* Publicado en Panorama Internacional, año VI, N° 20, mayo de 1982, revista del Partido Socialista de los Trabajadores (sección argentina de la LIT-CI), material que forma parte del archivo del CEIP León Trotsky



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