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La lucha por el poder

París, 17 de octubre de 1915

Del periódico: Nache Slovo [Nuestra Palabra], París, 17 de octubre de 1915. (L.T.). Incorporado como anexo por Trotsky para la edición de 1922, de su libro 1905. Tomado de la versión publicada en 1905, Resultados y Perspectivas, Tomo II, p. 139, Ediciones Ruedo Ibérico, Francia, 1971.


Tenemos ante nosotros una octavilla que trata las cuestiones de programa y de táctica con el título "La tarea del proletariado ruso. Carta a los camaradas de Rusia" Este documento está firmado por P. Axelrod*, Astrov, A. Martinov, L. Martov y S. Semkovski. El problema de la revolución está planteado (en esta "carta") en términos muy generales, y la claridad y exactitud desaparecen en la medida en que los autores pasan de la descripción de la situación creada por la guerra a las perspectivas políticas y a las conclusiones tácticas finales; la terminología se va haciendo cada vez más confusa y las definiciones sociales devienen ambiguas.

En el exterior de Rusia parecen predominar, a primera vista, dos estados de ánimo: primero, la preocupación por la defensa nacional (desde Romanov hasta Plejanov) y, segundo, un descontento general empezando por la "fronde" oposicional burócrata hasta llegar al comienzo de motines en la calle. Estos dos estados de ánimo predominantes provocan también la ilusión de la libertad futura del pueblo, la cual resultará de la realización de la defensa nacional. Pero ambos estados de ánimo son altamente responsables de que la cuestión referente a la "revolución popular" se formule tan vagamente, incluso cuando se la contrapone a la de "defensa nacional".

La guerra, ni siquiera con sus derrotas, ha resuelto el problema de la revolución ni tampoco ha originado las fuerzas revolucionarias capaces de hacerlo. Para nosotros la historia no empieza, en modo alguno, con la entrega de Varsovia al príncipe bávaro. Tanto las contradicciones revolucionarias como las fuerzas sociales son las mismas que nos encontramos, por primera vez, en 1905 -completadas con los muy significativos cambios que ha introducido la década siguiente-. La guerra ha descubierto simplemente, con gráfica claridad, que el régimen era objetivamente insostenible. Al mismo tiempo ha suscitado, en la conciencia social, una confusión en virtud de la cual parece que "todo el mundo" está contaminado por el deseo de hacer resistencia a Hindenburg y, al mismo tiempo, lleno de odio contra el régimen del 3 de junio1. Pero en la misma medida en que la organización de una "guerra popular" tropieza ya en sus primeros pasos con la policía zarista y se demuestra que la Rusia del 3 de junio es un hecho y la "guerra popular" una ficción, igualmente ya el primer paso “hacia una revolución popular" tropieza enseguida con la policía socialista de Plejanov, al cual, junto con todos sus secuaces, verdaderamente se le podría considerar también como una ficción, si no tuviera detrás de sí a Kerensky, Miliukov, Guchkov* y, en suma, a la nacionaldemocracia no revolucionaria y antirrevolucionaria y al nacional liberalismo.

La "carta" naturalmente, no puede ignorar la división de clases de la nación, a la cual debe salvarse, mediante una revolución, de las consecuencias de la guerra y del régimen actual. "Los nacionalistas y los octubristas2, los progresistas y los kadetes, los industriales y también una parte (!) de la intelligentzia radical gritan como una sola voz la incapacidad de la burocracia para defender al país y exigen, al mismo tiempo, la movilización de las fuerzas sociales para la causa de la defensa...” La carta saca la conclusión, correcta, de que esta posición que supone "unirse con los gobernantes actuales en Rusia, con los burócratas, aristócratas y generales para la causa de la defensa del país", tiene un carácter antirrevolucionario. La carta señala muy correctamente la posición antirrevolucionaria de los "patriotas burgueses de todos los matices"; y -podemos añadir nosotros- de los socialpatriotas a quienes la carta no menciona en absoluto.

De ello tenemos que deducir que la socialdemocracia es no sólo el partido más consecuente de la revolución, sino el único partido revolucionario del país, y que las agrupaciones que aparecen junto a ella no sólo son menos decididas en la aplicación de los métodos revolucionarios sino que representan partidos no revolucionarios. En otras palabras: que la socialdemocracia, en su tarea revolucionaria, está completamente aislada en la arena política a pesar del "descontento general". Esta es la primera conclusión final de la cual hay que tomar conciencia claramente. Los partidos, naturalmente, no llegan a ser clases. Entre la posición de un partido y los intereses de la capa social en la cual se apoya, puede haber desacuerdos que, más tarde, pueden desarrollarse hasta llegar a una contradicción profunda. El comportamiento de los partidos puede cambiar bajo la influencia del estado de ánimo de las masas populares. Sobre esto no hay duda. Tanto más necesario es que dejemos de confiar, para nuestros cálculos, en elementos aún menos estables y dignos de confianza, como lo son las consignas y los pasos tácticos de los partidos, y referirnos en cambio a elementos históricos fidedignos: a la estructura social de una nación, a la correlación de fuerza de las clases, a las tendencias de su desarrollo.

Pero los autores de esta "carta" desatienden por completo estos problemas. ¿Qué significa una "revolución popular" en la Rusia del año 1915? Ellos solamente nos explican que "tiene que" ser hecha por el proletariado y por la democracia. Sabemos qué es el proletariado; ¿pero qué es "la democracia"? ¿Un partido político? Después de lo dicho más arriba, por lo visto no lo es. ¿Luego, son las masas populares? ¿Cuáles? Obviamente se trata de la pequeña burguesía del comercio y de la industria, la intelligentzia y el campesinado; sólo de ellos se puede tratar.

En la serie de artículos La crisis de la guerra y las perspectivas políticas hemos dado un juicio general del posible significado revolucionario de estas fuerzas sociales. Partiendo de las experiencias de la última década en la relación de fuerzas de 1905: ¿en favor de la democracia (burguesa) o contra ella? Esta es la pregunta histórica central para el juicio sobre las perspectivas de la revolución y la táctica del proletariado: ¿Se ha fortalecido la democracia burguesa en Rusia desde 1905 o ha caído aún más bajo. Todas nuestras discusiones han tratado de la cuestión sobre el destino de la democracia burguesa, y quien todavía no sabe la respuesta a esta cuestión, camina a tientas en la oscuridad. Nosotros hemos dado una contestación a esta pregunta: Una revolución burguesa nacional en Rusia es imposible porque no existe aquí ninguna democracia burguesa verdaderamente revolucionaria. Se acabó la época de las revoluciones nacionales -por lo menos en Europa- así como ha terminado la época de las guerras nacionales. Entre las unas y las otras hay una profunda conexión interna. Vivimos la época del imperialismo, que está marcado no sólo por un sistema de conquistas coloniales sino también por un régimen interno determinado. El imperialismo no contrapone la nación burguesa al viejo orden, sino el proletariado a la nación burguesa.

Ya en la revolución de 1905, los artesanos y comerciantes pequeñoburgueses desempeñaron un papel insignificante. La importancia social de esta clase ha bajado, sin duda, aún más durante los últimos diez años: el capitalismo en Rusia ajusta las cuentas mucho más radical y ferozmente a las clases medias que en los países de vieja tradición económica.

La intelligentzia, sin duda, ha crecido numéricamente. También ha crecido su papel económico. Pero al mismo tiempo ha desaparecido por completo su "independencia" ya antes aparente: la importancia social de la intelligentzia está enteramente determinada por el papel que juega en la organización de la economía capitalista y de la opinión pública burguesa. Su unión material con el capitalismo la ha impregnado de arriba abajo de tendencias imperialistas. Como ya hemos visto, la "carta" dice: "Incluso una parte de la intelligentzia radical... exige la movilización de las fuerzas sociales para la causa de la defensa." Esto es completamente falso. No es sólo una parte, sino toda la intelligentzia radical. Habría que decir: no sólo toda la radical sino una parte -si no la mayoría- de la intelligentzia socialista. Difícilmente incrementaremos los cuadros de la "democracia" mediante una representación embellecedora del carácter de la intelligentzia.

La burguesía industrial y comercial ha bajado aún más, la intelligentzia ha abandonado sus posiciones revolucionarias. La democracia urbana no puede ser considerada como un factor revolucionario. Queda solamente el campesinado. Pero que nosotros sepamos, ni Axelrod ni Martov han cifrado nunca enormes esperanzas en su papel revolucionario. ¿Han llegado a la conclusión que la ininterrumpida diferenciación de clases entre los campesinos ha aumentado este papel en el transcurso de los últimos diez años? Semejante razonamiento iría en contra de todas las conclusiones teóricas y toda la experiencia histórica.

¿Pero de qué "democracia" habla la "carta"? ¿Y en qué sentido habla de una "revolución popular"?

La consigna de una Asamblea Constituyente supone una situación revolucionaria. ¿Se da esta situación? Sí; pero no está en lo más mínimo expresada en el supuesto nacimiento, finalmente acaecido, de la democracia burguesa en Rusia, que se supone que está dispuesta y es capaz de arreglar cuentas con el zarismo. Por el contrario: si de esta guerra se deduce algo claramente, ello es precisamente la falta de una democracia revolucionaria en el país.

El intento de la Rusia del 3 de junio de solucionar los problemas revolucionarios internos por la vía del imperialismo, ha conducido obviamente a un fracaso. Esto no quiere decir que los partidos responsables o semirresponsables del 3 de junio se decidan ahora por el camino de la revolución. Pero quiere decir que el problema revolucionario, sacado a la luz del día por la catástrofe militar que empujará aún más a los gobernantes por la vía del imperialismo, duplica ahora la importancia de la única clase revolucionaria del país.

El bloque del 3 de junio está quebrantado por disensiones y conflictos internos. Esto no quiere decir que los octubristas y los kadetes se interesen por el problema revolucionario del poder, ni que se preparen a asaltar las posiciones de la burocracia ni de la aristocracia unida. Pero quiere decir que la capacidad de resistencia del régimen frente a la presión revolucionaria está indudablemente debilitada por un cierto tiempo.

La monarquía y la burocracia están comprometidas. Esto no significa que abandonen el poder sin lucha. Con la disolución de la Duma3 y el último cambio de ministros, han demostrado que falta todavía mucho para llegar a esto. Pero la política de inestabilidad burocrática, que se acentuará todavía más, tiene que facilitar extraordinariamente a la socialdemocracia la movilización del proletariado.

Las capas bajas del pueblo en las ciudades y en el campo están cada vez más agotadas, desengañadas, descontentas y furiosas. Esto no significa que, aparte del proletariado, operará una fuerza independiente de democracia revolucionaria. Para ello faltan la materia social y las personas dirigentes. Pero significa sin duda que el ambiente del descontento profundo en las capas bajas del pueblo tiene que facilitar la presión revolucionaria de la clase obrera. Cuanto menos espere el proletariado a la aparición de la democracia burguesa, cuanto menos se adapte a la pasividad y a la estrechez de la pequeña burguesía y del campesinado, cuanto más decidida e intransigente sea su lucha y cuanto más obvia sea su disposición a llegar hasta el "final", es decir hasta la conquista del poder, tanto mayores serán sus posibilidades de arrastrar también, en el momento decisivo, a las masas no proletarias. Naturalmente, no se consigue nada únicamente con consignas como la confiscación de la tierra, etc. Esto es aún más válido para el ejército, con el cual se mantiene en pie, o se derrumba, la autoridad pública. A la masa de soldados sólo se la podrá llevar al lado de la clase revolucionaria si se la convence de que ésta no sólo se queja y se manifiesta sino que lucha por el poder y tiene posibilidades de tomarlo.

Hay en el país un problema objetivo revolucionario que ha sido puesto en claro por la guerra y por las derrotas: es el problema de la autoridad pública. Los gobernantes se encuentran en un estado de desorganización creciente. El descontento de las masas urbanas y campesinas va en aumento. Pero el único elemento que puede sacar provecho de esta situación es el proletariado -hoy en una medida incomparablemente más grande que en el año 1905-.

La "carta", de alguna forma se aproxima con una frase a este punto central del asunto. Dice que los obreros socialdemócratas de Rusia tienen que colocarse "a la cabeza de esta lucha popular por el derrocamiento de la monarquía del 3 de junio". Acabamos de decir lo que puede ser llamado lucha "popular". Pero si "a la cabeza" no ha de entenderse simplemente en el sentido de que los obreros progresistas deban derramar más generosamente su sangre sin darse cuenta claramente de lo que resultará de ello, sino que ha de entenderse en el sentido de que los obreros se encargarán de dirigir políticamente toda la lucha, siendo ésta sobre todo una lucha del proletariado mismo, entonces está claro que la victoria de esta lucha tiene que entregar el poder a aquél que la haya dirigido, es decir al proletariado socialdemócrata.

Por lo tanto, no se trata simplemente de un "gobierno revolucionario provisional" (una forma exterior vacía que necesita recibir, del proceso histórico, su correspondiente e ignorado contenido) sino de un "gobierno revolucionario" la conquista del poder por el proletariado ruso.

La Asamblea constituyente rusa, la república, la jornada laboral de ocho horas, la confiscación de las tierras de los propietarios rurales, todas éstas son consignas que, junto con las consignas del fin inmediato de la guerra, la autonomía de las naciones y los Estados unidos de Europa, desempeñan un gran papel en el trabajo de agitación de la socialdemocracia. Pero la revolución es por de pronto y sobre todo una cuestión de poder, no de la forma de Estado (Asamblea constituyente, república, Estados unidos) sino del contenido social del poder. La consigna de la Asamblea constituyente o la confiscación de las tierras de propietarios rurales pierden, en las condiciones actuales, todo significado revolucionario directo sin la disposición directa del proletariado a luchar por la conquista del poder; puesto que si no es el proletariado el que arrebata el poder a la monarquía, nadie lo hará.

La rapidez del proceso revolucionario es un problema especial. Depende de una serie de factores militares, políticos, nacionales e internacionales. Estos factores pueden frenar o acelerar el desarrollo, pueden asegurar la victoria revolucionaria o llevar a una nueva derrota. Pero en cualesquiera condiciones, el proletariado tiene que ver claramente su camino y recorrerlo conscientemente. Sobre todo tiene que estar horro de ilusiones. Y la peor ilusión del proletariado ha sido siempre, durante toda su historia, la esperanza en otros.


[1] El 3 de junio de 1907 (16 de junio según el calendario gregoriano), Stolipin, tras haber violado la inmunidad parlamentaria deteniendo los 55 diputados socialdemócratas promulgó la disolución de la Duma y una ley electoral para la elección de la tercera Duma contraria a la Constitución (concedida por el zar en octubre de 1905). El régimen que de ello resultó es conocido con el nombre de "régimen del 3 de junio".

[2] La Unión del 17 de octubre, cuyos miembros eran conocidos con el nombre de octubristas era una organización de la gran burguesía.

[3] La cuarta Duma, elegida en 1912, fue disuelta el 3 de septiembre de 1915. La mayoría liberal se dispersó gritando: ¡Viva el zar!



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