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La polémica Bujarin, Trotsky y Preobrajensky

El siguiente texto es parte de la reflexión abierta en el curso “Transición al socialismo, burocracia y restauración. De la revolución rusa a las disyuntivas actuales en Cuba”, realizado en el "IPS Karl Marx". Este material analiza la controversia sobre el desarrollo de la Unión Soviética en sus primeros años, como parte central de los debates que se desplegaron alrededor del desarrollo económico en las sociedades de transición.

Dice Trotsky: “La historia de las últimas décadas atestigua, con una fuerza particular, que, en las condiciones de la decadencia del capitalismo, los países atrasados no pueden alcanzar el nivel de las viejas metrópolis del capital. Colocados en un callejón sin salida, los civilizadores cierran el camino a los que se civilizan. Rusia entró en el camino de la revolución proletaria, no porque su economía fuera la mas madura para la transformación socialista, sino porque esta economía ya no podía desarrollarse sobre bases capitalistas. La socialización de los medios de producción había llegado a ser la primera condición necesaria para sacar al país de la barbarie: tal es la ley del desarrollo combinado de los países atrasados. Llegado a la revolución como “el eslabón mas débil de la cadena capitalista” (Lenin), el antiguo imperio de los zares tienen aun hoy, 19 años después, que “alcanzar y sobrepasar” –lo que quiere decir, alcanzar antes que cualquier otra cosa- a Europa y América; en otras palabras, tiene que resolver los problemas de la producción y de la técnica que el capitalismo avanzado ha resuelto desde hace largo tiempo”[1].
Una vez tomado a el poder y habiendo avanzado en las tareas democráticas, de liquidación de la monarquía y de la opresión de los campesinos, junto al reparto y nacionalización de la tierra, las que solo pudieron lograrse a través de la dictadura del proletariado; los bolcheviques avanzaron hacia las primeras tareas socialistas. Es así que en la URSS, con un enorme atraso en las fuerzas productivas y en su cultura, es la primera nación que logra conquistar el poder y subvertir las relaciones de propiedad capitalista. De este modo, esta situación dejó enormes contradicciones para el desarrollo económico de la URSS, y para su dirección política.
El principal problema según Trotsky, estaba ligado al desarrollo de las fuerzas productivas y la relación entre el campo y la ciudad, el segundo al avance del nivel cultural y la organización del proletariado y el tercero a la relación del país con el mercado capitalista mundial y la situación política internacional[2].
Estos problemas sin embargo, no pudieron ser tomados desde un principio progresivamente, la URSS debió enfrentar cuestiones de urgencia como la guerra civil, dejando las cuestiones económicas centrales para mas adelante.
Ya desde el siglo XIX que los marxistas venían discutiendo sobre las posibilidades del desarrollo socialista en Rusia, los elementos más contradictorios de una economía agraria en el avance de la economía capitalista mundial, había provocado un intenso debate de ideas y perspectivas, entre los revolucionarios. Una vez en el poder los bolchevique tuvieron que llevar adelante medidas económicas defensivas que en otra circunstancias no hubieran sido establecidas de la misma manera. Así frente a la presión de la guerra civil tuvieron que organizar la nacionalización total de la economía, aunque no estaban las condiciones dadas para que el Estado obrero pudiera disponer de la organización completa de la economía, estas medidas se sucedieron en desarmonía total con el desarrollo económico.

Fue así que una vez que lograron establecerse y vencer a los ejércitos imperialistas en la guerra civil, tocaba el momento de resolver las cuestiones económicas que clamaban urgencia, de allí surgió la NEP, y las nuevas consideraciones sobre el desarrollo de la economía. Tras la muerte de Lenin, surgieron al interior del partido bolchevique dos tendencias que intentaban responder a viejos y nuevos problemas que adquiría el desarrollo de la URSS. Veamos los antecedentes de las discusiones sobre las perspectivas económicas de la revolución en Rusia, sobre su dinámica interna y luego las distintas respuestas que se establecieron para resolver las grandes contradicciones que dejaba el desarrollo complejo de la revolución en Rusia.

Antecedentes
El atraso de la sociedad rusa y el desarrollo desigual de las tendencias capitalistas, como dirá Lenin: “el imperialismo capitalista más moderno está entretejido, por así decir, con una espesa trama de relaciones precapitalistas”[3], habían provocado desde la época de Marx, intensos debates sobre las perspectivas del desarrollo de la revolución obrera en este país.
El gran peso del campesinado, como resabio del pasado, dentro de las relaciones sociales de Rusia, era el elemento, en el proceso de la revolución obrera, que más dudas y debates suscitaba. La forma en que se fueron desarrollando estos elementos y la relación que se estableció entre la ciudad y el campo, son los que determinaron los grandes problemas que debió enfrentar la revolución obrera en el suelo de un país atrasado como Rusia. Veamos en forma resumida los distintos procesos del desarrollo del campo en Rusia y las discusiones que engendró entre los revolucionarios, para comprender mejor las contradicciones traspasadas a la revolución.

Tras la emancipación de los siervos en 1860, en el campo se desarrolla el Mir, es decir, una comunidad agrícola que mantenía la posesión colectiva de la tierra. Esta particularidad, había obligado a pensar al propio Marx en discusión con los marxistas rusos[4], si a partir de esta forma de organización campesina junto al desarrollo de la revolución en Europa, no podía permitirle a Rusia saltar la etapa de acumulación capitalista y sobre esas bases avanzar en una perspectiva socialista. Como dijeran Marx y Engels en el prólogo a una nueva edición rusa del Manifiesto Comunista: “La cuestión es ahora esta: ¿Puede la comuna rusa –esta forma colectiva primitiva de tener la tierra ya, en verdad, muy deteriorada- acceder directamente a la forma comunista superior de manejar la tierra? ¿O tiene por el contrario que sufrir el mismo proceso de decadencia que ha determinado la evolución histórica en el Oeste?

“La única respuesta posible a esta pregunta en el momento actual es la que sigue: si la revolución rusa sirve de señal a una revolución obrera en el oeste, de modo que se complementen ambas mutuamente, entonces la forma de posesión de la tierra de la Rusia contemporánea puede ser el punto de partido de un desarrollo comunista”[5].
Ya a inicios del siglo XX, con la penetración del capital imperialista y el desarrollo de sectores de la industria, los marxistas comenzaron a discutir cual sería la forma que adquiriría el desarrollo burgués en el campo. Lenin estipulaba dos variantes de desarrollo: por un lado el capitalismo a gran escala de los terratenientes que empleaban jornaleros y por el otro el desarrollo del capitalismo de la mano del campesino individual. Al primero le daba la denominación de sistema prusiano y al segundo de americano. En este contexto se desarrollan las primeras discusiones sobre la perspectiva de la revolución rusa, el rol del proletariado y la dinámica permanente en la misma, fue entonces a principios de 1905 que estalla en toda su profundidad, la revolución.

Tomando este proceso como experiencia política, la autocracia ve la necesidad de abortar toda probabilidad de una alianza revolucionaria entre el campesinado y la clase obrera. De este modo busca desarrollar sobre bases capitalistas un importante sector del campo, y transformarlo en una base social de apoyo al gobierno. En 1906 Stolipin produce un principio de reforma agraria limitada, la cual está basada en la confiscación de un tercio de la tierra a las comunidades (mir) para dárselas a algunos campesinos, intentando formar una base de campesinos ricos. Como dice Lenin busca “romper las viejas relaciones agrarias en beneficio de un puñado de acaudalados propietarios a costa de la rápida ruina de la masa”[6]. Esta reforma originó el crecimiento de una mayoría de campesinos pobres (80% de la población) sin tierra o con parcelas insuficientes, que debían salir a trabajar para sobrevivir, mientras se mantenía viejas formas de arrendamiento de la nobleza, como el pago en trabajo etc. También impulsó un sector de campesinos medios con una economía autosuficiente, y la “burguesía campesina” o Kulak, que podía contratar jornaleros. Esta reforma dejaba sin solución el problema central en el campo, el de la baja productividad: “El cálculo falló. No había más solución aceptable para el problema agrario ruso (…) que elevar a productividad, lastimosamente baja, de la agricultura rusa. Esto no podía lograrse sin la introducción de maquinaria y técnicas modernas, cosa que, a su vez no era posible sobre la base de posesiones campesinas individuales”[7].
Frente a esta situación, el programa agrario marxista planteado por los bolcheviques, establecía la formación de granjas modelo, que se hagan cargo de la producción en tierras colectivas, y la introducción de maquinaria en grandes extensiones, lo que permitiría que el desarrollo económico del campo y la producción colectiva, con una alta productividad del trabajo, sea la base para el desarrollo de las relaciones socialistas en el campo[8].
Cuando estalla la revolución en febrero de 1917, Lenin opinaba que la revolución podía dar impulso a dos procesos en el campo. Por un lado la tendencia a la reforma agraria, con la ocupación y el reparto de las tierras de los terratenientes, y finalizado esto y en segundo lugar, la lucha de clases en el campo entre los sectores mas empobrecidos y los kulaks o elementos burgueses del agro. Para el primer proceso impulsaba la toma de tierras sin esperar a los dictámenes del gobierno conciliador surgido en febrero, para la segunda impulsaba los soviets de campesinos pobres y obreros agrícolas, aliados del proletariado, en lucha contra los elementos burgueses, vale decir los kulaks. Sin embargo las guerras campesinas durante todo 1917, impulsaron la ocupación de las tierras de los señores feudales, promovidas por el conjunto de los campesinos, sin avanzar en su distinción y lucha interna, dirigida por sus elementos más radicales y empobrecidos, cercanos al movimiento obrero.

La toma del poder por el proletariado en octubre, fue apoyada por un extenso movimiento, o levantamiento campesino. En 1918 el decreto agrario de los bolcheviques, que establecía la nacionalización y el reparto de la tierra y que era el programa levantado por los Socialistas Revolucionarios (no el programa de los marxistas), se ajustaba a esta situación, a la forma que había adquirido la lucha de clases en el campo durante la Revolución de octubre.

Lenin levanta el programa del reparto de la tierra, y declara que en realidad “el autoengaño de los eseristas o el engaño del campesinado a través de ellos” consistía en la teoría de que este programa podía llevarse adelante sin derrocar el régimen capitalista”[9].

Fue así que adopta como programa para ganar el apoyo de los campesinos, el “decreto modelo”, publicado en Agosto y que reunía 242 demandas sometidas por los delegados al primer Congreso de Campesinos. La sustancia de las propuestas eran: la expropiación de las fincas de terratenientes, la entrega de la propiedad territorial al pueblo, la prohibición de la mano de obra asalariada, la de comprar y vender tierra, y la distribución de la tierra en base a la igualdad.

A este proceso inicial Trotsky lo llamaba la revolución democrática, es decir, establecer las tareas democráticas o burguesas, en el proceso de instauración de la dictadura del proletariado en un país atrasado como Rusia.

Resultado de la revolución de octubre en el campo
La revolución de octubre, había logrado la nacionalización de la tierra, y el reparto de la misma entre todos los campesinos. Esto generó nuevos problemas, ya que la generalización del reparto, y la producción en pequeña escala, en su mayoría para consumo de subsistencia, redujo la producción agrícola total. Como dice Carr: “La revolución paso una esponja sobre el pasado reciente, confisco las grandes propiedades de los terratenientes y de la iglesia y redistribuyo las tierras con base en una igualdad proclamada, (…) La importancia del campesino en la economía rural creció en gran manera. (…): los cultivos volvían a una base de simple subsistencia y no existían incentivos adecuados para el desarrollo de una producción con destino al mercado”[10]. O como dice Trotsky: “El fraccionamiento de la agricultura, heredado del pasado, crecía con la Revolución de Octubre; el número de parcelas subió en los diez últimos años de 16 a 25 millones, lo que naturalmente aumentaba la tendencia de los campesinos a no satisfacer más que sus propias necesidades. Esta era una de las causas de la penuria de productos agrícolas”[11].
La Nep, venía a resolver esta situación, creando incentivos para aumentar la producción agrícola, y con sus excedentes, el Estado pudiera avanzar en la producción industrial. El reparto de la tierra había concluido la revolución democrática y le había otorgado grandes beneficios al campesinado. Pero los bolcheviques sólo podían avanzar en la consolidación de las tendencias socialistas, basando el crecimiento de la industria en el aumento de la presión impositiva y económica sobre el agro, dando una gran inestabilidad a la relación entre el campo y la ciudad, en el estado obrero recién nacido. Como dice Trotsky: “Los campesinos distinguían claramente entre la revolución agraria democrática realizada por los bolcheviques y la política de los mismos, tendiente a dar una base al socialismo. (…)De manera que el balance de las dos revoluciones, la democrática y la socialista, sólidamente unidas por el nudo de Octubre, se saldaba para los cultivadores con una pérdida anual de varias centenas de millones de rublos; y la unión de las dos clases permanecía problemática”[12].
De este modo en la relación inestable entre el campo y la ciudad, existían según Trotsky dos peligros o tendencias: por un lado si la industria se desarrollaba en demasía y el impuesto al agro era sofocante, se llegaría a una crisis de sobreproducción y a la resistencia del campo. Por otro lado si la producción se retrasa en relación a las necesidades del campo y el mercado, podía provocar una escasez de mercancías, y la posibilidad de que esta falta fuera resuelta a través de la industria privada, o el tráfico e importación ilegal de mercancías.
La segunda hipótesis fue la confirmada por la realidad, y dio lugar a las crisis de las tijeras de 1923. Al mismo tiempo, el atraso de la industria fue un freno al surgimiento de la agricultura socializada, como planeaba Lenin, que solo podía desarrollarse en base a la tecnificación e industrialización del campo. Frente a esta situación se alzaron dos programas y dos orientaciones económicas divergentes. Desde el polo dirigente Bujarin-Stalin, Bujarin intentó darle un marco teórico y económico a las tendencias que surgían en la economía, y de este modo elaboró los lineamientos centrales de la situación hasta la crisis de 1928. Desde la Oposición de Izquierda, fue Preobrajensky, antiguo compañero de Bujarin en la elaboración del ABC del Comunismo, quien planteó los elementos centrales de la teoría económica en la etapa de transición. Por último Trotsky, acordando con Preobayensky en sus ejes centrales y sin ser economista, elaboró elementos muy importantes para completar una teoría acabada, sobre el desarrollo de la economía en esta situación.

Los lineamientos económicos de Bujarin
La NEP y la introducción del mercado tenían como objetivo central recomponer las relaciones económicas entre el campo y la ciudad. La industria necesitaba “métodos de cálculo monetario elaborados por el capitalismo. El plan no podía descansar sobre los simples datos de la inteligencia. El juego de la oferta y de la demanda siguió siendo, y lo será por largo tiempo, la base material indispensable y el correctivo salvador”[13].

El mercado permitió reorganizar el sistema monetario, desde 1923 “gracias al primer impulso venido del campo, la industria se reanimó y dio pruebas enseguida de una intensa actividad. Basta indicar que la producción se dobló en 1922 y 1923 y alcanzó, en 1926, el nivel anterior a la guerra, lo que significa que se había quintuplicado desde 1921.Las cosechas aumentaron paralelamente, pero mucho más modestamente”[14].

El desarrollo del campo, la utilización de su excedente, la exportación de granos y la posibilidad de importar tanto maquinarias como productos elaborados, daba una sensación de alivio frente a la situación caótica que se había vivido. Pero la NEP permitiendo la recuperación económica, sin embargo, aumentaba las contradicciones al interior de la economía soviética, y aunque dejaba atrás las crisis por desabastecimiento, habría grandes desigualdades en el campo y fomentaba el crecimiento de la propiedad privada.
En amplios sectores del partido y en su dirección se interpretaba que las fuerzas económicas avanzaban con la NEP paulatinamente en el camino correcto. Bujarin como teórico de este sector, comenzaba a levantar concepciones, que conteniendo gran cantidad de amalgamas entre elementos marxistas y no marxistas, intentaba mostrar a esta situación transitoria y llena de contradicciones, como un lento proceso hacia el desarrollo de las fuerzas socialistas. De esta manera impactado por los resultados, consideraba a la NEP, no como un retroceso táctico, debido a la situación adversa tanto de la derrota de la revolución en Europa como del retroceso interno por la guerra civil y por el atraso ruso, sino que lo consideraba como un paso necesario y progresivo.
Como explica E.Carr: “¿Era la Nep la retirada forzosa de unas posiciones que se tomaron equivocadamente por ser imposibles de retener, pero que algún día volverían a ser ocupadas? ¿O era la retirada de unas posiciones erróneas de por sí, y al propio tiempo un reagrupamiento de fuerzas para avanzar por un camino diferente y más prometedor? ¿Era la NEP una retirada provisional del socialismo al capitalismo? ¿O era un nuevo avance hacia el socialismo? (…) Si se aceptaba la primera entonces debía terminarse con la NEP si la segunda era correcta debía ampliarse y desarrollar la NEP mediante concesiones al campesinado”[15].

Primacía del mercado
Bujarin partía de la definición básica establecida por los bolcheviques, que la clase obrera se ubicaba como clase dirigente del estado proletario, y era la que debía establecer la alianza con el campesinado. De esta relación surgía la dinámica del desarrollo entre las fuerzas productivas de la industria y del agro. Para esta situación Bujarin planteaba que el desarrollo de la industria debía basarse en el crecimiento de la economía agraria, que la industria era una función del desarrollo del campo, es decir, cuanto más aumentara la producción agraria mas se beneficiaría la industria estatal “La industria sólo puede representar un papel económico preponderante si se apoya en el mercado campesino. El proceso de acumulación de la industria socialista no puede continuarse sostenidamente sin la acumulación de la economía campesina. Dependen una de la otra. El problema fundamental de nuestro sistema económico es precisamente el de una más rápida fecundación recíproca entre esos dos elementos decisivos de nuestra economía. (…) El problema del bloque obrero-campesino coincide en consecuencia con el problema de la alianza económica entre la industria estatal socialista y las innumerables explotaciones campesinas”[16].
Esta era la base de la alianza obrero/campesina, pero para Bujarin, esta relación se estaba haciendo efectiva a través de la circulación de mercancías, es decir, con el desarrollo del mercado. La industria necesitaba del desarrollo de un mercado interno amplio, donde depositar sus productos y a partir de allí, ampliar la acumulación de ganancia o acumulación socialista. Con el crecimiento de la producción agrícola y de su excedente, aumentaría el poder de compra de los campesinos, esto provocaría el incremento de la venta de productos industriales, dando un fuerte impulso a este sector.
Bujarin de este modo, cimentaba su visión del desarrollo económico en el avance de la circulación, “Se ve así que el Comité Central parte del cambio (moneda, precios, comercio) para llegar a la producción, mientras que la oposición (¡esta palabra suena muy marxista!) parte de la producción (plan racional) para llegar a los cambios”[17]. De este modo no ve las tendencias contradictorias que estaban surgiendo alrededor de la NEP, y concretamente del desarrollo del mercado y el crecimiento de los sectores privados de la economía, si no que considera al mercado como un regulador e impulsor de las fuerzas productivas tanto en el campo como en la industria estatal.

Crisis de 1923 y situación de la industria estatal
Bujarin describía la crisis de las tijeras de 1923 como una crisis de sobre producción, es decir, que estaba basada en el bajo poder adquisitivo de las masas campesinas que no podían adquirir los productos industriales al precio que se establecía en el mercado. Por eso se debía aumentar la capacidad de consumo de los sectores del agro y disminuir el precio de los productos industriales: “Hemos visto cómo la industria había encontrado un mercado interno débil, sobre todo el mercado campesino. (…) Era preciso por consiguiente analizar “en primer lugar” la relación existente entre los precios reales y las exigencias concretas del desarrollo industrial. Durante la discusión sobre la naturaleza de la crisis, algunos camaradas criticaron violentamente la tesis de la “crisis de sobreproducción” (…) La sobre producción sólo se comprende en función del poder adquisitivo de la demanda y en relación al nivel de los precios”[18].
Se preguntaba porque una crisis de sobre producción de mercancías no había provocado, como era común en las crisis capitalistas, un descenso de los precios, sobre todo los precios industriales, cuáles eran las características de la industria estatal que impedían este descenso: . Como es posible que “en esas condiciones de venta no haya provocado espontáneamente una baja de los precios?” (Pág. 324) y sigue: “La respuesta es muy simple: la causa de esta situación se encuentra en el monopolio absoluto de la industria, la cual gozaba hasta ese momento de un crédito estatal garantizado, y por eso no estaba suficientemente interesada en bajar los precios para la conquista del mercado”[19].
Para Bujarin el monopolio de la producción industrial, se había convertido en un freno para el avance de la competitividad de la industria, de este modo, planteaba:
“Debemos comprender que nuestras fábricas y haciendas “públicas” deben ser preservadas del burocratismo (…)”[20]. “La tesis perfectamente adecuada del Comité Central, consistente en obligar a la industria estatal a salir de su inercia y a buscar mercados, ha tenido indudable éxito. Han desaparecido las pretensiones monopolistas, que veían el valor del socialismo no en sus esfuerzos para reforzar la alianza con los campesinos, sino en sus prerrogativas administrativas que permiten alcanzar cualquier objetivo, y en caso de dificultades comerciales, recurrir a la caja estatal para obtener créditos a cambio de los servicios prestados a la patria socialista”[21].

Es así que para Bujarin las causas de la crisis de las tijeras de 1923, y del alto precio de los productos industriales, no estaba en el poco desarrollo de las fuerzas productivas y en la necesidad de establecer planes que aumenten la inversión en este sector, sino todo lo contrario, sus causas permanecían en el excesivo control y centralización del estado, en el establecimiento de precios altos que buscaban conseguir una ganancia excesiva en la venta de los productos de la industria, en el gasto excesivo de la caja estatal para planes demasiados presuntuosos de la producción industrial. Esta situación para Bujarin había provocado “la fijación de precios en condiciones de monopolio, de la sobre ganancia del monopolio,” y por lo tanto se debía “renunciar –total o parcialmente- a la sobre ganancia con el fin de acelerar la circulación de mercancías, de ampliar el mercado y por lo tanto realizar una política de expansión industrial”[22].
Para bajar estos precios bastaba con disminuir la ganancia que se establecía por cada producto, y esta medida junto al aumento de poder de compra de los campesinos, permitiría aumentar la venta total de la producción. De este modo al aumentar la producción y la venta, aunque se baja la ganancia por unidad, estas medidas iban a lograr aumentar la ganancia total de la producción industrial. “Acaso ignora el camarada Preobrajensky que se puede aumentar los beneficios bajando el nivel de precios pero aumentando la cantidad de los productos vendidos (es decir, ampliando el mercado)? Y ¿cómo puede pretender que no se puede acelerar la velocidad de circulación (siendo ésta constante), pues el volumen de la producción mercantil permanece invariable?”[23].
Y entonces en vez de la propuesta de Preobrajensky de basar la acumulación industrial centralmente en el excedente extraído al agro y en la venta de sus productos al exterior, propone: “Nuestra producción debe tomar la dirección siguiente: aceleración de los cambios, ampliación del mercado, consiguiente expansión de la producción y, por lo tanto, posibilidad de bajar los precios, de ampliar los mercados, etc. Esta política es indispensable pues nos es preciso realizar a toda costa la alianza con los campesinos. Es realizable porque tiene la ventaja de poder liberarse de la relativa planificación de nuestra economía estatal”[24].
Es así que plantea sin un análisis serio, de modo casi desligado del desarrollo histórico y económico de Rusia, que la posibilidad de bajar de precios estaba asegurada y solo el burocratismo y centralismo impedían hacerlo: “ya que nuestra industria socialista es superior a la industria capitalista (pudiendo cada uno concertarse), debemos utilizar ese estado de cosas para bajar constantemente los precios de los productos y obtener así la dominación sobre el industrial y el comerciante privados, etc.”[25].

Reforma monetaria
Tanto Bujarin como la dirección del partido, coordinan la reforma de la moneda y su estabilización. Para realizar esta tarea proponen instaurar un control férreo, una reducción del presupuesto estatal y un plan financiero riguroso. Esto iba contra las propuestas de la Oposición, que planteaban la necesidad de ampliar la inversión estatal en la industria, y se oponían al carácter autónomo de la política financiera, es decir, por fuera de la realización de una planificación general de la economía, planificación que centrara la inversión en la industria.
“La reforma monetaria suponía “un plan financiero riguroso”, una disminución de todas las previsiones, una reducción de los gastos al mínimo, etc. Una ola de protestas se levantó contra esas medidas, como si se tratara de una política financiera arbitraria. Pero el carácter “arbitrario” de esas medidas era una premisa necesaria para la realización efectiva de la reforma monetaria”[26].
Ligado a esta orientación, consideraba que los planteamientos de la oposición sobre la necesidad de una planificación económica se resolvían con la implementación de un control sobre el presupuesto y la moneda. La devaluación para Bujarin hacía imposible el cálculo de costos, de beneficios, elaborar previsiones y programas de producción. La reforma de la moneda comenzaba a resolver estos problemas: “En la esfera de la circulación se ha creado un puente entre la ciudad y el campo. Por primera vez se ha hecho posible la actividad normal del crédito en todas sus formas; las transacciones bancarias han recomenzado, tales como el empleo de los depósitos privados aportados por los campesinos. El presupuesto estatal está en vías de reequilibrio”[27].

Nuevamente ponía el acento en que el desarrollo de un mercado regulado, la estabilización financiera y la extensión del intercambio podrían resolver los problemas más profundos de la economía.
Por eso opinaba que sólo se podía elaborar un plan económico a través de la regulación financiera y del ajuste de las cuentas estatales. “No podíamos considerar un plan real (estas dos palabras tienen un sentido relativo) antes de haber equilibrado el presupuesto (y no podíamos lograr esto antes de haber procedido a la reforma monetaria). A pesar de nuestros esfuerzos de “coordinación” entre los diferentes programas, todos los que habríamos podido aplicar estaban destinados al fracaso. A causa del caos monetario”[28].

Relación entre el proletariado y el campesinado
Para Bujarin los países agrarios tenían un tipo de desarrollo especial hacia el socialismo, donde el campesinado podía gradualmente incorporarse a las tendencias socialistas “Preobrajensky no comprende el carácter específico del desarrollo de los países rurales sobre los cuales razona. Vamos hacia la producción socialista, pero no eliminando las explotaciones campesinas por las explotaciones soviéticas, sino atrayendo al campesinado a la cooperación, que es nuestra aliada y que depende económicamente del Estado y de sus instituciones”[29]. Discutiendo contra Preobrajensky, Bujarin se opone a que las perspectivas para el campesinado sean su “absorción” o eliminación en la economía soviética y su sustitución por una agricultura colectiva, que para él tiene un lugar residual en la economía, sino que la clave es la transformación del campesinado a través de las cooperativas y con el apoyo del estado obrero, de sus instituciones hacia una perspectiva socialista.
En este proceso de “transformación” del campesinado bajo la influencia de la dirección proletaria del estado, iba a existir un proceso de diferenciación interna. “La naturaleza de esas relaciones mutuas debe definirse de la manera siguiente. La pequeña producción se escinde en tres fracciones. Una queda en estado de pequeña producción durante un largo periodo; la segunda se organiza en cooperativas por vía capitalista; la tercera evitando este último proceso, se asocia sobre la base de un género nuevo de cooperación que constituye un tipo particular de transición de la pequeña producción al socialismo, sin intermedio del capitalismo y sin absorción de la pequeña producción por la economía de Estado”[30].
Este último sector o perspectiva era sobre la que los revolucionarios y la clase obrera dirigente, debía basarse e impulsar a que se desarrolle. Esto le permitiría incorporar y transformar a su imagen al campesinado. “La clase obrera dirige toda la sociedad, pero con la intención de elevar a los campesinos hasta su propio nivel, transformándolos. De ninguna manera los campesinos están condenados a su condición “campesina”. Por el contrario si progresamos, cada vez estarán más ligados a la vida común cooperativa y abandonarán su pequeño jardín individualista”[31].
A diferencia de lo que pensaba o proclamaba Bujarin, las cooperativas se habían convertido con el desarrollo de la Nep, no en una forma de organización transitoria de los campesinos hacia el fin de las relaciones de clase, sino en el ámbito de organización de los sectores mas acomodados del campo, emergentes de una nueva situación resultado de la NEP, y que utilizaban estos ámbitos para imponer sus prerrogativas.
Como cuenta E. Carr “Al margen de lo que la doctrina del partido pudiera prescribir, ninguna regla podía evitar el hecho concreto de que la mayoría de los miembros de las cooperativas agrícolas eran campesinos acomodados. El objetivo primero de las cooperativas agrícolas era el de organizar el trabajo en común y el mercadeo de los productos agrícolas, y eran los campesinos acomodados quienes producían para el mercado. Estas facilidades eran inútiles para el campesino pobre ocupado en laboreos a pequeña escala para atender a su propia subsistencia”[32].

Muchos vieron en las discusiones de Bujarin una vuelta al debate planteado por Marx, sobre el rol que cumpliría las comunidades agrícolas en el desarrollo de la revolución proletaria. Como dice uno de los biógrafos de Bujarin, A. Lowy: “El descifrado del manuscrito de Marx en 1913 tuvo una consecuencia remota. En 1923, diez años más tarde, pues, Bujarin recogió muchas de aquellas ideas de Marx”[33]. Sin embargo las posiciones de Bujarin no eran la expresión de una recuperación de viejos debates planteados por Marx, sino que eran la expresión de una nueva situación surgida en la URSS. Tras el giro dado por la NEP, y considerando esta un paso progresivo hacia el socialismo, confundió o intento camuflar cada tendencia capitalista que emergía en la economía soviética, como un proceso más genuino que llevaba a avanzar al proletariado hacia la perspectiva socialista.

Los lineamientos de Preobayensky
Desde 1923 Preobrajensky, como miembro de la Oposición de Izquierda y economista destacado, había luchado contra la línea de la dirección y contra la política de Bujarin, y había alertado sobre los peligros que estaban surgiendo al interior de la economía soviética. Fue como parte de este profundo debate que en agosto de 1924 Preobrajensky lee en la Academia Comunista una disertación sobre La ley fundamental de la acumulación socialista, que constituyó como dice Carr: “un hito en la historia de la teoría de la economía soviética”[34].
Para elaborar este concepto Preobrajensky tomaba el concepto de acumulación capitalista primitiva, donde Marx mostraba que la burguesía debió atravesar un período de acumulación forzada, para que el capital se concentrara en un pequeño número de manos, y esto sólo logro realizarlo a través de la violencia y la explotación, logrando separar a los trabajadores de los medios de producción y a través del pillaje y expoliación de las colonias. Ahora era el Estado obrero, impuesto en un país atrasado, el que debía atravesar un proceso de acumulación originaria, “‘para que el complejo de la economía estatal pueda desarrollar todas sus ventajas económicas y hacerse con una nueva base técnica’ el socialismo debe pasar por una etapa preliminar de ‘acumulación primitiva’: esta acumulación significaba ‘la acumulación en manos del Estado de recursos materiales… que vengan de fuentes ajenas al complejo de la economía estatal’ o, en otras palabras, ‘la expropiación de los excedentes del campo para desarrollar la producción socialista’”[35]. Este concepto fue expresado por primera vez en el partido en 1923, en su XII Congreso, pero fue Preobrajensky quien elaboró acabadamente este fenómeno como una ley del desarrollo de la transición del capitalismo al socialismo.

Preobrajensky escribió en1926 su célebre obra “La nueva Economía” contra la línea política de Bujarin y donde desarrolla teóricamente sus principales postulados. En este libro mostró como la NEP, luego de haber incorporado el capital privado en pequeña escala a la economía rusa, dejo como resultado, que en un organismo único, esto es la economía rusa, actuaban dos tendencias, dos leyes, por un lado la ley del valor y la ganancia de estos sectores, y por otro la planificación estatal, y la intervención del gobierno en la economía.

De esta situación surgía la ley de acumulación socialista originaria, la cual significaba en sus líneas concretas, reproducir progresivamente las relaciones socialistas dentro de Rusia, en una escala cada vez más amplia, con la utilización de los medios de producción, los hombres y las materias primas a favor de la economía centralizada y la industria, ganando terreno sobre el sector privado, y utilizando el crecimiento de la pequeña propiedad y avance de las fuerzas productivas en el campo, para tomar esos recursos en el avance de la industrialización.

Para lograr la acumulación en la industria, Preobrajensky planteaba que ésta debía tomar los excedentes del agro, y hacer una especie de explotación de estos sectores para lograr conseguir las bases para el desarrollo de la industria. Así decía: “En el periodo de la acumulación socialista primitiva el Estado no puede pasarse sin la explotación de la producción en pequeña escala, sin la expropiación de una parte de los excedentes del campo y del trabajo artesano.

La idea de que la economía socialista puede desenvolverse por sí misma sin tocar los recursos de la economía pequeño burguesa, e incluso de la campesina, es sin duda una utopía reaccionaria, pequeño burguesa”[36].

En su libro planteaba que si en la guerra civil, los campesinos habían seguido a los obreros en la lucha contra la burguesía, terratenientes, y funcionarios, ahora este conflicto se trasladaba a la economía. Pero, explicaba Preobrajensky, “La Revolución de Octubre posee su lógica en ese frente de lucha”[37], y esta lógica estaba determinada por la situación de la pequeña propiedad, es decir, los campesinos o permitían el desarrollo de una nueva acumulación capitalista, o se asimilaban y ayudaban a la acumulación socialista. Para esto último era necesario una planificación en larga escala, anticipando la economía del futuro, el crecimiento en cada año de la economía estatal, progresando sobre el sector privado y reabsorbiéndolo. Sólo si se implementaba una férrea planificación, como el arma central de la clase obrera en el poder, si se hacía en 1926 ya los planes de crecimiento de 1930, podía afianzarse el desarrollo de la industria sobre bases socialistas. “en nuestra economía, en que la previsión ocupa un lugar tan ancho y en rápido crecimiento, en que las faltas de la política económica son tan dolorosamente soportadas por todo el organismo económico y desvían tanto el movimiento hacia delante, la ciencia económica, la previsión teórica, el análisis correcto del sistema de economía deben tener entre nosotros una importancia excepcional. Y a la inversa, las faltas en el campo de la teoría económica se hacen para nosotros práctica, económica y políticamente peligrosas”[38].

Para Preobrajensky esta ley era privativa y expresaba un período en la etapa de transición y consolidación de la clase obrera en el poder. Es así que formula en primer lugar una distinción teórica entre la “acumulación socialista”, realizada gracias a los recursos propios del sector socialista (la sobreproducción de los trabajadores empeñados en este sector) y la “acumulación primitiva socialista”, realizada gracias a la apropiación por el sector socialista de una gran parte de la sobreproducción privada. La acumulación originaria surgía por el atraso de la economía y la industria rusa, la planificación no se construía parada en la técnica más avanzada del capitalismo internacional, sino que debía utilizar las formas presocialistas, para lograr alcanzar el proceso y la técnica de los países más desarrollados.

A diferencia de la burguesía que en su surgimiento asentó su poder económico para luego tomar el poder político, el proletariado tomaba el poder, nacionalizaba la gran industria, instauraba el monopolio del comercio exterior y nacionalizaba la banca, es decir, trastocaba las relaciones de propiedad antes de que se desarrollaran las fuerzas productivas en toda su extensión, adopta la forma futura del socialismo en el atraso de la industria rusa. Inclusive el capitalismo en su formación, formaba de antemano el material humano para organizar su producción, al contrario, en el Estado obrero, el nuevo sistema debe apoyarse en los viejos “trabajadores del Estado” (léase burocracia) para organizar su economía. Así este período se volvía el más peligroso para la supervivencia del Estado obrero, ya que aún no podía mostrar en toda su extensión las ventajas del socialismo y ya había perdido las ventajas del capitalismo. Pero de conjunto: “En el período de acumulación socialista originaria, la economía estatal, aunque no ha reedificado su propia técnica, está ya en condiciones de aprovechar las ventajas de un complejo organizado único, inaccesibles al capitalismo, que gasta muchas fuerzas en pura pérdida a consecuencia del carácter anárquico de su estructura”[39]. Es decir utilizando las palancas dadas por la toma del poder estatal y el cambio de las relaciones de producción, inhibiendo el surgimiento de la gran propiedad, podrían a través de la planificación, desarrollar la industria, reabsorber la pequeña propiedad en la economía planificada, e incorporar la masa de campesinos a la explotación socialista o colectiva del campo.

La posición de Trotsky

Trotsky acordaba en general con el desarrollo de las ideas y el método utilizado por Preobrajensky, planteando que “El análisis de nuestra economía desde el punto de vista de la interacción (tanto en sus conflictos como en sus armonías) entre la ley del valor y la ley de la acumulación socialista es en principio un enfoque extremadamente provechoso, más precisamente, el único correcto”[40].

Sin embargo su pensamiento no era idéntico al de Preobrajensky en varios aspectos. Mostraremos estas diferencias y luego desarrollaremos algunos de sus conceptos.

En primer lugar como plantea Ticktin: “Había una diferencia sutil entre la formulación de Trotsky acerca de la acumulación primitiva socialista como etapa y la formulación de Preobrajensky acerca de la ley de acumulación primitiva socialista. No era una diferencia de principio sino de método. Trotsky sí mantenía que había leyes específicas del período de transición diferentes de las leyes del capitalismo o el socialismo. Pero por la razón que fuere nunca produjo una exacta formulación de estas leyes”[41].

Trotsky analizaba el proceso general que estaba atravesando la URSS, tomándolo como un proceso concreto y complejo, sin buscar formular leyes económicas, un proceso en el cual se atravesaban varias etapas, una de las cuales era la acumulación primitiva socialista. Y como dice Ticktin: “Las categorías y las leyes en funcionamiento estaban en proceso de formación, y Trotsky comprendió el proceso sin establecer la economía política”…y concluye “Como resultado de esto, las formulaciones menos precisas de Trotsky eran capaces de abarcar más de la realidad. Si contemplamos a la acumulación primitiva socialista como un proceso y no como una ley, entonces se vuelve más fácil de acomodar el ascenso de un aparato, y de otros elementos en combinación con él”[42]. Es así que Trotsky analizó el complejo fenómeno como un todo, y pudo incorporar en su análisis los sectores sociales y la dinámica de las clases y sus organizaciones, que estaban surgiendo e interviniendo en esta situación. Esta visión de conjunto del desarrollo de la URSS, fue uno de los elementos centrales que le permitieron a Trotsky tener una posición correcta, y revolucionaria, durante todo el proceso en contra de los zigzag del Stalinismo.

Trotsky planteaba que las relaciones entre la clase obrera y el campesinado se basaban en última instancia en las relaciones mutuas entre la industria y la agricultura. “En última instancia, la clase obrera puede mantener y fortalecer su rol dirigente, no mediante el aparato del Estado o el ejército, sino por medio de la industria que da origen al proletariado”. Pero el desarrollo de la industria, como planteaba Preobrajensky, sólo podía basarse en la utilización del excedente del agro: “la recuperación de la industria estatal está estrechamente ligada con el desarrollo de la agricultura. Los medios de circulación necesarios deben ser creados por la agricultura en la forma de un excedente de productos agrícolas que esté por encima del consumo de la aldea antes de que la industria sea capaz de dar un salto decisivo hacia adelante”[43].

El restablecimiento del mercado con la NEP, tenia el objetivo de “asegurar la existencia de millones de explotaciones campesinas aisladas y acostumbradas a definir por el comercio sus relaciones con el mundo circundante”[44]. Fue así que frente a la situación heredada por el comunismo de guerra Trotsky planteaba que: “La primera y más elemental de las tareas de la NEP decidida por nuestro partido fue dar un impulso a las fuerzas productivas. La segunda es dirigir las fuerzas de la producción en dirección de la recuperación, o mientras se recuperan, hacia el socialismo”[45].

El desarrollo económico y la normalización del campo y en parte de la industria, fue un logro alcanzado por la NEP. Sin embargo para su segundo objetivo era necesario soldar una nueva relación entre la agricultura y la industria, su fórmula se centraba en que la industria proporcionara al campo las mercancías necesarias, a tales precios, que el Estado pueda renunciar a la requisición de los productos de la agricultura.

“En términos prácticos, las tareas de la smytchka, sobre la base de la NEP, estaban formuladas como sigue: lograr una situación en la cual la industria estatal y el comercio pudieran intercambiar los productos del “trabajo socialista” contra aquellos de la economía campesina fragmentada, al menos a tan buen precio como lo había hecho el capitalismo de preguerra, y más tarde, en una relación de igualdad, con el mercado capitalista mundial”[46].

El desarrollo de las tijeras no podía sino significar una ruptura de esa relación entre el campo y la ciudad, relación establecida hasta el momento, que permitía el desarrollo de la industria y las tendencias socialistas del estado obrero.

El problema de las tijeras y el atraso de la industria en relación al resto de la economía, provocó grandes pérdidas para el campesinado, haciendo que éste viera el desarrollo de las fuerzas de la planificación como un gran peso para sus espaldas y que abriera las puertas para que buscar precios industriales más económicos en el mercado mundial. Por eso Trotsky analizaba que “El derrocamiento del régimen feudal monárquico ha costado a los campesinos un importe de alrededor de 500 millones de rublos economizados sobre la renta agraria y las tasas, por año. Las tijeras -es decir, la modificación de la relación entre los precios agrícolas y los precios industriales- ha costado al campesinado alrededor de mil millones y medio por año. Estos son los índices de la base de la smytchka. Lo que el campesinado ha ganado en términos de renta agraria es, evidentemente, un balance definitivo del hecho de que la revolución democrática tuvo resultados favorables. Lo que los campesinos han perdido a través de la tijeras es el balance no definitivo, todavía en vías de cambiar, para ellos, de los resultados negativos de la revolución socialista. La industria estatal ha cambiado sus productos por los productos del trabajo campesino con una pérdida para el campesino de mil millones de rublos por año en comparación con el período de preguerra”[47].

El rol del Estado para Trotsky era indispensable para actuar sobre la situación económica y lograr la planificación y el desarrollo de las tendencias socialistas, al igual que lo contemplaba Preobrajensky. Pero esta planificación para Trotsky estaba también íntimamente ligada al desarrollo de las tendencias democráticas y de autoorganización obrera, única base sobre la que se podía establecer una planificación socialista. Como dice en la Revolución Traicionada: “La arbitrariedad burocrática deberá ceder su lugar a la democracia soviética. El restablecimiento del derecho de crítica y de una libertad electoral auténtica, son condiciones necesarias para el desarrollo del país. El restablecimiento de los sindicatos, están implicados en este proceso. La democracia provocará, en la economía, la revisión radical de los planes en beneficio de los trabajadores. La libre discusión de los problemas económicos disminuirá los gastos generales impuestos por los errores y los zigzags de la burocracia”[48].

Preobrajensky aunque comprendía “el efecto negativo de la mala organización sobre los obreros, que entonces respondían trabajando mal”[49] sin embargo no consideró hasta el final este problema ni intentó establecer una teoría o explicación económica sobre el surgimiento de la burocracia, como Trotsky si lo hizo.

Por último Trotksy, alejándose de las posiciones de Preobrajensky., temía “que este enfoque metodológico sea convertido en una perspectiva económica acabada que prevea el ‘desarrollo del socialismo en un solo país’” y por esto era necesario que “La interacción entre la ley del valor y la ley de la acumulación socialista debe ser puesta en el contexto de la economía mundial. Entonces quedará claro que la ley del valor que opera dentro del marco limitado de la NEP está complementada por la creciente presión externa de la ley del valor que domina el mercado mundial y que se está volviendo cada vez más fuerte”[50].

Es así que Trotsky analiza constantemente el desarrollo de la economía soviética en el marco del desarrollo del mercado mundial y la interacción de ambos procesos. A mediados de la década Trotsky plantea que la industria se estaba recuperando y lograba alcanzar los niveles de preguerra, enfrentándose a una nueva situación, ahora marcada por el ingreso de la economía soviética al mercado mundial. En esta nueva relación se establece una comparación entre la productividad del trabajo del estado obrero con la productividad de las potencias imperialistas. Para Trotsky el monopolio del comercio exterior era un reaseguro relativo contra la invasión de productos extranjeros a menor precio, reaseguro que sólo le otorga a la industria socialista un plazo mayor para elevar su productividad.: “Es evidente que nuestro ingreso en el mercado mundial supone que no sólo aumentan nuestras buenas perspectivas sino también los peligros. La razón profunda de este fenómeno es siempre la misma: la forma atomizada de nuestra agricultura, nuestra inferioridad técnica y la enorme superioridad de producción actual del capitalismo mundial respecto a nosotros”[51]. Por eso propone establecer un método de comparación con el desarrollo de la economía capitalista, llamado “coeficiente de productividad”, una especie de “contador de velocidad internacional” el cual iba a permitir comparar en base a la calidad y al precio de los productos de Rusia y los de la economía mundial, la productividad del trabajo en la industria y la calidad de la misma, y sobre esta base establecer los lineamientos económicos más importantes. “Esta curiosa limitación nacional, por la que se buscaba la comparación en el pasado nacional toca a su fin. Nuestras relaciones con el mercado mundial son suficientes ya, desde ahora, para que nos obliguen, cada vez, a comparar nuestras mercancías con las mercancías extranjeras”[52].

En base a esta comparación Trotksy proponía el diseño de la economía soviética no desarrollándola como un todo sin distinción sino estableciendo sectores mas desarrollados y una cierta proporción entre las ramas de la economía. De esta manera se podría establecer una distribución más apropiada de los medios y las fuerzas disponibles en la economía, aumentando la inversión en los sectores que permitan alcanzar un nivel más elevado en la productividad del trabajo. “Si los coeficientes de comparación son particularmente desfavorables para ciertas ramas importantes de la industria, ello será una indicación que pruebe la necesidad de buscar ayuda en el exterior, tanto en lo que respecta a productos terminados como a patentes o indicaciones técnicas, o a máquinas nuevas, especialistas o concesiones”[53].

El comercio exterior, y la comparación con la economía internacional, permitiría utilizar los recursos internacionales para aumentar las tendencias socialistas de la economía: “La importancia decisiva que tiene el comercio exterior para nuestra agricultura es evidente. La industrialización, y a partir de ella la colectivización de la agricultura, progresarán paralelamente al crecimiento de nuestras exportaciones. A través del intercambio de productos agrícolas, obtendremos maquinaria agrícola o maquinaria para la producción de máquinas agrícolas”[54].

Trotsky planteaba que si se quisiera comprometer todos los medios y fuerzas en la producción de toda la maquinaria, esto minaría las relaciones y proporciones entre las ramas de la industria, disminuyendo la inversión en cada sector, y bajando el ritmo de la expansión económica. Es decir, en contra de proponer una economía autárquica, lo que sería una utopía reaccionaria, Trotsky planteaba que “Si podemos acelerar el proceso de producción con ayuda de una “formula” de la técnica europea, lo podremos hacer mejor todavía con la ayuda de una máquina europea o americana que podamos obtener a crédito. La dialéctica del desarrollo histórico obliga al capitalismo a ser durante un cierto tiempo el financiador del socialismo. Por otra parte, el capitalismo ¿no se ha amamantado de la economía feudal? Las deudas de la historia deben ser pagadas”[55].

De este modo Trotsky consideraba que el objetivo último del desarrollo económico estaba lejos de ser el de establecer una economía aislada: “El fin que debe perseguir la dirección económica no es una economía hermética que se baste a sí misma a costa de una reducción inevitable de su nivel y su ritmo progresivo, sino precisamente todo lo contrario: un incremento general de nuestra importancia relativa en la economía mundial, lo cual será logrado aumentando hasta el máximo nuestra tasa de desarrollo”[56].

Trotsky también analizaba constantemente los vaivenes y contradicciones de la economía mundial para poder determinar la situación de la economía rusa y sus posibilidades. Así comprendía que “Nuestra antigua independencia respecto a las fluctuaciones del mercado mundial, está desapareciendo. No solamente todos los procesos fundamentales de nuestra economía dependen de los procesos dominantes en el mercado mundial, sino que están sometidos en cierta medida al efecto de las leyes que dominan el desarrollo capitalista, incluidos los cambios en las condiciones económicas.”[57]. Frente a las crisis y los periodos de crecimientos fluctuantes, Trotsky proponía, alentar el desarrollo de ciertas concesiones en algunos sectores de la economía, es decir la inversión de capital privado y la importación de mercancías, en aquellos sectores donde la producción sea superflua, de esta manera al igual que los monopolios que dejan en momentos de crecimiento que los capitalistas menores se hagan cargo de la producción superflua, y cuando viene la crisis sean los que caigan en desagracia y los monopolios mantengan la producción de lo esencial, así piensa también la relación de la economía soviética con el mercado mundial, permitiendo que el Estado centre sus recursos en los lineamientos centrales de la economía y las concesiones se realicen en los sectores subsidiarios.

Este análisis económico, contemplando a la URSS, como parte de una estructura superior, que era la economía mundial, y viendo la imposibilidad de su desarrollo aislado, no hacía más que completar su análisis político, sobre la relación entre la situación del proletariado ruso y las perspectivas de la revolución internacional.

[1] León Trotsky, La revolución Traicionada, Fundación Federico Engels, Madrid, 2001. Pág. 43.
[2] León Trotsky , Naturaleza y dinámica del Capitalismo y la Economía de Transición, Ceip León Trotsky, Buenos Aires, 1999, Pág. 237.

[3] Edgard Carr, La revolución bolchevique (1917/1923), Alianza Universidad, 1985, Pág. 25.

[4] ver cartas con Vera Zasulich, en C. Marx & F. Engels, Correspondencia, Ediciones Política, La Habana, s/f.

[5] Edgard Carr, La revolución bolchevique (1917/1923), Alianza Universidad, 1985, Pág. 405.

[6] Edgard Carr, La revolución bolchevique (1917/1923) 17/23, Alianza Universidad, 1985, Pág. 25.

[7] Edgard Carr, La revolución bolchevique (1917/1923), Alianza Universidad, 1985, Pág. 405.

[8] Ver Lenin, Tesis de Abril.

[9] Edgard Carr, La revolución bolchevique (1917/1923), Alianza Universidad, 1985, Pág. 45.

[10] E. Carr, El socialismo en un solo país, 1., Alianza Editorial, Madrid, 1975, Pág. 220.

[11] León Trotsky, La revolución Traicionada, Fundación Federico Engels, Madrid, 2001. Pág. 58.

[12] León Trotsky, La revolución Traicionada, Fundación Federico Engels, Madrid, 2001. Pág. 58.

[13] León Trotsky, La revolución Traicionada, Fundación Federico Engels, Madrid, 2001. Pág. 57.

[14] León Trotsky, La revolución Traicionada, Fundación Federico Engels, Madrid, 2001. Pág. 57.

[15] E. Carr, El socialismo en un solo país, 2., Alianza Editorial, Madrid, 1975, Pág. 77.

[16] Lenin, Trotsky L., Preobrajensky, Bujarin, Debate sobre la economía soviética y la ley del Valor , Grijalbo, México, 1974, Pág. 307.

[17]Lenin, Trotsky L., Preobrajensky, Bujarin, Debate sobre la economía soviética y la ley del Valor , Grijalbo, México, 1974, Pág. 307.

[18] Lenin, Trotsky L., Preobrajensky, Bujarin, Debate sobre la economía soviética y la ley del Valor , Grijalbo, México, 1974, Pág. 320.

[19] Lenin, Trotsky L., Preobrajensky, Bujarin, Debate sobre la economía soviética y la ley del Valor , Grijalbo, México, 1974, Pág. 324.

[20] Lenin, Trotsky L., Preobrajensky, Bujarin, Debate sobre la economía soviética y la ley del Valor , Grijalbo, México, 1974, Pág. 329.

[21] Lenin, Trotsky L., Preobrajensky, Bujarin, Debate sobre la economía soviética y la ley del Valor , Grijalbo, México, 1974, Pág. 325.

[22] Lenin, Trotsky L., Preobrajensky, Bujarin, Debate sobre la economía soviética y la ley del Valor , Grijalbo, México, 1974, Pág. 321.

[23]Lenin, Trotsky L., Preobrajensky, Bujarin, Debate sobre la economía soviética y la ley del Valor , Grijalbo, México, 1974, Pág. 323.

[24] Lenin, Trotsky L., Preobrajensky, Bujarin, Debate sobre la economía soviética y la ley del Valor , Grijalbo, México, 1974, Pág. 323.

[25] Lenin, Trotsky L., Preobrajensky, Bujarin, Debate sobre la economía soviética y la ley del Valor , Grijalbo, México, 1974, Pág. 322.

[26] Lenin, Trotsky L., Preobrajensky, Bujarin, Debate sobre la economía soviética y la ley del Valor , Grijalbo, México, 1974, Pág. 322.

[27] Lenin, Trotsky L., Preobrajensky, Bujarin, Debate sobre la economía soviética y la ley del Valor , Grijalbo, México, 1974, Pág. 335.

[28] Lenin, Trotsky L., Preobrajensky, Bujarin, Debate sobre la economía soviética y la ley del Valor , Grijalbo, México, 1974, Pág. 335.

[29] Lenin, Trotsky L., Preobrajensky, Bujarin, Debate sobre la economía soviética y la ley del Valor , Grijalbo, México, 1974, Pág. 279.

[30] Lenin, Trotsky L., Preobrajensky, Bujarin, Debate sobre la economía soviética y la ley del Valor , Grijalbo, México, 1974, Pág. 280.

[31]Lenin, Trotsky L., Preobrajensky, Bujarin, Debate sobre la economía soviética y la ley del Valor , Grijalbo, México, 1974, Págs. 305/06.

[32] E. Carr, El socialismo en un solo país, 1., Alianza Editorial, Madrid, 1975, Pág. 286.

[33] A. G. Lowy El comunismo de Bujarin, Grijalbo, Barcelona, 1972, Pág. 254.

[34] E. Carr, El socialismo en un solo país, 1., Alianza Editorial, Madrid, 1975, Pág. 211.

[35] Citado E. Carr , El socialismo en un solo país, 1., Alianza Editorial, Madrid, 1975, Pág.211.

[36] E. Carr , El socialismo en un solo país, 1., Alianza Editorial, Madrid, 1975, Pág.212.

[37] Eugeni Preobrazhenski, La nueva Economía, Cuadernos de Pasado y Presente, Buenos Aires, Pág. 85.

[38] Eugeni Preobrazhenski, La nueva Economía, Cuadernos de Pasado y Presente, Buenos Aires, Pág. 87.

[39] Eugeni Preobrazhenski, La nueva Economía, Cuadernos de Pasado y Presente, Buenos Aires, Pág. 85.

[40] León Trotsky , Naturaleza y dinámica del Capitalismo y la Economía de Transición, Ceip León Trotsky, Buenos Aires, 1999, Pág. 365.

[41] Ticktin, The ideas of León Trotsky , Porcupine Press, Londres, 1995 (traducción propia).

[42] Ticktin, The ideas of León Trotsky , Porcupine Press, Londres, 1995 (traducción propia).

[43] León Trotsky, Naturaleza y dinámica del Capitalismo y la Economía de Transición, Ceip León Trotsky, Buenos Aires, 1999, Pág. 267.

[44] León Trotsky, La revolución Traicionada, Fundación Federico Engels, Madrid, 2001, Pág. 56.

[45] León Trotsky , Naturaleza y dinámica del Capitalismo y la Economía de Transición, Ceip León Trotsky, Buenos Aires, 1999, Pág. 282.

[46] León Trotsky, Naturaleza y dinámica del Capitalismo y la Economía de Transición, Ceip León Trotsky, Buenos Aires, 1999, Pág. 421.

[47] León Trotsky , Naturaleza y dinámica del Capitalismo y la Economía de Transición, Ceip León Trotsky, Buenos Aires, 1999, Pág. 420.

[48] León Trotsky, La revolución Traicionada, Fundación Federico Engels, Madrid, 2001, Pág.240.

[49] Ticktin, The ideas of León Trotsky , Porcupine Press, Londres, 1995 (traducción propia).

[50] León Trotsky, Naturaleza y dinámica del Capitalismo y la Economía de Transición, Ceip León Trotsky, Buenos Aires, 1999, Pág. 365.

[51] León Trotsky, Naturaleza y dinámica del Capitalismo y la Economía de Transición, Ceip León Trotsky, Buenos Aires, 1999, Pág. 333.

[52] León Trotsky, Naturaleza y dinámica del Capitalismo y la Economía de Transición, Ceip León Trotsky, Buenos Aires, 1999, Pág. 339.

[53] León Trotsky, Naturaleza y dinámica del Capitalismo y la Economía de Transición, Ceip León Trotsky, Buenos Aires, 1999, Pág. 347.

[54] León Trotsky , Naturaleza y dinámica del Capitalismo y la Economía de Transición, Ceip León Trotsky, Buenos Aires, 1999, Pág. 345.

[55] León Trotsky, Naturaleza y dinámica del Capitalismo y la Economía de Transición, Ceip León Trotsky, Buenos Aires, 1999, Pág. 346.

[56] León Trotsky, Naturaleza y dinámica del Capitalismo y la Economía de Transición, Ceip León Trotsky, Buenos Aires, 1999, Pág. 395.

[57]León Trotsky, Naturaleza y dinámica del Capitalismo y la Economía de Transición, Ceip León Trotsky, Buenos Aires, 1999, Pág. 352.



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