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La prehistoria de la IV Internacional

Bárbara Funes

 

 

“La Tercera Internacional -que surgió de la Revo­lución de Octubre, sentó los principios de la política proletaria en la época del imperialismo y dio al proleta­riado las primeras lecciones de la lucha revolucionaria por el poder- cayó víctima de una sucesión de contradicciones históricas. El rol traidor que jugó la socialde­mocracia y la inmadurez e inexperiencia de los partidos comunistas llevaron al fracaso de los movimientos revo­lucionarios de posguerra en Oriente y Occidente. El aislamiento de la dictadura proletaria en un país atrasado confirió un extraordinario poder a la burocra­cia soviética, cada vez más conservadora y nacionalmente limitada. La dependencia servil de las secciones de la Comintern respecto a la dirección soviética condu­jo, a su vez, a una nueva serie de graves derrotas, a la degeneración burocrática de la teoría y la práctica de los partidos comunistas y a su debilitamiento organiza­tivo. Además, la Comintern no sólo se demostró incapaz de cumplir su rol histórico; cada vez en mayor medida se constituyó en un obstáculo en el camino del movimiento revolucionario.”1

Siguiendo a Trotsky, los antecedentes históricos de esta organización se pueden dividir en tres etapas. La primera se desarrolló desde 1923. La actividad internacional se consolidó entre 1930 y 1933, cuando surgió la Oposición de Izquierda Internacional -bolchevique-leninista. (OII), que tenía como orientación regenerar la Comintern. Las distintas secciones crecieron por medio de una selección individual en el proceso de la crítica teórica, casi por fuera del movimiento obrero real.

En 1933, ante la terrible capitulación de la Comintern en Alemania, que fue aceptada por todas sus secciones, Trotsky proclamó la necesidad de construir la IV Internacional. Como ya hemos visto en otros artículos, crearon la Liga Comunista Internacional (LCI), que se abocó a la reunificación de fuerzas para constituir partidos revolu­cionarios en el mundo entero a partir de distintas tácticas, como el “entrismo” en los partidos socialistas que contaban con un ala izquierda y el “bloque de los cuatro”. Esta fue una etapa muy importante para la formación política de las distintas secciones, así como para la separación de los elementos vacilantes. En particular, la creación del Socialist Workers Party (SWP, Partido Socialista de los Trabajadores) norteamericano marca el final del segundo período. Desde ese momento, la IV Internacional se enfrentó con las tareas del movimiento de masas, cambio que se reflejó en la adopción del Programa de Transición. En palabras de Trotsky: “El papel histórico que le cabe a la Cuarta Internacional y a su sección norteamericana -no sólo en los confines del hemisferio occidental sino también a escala mundial- reviste una importancia excepcional, dado que el aplastamiento del imperialis­mo norteamericano reviste importancia decisiva para el proletariado mundial”2.

En 1936, la derrota de la revolución española marca un punto de inflexión en el desbarranque de la Comintern. En junio de ese mismo año, se inició una oleada de huelgas en Francia y en Bélgica, que Trotsky interpretó como un reanimamiento de la clase obrera. Se estaban poniendo de manifiesto las premisas fundamentales para la revolución social: voluntad de lucha del proletariado en su conjunto, gran insatisfacción de los estratos inferiores de la pequeña burguesía y confusión en el campo del capital financiero.

 

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1 León, Trotsky, “La Declaración de los Cuatro”, 1933.

2 León Trotsky, “Carta abierta por la Cuarta Internacional”.



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