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La situación brasileña y el trabajo para su esclarecimiento

A Contracorriente de la Historia
La situación brasileña y el trabajo para su esclarecimiento

Documentos de la Liga Comunista Internacionalista 1930 - 1933

S.M., publicado en A Luta de Classe, nº 7, 1/5/1931

 
Fúlvio Abramo y Dainis Karepovs (compiladores)
Este artículo debate y propone modificaciones al trabajo elaborado por M.C. y L.L. (Mario Pedrosa y Livio Xavier) “Bosquejo de análisis de la situación económica y social de Brasil”, que presentamos en este boletín. (NdE)

 

El trabajo que los camaradas M.C. y L.L. acaban de publicar en el nº 6 de “A Luta de Classe”, (1) como base de discusión para la elaboración definitiva de un análisis de la situación brasileña, representa el primer y único esfuerzo hecho en ese sentido. Los intentos anteriores realizados por la dirección del Partido, sus representantes junto a la I.C. no buscaban propiamente un análisis general de la situación, sino la caracterización de uno u otro acontecimiento, de acuerdo, casi siempre, con datos imaginarios y sobre la base de concepciones equivocadas. En lo que concierne a la dirección del Partido, podemos decir que el intento más serio, más meticuloso y aún más “heroico”, fue el del camarada Brandão, con su “Agrarismo e Industrialismo”. Desgraciadamente, fue también el más antimarxista y el más desastroso. La línea del Partido sufre, aún hoy, la influencia de ese bazar de monstruosidades teóricas, aunque la dirección de la I.C., fingiendo redimirse de la consagración que de él hiciera durante largos años, busque disimular su oportunismo con el simple acto de aplicar a espaldas del camarada Brandão el sello del “impuesto único” menchevista (2). Es, por cierto, una vieja praxis de la dirección centrista (3) de Stalin, responsabilizar por todos los males a las direcciones nacionales, para que éstas, a su vez, salven su “prestigio”, haciendo pesar la carga de todas sus culpas sobre los hombros de un solo camarada. La honestidad de camarada Brandão debía pagar, así, por la sordidez de los Astrogildo Pereira (4) & Cia.

“Agrarismo e Industrialismo” fue condenado como desvío menchevique, y no por eso se intentó hacer algo mejor. Sólo algún que otro documento, reeditando viejos errores oportunistas, han surgido para hacer la situación aún más confusa, para oscurecer aún más el espíritu de la clase obrera y de la masa del Partido. Eso es lo que se ha hecho en las columnas de “A Classe Operária”, de “Revista Comunista” y de “Boletim do Bureau Sul-Americano da I.C.”, junto con las más estúpidas invenciones y las más sucias calumnias contra la Oposición.

El Partido Comunista sufre las consecuencias de su dificultad de nacimiento. Fundado con ese pomposo nombre a mediados de 1922, no vivió, en realidad, hasta fines de 1923 sino como un inofensivo “grupo de oprimidos”, un agrupamiento heterogéneo de viejos anarquistas. En el IV Congreso de la I.C., con la expresión “anarquistas de Brasil” Trotsky, importunado por las acotaciones idiotas del delegado Canellas, caracterizaba a los Astrogildos y Paulos de Lacerda. En parte por la extrema miseria ideológica de la reducida cantidad de sus fundadores y en parte por la presión que, en su lugar de origen, sufrió de la reacción policial, llegada al grado sumo, el Partido Comunista sólo pudo aparecer verdaderamente como partido en 1924, es decir, “después de la muerte de Lenin”. Este hecho es particularmente importante para explicar la penosa causa de la pobreza de su activo revolucionario, en triste contraste con un pasivo monstruoso de errores y de derrotas. Como se sabe, la muerte de Lenin fue el marco inicial del largo período de reacción contra su pensamiento y su obra. Lo que pasaba en el campo internacional sólo se hizo conocido a los comunistas brasileños a principio de 1928. Las noticias que obtenían sobre la lucha de la Oposición rusa eran confusas y unilaterales. Además de eso, la ausencia casi total de literatura revolucionaria en el país contribuía enormemente, sino principalmente, a que la burocracia, mintiéndole a los obreros del Partido, pudiese actuar a sus anchas (5).

Fue precisamente en 1928 que un grupo de camaradas (6) más lúcidos intentó oponer una barrera a los atentados contra los principios que venían siendo cometidos. Ese intento no logró, sin embargo, tomar mayor envergadura. Sin haber tenido el cuidado de elaborar una plataforma que definiese sus puntos de vista, esos camaradas, aún inexpertos, cometieron una serie de errores tácticos que les costó la derrota y, con ésta, la de los principios. Posteriormente, nada se hizo ni se buscó hacer. El Partido se sumergió en el marasmo político, mal disfrazado por el espíritu de aventura de uno u otro episodio de poca monta.

Así, (...ilegible...) de trabajo revolucionario venían (...ilegible...) situación brasileña. Sólo a mediados de 1930, con la fundación del Grupo Comunista Lenin, es que se abrió un claro en la actividad revolucionaria. Ese hecho dio la posibilidad de encarar más seriamente los problemas de la Revolución en Brasil, creando las premisas para un análisis criterioso de la situación. Basados en esas premisas es que los camaradas M.C. y L.L., en octubre del año pasado, cuando aún los ejércitos de la Alianza Liberal y del P.R.P. se enfrentaban por la conquista del poder central, pudieron redactar el bosquejo de análisis oportunamente publicado por “A Luta de Classe”. Ya vimos el significado de ese esfuerzo, que es el primero y único en ese sentido. Se trata, sin embargo, de un “bosquejo”, siendo natural que puedan surgir ciertas observaciones para mejorar y completar el trabajo. Fue precisamente con ese objetivo que la Liga Comunista, haciendo resurgir en sus filas el régimen de democracia interna que la burocracia liquidó en el seno del Partido, resolvió poner en discusión el trabajo de M.C. y L.L., con el fin de darle una forma definitiva que permitiese enviarlo al Secretariado Internacional y, particulamente, al camarada Trotsky.

El bosquejo de análisis se divide en dos partes bien demarcadas: una historia, pintando a grandes rasgos el marco de la formación económica de Brasil; y otra, más actual, refiriéndose a los últimos acontecimientos y definiendo la situación creada por ellos a la luz de la teoría marxista y de la experiencia internacional de la lucha de clases. Dado el hecho de que este es el primer trabajo en su género sobre Brasil, la parte propiamente histórica se torna imprescindible; sólo documentos ulteriores podrán dispensarla. M.C. y L.L. supieron caracterizar con bastante claridad las varias etapas de nuestra formación económica. Propondré apenas un pequeño agregado en la parte donde se lee:

“La clase de los pequeños propietarios, factor de la pequeña producción individual, anterior generalmente al régimen capitalista y cuya expropiación es factor determinante de éste, no se puede desenvolver en la formación económica de Brasil.”

Es correcto. Pero considero conveniente agregar una observación sobre el grosero error de la dirección del Partido en esta cuestión. Después de las “identidades” de toda especie que el camarada Brandão descubrió entre Brasil y Rusia, sin exceptuar las “identidades geológicas”, ha sido muy divulgada la “teoría” según la cual la gran masa de la población rural brasileña estaría constituida por pequeños propietarios. Y cuando, para refutar esta afirmación históricamente falsa, se objeta que en el estado de San Pablo, por ejemplo, el 78% de la población rural está representada por colonos, no faltan “teóricos”, ya sabemos de qué especie, para decir que el colono no es propiamente un asalariado, pues está muy ligado a la tierra, posee su casa en el latifundio, y, finalmente, que su lugar social está más entre el asalariado y el pequeño propietario agrícola. Esta es una afirmación falsa y reaccionaria. El hecho de que el colono esté más ligado a la tierra sólo puede significar la subordinación más directa al latifundista. Habitando en los latifundios, en casuchas desprovistas de cualquier confort, sujetos a trabajar de sol a sol por un mísero salario anual que varía entre 100$ y 200$ para el trato de 1.000 pies de café, privados de los derechos más elementales, como el de la propia movilidad, los colonos, si queremos definir con rigor el escalón que ocupan en la escala social, están en situación inferior a la del propio “camarada”<!—[if !supportFootnotes]—>[1]<!—[endif]—>, o, para decirlo de otro modo, están entre éste y el trabajador esclavo, del que no se distancian mucho. Considerándose la formación económica de Brasil desde su inicio, podemos establecer que, en el estado de San Pablo, las masas oprimidas de los latifundios de café, comenzando por el trabajador esclavo y culminando en una camada insignificante de pequeños propietarios agrícolas, así se clasifican, en orden ascendiente: el agregado y el colono, formando la gran masa que queda económicamente entre el esclavo y el “camarada”; este último constituyendo el 20% de los asalariados libres de la población rural; y finalmente el “mediero”, que se sitúa entre el “camarada” y el pequeño propietario agrícola. La idea reaccionaria, que la burguesía es la primera en diseminar, según la cual cada colono sería en general un pequeño propietario, no pasa de cínica inversión de la realidad. No es el colono el que posee en general su pedazo de tierra, sino, por el contrario, el pequeño propietario agrícola que, aplastado bajo el peso de las hipotecas y no pudiendo prosperar dentro del círculo envolvente de la gran propiedad, se ve obligado a alquilar su fuerza de trabajo para no morir de hambre. Siendo así, la concepción equivocada de la dirección del Partido no significa sino la aprobación implícita de la concepción hipócrita de la burguesía. Igualmente reaccionarias, ellas se confunden.

Otro punto de la parte histórica específica del bosquejo de análisis en el que deseo llamar la atención de los camaradas M.C. y L.L. es el que se refiere a la “clientela” (burguesía urbana, etc.) de los grandes propietarios de tierra. Recuerdo la conveniencia de una nota sobre el sentido en que esos camaradas emplean el término “clientela”, con el fin de no parecer que se contradicen cuando muestran que “la producción agrícola colonial fue destinada, desde el inicio, a los mercados externos”.

En la última parte del trabajo de M.C. y L.L. existen, igualmente, algunos puntos que necesitan ser ampliados o aclarados. Así, el papel de Minas en la formación económica y política del país, la situación política del proletariado, la organización de sus tradiciones de lucha, su acción revolucionaria y lo que ha hecho el Partido Comunista frente a los acontecimientos, son cuestiones que merecen referencia especial y más detallada. Sin embargo, creo que es necesario fijar particularmente la atención sobre el hecho de que el “el desarrollo desigual del capitalismo” es presentado como “condición particular” de Brasil. Ahora bien, “la desigualdad de la evolución económica y política es una ley absoluta del capitalismo”, dice Lenin. Apenas esa desigualdad del desarrollo capitalista se torna “más sensible” en la época del imperialismo, “revoluciona permanentemente la economía de los países sometidos”, en la propia expresión de M.C. y L.L. Hubo, evidentemente, de parte de estos camaradas, una imprecisión de forma cuando, sin mayores explicaciones, encajaron el “desarrollo desigual del capitalismo” entre las “condiciones particulares” que aceleraron el proceso de centralización del poder. Lo que se podrá decir es que, en el caso de los países coloniales, semicoloniales y dependientes del imperialismo, como Brasil, la desigualdad del desarrollo económico se torna más sensible en la medida que se va haciendo mayor la penetración imperialista, “revolucionando permanentemente la economía” de esos países y creando, así, la tendencia hacia la centralización gubernamental.

Para terminar, debo observar la conveniencia de que el trabajo de M.C. y L.L. sea más actualizado, de acuerdo con el manifiesto que ya se publicó (7). Es necesario que la insurrección liberal* aparezca como un hecho ya consumado y que se definan sus primeros efectos. Una referencia especial a la lucha que oportunamente se entabla entre el Partido Democrático y el gobierno de San Pablo, con las deducciones teóricas sobre su desenlace, creo que es, igualmente, una cuestión de la que el análisis, para que sea completo, no puede prescindir.

Los propios camaradas M.C. y L.L. podrán encargarse de darle forma a las observaciones que restan ahí. Desde mi punto de vista, esto contribuirá de forma decisiva a que podamos enviar al Secretariado Internacional un trabajo más perfecto sobre la situación brasileña.

San Pablo, 18 de abril de 1931.

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(1) El trabajo de Mario Pedrosa (M.C.) y Livio Xavier (L.L.), “Bosquejo de un análisis de la situación económica y social de Brasil”, publicado en esta obra, que salió en el número 6 de A Luta de Classe, de fines de septiembre de 1930, no tuvo gran circulación, pues el mencionado periódico fue secuestrado en el levantamiento armado de 3/10/1930.

(2) Octavio Brandão Rego (1896-1980). Farmacéutico. Después de pasar por el anarquismo, adhiere al P.C.B. en los orígenes de su fundación, en 1922. Durante la década de los 20, se vuelve uno de sus principales ideólogos y dirigentes. En 1928 es elegido, junto a Minervino de Oliveira, por el B.O.C. concejal de Río de Janeiro. Escribió, en 1926, Agrarismo e Industrialismo, publicado bajo el pseudónimo de Fritz Mayer, que se constituyó en obra fundamental del P.C.B. en la segunda mitad de los años 20. Con la línea “obrerista” es destituído de sus funciones dirigentes, se “autocritica” y pasa a desempeñar tareas de menor importancia dentro del partido. Preso en junio de 1931, es deportado. Permaneció en la URSS hasta 1946. Vuelve a Brasil y es reintegrado en el Comité Central del P.C.B. En las discusiones resultantes del XX Congreso del PCUS, es alejado por sus críticas al partido.

(3) Centrismo: término clásico empleado para designar la política y las organizaciones que se sitúan entre el marxismo revolucionario y el reformismo, teniendo que optar constantemente por uno o por otro. En este período, Trotsky designaba la política de Stalin (1879-1953) como centrismo burocrático, esto significaba que, sacando su fuerza material del aparato, la fracción stalinista estaba obligada a seguir, por momentos la política de la izquierda (la Oposición), en otros la de la derecha (dirigida por Nikolai Bujarin, 1888-1938) entre las cuales se situaban, respectivamente, la política del proletariado y la de las clases no proletarias, como sus representantes.

(4) Astrogildo Pereira Duarte Silva (1890-1965). Periodista. Luego de haber militado en el anarquismo, adhiere a las posiciones comunistas y promueve la fundación del P.C.B., del que es uno de los principales militantes y dirigentes. Con el pseudónimo de Américo Lêdo fue elegido suplente del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, en 1928. Excepto por pequeños períodos, se mantuvo en la secretaría general del P.C.B., desde su fundación hasta noviembre de 1930, cuando es alejado del cargo en función del curso “obrerista” que tomaba el P.C.B. En julio de 1931 se fue del partido, al que retorna, sin embargo, en 1945.

(5) Aunque estuviese en Europa, Antonio Bernardo Canellas es elegido secretario internacional en el congreso de fundación del P.C.B. en marzo de 1922, y recibe delegación para representar el partido en el IV Congreso de la Internacional Comunista. Como casi todos los fundadores del P.C.B., Canellas venía de un pasado de militancia anarquista. Sus intervenciones en el IV Congreso, que llevan a Trotsky, irónicamente, a caracterizarlo como “El fenómeno de América del Sur”, resultan en que el P.C.B. sea considerado por la IC como un partido que “conserva restos de ideología burguesa, sostenidos por la presencia de elementos de la Masonería e influenciados por preconceptos anarquistas, lo que explica la estructura centralizada (aquí hay una equivocación: se trata de descentralizada) del Partido y la confusión reinante sobre la teoría y la táctica comunistas” y que el P.C.B. sea admitido como simpatizante de la Internacional Comunista. El P.C.B. es admitido como sección de la IC durante su V Congreso, en 1924, cuando estuvo representado por Rodolfo de Morais Coutinho. En ese congreso, sin mencionarse el nombre de Trotsky, fue aprobada una resolución de condena a la Oposición rusa y fue adoptada la política de “bolchevización” de los partidos: en combate contra las herejías y los desvíos era necesaria una inyección de bolchevismo y por tanto deberían seguir el ejemplo del partido ruso y “bolchevizarse” a sí mismos. Esa política no será implementada de inmediato en el P.C.B., pero lanzará las bases en el partido para la completa adecuación a las orientaciones de la IC después del VI Congreso y la sustitución de toda la dirección partidaria en 1930-1931. Con relación a la afirmación de ocultamiento de lo que ocurría en el seno del PCUS, basta destacar la afirmación hecha por Astrogildo Pereira, en la carta del 18/3/1924, de Moscú, cuando las críticas de Trotsky a la orientación del PCUS ya eran más que conocidas y públicas: “Las historias telegráficas de peleas entre Trotsky y Zinoviev, entre Bujarin y Rykov, y no sé quien más son motivo de risas. ¡Qué patrañas!”

(6) En la carta a la Comisión Central Ejecutiva del 2/5/1928, medio centenar de militantes del P.C.B., criticando una serie de “atentados a los derechos de los miembros del partido” y la ausencia de democracia interna, exige la convocatoria a una conferencia extraordinaria para la discusión de los problemas. Dados los errores aquí señalados por S.M. y el carácter ultimatista, el documento repercute muy mal en la base del P.C.B. y resulta en un completo fracaso. Los firmantes renuncian a la organización, volviendo muchos de ellos a las filas partidarias individualmente, después del III Congreso del P.C.B. La carta del 2/5/1928, publicada en el primer número de Auto-Crítica es reproducida en Memória e História, nº 1, p. 116-122. La posición de los trotskistas sobre el incidente puede ser vista en A Oposição comunista e as calúnias da burocracia, publicación de la Liga Comunista (Oposición). San Pablo. Luta de Classe. 1931. p. 17-20.

(7) Referencia al manifiesto “Aos trabalhadores do Brasil”.


[1"Agregado: es un trabajador que alquila su fuerza de trabajo de un modo variable – a un empleador u otro, sujeto a las constantes variaciones de salario, conforme el cambio de [ilegible en el original ], y sujeto también a la incertidumbre de encontrar o no quien quiera alquilar esa fuerza de trabajo; Camarada: es aquel [trabajador] que, sujeto a horario y salario más o menos fijos, no posee sino el salario, es decir, lo que el patrón paga por usar la fuerza de trabajo, medida durante una cantidad determinada de horas por día; Colono: es el trabajador asalariado que vive en la hacienda o en la estancia, poseyendo además del salario, una casa y la posibilidad de criar, etc. ; Meieiro: (de medio, mitad) es la persona que trabaja un pedazo de tierra para, una vez recogida la cosecha, recibir la mitad como pago de su salario, reservando la otra mitad para el propietario de la tierra; Sitiante: es el pequeño propietario de tierra, es decir, el dueño de la estancia.” (Tomado de un cuaderno de notas de Lívio Xavier, s.d.; Fuente: CEDEM-Unesp, CEMAP, Fundo Lívio Xavier) (NdE)



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