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La victoria militar de EEUU no traerá ni democracia, ni paz, ni prosperidad

Fuera las tropas imperialistas de Irak

 

El Militante, España, periódico El Militante N° 161, 6 de mayo de 2003

Comité de Redacción

 

 

La guerra estadounidense de ‘liberación’ ha terminado. La guerra de Iraq para liberarse de los estadounidenses está por comenzar. En otras palabras, la verdadera y pavorosa historia empieza ahora.

Robert Fisk, The Independent, 18 de marzo de 2003

En el momento en que se escribe este artículo las fuerzas de ocupación de Iraq estudian el momento y la forma en la que hacer oficial su victoria, aunque en la práctica y desde el punto de vista militar es evidente que eso es un hecho. Cabían poquísimas posibilidades de que el desenlace final fuera distinto dada la abrumadora desproporción de los ejércitos en combate. Hemos asistido a la intervención de la mayor maquinaria destructiva de la tierra, el ejército norteamericano, enfrentado a un país pobre, arrasado por más de una década de embargo y con un ejército tremendamente debilitado.

Resulta insultante tener que escuchar a muchos militares españoles —cuando la derrota iraquí era ya evidente— regocijarse públicamente, en su condición de “expertos” comentaristas contratados por las cadenas de televisión y radio, de lo mal equipados que estaban los soldados iraquíes y de lo sofisticado e “inteligente” que era el arsenal militar norteamericano. ¿Acaso no era el enorme “peligro” que suponía el ejército iraquí y sus armas de destrucción masiva el motivo fundamental de esta guerra?

A pesar de la superioridad de los ejércitos invasores, durante semanas, los soldados y la población iraquí resistieron valerosamente, hecho que llegó a provocar duras y públicas críticas dentro del alto mando militar norteamericano, que preveía un derrumbe de la resistencia tras los primeros días de bombardeos.

Ahora, al contrario de lo que esperaban los imperialistas, en la medida en que pasa el tiempo, la hostilidad de la población hacia los ejércitos de ocupación se hace más evidente. En la propia prensa burguesa se pueden leer muchos testimonios del ambiente entre la población. En El País, en su edición del 10 de abril se señalaba: “Entre un grupo silencioso que miraba desde la puerta de un hotel, el encargado del local se sinceró: ‘Por un lado me siento bien porque ya se acaba el régimen de Sadam Husein. Pero por otro me siento mal porque esta gente ha entrado aquí por la fuerza y van a financiar ahora los gastos de la guerra con nuestro petróleo. Claro que nos gusta la libertad, pero la que nosotros nos ganamos, no la que nos imponen por la fuerza”. El artículo continúa con otro testimonio: “Más adelante, Fadi, una joven de 18 años se quejaba también: ‘¿Cómo puedo estar feliz viendo esto si ellos han destruido mi país? ¿Ésta es la libertad que traen?”.

En la misma crónica periodística de la que extraemos el encabezamiento de este artículo se afirma: “Por toda Bagdad se oye lo mismo, desde los clérigos mulsumanes chiítas hasta los empresarios sunitas: que los estadounidenses vinieron sólo por el petróleo y que muy pronto debe levantarse una resistencia guerrillera. Sin duda —pronostica el periodista— los estadounidenses atribuirán estos ataques a ‘restos del régimen de Sadam’ o a ‘elementos criminales’, pero no será así”.
En otro artículo, del mismo periódico y fecha, autocontestándose a la pregunta, “¿se sienten liberados los iraquíes?”, se puede leer: “En un principio parecía haber una actitud ambivalente. El pueblo no estaba preparado para salir a las calles para defender el régimen de Husein y tenía serias sospechas sobre las motivaciones de las fuerzas extranjeras. Esto ha cambiado en gran medida. El asesinato de civiles por las tropas estadounidenses, los días de saqueos ante la mirada indolente de los invasores y la tardanza en la reanudación de los servicios de electricidad y agua potable han convertido la ambivalencia de la población en hostilidad”.

Así, tan cierto como que EEUU ha obtenido un victoria militar, también es una realidad que la situación dista mucho de estar estabilizada. En la medida que la presencia de las fuerzas de ocupación se prolonguen, la hostilidad de la población será mayor. Es difícil prever lo que ocurrirá en Iraq teniendo en cuenta la multitud de variables que están en la ecuación, entre ellas la ausencia de un referente revolucionario que una la voluntad de liberación nacional con un programa socialista e internacionalista y el hecho de que Iraq sea una amalgama de nacionalidades. Pero lo que sí es previsible es que el pueblo iraquí no aceptará pasivamente, por tiempo indefinido, ver a su país convertido en un protectorado colonial dirigido por un militar norteamericano.

La situación ideal para el imperialismo norteamericano sería encontrar capas dentro de la élite dominante iraquí que pudieran proveerlos de algo parecido a un gobierno autóctono, dúctil y servil con el imperialismo. Pero encontrar estas capas no es tan fácil. Están intentando usar el Congreso Nacional Iraquí, un batiburrillo de facciones dominadas por clérigos y millonarios iraquíes de fuera del país, que han sido incapaces hasta el momento de llegar a un acuerdo entre ellos y con muy poca autoridad en la población.

Mientras tanto, se suceden numerosas manifestaciones de los chiítas, que es el sector mayoritario y más pobre de la población iraquí. La demostración de fuerza de más de un millón de chiítas en la ciudad santa de Kerbala, al grito de “Ni Sadam, ni Bush” es todo un desafío a las fuerzas de ocupación. En algunos pueblos del sur, los líderes religiosos locales ya se están haciendo cargo de las tareas administrativas, sin pedir permiso al gobernador norteamericano. Veremos cual acaba siendo la reacción de los kurdos en el norte, cuando se den cuenta de que las promesas norteamericanas de liberación son una farsa.

De hecho la perspectiva de una ruptura de la unidad territorial del país, incluyendo el desarrollo del integrismo como una fuerza de masas, es una perspectiva que aterroriza al imperialismo norteamericano. De esta manera, los peligros que trataban de conjurar con la intervención aparecen con fuerza después de la guerra.

En este contexto lo que sí es seguro es que la única receta que el imperialismo ofrecerá al pueblo iraquí es más represión. Que esta guerra era por la “democracia” es una broma de mal gusto. Al imperialismo nunca le han preocupado las dictaduras siempre y cuando sean “amigas”. El programa de cualquier gobierno dominado por el imperialismo en Iraq se basará en la privatización de todos los recursos controlados por el Estado, recortes en los gastos sociales y en la transferencia de la riqueza generada por el petróleo a los países imperialistas. Ese programa sólo se podría aplicar bajo el amparo de un régimen represivo.

De hecho, los imperialistas están reclutando, para las nuevas fuerzas de orden, a los mismos policías del régimen de Sadam, sin preocuparse para nada de su trayectoria anterior.
 

Una nueva fase en la lucha del pueblo iraquí

Todos los motivos declarados por los que el imperialismo ha emprendido esta guerra son una gigantesca farsa y así se ha visto por millones de trabajadores en todo el mundo, y por supuesto por el mismo pueblo iraquí. Todavía no se han encontrado las famosas armas de destrucción masiva. Los portavoces de la Casa Blanca lo han explicado diciendo que dichas armas se han trasladado a Siria o, según sus últimas sospechas, “se han destruido pocos días antes de la entrada en Bagdad”. Todo eso es tan ridículo como el argumento de la “democracia” o la perspectiva de “devolver al pueblo iraquí la riqueza que les pertenece”. Es evidente que la guerra en Iraq ha sido por motivos económicos y geoestratégicos. El imperialismo norteamericano se propuso ocupar un país y quedarse con sus riquezas y ciertamente lo ha conseguido. Otra cosa es la inestabilidad que esta intervención provocará en Iraq y en toda la región, el movimiento contra la ocupación que se irá gestando en este país y, sobre todo, el impresionante impacto que esta guerra ha tenido en la conciencia de millones de trabajadores y jóvenes de todo el mundo.

Ahora se abre una nueva fase en la lucha del pueblo de Iraq y del resto de los pueblos en la zona. El imperialismo no cejará en su empeño de dominación y ya está lanzando amenazas a otros países de la región.

 

La traición de la burguesía árabe

Las guerras, como las revoluciones, ponen en evidencia las fortalezas y debilidades de los programas y los dirigentes. Los corruptos gobiernos árabes también han mostrado su carácter en esta guerra como aliados dóciles de las fuerzas imperialistas, mientras veían impasibles la masacre de la población iraquí.

Ningún gobierno árabe ha movido un solo dedo para apoyar la lucha de resistencia contra el invasor imperialista. Todo lo contrario, en sus países han reprimido brutalmente las movilizaciones de masas contra esta guerra imperialista. Incluso los gobiernos que se han opuesto a la invasión imperialista, se han limitado simplemente a hacer declaraciones.

Esto pone de manifiesto una vez más la absoluta incapacidad de la burguesía árabe para luchar contra el imperialismo y muestra que ningún programa basado en el nacionalismo o el fundamentalismo es capaz de llevar a cabo la liberación nacional y social de estos pueblos. En la guerra de Iraq también se ha comprobado la traición de Sadam y el corrupto régimen que le sustentaba. Un gobierno burgués como el de Sadam no ofrecería una resistencia hasta el final frente a los invasores norteamericanos a pesar de que las condiciones para ello, demostradas por la heroica resistencia de miles de iraquís en el sur y el norte del país, estaban dadas.

Sólo hay una fuerza en el mundo capaz de vencer a los imperialistas, esa fuerza la representa la clase obrera armada con un auténtico programa socialista que agrupe a los campesinos pobres y al resto de los sectores oprimidos de la sociedad.
Un programa socialista que convierta la lucha por eliminar el control imperialista en la misma lucha por el control de los recursos naturales, la tierra y las riquezas del país en beneficio de la mayoría de la población estableciendo un régimen de democracia obrera, es decir, genuinamente socialista en cada país para establecer así una federación socialista en toda la zona. Esta es la única manera de que cada pueblo pueda ser realmente libre. Sería un arma colosal que unificaría a las masas del mundo árabe y supondría una fuerza que ningún ejército, incluyendo el poderoso ejército norteamericano, podría derrotar.

Estas serían las mejores condiciones para organizar a la mayoría de la población en auténticas milicias para hacer frente a cualquier ejercito imperialista, y sería el mejor instrumento para conseguir la solidaridad activa del movimiento obrero a escala internacional, incluida la clase obrera estadounidense, que vería mucho más claro el auténtico carácter de agresión y rapiña de estas guerras y le permitiría entender de una manera clara y evidente los intereses de clase en disputa y los verdaderos bandos existentes. De un lado, los trabajadores, campesinos y sectores pobres, y de otro la burguesía, el imperialismo y las multinacionales. Esta es, al final, la esencia de estas guerras.

 

Luchar por el socialismo

La denuncia sobre los auténticos motivos de esta guerra, llevada a cabo por millones de manifestantes en todo el mundo se verá confirmada por la realidad de los acontecimientos en los próximos meses.

Estas enormes movilizaciones, además, han desenmascarado a los diferentes grupos, partidos, gobiernos y personajes en todo el mundo, especialmente en el Estado español, donde hemos asistido a la postura servil y reaccionaria del Gobierno del PP ante esta guerra, sirviendo como aviso del auténtico carácter de la corrupta y reaccionaria burguesía española y sus máximos representantes políticos.

El gobierno del PP se ha mostrado como el firme servidor de los poderosos grupos multinacionales, despreciando la opinión aplastantemente mayoritaria de la población. Ahora se muestran exultantes por estar en el bando de los vencedores en esta guerra, aunque sea sobre la sangre y el sufrimiento de millones de inocentes.

Al igual que actúan en política exterior lo hacen en la política interior, favoreciendo a los poderosos, multimillonarios y sectores más reaccionarios de la sociedad. Por eso es necesario acabar con el gobierno del PP. Los trabajadores y la juventud que nos hemos movilizado por millones contra la guerra imperialista en Iraq, debemos sacar las conclusiones de lo que esto significa y dar un paso adelante.

Es necesario organizarse para acabar con las raíces de esta guerra y eso significa acabar con el capitalismo luchando conscientemente por el auténtico socialismo, por la democracia obrera.



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