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Laborde y Campa condenados

Artículo publicado en Clave Nro. 8/9, segunda época, pág. 217, abril-mayo de 1940. Sin firma.

 

Laborde y Campa han sido al fin expulsados del paraíso burocrático. De semidioses nacionales que eran, han pasado a la categoría de ángeles caídos, y cubiertos de ignominia. Luzbel tuvo un rasgo heroico contra Dios; a Laborde y a Campa no les toca la palma de la rebeldía, sino el oprobio de la humillación y la cobardía. Les echan a puntapiés y salen haciendo genuflexiones, mascullando oraciones a Stalin, con un pequeño refunfuño en los labios para los Vichinskis que les han aplicado la ley de la degradación.

 

 

En “Novedades” del 25 de marzo, declaraban Campa y Laborde conjuntamente: “Tenemos que rechazar y rechazamos toda una serie de cargos calumniosos -algunos tan ridículos como el de nuestras relaciones trotskistas- con los que se ha impresionado al Congreso contra nosotros, sin darnos la posibilidad de defendernos, ya que no se nos ha permitido participar en el Congreso, escuchar los informes e intervenir en la discusión, como hubiera sido lo correcto en una organización revolucionaria de procedimientos democráticos. Sólo a última hora, y cuando en el órgano del Partido se hablaba de nuestra expulsión, fue citado el compañero Campa, no para darle la posibilidad de defenderse, sino para someterlo a un interrogatorio amañado que debía contestar sucintamente, sin permitírsele entrar en consideraciones políticas ni refutar ampliamente los cargos. En cuanto al compañero Laborde, si no se presentó ante el Congreso fue porque no recibió ningún citatorio”.

Y más adelante, refiriéndose a la acusación lanzada contra ellos de estar en relación con el grupo de Ramírez, Guerra y Lobato: “Por el contrario, es la Comisión Depuradora la que hace apenas cuatro días citó y recibió a Arturo Ramírez para hacerlo declarar contra nosotros, en presencia de Laborde, aceptando así el testimonio embustero y venenoso de un hombre justamente considerado desde hace meses como traidor al Partido”. Y a continuación sigue una profesión de fe stalinista.

Nada tan altamente instructivo como los breves párrafos citados, en relación con el régimen interior burocrático y el sistema por el que fueron montados los famosos procesos de Moscú. La dirección nacional de un partido es depuesta por una Comisión sin poder para ello; se retiene a aquella en el seno del Partido el tiempo necesario para que “reconozca” sus errores y se termina expulsándola, sin darle oportunidad de defenderse y con todas las acusaciones de rigor (trotskismo, corrupción, chambismo, etc.).

Las lamentaciones de Laborde y Campa sobre la ausencia de democracia con que se les ha juzgado no quieren decir que ellos hayan practicado ésta mientras fueron dirigentes. Es su propio método el que se les aplica. Laborde lo revela y se queja sólo cuando le es aplicado personalmente. Pero el hecho de que en todo el partido no se produjera la más mínima reacción, de que ninguna protesta se levantara contra la intervención extraña de una comisión que no es otra cosa más que la tapadera legal de la GPU, demuestra hasta qué grado la organización stalinista mundial está perfectamente adaptada al sistema y alejada de los métodos democráticos de una organización revolucionaria...

...En toda la lucha interior no ha habido una sola divergencia política. Depurados y depuradores afirman cada tres líneas su fidelidad a Stalin y a los grandes jefes moscovitas. La comidilla entre unos y otros está en la lucha por la posesión de los cargos burocráticos. Si a Laborde y Campa se les hubiera brindado la oportunidad de hacer con cualesquiera otros dirigentes lo que han hecho con ellos, habrían demostrado y puesto en práctica el mismo cinismo y los mismos procedimientos usados contra ellos. Pero ellos no podían emprender ninguna lucha contra la Comisión depuradora porque en el PC ya no se trata de política en ningún momento, sino de conservar el favor de los de arriba.

Si la Comisión depuradora no expulsó a Laborde y Campa desde el primer momento, fue por cuestión de táctica. La intención, el plan progresivo de su expulsión había sido trazado de antemano. Pero de haberlo hecho desde el primer día se habría corrido el riesgo de que Laborde y Campa, en venganza, se desentendieran de los cargos hechos contra ellos y descubrieran a los verdaderos responsables. Dejándolos simplemente al margen de la dirección tenían que verse obligados a “reconocer” lo que se les pedía, con la esperanza de ser repuestos. Y una vez con sus declaraciones de culpabilidad en la mano, se les podía libremente expulsar. Lo declarado por ellos les impide su propia defensa. La “autocrítica” es un elemento de soborno: “Haced vuestra autocrítica y ya veremos después”. ¿Y cómo no hacerla, si cada burócrata sabe que no le queda más recurso que implorar el disfrute de la gracia staliniana con una vileza, hoy más grande que la de ayer?

La llamada de Ramírez por la Comisión Depuradora es de puro estilo GPU. Ramírez, Lobato, Guerra, habiendo sido expulsados por Laborde, gracias a los mismos métodos que sirvieron para expulsarle a él, no podían dejar de vengarse declarando en su contra. Todo el mecanismo de los procesos de Moscú está contenido en la labor de la Comisión Depuradora. Los acusados son puestos en oposición, unos contra otros; recíprocamente utilizados para hacerse acusaciones, que más tarde son empleadas contra ellos mismos, y sucesivamente halagados como candidatos a la readmisión en el seno de la burocracia. Si lo que hemos visto en México puede ser hecho sin los inmensos recursos del poder, la represión policíaca, la tortura, las represalias contra los familiares, ¿qué monumentos de falsedad no podrá montar la GPU en Rusia? Si a dos pobres diablos como Laborde y Campa, que ya han “reconocido” sus culpas, no se les permite siquiera ir a defenderse al Congreso, ¿qué no se habrá hecho con los acusados de Moscú, enteramente a merced de la GPU? Si de Laborde y Campa, sin presión ni tortura, se pueden obtener declaraciones falsas, ¿qué no se habrá obtenido falsamente de los acusados de Moscú?

La pequeña declaración de Laborde y Campa basta para revelar el sistema de falsificación imperante en el stalinismo. La actuación de la Comisión Depuradora es un ejemplo vivo y próximo, aunque debilitado, de la actuación de Vichinsky y la GPU en Rusia.

 



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