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Las ideas de Trotsky hoy en día

 

Hillel Ticktin 1

Lev Davidovich Bronstein, conocido también como Trotsky (1879-1940), fue por lejos el mejor orador del siglo veinte, y posiblemente el revolucionario más grandioso del mundo. Era altamente inteligente, muy bien leido, y escrupulosamente honesto en su pensamiento intelectual y su manera de proceder en la política. Dio muestra de considerables talentos organizativos al frente del Ejército Rojo, y fue también un pensador profundo, cuyo pensamiento ha tenido una influencia enorme. Algunas partes de éste han sido tan asimiladas en la vida cotidiana que pocos conocen su origen. Como todos los grandes hombres, cometió errores y juzgó erróneamente los hechos. Sus análisis no siempre fueron correctos. No obstante ello, sus errores fueron errores honestos, comprensibles, a partir de los cuales los revolucionarios pueden y deben aprender.

Hoy la situación en el mundo se ha transformado a consecuencia del derrumbe del estalinismo. Trotsky veía al estalinismo como una doctrina que apoyaba la construcción del socialismo en un solo país, y sostenía que éste representaba la visión de un grupo social emergente en la Unión Soviética. No consideraba a la URSS como una formación estable, de aquí que su desintegración en nuestra época sea compatible con su pensamiento. Aquellos largos años en que Trotsky fuera percibido por muchos marxistas como un agente del imperialismo, o bien peor que Stalin mismo, están tocando a su fin. Ahora cuando el dogmatismo que infectó a la mayoría de los marxistas ha dejado de existir con el derrumbe del estalinismo, es posible realizar una valoración crítica de la obra de LD Trotsky.

Los análisis de Trotsky

El pensamiento de Trotsky abarcó todo el panorama del pensamiento social moderno. En este ensayo, sin embargo me voy a remitir en gran parte a su concepción de la economía política y la historia.

¿Cuáles fueron los elementos esenciales del análisis de Trotsky? En primera instancia, él fue un revolucionario y por lo tanto contemplaba a la historia o al pensamiento social desde esa perspectiva. Su Historia de la Revolución Rusa es un manual sobre cómo realizar y dirigir revoluciones2. Era un revolucionario socialista, y por lo tanto buscaba la construcción de una sociedad socialista. Con el fin de comprender la revolución, se requería una teoría para explicar las bases de esa revolución. Trotsky brindó una teoría así con su trabajo sobre la revolución de 1905. Por supuesto, había jugado un papel destacado en el Soviet de Petrogrado en el periodo de octubre a diciembre de 1905 como presidente de aquel soviet.

Su famosa innovación teórica, el concepto de revolución permanente, fue extraído de Marx3, pero sufrió una alteración radical en sus manos con el propósito de comprender la naturaleza avanzada de una clase obrera situada en el seno de un país atrasado. Desarrolló la idea de modo tal que ésta abarcara la naturaleza del socialismo mismo. Para Trotsky, la revolución permanente consistía de tres elementos. La clase obrera era la clase universal, cuya tarea era emancipar a la humanidad al emanciparse a sí misma. Esto lo tomó de Marx. Luego actualizó el concepto para abordar la situación de un capitalismo decadente. Un capitalismo decadente ya no podía cumplir siquiera sus propias tareas, no podía introducir formas políticas capitalistas contra la autocracia enfeudada en Rusia. De aquí que la tarea de derrocar a la autocracia recaía sobre la clase obrera. Sin embargo, una vez que ésta tomara el poder, no podía detenerse frente a la democracia burguesa, tenía que avanzar a realizar sus propias tareas. Tenía que tomar el poder en su propio nombre y avanzar hasta la dictadura del proletariado. La revolución estaba por lo tanto en proceso de devenir permanente en un solo país. Pero el socialismo en un solo país era sin embargo imposible, de aquí que los obreros en el poder en un solo país tendrían por necesidad que ayudar a otros países a avanzar hacia el derrocamiento de sus propias clases dominantes. Trotsky, sin embargo, se oponía introducir el socialismo por la fuerza en otros países, como dejó en claro cuando mostró su desacuerdo con Lenin sobre la invasión de Polonia. La ayuda, en este respecto, implicaba la provisión de teorías, de consejos, y si fuera necesario, de armas y de dinero. Trotsky redactó el Manifiesto de la Tercera Internacional, y consideraba que la mayor parte de la asistencia debía ser canalizada a través de la Internacional. Cuando el proletariado de los países avanzados hubiera tomado el poder, la construcción del socialismo podría devenir permanente. Trotsky añadía un tercer aspecto, el de una necesaria revolución cultural, para establecer el socialismo mismo.

La revolución cultural implicaba la educación del conjunto de la población, de modo tal que todos tuvieran el conocimiento, la comprensión y la voluntad de gobernar la sociedad. Claramente, una sociedad en la cual sólo algunos poseyeran conocimientos, mientras que el resto no, estaría dividida entre gobernadores y gobernados, entre ricos y pobres, y entre obreros del intelecto y obreros manuales. Era por lo tanto necesario que todos tuvieran accceso a una educación desarrollada, así como también que realizaran una escuela adecuada de democracia directa. Una vez que un alto nivel de educación se generalizara al conjunto de la sociedad, todos podrían comprender las cuestiones en juego en cualquier discusión política, y tendrían la capacidad de participar en la administración de la sociedad. En este punto, las masas mismas estarían entonces en el poder. La revolución sería entonces irreversible; sería verdaderamente permanente.

Estrechamente ligada a la revolución permanente está la ley del desarrollo desigual y combinado, lo que podría parecer un lugar común hoy en día. Trotsky sostenía que el país más atrasado tendría la ventaja de saltearse las etapas que el país más avanzado había atravesado. Incluso más aún, el país atrasado tenía la ventaja de que podía introducir las formas más modernas de tecnología en un momento en el cual el país más avanzado estuviera todavía empantanado por la necesidad de utilizar los equipamientos con que contaba. En términos sociales, esto significaba que el proletariado del país más atrasado podía ser más revolucionario, y tener menos barreras que sortear para organizar su revolución. Como resultado de esto, la actividad de la clase obrera en 1905 se volvía comprensible.

El tercer concepto usualmente asociado con Trotsky no es realmente una idea ni nada nuevo: es la imposibilidad del socialismo en un solo país. Esto era el marxismo ortodoxo hasta que Stalin y Bujarin sostuvieron que era necesario construir el socialismo en un solo país en 1924. La contribución específica de Trotsky, en este respecto, fue su defensa implacable de la posición marxista ortodoxa, y la explicación que él brindara. Dicho de manera simple, sostuvo que había una división internacional del trabajo, y que cualquier país del mundo estaba sujeto a ella. Este punto de vista ha sido ampliamente demostrado por la caída de la URSS, y ha sido de hecho aceptado por muchos que antes se habían opuesto a la doctrina.

La cuarta contribución intelectual que se puede decir que él hizo se sigue de su rechazo del concepto de socialismo en un solo país. Trotsky es la fuente de la mayoría, y posiblemente de todas, las críticas socialistas formuladas acerca de la Unión Soviética. Antes del derrumbe de la URSS brindó un test concreto para medir el éxito de cualquier teoría en comprender la URSS misma; había de hecho 4 amplias corrientes de pensamiento. Aquellos que seguían a Trotsky al pie de la letra consideraban a la URSS como una variedad de estado obrero degenerado. Aquellos que veían a la URSS como un nuevo modo de producción con una nueva clase dominante se denominaban colectivista burocráticos, y derivaban su análisis de Max Shachtman, quien había desarrollado sus ideas en conflicto con Trotsky a fines de los años ‘30. Luego estaban los diferentes grupos que han considerado a la URSS como una variedad de capitalismo de estado, viéndola como una variante del capitalismo moderno. En el Reino Unido, este punto de vista está sobre todo asociado a Tony Cliff y Chris Harman. La idea de que la Unión Soviética era capitalista es, por supuesto, una posición sostenida por muchos otros agrupamientos no trotskistas, desde los maoístas hasta los autonomistas. Por último, está mi propio punto de vista, que tiene al menos el mérito de explicar porqué la URSS llegó a su fin, llegando a brindar esa explicación antes de que ésta se derrumbara.

Un análisis teórico de la URSS

Este parte del análisis de Trotsky sobre la derrota de la revolución por un nuevo grupo social dirigido por Stalin. Luego recurre al concepto de producto excedente, un concepto que Trotsky utiliza como se muestra más arriba. La cuestión crucial es la del control. Se sostiene que el grupo gobernante lo hace en virtud de una medida de control sobre ese producto excedente, pero se reconoce que éste es incapaz de establecer un control completo sobre el producto excedente. De aquí que el grupo dominante sea incapaz de imponer sus necesidades a la sociedad, por lo cual debe ocultar la apropiación que efectúa de ese excedente. Por otra parte, los obreros son atomizados por el aparato estatal que actúa en interés del grupo dominante. Esa atomización es amortiguada por la individuación económico-política del trabajador en el lugar de la producción. Al obrero en esa posición, sin embargo, se le otorga un cierto grado de control sobre su propio proceso de trabajo. De aquí que surja un conflicto entre la función organizacional del grupo dominante, y el interés propio del obrero atomizado. El sistema sólo puede funcionar en la medida en que haya un expansión absoluta del tiempo de trabajo. El sistema no es un modo de producción, tiene un vida limitada y debe por fuerza desintregrarse. El sistema constantemente trataba de eliminar el control de los obreros sobre el proceso de trabajo, pero fracasó, y en última instancia dio el paso, cuando ya se estaba desintegrando, de pasarse al capitalismo como único método de controlar a los obreros y de mantener la posición del grupo dominante.

El razonamiento se continúa luego con la afirmación de que la teoría de la revolución permanente de Trotsky ha sido asimilada a la naturaleza de la época. El concepto de época transicional es una de las innovaciones conceptuales más duraderas realizadas por Trotsky. Este comparaba la transición del capitalismo al socialismo con la transición previa del feudalismo al capitalismo. Señalaba de qué manera épocas semejantes reflejan la incertidumbre de los tiempos, dando lugar a una concepción de la política que fue muy bien descripta por Nicolás Maquiavelo. De aquí que nuestro tiempo presente es también maquiavélico en la atomización, la falta de confianza, el engaño, etc, que son los ingredientes de la política moderna. El cambio de un modo de producción a otro puede llevar muchos años, y ese periodo exhibe rasgos especiales, los rasgos de una época transicional.

¿Qué sucede si el proletariado derroca al viejo orden pero no logra instalarse en el poder? ¿Qué sucede si el proletariado no puede derrocar al viejo orden pero continúa teniendo la capacidad de hacer la revolución, aunque no esté dispuesto a ello? Entonces hay una impasse. En un sentido, el proceso de movimiento hacia transformar la revolución en permanente queda congelado. Si contemplamos a la revolución permanente como un proceso y no como una categoría estática, entonces tenemos que concluir que el proceso puede verse interrumpido en cualquier punto de su desenvolvimiento. El derrocamiento del capitalismo en el transcurso de la Revolución Rusa puede ser contemplado en un contexto histórico en el cual la Revolución Rusa debe ser entendida como un derrocamiento parcial del capitalismo en su conjunto. Eso entonces se asimiló a la naturaleza de la época, en la medida en que todos los países han tenido que aceptar ciertos objetivos. El pleno empleo, el estado de bienestar, el derecho pleno al voto son todas conquistas conseguidas luego de la Revolución Rusa. El derrocamiento del capitalismo mismo puso al sistema en una situación de riesgo permanente, con la consecuencia de que la clase dominante tuvo que hacer concesiones para permanecer en el poder. La clase obrera, a su vez, cobró conciencia de la alternativa, lo cual hizo que fuera imposible rechazar sus reclamos sin más.

Por supuesto, se podría objetar que garantizar el derecho al voto en el Reino Unido luego de la primera guerra mundial, para todos los hombres primero, y para todas las mujeres después, se hubiera producido de todas maneras. Aún así, los gobiernos sólo extendieron el derecho al voto porque tuvieron que hacerlo, si es que querían sobrevivir. No es una cuestión de la conciencia individual de alguna persona dada, sino una cuestión que hace a la lógica de los acontecimientos mismos. Si la revolución estallara a lo largo y a lo ancho de Europa, como de hecho sucedió, el método lógico de contenerla es poner en pie una estructura parlamentaria constitucional, mediante la cual el gobierno puede ser cambiado, así dictaminado con el fin de favorecer a la clase dominante. Esta ha sido una forma altamente exitosa de retrasar el proceso de cambio a una sociedad socialista, aunque haya significado una serie de concesiones económicas que podrían no haber sido otorgadas de otra manera.

En pocas palabras, puede sostenerse que toda la economía política del periodo post-1917 fue moldeada por 1917. De aquí que el periodo post-1917 pueda ser comprendido como el periodo durante el cual el proletariado está tratando de establecerse sobre bases mundiales. El problema con este razonamiento es que la larga pausa o el retraso entre la primera revolución y su consumación total pone en cuestión a la teoría de la revolución permanente misma. Las revoluciones nacionalistas, por ejemplo, parecen demostrar que el proletariado no es necesario para consumar la revolución burguesa. En este punto, lo usual es señalar que el antiguo mundo colonial sigue siendo dependiente de los centros metropolitanos. Si bien el tercer mundo ha dejado de ser parte del sistema colonial, todavía es controlado a través de las instituciones financieras y económicas. Todavía más, el papel del estalinismo no puede ser ignorado. El mismo estalinismo es un producto ilegítimo de la revolución de octubre, pero es no obstante producto de ella. Este ha sido crucial en engendrar las modernas formas de estados post-coloniales, muchos de los cuales han colapsado luego del derrumbe de la URSS.

En pocas palabras, la revolución permanente sigue siendo válida y debe ser entendida como el conjunto de la naturaleza de la época misma. Esta es una época en la cual el sistema capitalista está en decadencia, pero el conjunto del mundo está también en transición hacia un nuevo mundo, que está todavía por nacer. La revolución ha comenzado, y hasta que sea consumada, el mundo no puede más que pasar por pruebas gigantescas. Dicho de otra manera, podemos considerar a la teoría de la revolución permanente como aquella que establece la dinámica de los tiempos modernos.

Trotsky, el pensador revolucionario irreductible

Trotsky, al igual que Lenin, era un revolucionario profesional. Sus escritos tienen el propósito de contribuir a la revolución. Si bien éstos son políticos, tienden a ser menos abiertamente políticos que los de Lenin, y más analíticos. El hecho de que analizara los eventos políticos, la economía política de la época o la sociología de la revolución, lo convirtió probablemente en el pensador de izquierda más importante del siglo XX. A diferencia de Lukacs, o de Gramsci, nunca realizó concesión alguna al estalinismo. Incluso sus errores continúan viviendo en los trabajos de aquellos que frecuentemente no son concientes de la contribución realizada por Trotsky al pensamiento.

La teoría de la onda larga, la crítica de la Revolución Rusa, y su categorización de la época son todas cosas que lo han sobrevivido.

El análisis literario de Trotsky demostró la posibilidad de un análisis marxista no represivo acerca de las artes. Elaboró un análisis teórico sofisticado acerca de la literatura y del arte, que se oponía al realismo socialista. Como es bien sabido, muchos de los surrealistas más reconocidos eran trotskistas.

Trotsky en la época post-estalinista

En la época estalinista, de la cual estamos saliendo, los errores era vistos como evidencia de un fracaso, de atraso y de debilidad. Los grandes errores, sin embargo, pueden ser entendidos ahora como el resultado de grandes acciones y de grandes hombres. Hoy en día, podemos discutir el pensamiento de Trotsky en el contexto del fracaso de la Revolución Rusa y formular las preguntas que él no se atrevió a formular. ¿Cambió el mundo para mejor por la Revolución Rusa? ¿Fue un error? Los terribles desastres que la siguieron representan los costos de la revolución. Se podría incluso sostener que la revolución condujo al estalinismo, el cual evitó que estallara una revolución socialista durante la mayor parte del siglo que ya se fue. ¿Entonces el intento no valió la pena? Por supuesto, la historia no puede ser cambiada, pero la pregunta no es de índole académica porque la respuesta es crucial para comprender el momento actual. Tampoco debería nadie eludir la pregunta, como han hecho la mayoría de los socialistas durante los últimos 70 años.

Para aquellos que son fatalistas la respuesta debe ser no. Para aquellos que ven la historia como un entrelazamiento de la necesidad y el azar, la respuesta debe ser un sí rotundo. El resultado no estaba cantado de antemano. La revolución podría haber triunfado en Alemania o en otros países. El proletariado estaba destinado a tratar de tomar el poder en algún momento, y no había garantías de victoria. Cualquier derrota traía aparejada una retaliación inusitada. El mismo problema sigue estando presente hoy en día.

Además, la Revolución Rusa le mostró al mundo que el capitalismo no era eterno, y que era posible erigir una alternativa. Con el fin de contenerla, la burguesía hizo concesiones que cambiaron la naturaleza del capitalismo mismo. Nada puede justificar los millones que fueron asesinados por el estalinismo en nombre del socialismo. Pero ese no es el punto. En el periodo anterior a Stalin, la Revolución Rusia ya había cambiado la historia. Le dio a las masas de todo el mundo la esperanza de que algún día podrían regir sus propios destinos. Fue la Revolución Rusa la que marcó el comienzo del periodo de transición en el que estamos viviendo hoy en día. La clase que se beneficia de la explotación no se entregará por su propia voluntad, y lamentablemente puede haber muchas derrotas antes de que llegue una sociedad verdaderamente humana. Fue Trotsky quien comprendió el concepto de la época de transición, incluso aunque no podría haber conocido o predecido su profundidad o la medida de la miseria humana.

El papel de Trotsky en la historia ya fue establecido. Él fue crucial para el triunfo de la Revolución Rusa de 1917, tanto como organizador del Ejército Rojo y como teórico. Su “Historia de la Revolución Rusa” es posiblemente su trabajo más importante, no sólo porque brinda un punto de vista marxista no estalinista que no sido superado hasta la fecha, sino más bien porque es un manual sobre la naturaleza de la revolución misma en el siglo XX. Rosa Luxemburgo discutió la cuestión de la conciencia de la clase obrera, Gramsci escribió libros sobre cómo modificar la conciencia de la clase obrera, pero fue Trotsky quien se volvió parte del proceso mismo. Comprendía la naturaleza de los cambiantes estados de ánimos de las masas, y la relación entre esos estados de ánimo cambiantes con las acciones políticas y los programas de los partidos políticos. Lenin fue un maestro en el arte de la maniobra política, pero Trotsky se abstuvo de ese proceso en favor de la interacción con las masas. Ese fue su punto fuerte, así como también su debilidad.

Cuando los trabajadores quedaron desgastados, mutilados, heridos o desmoralizados por el proceso de la guerra, de la guerra civil y del hambre, Trotsky perdió su auditorio. Cuando Lenin le propuso hacer un bloque contra Stalin, Trotsky no adhirió a su propuesta. Más tarde sostuvo que no podía tomar el poder sin apoyo popular porque entonces se hubiera visto obligado a apoyarse en las fuerzas sociales que apoyaban a Stalin. La cuestión sigue estando abierta al debate. Si Lenin hubiera estado en su lugar, Stalin hubiera sido expulsado de su cargo sin ninguna parsimonia, pero no está claro si la situación hubiera podido ser cambiada. Con el beneficio que nos da la mirada retrospectiva sobre hechos ya consumados, podemos decir que no hubiera habido colecitivización forzosa, ni hambrunas, ni purgas, y es posible que incluso ni hubiera habido Hitler. Si éste fuera el caso, Trotsky estaría en deuda con la humanidad por no haber tomado el poder y salvado las vidas de las decenas de millones de personas que fueron asesinadas en esos episodios bárbaros. ¿Cómo podría haberlo sabido?

La política y el partido político

Las críticas dirigidas a Trotsky apuntan en dos direcciones. La primera es que no era un político, y hemos sostenido más arriba que hay un elemento de verdad en esa acusación. Trotsky no era en absoluto maquiavélico. No tenía ningún interés personal en tomar el poder. Sólo los estalinoides de última hora tratan de encajarle esa acusación fantástica de que actuaba movido por ambiciones mezquinas y personales. El problema era más bien su actitud de renunciamiento. Le escribió muchas veces a Lenin que el no podría convertirse en el sucesor de Lenin porque él era judío y el pueblo ruso no se había desprendido todavía de su antisemitismo. Esta afirmación no suena verdadera. Ningún marxista, y Trotsky fue uno de los más grandes pensadores marxistas, podía rehusarse a dirigir sobre la base de que su origen étnico lo desautorizaba para dirigir. Debemos sospechar que Trotsky no estaba él mismo preparado para tomar el poder. Él era el líder del Ejército Rojo y podría haber tomado el poder. Más tarde, en 1924, Antonov-Ossenko, el Comisario Político en Jefe del Ejército Rojo, le propuso que tomara el poder. Stalin mismo le propuso que tomara el poder. Es verdad que lo hizo abrigando la esperanza de que la oferta fuera rechazada, pero un Lenin la hubiera aceptado. Trotsky era claramente el más miembro más capaz, inteligente, perspicaz y talentoso del comité central, pero prefirió no tomar el poder.

Hay, sin embargo, un aspecto de esta acusación que merece ser examinado, que concierne a la visión de Trotsky del partido político. En 1904 se expresó claramente en contra de la concepción de partido sostenida por Lenin. Estaba en contra de la centralización del poder en manos de un hombre, de la disciplina estilo fábrica y de la sustitución de la clase obrera por el partido. Su concepción sobre el partido era más cercana a aquella del Partido Socialdemócrata alemán, expurgada de sus tendencias conservadoras y burocráticas. Trotsky se había desempeñado como presidente del Soviet de San Petersburgo en 1905, y nuevamente en 1917. Él, por encima de todos los bolcheviques, tenía una concepción del soviet, y de hecho se rehusó a aprobar la toma del poder en octubre de 1917 hasta que ésta fuera rubricada por el soviet. Como hemos visto, esto lo llevó a rehusarse a tomar el poder en el periodo 1923-24.

Por otra parte, Trotsky se había manifestado a favor del Partido Bolchevique desde 1917 en adelante, y de hecho la Cuarta Internacional, que él fundara en 1937, estaba basada en la concepción del Partido Bolchevique. Es verdad que el Partido Bolchevique de noviembre de 1917 era una cosa muy diferente de la más temprana concepción leninista sobre el partido, pero mantenía ciertos aspectos importantes. Esta ambigüedad no ha sido resuelta nunca, y no está claro que Trotsky hubiera rechazado su crítica de 1904 dirigida contra Lenin. Es posible que Trotsky aceptara al partido como un mal necesario, pero que luego no encontrara ninguna salida cuando se vio inmerso en una atmósfera donde la fidelidad a Lenin y al partido lo eran todo. Trotsky parece haber quedado atrapado entre su propia necesidad de formas democráticas y su aceptación del Partido Bolchevique. Mientras que Lenin no tenía tiempo para remilgos democráticos y estaba en consecuencia del todo dispuesto a expulsar a Stalin de su cargo lo antes posible ya en 1923, Trotsky prefería seguir un curso más constitucional. La Cuarta Internacional de Trotsky estaba igualmente situada a medio camino entre el leninismo y la democracia.

Todos los marxistas, en contraposición a los estalinistas, tienen la opinión de que al final de cuentas, la clase obrera debe gobernarse a sí misma. Los consejos obreros o soviets son la forma obvia para el ejercicio de ese autogobierno. Lenin, sin embargo, prefirió tomar un atajo en relación con esta democracia obrera elemental. Había dos razones por las cuales pudo hacer una cosa así. La primera era que Rusia era abrumadoramente campesina, y el campesinado estaba necesariamente a favor de la pequeña propiedad privada. De aquí que los obreros fueran a la vez una pequeña minoría, y de origen campesino ellos mismos. Como resultado de esto, se hizo necesario tomar el poder pero sólo como medio de ayudar a la revolución en otros países. Hay que recordar que el derecho a voto pleno para todos los adultos varones y mujeres no había sido completamenten garantizado en la mayoría de los países del mundo en 1917. En segundo lugar, aquel era todavía un periodo de guerra generalizada y de atroces matanzas. Era también un periodo signado por el descontento de las masas, con huelgas generales y la exigencia de cambio del viejo orden. ¿Cómo podía tener lugar el cambio entonces? Una forma era sencillamente tomar el poder en nombre del proletariado y así tomar un atajo respecto al proceso de conjunto. De hecho, todos los otros intentos, en Alemania, en Hungría, etc, fracasaron. La acción drástica de los personeros del viejo régimen, tanto los que actuaban en el interior como en el exterior de Rusia, Alemania y Hungría mostró que una simple toma del poder por parte de los consejos obreros no podía tener éxito sin una fuerza armada y organizada actuando del bando de los obreros.

Trotsky estuvo de acuerdo con el partido de Lenin luego de julio de 1917, viendo la toma del poder en Rusia como el primer paso en el avance hacia el socialismo en el mundo. Nunca había considerado al campesinado más que como aliado de la clase obrera, pero la destrucción de la clase obrera en la guerra civil, y las duras medidas requeridas por esa guerra significaron que el Partido Bolchevique se quedara sin una base popular. ¿Qué podía hacer un socialista en esas circunstancias? Hasta 1923, había esperanzas de que Alemania se convirtiera en socialista, pero después de esa fecha esto parecía muy improbable. De hecho, la mutación del Partido Bolchevique en un partido proto-estalinista ya había comenzado luego de 1921, y su transformación parece inevitable vista desde el presente.

La solución al dilema de Trotsky dista de ser obvia. Podría haber abandonado el país en 1921 o 1923. De hecho, propuso a principios de 1923 ir a Alemania a ayudar a la revolución alemana. ¿Qué hubiera sucedido si los bolcheviques no hubieran tomado el poder en 1917? No es difícil ver que hubiera pasado lo mismo que pasó con los vecinos de Rusia. Hubiera habido una forma temprana de fascismo o por lo menos terror blanco, con todo el antisemitismo y la brutalidad que los blancos mostraron en la guerra civil. La izquierda hubiera sido exterminada físicamente, como lo fue luego de la Comuna de París. Al mismo tiempo, la economía hubiera permanecido tan atrasada como antes. La Rusia zarista no era para nada comparable a Japón, e incluso si se hubiera recuperado de alguna manera alrededor de 1929, la depresión mundial la hubiera hecho retroceder violentamente.

En un sentido entonces, los bolcheviques no tuvieron opción. Fueron elegidos por la historia y ganaron la batalla de la guerra civil sólo para perder la guerra socialista que siguió a continuación. Esta es al menos la sensación que uno tiene de Trotsky. Al mismo tiempo, hay otra forma en la cual ellos ganaron, finalmente. La derrota infligida por Stalin a la revolución de octubre no pudo borrar a la revolución de octubre misma, ni el impacto que ésta tuvo sobre la historia mundial. Se había demostrado que el capitalismo era vulnerable. Era posible erigir una alternativa, una percepción que incluso ni el triunfalismo provocado por la caída del estalinismo puede trascender. Desde la revolución de octubre, las instituciones del capitalismo en decadencia han reflejado esta victoria inicial abortada. Trotsky siempre contemplaba la historia, y en este sentido él ha resultado triunfante.

No obstante, la cuestión sigue estando presente, sobre si el atajo no retrasó la revolución mundial o el avance hacia el socialismo. Ya han pasado casi 80 años desde la revolución de octubre y no hay partidos socialistas sustanciales en ningún país hoy en día. El socialismo es definido aquí en el sentido que le daba Trotsky: un nuevo sistema socio-económico en el cual el trabajo asalariado es abolido y el proletariado se encuentra en el poder. No hay ningún partido de masas hoy en día que abrace estos principios. Por el contrario, los partidos estalinistas se han transformado como mucho en socialdemócratas, mientras que la socialdemocracia apoya ahora la naturaleza eterna del mercado y del trabajo asalariado.

Trotsky fue un hombre de acción que escribió la teoría para esa acción. No era un pedagogo, un luchador político ni Marx.

La cuestión de la naturaleza del estalinismo

La segunda acusación es que interpretó erróneamente la naturaleza del nuevo régimen social surgido bajo Stalin. Los dos puntos están conectados, en el sentido de sostener que hubiera sido su deber haberle arrancado el poder a Stalin, en la medida en que hubiera comprendido la naturaleza de la contrarrevolución que había tenido lugar. Sus análisis acerca del estalinismo se volvieron cada vez más críticos con el paso de los años, pero no logró entender al estalinismo en los años cruciales en que hubiera podido evitar su ascenso. Otros, tales como quienes eran miembros de la Oposición Democrática, tomaron una línea mucho más firme mucho más temprano. Trotsky primero luchó por construir una oposición en el seno del partido, luego una oposición por fuera del partido pero como oposición leal, y finalmente dio por muerto al partido, y la Internacional Comunista junto con él. Incluso entonces siguió defendiendo a la Unión Soviética contra cualquier ataque exterior. Veía a la nacionalización y a la “planificación” como conquistas anticapitalistas cruciales que debían ser defendidas. El estalinismo, incluso en sus años más atroces, fue calificado por Trotsky de centrista, en contraposición a la posición derechista y por lo tanto pro-burguesa de Bujarin. Por analogía con los sindicatos socialdemócratas traidores y burocráticos, que podían ser considerados como instituciones degeneradas que no obstante prestaban un servicio a los obreros, no importa qué tan limitado fuera éste, Trotsky sostenía que la Unión Soviética era una estado obrero degenerado que defendía a los obreros, no importa qué tan mal lo hiciera.

El problema que sigue en pie, sin embargo, es que Trotsky no actuó en contra de Stalin precisamente porque no logró entender la naturaleza del régimen que había nacido entonces. Como resultado de esto, no sólo fracasó en tomar el poder, sino que también se opuso a emprender acciones populares directas contra el régimen. Los grandes hombres cometen grandes errores. La gente común puede que no cometa ningún error porque no tienen la oportunidad, o la capacidad incluso. Trotsky no podía concebir la magnitud de la retirada y de la derrota real que se había producido. Los centralistas democráticos, algunos mencheviques, los anarquistas y otros marxistas se opusieron a Stalin antes y más resueltamente, pero nunca tuvieron ninguna esperanza de éxito. Su fracaso se debió en gran medida a su incapacidad de comprender el proceso un poco mejor. De hecho, una lectura rápida de los materiales de todos los oposicionistas de izquierda hasta Trotsky muestran un análisis que apenas si merece ser leído. Muy frecuentemente no es más que una serie de declaraciones democráticas, empíricas y de tinte humanista.

Incluso la oposición articulada más tarde por Rizzi, Burnham y Shachtman carece casi por completo de un basamento en la economía política, a lo que se sumó el problema de que carecían de conocimiento empírico del tema que abordaban: la URSS. Su doctrina del colectivismo burocrático fue y sigue siendo poco más que una consigna. El punto de vista del capitalismo de estado fue planteado desde el vamos por los mencheviques, pero tampoco tenía sustento alguna en la realidad. Su reencarnación tardía en las obras de Tony Cliff y sus seguidores, así como en los dichos de Mao y sus seguidores, no podría tener valor alguno, más que el de ser una consigna que expresa desprecio hacia el estalinismo.

En consecuencia, no debe sorprendernos que Trotsky saliera ileso de todas las batallas teóricas libradas en esos frentes. De hecho, sus seguidores los trotskistas, que repitieron dogmáticamente todos sus dichos, parecían a menudo ser superiores a sus oponentes más críticos por las mismas razones.

El resultado teórico, sin embargo, ha sido desastroso. Mientras que el mismo Trotsky es un pensador complejo, multifacético, incluso a veces contradictorio, sus seguidores se convirtieron a menudo en epígonos semi-estalinistas. La falla, aquí, radica en parte en el legado de Trotsky en la medida en que no logró comprender completamente la naturaleza del estalinismo en sí. Se puede sostener, por supuesto, que Trotsky afirma efectivamente que su naturaleza es indeterminada y que por lo tanto no se lo puede acusar por la actitud equivocada de sus supuestos seguidores. El problema, sin embargo, es que siempre consideró a Stalin como centrista, incluso aunque éste fuera peor que Hitler, según Trotsky. Es casi imposible cerrar este círculo. Por un lado Stalin es contrarrevolucionario, un monstruo responsable de la muerte de millones de personas, mientras que por el otro defiende la propiedad nacionalizada. Hay planificación en la URSS pero también hay no planificación en la URSS, según Trotsky. Stalin defiende la propiedad nacionalizada pero por el otro lado Trotsky dice que éste es el órgano de la burguesía. Un seguidor escolástico podría elaborar una respuesta formalmente lógica, pero nadie más podría hacerlo.

En condiciones donde la oposición al estalinismo frecuentemente significaba la muerte tanto en el Este como en el Oeste, no es sorprendente que con este legado los trotskistas se convirtieran en sectarios escolásticos: los monjes de nuestra época. La Unión Soviética no era un estado obrero y no quedaba ningún movimiento obrero en pie allí. La derrota de nuestro tiempo fue mucho más completa de lo que Trotsky podría haber imaginado. Podría ser que el optimismo revolucionario evitara que él viera los abismos de desdicha en los cuales se había hundido un país que una vez había sido revolucionario. Podrías muy bien suceder que fuera su optimismo lo que mantuviera encendida la llama socialista en un momento en el cual el estalinismo había sumergido al mundo en un edad oscura con la cual ninguna otra se compara.

Trotsky y el final del estalinismo

La muerte del estalinismo nos permite hacer una revaloración creativa de las ideas de Trotsky. Su actitud crítica hacia la antigua URSS y su despiadada crítica hacia Stalin han sido reivindicadas. Muchos de los críticos, incluyendo a Deutscher sostuvieron que Trotsky se había propasado en su libro sobre Stalin, su último trabajo inconcluso. De hecho, la profundidad de los crímenes de Stalin se revela mayor con el paso de los años. El concepto de la imposibilidad y la falsedad intrínseca de la doctrina del socialismo en un solo país es ahora ampliamente aceptado, incluso más allá de las filas trotskistas. La revolución permanente en tanto versión moderna de la tarea del proletariado de emancipar a la humanidad no es tan bien conocida, y recoge menor aceptación. Se sostiene que países como la India demuestran que las revoluciones nacionales, democrático-burguesas son posibles. Contra esta visión se dice que India es independiente, ni económica ni por lo tanto políticamente. También se sostiene que estamos en una época de fuerzas en pugna, cuyo resultado aún no ha sido decidido. En un sentido la época misma es la de la revolución permanente.

Queda claro ahora que ningún “movimiento de liberación nacional” ha logrado tener éxito más allá del objetivo inmediato de abolir el control político directo de la potencia colonial. En la mayoría de los casos, el país ha sucumbido a la dominación neo-colonial. En el caso de los países en los que el estalinismo tomó el poder, ahora podemos observar un resultado complejo. Por un lado, en aquellos países que han derrocado al estalinismo hay una dependencia abrumadora de occidente, mientras que en los restantes países estalinistas no hay ni democracia burguesa ni una independencia genuina de las potencias occidentales.

Cualquiera sea la conclusión, está claro que el concepto de revolución permanente podría ser usado como una herramienta creativa, pero no como una reafirmación dogmática de lo acertado que estaba Trotsky. En parte, el problema se remonta a la incapacidad de Trotsky de resolver la cuestión de la naturaleza teórica del estalinismo. La razón puede tener que ver con la naturaleza accidental del estalinismo en sí, o el hecho de que Trotsky fuera asesinado antes de que pudiera comprender todo el horror que trajo aparejado, pero esto no hace ninguna diferencia. En tanto el estalinismo es considerado como centrista entonces su doctrina tienen un grado limitado de validez y sus acciones ameritan una defensa parcial. Entonces, en oposición a la doctrina de la revolución permanente, se puede discutir que las elites locales pueden lograr la independencia del imperialismo.

Dicho de otra manera, la doctrina de la revolución permanente se opone en forma contundente a cualquier revolución por etapas en la marcha hacia el socialismo, primero una supuesta etapa capitalista y luego una supuesta etapa socialista. El estalinismo ha insistido en forma permanente en intercalar un primer estadio de liberación y un segundo estadio socialista. El efecto que esto ha tenido ha sido ayudar a que nuevas elites se alcen con el poder, que luego se enfrentaron a la izquierda y la destruyeron. Esto sucedió desde la época de Chiang Kai-shek en adelante. En verdad, en ese momento, en el periodo 1927-28, Trotsky se trabó en una polémica escrita con Preobrashensky sobre este mismo punto. Preobrashensky insistía en las dos etapas necesarias en China, contra los argumentos de Trotsky.

Conclusión

El fracaso del estalinismo en el plano interno de sus propios países, y en el tercer mundo ha conducido a que la izquierda adopte una visión muy sombría. Algunos hablan de una crisis del marxismo. El análisis de Trotsky conduce a una conclusión diferente. Fue Marx quien sostuvo que para que la revolución fuera permanente, los obreros debían tomar el poder. Hasta ese momento no puede haber más que fracasos. La historia del siglo XX está repleta de fracasos de parte de los revolucionarios en introducir el socialismo que le habían prometido a las masas. No es sorprendente que las masas no confíen en ningún revolucionario. Para Trotsky, como para Marx, no hay tal cosa como el socialismo sin la clase obrera en el poder. El socialismo antidemocrático no es socialismo. La planificación sin democracia no es planificación. La doctrina de la revolución permanente permanece sin mancha alguna. Como tal, es la doctrina de la esperanza y del optimismo en un mundo de desesperación y de desesperanza.

Millones mueren de hambre o padecen desnutrición al mismo tiempo que los países desarrollados destruyen su producción agrícola, millones carecen de educación cuando los maestros no pueden encontrar un empleo, millones padecen una muerte temprana cuando los remedios son demasiado caros para dárselos a todos. Un puñado de gente en cada institución, firma, y país deciden sobre el destino de los otros. Estas son las extraordinarias condiciones de vida en el capitalismo moderno. ¿Puede el capitalismo resolver el problema? Está claro que no puede. Trotsky correctamente señaló que ningún país subdesarrollado podía alcanzar el nivel de los países desarrollados. Incluso Japón permanece en una posición relativamente atrasada con respecto a Estados Unidos y Europa occidental, y su economía está aparentemente deprimida de modo permanente. No es difícil sostener que, con excepción de los países estalinistas, sólo los países que cuentan con el mercado norteamericano para sus exportaciones, con el capital norteamericano y con las fuerzas armadas norteamericanas se han desarrollado hasta un nivel cercano a los niveles occidentales. En otras palabras, fue la guerra fría misma la que obligó a desarrollar económicamente regiones particulares del mundo. Una vez que la guerra fría tocó a su fin, el crecimiento económico se desaceleró. Sólo unos pocos creen ahora en un nuevo paradigma económico. Un capitalismo que sólo puede mantenerse a través de una guerra fría o caliente mediante el control sobre la clase obrera y el uso del gasto militar para neutralizar las contradicciones económicas es un capitalismo condenado. El estalinismo sostuvo al capitalismo por más de 60 años. Esa época se acabó.

1- Hillel Ticktin nació en Sudáfrica y estudió en las universidades de Ciudad del Cabo y Moscú. Desde hace 35 años enseña en la Universidad de Glasgow, Escocia, donde en la actualidad es catedrático del Instituto de Estudios sobre Rusia y el Este europeo del Centro para el Estudio de la Teoría y los Movimientos Socialistas. Es autor de numerosos artículos y libros, entre ellos, "The origins of the crisis in the USSR, essays on the political economy of a disintegrating system", publicado en 1992 y "The ideas of Leon Trotsky", de 1995. Es editor de la revista "Critique", fundada en 1973.

2- Un estudio reciente acerca de la Historia de Trotsky fue realizado por el Dr. J.D. White en el Journal of Trotsky Studies, Glasgow, 1993, n° 1. En lo que es un ataque en regla contra Trotsky, el Dr. White ha logrado pasar por alto el propósito del libro por completo. Sostiene que Trotsky estaba sobre todo interesado en su propia reputación, más que en la verdad. Que Trotsky escribiera para guiar a las generaciones futuras en cómo dirigir revoluciones es algo que ignora por completo. La Historia de Trotsky es la única obra marxista que se integra la psicología de las masas con un movimiento histórico. La tarea de una marxista es relacionar lo objetivo y lo subjetivo, lo necesario y lo accidental, y de esta manera dar cuenta del movimiento de las fuerzas sociales en las formas particulares que estas asumen, y la comprensión conciente de esos eventos. Trotsky era dialéctico en su enfoque, y resolvió estas tareas con una destreza considerable. Alguien situado desde una perspectiva diferente elaboraría una historia muy diferente.

3- Ver el discurso de Marx ante la Liga de los Comunistas de junio de 1850. Este también discute la revolución permanente en La lucha de clases en Francia y en El dieciocho



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