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Las tareas de la Oposición[1]

 

 

Marzo de 1929

 

 

 

Estimados camaradas:

 

El rótulo de oposición designa a dos tendencias irre­conciliablemente opuestas: la revolucionaria y la opor­tunista. Lo único que tienen en común es su hostilidad hacia el centrismo y el “régimen”. Pero se trata de un vínculo puramente negativo. Nuestra lucha contra el centrismo deriva del hecho de que es semioportunista y oculta un oportunismo total, a pesar de sus graves desacuerdos circunstanciales con los oportunistas. Por esta razón ni siquiera se puede hablar de formar un blo­que entre las oposiciones de Izquierda y Derecha. Al respecto, sobran los comentarios.

Pero esto no significa que bajo la bandera de la Opo­sición de Derecha se hayan agrupado solamente ele­mentos oportunistas, o que todos ellos sean irrecupera­bles. Los grupos políticos no surgen de golpe; en las primeras etapas siempre hay ambigüedades. Los obre­ros descontentos con la política partidaria a menudo en­cuentran puertas muy distintas de las que buscaban. Hay que tenerlo muy en cuenta en el caso de Checoslo­vaquia, donde el Partido Comunista atraviesa una crisis muy aguda. Desgraciadamente, por mi desconocimien­to del idioma checo no pude mantenerme al tanto de la vida interna de ese partido. Pero no me cabe la menor duda de que la llamada Oposición de Derecha nuclea hoy muchos estados de ánimo y tendencias que sólo co­menzarán a cristalizarse en un futuro próximo. La di­rección de esta cristalización depende en gran medida de la actividad del ala leninista.

Este enfoque no tiene nada que ver con el punto de vista de Souvarine, que niega de plano la existencia de tendencias principistas - es decir, de clase- en el seno del comunismo. No, la existencia de la derecha, el cen­tro y la izquierda es un hecho corroborado por tremen­dos acontecimientos históricos mundiales. Quienes ig­noran la existencia de dichas tendencias y de la lucha implacable entre ellas caen en un doctrinarismo impo­tente y a la vez encubren a la tendencia derechista, que sirve de puente directo hacia la socialdemocracia.

Sin embargo, la clara diferenciación marxista de estas tendencias exige que no las consideremos como algo acabado ni osificado. Se producirán muchos reagrupamientos personales. Los amplios círculos de obreros que gravitan hacia el comunismo no han comenzado a cristalizarse; la tradición los hace perma­necer en los viejos marcos o caer en la indiferencia.

Existen muchos indicios de que todos los partidos de la Internacional Comunista se aproximan a un mo­mento crítico. Las fracciones en el seno del comunismo tienen un carácter preparatorio. Son instrumentos para alineaciones más profundas dentro de los partidos co­munistas y de la clase obrera en su conjunto. Por eso, la intervención activa de la Oposición leninista en la vida interna del Partido Comunista Checoslovaco es de una importancia enorme.

Sin embargo, la misma Oposición comunista dista de ser unánime. En casi todos los países existen dos y hasta tres grupos que se proclaman solidarios con la Oposición de Izquierda del PCUS. Se trata de una reac­ción frente al régimen irracional y criminal que impera en la Comintern desde el otoño de 1923 y que tiende a transformar al partido mundial del proletariado en una caricaturesca orden jesuítica. Todas las enfermeda­des internas están saliendo a la superficie. Este proce­so recibe el estímulo de la reacción política, no sólo en el mundo capitalista sino también en la URSS.

Desde luego, la división de la Oposición de Izquier­da en varios grupos no tiene nada de gratificante. Pero hay que aceptar los hechos tal cual se presentan. Si se comprenden las razones de la división, será posible ha­llar los medios para superarla.

No se puede unificar a la Oposición con sermones abstractos sobre la unidad ni con combinaciones mera­mente organizativas. Hay que preparar teórica y polí­ticamente la unidad. En este proceso debe quedar claro cuáles son los grupos y elementos que se ubican en un terreno común y cuáles se enrolan en la Oposición como resultado de algún malentendido.

El programa es, mejor dicho, debe ser, el criterio más importante. Este criterio será más preciso en la medida en que cada grupo, independientemente de las fuerzas con que cuenta en la actualidad, sea capaz de sacar conclusiones políticas justas de las luchas actua­les. Me refiero en primer término al programa nacio­nal. Porque si la Oposición no interviene constantemen­te en la vida del proletariado y en la vida del país, se convertirá inexorablemente en una secta estéril. Sin embargo, es necesario elaborar al mismo tiempo un programa internacional de la Oposición, que sirva de puente hacia un futuro programa de la Internacional Comunista. Porque resulta absolutamente evidente que la Internacional Comunista regenerada necesitará un programa nuevo. Sólo la Oposición puede elaborarlo. Hay que emprender esta tarea ahora mismo.

Es indiscutible que la política del PCUS, la revolución china y el Comité Anglo-Ruso son los tres criterios básicos para los agrupamientos internos del comunismo y, por consiguiente, también para la Oposición. Por su­puesto, para nosotros esto no significa que baste con dar una respuesta justa a los tres problemas. La vida no se detiene, hay que marchar a la par de ella. Pero sin una respuesta correcta a los tres problemas mencionados, hoy es imposible responder acertadamente a nin­gún otro problema. Del mismo modo, sin una compren­sión correcta de la revolución de 1905 era imposible te­ner un enfoque correcto de los problemas de la época de reacción y de la Revolución de 1917. Quien soslaya las lecciones de la revolución china, las de la huelga britá­nica y el Comité Anglo-Ruso, está irremediablemente perdido. Es menester asimilar las grandes lecciones de estos acontecimientos precisamente para poder elabo­rar una posición correcta respecto de todas las cuestio­nes de la vida y la lucha proletarias.

El instrumento para elaborar el programa interna­cional debe ser una publicación internacional de la Oposición, que al principio aparezca mensual o bimen­sualmente. Esta es hoy la tarea más impostergable y apremiante. Esta publicación, dirigida por un Consejo de Redacción firme y sin desviaciones principistas, debe estar al comienzo a disposición de todos los gru­pos que se reclamen de la Oposición de Izquierda o que traten de acercársele. Su objetivo no es apuntalar viejas barreras sino fomentar un reagrupamiento de fuerzas sobre bases mucho más amplias. Si por el momento no se puede superar la división de la Oposición de Izquier­da en el plano nacional, por lo menos ya podemos co­menzar a preparar su superación en el plano interna­cional.

Dada una línea editorial clara y precisa, este perió­dico debe contener una sección dedicada a la libre discusión. En especial, debe ejercer un control internacional de las diferencias de opinión entre los distin­tos grupos nacionales de La Oposición de Izquierda. Si este control se aplica en forma cuidadosa y responsa­ble, nos permitirá distinguir las diferencias reales de las ficticias, unificar a los marxistas revolucionarios y eliminar los cuerpos extraños.

Para que cumpla con su cometido, este periódico se debe publicar en varios idiomas. Difícilmente se lo puede hacer en el futuro inmediato; habrá que encon­trar una solución intermedia de orden práctico. Podrían imprimirse artículos en el idioma del país de que se trata o en el idioma original del autor. Los artículos más importantes podrían ir acompañados de breves resúmenes en otros idiomas. Por último, los periódicos de la Oposición podrían reproducir en sus columnas[2] las traducciones de los artículos más importantes.

Algunos camaradas dicen y escriben que la Oposi­ción rusa contribuye muy poco a la conducción organizativa de la Oposición de Izquierda Internacional. Creo que esta crítica oculta una tendencia peligrosa. No es­tamos dispuestos a reproducir en nuestra fracción in­ternacional la moral y los métodos de la Comintern zinovievista y stalinista. Los cuadros revolucionarios de cada país deben formarse en base a sus propias expe­riencias y pararse sobre sus propios pies. La Oposición rusa no dispone - hoy casi podría decirse que ésta es una circunstancia favorable - de instrumentos de re­presión estatal ni de recursos financieros gubernamen­tales. Es pura y exclusivamente un problema de in­fluencia ideológica, de intercambio de experiencias. Una buena dirección internacional de la fracción, natu­ralmente, puede provocar un rápido crecimiento de la Oposición en cada país. Pero cada sección nacional no debe derivar su influencia y su fuerza de arriba sino de abajo, de sus propios obreros, atrayendo a la juventud mediante una militancia incansable, enérgica y real­mente abnegada.

 

G. Gourov [L. Trotsky]



[1] Las tareas de la Oposición. Fourth International, mayo de 1946, donde se publicó con el título Contra la Oposición de Derecha.

[2] Las esperanzas de Trotsky de publicar una revista internacional, cuyo único número se llamó La Oposición, nunca se concretaron. Pero en julio comenzó a publicar Biulleten Opozitsi y en agosto, sus colaboradores franceses sacaron La Verité.



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