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Llamamiento a los soldados de todos los países beligerantes

Vladimir I. Lenin

Tomado de la Obras Completas, Tomo XXV, Editorial Cartago, Buenos Aires, 1970.

Este Llamamiento fue publicado el 21 de abril (4 de mayo) de 1917 en Pravda, núm. 37, con la siguiente introducción de la Redacción: "Confraternización. Ha comenzado la confraternización en el frente. La resolución del Congreso militar de Minsk publicada en nuestra edición del 15 de abril dispone que la resolución de este Congreso sobre la guerra y la paz se publique en alemán y sea difundida en las trincheras del enemigo. Publicamos el llamamiento a los soldados de todos los países beligerantes, aprobado por nuestro partido, para que se edite en ruso, alemán y otros idiomas con vistas a su difusión en el frente." (Ed.)

 

¡Hermanos soldados!

Todos estamos destrozados por esta guerra espantosa que ha costado millones de vidas, ha dejado inválidos a millones de seres y ha causado una miseria inenarrable, destrucción y hambre.

Cada vez es mayor el número de los que se preguntan: ¿qué causas motivaron esta guerra, con qué fin se libra?

Para nosotros, obreros y campesinos, que soportamos el peso mayor de la guerra, cada día resulta más claro que los capitalistas de todos los países la han iniciado y la llevan adelante en interés de los capitalistas, por el dominio del mundo, por la conquista de mercados para los fabricantes y los banqueros, por el saqueo de los pueblos débiles. Se reparten las colonias y se apoderan de territorios en los Balcanes y en Turquía; y por eso deben ser aniquilados los pueblos europeos, por eso debemos perecer y por eso debemos presenciar la destrucción, el hambre y la muerte de nuestras familias.

La clase de los capitalistas de todos los países obtiene beneficios fabulosos, inauditos, escandalosamente grandes, con los contratos y suministros de guerra, con las concesiones en los territorios anexados y con el encarecimiento de los productos. La clase de los capitalistas ha impuesto a todos los pueblos, por muchos decenios, un tributo bajo la forma de elevados intereses sobre los miles de millones de empréstitos de guerra. Entretanto, nosotros, los obreros y campesinos, debemos perecer, sufrir hambre y aniquilamiento, debemos soportar pacientemente todo esto y fortalecer a nuestros opresores, los capitalistas, debido a que los obreros de diversos países se exterminan entre sí y sienten odio mutuo. ¿Seguiremos soportando por más tiempo sumisamente nuestro yugo, tolerando la guerra entre las clases capitalistas? ¿Dejaremos que esta guerra se prolongue, colocándonos de parte de nuestros gobiernos nacionales, de nuestra burguesía nacional, de nuestros capitalistas nacionales, destruyendo con ello la unidad internacional de los obreros de todos los países, de los obreros del mundo entero?

No, hermanos soldados, ya es hora de que abramos nuestros ojos, ya es hora de que tomemos en nuestras propias manos nuestro destino. En todos los países crece, se extiende y se intensifica la indignación popular contra la clase de los capitalistas, que ha arrastrado a los pueblos a la guerra. No sólo en Alemania, sino incluso en Inglaterra, que antes de la guerra tenía fama de ser uno de los países más libres, donde cientos y cientos de auténticos amigos y representantes de la clase obrera se consumen en las cárceles por haber dicho la verdad honestamente contra la guerra y contra los capitalistas. La revolución en Rusia no es más que el primer paso de la primera revolución, a la que tendrán que seguir y seguirán otras.

El nuevo gobierno de Rusia —que ha derrocado a Nicolás II, un bandolero coronado tan malo como Guillermo II—, es un gobierno de los capitalistas. Este gobierno sostiene una guerra rapaz, imperialista, igual que los capitalistas de Alemania, de Inglaterra y de otros países. Ha ratificado los rapaces tratados secretos concertados por Nicolás II con los capitalistas de Inglaterra, Francia, etc., no se publican estos tratados para que el mundo los conozca, del mismo modo que el gobierno alemán no publica sus tratados, secretos e igualmente rapaces con Austria, Bulgaria, etc.

El gobierno provisional ruso publicó, el 20 de abril, un documento en el que ratificó una vez más los viejos tratados rapaces concertados por el zar, y declarando su disposición de proseguir la guerra hasta el triunfo definitivo, provocó con ello la indignación aun de aquellos que hasta ahora habían confiado en él y lo apoyaban.

Pero la revolución rusa produjo, además del gobierno de los capitalistas, las organizaciones revolucionarias espontáneas que representan a la enorme mayoría de los obreros y campesinos, a saber: los Soviets de diputados obreros y soldados en Petrogrado y en la mayor parte de las ciudades de Rusia. La mayoría de los soldados y una parte de los obreros en Rusia —del mismo modo que muchos obreros y soldados en Alemania— conservan una confianza irreflexiva en el gobierno de los capitalistas, y en sus vacuos y mentirosos discursos sobre una paz sin anexiones, sobre la guerra defensiva y otras cosas por el estilo.

Pero, a diferencia de los capitalistas, los obreros y los campesinos pobres no están interesados ni en las anexiones ni en proteger los beneficios de los capitalistas. Por eso, cada día que transcurre, cada paso del gobierno de los capitalistas, tanto en Rusia como en Alemania, pondrá al desnudo el engaño de los capitalistas, el hecho de que mientras perdure la dominación de los capitalistas, no podrá haber una paz verdaderamente democrática, sin imposiciones, basada en una renuncia efectiva a todas las anexiones, es decir, en la liberación de todas las colonias sin excepción, de todas las nacionalidades oprimidas anexadas por la fuerza o de las que no gozan de todos los derechos, sin excepción; la guerra, según todas las probabilidades, se agudizará aun más y se prolongará.

Sólo cuando el poder del Estado en ambos países hoy enemigos, por ejemplo en Rusia y Alemania, pase íntegra y exclusivamente a los soviets revolucionarios de diputados obreros y soldados, capaces realmente de hacer pedazos todo el engranaje de relaciones e intereses capitalistas, los obreros de ambos países beligerantes tendrán confianza mutua, y podrán poner fin rápidamente a la guerra sobre la base de una paz verdaderamente democrática que liberará realmente a todos los pueblos y nacionalidades del mundo.

¡Hermanos soldados!

Hagamos cuanto esté en nuestras manos para acelerar esto, para lograr este objetivo. No temamos los sacrificios; cualquier sacrificio por la revolución obrera será menos doloroso que los sacrificios impuestos por la guerra. Cada paso victorioso de la revolución salvará de la muerte, del aniquilamiento y del hambre a cientos de miles, a millones de hombres.

¡Paz a las chozas y guerra a los palacios! ¡Paz a los obreros de todos los países! ¡Viva la unión fraternal de los obreros revolucionarios de todos los países! ¡Viva el socialismo!

 

Comité del POSDR de Petersburgo Redacción de Pravda

Se publica de acuerdo con el texto del periódico.

Pravda, núm. 37, 4 de mayo (21 de abril) de 1917.

 



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