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Los acontecimientos de los Balcanes y Persia

 

Lenin, Proletari, Número 37, 16 (29) de octubre de 1908

 

Los acontecimientos de los Balcanes han preocupado últimamente a la prensa política de Rusia y toda Europa. Durante algún tiempo pareció inminente el peligro de una guerra europea, y aunque de ninguna manera ha desaparecido, lo más probable es que las cosas se limiten a ruidos y gritos y la guerra sea evitada.
Echemos una mirada general al carácter de la crisis y a las tareas que impone al partido obrero ruso.
La guerra ruso japonesa y la revolución rusa han dado un poderoso impulso al despertar político de los pueblos asiáticos. Pero este despertar se ha extendido de un país a otro con tanta lentitud, que en Persia la contrarrevolución rusa ha desempeñado y sigue desempeñando poco menos que el papel principal, y la revolución turca ha chocado enseguida con una coalición contrarrevolucionaria de potencias encabezadas por Rusia. Es cierto que, a primera vista, esta afirmación contradice el tono general de la prensa europea y las declaraciones de los diplomáticos: de creer esas declaraciones y los artículos de los órganos oficiosos, todos rebosan "simpatía" por la Turquía renovada, todos desean únicamente el fortalecimiento y desarrollo del régimen constitucional en Turquía, todos elogian por la "moderación" a los Jóvenes Turcos burgueses.
Pero todos esos discursos son un ejemplo típico de la ruin hipocresía burguesa de los gobiernos y la burguesía reaccionaria de la Europa contemporánea. En realidad, ni un sólo país europeo que se llame democrático, ni un sólo partido burgués europeo que pretenda ser democrático, progresista, liberal, radical, etc., ha demostrado de alguna manera un auténtico deseo de promover la victoria y consolidación de la revolución turca. Por el contrario, todos temen el éxito de la revolución turca, cuyo inevitable resultado sería, por un lado, alentar las aspiraciones de autonomía y verdadera democracia de todos los pueblos balcánicos y, por otro, asegurar el triunfo de la revolución persa, dar nuevo impulso al movimiento democrático en Asia, reforzar la lucha por la independencia en la India, implantar regímenes de libertad a todo lo largo de la inmensa frontera rusa y, por consiguiente, crear nuevas condiciones que dificultarían la política del zarismo centurionegrista y facilitarían el ascenso de la revolución en Rusia, etc.
Esencialmente todo cuanto ocurre ahora en los Balcanes, Turquía y Persia es una coalición contrarrevolucionaria de las potencias europeas contra el ascenso de la corriente democrática en Asia. Todos los esfuerzos de nuestros gobiernos y todas las prédicas de los "grandes" rotativos europeos tienden a ocultar este hecho, desorientar a la opinión pública, encubrir con discursos hipócritas y trucos diplomáticos la coalición contrarrevolucionaria de las llamadas naciones civilizadas europeas contra las naciones asiáticas menos civilizadas y que más tienden a la democracia. Y la verdadera esencia de la política del proletariado en la presente etapa consiste en desenmascarar a los hipócritas burgueses, poner al descubierto ante las más amplias masas populares el carácter reaccionario de los gobiernos europeos que, por temor a la lucha proletaria en sus propios países, desempeñan y ayudan a otros a desempeñar el papel de gendarme con respecto a la revolución en Asia.
La red de intrigas tejida por Europa en torno de los acontecimientos turcos y balcánicos es extraordinariamente densa, y los filisteos muerden el anzuelo de los diplomáticos que, con el propósito de oscurecer el sentido del proceso en su conjunto, tratan de desviar la atención pública hacia minucias, detalles, aspectos aislados de los acontecimientos. Por el contrario, nuestra tarea, la tarea de la socialdemocracia internacional, debe ser explicar al pueblo las conexiones mutuas entre los acontecimientos, señalar su dirección fundamental y sus motivaciones internas.
La rivalidad de las potencias capitalistas, que desean "arrancar un pedazo" y ampliar sus posesiones y colonias, y el temor de las mismas al movimiento democrático independiente entre los pueblos dependientes o "tutelados" por Europa, son los dos motores de toda la política europea. Elogian a los Jóvenes Turcos por su moderación y comedimiento, es decir, elogian a la revolución turca porque es débil, porque no empuja a las masas populares a una acción verdaderamente independiente, porque es hostil a la incipiente lucha proletaria en el Imperio otomano; al mismo tiempo, continúan el saqueo de Turquía. Elogian a los Jóvenes Turcos porque es posible seguir saqueando como antes las posesiones turcas. Los elogian, y prosiguen una política cuyo único propósito evidente es el reparto de Turquía. El Periódico Popular de Leipzig, órgano de los socialdemócratas de Leipzig, ha dicho al respecto con exactitud y aciertos extraordinarios:

En mayo de 1791, los estadistas previsores que de veras se preocupaban del bien de la patria, efectuaron una reforma política en Polonia. El rey prusiano y el emperador austriaco elogiaron la Constitución del 3 de mayo y la aplaudieron como un acto que "beneficia al Estado vecino". Todo el mundo elogió a los reformadores polacos por la "moderación" con que emprendieron su obra, a diferencia de los terribles jacobinos de París... ¡El 23 de enero de 1793, Prusia, Austria y Rusia, firmaron el tratado de repartición de Polonia!
En agosto de 1908, los Jóvenes Turcos han efectuado su reforma política con extraordinaria facilidad. Todo el mundo los elogia por la decorosa "moderación" con que han emprendido su obra, a diferencia de los terribles socialistas en Rusia... En octubre de 1908 se produce una serie de acontecimientos que preanuncian el reparto de Turquía.

Sería pueril, por cierto, que a alguien se le ocurriese creer las palabras de los diplomáticos sin tener en cuenta sus actos, la acción colectiva de las potencias contra la Turquía revolucionaria. Basta comparar el hecho de la entrevista y las negociaciones de los ministros de Relaciones Exteriores y jefes de Estado de algunos países con los acontecimientos posteriores, para que la ingenua fe en las declaraciones de los diplomáticos se disipe como el humo. En agosto y septiembre, precisamente después de la revolución de los Jóvenes Turcos y en vísperas de las declaraciones de Austria y Bulgaria, se producen las entrevistas del señor Izvolski en Carlsbad y Marienbad con el rey Eduardo y el primer Ministro de la República Francesa, Clemenceau; del ministro de Relaciones Exteriores de Austria Von Aehrenthal, con el Ministro de Relaciones Exteriores italiano, Tittoni, en Salzburgo; de Izvolski con Aehrenthal, el 15 de setiembre, en Buchloe; de Ferdinand, príncipe de Bulgaria, con Francisco José en Budapest; de Izvolski con Von Scheen, ministro alemán de Relaciones Exteriores, y luego con Tittoni y el rey de Italia.
Estos hechos hablan por sí mismos. Antes de las declaraciones de Austria y Bulgaria, todo lo esencial había sido decidido ya del modo más secreto y directo, mediante las entrevistas personales de reyes y ministros, entre seis potencias: Rusia, Austria, Alemania, Italia, Francia e Inglaterra. La controversia periodística iniciada después sobre si Aehrenthal dijo o no la verdad al manifestar que Italia, Alemania, y Rusia habían consentido la anexión de Bosnia y Herzegovina por Austria, es una farsa del principio al fin, un completo engaño en el que sólo creen los filisteos liberales. Los cabecillas de la política exterior de los Estados europeos, los Izvolski, los Aehrenthal y toda esa pandilla de bandidos coronados y sus ministros han arrojado adrede un hueso a la prensa: tengan la bondad de reñir, señores, discutan sobre quién ha engañado a quién y quién a ofendido a quién, Austria a Rusia, Bulgaria a Austria, etc. quién ha sido el "primero" en hacer trizas el Tratado de Berlín, quién y qué actitud asume hacia el plan de una conferencia de las potencias, etc., etc. Tengan la bondad de distraer a la opinión pública con estas interesantes e importantes -¡oh, importantísimas!- cuestiones. Eso es exactamente lo que necesitamos para ocultar lo principal y básico: el acuerdo previo alcanzado ya en lo fundamental, es decir, las medidas contra la revolución de los Jóvenes Turcos, los pasos futuros para repartirse a Turquía, revisar con cualquier pretexto el convenio de los Dardanelos, autorizar al centurionegrista zar que ahogue la revolución persa. Eso es lo primordial, eso es lo que de verdad necesitamos los jefes de la burguesía reaccionaria de toda Europa, y lo que estamos haciendo. En cuanto a los mentecatos liberales, que pueden perder su tiempo debatiendo en la prensa y en los parlamentos cómo empezó todo, qué dijo cada uno y con qué aderezo debe ser definitivamente formalizada, suscrita y presentada al mundo entero la política de saqueo colonial y aplastamiento de los movimientos democráticos.
Los periódicos liberales de toda las grandes potencias europeas -a excepción de Austria, la más "harta" por el momento- se dedican ahora a acusar a sus respectivos gobiernos de no proteger suficientemente sus intereses nacionales. Los liberales de cada nación presentan a su país y gobierno como los más ineptos, como los que menos "aprovechan" la situación, como engañados, etc. Es también la política de nuestros kadetes, quienes llegaron a decir tiempo atrás que los éxitos de Austria despiertan su "envidia" (expresión literal del señor Miliukov). Toda esta política de los liberales burgueses en general, y de nuestros kadetes en particular, es la hipocresía más repugnante, la traición más abyecta a los verdaderos intereses del progreso y la libertad. En primer lugar, esa política embota la conciencia democrática de las masas populares porque silencia la conspiración de los gobiernos reaccionarios; en segundo lugar, empuja a cada país al camino de la llamada política exterior activa, es decir, aprueba el sistema de saqueo colonial e intervención de las potencias en los asuntos de la Península Balcánica, intervención que siempre es reaccionaria; en tercer lugar, hace francamente el juego a la reacción, al interesar a los pueblos en cuánto "recibiremos", cuánto "nos tocará" en el reparto y cuánto "arrancaremos" en el regateo. Lo que más necesitan los gobiernos reaccionarios en estos momentos es, precisamente, poder invocar la "opinión pública" para refrendar sus actos de rapiña, la exigencia de "compensaciones", etc. Vean ustedes, dicen, la prensa de mi país me acusa de ser demasiado desinteresado, de no defender en grado suficiente los intereses nacionales, de ser flexible, y me amenaza con la guerra; por tanto, mis exigencias, por ser las más "modestas y justas", ¡deben ser satisfechas íntegramente!
La política de los kadetes rusos, lo mismo que la de los burgueses liberales europeos, es la del servilismo ante los gobiernos reaccionarios, de la defensa de las anexiones coloniales, de saqueo, y de la intervención en los asuntos ajenos. Es una política particularmente nociva porque se aplica bajo la bandera de la "oposición", debido a lo cual desorienta a muchos, infunde confianza a quienes no creen en el gobierno ruso y pervierte la conciencia de las masas. Por eso, nuestros diputados en la Duma y todas las organizaciones de nuestro partido deben tener en cuenta que no puede darse un solo paso serio en la propaganda y agitación socialdemócratas sobre los acontecimientos de los Balcanes sin explicar, tanto desde la tribuna de la Duma como por medio de panfletos y reuniones, la relación existente entre la política reaccionaria de la autocracia y la hipócrita oposición de los kadetes. No se puede explicar al pueblo todo lo nocivo y reaccionario de la política zarista sin explicar esa misma naturaleza de la política exterior que propugnan los kadetes. No se puede luchar contra el chovinismo y las tendencias centurionegristas en política exterior sin luchar contra la fraseología, los gestos, reticencias y concepciones de los kadetes.

Ilustraremos con un ejemplo adónde llegan los socialistas con sus concesiones al punto de vista de la burguesía liberal. En el conocido órgano de los oportunistas Sozialistisches Monatshefte (Cuadernos mensuales socialistas"-???-), Max Schippel dice, refiriéndose a los acontecimientos en los Balcanes: "Casi todos los miembros de nuestro partido capaces de reflexionar considerarían un error que prevaleciese la opinión recientemente expresada de nuevo por nuestro órgano central berlinés (Vorwärts), según la cual Alemania no tiene nada que buscar ni en las actuales ni en las futuras revueltas en los Balcanes. Por cierto, nosotros no debemos aspirar a conquistas territoriales... Mas es indudable que los grandes reagrupamientos de potencias en esta zona, importante eslabón de enlace entre Europa, toda Asia y parte de África, afectan del modo más directo nuestra situación internacional... Por el momento el reaccionario coloso ruso carece de toda importancia decisiva... no hay razón para ver... en Rusia... un enemigo, en todo caso y a toda costa, como pensaba la democracia de los años 50" (S.1319)
¡Este necio liberal disfrazado de socialista no ha observado las intrigas reaccionarias de Rusia tras su "preocupación" por los "hermanos eslavos"! ¡Al decir "nosotros" (refiriéndose a la burguesía alemana), "nuestra" situación, etc., no ha advertido ni el golpe asestado a la revolución de los Jóvenes Turcos ni las medidas adoptadas por Rusia contra la revolución persa!
Las palabras que citamos aparecieron en una revista fechada el 22 de octubre. El 5 (18) de octubre, Nóvoie Vremia publicó un tronante artículo sosteniendo que la "anarquía en Tabriz ha alcanzado proporciones increíbles" y que esta ciudad ha sido "media arrasada y saqueada por los revolucionarios semisalvajes". Como ustedes notan, la victoria de la revolución sobre las tropas del Sha en Tabriz ha provocado la súbita rabia del órgano oficioso ruso. En este artículo se presenta al jefe del ejército revolucionario persa, Sattar-kan, como el "Pugachov de Azerbeidzhán" (Aderbeidzhán o Azerbeidshán es la provincia septentrional de Persia, y Tabriz su capital; la población de esta provincia, según Reclus, representa casi la quinta parte de la población total de Persia). "Surge un interrogante [escribía Nóvoie Vremia]: ¿es que puede Rusia tolerar por más tiempo estos escándalos, que arruinan nuestro comercio de millones de rublos en la frontera persa? No debe olvidarse que el Este de Trascaucasia y Azerbaidzhán constituyen un todo único desde el punto de vista etnográfico... Los semintelectuales tártaros de Trascaucasia, olvidando que son súbditos rusos, han expresado calurosa simpatía por los perturbadores de Tabriz y envían allá sus voluntarios... para nosotros tiene mucha más importancia que sea pacificado Azerbaidzhán, colindante con nuestro país. Por doloroso que resulte, las circunstancias pueden obligar a Rusia a hacerse cargo de este asunto pese a todos sus deseos de no inmiscuirse en nada."
El 20 de octubre, telegrafiaban desde Petersburgo al periódico alemán Frankfurter Zeitung que se proponía a Rusia la ocupación de Azerbaidzhán como "compensación". El 11 (24) de octubre, el mismo periódico publicaba el siguiente telegrama de Tabriz: "Anteayer, seis batallones de infantería rusa, con el correspondiente apoyo de caballería y artillería, cruzaron la frontera persa y son esperados hoy en Tabriz."
Las tropas rusas cruzaron la frontera persa el mismo día en que M. Schippel, repitiendo como un esclavo las afirmaciones y los aullidos de la prensa liberal y policíaca, decía a los obreros alemanes que la importancia de Rusia como baluarte reaccionario había pasado a la historia y que ¡era erróneo ver en ella un enemigo a toda costa!
Las tropas de Nicolás el Sanguinario están por cometer una nueva masacre entre los revolucionarios persas. El Liájov oficioso es seguido por la ocupación oficial de Azerbeidzhán y la repetición en Asia de lo que Rusia hizo en Europa en 1849, cuando Nicolás I envió las tropas contra la revolución húngara. Entonces, aún había en Europa, entre los partidos burgueses, verdaderos demócratas, capaces de luchar por la libertad y no sólo hablar hipócritamente de ella, a semejanza de los demócratas burgueses de nuestros días. Rusia hubo de desempeñar entonces el papel de gendarme europeo contra algunos países de Europa, por lo menos. Ahora, todas las principales potencias de Europa, sin exceptuar a la "democrática" república del "rojo" Clemenceau, llevada por su miedo cerval a cualquier extensión de la democracia en su propio país, en cuanto sea beneficiosa para el proletariado, ayudan a Rusia a desempeñar el papel de gendarme asiático.
No cabe la menor duda de que la conspiración reaccionaria de septiembre de Rusia, Austria, Alemania, Italia, Francia e Inglaterra comprendía la "libertad de acción" de Rusia contra la revolución persa. No tiene la menor importancia saber si esto fue escrito en algún convenio secreto, que será publicado muchos años después en una recopilación de documentos históricos, o si solamente fue dicho por Izvolski a sus amabilísimos interlocutores, o si esos mismos interlocutores "insinuaron" que ellos pasarían de la "ocupación" a la "anexión" y que los rusos podrían tal vez seguir la política de Liájov de la "ocupación", o alguna otra cosa por el estilo. Todo eso apenas tiene importancia. Lo esencial es que, aunque no haya sido formalizado, la setembrina conspiración contrarevolucionaria de las potencias es un hecho y su importancia resulta cada día más clara. Es una conspiración contra el proletariado y contra la democracia. Es una conspiración para aplastar directamente la revolución en Asia o para asestarle golpes indirectos. Es una conspiración para continuar el saqueo colonial y las conquistas territoriales hoy en los Balcanes, mañana en Persia, pasado mañana, quizás, en Asia Menor, Egipto, etc., etc.
Sólo la revolución mundial del proletariado puede derrotar a la fuerza unida de los bandidos coronados y el capital internacional. La tarea candente de todos los partidos socialistas es intensificar la agitación entre las masas, desenmascarar el juego de los diplomáticos de todos los países y mostrar con entera evidencia distintos sucesos que prueben el vil papel de todas las potencias aliadas, de todas por igual, tanto de las que cumplen directamente las funciones de gendarme como de las que son cómplices, amigas y financistas de ese gendarme.
Sobre los diputados socialdemócratas rusos en la Duma -en la que se aguarda una información de Izvolski y una interpelación de los kadetes y octubristas- recae ahora una gran obligación, extraordinariamente difícil, pero extraordinariamente elevada. Son miembros de una institución que encubre la política de la principal potencia reaccionaria, del principal conspirador de la contrarrevolución, y deben encontrar en sí mismos habilidad y valentía para decir toda la verdad. En un momento como el actual, los diputados socialdemócratas en la Duma centurionegrista ocupan un lugar muy importante, pero es mucho lo que se espera de ellos, pues, a excepción suya, no hay nadie en la Duma que pueda alzar la voz contra el zarismo desde un punto de vista que no sea el de los octubristas y kadetes, y en tal momento y semejantes circunstancias la "protesta" kadete es peor que nada, ya que sólo puede ser una protesta surgida dentro de esa misma bandada de lobos capitalistas en nombre de esa misma política lobuna.
¡Nuestra organización en la Duma y todas las organizaciones de nuestro partido deben poner manos a la obra! La agitación entre las masas adquiere ahora una importancia cien veces mayor que en tiempos ordinarios. Tres proposiciones deben ser puestas en primer plano, en toda la propaganda de nuestro partido. En primer lugar, en contraposición a toda la prensa reaccionaria y liberal, desde los centurionegristas hasta los kadetes inclusive, la socialdemocracia desenmascara el juego diplomático de las conferencias, del acuerdo de las potencias, de las alianzas con Inglaterra contra Austria o con Austria contra Alemania o cualquier otra. Nuestra tarea es mostrar que la conspiración reaccionaria de las potencias es ya un hecho que los gobiernos pretenden ocultar por todos los medios tras la farsa de negociaciones públicas. ¡Contra las farsas diplomáticas, por la explicación de la verdad al pueblo, por el desenmascaramiento de la reacción antiproletaria internacional! En segundo lugar, debemos esclarecer, los resultados reales, -a diferencia de los que se afirman- de esta conspiración: el golpe a la revolución turca, la contribución de Rusia al estrangulamiento de la revolución persa, la intromisión en los asuntos ajenos y la violación del principio fundamental de la democracia, es decir, el derecho de las naciones a la autodeterminación. Nuestro programa, lo mismo que el de todos los socialdemócratas del mundo, defiende ese derecho. Y no hay nada más reaccionario que la solicitud de los austríacos, por un lado, y la de los centurionegristas rusos, por otro, para con los "hermanos eslavos". Esa "solicitud" oculta la más infames intrigas, que han hecho a Rusia célebre en los Balcanes desde tiempos remotos. Esa "solicitud" se reduce siempre a atentar contra la verdadera democracia en unos u otros países balcánicos. La única manera de expresar una sincera "solicitud" para con los países balcánicos será dejarlos decidir, no acosarlos con la intervención extranjera, no poner obstáculos a la revolución turca. ¡Pero, naturalmente, la clase obrera no puede esperar de la burguesía semejante política!
Todos los partidos burgueses, hasta los más liberales y nominalmente "democráticos", incluidos nuestros kadetes, respaldan la política exterior capitalista. Esta es la tercera proposición que la socialdemocracia debe mostrar con particular energía. Los liberales y el partido de los kadetes propugnan, en esencia, la misma emulación de las naciones capitalistas; únicamente se oponen a las formas de emulación que sostienen las centurias negras, e insisten en lograr acuerdos internacionales distintos a aquellos en que se apoya ahora el gobierno. Y esta lucha liberal contra la variedad de la política exterior burguesa en favor de otra variedad de esa misma política, estos reproches liberales al gobierno porque se rezaga de otros (¡en el saqueo y la intromisión!) ejercen la influencia más corruptora entre las masas ¡Abajo toda la política colonial, abajo toda la política de intervención y lucha capitalista por la conquista de tierras ajenas y población ajena, por nuevos privilegios, por nuevos mercados, estrechos, etc.! La socialdemocracia no comparte la absurda utopía pequeño burguesa del progreso capitalista "pacífico y justo". ¡La socialdemocracia lucha contra toda la sociedad capitalista, conciente de que no hay mundo más defensor de la paz y la libertad que el proletariado revolucionario internacional!

P.S. Entregado ya este artículo a la imprenta, los periódicos publicaron un telegrama de la Agencia Telegráfica de Petersburgo desmintiendo la noticias de que las tropas rusas habían cruzado la forntera persa. El telegrama apareció el 24-X, en la segunda edición matutina de Frankfurter Zeitung. En la tercera edición publicaba un telegrama de Constantinopla, fechado el 24-X a las 10.50 de la noche, en que se decía que en la tarde del 24-X se recibió en Constantinopla la noticia de que las tropas rusas habían atravesado la frontera persa. La prensa extranjera, a excepción de la socialista, mantiene en silencio hasta ahora la invasión de Persia por las tropas rusas.

En resumen: por ahora no podemos saber definitivamente toda la verdad. En todo caso, los "desmentidos" que parten del gobierno zarista y la Agencia Telegráfica de S. Petersburgo no merecen crédito alguno, por supuesto. Es indudable que Rusia, con el conocimiento de las potencias, lucha contra la revolución persa por todos los medios, desde las intrigas hasta el envío de tropas. Es también indudable que su política se orienta a la ocupación de Azerbeidzhán. Si las tropas no han cruzado todavía la frontera, es muy probable que ese hayan adoptado todas las medidas para ello. Sin fuego no hay humo.



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