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Los revolucionarios en la guerra civil

Ante la comisión de investigación sobre los procesos de Moscú, 14 de abril de 1937.

 

Este texto está sacado de las minutas de la comisión de investigación de los Procesos de Moscú. (The Case of Leon Trotsky, pp. 294-299.) Presidida por el pedagogo John Dewey, esta comisión estaba formada por veteranos del movimiento obrero, Alfred Rosmer, el antiguo diputado alemán y compañero de Liebknecht, Otto Rüle, el antiguo diputado comunista alemán Vendelin Thomas, el anarcosindicalista italiano Carlo Tresca, así como universitarios americanos, intelectuales progresistas o liberales, Suzanne La Follete, Benjamin Stalberg, John Chamberlain, Ross, Carleton Beals y Fr. Zamora. El consejero jurídico era el antiguo defensor de Toin Mooney y posteriormente de Sacco y Vanzetti, el abogado John F. Finerty. El abogado trotskista americano Albert Goldman se encargaría de la defensa de Trotsky.

 

BEALS[1]. -¿Es usted responsable de las diferentes fracciones que utilizan en España el nombre de «trotskystas»?
TROTSKY. - Allí no hay trotskystas. La situación es tal, que cualquiera que se opone a la politica de la Komintern, ésta le llama «trotskysta». Porque trotskysta significa fascista en la propaganda de la Komintern. Es un argumento simple. Los trotskystas no son numerosos en España. Lo siento, pero debo reconocer que los verdaderos trotskystas no son numerosos.[2]
Existe un partido poderoso, el P.O.U.M., partido obrero de unificación marxista. Este partido es el único que reconoce que yo no soy fascista. La juventud de este partido tiene simpatia por nuestras ideas.[3] Pero su politica es muy oportunista y yo la critico abiertamente.

BEALS. - ¿Quién lo dirige?
TROTSKY. - Nin. Es amigo mío.[4] Lo conozco bien. Pero lo critico mucho.

BEALS. - Una de las razones por las que le pregunto sobre ello es porque se acusa a la fracción trotskysta de sabotear el movimiento leal en España.
TROTSKY. - ... se pretende que saboteamos el movimiento leal en España. Pienso haber dicho en numerosas entrevistas y artículos que la única vía para asegurar la victoria en España consiste en decir a los campesinos: «La tierra española es vuestra»; decir a los obreros: «Las fábricas españolas son vuestras.» Ésta es la única posibilidad de asegurar la victoria. Stalin, para no asustar a la burguesía francesa se ha convertido en guardián de la propiedad privada de España. El campesino español no está demasiado interesado en bellas definiciones. Dice: «Con Franco y con Caballero es lo mismo.» Porque el campesino es muy realista. Durante nuestra guerra civil, no creo que venciéramos principalmente debido a nuestra ciencia militar. Esto es falso. Ganamos a causa de nuestro programa revolucionario. Decíamos a los campesinos: «La tierra es vuestra.» Y el campesino, que en un primer momento había preferido a los blancos, comparaba a los bolcheviques con los blancos y decía: «Los bolcheviques son mejores.» Entonces, cuando los campesinos, centenares de miles y de millones de campesinos, se convencieron de que éramos mejores, vencimos.

BEALS. - ¿Puede usted desarrollar un poco más su afirmación de que Stalin es el guardián de la propiedad privada en España?

TROTSKY. - Dice, y la Komintern lo ha declarado, que en lo que respecta a España, las reformas sociales llegarán después de la victoria.[5] «Ahora es la guerra, nuestra tarea ahora es la guerra, las reformas sociales llegarán después de la victoria.» El campesino se vuelve indiferente: «Ésta no es mi guerra. No tengo ningún interés en la victoria de los generales. Los generales luchan entre ellos.» Ésta es su opinión. Con su manera tosca, tiene razón. Yo estoy con este tosco campesino español, en contra de los sutiles diplomáticos.

BEALS. - ¿Entonces, no cree usted que tenga importancia el hecho de que sea uno u otro bando el que gane la guerra? ¿No hay diferencias entre que la gane uno u otro bando?
TROTSKY. - No, los trabajadores deben ganar la guerra. Es necesario que los trabajadores ganen la guerra. Pero le garantizo que con la politica del Komintern y de Stalin usted tiene el medio más seguro para llevar la revolución a su derrota. Han perdido la revolución en China, la han perdido en Alemania y ahora están a punto de preparar la derrota en España y en Francia. No conocemos más que una revolución proletaria victoriosa. La revolución de Octubre, que fue dirigida en oposición a los Métodos de Stalin.

BEALS. - Bien, ¿qué medidas tomaría usted en España si estuviese en lugar de Stalin?
TROTSKY. - No podría estar en su lugar.

BEALS. - Digamos, si usted estuviese en lugar de Stalin, si tuviese usted en sus manos los destinos de la U.R.S.S., ¿qué haría en España?
TROTSKY. - No es de la U.R.S.S. de lo que se trata. Se trata de los partidos revolucionarios de la Komintern, se trata de partidos. Naturalmente permaneceria en oposición a todos los partidos burgueses.

STOLBERG. - Señor Trotsky, ¿puedo hacerle una pregunta relacionada con la de Beals? Si hubiera estado usted en el poder después de 1923, en tal caso, desde su punto de vista, la revolución china se habría salvado, se habrían conseguido éxitos. No habría fascismo en Alemania. Quiero decir, si su opinión hubiera prevalecido después de 1923. Hubiera habido esta situación en España, pero podria no haberse producido de la misma manera. Pero usted ha sido vencido. La política de la Komintern. Ha conducido a la derrota en China y en Alemania. Ahora tenemos esta situación en España. Sólo expongo lo que pienso que es su opinión... Ahora, quiero hacerle mi pregunta. Tenemos esta situación en España como culminación de catorce años de errores. Tenemos una guerra civil. Una opinión exclusivamente ortodoxa o purista no responde al problema. ¿Con qué campo está usted actualmente en España?
TROTSKY. - Ya he respondido en numerosas entrevistas y articulos. Todo trotskysta debe ser un buen soldado en España. Con la izquierda. Naturalmente es una pregunta tan elemental que no vale la pena discutir sobre ello. Un dirigente o cualquier otro miembro del gobierno de Largo Caballero es un traidor. Un dirigente de la clase obrera no puede entrar en un gobierno burgués. Nosotros no entramos en el gobierno Kerensky en Rusia. No entramos en su gobierno, sin embargo, le defendiamos ante Kornilov. Igualmente he declarado que estaba dispuesto a aliarme con Stalin en contra de los fascistas, de la misma forma que me aliarla con Jouhaux contra los fascistas franceses. Es una cuestión elemental.

FINERTY. - Señor Trotsky , si estuviese hoy en el poder en Rusia y si los leales solicitasen su ayuda, ¿pondría usted como condición que la tierra fuese entregada a los campesinos y las fábricas a los obreros?
TROTSKY. - No, ninguna condición, nada de eso. La primera cuestión sería la de la actitud del partido ruvolucionario español. Le diria: «Nada de alianza politica con la burguesia», como primera condición. La segunda: «Debéis ser los mejores soldados contra los fascistas.» La tercera: «Debéis decir a los soldados, a los demás soldados y campesinos: "Debemos hacer de nuestro país el país del pueblo. Cuando hayamos ganado a las masas, expulsaremos a la burguesía, tomaremos el poder y haremos la revolución social.»

FINERTY. - Asi pues, ¿para conceder cualquier tipo de ayuda eficaz, hubiera debido aliarse al partido marxista de España?
TROTSKY. - Naturalmente, ayudaría a Caballero con todos los medios materiales contra el fascismo, pero, al mismo tiempo, aconsejaría al Partido Comunista que no entrase en el gobierno, que permaneciese en una posición crítica respecto a Caballero y que preparase el segundo capítulo de la revolución obrera.

BEALS. -¿No es ésta una de las razones por las que el gobierno Azaña, que se encontraba primeramente en el poder, hizo volver a la reacción, precisamente a causa de una política semejante?
TROTSKY. - A causa de una política burguesa conservadora. Porque intentó hacer la mitad, la tercera parte de la revolución. En mi opinión, lo que hace falta es la revolución si no, ¡más vale no empezarla! Si se comienza, hay que acabarla, y su fin es la revolución social.

BEALS. - ¿La politica que usted preconiza significaría la victoria probable de Franco, no es cierto?
TROTSKY. - La Victoria de Franco está asegurada por la actual politica de la Komintern. La revolución española, el proletariado y el campesinado españoles, por su esfuerzo, su energía y sus sacrificios, habrían podido conseguir cinco o seis victorias durante los últimos seis años –una Por año. Pero la capa dirigente de la revolución ha hecho todo lo. posible para frenar, sabotear y traicionar la potencia revolucionaria de las masas. La revolución se basa en las fuerzas elementales del proletariado y en la dirección política de sus jefes. Esta es una cuestión fundamental, y la dirección en España ha sido siempre lamentable. El proletariado español ha demostrado que es el mejor material, la mejor fuerza que se haya visto en los diez últimos años. Y sin embargo, no ha conseguido la victoria. Acuso a la Internacional Comunista y a la IIª Internacional de impedir su victoria por su política pérfida, fundada en la cobardía frente a la burguesía, la burguesía y Franco. Siguen en un gobierno con la burguesía, que es el símbolo de la propiedad privada. Y el propio Caballero se inclina ante el símbolo de la propiedad privada. Las masas no ven las diferencias entre los dos regímenes.

GOLDMAN. - ¿Excluye usted la posibilidad de una victoria militar de Largo Caballero sobre Franco?
TROTSKY. - Es difícil decirlo, una victoria militar. Es posible que incluso con una victoria militar, el régimen victorioso se transforme en poco tiempo en régimen fascista, si las masas siguen estando descontentas e indiferentes y si la nueva organización militar creada por la victoria no es una organización socialista.

GOLDMAN.-Pero las masas españolas pueden conservar la ilusión de que realmente luchan contra Franco y los fascistas, de que realmente luchan por sus propios intereses proletarios.
TROTSKY. - Desgraciadamente, en su mayoría, las masas han perdido sus ilusiones. Ésta es la explicación de que la guerra civil dure aún: El gobierno del Frente Popular preparó un ejército a Franco. El nuevo gobierno es el resultado del Frente Popular, de su victoria, y ha seguido protegiendo al ejército de Franco, de tal forma que el ejército se ha preparado para la insurrección bajo el gobierno del Frente Popular. Entonces comenzó la guerra civil, y la burguesía dijo al pueblo: «Debéis esperar a la victoria. Seremos muy generosos, pero después de la victoria.»

GOLMAN. - Pero no ha respondido usted a la pregunta hecha hace media hora.
BEALS. - No había terminado aun. Todavía no veo, señor Trotsky como usted o Stalin van a salvar la situación en España. Me parece que tanto una como otra de las dos políticas que usted ha expuesto tendrán como resultado más inmediato asegurar la victoria de Franco. No le comprendo a usted muy bien. Creo que durante este tiempo, Franco habrá ganado la guerra.
TROTSKY. - No puedo sino repetir que he dado la llave, una pequeña llave a mis amigos y todos cuantos comparten la misma convicción, y es que mi primer consejo es que sean, en el momento actual, los mejores soldados en el bando de Caballero. Esto es lo primero. Usted sabe que hay un grupo de la IVª Internacional, una compañía de camaradas nuestros en las trincheras.[6] Es tan elemental que no me detendré sobre ello. Hay que batir-se. Pero, sabe usted, no es suficiente batirse con el fusil. Hay que tener ideas, y comunicarlas a los demás, preparar el futuro. Puedo combatir con el campesino, pero el comprende poco la situación. Debo explicarle las cosas. Debo decirle: «Tenéis razón para combatir a Franco. Debemos exterminar a los fascistas, pero para no tener la misma España que antes de la revolución, porque Franco ha salido de esa misma España. Debemos extirpar las bases de Franco, sus bases sociales, el sistema social del capitalismo. ¿Estáis de acuerdo?» Responderá: «Sí eso es lo que yo creo.» Entonces hay que explicar lo mismo a los obreros.

BEALS.- ¿Por qué enviaría usted a los soldados a combatir a Franco y sin embargo rechazaría entrar en el gobierno de Largo Caballero para ayudar desde él en el mismo sentido?
TROTSKY. - Ya lo he explicado. Rechazamos categóricamente entrar a formar parte del gobierno Kerensky, más los bolcheviques eran los mejores soldados contra Kornilov. Y esto no es todo: los mejores soldados y marinos eran bolcheviques. Cuando la insurrección de Kornilov, Kerensky se vio obligado a pedir ayuda a los marinos de la flota del Báltico, para defender el Palacio de Invierno. En esta época yo estaba en prisión. Le retuvieron bajo vigilancia y vinieron a preguntarme qué debían hacer: ¿detener a Kerensky o defenderlo? Esto es un hecho histórico. Yo les respondi: «Si, ahora debéis vigilarlo estrechamente; mañana lo detendremos.» (Risas).[7]



[1] Las preguntas de Carleton Beals, tendentes a implicar a Trotsky en los asuntos internos mexicanos (sobre todo la afirmación de que éste había enviado a Borodin a México para fundar el Partido Comunista) y de forma general, oponiendo a Trotsky las ideas estalinistas, sin hacer caso de las investigaciones, llevaron a Trotsky a acusarle de estar al servicio de la G.P.U.: la comisión de investigación le censuró por su actividad, lo que provocó su dimisión. (Ibidem, pp. 411-411)

[2] Después de la defección de Fersen, la marcha de Munis a México, la ruptura de hecho entre Nin y los veteranos de la Izquierda comunista y la expulsión de los militantes mexicanos de las J.S.U. de Madrid, ya no quedaban trotskystas organizados en España. Al principio de la Guerra Civil, el italiano Bartolomeo Fosco, ligado, como ya se ha visto, a Molinier, era militante del P.O.U.M. en Barcelona, y el joven Robert de Fauconnet, se había refugiado en España después de su deserción. Entre finales de junio y principios de agosto, entraron varias decenas de militantes trotskystas: la delegación del S.I. con Jean Rous (Claft), y los militantes del P.O.I., Benjamin Péret y Sebas, belgas, italianos, franceses, algunos refugiados alemanes, suizos. Estos últimos, el polaco Winter, estudiante en Suiza con el nombre de Freund, llegado a España bajo el de Moulin, Paul y Clara Thalmann, residían en Madrid, donde había trabajado sobre todo en la propaganda de Radio-P.O.U.M. La mayor parte de los demás hablan constituido uno de los elementos de base de la columna internacional Lenin, en el frente de Aragón. En Barcelona, después de la muerte de Faucconet, caído en el frente, no había sido posible poner en pie un grupo. Fosco haría responsable de esto al «sectarismo» de Rous, pero Erwin Wolf (Braun), miembro del S.I. acusa a Fosco de haber estado en contacto con los dirigentes del P.O.U.M., y de haberles denunciado a los trotskystas extranjeros que intentaron hacer fracción en él. En el primer núcleo trotskysta no había españoles. Esto se debe a que los militantes se habían marchado desde los primeros dias con las columnas de milicianos, y a que no existia ningún polo de reagrupamiento. En el moinento en que Trotsky hacía sus declaraciones, había un pequeño grupo -al parecer de mexicanos- en Madrid, y militantes de diversas nacionalidades en el «Grupo internacional de Quincena» en el frente, que eran militantes del P.O.U.M. o de la J.C.I. y una media docena de militantes en Barcelona, con Moulin y los Thalmann, el americano Milton, los italianos Carlini y Lionello Guido, sin contar a Esteban Bilbao. Este último, con algunos amigos personales, colaboraría con G. Munis desde la vuelta de éste a México. José Quesada, que entró en contacto con el «grupo B.-L.» poco después de las jornadas de mayo, nos ha cornunicado (22 de diciembre de 1972) que «Munis y Carlini constituían casi únicamente ellos dos el grupo». Alrededor de noviembre de 936, fue proclamada la «sección Bolchevique-leninista española». Landau, en un artículo firmado Spectator, en La Batalla del 20 de abril de 1937, evalúa sus efectivos en 25 miembros, en su mayoria extranjeros. Los militantes belgas que tomaron parte son más precisos, y hablan de unos efectivos totales de 33. La «corriente» B-L no se reconstituiria poco a poco más que con Eduardo Mauricio, un joven «veterano» del bastión de Llerena de la I.C.E., los ex J.C.I. madrileños Miguel Olmeda, Teodoro Sánz, Jaime Fernández, antiguos organizadores de la J.C.I. en la capital, los andaluces José Quesada y Julio Cid, que llegó atravesando las lineas franquistas. Es presumible que el grupo rival de la «sección oficial», constituido por Fosco alrededor del periódico El Soviet, era menos numeroso todavía

[3] La J.C.I. (Juventud Comunista Ibérica) habla trabado lazos amistosos con la J.S.R. francesa, firmante de la «Carta abierta para la IVª. Internacional». La mayoría de sus dirigentes, a pesar de proceder del Bloc maurinista, habían sido, si no hostiles, sí por lo menos reticentes a la entrada del P.O.U.M. en el gobierno de la Generalitat. En esta época, las juventudes del P.OU.M. intentaban crear con las Juventudes Libertarias, un «Frente revolucionario de la juventud», cuyos inicios fueron prometedores en Cataluña, donde algunos creyeron ver realizada la primera etapa del «Frente revolucionario P.O.U.M.-C.N.T.-F.A.I.», que constitula la principal consigna del P.O.U.M.... después de algunos meses, la J.C.I. se convertiria, con la federación de Madrid, en el blanco de los ataques de la derecha del P.O.U.M., representada por la federación de Levante y su periódico, El Comunista. Su semanario Juventud Comunista hace público el debate por primera vez en un articulo en el que acusa a El Comunista de «minimizar el carácter revolucionario del Frente revolucionario de la juventud», falsificando de hecho su politica al disimular sus objetivos de clase.

[4] Retengamos de pasada esta afirmación neta y pública, que reduce a nada la acusación ulterior de La Batalla clandestina del 5 de marzo de 1938, según la cual, Trotsky habría esperado a que Nin estuviera muerto para rendirle homenaje.

[5] Este programa había sido desarrollado personalmente por Stalin en una carta, inédita en la época, dirigida a Largo Caballero (facsímil del original en Guerra y revolución en España, t. II, Ed. de Moscú 100 y ss.) . En lo que concierne a la postura oficial de la I.C se puede consultar la resolución del Presidium del 28 de diciembre de 1936 (Rundschau, VI, I, p. 31; 7 de enero de 1936 –se trata en realidad de 1937) cuyo texto está reproducido en la inglesa en J. Degras, The Communist International, pp. 397-400).

[6] Los voluntarios bolcheviques-leninistas en España, en realidad se encontraban diseminados entre las diferentes columnas del P.O.U.M., en los frentes de Aragón y de Madrid, e incluso en las de la C.N.T.-F.A.I. A principios de agosto, una cincuentena de franceses, belgas, alemanes e italianos, en su mayoría exiliados, servían en el frente de Huesca bajo las órdenes de Manuel Grossi; la chispa, símbolo de la IV.ª Internacional, había sido grabada sobre el parapeto del manicomio de Huesca. Pero realmente no había unidad de «compañía» puramente bolchevique-leninista, ya que la dirección del P.O.U.M. no los aceptaba en sus filas más que a título personal. Quizá Trotsky hace alusión aquí a la «columna Lenin», formada en Barcelona ep agosto y disuelta en octubre. A propósito de esto, La Lutte ouvriere del 15 de agosto de 1936 habla de 30 voluntarios enviados por el P.O.I. de Marsella, en su mayoria exiliados italianos. El informe de Rous da la cifra de 23 bolcheviques-leninistas en la columna Lenin. Su responsable, miembro del «Comité Central de la organización B.-L. en las milicias», antiguo militante del P.O.I y de la J.S.R., Robert de Faucconet, moriría delante de Huesca a principios de septiembre. Según Fosco, la postura del Secretariado Internacional se podría resumir así: «Hay que ayudar a los camaradas del frente para demostrar a los estalinistas y a todos los contrarrevolucionarios que los bolcheviques-leninistas saben batirse en el frente con el fusil en la mano contra los fascistas.» (Emiliano Vigo, «Espagne, mai 36-janvier 38», La Vérité, segunda serie, junio de 1938, n.º 2, p. 45.) Siguiendo esta linea, León Sedov había pedido al P.O.U.M. que le aceptase en sus milicias. Se encuentra escaso número de bolcheviques-leninistas en las filas de combatientes, pero en relación a los efectivos de su organización de origen, era, en realidad, particularmente elevado.

[7] Al lector no se le puede escapar la lucidez de Trotsky para desvelar intrigas, predecir acontecimientos, etc., y el hecho de que para responder a la última pregunta formulada aquí sobre una cuestión especifica de política militar e interior de la guerra civil española, se acoja a acontecimientos ocurridos en 1917 en la Rusia revolucionaria, lo que revela de alguna manera cierta dependencia teórica de Trotsky respecto a la Revolución bolchevique, «defecto» -o «cualidad» en todo caso- también presente en muchos miembros de la Oposición de Izquierda en general, y del marxismo militante.



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