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Los senderos de la Revolución Rusa

 

Karl Radek[1]

Hamburgo, 1922

Folleto publicado bajo el título Wege der Russischen Revolution, Verlag der Kommunistischen Internationale Ausliefernungstelle für Deutschland: Carol Hoym Nachf Louis Cahnbley, Hamburgo, 1922. Presentamos una traducción inédita al español de este artículo publicado en el libro In defense of Russian Revolution, una compilación realizada por Al Richardson.

 

 

El marxismo ruso, que preparó el terreno para la actividad de la clase obrera rusa al anticipar claramente las tendencias del desarrollo de Rusia a finales del siglo XIX, y al definir el rol de las diferentes clases sociales en las luchas por venir, comenzó por destruir las ilusiones de los socialistas pequeño burgueses acerca de las fuerzas motrices y la naturaleza de la Revolución Rusa. Ya en sus primeros trabajos, Plejanov demostró que Rusia tenía que transitar el camino hacia el capitalismo, y que lo estaba haciendo. Destruyó los sueños sobre la posibilidad de saltar del yugo zarista al dominio del socialismo como una ilusión perniciosa. La clase obrera, dijo, debe hacer todos los esfuerzos posibles por conquistar la democracia en Rusia, y sólo después de haberse ilustrado, organizado e iluminado, sería capaz de coronar exitosamente la lucha por el socialismo -dentro del marco del capitalismo y la democracia-. En su folleto titulado El socialismo y la lucha política, que apareció en 1881, Plejanov escribió:

"Fundir dos cuestiones tan fundamentalmente diferentes tales como el derrocamiento del absolutismo y la revolución socialista, librar la lucha revolucionaria creyendo que estos elementos del desarrollo social coincidirán en la historia de nuestro país significa posponer el advenimiento de ambos. "[2]

Mientras que establecía así el contenido burgués de la futura Revolución Rusa, explicaba al mismo tiempo que la revolución en sí misma sería en primer lugar obra de la clase obrera. "La libertad política será conquista por la clase obrera, o no será conquista en absoluto", explicaba Plejanov en el Sozialdemokrat en 1888. Los argumentos de los pioneros del marxismo ruso acerca de la Revolución Rusa dejaban entonces en claro los límites burgueses objetivos de la revolución, pero también asignaban al proletariado el rol de agencia dirigente, de ejecutor de la revolución.

Los años que precedieron el comienzo de los grandes movimientos revolucionarios de Rusia estuvieron llenos de luchas relacionadas con los métodos de trabajo del Partido Socialdemócrata revolucionario, con las tácticas del joven partido de la clase obrera que estaba en proceso de formación, y fueron también los años de lucha de la Iskra contra los "economistas"[3], que estaban ligadas a las grandes cuestiones históricas sólo de modo muy indirecto. Pero la cuestión del contenido social de la Revolución Rusa se iba a plantear nuevamente ante el partido en toda su amplitud en ocasión del nacimiento del socialismo pequeño burgués, los socialistas revolucionarios[4], y con el ascenso del movimiento liberal, fenómenos que exigieron tomar posiciones claras. En el transcurso de los años 1904-1905, cristalizaron las tendencias de los bolcheviques y los mencheviques en el seno de la socialdemocracia rusa, surgiendo precisamente en conexión con estas cuestiones. ¿Cuáles eran las diferencias entre las dos tendencias en su análisis del carácter de la Revolución Rusa y de sus fuerzas motrices? En el folleto de Lenin titulado Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática (verano de 1905), leemos lo siguiente:

"Finalmente, señalaremos que la resolución, al hacer de la implementación del programa mínimo la tarea del gobierno revolucionario provisional, elimina las ideas absurdas y semi-anarquistas sobre la implementación inmediata del programa máximo, y la conquista del poder por medio de una revolución socialista. El grado de desarrollo económico de Rusia (una condición objetiva), y el grado de conciencia de clase y organización de las amplias masas del proletariado (una condición subjetiva vinculada inseparablemente con la condición objetiva) hacen imposible la inmediata y completa emancipación de la clase obrera. Sólo las personas más ignorantes pueden cerrar sus ojos e ignorar la naturaleza burguesa de la revolución democrática que se está desarrollando en este momento; sólo los optimistas más ingenuos pueden olvidar cuán poco informadas están aún las masas obreras sobre los objetivos del socialismo y los métodos para lograrlo. Todos nosotros estamos convencidos de que la emancipación de la clase obrera debe ser conquista por la clase obrera misma; una revolución socialista queda descartada a menos que las masas adquieran conciencia de clase y se organicen, se entrenen y se eduquen por medio de la lucha de clases abierta contra la burguesía entera. En respuesta a las objeciones de los anarquistas de que estamos posponiendo la revolución socialista, decimos: no la estamos posponiendo, sino que estamos dando el primer paso que conduce hacia ella en la única forma posible, por el único sendero correcto, es decir, el sendero de una república democrática. Quienquiera que desee alcanzar el socialismo por cualquier otro sendero que no sea el de la democracia política arribará inevitablemente a conclusiones absurdas y reaccionarias, tanto en un sentido económico como político. Si cualquier obrero nos pregunta en el momento adecuado porqué no avanzamos y llevamos adelante nuestro programa máximo, debemos responderle señalando que las masas del pueblo que abrigan aspiraciones democráticas todavía están muy lejos del socialismo, que los antagonismos de clase no se han desarrollado del todo aún, y que los proletarios están muy poco organizados. ¡Organicemos a centenares de miles de obreros a lo largo y lo ancho de Rusia; conquistemos la simpatía de millones hacia nuestro programa! Tratemos de hacerlo sin limitarnos a pronunciar frases anarquistas altisonantes pero vacías, y verán ustedes de inmediato que la concreción de esa organización y la difusión de las ideas ilustradas del socialismo dependen de la conquista completa y total de las transformaciones democráticas."[5]

Este no era un pensamiento pasajero, sino que constituyó el fundamento teórico del conjunto de la posición de Lenin y los bolcheviques durante la primera revolución. ¿En qué difería entonces de la posición de los mencheviques?

 

Las diferencias no estuvieron claras hasta que se planteó la cuestión de determinar el rol de las clases no proletarias en la revolución, y las relaciones entre ellas. Partiendo del hecho de que la Revolución Rusa prepararía antes que nada el terreno para el libre desarrollo del capitalismo este concepto era patrimonio común de bolcheviques y mencheviques, los mencheviques arribaban a la conclusión de que el liderazgo de la revolución debía caer en manos de la burguesía. Los mencheviques combatían en forma resuelta la idea de que la clase obrera junto con el campesinado debían tomar el poder para que la revolución llevara a cabo sus objetivos democráticos burgueses. Según la concepción menchevique, el rol que la clase obrera revolucionaria y su partido debían desempeñar era el de una oposición de izquierda. Los mencheviques igualaban los esfuerzos de la clase obrera por tomar el poder junto con el campesinado al millerandismo, esto es, la participación de la socialdemocracia en gobiernos burgueses a finales del siglo XIX, y vaticinaban que cualquier intento por participar en el gobierno sería un desastre para la socialdemocracia. Por su parte, los bolcheviques demostraron que, en primer lugar, la concepción menchevique era completamente esquemática, y en segundo lugar, que ésta significaba renunciar a la victoria radical de la revolución burguesa. Del hecho de que la Revolución Rusa fuera burguesa en su contenido no se seguía en absoluto, decían, que la burguesía industrial tuviera que ser su agente. La burguesía industrial estaba totalmente comprometida con el zarismo y temía a la clase obrera en demasía como para poder situarse a la cabeza de las masas populares en la lucha contra el zarismo. Toda la historia del siglo XIX la había vuelto ya muy consciente de su antagonismo con la clase obrera. Pero había además de la burguesía industrial una clase burguesa cuyos intereses pedían a gritos la victoria de la revolución. Esta clase era el campesinado. Los bolcheviques explicaban que el campesinado tenía que luchar contra el zarismo hasta la victoria final si deseaba obtener la tierra. El campesinado es una clase burguesa. ¿Pero se trata de una clase que debía destruir el edificio del zarismo con el fin de lograr sus objetivos burgueses? Esta clase es inculta, y está comenzando a dar sus primeros pasos. La tarea de la socialdemocracia debe ser dirigir en la lucha, no sólo a la clase obrera, sino al campesinado también. Para que el trabajo de la socialdemocracia llegara a buen puerto, para que las masas del pueblo se levantaran contra el zarismo, entonces sería necesaria la creación de un gobierno revolucionario, cuya tarea sería conducir la revolución burguesa hasta el final mediante una lucha contra las fuerzas del viejo régimen que no podían ser aniquiladas de un solo golpe. Los bolcheviques consideraban la participación en este gobierno proletario revolucionario común como una garantía para la victoria de la revolución; le reprochaban a los mencheviques el querer limitarse a jugar un papel de oposición, y de abandonar a priori la dirección a manos de elementos que no querían la victoria final de la revolución, y que buscaban en cambio llegar a un entendimiento con el zarismo. Las controversias entre los mencheviques y los bolcheviques antes y durante la revolución concernían, por lo tanto, a diferentes relaciones con el campesinado por un lado, y con la burguesía liberal, por el otro. Las diferencias también planteaban la cuestión del rol de la clase obrera en la revolución, la cuestión de saber si la clase obrera debería adoptar un rol dirigente durante la revolución, o si debería dejar la dirección en manos de la burguesía.

Trotsky y Parvus[6] por un lado, y Kautsky[7] y Rosa Luxemburgo[8] por el otro, ya por entonces expresaban concepciones diferentes a las sostenidas por las dos tendencias de la socialdemocracia rusa. Empezando por Kautsky, que ahora tilda de utopistas y absurdos a todos aquellos que se atreven a dudar de la corrección de las concepciones mencheviques, esto es lo que declaraba en respuesta a preguntas formuladas por Plejanov:

 

"El cuestionario incluye las siguientes tres preguntas:

 

"1. ¿Cuál parecería ser el carácter general de la Revolución Rusa? ¿Tenemos ante nosotros una revolución burguesa o una revolución proletaria?

"2. Dados los intentos inútiles del gobierno ruso por reprimir al movimiento revolucionario, ¿qué actitud debería asumir el Partido Socialdemócrata con respecto a la democracia burguesa que está peleando por la libertad política a su manera?

"3. ¿Qué táctica debería seguir el Partido Socialdemócrata en las elecciones a la Duma, con el fin de explotar, sin violar las resoluciones de Amsterdam[9], las fuerzas de los partidos burgueses de oposición en la lucha contra el antiguo régimen?

"No me parece que podamos responder a la primera de estas preguntas sencillamente, en un sentido o en otro. La era de las revoluciones burguesas, en otras palabras, las revoluciones cuya fuerza motriz es la burguesía, se terminó, incluso en Rusia. Asimismo, en Rusia el proletariado ya no representa un apéndice y un instrumento de la burguesía, como era el caso en la revolución burguesa, sino una clase autónoma con sus propios objetivos revolucionarios. Pero allí donde el proletariado se ha presentado de esta manera, la burguesía deja de ser una clase revolucionaria. La burguesía rusa, en la medida en que por lo general sigue una política de clase autónoma y es liberal, obviamente aborrece al absolutismo, pero aborrece la revolución todavía más, y aborrece al absolutismo sobre todo porque ve en él la causa básica de la revolución; y en la medida en que reclama libertad política, lo hace sobre todo porque espera, a partir de ahí, encontrar un medio privilegiado para poner fin a la revolución.

"Por lo tanto la burguesía no forma parte de las fuerzas motrices del movimiento revolucionario genuino en Rusia, y en este sentido no podemos describir la revolución como burguesa.

"Pero no podemos en consecuencia concluir que ésta constituya un movimiento socialista. De hecho, no puede de ninguna manera conducir al proletariado al poder exclusivo, a la dictadura. El proletariado ruso es demasiado débil y no está lo suficientemente desarrollado para eso. No obstante, es muy probable que en el transcurso de la revolución el Partido Socialdemócrata conquiste la victoria, y haría muy bien en infundir en sus seguidores confianza en esta victoria, porque no se puede luchar y vencer si se renuncia a la victoria de antemano. Pero será imposible para la socialdemocracia conquistar la victoria sólo con el proletariado, sin ayuda de otra clase. Esta es la causa de que, en tanto partido victorioso, éste no será capaz, a la hora de implementar su programa, de ir más allá de lo que los intereses de la clase que apoye al proletariado le permita.

"¿Sobre qué clase, sin embargo, puede el proletariado ruso apoyarse en su lucha revolucionaria? Si nos limitamos a mirar la superficie de la política, podríamos llegar a considerar que todas las clases y todos los partidos que aspiran a la libertad política deberán sencillamente contribuir para conquistarla, y ajustar sus diferencias sólo luego de que la libertad política haya sido conquistada. Pero toda lucha política es básicamente una lucha de clases, siendo por lo tanto una lucha económica. Los intereses políticos son el resultado de los intereses económicos; es en pos de defender estos intereses que las masas populares se están sublevando, no por conquistar ideas políticas abstractas. Quienquiera que desee inspirar a las masas populares en pos de la lucha política debemos mostrarles hasta qué punto ésta está directamente vinculada con sus intereses económicos. Por lo tanto, éstos no deben ser relegados ni por un segundo para que la lucha por la libertad no sea bloqueada. La alianza del proletariado con otras clases en el transcurso de la lucha revolucionaria debe por lo tanto descansar en una comunidad de intereses económicos, para ser duradera y conducir a la victoria. La táctica de la socialdemocracia rusa debe también apoyarse en esta comunidad de intereses.

"Pero una sólida comunidad de intereses durante todo el periodo de la lucha revolucionario sólo existe entre el proletariado y el campesinado. Esta debe servir, por lo tanto, como plataforma del conjunto de la táctica revolucionaria de la socialdemocracia rusa. La cooperación con el liberalismo sólo puede tener cabida siempre y cuando no impida la cooperación con el campesinado.

"La fortaleza revolucionaria de la socialdemocracia rusa está basada en la comunidad de intereses que existe entre el proletariado industrial y el campesinado, y también allí radican sus chances de victoria, así como también los límites de sus posibilidades de sacarle provecho.

"No estaremos en condiciones de ganar tan pronto en Rusia sin los campesinos. Pero no debemos aguardar a que los campesinos se vuelvan socialistas. El socialismo sólo puede ser construido sobre la base de la gran industria, y de grandes empresas; no se lleva bien con las condiciones imperantes en la pequeña industria y en las pequeñas unidades económicas como para nacer y mantenerse en medio de una población cuya amplia mayoría es campesina. Una vez que el socialismo se haya vuelto dominante en la gran industria y en la explotación agrícola extensiva, puede, a fuerza del ejemplo, convencer a los pequeños campesinos e inducirlos a imitarlo, pero no puede originarse a partir de ellos. Y las condiciones materiales e intelectuales para esto faltan en Rusia, más que en ninguna otra parte. El comunismo de la aldea rusa está completamente atado a la tierra, y no significa en absoluto producción en común. Esta es la razón por la cual es imposible que de la moderna producción para el intercambio se pase a un modo superior de producción sobre la base de la comuna agrícola. Esta requiere como mínimo el contexto de la gran ciudad, pero los productores agrícolas rusos son absolutamente incapaces de producir a escala nacional.

"La actual revolución no haría más que conducir, en el campo, a la creación de un poderoso campesinado sobre la base de la propiedad privada de la tierra, y por lo tanto ampliaría la brecha que separa al proletariado y los sectores poseedores de la población rural, tal como sucede ya en Europa occidental. En consecuencia, parecería impensable que la actual Revolución Rusa conduzca directamente a la introducción de un modo de producción socialista, incluso si ésta condujera temporariamente a la socialdemocracia al poder.

"Pero, por supuesto, podríamos también encontrarnos con muchas sorpresas. No sabemos cuánto durará la Revolución Rusa, y por las formas que ha tomado ahora, no parece querer detenerse muy pronto. Tampoco sabemos qué influencia ejercerá ésta sobre Europa occidental y cómo fertilizará al movimiento proletario allí existente. Por último, no sabemos en absoluto cómo el éxito del proletariado de Europa occidental que resultaría de esto repercutiría sobre el proletariado ruso. Haríamos bien en familiarizarnos con la idea de que aquí estamos tocando problemas y situaciones completamente nuevas que no se ajustan a ninguno de los modelos vigentes hasta ahora.

"La mejor forma de hacerle justicia a la Revolución Rusa y a las tareas que nos plantea es no considerarla ni una revolución burguesa en el sentido tradicional de la palabra, ni tampoco una revolución socialista, sino un proceso totalmente único que podría desarrollarse tan lejos hasta rozar el límite que separa a la sociedad burguesa de la sociedad socialista, que aceleraría la disolución de la primera y prepararía la formación de la segunda, y que de todas maneras haría dar un gran salto adelante, en su desarrollo, al conjunto de la humanidad que es parte de la civilización capitalista. "[10]

Comparemos ahora estas declaraciones de Kautsky con las que concienzudamente escribió en su última elaboración: Von der Demokratie zur staatssklaverei:

"No estamos acusando a Lenin y sus compañeros de considerar al capitalismo como inevitable, dado el nivel del desarrollo de Rusia, sino de haberse dado cuenta de esto recién ahora, después de casi cuatro años de haber puesto rumbo en la dirección contraria con energía brutal, y de haber tildado de traidores y renegados a todos aquellos que tenían una comprensión cabal de lo que sucedía; pero esto no fue difícil para aquellos que tenían un entrenamiento socialista, dado que los marxistas habían reconocido y anticipado hace ya 10 años atrás que la futura Revolución Rusa sería una revolución burguesa.

"Rusia se hubiera ahorrado cuatro años de sangre, lágrimas y ruina si los bolcheviques hubieran poseído la sensatez de los mencheviques y se hubieran limitado a lo que era posible, revelando así su comprensión superior."[11]

Este honesto camarada trata que crear aquí la impresión de que él ha sido menchevique, por decirlo de alguna manera, desde el nacimiento. Pero como la cita anterior demuestra, no sólo había tomado partido firmemente por los bolcheviques en la cuestión decisiva acerca de la comprensión del rol de la burguesía en la Revolución Rusa, sino que incluso en aquellas cuestiones donde difería de los bolcheviques, fue incluso más lejos que éstos estimando que era posible pasar sin mediaciones de la Revolución Rusa a una lucha directa por el socialismo. El respetado Karl Kautsky puede aducir en su defensa que sus ideas actuales son un eco de las de Martov, pero que en 1905-1906 había adoptado como propias las de Rosa Luxemburgo.

Los argumentos de Kautsky de 1906 reflejaban una tendencia que tuvo sus representantes en la época de la primera revolución, en las figuras de Trotsky, Parvus y Rosa Luxemburgo, una tendencia que, como ya hemos dicho, estaba por fuera de las dos fracciones de la socialdemocracia rusa. Los representantes de esta tendencia señalaban que incluso aunque el campesinado representara una gran fuerza revolucionaria, que la clase obrera debía intentar desarrollar por todos los medios, y sobre la cual debía apoyarse, aquél no era capaz de adoptar una política independiente en razón de su atomización social, su dispersión y el bajo nivel de su desarrollo.

Mientras que Lenin y los bolcheviques hablaban sobre la dictadura del proletariado y el campesinado, los marxistas mencionados más arriba establecieron la fórmula de la dictadura del proletariado apoyada por el campesinado. Desde 1905 en adelante, Trotsky planteó las siguientes cuestiones en su artículo "Las perspectivas de la Revolución Rusa":[12]

"El problema en su conjunto se reduce a lo siguiente: ¿quién determinará el contenido de la política del gobierno, quien conformará dentro de él una sólida mayoría? Una cosa es que los representantes de los estratos democráticos del pueblo ingresen a un gobierno con una mayoría obrera, pero otra cosa muy diferente es que los representantes del proletariado participen en un gobierno claramente democrático burgués en calidad de rehenes más o menos honorables... Basta imaginarse un gobierno democrático revolucionario sin representantes del proletariado para percatarse inmediatamente del sinsentido que encierra una concepción semejante. La negativa de los socialdemócratas a participar en un gobierno revolucionario convertiría a tal gobierno en un imposible, y sería entonces equivalente a una traición de la revolución. Pero la participación del proletariado en un gobierno es también lo más probable objetivamente, y algo permitido en principio, sólo como partícipe dominante y en posición dirigente. Se podría describir a semejante gobierno, por supuesto, como la dictadura del proletariado y el campesinado, una dictadura del proletariado, el campesinado y la intelectualidad, o incluso un gobierno de coalición de la clase obrera y la pequeño burguesía, pero la pregunta sigue no obstante estando planteada: ¿quién va a detentar la hegemonía en el seno del gobierno mismo, y mediante ésta en el país entero?" [13]

Trotsky se inclinaba claramente en favor de la hegemonía del proletariado en el seno del gobierno, buscando demostrar que a pesar del atraso de las condiciones sociales, a pesar del bajo nivel del desarrollo capitalista en Rusia, el gobierno revolucionario se vería forzado a tomar medidas transicionales que conducirían al socialismo:

"La dominación política del proletariado es incompatible con su esclavización económica. No importa bajo qué bandera política el proletariado haya llegado al poder, está obligado a tomar el sendero de la política socialista. Sería pecar de utópicos incurables pensar que el proletariado, después de haberse elevado al dominio político por el mecanismo interno de una revolución burguesa, pueda o incluso desee, limitar su misión a la creación de condiciones democrático republicanas para la dominación social de la burguesía. El dominio político del proletariado, aunque éste sea sólo temporario, debilitará en grado extremo la resistencia del capital, que siempre requiere del apoyo del estado, y le otorgará un alcance tremendo a la lucha económica del proletariado. Los obreros no pueden más que exigir el apoyo de los huelguistas por parte del gobierno revolucionario, y un gobierno que se apoye en los obreros no podrá rehusarse a cumplir esta exigencia. Pero esto significa paralizar el efecto del ejército de reserva de mano de obra y convertir a los trabajadores en los amos, no sólo en el campo político sino también en el económico, convirtiendo así a la propiedad privada de los medios de producción en una ficción. Estas inevitables consecuencias socio-económicas de la dictadura proletaria se harán sentir muy rápidamente, mucho antes de que la democratización del sistema político haya sido culminada. La barrera entre el programa 'mínimo' y el 'máximo' desaparece inmediatamente una vez que el proletariado llega al poder."[14]

Trotsky se ve así confrontado con el problema de las relaciones existentes entre la necesidad política que él describe y el estado de la economía rusa. Y lo responde refiriéndose al muy alto grado de concentración industrial existente en Rusia, a la concentración y a la muy fuerte cohesión del joven capitalismo ruso importado desde el exterior, y a la influencia de la Revolución Rusa sobre el proletariado europeo:

"Sin el apoyo estatal directo del proletariado europeo, la clase obrera de Rusia no puede mantenerse en el poder y convertir su dominación temporal en una dictadura socialista duradera. De esto no puede haber la menor duda. Pero por otra parte, no puede haber ninguna duda de que una revolución socialista en el Oeste nos permitirá convertir, directamente, la dominación temporal de la clase obrera en una dictadura socialista."[15]

Así, para él, la Revolución Rusa es el punto de partida de la revolución proletaria europea. Concibe a la Revolución Rusa como un elemento de la revolución permanente europea.

 

Nos abstendremos de citar en detalle los conceptos de Rosa Luxemburgo, que apenas difieren de los de Trotsky. Nos limitaremos a añadir un punto más a la construcción de este cuadro. Rosa Luxemburgo ya se había ocupado de las perspectivas de la Revolución Rusa luego de la derrota de la revolución de 1905-1906 en un artículo en el cual ella polemizaba contra un libro del celebrado publicista menchevique, Cherevanin. [16] En este artículo, que apareció en 1908 en el órgano teórico del marxismo polaco Przeglad socjaldemokratyczny, ella defendía la tesis de que incluso las revoluciones burguesas como la Revolución Francesa, con el fin de lograr incluso sus limitados objetivos burgueses, habían tenido que ir más allá de ellos, y que cuanto más una revolución profundizaba su desarrollo, menos podía ser obligada a retroceder por una contrarrevolución.

Hemos delineado aquí las cuestiones básicas que se planteaban, ya antes y durante la primera Revolución Rusa, ante la vanguardia del proletariado ruso. Como puede verse, estas son cuestiones decisivas que hacen al destino de la Revolución Rusa actual. La revolución de 1905-1906 fue el prólogo de la revolución de 1917. Todas las clases que iban a medir sus fuerzas 12 años más tarde en otras circunstancias, ya se habían trabado en combate, y esa es la razón por la cual todas las preguntas que estamos respondiendo en la práctica en este momento, ya fueron planteadas por las acciones y la historia de la Revolución Rusa. La revolución de 1905-1906 no pudo brindar una respuesta a todas las cuestiones planteadas, en razón de que el zarismo logró, con ayuda del capital europeo, derrotar al joven proletariado y al campesinado antes de que la primera Revolución Rusa pudiera expandir su influencia internacional en forma suficiente. La primera Revolución Rusa estimuló al movimiento proletario internacional en forma extraordinaria. Colocó a la huelga de masas a la orden del día, y no es por casualidad que el folleto de Rosa Luxemburgo La huelga de masas[17], que fue escrito sobre la base de las experiencias de la Revolución Rusa, sea el primer documento internacional del movimiento comunista contemporáneo, el punto de partida de la tendencia revolucionaria de la extrema izquierda alemana.

Pero la primera Revolución Rusa brindó, en muchas maneras, una respuesta clara e inequívoca a aquellos "problemas candentes" de nuestro tiempo. Mostró de hecho que, cualesquiera que fueran los límites de la Revolución Rusa, la burguesía era ya en Rusia un factor contrarrevolucionario en la época de la primera revolución. Durante la primera revolución, de hecho, se conformó con las concesiones de palabra hechas por el zarismo, y buscó llegar a un acuerdo con él. Cuando el zarismo logró estrangular la revolución sólo con ayuda del capital europeo, cuya actitud estuvo determinada, en otras cosas, por el hecho siguiente: sabía que la burguesía no quería la caída del zarismo, a pesar de su supuesta oposición a éste. Sin embargo, los mencheviques, al vincular sus perspectivas de revolución a un nuevo resurgir de la oposición burguesa, [18] incluso después de la derrota de la primera revolución, demostraban que sufrían de ceguera política congénita. La burguesía rusa escenificó una parodia de lucha contra el zarismo en la Duma. Pero al mismo tiempo estaba nuevamente buscando llegar a un acuerdo con el zarismo sobre la base del imperialismo ruso. Peter Struve[19], el más prominente ideólogo del liberalismo ruso, se convirtió en el profeta de la Gran Rusia, y Paul Miliukov, el líder político del liberalismo ruso, se convirtió en el promotor de la política rusa en los Balcanes, la cual junto a la política alemana en Turquía condujo a la guerra de 1914.

La guerra también enterró bajo sus escombros los fingidos intentos de lucha del liberalismo. Durante la guerra de 1914-1917, los liberales iban a engrosar las filas de las fuerzas patrióticas en la guerra rusa. La revolución de 1917, que no fue más que la rebelión de las masas populares rusas contra las consecuencias devastadoras de la participación zarista en la guerra mundial, tuvieron que colocarse, desde el comienzo, en oposición a la burguesía.

Sin embargo, el rol contrarrevolucionario de la burguesía significaba que la clase obrera tenía que conducir una lucha muy dura contra la burguesía industrial con el fin de combatir al zarismo. La clase obrera tenía que luchar contra ella paso a paso, con el fin de afianzar su influencia sobre las masas semi-proletarias y pequeño burguesas. Al mismo tiempo, se reveló que la lucha del proletariado contra la burguesía se correspondía no sólo con su actitud hacia la democracia, sino que la lucha por la democracia también se desarrollaba a partir del rol social del proletariado, de su lucha contra la explotación capitalista. El proletariado ni siquiera necesitaba aventurarse más allá de los límites del programa mínimo para trabarse en lucha con la burguesía. Desde el momento en que comenzaba a luchar contra los métodos de la acumulación primitiva, que eran por entonces instrumentados en Rusia por el capitalismo, éste chocaba directamente con la burguesía. La lucha por la jornada de ocho horas (la democracia burguesa es un sinsentido si esta exigencia no es satisfecha, ya que una bestia de carga, atada desde la mañana hasta la noche a una máquina, obviamente no puede participar en la vida política), condujo después del Manifiesto de Octubre a una gran lucha entre el proletariado y la burguesía, una lucha en la cual la burguesía como clase se colocó abierta, clara e inequívocamente del lado del zarismo, al cual recurrió en busca de auxilio contra el proletariado. El antagonismo entre el proletariado y la burguesía demostró ser una de las fuerzas motrices más importantes de la Revolución Rusa.

La revolución no se impuso en forma definitiva en la aldea, pero allí socavó los cimientos del zarismo tanto como en las ciudades. En gran parte de Rusia, ésta empujó al campesinado a trabarse en una lucha armada contra la nobleza. El "gallo rojo" hizo resonar su grito sobre las tierras de los nobles que habían movilizado a todos los escorpiones del gobierno contra los campesinos. Aunque la conciencia de clase del campesinado en el ejército estaba muy poco desarrollada como para evitar que los campesinos desempeñaran el papel de verdugo con respecto a sus propios hermanos, las expediciones militares punitivas contra las aldeas minaron no obstante la vieja mentalidad del ejército, tanto como en la aldea. El zarismo comprendió mejor que los mencheviques el peligro que lo amenazaba desde el flanco campesino. El gobierno zarista, después de haber abrigado la esperanza, en la época de las elecciones para la primera Duma en 1906, de que las masas de campesinos ignorantes serían un contrapeso al voto de la ciudad, trató luego de la primera revolución de dividirlos, con el fin de apoyarse en los campesinos ricos contra los pobres, y así poder, gracias a este nuevo antagonismo en el seno del campesinado mismo, debilitar y paralizar la fuerza de sus golpes contra el estado zarista.

El nuevo factor, que los marxistas no habían anticipado, fue la forma en la cual la clase obrera se organizó como agente revolucionario. Junto a los partidos políticos y los sindicatos, surgieron los soviets en forma espontánea. Durante las jornadas de octubre de 1905, cuando el zarismo se vio sacudido hasta los cimientos por la huelga general, los soviets de algunas ciudades eran los órganos del poder, y la burguesía tuvo que capitular ante ellos en muchos lugares. Demostraron ser, en forma embrionaria, órganos de la lucha por el poder. Los marxistas explicaron su aparición por la ausencia de sindicatos sólidamente implantados en la clase obrera, de la cual se impuso la necesidad de organizaciones proletarias amplias. Incluso los marxistas rusos, para no hablar de los marxistas europeos, no se percataron que éstos eran no sólo organizaciones de lucha contra el gobierno burgués, sino que también eran el embrión de la futura organización del poder proletario. Es absolutamente llamativo que la idea de los soviets no hubo penetrado en absoluto en el universo intelectual del movimiento socialista europeo, que fue tonificado en tantos aspectos por la primera Revolución Rusa.

II

La revolución de febrero de 1917 retomó el hilo de la primera revolución de 1905. La victoria se conquistó rápidamente en febrero de 1917 sólo porque la revolución de 1905 había preparado el terreno en Rusia profundamente. Los oportunistas de la Segunda Internacional que habían explicado, luego de la derrota de 1907, que la Revolución Rusa había sido inútil (Karl Leutner[20], el director de la Wiener Arbeiterzeitung, señalaba en 1908 que la "extraordinariamente organizada" revolución de los Jóvenes Turcos lo había impresionado mucho más que el caos revolucionario ruso), pecaron de miopía una vez más a la luz de los eventos de 1917. Gracias a las experiencias acumuladas en el transcurso de la revolución de 1905-1906, las masas populares rusas iban a comenzar la revolución de 1917 con un acervo de concepciones políticas que había sido reforzado y agudizado por los dos años y medio de experiencia de la guerra. Por lo tanto, iban a empujar a la revolución mucho más lejos de lo que podía tolerar la burguesía desde el vamos. El arresto del zar, el jaque mate a la instalación de la regencia[21], y la proclamación de la república se cuentan entre las conquistas no menores de la primera revolución. Al mismo tiempo, las masas de obreros y soldados comenzaron a formar soviets de obreros y soldados espontáneamente. Los campesinos los imitaron en las aldeas, y estas organizaciones de masas, formadas espontáneamente, se convirtieron incluso antes de ser concientes del hecho de que eran los órganos constituyentes del poder proletario en los órganos que tomarían el poder. El poder gubernamental cayó en manos de la burguesía, y ésta sólo más tarde invitó al partido proletario-pequeño burgués de los mencheviques, y al partido campesino de los socialistas revolucionarios a participar en el gobierno. Pero el gobierno provisional, burgués, desde el primer día de su existencia se iba a quejar del "doble poder", ya que los soviets de obreros y soldados no sólo le arrebataban el control al gobierno provisional burgués, sino incluso parte del poder ejecutivo. Quizás se me permita recordar aquí un hecho poco conocido, pero que arroja una reveladora luz sobre el poder creativo de las masas populares durante la revolución. Cuando durante los primeros días de la Revolución de Febrero en el momento en que las noticias acerca de los eventos en San Petersburgo eran todavía muy vagas, un grupo de bolcheviques que estaba en Noruega le formuló al camarada Lenin una pregunta sobre la actitud a adoptar hacia la consigna de Asamblea Constituyente. Lenin respondió de la siguiente manera: la Asamblea Constituyente, dijo, seguramente no será convocada rápidamente por el gobierno provisional; el parlamento, además, es en general de una importancia altamente dudosa como foco central de la revolución. Aconsejaba el traspaso de la administración local, en todas partes, o allí donde fuera posible, a manos de la clase obrera, con el fin de convertirla en bastiones de la revolución. Lenin, por lo tanto, había reconocido de manera penetrante que no sería una república democrático burguesa la que mantendría el poder de la revolución, sino una república al estilo de la Comuna de París[22], en la cual el pueblo revolucionario concentraría en sus manos, simultáneamente, el poder legislativo, ejecutivo y judicial. Pero él no pudo descubrir la forma concreta de esta república al estilo de la Comuna de París. Ésta fue creada por las masas de obreros y soldados en su impulso elemental hacia la lucha.

¿Pero cuál fue el contenido de la Revolución de Febrero? Ésta fue una revolución donde los campesinos en el ejército y los obreros, aplastados por el peso de la guerra, se rebelaron no sólo contra la guerra misma y su continuación, sino contra el gobierno que la había conducido tan incompetentemente, descargando todo su peso y sus penurias sobre sus espaldas. Sólo una pequeña minoría de proletarios y soldados se oponían por entonces a la guerra en general. Pero las masas maduran muy rápidamente en el transcurso de una revolución. Por lo tanto, la Revolución de Febrero se transformó muy rápidamente en una revolución contra la guerra. Enfrentó a la burguesía imperialista y a la nobleza, que se oponían en forma cada vez más implacable a la revolución. Los obreros y los campesinos eran los artífices de la revolución. Sus objetivos positivos emanaban de su posición social. Los campesinos aspiraban a apoderarse de la tierra. Ni las expediciones punitivas de Stolypin ni su reforma agraria habían aniquilado las tendencias revolucionarias de los campesinos, ni tampoco pudieron crear un campesinado rico lo suficientemente fuerte como para crear un baluarte contra las tendencias revolucionarias en las aldeas. Los obreros aspiraban a una mejoría inmediata de su situación, y como este objetivo era inalcanzable por los medios usuales dado el colapso económico provocado por la guerra, éstos comenzaron a tomar en sus manos el control de la producción en forma espontánea, por medio de los comités de fábrica, con el propósito de superar la anarquía de la producción, para así mejorar su situación.

¿Cuáles fueron las posiciones adoptadas por los partidos de la revolución? Los socialistas revolucionarios y los mencheviques se adjudicaron la tarea de frenar la lucha de los obreros contra los capitalistas, y de evitar que los campesinos tomaran posesión de las tierras de la nobleza, ya que este "desorden" sería perjudicial para la continuación de la guerra. Justificaban su social patriotismo diciendo que la revolución había triunfado en Rusia, y que por lo tanto no se trataba de defender la patria, sino de defender la revolución. Incluso Tsereteli y Chernov, que eran partidarios de Zimmerwald, tomaron el camino de Damasco y se aliaron políticamente con los socialpatriotas más vulgares al estilo de Plejanov y Alexinsky.[23] Al esforzarse en restringir los objetivos sociales de la revolución incluso los de la revolución democrático burguesa hasta la convocatoria de la Asamblea Constituyente, estaban aplicando la concepción de la Revolución Rusa que habían desarrollado en el transcurso de la primera revolución: estaban transfiriendo el poder a manos de la burguesía entendiendo que sus intereses de clase demarcaban el límite objetivo de la revolución, una clase a la que por lo tanto correspondía el liderazgo de la revolución. Su perimida verborragia acerca del rol de la socialdemocracia como oposición extrema se evaporó tan rápidamente como el rocío al amanecer. Ellos no eran una oposición extrema a la burguesía, sino los únicos que apoyaban al gobierno burgués en el seno de las masas de campesinos, soldados y obreros.

Por su parte, el Partido Bolchevique explicaba que no se podía esperar la victoria inmediata del comunismo dado el nivel de desarrollo social de Rusia. "No es nuestra tarea inmediata 'introducir' el socialismo, sino sólo poner la producción social y la distribución de los productos de inmediato bajo el control de los soviets de diputados obreros."[24] Así es cómo Lenin formulaba las tareas sociales de la revolución a su llegada a Petrogrado el 3 de abril. En su polémica con Kamenev[25], que todavía defendía la vieja concepción bolchevique acerca del contenido burgués de la revolución, Lenin se refirió a lo que ya había escrito en 1905 en uno de sus folletos acerca de las dos líneas tácticas, que ya hemos citado:

"Como todo lo demás en el mundo, la dictadura democrático-revolucionaria del proletariado y el campesinado tiene un pasado y un futuro. Su pasado es la autocracia, la servidumbre, la monarquía y el privilegio... Su futuro es la lucha contra la propiedad privada, la lucha de los asalariados contra los patrones, la lucha por el socialismo."[26]

Y continuaba así:

"El error del camarada Kamenev es que incluso en 1917 él sólo ve el pasado de la dictadura democrático-revolucionaria del proletariado y el campesinado. De hecho, su futuro ha comenzado ya, en razón de que los intereses y políticas de los asalariados y los pequeños propietarios han divergido realmente, incluso en cuestiones tan importantes como la del 'defensismo', que concierne a la actitud hacia la guerra imperialista."[27]

Esta referencia a la guerra constituye el punto crucial para comprender las diferencias que existen entre la política de los bolcheviques en la época de la primera y la segunda revolución. El simple hecho de que la segunda revolución tuvo lugar en un nivel mucho más alto del desarrollo económico ruso aumentaba el peso de los elementos proletarios en esta revolución. Las condiciones de guerra en las que ésta estalló confrontaban a estos elementos con nuevas tareas, y creaba un nuevo contexto internacional para la política revolucionaria en Rusia. La primera cuestión con la que se vio confrontada la revolución y ésta era una cuestión de vida o muerte era la de su actitud hacia la guerra. La revolución que parió el fracaso del zarismo durante la guerra y las penurias de las masas engendradas por ella atacaban las raíces mismas de la guerra. Si la revolución no hubiera sido capaz de aniquilar la guerra, la guerra la hubiera abatido a ella. Como la revolución amenazaba el potencial militar de Rusia, por fuerza tenía que provocar la más tozuda resistencia de las clases que estaban interesadas en la continuación de la guerra: el capital financiero, la nobleza y la casta de oficiales. Para socavar el poder de estas clases no bastaba con instalar una república parlamentaria mientras se mantenían en pie los viejos órganos represivos del estado zarista. Era necesario reemplazar la policía y la gendarmería con una milicia popular. Los soviets debían intentar hacerse cargo del poder a escala local, pero era insuficiente e imposible limitar el derrocamiento revolucionario a la esfera política, porque los millones de campesinos soldados después de los sacrificios inauditos impuestos por la guerra y en el mismo momento en que ellos estaban destruyendo la violencia armada de la nobleza también querían apoderarse de la tierra por la cual habían peleado durante la guerra. Los obreros, a quien la revolución había armado e imbuido de confianza en sí mismos, no se iban a contentar naturalmente con mantener una vigilancia atenta sobre las cajas de caudales de la burguesía. En todas las fábricas del país comenzaban a interferir con los gerentes. Pero cuando los dueños cerraban las fábricas, con el fin de hacer que los trabajadores se rindieran mediante un lockout, ellos ocupaban las fábricas y vendían los productos. Esto no era sólo la lógica de la revolución, sino que era también una necesidad revolucionaria si de veras deseábamos quebrar el poder de las clases cuyo interés radicaba en la continuación de la guerra. Para quebrar el poder de la nobleza era necesario incitar a los campesinos, sin esperar a la convocatoria de la Asamblea Constituyente, con el fin de que éstos se apoderaran de la tierra. Para quebrar el poder de los capitalistas era necesario mostrar cómo las cámaras patronales y los bancos estaban llenándose de oro a costa de la sangre de los obreros y campesinos rusos. El proletariado debía abrir por la fuerza las cajas de caudales y las bóvedas de los bancos que guardaban los secretos comerciales de la burguesía. La teoría marxista establecía que la reorganización de la sociedad sobre bases socialistas era imposible en Rusia, pero al mismo tiempo afirmaba que también era imposible, sin el control obrero sobre las finanzas y la industria pesada, no sólo mejorar la situación cada vez peor de la clase obrera, sino también poner fin a la guerra. La guerra, por lo tanto, confrontaba a la revolución con nuevas tareas sociales:

"Bajo ninguna circunstancia puede el partido del proletariado proponerse el objetivo de 'introducir' el socialismo en un país de pequeños campesinos, en tanto la abrumadora mayoría de la población no haya cobrado conciencia de la necesidad de una revolución socialista.

"Pero sólo los sofistas burgueses, ocultándose detrás de palabras altisonantes 'casi marxistas', pueden deducir de esta verdad una justificación para la política de posponer las medidas revolucionarias inmediatas, para las cuales está madura la situación, medidas a las cuales han recurrido frecuentemente muchos estados burgueses durante la guerra, y que son absolutamente indispensables con el fin de combatir la hambruna y el descalabro económico que se avecinan.

"Medidas tales como la nacionalización de la tierra, de todos los bancos y cárteles capitalistas, o al menos el establecimiento inmediato del control de los soviets de diputados obreros, etc., sobre ellos; hay que insistir con estas medidas que en absoluto constituyen la 'introducción del socialismo', y cuando quiera que sea posible, llevarlas a cabo en forma revolucionaria. Sin tales medidas, que son sólo pasos hacia el socialismo, y que son perfectamente factibles económicamente, será imposible sanar las heridas causadas por la guerra y evitar el colapso que se avecina; y el partido del proletariado revolucionario nunca vacilará a la hora de echar mano a las fabulosas ganancias de los capitalistas y los banqueros, quienes se enriquecen con la guerra de manera particularmente escandalosa."[28]

Así es como Lenin formulaba las tareas del Partido Bolchevique y la revolución en un borrador de plataforma del partido que escribió en 1917. Este programa, que objetivamente iba más allá de los límites del programa mínimo de la socialdemocracia, ya constituía un programa transicional al socialismo. No perseguía el objetivo de implementar medidas para lograr el socialismo. Pero mientras que el programa mínimo de la socialdemocracia contenía reformas para mejorar la condición de la clase obrera dentro de los límites de la sociedad capitalista en la cual la burguesía mantenía el poder, aquí el Partido Bolchevique ponía en movimiento un programa que colocaba a la burguesía y a la producción capitalista bajo el control de la clase obrera. El desarrollo de los acontecimientos tenía por fuerza que conducir a la lucha de los soviets de obreros y campesinos contra el gobierno provisional de carácter burgués, si éstos a su vez tomaban como propio este programa. Por lo tanto, éste debía conducir a la dictadura revolucionaria del proletariado y el campesinado.

¿Podría durar esta dictadura, podría llevar a cabo este programa, que de hecho sólo daba cuenta de las necesidades vitales de la revolución? Está claro que esto era imposible en la medida en que Rusia estuviera rodeada por países capitalistas normales. Pero Rusia no estaba rodeada de un entorno capitalista normal, sino por el océano en llamas de la guerra mundial. La Revolución de Febrero ya había amenazado a la guerra y había sacudido a las clases dominantes de todos los países capitalistas hasta sus cimientos. Aunque la censura imperante en todos los países había suprimido las noticias sobre la Revolución de Febrero, su eco fue indudablemente muy poderoso. En Alemania Bethmann-Hollweg[29] fue corriendo hasta el landtag prusiano, el bastión de la reacción alemana, antes de que las noticias sobre la revolución se hubieran divulgado, y anunció una era de reformas. En Gran Bretaña se incrementó la oleada huelguística. El gobierno francés se encontraba sentado sobre un barril de pólvora. La revolución desbarató el equilibrio que había sido alcanzado durante la guerra, y amenazaba con provocar no sólo la derrota de la Entente, sino con difundir la revolución a lo largo y a lo ancho de Europa. Sin duda la toma del poder por parte del proletariado y el campesinado en Rusia, así como también su resuelta política de paz estaba destinada a abrir una brecha revolucionaria en el frente de guerra, a través de la cual otros destacamentos del proletariado podrían penetrar. Se estaban empezando a cumplir las predicciones de los marxistas revolucionarios acerca de que la guerra imperialista se transformaría en una guerra civil, y que a su vez abriría la era de la revolución mundial. La Revolución Rusa era la señal de partida de la revolución europea, y ésta tuvo la oportunidad de no quedar aislada a manos del ataque destructivo del capital mundial. En una situación revolucionaria internacional, el programa de la revolución proletaria mundial se desarrollaba en un país pequeño burgués atrasado. El programa de los bolcheviques daba cuenta de las necesidades de la Revolución Rusa, y esta es la razón por la cual devino el programa de la revolución. Las masas campesinas luchaban por la paz y por la tierra. Las masas obreras luchaban por la paz y por medidas de transición hacia el socialismo. Gracias a la guerra, que había concentrado a millones de campesinos en las filas del ejército, superando éstos así su dispersión y atomización, la masa campesina se vio dotada de una dirección política, de la cual había carecido hasta ese momento en la historia. El Partido Bolchevique, en sí mismo el resultado de 25 años de luchas revolucionarias, sabía cómo comprender la situación fría y lúcidamente, y concentrar los movimientos espontáneos de las masas en los objetivos decisivos de la lucha política. Así es como se produjo la victoria de la Revolución de Octubre como hecho histórico, que sólo podrá ser negado o bien por doctrinarios ciegos o por emigrados que se dejan llevar por el odio de clase. Incluso un individuo tan limitado y perplejo como Karl Kautsky tuvo que reconocer en su último trabajo contra la Revolución Rusa:

"No se trata de saber si la toma del poder político por el proletariado en Rusia debería ser aprobada o no; la revolución de 1917 fue como cualquier gran revolución, un acontecimiento elemental que era imposible de evitar o provocar a voluntad."

Y Kautsky luego añade:

"Pero esto todavía deja sin responder la pregunta sobre la actitud que debían tomar los socialistas. Esta respuesta es algo obvio para un marxista: debían de tener en cuenta el nivel de madurez de las relaciones económicas, así como también del proletariado, y determinar a partir de allí las tareas del proletariado victorioso.

"Antes de la aparición de la concepción marxista de la historia, que hace depender la evolución histórica del desarrollo económico, y que muestra que ésta se desarrolla según leyes y no puede saltearse ninguna etapa, antes esta concepción marxista de la historia, por lo tanto, los revolucionarios que actuaban en periodos de conmociones revolucionarias no veían ningún límite a su voluntad. De una sola vez trataron de lograr los fines más altos. Y por lo tanto fracasaron: esa es la razón por la cual todas las revoluciones, a pesar del progreso real que produjeron, siempre terminaron en el derrocamiento de los revolucionarios. Marx nos enseñó el método de proponernos sólo metas alcanzables, incluso durante los periodos de revolución, que puedan ser logrados con los medios y las fuerzas que tenemos a nuestra disposición, y así evitar las derrotas. Los mencheviques recomendaban aplicar este método en Rusia y lo aplicaron con éxito en Georgia. [30] Los bolcheviques, por otra parte, le asignaron al proletariado ruso tareas imposibles resolver, dado que las circunstancias no estaban maduras para ello. En consecuencia, no nos sorprende que su comunismo haya colapsado."[31]

La cuestión de la caída del comunismo en Rusia es todavía asunto de discusión. Digamos de pasada que Kautsky que presenta a la toma del poder por el proletariado en Rusia como un acontecimiento elemental que era tanto imposible de prevenir como de provocar a voluntad está condenando los métodos de "limitación" defendidos por los mencheviques en su intento por frenar la necesidad histórica. Por todo esto, al expresar su solidaridad con el bando menchevique, está emitiendo como historiador su propia condena como político. La cuestión de saber qué es lo que los bolcheviques, al tomar el poder en un país en el cual la gran mayoría de la población era pequeño burguesa, deberían haber hecho, forma el punto crucial de la naturaleza de la política del estado proletario en Rusia, desde la toma del poder hasta el cambio de rumbo en marzo de este año. [32]

III

El periodo que se extiende desde octubre de 1917 hasta marzo de 1921 es descrito por nuestros oponentes como el periodo de la realización del comunismo en Rusia, por que esto les permite a ellos hablar de la bancarrota del comunismo, la cual empezó a principios de 1921. Para refutar esta leyenda voy a citar primero un largo extracto tomado de un artículo sobre la situación general de Rusia que yo escribí en diciembre de 1919 cuando estaba preso en Berlín, que fue publicado por entonces en la edición berlinesa de La Internacional Comunista bajo el seudónimo de "Struthan". Esta cita vale mucho más que las descripciones efectuadas luego de los hechos ocurridos en este capítulo de la Revolución Rusa, porque sabemos muy bien que siempre se conocen mejor los hechos que ya han sucedido. Esto es lo que escribí en diciembre de 1919:

"Cuando la clase obrera rusa tomó el poder en octubre de 1917, ni el mundo burgués ni el mundo socialista pensaban que ésta podría mantenerse en el poder del estado durante más dos meses, mucho dos años. Si el imperialismo alemán negoció con la Rusia soviética, esto fue así porque fue obligado a hacerlo por la situación en que encontraba como resultado de la guerra; éste quería lograr la paz en el Este, incluso con un gobierno tan provisional porque estaba convencido, correctamente, de que inclusive aunque los bolcheviques desaparecieran, no habría partido ni gobierno alguno capaz de movilizar a los campesinos en el futuro inmediato. Pero la Rusia soviética tuvo que firmar la paz, no sólo porque había dejado de tener un ejército, sino también porque sólo podría volverse una realidad obteniendo un respiro momentáneo. En la época de las negociaciones en Brest[33] el gobierno soviético no representaba más que un programa, ya que éste sólo existía en las declaraciones contenidas en los decretos de los comisarios del pueblo. Inclusive el absolutismo zarista no había sido completamente destruido en los escalafones inferiores, y la propiedad terrateniente feudal no había sido eliminada. Las formas soviéticas de gobierno en el país y el estado parecían ser todavía un experimento, y no una realidad orgánica. El gobierno bolchevique se enfrentaba a las siguientes opciones: o bien librar como gobierno una lucha partisana revolucionaria, una guerra de guerrillas que comenzaba en los Urales, con ayuda de los Aliados contra el imperialismo alemán, permitiendo la restauración del capital ruso bajo la protección de las bayonetas alemanas, o bien tomar el sendero del Gólgota que llevaba a Brest, y al costo de la humillación nacional, dar prioridad a la tarea de derrocar a la burguesía y organizar al proletariado.

"En cuanto a los imbéciles que forman parte de los 'independientes'[34] en Alemania, quienes ahora hablan acerca de la ilusoria política exterior del gobierno soviético, después de haber acusado a los bolcheviques de 'desorganizar' al ejército ruso, y eso después de su propia experiencia de noviembre,[35] no queda nada por hacer por estos wilsonianos[36] en bancarrota. La corrección de la política del gobierno soviético, que estaba convencido de que el proceso de descomposición del imperialismo mundial no se detendría, sino que sería acelerado por la paz de Brest, se demuestra por la realidad de su éxito: los torturadores de Brest-Litovsk quedaron sepultados a la vera del camino, y la Unión Soviética ha logrado recomponerse y reorganizarse en medio de una encerrona, entre la espada y la pared como se dice usualmente, y también por el hecho de que a sólo un año de la caída del imperialismo alemán aquél le arrancó a los representantes del imperialismo de la Entente victoriosa el reconocimiento de que el bolchevismo no puede ser derrotado por las armas. La paz de Brest, que a pesar de carácter rapaz, tuvo una significación positiva para la Unión Soviética porque puso fin a la gran guerra, no fue impuesta por la Unión Soviética gracias a su propia fortaleza, ni tampoco fueron los obreros alemanes quienes la impusieron. Se logró la paz de Brest por la presión de los ejércitos de la Entente en el oeste. Incluso aunque el imperialismo de la Entente victoriosa haya firmado una paz todavía más rapaz con la Rusia soviética, esta paz, al permitirle a la Unión Soviética la posibilidad de existir, sería una ruptura, una brecha en el sistema de estados capitalistas. Esta paz sería de hecho el resultado de la resistencia opuesta por la Unión Soviética gracias a su propia fortaleza, el resultado del auxilio brindado por el proletariado mundial. ¿Pero por qué la Unión Soviética, que no pudo ser destruida por las armas, debe firmar un compromiso de paz con la Entente? ¿Por qué no podía esperar, con las armas en la mano, el momento en que la descomposición del capitalismo de la Entente estuviera tan avanzada como para que éste se viera forzado a asegurarle un paz honorable?

"La respuesta a esta pregunta es simple: durante la guerra mundial, aunque la política criminal de todos los estados imperialistas la estaba prolongando demasiado, podíamos contar con una rápida catástrofe del capitalismo mundial y con la insurrección de las masas populares en muchos países, si la masacre no les dejaba ninguna otra salida. En la época de la firma de la paz de Brest, el gobierno soviético estimaba que el respiro que esta paz permitiría sería de corta duración: pensábamos entonces que o bien la revolución mundial estallaría pronto, salvando a la Rusia soviética, o que ésta se hundiría en una lucha desigual. La concepción de los bolcheviques se ajustaba a la situación prevaleciente por entonces.

"El colapso del imperialismo alemán, la incapacidad de los Aliados de derrocar a la Rusia soviética militarmente, así como también el hecho de que la guerra mundial haya finalizado provisoriamente, que la crisis de la desmovilización haya sido superada, el hecho de que la revolución mundial haya triunfado sobre el capitalismo no en forma de explosión, sino mediante la desorganización, en otras palabras como un proceso prolongado, todo esto cambia completamente la situación y las condiciones de la política exterior del gobierno soviético. Este no puede contar mecánicamente con una rápida liberación, por medio de un movimiento de masas espontáneo que de una vez y para siempre mande al infierno a todos los Clemenceau, los Lloyd George y los Wilson[37] y a todos los que ocultan tras ellos, pero pueden tener la certeza matemática de que el proceso de descomposición capitalista continuará y facilitará su causa. Pero como éste será un proceso muy prolongado, lo cual es necesario tomar en cuenta, la Rusia soviética debe tratar de encontrar un modus vivendi con los estados que son todavía capitalistas. Si la revolución proletaria triunfara mañana en Alemania o en Francia, la situación de la Rusia soviética sería mucho más fácil, porque dos estados proletarios, por su fortaleza económica y militar, ejercerán una presión mucho mayor sobre el mundo capitalista. Aún así, todavía estarían interesados en lograr la paz con los estados que son todavía capitalistas, aunque sólo fuera en aras de su recuperación económica.

"La Rusia soviética no ha permitido que la echen abajo. Y estamos seguros de que si los estados de la Entente no le ofrecen ahora términos aceptables de paz, continuará la lucha, pasará hambre, y al final aquellos se verán forzados a garantizarle una paz más ventajosa. La derrota mediante un bloqueo de un país con recursos ingentes como Rusia, requiere un lapso de tiempo que la política imperialista de los países de la Entente no podrían afrontar. Pero está claro que si la Rusia soviética tiene que prolongar la lucha, no podría comenzar su reconstrucción económica. La guerra exige que sus debilitadas fuerzas de producción se vuelquen de lleno a la producción de armas, que sus mejores fuerzas sean usadas en la industria de guerra, y que sus arruinados ferrocarriles sean usados para transportar tropas. Las necesidades de la guerra obligan a centralizar toda la fuerza del estado en manos del ejecutivo, con lo cual amenazan al sistema soviético, y una cosa mucho más importante, amenazan con devorar en el largo plazo a los mejores elementos de la clase obrera. El gobierno soviético ha realizado esfuerzos sobrehumanos para luchar contra esto. Sus logros en el campo de la educación, a pesar de todos los obstáculos y dificultades, ya sorprenden a sus opositores burgueses honestos como se puede apreciar en el artículo de Goode aparecido en el Manchester Guardian, y en dos o tres años la Rusia soviética contará con miles de nuevos recursos organizativos y culturales.

"El congreso de marzo del Partido Bolchevique, cuyas minutas un documento muy interesante se han publicado recientemente, muestra hasta qué punto sus líderes se toman en serio el peligro de la restauración de la burocracia de funcionarios y de que florezca la corrupción bajo nuevas formas. Pero la guerra es la guerra: es una fuente de destrucción devastadora, y si se la puede detener con sacrificios, ésta deber ser detenida. Obviamente es algo serio que el pueblo ruso deba garantizarle una concesión de explotación minera a los capitalistas ingleses, franceses y norteamericanos, porque sería mucho mejor explotar estas mismas minas, en vez usarlas para pagar un tributo. Pero en la medida en que éste se vea obligado a proseguir la guerra, no podrá explotar sus minas, y deberá incluso arrojar a sus mineros a la hoguera de la guerra. Si la única opción que quedara fuera la construcción económica socialista, o bien la guerra contra el capital mundial que pone límites a la construcción socialista, la única decisión correcta sería la guerra. Pero las cosas no están planteadas de esta manera. El problema a resolver se expresa del siguiente modo: la construcción socialista dentro de los límites de un compromiso temporario, o la guerra sin ninguna reconstrucción económica en absoluto.

"Ya en la primavera de 1918, el gobierno soviético se había visto confrontado con la cuestión de llegar a un compromiso económico. Cuando el coronel norteamericano Raymond Robins[38] partió de Moscú rumbo a Washington el 3 mayo de 1918, llevaba con él una propuesta concreta del gobierno soviético que estipulaba ciertas condiciones para las concesiones económicas. [39] El Comisario Adjunto del Pueblo para Comercio e Industria, Bronsky[40], en el transcurso de la primera reunión que tuvo con los representantes del gobierno alemán, presentó propuestas prácticas para la colaboración del gobierno soviético con el capital alemán. Los puntos esenciales de las negociaciones fueron transmitidos en forma confidencial a Bruce Lockhart (el representante británico).[41] En medio de una guerra mundial, podíamos abrigar la esperanza de que una explosión revolucionaria en un futuro cercano volviera innecesario efectuar tales concesiones, pero básicamente la política de concesiones ya había sido acordada, y estuvo justificada plenamente. En la medida en que el proletariado no haya triunfado en los principales estados capitalistas, en la medida en que éste no se encuentre en posición de utilizar todas las fuerzas productivas del globo en aras de la construcción socialista, en la medida en que los estados capitalistas coexistan con los estados proletarios, los estados proletarios se verán obligados a llegar a distintos compromisos con ellos, y no habrá ni un capitalismo puro, ni un socialismo puro. Al tener límites geográficos el uno con el otro, se verían de hecho forzados a efectuarse concesiones recíprocas dentro de sus propios territorios nacionales. El alcance de las concesiones que sea necesario efectuar ante el capitalismo dependerá de la fortaleza y el número de estados proletarios existentes. Es imposible soslayar la necesidad de las concesiones, a menos que al mismo tiempo se señale el método que le permita al proletariado obtener la victoria de un solo golpe en todos los países.

"¿Pero al reconocer la necesidad de llegar a un acuerdo entre los estados proletarios y los estados capitalistas, no estamos al mismo tiempo reconociendo la posibilidad y la necesidad de llegar a un acuerdo con el capitalismo dentro de cada estado, y por lo tanto no significa eso renunciar a la revolución y a la dictadura del proletariado como caminos al socialismo? ¿No tenían razón Renner, Bauer[42], Cunow y Kautsky en su momento? ¿No es el acuerdo con el capitalismo sobre la base de la democracia definitivamente el único método correcto? ¿No está en bancarrota el comunismo con su programa de dictadura soviética? Estas preguntas, sobre las que hay que reflexionar, y que hay que responder con total franqueza y claridad, deben ser examinadas, antes que nada, históricamente dentro del contexto de la experiencia de la Revolución Rusa, y después de eso es necesario ver en qué medida éstas pueden tener validez a escala internacional.

"Los enemigos del comunismo, provenientes del campo de los elementos tambaleantes de la difunta Segunda Internacional, tienen en la manga dos fábulas que se contradicen entre sí. Según la primera de ellas, el conjunto de la "teoría soviética" ha surgido sólo como producto de la necesidad: ésta vio la luz cuando quedó claro que en las elecciones a la asamblea nacional los bolcheviques no habían obtenido la mayoría en su seno. Este hecho obligó a los bolcheviques a presentarse como los orgullosos paladines de la dictadura proletaria. De acuerdo a la segunda fábula, los bolcheviques accedieron al poder en tanto representantes bárbaros de una dictadura, pero luego, aleccionados por sus propias experiencias, se vieron cada vez más obligados a agregarle agua al vino de su cosecha. ¿Pero qué dicen los hechos? Antes de la revolución de 1905, los bolcheviques consideraban que la dictadura del proletariado y el campesinado era el sendero histórico que Rusia iba a transitar. Rosa Luxemburgo y Trotsky trataron de enmendar esta fórmula hablando sobre la dictadura del proletariado apoyada por el campesinado. Mediante esta corrección deseaban reafirmar el concepto, también admitido por los bolcheviques, de que el proletariado urbano tendría el rol dirigente en la revolución. Todo el espectro del comunismo ruso actual estaba de acuerdo en el hecho de que en un país esencialmente agrario como Rusia, el proletariado debía tomar en consideración los intereses del campesinado, y no podía excluir a los campesinos del poder. Cuando en 1917 los bolcheviques resueltamente se trabaron en lucha con el partido campesino de los socialistas revolucionarios dirigidos por Chernov, lo hicieron no por afán de oponerse a los intereses de los campesinos, sino justamente para defenderlos. De hecho, por su coalición con el Partido Cadete, los líderes de los socialistas revolucionarios estaban traicionando los intereses de los campesinos, estaban retrasando la solución del problema agrario, y estaban sacrificando las masas campesinas a la guerra librada por el imperialismo ruso. Cuando como resultado de esta política, la masa de soldados y campesinos se pasó del lado de la clase obrera y ayudó a los bolcheviques a tomar el poder el 25 de octubre de 1917, los bolcheviques le ofrecieron compartir el poder a sus derrotados adversarios: no sólo negociaron con los mencheviques, sino también con los socialistas revolucionarios durante dos semanas luego de la derrota de Kerensky, con miras a formar un gobierno de coalición que daría forma a la dictadura el proletariado y el campesinado. Las negociaciones naufragaron porque los mencheviques y los socialistas revolucionarios de derecha todavía creían en la victoria de la burguesía. No obstante, los bolcheviques incorporaron al gobierno al ala izquierda de los socialistas revolucionarios, que se había separado de su partido y estaba dispuesta a resolver la cuestión de la tierra y la paz por medio de una dictadura revolucionaria.[43] La ruptura con este partido tuvo lugar cuando se hizo evidente que los elementos nacionalistas habían tomado el control dentro de él, y que sus elementos intelectuales, fieles a un nacionalismo con tintes revolucionarios, no se pudieron decidir a favor de la política de paz. Nuevamente fue en defensa de los intereses de los campesinos que se produjo la ruptura con este partido campesino, que perdió cada vez más el contacto con la vida real, y que se estaba transformando en un partido del nacionalismo revolucionario intelectual. La ruptura de los bolcheviques con los partidos que decían representar a los campesinos, pero que en su mayoría no eran más que los ideólogos e intelectuales del campesinado, nunca interfirió con su percepción de la real relación de fuerzas existente. Por un lado trataron de crear una organización de los pobres de la aldea, que no sólo incluía a los obreros que se habían refugiado en las aldeas a causa de la hambruna que asolaba las ciudades y la decadencia de la industria, sino también al proletariado rural y a los pequeños campesinos, con el fin de permitir que los intereses proletarios prevalecieran en las aldeas, y por otro lado trataban de atraer más y más a los campesinos medios hacia la dictadura proletaria a través de concesiones (por ejemplo, con respecto a las cooperativas agrícolas). Aquél que ve oportunismo en esto no entiende el ABC del socialismo. Dado que el capitalismo, en la forma de concentraciones fabriles, no se ha materializado en ninguna parte del mundo, y dado que hay por todas partes millones de emprendimientos agrícolas pequeños y medianos, la socialización de la agricultura será en todas partes un proceso muy lento, que llevará generaciones. El socialismo no será introducido allí por medio de expropiaciones, sino solamente a través de la nacionalización de los préstamos hipotecarios, del comercio en cereales y alimento para animales, del transporte y la venta de maquinarias agrícolas, y a través de toda la asistencia cultural que el estado socialista pueda brindar a los campesinos. En todos los países, el proletariado, luego de su victoria sobre la burguesía estará obligado a llegar a un compromiso con los campesinos, porque sólo podrá cerrar este acuerdo precisamente cuando haya derrocado a la burguesía, y los campesinos se vean obligados a consentir este compromiso.

"¿Pero era posible la victoria de la clase obrera sobre la burguesía por otros medios que no fueran la guerra civil y la dictadura? ¿No era posible hacerlo por medio de la democracia? Toda la historia de la revolución rusa, sin embargo, es un rotundo mentís a esta pregunta. La política menchevique naufragó porque no sólo era imposible expropiar a la burguesía por medios pacíficos, sino incluso salvar a las masas populares de las fauces de la guerra mundial, en la cual sólo los sectores más altos de la burguesía el capital financiero y sus beneficiarios estaban interesados. Fue necesario derrocar a la burguesía y construir la dictadura de las masas populares, cuyo interés primordial era la paz, antes de estar en condiciones de satisfacer los intereses más vitales y elementales de las masas laboriosas. Los intentos de la burguesía y sus cómplices de derrocar el poder soviético, ya sea directa o indirectamente, determinaron la forma y el contenido de las medidas de la dictadura con una necesidad de hierro. Fue necesario responder con la persecución de la prensa burguesa y los saboteadores, etc., a los intentos de la intelectualidad burguesa apoyados por los bancos de sabotear la vida económica y el funcionamiento de la maquinaria estatal. Esto, sin embargo, requirió durante un cierto tiempo formas mucho más primitivas de control sobre la producción y el gerenciamiento, hasta que la intelectualidad burguesa cejó en su intento. Con el fin de desbaratar los intentos de la burguesía de privar al pueblo de su propiedad por medio de un crimen de alta traición; para enfrentar a los fabricantes, los comerciantes y los banqueros que trataron de buscar la protección de Alemania luego de la paz de Brest, ocultando sus propiedades, tratando de hacerlas pasar como "alemanas" por medio de todo tipo de transacciones fraudulentas, fue necesario recurrir, por un lado, a métodos de intimidación, y por el otro a rápidas medidas de nacionalización. Para evitar que un gran número de industrias fueran rematadas a favor del capital alemán, fue necesario nacionalizarlas rápidamente en el momento de las negociaciones por medio de cláusulas añadidas al tratado de Brest, sin poder preparar estar medidas radicales con el suficiente cuidado. Cuando la burguesía se pasó del lado de la Entente una vez, y empezó a apoyar todas las conspiraciones urdidas por la Entente desde el terror individual hasta la organización de revueltas, fue necesario recurrir al Terror Rojo, que sólo se generalizó cuando los ejércitos de Kolchak y Denikin[44] equipados por la Entente, pero apoyados por todos los elementos capitalistas de Rusia comenzaron su guerra abierta contra la Rusia soviética.

"En el curso de los dos años de historia de la dictadura del proletariado en Rusia, no se ha tomado básicamente una sola medida importante de manera doctrinaria, y que no haya sido resultado de la necesidad. La caída del gobierno de Kerensky fue provocada por su total incapacidad para sacar a Rusia del sangriento atolladero en que se encontraba. De hecho, era imposible dar cuenta de los más elementales intereses populares, contra la resistencia de la burguesía, a no ser por métodos dictatoriales: la dictadura también devino una necesidad.

"Los bolcheviques comprendieron esta necesidad desde el principio, y exigieron que todo el poder pasara a los soviets desde abril de 1917 en adelante. Pero era obvio que las masas populares no harían más que perder la confianza en la asamblea nacional en el transcurso de la lucha contra su política capitalista. Por otra parte, comparada con la desenfrenada actividad de la camarilla de Kerensky, esta tribuna parlamentaria representaba un paso adelante. Dado que el gobierno de Kerensky había pospuesto la convocatoria de la asamblea nacional, la Asamblea Constituyente se reunió cuando la dictadura del proletariado ya había sido creada. Lo que vio la luz era sólo un cadáver. No obstante, había que permitir que éste se enterrara por sí solo. Si, no obstante, el gobierno soviético intentó apresurar su entierro, esto era porque aquélla amenazaba, al igual que el cadáver del gobierno de Kerensky, con chuparle la sangre al pueblo.[45] El gobierno soviético había entrado en negociaciones de paz con un enemigo inescrupuloso, y esa es la razón por la cual jugar con la idea de la paz en la Asamblea Nacional podía ayudar al partido militar alemán a romper las negociaciones de paz, y enterrar a la joven Rusia soviética que estaba naciendo. La indiferencia con la cual todos los estratos de la población presenciaron el entierro de la Asamblea Constituyente mostró que ésta no contaba con el apoyo de las fuerzas populares. Era una sombra del pasado.

"Todos aquellos que se interesan por la historia de la Revolución Rusa como historiadores y no como moralistas, no pueden dejar de reconocer que la política de los bolcheviques era una política coherente, adaptada a la necesidad. Todos aquellos que la estudien como revolucionarios no podrán dejar de reconocer que era la única política revolucionaria posible. Los mismos mencheviques lo reconocieron en una declaración efectuada en ocasión del primer aniversario de la Revolución de Octubre. ¡Pero hay algo más importante que esto! La única fuerza que podría reemplazar a la dictadura proletaria sería la dictadura de las camarillas feudales-capitalistas rusas, que sólo podría sostenerse con la ayuda de la dictadura mundial del capital financiero. La Revolución Rusa puede ser derrotada: entonces la dictadura de los generales Blancos reemplazaría a la dictadura del proletariado. Pero la Revolución Rusa sólo puede triunfar en tanto dictadura del proletariado que conduzca a las masas populares al ataque contra el capital.

"Incluso aunque pereciera, la revolución proletaria rusa legaría al proletariado mundial la proclama de su testamento: ¡la dictadura del proletariado! Y así llegamos a la cuestión final: ¿se sostendrá la dictadura del proletariado al llegar a un acuerdo con el capitalismo mundial? Aquí entramos de lleno en la cuestión de los límites de las concesiones que un estado obrero puede efectuar en su política exterior."[46]

Yo preguntaba en mi artículo:

Cuáles son los límites de las concesiones económicas que puede hacer la Rusia soviética?

"Así como la Rusia soviética no se cubrió de oprobio al convertirse en vasallo del imperialismo alemán en Brest, de la misma manera no tiene porqué rebajarse al jugar el rol de vasallo del imperialismo anglosajón. En el transcurso de todas las negociaciones emprendidas por la Rusia soviética con los representantes de los cárteles imperialistas británico y alemán, ésta no dejó de explicar esto: el mundo ha sido tan empobrecido por la guerra que ninguna de las partes beligerantes está en condiciones de satisfacer las enormes necesidades económicas de la Rusia soviética. Rusia necesita maquinarias, recursos y ayuda organizativa de todas partes, y al precio más bajo. ¿Ha cambiado esta situación el final de la guerra? Alemania ha colapsado, pero su aparato y su conocimiento tecnológico están en un nivel muy alto. Los países anglosajones han salido victoriosos, pero su desbarajuste económico es tan profundo que son completamente incapaces de brindar ayuda suficiente a Francia y a Italia. Está creciendo la tendencia a explotar los recursos de Alemania al máximo en los círculos capitalistas franceses. Esta tendencia se acentúa todavía más por la continua baja del franco[47] con relación a la libra y al dólar (un buen ejemplo de la utilización de la victoria y la "solidaridad de los vencedores"). Polonia y Checoslovaquia, ambos vasallos de la Entente, han sido obligadas a efectuar acuerdos económicos con Alemania, en primer lugar porque la ayuda que están recibiendo de la Entente es insuficiente, y también porque ninguna victoria puede hacer caso omiso de vínculos económicos que emanan de la proximidad geográfica.

"A esto se añade un hecho económico muy importante. El abrumador desbarajuste que impera en la economía mundial significa que incluso aunque Rusia quisiera implementar una política a corto plazo, por ejemplo adquirir bienes, en vez de pensar en movilizar sus fuerzas económicas, no obtendría estos productos en cantidades suficientes. Antes que nada, ésta debe dedicarse a la organización de su economía con los pocos medios de producción que reciba de los capitalistas extranjeros. Pronto se verá en la necesidad de fabricar en su propio suelo las máquinas necesarias. Si comprende la necesidad de esto, debe por lo tanto importar, en forma prioritaria, del exterior los recursos técnicos calificados que le hacen falta. Luego de la ruina de sus relaciones externas y del colapso de su economía, Alemania dispone de miles de ingenieros, químicos y obreros calificados deambulando por allí, sin pan y sin trabajo, que le prestarían un servicio considerable a la Rusia soviética en su reconstrucción. Naturalmente, los periodistas de la Entente pondrán el grito en el cielo cuando lean esto: "Así que los bolcheviques quieren entonces ayudar a Alemania a reconstruir el poderío del capital alemán sobre territorio ruso." Esta alharaca acerca de los nuevos vínculos germano-bolcheviques es tan engañosa como las antiguas advertencias estridentes. Ni siquiera le estamos ofreciendo al capitalismo alemán las concesiones que le ofrecemos al capitalismo de la Entente. Y esto es así no sólo porque aquél no posee la fortaleza suficiente como para extorsionarnos, sino porque no sabría qué hacer con ellas. Necesita exportar capital para expandirse. Ahora bien, la guerra convirtió a Alemania en un país miserable y empobrecido. En vano mendiga créditos a Estados Unidos, pero por sí misma es incapaz de generar expansión alguna. Las relaciones económicas germano-rusas, que juzgamos necesarias, independientemente de las concesiones que la Rusia soviética deba hacerle a Gran Bretaña, no pueden construirse en absoluto sobre las viejas bases capitalistas. No es el intercambio de productos ni la exportación de capital lo que constituye la nueva base de las relaciones económicas germano-rusas, sino la ayuda mediante mano de obra. Estas no le otorgarán a los alemanes la posibilidad de dominar a Rusia, sino que al ayudar a Rusia a recuperar su poderío económico, le brindarán a miles trabajadores manuales e intelectuales alemanes pan y trabajo, y también sentarán las bases para el intercambio futuro de productos entre Rusia y Alemania. Rusia hubiera tenido que seguir esta política incluso si hoy en día fuera un estado burgués. Es una política dictada por los intereses rusos. Pero coincide con los principios que un estado proletario no debe echar por la borda, incluso frente a una necesidad imperiosa: no debe convertirse en el instrumento de una política que consista en empobrecer y aislar a otros pueblos. Naturalmente, hacen falta dos para las relaciones políticas y personales. Si el gobierno alemán continúa en una posición estúpidamente pasiva, temiendo al bolchevismo como la Entente, abrigando la esperanza de que el diablo hunda a Rusia y se la entregue atada de pies y manos a Denikin, entonces tendrá que asumir la responsabilidad por su propio bloqueo autoimpuesto.

"Los límites de las concesiones económicas que la Rusia soviética puede hacer al capital de la Entente son de una naturaleza más social. No puede permitir que surjan colonias imperialistas en su suelo, en las que el proletariado ruso juegue el papel de esclavo blanco. Incluso si la Rusia soviética se ve obligada a proveer una cierta cantidad de riqueza al capital extranjero, esto sólo podría tener lugar sobre la base de condiciones que serían pactadas concretamente entre los estados interesados. Antes que nada, se plantea una cuestión de condiciones de trabajo, que no deben ser peores que las del resto del proletariado ruso; y esto dando por sentado que los obreros vayan a ser tomados como empleados allí. Entonces se plantea la cuestión de la relación entre la producción de las empresas concesionarias, y el plan económico de conjunto de la república soviética. Los acuerdos deben definir qué parte de la producción será en beneficio de la economía rusa organizada. Si Rusia desea renacer económicamente, debe extraer beneficios inmediatos del desarrollo de las empresas concesionarias, comprándoles a precio de costo una porción de la producción, que luego sería usada para dotarla de los medios de producción necesarios. Sólo así el tributo que es necesario pagarle al capital extranjero no equivaldría a desangrar a Rusia. No podemos entrar en detalles sobre esta cuestión aquí, porque ese nos apartaría del tema. No obstante, el año pasado hubo consultas muy profundas y concretas sobre este tema en los círculos que dirigen la política económica de la Rusia soviética. Si había dudas el año pasado acerca de si los círculos capitalistas, acostumbrados a un método individualista de producción económica, aceptarían que su iniciativa privada estuviera limitada por controles sociales, la situación ha cambiado notablemente en el ínterin. De hecho, éstos se enfrentan a los mismos problemas en sus propios países, y no importa cuánto se opongan a cualquier intento de control social, es obvio, sin ninguna duda, que la presión del movimiento obrero y la necesidad de superar la anarquía económica de una u otra manera, los ha obligado a renunciar a su antiguo individualismo sin límites. Lo que se han visto obligados a conceder a los obreros británicos y norteamericanos, incluso antes de que éstos hayan conquistado el poder político, también deben concederlo a los obreros rusos, que son apoyados por el estado obrero ruso.

"No queremos exagerar las cosas aquí, o pintarlas de color de rosa. A pesar de la importancia de las concesiones que el capital extranjero se verá obligado a efectuar ante el proletariado ruso, si es que quiere hacer negocios en Rusia, el hecho es que los obreros rusos tendrán que trabajar en pos de las ganancias de los capitalistas extranjeros, que la riqueza natural de Rusia será explotada por una economía capitalista extranjera, y que un cuerpo extraño verá la luz en el seno de la Rusia soviética. Pero en tanto la Rusia soviética misma constituya un cuerpo extraño dentro del sistema de estados capitalistas, no puede evitar estos peligros.

"Está claro que de hecho hay un peligro en todo esto. Ya que independientemente de las dificultades que el gobierno proletario encuentre en caso de conflicto entre los proletarios rusos y las concesionarias capitalistas extranjeras, también existe el peligro de que los vestigios de la derrotada burguesía rusa renazcan alentados por las empresas privadas extranjeras. Este peligro aumentará en la medida en que el gobierno soviético se vea obligado a hacer más y más concesiones al capital extranjero, si la actual etapa transicional llegara a extenderse. Con esto es precisamente con lo que cuentan Lloyd George y los otros líderes de la Entente que se inclinan por llegar a un acuerdo de paz con la Rusia soviética. Que sus esperanzas se materialicen o no depende del tiempo que dure esta colaboración. La influencia que la paz con el capitalismo de la Entente tenga sobre el desarrollo del estado proletario ruso también depende de ella. Si esta colaboración se prolongara durante muchos años, la Unión Soviética se transformaría como mucho en un estado al estilo de Nueva Zelanda o Australia, un estado capitalista gobernado por los obreros y los campesinos, en el cual el capital financiero ha efectuado grandes concesiones al proletariado en lo que respecta a sus niveles de vida... Obviamente, esta es una situación mejor que la existente en Estados Unidos o Europa, pero no es la dictadura del proletariado que busca sentar las bases del comunismo. No obstante, si como es probable que suceda, la revolución mundial se extiende en forma lenta pero segura, estos acuerdos con respecto a los intereses capitalistas extranjeros no serán ni tan importantes ni prolongados como para amenazar el poder efectivo del proletariado. Al otorgarle la paz a la Rusia soviética, así como la posibilidad de proceder a la reconstrucción de su economía, estos acuerdos podrían incluso permitir que el poder efectivo del proletariado se fortalezca. Está claro que este poder será más fuerte si las condiciones de transporte mejoran, si las industrias obtienen las materias primas y el combustible necesario, y si los campesinos pueden comprar productos a cambio del pan, incluso aunque tengamos que renunciar a muchos objetivos y replegarnos por un tiempo.

"Cuanto más se fortalezca la Unión Soviética, más estará en condiciones de renunciar al terror, que no es nada más que un medio de defensa, y más estará en condiciones de ejercer la dictadura con moderación. No se debe dar por terminada la dictadura en tanto persistan las amenazas contra la dominación del proletariado. Pero la severidad de la dictadura depende del alcance de las amenazas; en la medida en que éstas disminuyan podemos ampliar el círculo de aquellas capas vacilantes a las que podemos permitirles el ejercicio de los derechos políticos. El párrafo 2 de la sección política del programa del Partido Comunista Ruso (marzo de 1919) dice esto: 'Al contrario de lo que sucede en la democracia burguesa, que oculta la naturaleza de clase del estado, el gobierno soviético reconoce abiertamente la necesidad histórica de la naturaleza de clase de cualquier estado hasta la desaparición de las divisiones de clase en la sociedad, y por ende todo poder estatal. El estado soviético apunta esencialmente a sofocar la resistencia de los explotadores. La Constitución soviética, que reconoce que la libertad no es más que un fraude si ésta constituye un obstáculo a la emancipación de los trabajadores de la opresión capitalista, no vacila en privar a ciertos grupos sociales del disfrute de los derechos políticos. La tarea del partido proletario es sofocar sin vacilaciones la resistencia de los explotadores, y librar una lucha ideológica contra las supersticiones muy enraizadas acerca de la naturaleza absoluta de las leyes y libertados burguesas, pero también ésta consiste en explicar que la restricción de los derechos políticos, junto con otras medidas que restringen la libertad, son sólo medidas temporarias en la lucha contra los explotadores, quienes defienden sus privilegios o tienen la esperanza de que éstos sean restaurados. En la medida en que la posibilidad objetiva de la explotación del hombre por el hombre desaparezca, la necesidad de medidas represivas temporarias también desaparecerá, medidas que el partido se esforzará al máximo por limitar, y a las cuales finalmente pondrá fin.'[48]

"En la medida en que las victorias del Ejército Rojo sobre los ejércitos contrarrevolucionarios debilitan las esperanzas de la nobleza y los explotadores rusos de reestablecer su dominio, las posibilidades de suavizar la dictadura proletaria en Rusia también aumentan. Por primera vez en la historia del mundo, esta dictadura le ha otorgado a amplios sectores del pueblo la posibilidad real de tomar parte en la vida intelectual y de dirigir el estado, y de crear así una democracia real como no existe en ningún otro estado. Pero al mismo tiempo esta dictadura ha privado a la burguesía, y a aquellos intelectuales que la apoyan, de derechos políticos porque los estaban usando para frenar la emancipación de las masas populares. La lucha armada del proletariado ruso con la contrarrevolución se hubiera terminado hace ya tiempo si los estados capitalistas (empezando por Alemania, y después la Entente) no hubieran apoyado a la contrarrevolución rusa por todos los medios a su alcance, obligando así a la Rusia soviética a fortalecer sus medidas de defensa. La contrarrevolución ha sufrido grandes derrotas en este combate. Si el imperialismo de la Entente cesara al fin de entrometerse en la guerra civil rusa, si levantara su bloqueo mortal, entonces la clase obrera victoriosa podría renunciar a sus medidas militares, como resultado del fin de la guerra civil. Esto no significa que renunciaría a dirigir el estado de conformidad con los intereses de los obreros, sino que por el contrario desarrollaría realmente al estado proletario, a partir de la victoria del proletariado sobre la opresión burguesa, hacia la democracia. Este desarrollo se produciría gradualmente. Cualquier intento del capital de la Entente por ejercer presión para acelerar este proceso, no haría más que obstaculizarlo. Cualquier interferencia en favor de los antiguos miembros de la burguesía despertará una profunda desconfianza en el seno del proletariado, prolongando la guerra civil, más allá de que el gobierno soviético lo desee o no.

"Hemos descrito las concesiones que puede hacer la Rusia soviética. Muchos revolucionarios las considerarán una humillación profunda. ¿Qué? ¿La orgullosa Rusia soviética, que repudió sus deudas de guerra, acabará por pagarlas? ¿La Rusia soviética, que ha derrotado a la burguesía rusa, le hará concesiones al capital privado? Sí, precisamente porque la Rusia soviética por sí sola no puede derrotar al capital mundial sólo el proletariado mundial puede hacer eso, tiene que pagarle un tributo a la burguesía mundial. Es inútil enojarse por esto. Esta situación continuará hasta que una abrumadora descomposición capitalista desencadene la revolución mundial. Un sector de la prensa capitalista y la prensa de los denominados socialistas traidores a la clase obrera dirán que la república soviética ha emprendido el camino de Damasco, el de la renuncia al comunismo. Dejemos que sigan cacareando, ya habían dicho eso luego de Brest-Litovsk, pero nosotros sobrevivimos, mientas que los vencedores de Brest-Litovsk fueron aplastados por la rueda de la historia. No nos retractamos de nada. Todo lo que enseñamos sobre la dictadura del proletariado sigue siendo completamente válido, más allá de la forma en que ésta sea implementada, y el gobierno soviético ruso siempre será el representante del poder del proletariado, o no será. Que los enemigos y los amigos comprendan una cosa: no habrá una fachada de república soviética. Si la república soviética no tuviera la fortaleza como para defender el poder real, no defendería una existencia que no es más que una sombra, sino que capitularía abiertamente o se hundiría combatiendo. El resultado del ataque de otoño contra las principales ciudades demostró que no hace falta hacer esto. ¿Por qué peleó ésta si se encontraba al límite de sus fuerzas? Como efectivamente resistió y pasó una ardua prueba militar, así también podrá superar la ardua prueba económica que nos depara un duro invierno. Entre los Denikin y los Kolchak, las condiciones económicas son incluso peores. También es necesario destacar el siguiente hecho: mientras que en la Rusia soviética la clase obrera está convencida de que el gobierno proletario ha hecho lo imposible por ayudarla, no podría, hambreada como está, siquiera llegar a contemplar, más allá de los acciones de las camarillas de Denikin y Kolchak, el festín que se estaban dando los ricos. Este invierno la mitad de Europa sufrirá un tormento infernal, y ninguna parte de la Entente entregará ayuda alguna. Y no lo hará porque no puede hacerlo. La ayuda requiere millones y millones, y Francia y Gran Bretaña se encuentran al borde de la bancarrota. El gobierno soviético no tiene necesidad de entregarse, ya sea en forma abierta o encubierta. Para remediar la terrible miseria se ve obligado, en nombre de la paz, a hacer concesiones. Los meses venideros decidirán si la Entente es capaz de tener alguna idea racional sobre la cuestión rusa. Si no lo logra, la Rusia soviética tendrá que sobrevivir a costa de grandes sacrificios, pero el colapso del imperialismo de la Entente será incluso todavía más rápido porque éste se verá obligado, una vez más, a realizar esfuerzos inusitados por derrotar a la Rusia soviética. La diferencia entre nuestros oponentes y nosotros es que el tiempo está de nuestro lado. Tomamos la decisión de hacer concesiones porque sabíamos que saldríamos victoriosos al final. Podría prevalecer la política de jugarse el todo por el todo a un solo tiro de los dados. Lo que suceda dependerá de la actitud de los obreros de la Entente este invierno, y de los acontecimientos políticos en todas partes del mundo. Pero de una cosa estamos seguros en toda esta mezcla de tendencias: la desintegración capitalista continuará y la revolución proletaria se extenderá. Nosotros, que somos su vanguardia, padeceremos tiempos duros. ¡Pero estamos seguros de vencer sí o sí!"[49]

Estas líneas fueron escritas, como he dicho, en diciembre de 1919 en el momento de las decisivas victorias de la Rusia soviética sobre los Blancos, en el momento en que Kolchak y Yudenich[50] eran liquidados y Denikin era forzado a replegarse hasta el Cáucaso. ¿Y qué dicen estas líneas? Nos dicen que en el momento de las más grandes victorias, no abandonamos ni por un segundo los siguientes puntos de vista: para empezar, Rusia es un país cuya población es esencialmente pequeño burguesa, y que por esa razón la política comunista tiene que aguardar que llegue su momento en la aldea, y que la socialización de la agricultura es un problema que insumirá el trabajo de generaciones enteras, y que además el gobierno soviético debe por el momento tratar de llegar a un acuerdo con los campesinos. En pocas palabras, dábamos por sentado que la mayor parte de la economía rusa estaría en el futuro inmediato orientada hacia la producción mercantil pequeño burguesa. Luego sosteníamos que la revolución mundial se desarrollaría lentamente luego de superada la crisis de la desmovilización, y que entonces el gobierno soviético tenía que apuntar, por el momento, a llegar a un modus vivendi con los estados capitalistas, y con este fin, prepararse para efectuar concesiones al capital:

"En tanto el proletariado no haya triunfado en los principales estados capitalistas, en la medida en que no esté en condiciones de utilizar todas las fuerzas productivas del mundo para la construcción socialista, en tanto los estados capitalistas coexistan junto con los estados proletarios, los estados proletarios se verán obligados a llegar a acuerdos con ellos, y no habría ni un capitalismo puro ni un socialismo puro. Al limitar geográficamente entre sí, se verían de hecho obligados a hacerse concesiones recíprocas en sus propios territorios nacionales."

Esta concepción no era patrimonio exclusivo mío, sino que era una concepción común entre los principales dirigentes del Partido Comunista Ruso y el gobierno soviético. Y esta concepción no era sólo resultado de las experiencias de 1919. De hecho, Lenin no sólo defendió esta concepción en la época de los conflictos que surgieron en ocasión de la firma de la Paz de Brest, sino que también la defendió en abril de 1918, durante su discurso acerca de las tareas inmediatas del poder soviético. Este discurso fue efectuado el 29 de abril de 1918 ante el Comité Ejecutivo Central de los soviets. En él Lenin desarrolló las siguientes ideas: en la esfera de la política exterior, era necesario por un lado crear el Ejército Rojo, y por otro lado hacer concesiones al capital internacional hasta tanto la revolución mundial no hubiera triunfado. En la esfera de la organización de la economía, apoyaba no sólo la necesidad de convocar a especialistas burgueses ofreciéndoles salarios más altos, la necesidad de llegar a un acuerdo con las cooperativas pequeño burguesas, sino incluso con los cárteles capitalistas debían organizar la industria pesada bajo control del estado con participación en las ganancias. En abril de 1918, Lenin declaró que era necesario aprender cómo organizar el socialismo de los magnates de los trusts capitalistas, y exigió que se pusiera temporariamente fin a los ataques contra el capital porque pensaba que el gobierno soviético ya había expropiado mucho más de lo que podía controlar.[51] En la actualidad, se nos plantea la siguiente cuestión: ¿por qué el gobierno soviético llevó adelante la política opuesta durante el periodo que va desde el otoño de 1918 hasta marzo de 1921, la política de requisas en las aldeas, la política de nacionalización de todos los medios de producción en las ciudades, la política de suprimir incluso todo comercio interior, que fue atacado como especulación? ¿Por qué entonces no siguió el gobierno soviético la política defendida por Lenin en abril de 1918, política también defendida a menudo en teoría por los líderes de la república soviética en 1919? (Cf. el discurso de Lenin sobre las relaciones con el campesinado medio en abril de 1919[52]; cf las incesantes propuestas de paz y ofertas de concesiones dirigidas por el gobiero soviético al capital extranjero en 1919). En su discurso ante el Congreso de las Secretarías de Educación Política Popular de octubre de 1921, Lenin explicaba que la política de estos tres años había sido un error y proclamaba la necesidad de un retorno a la política de 1918.[53] Esta explicación fue interpretada por los enemigos del comunismo como una confesión de la bancarrota del comunismo ruso, una confirmación de la corrección de toda lo que la prensa capitalista mundial, no sólo la de los mencheviques, había dicho muchas veces sobre la política del comunismo ruso. Obviamente, Lenin es sin duda alguna un hombre de una rectitud política ejemplar, un hombre digno de confianza que nunca teme admitir los errores que cometió. Sin embargo, queda claro que no pronunció este discurso, en tanto líder de un gran gobierno, para sincerar su corazón frente a los capitalistas del mundo entero y los mencheviques, sino que con sus discursos Lenin perseguía sus propios objetivos políticos. En un discurso que hizo más tarde, el 29 de octubre (que fue publicado en la Pravda de Moscú el 3 de noviembre), explicó porqué había hablado de falencias y errores. [54] Se trata, explicaba, no sólo de darle una nueva orientación a la política económica de la república soviética, que ha estado en vigor desde el mes de marzo de 1921, sino también de llevar adelante la nueva política. Ahora bien, el partido, que desde el otoño de 1919 había llevado adelante la más intransigente política de nacionalización, no es capaz de cambiar de la noche a la mañana, y esa es la razón por la cual tiene que ser conciente, en la forma más brutal, de los cambios que se han producido en las condiciones de desarrollo de la república soviética. Y esto es lo que Lenin hizo al hablar de errores pasados. En este discurso, Lenin trataba de explicar la naturaleza de los errores cometidos haciendo una comparación entre las diferentes tácticas usadas por el general japonés Nogi para capturar Port Arthur.[55] Por empezar, atacó la fortaleza con una furiosa ofensiva frontal que le costó numerosas bajas. Cuando vio que Port Arthur no podía ser conquistada por estos métodos, Nogi realizó un sitio lento y sistemático, y tomó la ciudad al final de luchas muy duras, en las cuales el trabajo de los zapadores y la artillería jugó un papel tan crucial como la artillería y los ataques frontales. Entonces Lenin preguntaba: ¿fueron un error los primeros ataques frontales? La respuesta es sí y no. Fueron un error porque más tarde quedó en evidencia que eran insuficientes para capturar la fortaleza. Pero no fueron un error porque la capacidad de resistencia del enemigo no podía ser determinada sin un ataque, y un general debe tratar de derrotar al enemigo lo más rápido posible. Por último, incluso los ataques repelidos habían debilitado al enemigo, y le habían permitido a él conquistar finalmente mediante el sitio. Asimismo, decía Lenin, era necesario destruir al capitalismo en Rusia mediante un ataque frontal. Pero cuando los ataques frontales no produjeron el resultado esperado, nuestro deber era preparar la retirada y organizar el sitio contra el enemigo, y derrotarlo por otros medios. Cualquier comparación es incompleta, pero esta comparación de Lenin cojea de ambos pies, por así decir, y el análisis de esta comparación contribuye en gran medida a explicar las causas de la política de la república soviética en el periodo que se extiende entre el otoño de 1918 y marzo de 1921, hasta su cambio actual.

Por empezar, nos gustaría decir que la historia de planificar para la guerra es un viejo cuento que todos los auténticos historiadores de la guerra e historiógrafos de la estrategia han cuestionado. Los estados mayores de todos los ejércitos tratan de desarrollar una concepción sobre la guerra futura, que solamente los observadores externos consideran un plan de guerra. Pero no ha habido una sola guerra en la historia que haya consistido meramente en un golpe o un ataque sorpresa, que se haya desarrollado según el plan prefijado por el alto mando. Se suscitó un gran debate en la historia militar alemana luego del colapso de 1918, para saber si la guerra había sido conducida o no según el Plan Schlieffen.[56] La investigación histórica ha demostrado que no había ningún plan de guerra en absoluto. Schlieffen tenía en mente una situación en la cual Alemania debía librar la guerra en dos frentes, y creó el plan básico de preparar una división del ejército alemán en caso de que la guerra se librara en las condiciones anticipadas por él. Schlieffen contaba con una lenta movilización de tropas rusas, y en consecuencia desarrolló la idea de conquistar una posición defensiva en el frente oriental antes de que Rusia pudiera movilizar al grueso de sus tropas, mientras trataba de vencer a Francia primero con fuerzas decisivas. No preparó un plan para la conducción de la guerra, porque sabía muy bien que un plan concreto sólo puede ser elaborado luego de que los primeros enfrentamientos con las fuerzas enemigas hayan provisto indicios sobre cómo se desarrollarán los acontecimientos futuros. Los pronósticos de Schlieffen no se cumplieron, ni tampoco fue posible aplicar su idea básica correctamente. Aunque no existe un plan general de guerra elaborado de antemano que guíe la conducción de la guerra, sí hay no obstante un plan para cada batalla en particular. El comandante en jefe posee información acerca del estado de las fuerzas enemigas en una situación de combate concreta. Sus propias fuerzas también representan una magnitud dada y precisamente definida. Baraja todas las posibilidades que tiene de derrotar a las fuerzas del enemigo, y luego elige la idea que le parece más favorable según su criterio. Por lo general, tiene distintas opciones a mano. Lo mismo sucedió con el general Nogi. Nogi podría haberse dado cuenta de entrada que la toma de Port Arthur era imposible mediante un ataque frontal. Podría haber evitado el error cometido evaluando correctamente a las fuerzas enemigas, pero Nogi sobrestimó la viabilidad del ataque, y subestimó las fuerzas de defensa, y esa es la razón por la cual su ataque fue un error. Ahora bien, nuestro Nogi, Lenin, estimaba que las fuerzas del capital mundial eran muy poderosas. En su discurso de abril de 1918, elaboró un plan de guerra que partía de una estimación correcta de las fuerzas enemigas y de nuestras debilidades.[57] Este es el motivo por el cual proponía hacerle concesiones al campesinado y al capital, y esa es la razón por la cual llevó adelante una política de acuerdos con el capital mundial firmando la paz con Alemania en Brest Litovsk, y haciendo todo lo que estaba al alcance de su mano para evitar la guerra con la Entente. Lo que Lenin en la actualidad defiende bajo la etiqueta de Nueva Política Económica no es más que un episodio ulterior de su plan de guerra de 1918. ¿Pero qué fue lo que llevó a abandonar su ingenioso plan en el otoño de 1918? Lenin y la república soviética no tenían libertad de acción, no podían optar libremente. Desde el levantamiento checo durante el verano de 1918,[58] desde la ocupación de Arcángel por los británicos, [59] el enemigo había tomado la iniciativa. Le había dictado a la república soviética el curso de acción a seguir. El enemigo era mucho más fuerte que nosotros, tomó la iniciativa y pasó a la ofensiva, desechando la posibilidad de cualquier negociación. Fue necesario pelear, y esta lucha no se libró siguiendo un plan preconcebido, sino bajo la compulsión de las necesidades de la lucha misma. Comprendíamos perfectamente que estábamos obligados a llegar a un acuerdo con los campesinos, que son pequeños productores de bienes, que son pequeño burgueses, y que sólo podían ser ganados para la política comunista a través de las generaciones mediante los grandes avances ofrecidos por los modernos métodos técnicos de la agricultura. Pero a pesar de que nos vimos obligados a recurrir a una política de confiscaciones que nos granjeó enemigos en las aldeas, y que al continuar durante varios años, debilitó a las fuerzas agrícolas considerablemente. Por empezar, Siberia estaba en manos de los checoslovacos, y luego de Kolchak; Ucrania estaba en manos de los alemanes, y después pasó a manos de Skoropadsky, después Petliura, [60] y finalmente a manos de Denikin. Tuvimos que alimentar a las ciudades y los ejércitos, cada vez más numerosos, recurriendo a las reservas de Rusia central y la región del Volga. Los campesinos habían tomado la tierra de hecho. Habían retornado a la aldea luego de una guerra que había fortalecido su conciencia, contaban con armas, y con una idea de libertad y de sus relaciones con el estado que eran muy cercanas a la concepción según la cual el campesino no tiene en absoluto necesidad de algo tan diabólico como el estado. Si hubiéramos tratado por entonces de imponer impuestos en especie, no hubiéramos podido cobrarlos, porque no poseíamos el aparato necesario, y porque los campesinos no los hubieran entregado en forma voluntaria. Fue necesario hacerles entender, antes que nada con métodos muy enérgicos, que el estado no sólo tenía derecho a solventar sus necesidades reclamando una parte del producto a sus ciudadanos, sino que también contaba con la fuerza necesaria para imponer este derecho. Además, dado que desde comienzos del otoño nuestro territorio de aprovisionamiento era muy limitado, los impuestos en especie extraerían de los campesinos, por necesidad, todo aquello que no fuera necesario para su propia subsistencia. Un impuesto en especie que confisca todo el producto excedente y es recolectado por el recurso a la fuerza militar no es otra cosa que una requisa.

Pero si tratábamos de arrancarle a los campesinos el producto excedente en su conjunto, era necesario evitar por todos los medios que se rehusaran a vendernos sólo una parte de los cereales que necesitábamos perentoriamente. Tuvimos que prohibirles vender cereales, y tuvimos que eliminar el comercio con la ciudad, el cual constituía un aliciente para la creación de un mercado negro de cereales.

¿Y podíamos dejar los recursos productivos e industriales en manos de la burguesía? Sabíamos muy bien que no podíamos administrar la pequeña y mediana industria por nuestros medios, ya que nuestras fuerzas eran insuficientes para ello. Sabíamos que los capitanes de la industria nos serían necesarios, y que la cartelización estatal de la industria con participación estatal, pero bajo gestión práctica de los capitalistas controlados por el estado, sería temporariamente la forma de organización industrial más favorable para nosotros. Pero estos caballeros, los capitanes de la industria, se pasaron a las filas del enemigo con el fin de derrotarnos, primero con ayuda de los alemanes, y luego con ayuda de los Aliados. No querían ser nuestros arrendatarios, ni tampoco someterse al control del estado. En una palabra, no quisieron aliarse con nosotros, porque abrigaban la esperanza de poder echarnos del poder. La política de llegar a un compromiso con los líderes del gran capital fue imposible, porque ellos no reconocían nuestro poder, y estaban por el contrario convencidos de que lograrían derrocarnos. Pero sólo el reconocimiento actual de nuestro poder ha sentado las bases para llegar a un acuerdo. En lo que respecta a la pequeña y mediana industria, fue necesario cerrar sus puertas desde el comienzo mismo de la gran Guerra Civil. Los frentes en una guerra civil difieren de los frentes en una guerra entre estados, en el sentido de que los Blancos, al igual que los Rojos, siempre tienen fuerzas enemigas a sus espaldas. Las líneas del frente sólo dividen al país geográficamente, pero no socialmente. De un lado del frente los Rojos tienen la supremacía, pero las fuerzas contrarrevolucionarias no han desaparecido en consecuencia de su territorio. Del otro lado, el poder está en manos de los Blancos, pero las fuerzas de los Rojos, las fuerzas de la revolución, todavía existen y representan una gran amenaza para la dictadura de los Blancos. Con el fin de triunfar en el frente, la dictadura de los Blancos, al igual que la de los Rojos, debe eliminar totalmente a las fuerzas enemigas en su retaguardia. La fortaleza de las masas trabajadoras reside en su organización. Esta es la razón por la cual la dictadura de los Blancos reprime toda forma de organización obrera. La fortaleza de la burguesía reside en el hecho de que dispone de los medios de producción y los bienes. Podemos eliminar por completo toda organización política de la burguesía, pero si permitimos el comercio burgués, la industria burguesa e incluso la existencia de la pequeña y mediana industria, entonces la burguesía mantendrá su cohesión y su unidad como clase sobre la base de las relaciones económicas recíprocas entre sus miembros, y en tanto enemigos de la clase obrera, usarán sus medios materiales contra nosotros. Esta es la razón por la cual nos vimos obligados a nacionalizar la pequeña y mediana industria, incluso aunque la nacionalización no fuera más que un pretexto para cerrar las fábricas. Se estaba librando un combate, y era necesario aplastar al enemigo. Era nosotros o ellos, así se planteaba la cuestión, y no había lugar para llegar a compromiso alguno.

Pero la nacionalización también era necesaria por motivos económicos. Teníamos que librar una guerra contra un enemigo que disponía de los más modernos medios técnicos y militares. Pero tuvimos que equipar al ejército y dotarlo de armas por medio de una industria que había sido dislocada por la guerra mundial, una industria que ya antes de la guerra estaba a un nivel mucho más bajo que la de Europa occidental. Por lo tanto, sólo podíamos vencer agrupando a todas las fuerzas industriales del país, usándolas en forma concentrada para la victoria. Dejamos que las líneas férreas alejadas entraran en decadencia, porque era necesario fortalecer la red ferroviaria en el teatro de operaciones de la guerra. Todavía recuerdo las palabras de Trotsky ante el congreso del partido en 1920: "Hemos arrasado el país para derrotar a los Blancos". Seguramente que esto no era una política económica, y mucho menos una construcción comunista. Fue una política de guerra y victoria, y como no podíamos vencer de otra manera, y vencimos de esta manera, la historia ha dado su veredicto sobre estos métodos. Y este veredicto se lee así: este camino no fue un error. Fue el camino que condujo a la victoria.

Pero tuvimos que tomar este camino no sólo por la política de la burguesía, y a causa de las necesidades económicas, sino que también tuvimos que tomarlo porque la fuerza principal sobre la que nos apoyábamos era la clase obrera. Cada clase social tiene su propio programa máximo, al cual sólo renuncia o cede parcialmente, cuando se ve obligada a hacerlo por la presión de otras clases, y bajo presión de la necesidad. Ya desde la década de 1840, los reformadores sociales burgueses le han dicho siempre a la burguesía que iba en interés suyo no tratar a los obreros como esclavos. Le explicaban a la burguesía que una clase obrera bien remunerada, culturalmente desarrollada, trabajaría mejor, pero la burguesía no prestó la más mínima atención a estos consejos, hasta que la clase obrera opuso su propia voluntad al deseo de la burguesía de explotarla implacablemente. La burguesía rusa ya sentía el calor de las llamas de la revolución, pero aún así no pensaba en ahogar la revolución mediante la nacionalización, la lucha contra la especulación y las concesiones a la clase obrera. Los campesinos rusos no querían entregar su pan a las ciudades o a los obreros, que les habían concedido la tierra, hasta que se vieron obligados a hacerlo. Los obreros rusos, que habían sido esclavizados y oprimidos por la burguesía, habían tomado el poder, y lo habían tomado por asalto. La burguesía parecía impotente, y en estas condiciones no podíamos esperar que los obreros comprendieran efectivamente la real relación de fuerzas existente, o que comprendieran efectivamente las dificultades del nuevo régimen, y las dificultades para asentar su poder. En 1917, tal como en 1918, Lenin y los dirigentes del partido tuvieron una comprensión correcta de la relación de fuerzas, pero las masas no. Lenin, en su discurso sobre las tareas inmediatas del gobierno soviético,[61] y Trotsky, en su discurso acerca del "trabajo y la disciplina",[62] dieron sermones enteros, por un lado contra la mentalidad que describían como la psicología de masas pequeño burguesa, individualista, que consistía en decir: "la industria nos pertenece, cada trabajador es el amo de su propia casa, y puede tomar lo que quiera", y por otro lado contra las aspiraciones de implementar el socialismo de un solo golpe. Hoy en día, luego de cuatro años de revolución y de privaciones inmensas para las masas, Lenin, con el fin de asegurar la estricta y resuelta implementación de una política de compromiso, considera necesario decirle al partido que la política económica seguida hasta ahora fue un error. Sin embargo, es altamente improbable que la política actual hubiera podido ser implementada en 1918, incluso aunque la Entente no hubiera atacado. Basta recordar que en 1918 un influyente grupo de publicistas y organizadores, tales como Bujarin, Ossinsky, Smirnov, Yakovleva, Lomov y yo mismo,[63] lanzaron un ataque contra esta política en un órgano fraccional, El comunista, y que no sólo había una tendencia de izquierda en el partido, sino que esta tendencia contaba incluso con una organización centralizada. Y fue en este espíritu del primer ataque frontal victorioso que la clase obrera se trabó en una lucha muy dura contra los Blancos y contra la intervención. Ésta soportó privaciones terribles, e hizo los sacrificios más grandiosos. ¿Y quién se sorprendió por el hecho de que Rusia, el campo de batalla que era Rusia entonces, una fortaleza sitiada, tuviera que vivir como en estado de sitio? Cuando los luchadores revolucionarios estaban pasando hambre y miseria, ¿podían acaso ceder el más mínimo poder o privilegio alguno a la clase que con ayuda de la Entente estaba ahogando al país en un baño de sangre?
Las necesidades de la guerra y las necesidades de la lucha se transformaron, en la cabeza de las masas, en la religión del comunismo. Y cada una de nuestras medidas, incluso aunque persiguieran fines muy limitados y transitorios, era integrada e incorporada a un sistema comunista generalizado. Un filisteo de poca monta, el menchevique Abramovich,[64] preguntó dónde y cómo el Partido Comunista describía sus medidas como temporarias. ¿Por qué hablaba éste de comunismo? Este hombre tan valiente no sólo no había participado nunca en una revolución, sino que incluso no había leído con simpatía alguna la historia de las grandes guerras de liberación. De otra manera, hubiera comprendido que la revolución no sólo da lugar a juicios serenos, sino también a ilusiones, que no son "errores", sino que dan impulso a la ofensiva, la fortalecen, y la conducen hacia los fines que históricamente tiene planteados ante sí. Sería ridículo negar que cometimos muchos errores en la lucha, o que alguna vez llevamos adelante una política equivocada, pero sería igualmente ridículo negar que la ideología, que había tomado su propia dinámica, muy a menudo transformaba medidas de orden provisional, transitorias, en un sistema que a su vez influenciaba a las medidas, prolongándolas más de lo necesario. Tomada de conjunto, como época histórica, la política que hemos tenido que rectificar en la actualidad no fue un error. Todavía más, fue gracias a esta política, llevada adelante resueltamente, que pudimos hacer retroceder a los enemigos del país, derrocarlo desde adentro, siendo así capaces de crear las condiciones para la política actual. El general Nogi perdió su objetivo a causa de su estimación errónea de las relaciones de fuerza, a causa de su ataque frontal contra Port Arthur. La Rusia soviética no se lanzó a ninguna ofensiva por iniciativa propia. La guerra contra la Entente, con todas sus consecuencias, se nos impuso a la fuerza, pero nuestra ofensiva no fue rechazada. Hemos derrotado al enemigo, desbaratado sus planes y evitado nuestra propia derrota: hemos por lo tanto creado las condiciones que nos permiten intentar llegar a un acuerdo con él, lo cual es necesario para la reconstrucción económica del país.

IV

La Nueva Política Económica entró en vigor en marzo de 1921. Coincidió con dos acontecimientos: la firma del Acuerdo Comercial anglo-ruso y el aplastamiento del motín de Kronstadt.[65] Estos dos eventos no solamente están vinculados cronológicamente con la Nueva Política Económica; también tienen un vínculo interno y estructural con ella. El primer evento, la firma del Acuerdo Comercial anglo-ruso,[66] muestra muy bien por qué no recurrimos a la Nueva Política Económica en 1920, luego de la victoria sobre Kolchak y Denikin. Luego de la victoria sobre Kolchak y Denikin, la potencia europea más destacada, Gran Bretaña, comenzó a negociar con nosotros, pero durante más de un año prolongó las negociaciones todo lo que pudo. Durante este periodo, la segunda potencia capitalista de Europa, Francia, movilizó a Polonia y Wrangel contra nosotros.[67] Hacia finales del verano de 1920 Wrangel fue oficialmente reconocido por Francia como representante del gobierno ruso. Gran Bretaña negociaba con nosotros sin siquiera levantar su dedo meñique para objetar la política francesa. El capital británico pospuso la firma del acuerdo comercial provisional durante mucho tiempo, a la espera de que fuéramos derrotados por los polacos y Wrangel, con el fin de poder lavarse las manos inocentemente de todo entendimiento con nosotros. Dado que la Nueva Política Económica se apoya en parte en un entendimiento con el capital mundial, está claro que ésta estaba completamente suspendida en el aire en tanto el acuerdo anglo-ruso no se hubiera firmado. Todos los contratos están en la etapa de las discusiones preliminares. La hambruna de este año despertó nuevas esperanzas en la burguesía mundial, e incluso aquel sector del capital mundial que había renunciado a la esperanza de nuestra derrota, espera antes de firmar acuerdos hasta que la presión de la necesidad sea lo suficientemente fuerte, como para llegar a un compromiso con nosotros en condiciones más favorables para él.

¿Y cuál es la relación de los eventos de Kronstadt con la Nueva Política Económica? Los eventos de Kronstadt no fueron más que el eco de un profundo proceso de fermentación en el seno de las masas campesinas. Fueron el eco de levantamientos campesinos en Ucrania y en Tambov.[68] ¿Pero qué significaban estas revueltas campesinas? Demostraron que la guerra imperialista y la guerra civil habían debilitado considerablemente la economía rural. Mostraron que la crisis económica rusa tenía su origen no sólo en la dislocación de su industria, sino también en la desintegración de su agricultura. Mostraron la necesidad de un cambio rápido y fundamental en nuestra política: había que efectuar un cambio muy radical y enérgico porque las perspectivas de llegar a un acuerdo con el capital extranjero eran inciertas, y el plazo de las negociaciones con el capital extranjero se dilataba indefinidamente. La crisis agrícola y la lentitud de las negociaciones con el capital extranjero han forzado al gobierno soviético a modificar el plan de reconstrucción que tenía en mente en la primavera de 1920 después de la derrota de Yudenich, Kolchak y Denikin. ¿En qué consistía este plan?

Éste se apoyaba en la esperanza de reforzar las relaciones económicas con los capitalistas extranjeros, que nos iban a ayudar a obtener gran cantidad de medios de producción. Con el fin de explotar esto y de acortar el periodo de trabajo preparatorio necesario para utilizarlos, era necesario usar la fuerza bruta de las masas campesinas en organizaciones de ejércitos de trabajo. La reconstrucción debía comenzar con un ataque frontal. Obviamente, esto no era el comunismo, ya que estábamos dispuestos a arrendar grandes sectores de la industria al capital extranjero. Las protestas de la prensa capitalista y de sus lacayos mencheviques, quienes denunciaban que esto era trabajo forzoso, no hacían más que mostrar en qué medida la burguesía temía el rápido ritmo de la construcción económica en Rusia. Dado que esta construcción económica tenía en cuenta los intereses de los obreros y los campesinos, los ejércitos de trabajo no tenían nada de comunistas. Eran medidas necesarias, que serán necesarias cada vez que el gobierno obrero-campesino tenga que lograr una reconstrucción a un ritmo muy rápido. El plan naufragó, para empezar, porque los ejércitos de trabajo, incluso antes de que fueran organizados, tuvieron que ser militarmente organizados y equipados para luchar contra los polacos y contra Wrangel. También se trabó porque las entregas de medios de producción provenientes del extranjero eran muy lentas. Un ataque económico frontal resultó ser imposible en ese momento. A comienzos de 1921 era evidente que la reconstrucción económica tendría lugar sólo muy lentamente. El capital mundial, que fue incapaz de derrotarnos, demostró también ser incapaz de llegar a un acuerdo rápido con nosotros. Todos estos factores dictaron la necesidad de efectuar una retirada, en lo que se refiere al sueño del gobierno soviético en 1920 de efectuar una rápida reconstrucción de la gran industria estatizada gracias a los medios de producción traídos desde el extranjero y recurriendo a la fuerza de la mano de obra campesina concentrada. La esencia de la Nueva Política Económica consiste, por lo tanto, en que el gobierno soviético movilizará, en primer lugar, las fuerzas económicas que le permitirán emprender la construcción económica comunista en el futuro.

V

La Nueva Política Económica del gobierno soviético comenzó con el abandono de la política de requisas en la aldea, y su reemplazo por un impuesto en especie. La diferencia entre las dos políticas consiste, antes que nada, en que los campesinos de aquí en más tendrán que pagar sólo un impuesto de un monto fijo, mientras que antes habían sido blanco de requisas que variaban según las necesidades perentorias de los ejércitos y las ciudades. El impuesto en especie les quita a los campesinos mucho menos que antes. Por lo tanto, es un aliento para que extiendan el área sembrada, y para que la cultiven en forma más eficiente. Esto es así porque ahora ellos retienen un excedente por encima de lo necesario para su subsistencia y del impuesto, al cual lo pueden intercambiar por productos industriales. Con esto, las concesiones a los campesinos implican concesiones a la burguesía urbana y al capital comercial que se preservó bajo el ropaje ilegal de la especulación. En sí mismas, las concesiones a los campesinos no tienen porqué redundar en concesiones al capital comercial. Si la Rusia soviética tuviera a su disposición importantes stocks de mercaderías, el campesino podría intercambiar su excedente de cereales con el estado a cambio de productos industriales entregados vía las cooperativas. Las concesiones al capital comercial resultan de la debilidad industrial del estado, y de la falta de crédito. Pero otras consecuencias de desprenden de ellas. Incluso la burguesía comercial no posee suficientes stocks de mercaderías. Esta trata de acumular mercancías ya sea mediante el contrabando —el comercio exterior es de hecho un monopolio estatal— o adquiriéndolas en el mercado interno. La burguesía comercial sólo puede conseguir mercancías entre los kustari, los pequeños artesanos. El trabajo doméstico de los kustari, sin embargo, solamente produce una cantidad muy restringida de bienes, en lo que respecta tanto a calidad como a cantidad.[69] Si la Rusia soviética no desea agravar artificialmente la falta de productos —y está claro que no hay ninguna razón sensata para hacer esto— debe naturalmente permitir la reconstrucción de la pequeña y mediana industria. El estado debe renunciar conscientemente a dirigir esta industria. Esto de hecho conllevaría la dispersión de sus fuerzas de organización, que ya no son muy numerosas de por sí. Es por esta razón que el gobierno soviético ha autorizado el arrendamiento de empresas pequeñas y medianas por parte de cooperativas obreras, así como también por propietarios privados. Pero el límite de las concesiones que el gobierno soviético es obligado a efectuar en su retirada no ha sido alcanzado todavía. El gobierno soviético necesita de ayuda técnica extranjera, ya que sus recursos financieros son demasiado endebles como para comprar suficientes máquinas en el exterior. Para obtenerlas, el gobierno soviético debe tratar de atraer al capital extranjero por otros medios. Este es el papel que juegan las concesiones, es decir, la autorización dada al capital extranjero de hacerse cargo, sobre la base de condiciones acordadas, de industrias que ya existían o que es necesario crear desde cero. Pero así, el gran capital extranjero irrumpe en un área cuyo control es clave para la Rusia soviética: la industria pesada.

La política del gobierno soviético contiene concesiones de muy larga duración, que abarcan el periodo histórico que sigue, y concesiones de índole más temporaria. Las concesiones a los campesinos, indudablemente, forman parte del primer tipo. En un país donde la población es esencialmente pequeño burguesa, en un país donde el pequeño y el mediano campesino representan la gran mayoría de la población, el progreso hacia formas económicas colectivas superiores en la aldea sólo puede tener lugar cuando el estado proletario sea capaz de mostrar a los campesinos una vida de progreso gracias a la gran superioridad técnica, y a una importante ayuda técnica. Ya que, en la medida en que la Rusia soviética no esté cubierta por una red de usinas eléctricas, en la medida en que el uso de modernas máquinas agrícolas no se haya generalizado en la aldea, el campesino seguirá siendo un pequeño propietario, libre e independiente. Las cosas son diferentes en lo que atañe a las concesiones hechas a la burguesía comercial y a los pequeños arrendatarios capitalistas industriales. En cuanto empiece a funcionar la gran industria, en cuanto ésta sea capaz de satisfacer de un modo u otro la demanda de bienes, desbancará a la pequeña industria por medio de la competencia. El desarrollo de las cooperativas conquistará el terreno del comercio minorista, y más rápidamente sucederá esto cuanto más enérgicamente apoye el estado a las cooperativas. Las concesiones al capital extranjero están vinculadas con la situación internacional, y surgen de una necesidad doble: por un lado obtener los medios de producción del capital extranjero, y por otro lado poner freno a las tendencias intervencionistas del capital mundial. La duración de estas concesiones está vinculada a la duración del actual equilibrio mundial relativo.

¿Qué reconstrucción social de clases resulta de la Nueva Política Económica del gobierno soviético? El campesinado constituye una clase pequeño burguesa. A él están vinculadas la pequeña y mediana burguesía en el proceso de restauración. El capital extranjero concesionario constituye la clase del gran capital. El proletariado está en oposición a estas clases, por un lado en la gran industria estatal, por el otro en la pequeña y mediana industria arrendataria, y por último en las grandes empresas industriales concesionadas. No hace falta insistir que esto no representa una relación de fuerzas favorable para la clase obrera. La situación encierra de por sí grandes peligros. La pequeña y mediana burguesía urbana, concentrada en los centros culturales del país, tratará, sobre la base de sus relaciones comerciales con el campesinado, de organizarlo como clase contra el proletariado. En primer lugar, intentará aliarse con los elementos más poderosos del campesinado. Para empezar, el capital extranjero, apoyado por los gobiernos capitalistas, tratará de modificar a su favor las condiciones con que el gobierno soviético le permitió el acceso a Rusia. Sin duda, éste intentará romper el obstáculo más importante a su expansión: el monopolio estatal del comercio exterior. El tipo de ayuda ofrecida a una Rusia hambreada por Lloyd George en su discurso del 16 de septiembre deja esto muy en claro. Todo el plan de hecho consistía en que el gobierno británico asignaría créditos comerciales a las firmas británicas, que luego intercambiarían en Rusia productos industriales por alimentos, de acuerdo con el libre comercio. De esta manera, el capital extranjero forjaría, naturalmente, relaciones económicas independientes con los campesinos rusos.

Por cierto, el gobierno soviético no cierra los ojos ante los peligros que plantea esta situación, pero éstos están contrabalanceados por el hecho de que el proletariado detenta el poder estatal. El proletariado, como clase dominante, es el propietario de los medios de producción. Aunque el campesinado explote la tierra libremente, ésta no obstante sigue siendo propiedad nacionalizada, esto es, permanece en manos del estado. Este derecho jurídico tiene significación social, ya que evita la formación de una clase de grandes propietarios de tierras, y previene la formación de un campesinado rico como fuerza contrarrevolucionaria organizada. Le otorga al poder estatal proletario toda una serie de medios con respecto a la burguesía rusa y extranjera, cuya actividad industrial está vinculada a la cuestión de la tierra. En la medida en que el estado se limite a arrendar las empresas industriales a propietarios privados —allí donde no las controla él mismo—, en la medida en que no desnacionaliza la industria, mantiene el control sobre ella. No sólo regula la relación de los arrendatarios con la clase obrera, lo que asegura, en tanto él representa los intereses del proletariado, el vínculo con las masas trabajadoras y le permite mantenerlas como base social, sino también la posibilidad de influenciar la actividad económica de los arrendatarios. Éste cuenta con los medios para hacer que esta actividad se ajuste, dentro de lo posible, a la de la industria estatal. En este contexto, la posesión de los medios de transporte y de comunicaciones es de importancia decisiva para influenciar la actividad económica de los elementos burgueses.

El cuadro general de la situación social, que es el objetivo y el resultado de la Nueva Política Económica, es éste: el estado proletario se apoya en la propiedad de las principales ramas de la industria. Obligado a ceder parte de ellas al capital extranjero, trata no sólo de fortalecer permanentemente su base social, sino que también busca ampliarla, haciendo todo lo que está a su alcance para obtener nuevos medios de producción. Controla las pequeñas y medianas industrias arrendadas, así como también aquel sector de la industria que se ha visto obligado a arrendar al capital extranjero. No sólo protege a la fuerza de trabajo proletaria, sino que también, apoyado en un poder económico real, se erige en regulador de la vida económica. Por un lado, las concesiones al campesinado persiguen el objetivo de fortalecer y renovar la alianza entre la clase y el campesinado, que condujo a la victoria en Octubre, y por otro lado buscan obtener del campesinado, gracias al desarrollo de la economía rural, nuevos recursos para la industria pesada. Las concesiones al capital comercial e industrial arrendado permiten que el estado por un lado obtenga los productos necesarios para satisfacer las necesidades de la agricultura. Las concesiones al gran capital extranjero tienen como objetivo liberar recursos para el desarrollo de la industria estatal. Obviamente, el resultado obtenido no representa una organización comunista de la sociedad, pero aún así contiene toda una serie de medidas que aseguran el desarrollo de la economía rusa. Es sobre esta base que el poder de la clase obrera será fortalecido, y ella le permitirá organizar cada vez más la vida económica y controlar la anarquía pequeño burguesa.

VI

Cuando la clase obrera tomó el poder el 25 de octubre de 1917, el Comité Militar Revolucionario, que había tomado el poder en nombre del soviet de obreros y soldados de Petrogrado, anunció el cambio logrado a la clase obrera rusa y al mundo entero declarando que: "La causa de la paz está en las manos poderosas del proletariado. El campesinado finalmente obtendrá la tierra, y la clase obrera extenderá su control a la industria."[70] Lo que se anunció como objetivo inmediato de la revolución no era la introducción inmediata del socialismo, sino la solución al problema de la paz, y a la cuestión campesina: era la implementación de medidas transicionales, por ejemplo, el control sobre la producción. Pero las revoluciones no respetan los límites y definiciones bosquejados por sus dirigentes. La Revolución de Octubre era el preludio de la revolución proletaria mundial. Era el preludio de la insurrección comunista en el mundo capitalista, y no importa lo limitados que fueran los objetivos que los dirigentes de la revolución se hubieran planteado a sí mismos, la estampida de la Revolución Rusa de Octubre era el disparo que marcaba el inicio de la revolución proletaria, de la revolución comunista mundial. En este momento, la Revolución Rusa se ha topado con un límite social que constituirá su límite en el siguiente periodo histórico. No hay revolución alguna que pueda instaurar el comunismo de un solo golpe. La revolución no ha hecho más que quebrar la resistencia que el poder político de las viejas clases dominantes le oponía al desarrollo de la nueva clase victoriosa. Cuando a lo largo y a lo ancho del mundo entero la revolución comience su lucha por la transformación económica, entonces el camino de esta transformación será más corto en un cierto país y más largo en otro, dependiendo del grado de desarrollo económico, que o bien contribuirá a esta transformación o la obstaculizará. La revolución proletaria mundial representa un largo periodo de lucha; el camino al poder será más arduo en occidente, y será mucho más prolongado que en Rusia. La organización del socialismo, en lo que atañe a las condiciones de la industria, será mucho más fácil en los países capitalistas que en Rusia. La preponderancia de la concentración industrial y el alto nivel de capacidad técnica del proletariado serán entonces factores de decisiva importancia. Pero sería falso suponer que la revolución proletaria en Europa occidental no tendrá que remontar grandes dificultades económicas. La mayor dificultad reside en su base agrícola demasiado estrecha. La industrialización de Europa occidental ha vuelto a todos los países industriales dependientes de la importación de alimentos. El desarrollo de la revolución proletaria en Occidente está por lo tanto estrechamente vinculado al desarrollo de la revolución proletaria en Oriente. Es necesario tener en cuenta esto cuando emitimos juicios acerca de los problemas de la revolución proletaria en Rusia, sobre sus caminos, sus necesidades y su carácter.

La Revolución Rusa ha pasado por todo un ciclo entero de desarrollo, desde la lucha por la república democrática hasta la lucha por la república soviética. La victoria de la república soviética pareciera ser lo mismo que la victoria del comunismo. Pero no es por azar que sus dirigentes no hayan inscripto el término "comunismo" en el nombre de la república, y en muchas ocasiones le han infundido a las palabras "República Socialista Federal" el sentido de una "república que lucha por el socialismo". Después de cuatro años de desarrollo, la república soviética se ha topado con el límite que constituye su significación histórica. La significación es la siguiente: Rusia es un país rural en el cual la clase obrera ha conquistado el poder para acelerar el desarrollo del país hacia el socialismo. En este desarrollo debe tener tanto en cuenta la naturaleza pequeño burguesa del país, como también la relación mundial de fuerzas existente. Dependiendo del desarrollo de la revolución mundial, ésta cumplirá sus objetivos, o si no perecerá junto con ellos. La posición dominante de la clase obrera en Rusia con respecto a las tendencias y fuerzas burguesas se asemeja mucho a la situación de los elementos feudales en Rusia con respecto a los elementos burgueses. Ya desde mediados del siglo XIX, las tendencias y necesidades capitalistas se fortalecieron cada vez más en Rusia. La clase feudal les hizo concesión económica tras concesión económica con el único fin de mantener su poder político. Por otra parte, supo cómo retrasar las concesiones políticas por más de cincuenta años. Fue finalmente derrotada porque, bajo presión de la clase obrera, se vio obligada a hacerle concesiones políticas a la burguesía. La situación de la clase obrera con respecto a la burguesía no es comparable, naturalmente, en todos los aspectos con la situación de los elementos feudales. Existe de hecho una diferencia esencial: es la cuestión que hace a la dirección del desarrollo del mundo entero en la actualidad. El zarismo fue obligado a capitular porque el desarrollo mundial iba en dirección del capitalismo, en otras palabras, conducía a la victoria de la burguesía. El mundo capitalista se encuentra ahora en estado de desintegración creciente. La burguesía rusa no constituye una nueva clase poderosa, segura de sí misma y dinámica, sino una clase atomizada y quebrada, que se apoya de nuevo en las muletas que le ofrece el fortalecimiento temporario del mundo burgués, luego de superada la crisis de la desmovilización de 1918-1919. Los nuevos elementos burgueses en Rusia, los campesinos liberados del yugo feudal, constituirían naturalmente la base de la reconstrucción de una nueva y poderosa burguesía en Rusia en caso de la victoria internacional del capital. Pero en caso de que triunfe el proletariado occidental, el campesinado ruso sería demasiado débil para formar una fuerza contrarrevolucionaria opuesta a la tendencia del desarrollo mundial. Esta diferencia fundamental es decisiva para juzgar las posiciones de aquellos autodenominados marxistas como Paul Levi[71], que afirman que, dado que las relaciones económicas son las relaciones decisivas, según la teoría marxista, la Rusia soviética se verá obligada, después de haber hecho concesiones económicas a la burguesía, de seguir el camino de desarrollo que conduce a la democracia burguesa. Esta concepción no hace más que mostrar que su autor quizás conoce el ABC del socialismo, pero todavía ignora su gramática. No hay marxismo alguno que pueda predecir en qué proporción las condiciones económicas se traducen en condiciones políticas. Si en el corto plazo, la descomposición del capitalismo diera lugar a tendencias decisivas conducentes al restablecimiento del dominio capitalista, entonces la presión burguesa sobre el poder proletario en Rusia se tornaría cada vez más fuerte, y el gobierno soviético tendría que optar entre dos posibilidades: o bien hundirse combatiendo, o transformarse en un instrumento del desarrollo burgués. Quienquiera que no haya deducido de los eventos de estos tres últimos años que el orden social capitalista logrará superar sus tendencias a la desintegración, no tiene por qué compartir la opinión de nuestros novatos marxistas, quienes sostienen que las concesiones económicas acarrearán concesiones políticas.

La historia de todas las revoluciones en la era capitalista es la historia de la lucha entre las tendencias capitalistas y las socialistas. Las tendencias socialistas proletarias de los Levellers, los Diggers y los Milenaristas que participaron en la Revolución Inglesa,[72], y la de los Enragés de la Revolución Francesa[73] fueron derrotadas por las tendencias burguesas porque el capitalismo estaba en su fase ascendiente de desarrollo. La Revolución Rusa es parte de la revolución proletaria mundial, que está en trance de desarrollo. Aunque haya resultado políticamente victoriosa, apenas puede cumplir las tareas de la revolución mundial, la transformación del capitalismo en socialismo, porque las condiciones para esto son muy desfavorables en Rusia. En comparación con el programa del periodo histórico inaugurado por la insurrección del 25 de octubre de 1917, los eventos de la Revolución Rusa que han tenido lugar hasta ahora sólo tienen un valor muy limitado. Básicamente, la Revolución Rusa no ha hecho más que limpiar el terreno de las clases feudales y de los vestigios feudales. No ha podido aniquilar a la burguesía ni a las tendencias burguesas, ya que mientras el capitalismo reine en Europa, estas tendencias alimentarán la economía campesina, y serán fortalecidas por el cerco capitalista que rodea a la Rusia soviética. El poder estatal de la clase obrera rusa es un medio que permite superar al capitalismo metódicamente. Aislada, Rusia no podrá superarlo por sí misma. Sólo la victoria de la revolución mundial en los países industrializados acelerará el desarrollo de este proceso. Esta será una victoria conquistada no tanto por medio del Terror Rojo como por medios económicos.

Hasta que se produzca la victoria de la revolución proletaria en los países industrializados, el deber de la república soviética es mantener el poder de la clase obrera sobre este inmenso país, de modo tal que éste no se transforme en un reservorio de recursos humanos y materiales de la contrarrevolución. Si la república soviética no hace más que cumplir esta tarea negativa, habrá prestado un servicio enorme a la revolución mundial. No permitirá que el capitalismo mundial reprima las crecientes tendencias revolucionarias en el seno del proletariado europeo con las bayonetas de los campesinos rusos. Si el gobierno soviético logra, a través de su política realista —que consiste en reconocer los hechos y tomar en cuenta la realidad— fortalecer a la Rusia soviética hasta que puede jugar un papel activo en las luchas de los años venideros, ya sea militarmente, o exportando alimentos a los países industriales en los que haya triunfado la revolución proletaria, entonces la cuestión de la naturaleza de la Revolución Rusa quedaría resuelta de modo definitivo. Hasta ahora, la Revolución Rusa ha sido el primer eslabón, y por tanto el más débil, de la insurrección socialista mundial. Su fusión con la poderosa corriente de la revolución proletaria mundial convertiría al fortalecimiento y desarrollo de la Rusia soviética —como potencia que controla los mayores recursos agrícolas en dirección al socialismo— en una de las principales tareas estratégicas del proletariado internacional.

Los oponentes de la revolución proletaria rusa que se disfrazan con los ropajes del marxismo, están explotando la detención del desarrollo de la revolución mundial y la Nueva Política Económica promulgada por el gobierno soviético, que es en parte el resultado del lento desarrollo de la revolución mundial, para socavar la confianza del proletariado mundial y del proletariado ruso mismo; de hecho se rehúsan a reconocerle a la Revolución Rusa su carácter proletario, porque ésta no fue capaz de triunfar sobre el capitalismo de un solo golpe. Nos recuerdan que ellos hace ya mucho tiempo habían anticipado que la Revolución Rusa no haría más que conducir al dominio de la burguesía, y que ésta sólo estaba en condiciones de abolir al feudalismo. Pero estos representantes de la burguesía en el seno de la revolución traicionaron la Revolución Rusa a fuerzas que no deseaban liquidar el feudalismo. Los mencheviques, que apoyaron al gobierno del Príncipe Lvov[74], y evitaron que los campesinos liquidaran las grandes propiedades feudales de la tierra, no tienen razón alguna en jactarse de ser quienes reconocieron inmediatamente los límites burgueses de la revolución. Ni siquiera se atrevieron a empujar a la Revolución Rusa hasta sus propios límites burgueses. La revolución ha violado estos límites y ha ido más allá de ellos bajo la dirección de los bolcheviques. Le ha arrancado el poder a la burguesía y ha intentado modificar las relaciones sociales en Rusia gracias a su poder. Cada uno de sus pasos hacia adelante es una abominación para los enemigos de la revolución proletaria. Cada detención en su avance es saludada por ellos como un augurio de colapso y bancarrota. Pero esto no perturba a los luchadores revolucionarios. Ellos saben por la experiencia de sus combates militares que una detención, o incluso una retirada, es a menudo la precondición para una nueva ofensiva victoriosa.

 


[1] Radek, Karl (1885-1939): revolucionario influyente en los partidos socialdemócratas ruso, polaco y alemán, antes de 1917. Ingresa al bolchevismo en 1918. Miembro del Comité Central desde 1919 a 1924. Designado Comisario de la Comintern en 1920, tiene responsabilidad particular sobre Alemania y China. Firmante de la “Declaración de los 46” en 1923. Miembro de la Oposición Unificada, fue lentamente separado de la dirección de la Comintern. Expulsado del partido en 1927y deportado a Ishin. Capituló en 1929. Luego de ser expulsado nuevamente en 1936, fue condenado a 10 años de cárcel en el Segundo Juicio de Moscú. Fue muerto en prisión.
[2] G Plejanov, “El socialismo y la lucha política”, Obras filosóficas escogidas, volumen I, Londres, 1961, pág. 119. Radek estaba equivocado sobre la fecha de este trabajo, que fue en realidad publicado en 1883.
[3] Iskra (La Chispa) era el nombre del periódico de los socialdemócratas rusos fundado en 1900. Los economistas eran aquellos miembros del partido que querían restringir su actividad a apoyar las luchas económicas, absteniéndose de levantar consignas políticas.
[4] El Partido de los Socialistas Revolucionarios (eseristas), el principal partido de los campesinos rusos, fue fundado en 1901 por Víctor Chernov.
[5] VI Lenin, "Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática", Obras escogidas, volumen 9, Moscú, 1962, págs. 28-29.
[6] Alexander Israel Parvus (Helphand, 1867-1924) fue el primer marxista en aplicar la teoría de la revolución permanente a las condiciones concretas de Rusia a comienzos del siglo XX.
[7] Karl Kautsky (1854-1938) fue el principal teórico de la socialdemocracia alemana y la Segunda Internacional en los años previos a la primera guerra mundial.
[8] Rosa Luxemburgo (1871-1919) fue una destacada teórica del marxismo alemán y dirigente de la Spartakusbund, siendo asesinada durante la revolución alemana.
[9] El congreso de la Segunda Internacional que se reunió en Amsterdam en 1904 aprobó una resolución afirmando que los socialdemócratas "no pueden desear participar en un gobierno dentro de los límites de la sociedad burguesa".
[10] K Kautsky, "Treibkräfte und Aussichten der russischen Revolution", Neue Zeit, año 21, 1906-1907, volumen 1, nº 10, págs. 331-333.
[11] K Kautsky, Von der Demokratie zur staatssklaverei. Eine Auseinandersetzung mit Trozki, Freheit,Berlín, 1928, pág 128
[12] Que fue publicado en Moscú en 1919 en su folleto Resultados y perspectivas: sobre las fuerzas motrices de la Revolución Rusa, Sovjetski Mir ediciones. Cf. La revolución permanente, Nueva York, 1969, págs 29-122.
[13] LD Trotsky, La revolución permanente, págs. 69-70.
[14] Op cit, págs. 101-102.
[15] Op cit, pág 105.
[16] Fiodor Andreievich Cherevanin (Lipkin, 1868-1938) fue un destacado menchevique, y miembro del comité central de su partido en 1917.
[17] Rosa Luxemburgo, La huelga de masas, el partido político y los sindicatos, 1906.
[18] Cf. el artículo de Dan "Die Bedingungen der emeuten Aufschwungs der russischen Revolution", Die Neue Zeit, año 26, volumen 2, Nº 27, 1 de abril de 1908, págs. 4-10, y Nº 28, 3 de abril de 1908, págs. 49-58.
[19] Piotr Bernardovich Struve (1870-1944) fue un destacado economista ruso que comenzó como marxista y luego se afilió a los cadetes.
[20] Karl Leutner (1869-1944) fue un destacado socialdemócrata austriaco, editor de Arbeiterzeitung.
[21] El 2 de marzo de 1917 (según el viejo calendario) Miliukov intentó que el Comité de la Duma y el Soviet de Petrogrado aceptaran la idea de una regencia en vez de una república como gobierno futuro para Rusia. Su propuesta fue firmemente repudiada.
[22] La Comuna de París fue cuando la clase obrera de París se apoderó del control de la ciudad en 1871, durante la guerra franco-prusiana.
[23] Grigori Alexeyevich Alexinsky (1879-?) fue un ex-bolchevique que se convirtió en chauvinista durante la primera guerra mundial, e intentó hacer que juzgaran a Lenin como agente alemán en 1917.
[24] VI Lenin, "Las tesis de abril", Obras escogidas, volumen 24, Moscú, 1964, pág. 24.
[25] Lev Borisovich Kamenev (Rosenfeld, 1883-1936) fue el principal líder bolchevique que se opuso al derrocamiento del gobierno provisional en 1917. Fue asesinado por Stalin luego del primer juicio de Moscú.
[26] VI Lenin, "Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática", Obras escogidas, volumen 9, Moscú, 1964, págs. 84-85; "Cartas sobre táctica", Obras escogidas, volumen 24, pág. 52.
[27] VI Lenin, "Cartas sobre táctica", Obras escogidas, volumen 24, pág. 52
[28] VI Lenin, "Las tareas del proletariado en nuestra revolución", Obras escogidas, volumen 24, págs. 73-74.
[29] Theobald von Bethmann-Hollweg (1856-1936) fue primer ministro de Prusia y canciller de Alemania entre 1909 y 1917.
[30] Georgia fue proclamada república independiente el 26 de mayo de 1919, siendo su presidente el menchevique Noé Jordania. Fue sacudida por levantamientos campesinos, y le permitió transitar por su territorio a ejércitos que combatían a los bolcheviques durante la guerra civil rusa. Fue reconquistada por el Ejército Rojo en 1921.
[31] K Kautsky, Von der Demokratie zur staatssklaverei. Eine Auseinandersetzung mit Trozki, pág. 16.
[32] El Décimo Congreso del Partido Comunista, que sesionó en marzo de 1921 puso fin al comunismo de guerra y puso en vigor la Nueva Política Económica.
[33] Luego de prolongadas negociaciones, la república soviética firmó un tratado con la Alemania imperial en Brest-Litovsk, Polonia, el 15 de marzo de 1918, por el cual la primera cesó su participación en la primera guerra mundial.
[34] Una escisión de izquierda de la socialdemocracia alemana fundó el Partido Socialdemócrata Independiente (USPD) en 1917. Estaba dirigido por Haase, Kautsky y Ledebour. Más tarde se escindió, y la mayoría de sus miembros se incorporó al Partido Comunista, mientras que la minoría volvió al Partido Socialdemócrata en 1922.
[35] Durante la revolución alemana de noviembre de 1918, el USPD jugó un confuso papel, apoyando a los consejos obreros y a la república democrática al mismo tiempo.
[36] Woodrow Wilson (1856-1924) fue el presidente demócrata de Estados Unidos, de inclinación liberal, que propuso un programa de 14 puntos como base para la terminación de la primera guerra mundial.
[37] Georges Clemenceau (1841-1929) fue primer ministro de Francia durante la primera guerra mundial, siendo uno de los más ardientes partidarios de librar la guerra hasta el final; David Lloyd George (1863-1945) fue primer ministro de coalición de Gran Bretaña durante la segunda mitad de la guerra, y era partidario de las mismas políticas.
[38] Raymond Robins (1873- ) fue miembro del servicio de inteligencia norteamericano y de la misión de la Cruz Roja en Rusia.
[39] Este documento figura en el discurso de Radek sobre las consecuencias económicas de la Paz de Brest publicado en las Minutas del Primer Congreso de los Consejos de la Economía Nacional. [nota del autor]
[40] Mieczyslaw G Bronsky (Varshavsky, 1882-1941) fue Comisario de Comercio e Industria en el primer gobierno soviético.
[41] Robert Hamilton Bruce Lockhart (1887-1970) fue periodista y agente de la inteligencia británica en Rusia.
[42] Otto Bauer (Heinrich Weber, 1881-1938) fue uno de los grandes teóricos de la socialdemocracia austriaca.
[43] El primer gobierno soviético fue una coalición de los bolcheviques y los eseristas de izquierda, que habían roto con su partido y contaban con siete integrantes en el Consejo de Comisarios del Pueblo. Pero luego de la firma del tratado de Brest-Litovsk éstos pasaron a la oposición, y comenzaron acciones terroristas contra el gobierno.
[44] El almirante Alexander Vasilyevich Kolchak (1873-1920) dirigió el ataque de los Guardias Blancos contra el estado soviético desde el Lejano Oriente en la guerra civil rusa; el general Anton Ivanovich Denikin (1872-1947), comandante del Frente Sudoccidental durante la primera guerra mundial, hizo lo mismo pero en el sur de Rusia y en Ucrania.
[45] Los bolcheviques disolvieron la Asamblea Constituyente en enero de 1918, en razón de que ésta no reconoció la legalidad del gobierno revolucionario.
[46] Arnold Struthan, "Die Aussere und die innere Lage Sowjetrusslands", Die Kommunistische Internationale, 1919, nº 3, págs. 9 a 27.
[47] Cuando el franco fue finalmente estabilizado por Poincaré en 1926, su valor era sólo un quinto en comparación con su valor antes de la guerra.
[48] Programa del Partido Comunista, aprobado al cierre del Octavo Congreso del Partido Comunista Ruso (18 al 23 de marzo de 1919)
[49] Arnold Struthan, "Die Aussere und die innere Lage Sowjetrusslands", Die Kommunistische Internationale, 1919, nº 3, págs. 9 a 27.
[50] El general de los Guardias Blancos, Nikolai Nikolayevich Yudenich (1862-1933) atacó Petrogrado durante la guerra civil, respaldado por Gran Bretaña.
[51] VI Lenin, "Las tareas inmediatas del poder soviético", Obras escogidas, volumen 27, Moscú, 1964, pág. 246.
[52] VI Lenin, "Resolución acerca de la actitud hacia los campesinos medios", y "Los campesinos medios", Obras escogidas, volumen 29, Moscú, 1964, págs. 217-220, 246-247.
[53] VI Lenin, "La Nueva Política Económica y las tareas de las Secretarías de Educación Política", Obras escogidas, volumen 33, Moscú, 1964, págs. 62-64.
[54] VI Lenin, "Informe sobre la Nueva Política Económica", Obras escogidas, volumen 33, Moscú, 1964, págs. 83-101.
[55] El general japonés, conde Maresuke Nogi (1849-1912), atacó Port Arthur en agosto de 1905 durante la guerra ruso-japonesa.
[56] Alfred, Graf von Schlieffen (1833-1913) completó el famoso Plan Schlieffen en 1905, el cual proponía resolver la guerra en dos frentes contra Rusia y Francia con un golpe mortal contra Francia al comienzo de la guerra, seguido de un desplazamiento de todo el ejército alemán contra Rusia inmediatamente después.
[57] VI Lenin, "Las tareas inmediatas del poder soviético", Obras escogidas, volumen 27, Moscú, 1964, pág. 246.
[58] Alrededor de 40.000 soldados checos, la mayoría de los cuales habían sido tomados prisioneros por los rusos durante la primera guerra mundial, quedaron varados a la vera del ferrocarril transiberiano como resultado de la Revolución de Octubre. El gobierno soviético los autorizó a salir del país vía Vladivostok, pero luego de que una refriega con los prisioneros de guerra húngaros los llevara a tomar el control de Cheliabinsk el 14 de mayo, éste exigió que entregaran sus armas. Los checos organizaron entonces una revuelta, que llevó a un rápido colapso del poder soviético a lo largo del ferrocarril transiberiano desde el Volga hacia el este, y permitió el establecimiento de un gobierno de los eseristas en Samara, y del régimen Blanco en Siberia, dirigido por Kolchak.
[59] Con la excusa de que estaba protegiendo sus depósitos de municiones, el ejército británico desembarcó en Arcángel en 1918 para apoyar a los Blancos en la guerra civil.
[60] Pavlo Skoropadsky (1873-1945) y Semión Petliura (1877-1926) fueron nacionalistas ucranianos que se opusieron al régimen soviético, el primero en alianza con los alemanes y el último en alianza con los polacos.
[61] VI Lenin, "Las tareas inmediatas del poder soviético", Obras escogidas, volumen 27, Moscú, 1964, pág. 254.
[62] LD Trotsky, "El trabajo, la disciplina y el orden", 28 de marzo de 1918, Cómo se armó la revolución, volumen 1, Londres, 1979, págs. 28-48.
[63] El grupo de los Comunistas de Izquierda se formó en el Partido Bolchevique en protesta por la firma del Tratado de Brest-Litovsk en marzo de 1918. Además de Bujarin y Radek, entre sus líderes se encontraban Ossinsky (Valerian Obolensky, 1887-1938), Vladimir Smirnov (1887-1937), Varvara Yakovleva (1884-1944) y A Lomov (George Oppokov, 1888-1937). Su plataforma, las Tesis de los Comunistas de Izquierda, fue publicada en Kommunist el 20 de abril de 1918. Una traducción al inglés fue publicada por Critique en 1977. Cf. RI Kowalski, El Partido Bolchevique en conflicto, Pittsburgh, 1991.
[64] Raphael Abramovich (Rhein, 1880-1963) fue uno de los principales dirigentes de los mencheviques en el exilio.
[65] Los marineros de la base de marina de Kronstadt se rebelaron contra el poder soviético en marzo de 1921, y fueron reprimidos duramente.
[66] Los gobiernos soviético y británico firmaron un acuerdo comercial el 21 de marzo de 1921. Este estipulaba condiciones que iban más allá de las necesarias relaciones económicas entre los dos estados, con clásulas que prohibían a ambos gobiernos hacer propaganda o actividades hostiles en los territorios de la otra parte, el Imperio Británico y los países independientes que habían sido parte del Imperio Ruso.
[67] Sacando partido de la guerra civil rusa, los polacos penetraron en Ucrania en la primavera de 1920, pero sus líneas de abastecimiento se vieron sobrepasadas, y el ejército ruso contraatacó, invadiendo Polonia. Luego de la derrota rusa en la batalla del Vístula, se firmó un tratado de paz en Riga en 1921. Coincidiendo con la captura polaca de Kiev, el ejército de Guardias Blancos del barón Piotr Wrangel (1878-1928) avanzó desde el sur.
[68] Aparte de los nacionalistas, el sur de Ucrania estuvo controlado por los ejércitos anarquistas de Néstor Majno durante gran parte de 1919-1920, y hubo una gran revuelta campesina contra el gobierno soviético en Tambov en junio de 1920.
[69] Los kustari eran pequeños artesanos que hacían hilados o cerámicos en forma amateur.
[70] Para ver el texto de esta proclama, Cf. Sergei Mstislavskii, Cinco días que transformaron a Rusia, Londres, 1988, págs. 19-20.
[71] Paul Levi (1883-1930) fue el sucesor de Rosa Luxemburgo como dirigente del Partido Comunista alemán. Condenó el aventurerismo del partido durante la "acción de marzo" de 1921.
[72] Los Levellers, los Diggers y los Milenaristas fueron sectas radicales que surgieron al calor de la guerra civil inglesa.
[73] Los Enragés fueron revolucionarios radicales dirigidos por Jacques Roux y Jean Varlet durante la Revolución Francesa.
[74] El príncipe Georgi Lvov (1861-1925) fue diputado cadete y el primer ministro inicial del gobierno provisional.



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