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Necesitamos ayuda[1]

Sobre los objetivos del Biulleten

 

 

Noviembre de 1929

 

 

 

De acuerdo con los nuevos estatutos del partido, que extienden a dos años el intervalo entre los congre­sos, en beneficio del aparato usurpador, el Decimosexto Congreso tendría que reunirse a fines de este año. Pero todavía no se dijo nada al respecto. Ya debería haber comenzado la discusión previa al congreso. Pero, ¿quién se atreve a decir una sola palabra sobre el tema? Como antes, Pravda es el único que discute; habla por sí mismo y por la Oposición, y pronuncia la palabra definitiva. Los actuales árbitros del destino eligen para realizar los congresos los momentos en que no hay nada esencial que decidir, cuando se superó una crisis de dirección y la próxima todavía no ha empezado. Pero es claro que cada vez se hace más difícil encontrar un intervalo entre dos crisis de la dirección "monolítica". Más aun, hasta los plenarios del Comité Central se pos­tergan cada vez con más frecuencia, ya que perturban la mecánica organizativa del "secretariado general". El plenario de julio se omitió totalmente. Todavía no sabemos si se llevó a cabo el de noviembre. Lo que ocurre es que sólo se convoca los plenarios cuando los hechos ya han sido consumados. El próximo se encon­trará con que el aparato ha liquidado todos los dere­chos. Y es probable que sólo después se fije la fecha para el Decimosexto Congreso.

En el momento en que la industria y el aparato burocrático anuncian la semana de trabajo ininterrum­pida, son cada vez menos frecuentes las oportunidades que tiene el partido de hacer un balance de la actividad puramente formal que hasta los estatutos mutilados le garantizan. ¿Por qué? Porque el aparato no sólo siente al partido como una carga sino que cada vez le tiene más miedo. Y no sin razones: el millón y medio de afi­liados al partido y los dos millones de afiliados a la Juventud Comunista han pasado a ser realmente un enigma; ésta es la característica más terrible de la situación actual.

Están tratando de hipnotizar, o mejor dicho de para­lizar, al partido con el plan quinquenal. No negamos su importancia; pero se plantea la cuestión como si se tratara de un problema económico abstracto, de encontrar una proporcionalidad dinámica entre los distintos aspectos de la economía. El aspecto político del asunto queda reducido únicamente a la presión administrativa sobre el kulak y a la lucha del aparato únicamente contra la desviación de derecha. Repetimos, no nega­mos la importancia del problema kulak ni subestima­mos el peligro de la desviación de derecha. Pero hay un problema más amplio: ¿Cómo se agrupan realmente las fuerzas y tendencias del país, qué fuerzas apoyan conscientemente el plan quinquenal, qué piensa la gran fuerza silenciosa, el partido?

Cualquier burócrata tonto respondería enfática­mente que el conjunto del proletariado, todos los campesinos pobres y todos los campesinos medios están a favor del plan quinquenal; en contra están sólo los kulakis, los productores privados y los renegados del ala derecha. Esta respuesta "sociológica" se puede pronunciar en cualquier momento del día o de la noche. Para dar discursos de este tipo están los Molotovs y los Kaganovichs de este mundo. La desgracia está en que la respuesta del secretariado elimina el interrogante de la verdadera situación de los distintos sectores del campesinado, de los agrupamientos internos del prole­tariado, que se establecen de acuerdo a su experiencia cotidiana, y de la situación del propio partido. Mejor dicho, la "sociología" burocrática, reflejo de la práctica del aparato, elimina al partido mismo como fuerza viva que día a día se orienta en cada situación, critica, piensa en los procesos políticos que han tenido lugar en el país, previene a la dirección del peligro, renueva la dirección, introduce los cambios necesarios en el curso establecido, garantiza oportunamente las maniobras políticas, es consciente de sí misma como puntal del país y está siempre dispuesta a luchar por las posicio­nes de Octubre. ¿Se cumple esta condición primera, necesaria, fundamental? No. De lo contrario, ¿por qué el Comité Central habría de temer al partido y el secre­tariado general al Comité Central?

El Comité Central no conoce al partido porque el partido no se conoce a sí mismo, porque observarlo a través de informantes secretos no reemplaza la libre expresión de las ideas dentro de la organización y, finalmente, y sobre todo, porque el temor del Comité Central al partido se ve complementado por el temor del partido al Comité Central.

No se concibe una dirección correcta sin una infor­mación política honesta, así como es inconcebible construir un ferrocarril sin conocer el terreno. Desde el punto de vista de la dominación de la burguesía y en interés de la preservación de ésta, la democracia formal proporciona amplias fuentes y posibilidades de infor­mación. Este es uno de esos puntos fuertes de la demo­cracia burguesa que le permitieron evitar el régimen del absolutismo policial. La democracia proletaria se enfrenta con tareas mucho más gigantescas que la democracia burguesa. La primera condición para dirigir correctamente la república soviética, rodeada por ene­migos muy poderosos y experimentados, es que la dirección cuente con una información constante, diaria, activa, que por supuesto le llegue a través de un partido plenamente vital. La falta de democracia partidaria mata la democracia soviética. Esta es precisamente la situación actual. Se aplica la política a oscuras.

El Comité Central vive de lo que le dicen los infor­mantes. El partido vive de rumores. La característica principal de la situación del partido, como lo atestiguan todas las cartas que nos llegan, es una preocupación difusa y profunda por el futuro inmediato, que no está nada claro. El aparato impidió que el partido pensara en sí mismo como fuerza dirigente. El partido espera un golpe insospechado, tanto por la espalda como directamente desde el aparato.

Las contradicciones y peligros objetivos son sufi­cientemente importantes de por sí. Pero no dudamos siquiera un minuto de que los recursos y fuerzas inter­nas de la revolución son incomparablemente más fuer­tes que las contradicciones y peligros. El primer ataque abierto del enemigo lo demostrará con absoluta certeza. No obstante, la penumbra que el partido no puede disi­par cambia y distorsiona la perspectiva de los hechos y fenómenos. El peligro parece mayor cuando es informe y desconocido. El partido no se enfrenta ahora con peligros verdaderos sino con su sombra distorsionada y difusa, que oscurece las dificultades reales.

El partido debe saber qué pasa a su alrededor, y sobre todo dentro de sus propias filas. El actual Pravda anti-Bujarin no contesta la pregunta de qué ocurre como tampoco lo hace el Pravda que controlaba el malhadado Bujarin. Uno de los objetivos de nuestra publicación tiene que ser informar al partido. No nos olvidamos ni un minuto de que los enemigos de clase nos escuchan. Lamentablemente, los Bessedovskis de distintos niveles de corrupción y deshonor (todos ellos, por supuesto, estaban en primera fila en la lucha contra el "trotskysmo") le están pasando al enemigo de clase mucha información. La prensa blanca está llena de revelaciones, y a veces, en medio de la cáscara de mentiras e inventos, asoman algunos hechos genuinos. Las cosas andan mucho peor para nuestro partido, al que dirigen con los ojos vendados. Romper las ataduras burocráticas es ahora un problema de vida o muerte para el partido y la revolución. Este es el fin al que debe servir nuestra publicación. Al lanzarla pasamos despec­tivamente por encima de las calumnias de los Iaroslavskis. No identificamos el partido con el secretariado general, la dictadura del proletariado con los zigzags de Stalin ni la Internacional Comunista con la camarilla débil e insolente de los Molotovs, los Manuilskis, los Kuusinens, los Martinovs y otros náufragos de la revo­lución internacional. Tenemos criterios más serios. Nuestra política sigue siendo a largo plazo.

El Biulleten está lejos de lo que tendría que ser y de lo que seguramente llegará a ser: el órgano de lucha del ala izquierda y al mismo tiempo de información correcta y amplia al partido. El hecho de que nos veamos obligados a publicarlo en el extranjero no contradice en lo más minino la reforma que, como declaramos varias veces, es el objetivo general de la Oposición de Izquierda. Por supuesto, solo el núcleo genuinamente revolucionario del propio partido podrá cumplir la tarea de revivir la democracia parti­daria. Pero precisamente ese núcleo es el que ahora necesita una publicación independiente del aparato stalinista, un arsenal ideológico contra la burocracia centrista. Este es el papel que debe cumplir nuestro Biulleten. Las nueve décimas partes de la solución del problema dependen de nuestros amigos, tanto de los que están en la URSS como de los que circunstan­cialmente están en el exterior. Tienen que encontrar el camino para llegar a nosotros. Junto con nosotros tienen que hallar la vía para que el Biulleten llegue a la Unión Soviética. Necesitamos cartas y artículos que describan las cosas como son. Sólo de esta manera podremos predecir qué sucederá o qué puede suceder. Y únicamente la capacidad de predecir puede proteger al partido de la confusión fatal de la primera gran crisis, que como siempre sobrevendrá inesperadamente para la dirección stalinista.

Esperamos de nuestros amigos un esfuerzo serio, confiado y sistemático al servicio del Biulleten. Los obstáculos son grandes, pero se los puede superar.

Pedimos cooperación, necesitamos ayuda.

Necesitamos informes completos y objetivos.

Necesitamos ayuda para hacer llegar el Biulleten a la república soviética.

Necesitamos ayuda financiera.

¡Confiamos en obtener respuesta!



[1] Necesitamos ayuda. Biulleten Opozitsi, N° 7, noviembre-diciembre de 1929. Firmado "Consejo de Redacción". Traducido [al inglés] para ente volu­men [de la edición norteamericana] por Iain Fraser.



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