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Notas de un periodista[1]

 

 

Publicado en junio de 1931

 

 

 

Manuilski, el dirigente de la Internacional Comunista

 

No hay nada qué hacer: Manuilski es en este mo­mento el dirigente de la Internacional Comunista. Su fortaleza reside en que no se toma en serio a sí mismo. Esto es una evidencia de su propensión a la autocrítica. Ya sea porque Stalin no toma en serio a la Internacional Comunista, o por alguna otra razón, se decidió que Manuilski, que no se toma en serio a sí mismo, es el hombre adecuado para el puesto. ¿Y a quién más se podía poner allí?

Si se reuniera la colección completa de las obras de Manuilski resultaría un libro, si no muy instructivo, por lo menos bastante entretenido. Manuilski siempre fue el testaferro de alguien. Además, cambió de "amo" muchas veces; con el que más tiempo estuvo fue con el conocido Alexinski[2]. Actualmente, como testaferro de Iaroslavski, es uno de los aprendices de fiscal en asun­tos de ideología trotskista. En su propio nombre o utili­zando seudónimos, demostró una y otra vez que el trotskismo es inconciliable con el leninismo. Pero no siempre habló de esta manera. En 1918 publicó un fo­lleto en el que decía que "le pertenece a L. D. Trotsky el honor de haber librado al bolchevismo de la limitación nacional y haberlo transformado en una teoría de la re­volución proletaria internacional."[3] En un plenario de la Comintern (el séptimo, 1926), Trotsky citó en presen­cia de Manuilski esta frase, y con toda justificación ridiculizó tanto a la frase como a su autor. Manuilski publicó este folleto después de la Revolución de Octu­bre; lo notable es que después de que lo publicó nadie lo tocó. Podría decirse que esto es cierto, pero que Manuilski lo escribió antes de la "discusión sindical", y después cambió de posición. No es así. Hace poco tro­pezamos con una cita de un artículo que Manuilski es­cribió en 1922, cuando la enfermedad de Lenin ya plan­teaba el balance final de su relación con Trotsky. En el artículo, dedicado a la memoria de Chudnovski, Ma­nuilski decía: "El periódico Sotsial-Demokrat (El So­cialdemócrata) publicado en Suiza por los camaradas Lenin y Zinoviev y el periódico parisino Golos (La Voz), que volvió a salir después que lo prohibió la policía francesa con el nombre Nashe Slovo (Nuestra Palabra), editado por el camarada Trotsky, serán para el futuro historiador de la Tercera Internacional los elementos fundamentales a partir de los cuales se forjó la nueva ideología revolucionaria del proletariado internacional (Letopis Revoliutsi (Anales de la Revolución), 1922, Nº 1, página 229).

Hoy Manuilski demuestra que durante la guerra Trotsky fue un pacifista y un kautskiano, que el leninis­mo y el trotskismo son entidades incompatibles, pero en 1922 sostenía, nada más y nada menos, que "la nue­va ideología revolucionaria del proletariado internacio­nal", es decir la ideología del comunismo moderno, fue creada por Lenin y Trotsky. ¿Cuándo le llegó la luz? No fue entre 1914 y 1916, cuando trabajó con Trotsky en París en el periódico Nashe Slovo, ni entre 1917 y 1922, cuando, junto con todo el partido, trabajó bajo la direc­ción de Lenin. Sólo comenzó a recuperar la vista cuando la enfermedad y la muerte se llevaron a Lenin de nues­tro lado, y los epígonos, impulsados por la marea de la reacción termidoriana, le declararon la guerra a la herencia ideológica de Lenin, a la que le pusieron el nombre de "trotskismo". Pero no sucedió de golpe. El triunvirato (Stalin, Zinoviev, Kamenev) lo mantuvo re­zagado durante largo tiempo, y sólo después de que lo­graron que se arrepintiera parcialmente le presentaron un ultimátum: lance una campaña contra Rakovski co­mo introducción a una campaña contra Trotsky. Des­pués de muchas dudas (el prestigio de Rakovski era de­masiado grande) aceptó la condición y de ese modo se compró un puesto en el Comité Central del partido. Este acuerdo no era ningún secreto en los círculos partida­rios más amplios porque Manuilski, con su cinismo característico, lo mencionaba cuando hablaba de las per­sonas involucradas en él, revelando de este modo su ta­lento de narrador de anécdotas nacionales y de otro tipo. Lo repetimos, este hombre nunca se tomó a sí mis­mo en serio, ni política ni moralmente. ¡Y ahora lo po­nen a la cabeza de la Internacional Comunista! ¡Y él es quien le tendría que allanar el camino a la revolución española!

 

Averbach atrapado con las mercancías

 

En Moscú se publica Literaturnaia Gazeta (Gaceta Literaria), la revista de la Federación de Escritores Soviéticos. El encargado de la sección "crítica" en la pu­blicación es Averbach[4]. Su derecho a ser una autoridad literaria está determinado, por un lado, por el hecho de haber desertado con suficiente rapidez de la Oposición, en la que cayó por casualidad, para pasarse a la burocracia, donde esta como en su casa (I.N. Smirnov[5] solía decir refiriéndose a él: "no se quedará con noso­tros, es demasiado glotón"); por otro lado, porque carece absolutamente de todo gusto literario, como lo atestigua cada una de las líneas de sus escritos. En Literaturnaia Gazeta del 19 de febrero, Averbach escri­bió un artículo muy largo titulado Tiempos de auto­denuncia (sobre Trotsky, Maiakovski[6] y sus camara­das de ruta). En medio del artículo se reproducen unas palabras de Trotsky pronunciadas con motivo del suici­dio de Maiakovski. De éstas, Averbach extrae una cita sobre la literatura proletaria. La "autodenuncia" con­siste en que Trotsky por fin reconoció que sus opiniones se oponen totalmente a las de Lenin en lo que se refiere al problema de la cultura y la literatura proletarias. Reproducimos la cita del artículo de Trotsky tal como la presenta Averbach, con sus correspondientes observa­ciones entre paréntesis.

"La lucha por la ’cultura proletaria’ (las comillas son de Trotsky. L.A.) -algo por el estilo de la ’colectivización total’ (las comillas son suyas. L.A.) y de todos los logros de la humanidad, dentro de un solo plan quinquenal- adquirió a comienzos de la Revolución de Octubre un carácter idealista utópico. Es significativo que ya entonces hayan salido a la luz las diferencias al respecto entre Lenin y el autor de estas líneas."

Como vemos, todo el párrafo esta entre comillas, y Averbach también señala correctamente las comillas escritas por Trotsky. Averbach es veraz y escrupuloso. Pero a pesar de eso es divertido el estilo averbachiano de la cita y especialmente la última frase: "Es significa­tivo que ya entonces hayan salido a la luz las diferencias al respecto entre Lenin y el autor de estas líneas". Por­que Trotsky no sólo señala que estaba en desacuerdo con Lenin en una cuestión determinada, sino que inclu­so se apresura a señalar la "significación" de que estos desacuerdos hayan sido denunciados "ya entonces"; parecería como si Trotsky intentara autodenunciarse. Esto suena raro. Sin embargo, Averbach no se ahorra los comentarios. "Ante todo, lo más evidente -dice- es la franca declaración de sus desacuerdos con Lenin". Sí, Averbach tiene razón. Hay algo evidente. Y más adelante: "Tenemos que estar agradecidos; nada más agradable que leer que el propio Trotsky reconoce que Lenin estaba en desacuerdo con sus posiciones sobre la literatura y sobre las cuestiones culturales en general." La expresión es pobre, como la mayoría de las expresio­nes de Averbach, pero comprensible. El artículo con­cluye: "La rapidez de la autodenuncia es significativa."

Por lo tanto, en 1930 Trotsky denunció que no esta­ba de acuerdo con las posiciones de Lenin sobre la literatura. Al respecto, Averbach celebra el triunfo y habla de la rapidez de la autodenuncia. Pero en 1928 Trotsky fue exiliado a Alma-Ata, y en 1929 fue expulsado del país, por su actividad contrarrevolucionaria y por pre­parar una insurrección armada contra el poder soviético. ¿Qué importancia tiene, en comparación con esto. el desacuerdo de Trotsky con Lenin sobre la literatura proletaria? ¿Dónde está y en qué consiste la rapidez (!) de la autodenuncia? ¿No será al revés? ¿No será que esta "desproporción" en las acusaciones denuncia... a los patronos de Averbach? Este es el aspecto político de la cuestión. Pero también hay otro aspecto.

Lo que ocurre es que Averbach mintió del principio al fin. La cita que reprodujo no es una cita; es una falsificación, cruda, analfabeta, insolente... a lo Averbach. Veamos, palabra por palabra, el párrafo del artículo de Trotsky que Averbach distorsionó:

"La lucha por la ’cultura proletaria’ -algo por el estilo de la ’colectivización total’ y de todos los logros de la humanidad dentro de un solo plan quinquenal- adquirió a comienzos de la Revolución de Octubre un carácter idealista utópico, y precisamente por eso la rechazaron Lenin y el autor de estas líneas".

Por lo tanto, Trotsky dice que a la filosofía de la cul­tura proletaria "la rechazaron Lenin y el autor de estas líneas". Pero Averbach dice que "ya entonces, hayan salido a la luz las diferencias al respecto entre Lenin y el autor de estas líneas"... ¡ ni más ni menos! El hombre que posa de crítico proletario resulta ser un simple calumniador literario. Esta vez lo atraparon con la mer­cancía y no hace falta decir una palabra más. No podemos dejar de comentar, sin embargo, que la deshones­tidad de Averbach es todavía más reprochable porque él está muy bien informado de la actitud de Lenin y Trotsky hacia la margarina averbachiana de filosofía li­teraria y cultural. Averbach sabe que Lenin se opuso decididamente a los teóricos de la llamada "cultura proletaria" en la época en que este movimiento tenía un contenido revolucionario y no había caldo todavía en las garras de los charlatanes burocráticos. Sabe que los únicos "desacuerdos" de Trotsky con Lenin sobre esta cuestión se expresaban tal vez en el hecho de que Trots­ky tenia hacia las jactancias de los ideólogos de la cul­tura proletaria una actitud más blanda que la de Lenin, y a veces los defendía ante éste. Sabe que Trotsky es­cribió su libro sobre literatura de acuerdo con Lenin quien insistió más de una vez en que Trotsky elaborara primero el capítulo dedicado a la cultura proletaria y lo publicara en Pravda. Casualmente, no se publicó con ningún comentario ni nota al pie de página del director del periódico. Iaroslavski -¡el mismo Iaroslavski!- le escribió a Trotsky que estaba de acuerdo con el punto de vista que él expresaba. Averbach sabe todo esto porque cuando era un joven aspirante a "literato prole­tario" trató muchas veces de encontrar en Trotsky un defensor contra las posiciones de Lenin, pero invaria­blemente chocó con una negativa.

Realmente, en cualquier aspecto, la ideología de la burocracia centrista se erige sobre la mentira, la falsificación, la distorsión del pasado. Hay que reflexionar sobre esto. ¡Este mismo Averbach pasa al frente como instructor y tutor de la juventud proletaria! El, Aver­bach, pavimenta el camino de la "cultura" (!) "proleta­ria" (!!) Las personas capaces de analizar los síntomas comprenderán con este solo ejemplo el peligro fatal que representa el actual régimen partidario para el desarro­llo de una sociedad y una cultura socialistas.

 

Fragmentos de verdad bajo la escoria de la calumnia

 

En 1924 Zinoviev hizo circular una acusación contra Trotsky; decía que, al promulgar en los ferrocarriles la "Orden Nº 1.042", casi arruina el sistema de trans­portes[7]. Sobre esta trama, Stalin, Iaroslavski y Rudzu­tak bordaron posteriormente diversos diseños. En su momento la leyenda recorrió todas las publicaciones de la Comintern. En una carta que envió al Buró de Historia del Partido, Trotsky transcribe la opinión verdadera de Lenin y Dzershinski sobre la Orden Nº 1.042 y su importancia para el transporte. Pero apareció un comentario de origen más reciente. En Ieshegodnik [Anuario de la Comintern] publicado en 1923, en vísperas de la campaña contra Trotsky, se dice lo siguiente en el artículo titulado El sistema de transportes en la Federación Rusa de Repúblicas Socialistas Soviéticas y su restablecimiento:

"En ese entonces el sistema de transportes estaba ya totalmente desorganizado. Ni siquiera se hablaba de restablecerlo; las cosas habían llegado hasta tal punto que en el Consejo de Trabajo y Defensa el profesor Lomonosov, miembro del comisariado del pueblo de transporte, informó al respecto que el sistema de transportes estaba al borde de una bancarrota total e inevita­ble. El camarada Trotsky, al hacerse cargo del trans­porte, levantó dos consignas que demostraron ser de importancia decisiva para el transporte y para el conjunto de la economía del país (...) La Orden Nº 1.042 es un acontecimiento histórico. De acuerdo con ella, había que restaurar en cinco años toda la locomoción existente. La propaganda comunista basada en esa orden y el entusiasmo comunista provocado por ella llevaron a su más alto nivel la disposición de las masas para lograr conquistas heroicas mediante el trabajo" (Ieshegodnik, Editorial de la Comintern, Petrogrado-Moscú, 1923, página 363).

Y así sigue en el mismo estilo. Como vemos, la fun­ción de la "Orden 1.042" variaba según las épocas.



[1] Notas de un periodista. The Militant, 1º y 8 de agosto de 1931. Firmado "Alpha".

[2] GregoriA. Alexinski (n. 1879): diputado bolchevique a la segunda Duma y más adelante adversario de Lenin en cuestiones filosóficas y organizativas. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, rompió con los bolcheviques para defender la guerra y en 1917 participó activamente en el empeño de difamarlos como agentes alemanes. Apoyó a las Guardias Blancas durante la Guerra Civil, abrazo el monarquismo y el antisemitismo y emigró a París. Sus relacio­nes con Manuilski datan del período de preguerra.

[3] Lamentablemente, me veo obligado a citar de memoria, pero doy plena fe del sentido general de la idea. (Nota de León Trotsky)

[4] Leopold Averbach (1903-193?): crítico literario, fue una figura destacada de la Asociación Rusa de Escritores Proletarios (AREP) hasta 1932, cuando se denunció el averbachismo y la AREP fue reemplazada por la Unión de Escri­tores Soviéticos. Irónicamente, fue víctima de las purgas acusado de "trots­kista".

[5] Ivan N. Smirnov (1881-1936): viejo bolchevique, jugó un papel importan­tísimo en la Guerra Civil, especialmente en Siberia. Oposicionista de izquier­da, fue expulsado del partido en 1927 y claudicó en 1929. Lo readmitieron y nombraron director de las fábricas automotrices en Nishni-Novgorod; en 1933 fue arrestado y encarcelado hasta el primer Juicio de Moscú, en el que fue juzgado y ejecutado.

[6] Vladimir Maiakovski (1838-1930): poeta futurista que apoyó la Revolución de Octubre y logró gran popularidad. En abril de 1930 se suicidó. El artículo de Trotsky El suicidio de Vladimir Maiakovski, publicado en mayo de 1930, aparece traducido en Sobre el arte y la literatura.

[7] En julio de 1920, cuando el sistema de transportes se hallaba casi totalmente paralizado, Trotsky fue nombrado responsable del comisariado de transporte. Uno de sus primeros actos fue publicar la Orden Nº 1042, que planteaba un plan quinquenal de reconstrucción y fue el primer intento serio de introducir una planificación a largo plazo en la economía soviética.



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