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Palabras de Esteban Volkov

León Trotsky con su esposa Natalia y su hijo mayor León Sedov, tras su expulsión de la Unión Soviética por orden de Stalin, llegaron a Estambul el 12 de febrero de 1929. Se instalaron al poco tiempo en la isla de Prinkipo o Büyük Ada, en el extremo Oriental de Europa. A gran distancia de los sucesos políticos europeos de esta época, la comunicación era lenta, la prensa llegaba con gran demora. Las visitas de camaradas y amigos eran escasas y espaciadas. Este remanso de paz y aislamiento tuvo sus frutos, aparte de multitud de artículos, folletos y breves libros, Trotsky dio vida a sus dos obras más salientes y magnas, su autobiografía: Mi vida y la Historia de la Revolución rusa.
Inesperadamente el 4 de julio de 1933, su amigo y traductor Maurice Parijanine le informaba desde París que gracias a las gestiones que se habían realizado ante el gobierno de Daladier, se había logrado revocar el decreto de expulsión de León Trotsky de Francia, que databa del año 1916, con lo cual se le abrían las puertas previamente vedadas del país galo. Tras cuatro años y cinco meses de exilio y aislamiento en la lejana Turquía, en los confines asiáticos de Europa, surgía la oportunidad de ubicarse en el centro del acontecer político europeo.
El abuelo no lo pensó dos veces, tras escasas dos semanas de preparativos, el 17 de julio con Natalia y acompañados de sus colaboradores: Max Shachtman, Sara Jacobs, Rudolf Klement y Jean Van Heijenoort, a bordo del “Bulgaria”, perdían de vista Estambul y sus mezquitas y dejaban atrás las cristalinas aguas del mar de Mármara. El 24 de julio, una lancha a motor trasladó desde el “Bulgaria” a León Trotsky, Natalia y León Sedov a territorio francés, al puerto pesquero de Cassis, evitando el desembarco en Marsella.
Comenta Van Heijenoort que, por existir cierta incertidumbre en cuanto a las relaciones con el gobierno francés, se optó por un lugar de residencia donde León Trotsky estuviera alejado de París, en la costa del Atlántico, en Saint Palais cerca de Royan.
A pesar de la distancia, según nos narra Van, recibió unas cuarenta y cinco visitas. Dada la tranquilidad de esta estancia en Saint-Palais, sin sufrir el menor asedio ni recriminación por parte de las autoridades, se vislumbró la opción de cambiar el lugar de residencia a la pequeña ciudad de Barbizon a unos 50 kilómetros al sureste de París. Este cambio de domicilio también significó para Trotsky una alteración total de su tranquila residencia anterior. Repentinamente fue arrastrado a las tempestuosas aguas en que se debatía la lucha de clases en Francia después de la Primera Guerra Mundial y los preámbulos de la Segunda. Tras la renuncia de Daladier, Gaston Doumergue encabezó un gobierno más reaccionario, e inmediatamente dictó una orden de expulsión del territorio francés para León Trotsky, en respuesta a los virulentos ataques de la prensa derechista y estalinista contra el revolucionario, luego de que se hizo pública su estancia en las cercanías de París, que había contado con la autorización previa del gobierno central, pero era ignorada por las autoridades locales.
La derecha estaba desatada, por su pánico a un estallido revolucionario, por lo que manifestó un odio acérrimo a quien se destacó en la Revolución de Octubre; cultivaba simultáneamente gran admiración por las dictaduras de Hitler y de Mussolini, a las que trataba de emular. La orden de expulsión quedó en receso por la sencilla razón de que, en el momento de su promulgación, no había ningún país en el planeta dispuesto a recibir al organizador del Ejército Rojo.
El gobierno francés no tuvo más alternativa que mantener a León Trotsky en su territorio, pero alejado de París y con una muy estricta vigilancia policíaca. Situación que difería poco de una estancia carcelaria. Lev Davidovich y Natalia inician entonces su peregrinar por poblados de la región alpina.
Durante mayo, con falsa identidad viven dos semanas en una pensión de familia en “La Tronche”; en junio de 1934, brevemente en Saint Pierre de Chartreuse; a mediados de julio se establecen en Domène, en la casa del profesor Laurent Beau hasta el 8 de junio de 1935, en que le es otorgada la visa noruega.
Para León Trotsky analizar e interpretar el entorno político en el marco marxista y transcribirlo era tan vital como el oxígeno. Tan así era que, aún en las condiciones más adversas, sin ayuda de mecanógrafa, escribiendo a mano en hojas de papel, dio vida a ¿Adónde va Francia?, en donde interpreta con gran maestría el turbulento acontecer político de la Francia de esta época. Según nos narra Van Heijenoort, él iba plasmando en francés el texto a medida que Trotsky escribía a mano en ruso, trabajo que se terminó en febrero y marzo de 1935.
En febrero, Trotsky también inició en un sencillo cuaderno escolar su Diario del exilio donde de entrada nos comenta que no es muy afecto a este género literario, pero por encontrarse en una situación de aislamiento de la vida política, se ve obligado a recurrir a este sucedáneo del periodismo. Pero el texto es de gran interés, aparte de las muy certeras interpretaciones políticas, abarca observaciones y comentarios de gran acierto, sobre diversidad de temas que sólo tienen cabida en un texto de este género, el cual enriquece el gran acervo de la vasta obra escrita de León Trotsky.
Toda mi admiración y apoyo a la muy meritoria labor del Centro de Estudios, Investigaciones y Publicaciones León Trotsky, por la publicación de la importante obra ¿Adónde va Francia?, al igual que Diario del exilio, inexistente hasta esta fecha en lengua española, obras que son muy necesarias para la educación política de las nuevas generaciones de revolucionarios y nos ayudan a comprender la actual decadencia del régimen capitalista.

México, noviembre de 2013.



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