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Patrícia Galvão y el trotskismo

 

Carta de una militante

Publicamos abajo una carta de Patricia Galvão, más conocida como Pagu y también por su actuación en la Semana de Arte Moderna de 1922, donde rompe con el stalinismo y adhiere al trotskismo, ingresando al PSR de Hermínio Sachetta. La carta tiene introducción de Dainis Karepovs y fue extraída del CEMAP.

 

 

Presentación

En el interior de una celda de la Casa de Detención en Rio de Janeiro, en febrero de 1939, Patricia Rehder Galvão (1910-1962), Pagu, concluyó la redacción de esta “Carta de una militante”, que marca su ruptura pública con el stalinismo. Publicada en un periódico clandestino mimeografiado, entre los varios que circularon durante la dictadura varguista del Estado Novo, esta carta, dada la pequeña circulación del Boletín editado por el Comité Regional de San Pablo del PCB (Disidencia Pro-Reagrupamiento de la Vanguardia Revolucionaria), permaneció prácticamente inédita hasta nuestros días, siendo su único ejemplar disponible perteneciente al archivo del Centro de Documentación del Movimiento Obrero Mário Pedrosa - CEMAP.

Esa “Carta de una militante” documenta el período final de una escisión que explotará en octubre de 1937, dentro de las filas del entonces Partido Comunista do Brasil (PCB), barriéndolas de arriba a abajo. Tal escisión surgió cuando, un año después del putsch comunista de noviembre de 1935 - al que se sucedió un período de orientaciones políticas por momentos más a la derecha, por momentos más a la izquierda - el PCB, adhiriendo al patrón mundial de “frente popular” establecido por la Internacional Comunista (IC) en su VIII Congreso, decidió adoptar la orientación de considerar a la burguesía local como “fuerza motriz de la revolución brasileña”. Tal decisión se orientaba a la formación de alianzas para el combate al principal enemigo de entonces, el fascismo. Además de eso, inserta en el modelo etapista preconizado por Stalin para los países semicoloniales a partir de la revolución china, tenía como premisa el logro de una revolución burguesa, sólo después de esta podría suceder una proletaria. La mayoría de la militancia comunista terminó indignándose frente a una de las principales consecuencias de esa nueva orientación del PCB: el papel secundario al que eran relegados los trabajadores y el propio partido. La revuelta contra la nueva línea tuvo a su frente a Herminio Sacchetta, secretario regional de San Pablo, y Heitor Ferreira Lima, ex secretario general del PCB y quien fuera el primer brasileño en estudiar en la Escuela Leninista de la IC. Ellos consiguieron que la mayoría de los comités regionales del partido se quedaran, en un primer momento, a su lado. Sin embargo, el grupo capitaneado por el secretario general Lauro Reginaldo da Rocha (Bangu), usando la máquina partidaria y con el apoyo activo de la IC, revirtió el cuadro. Poco antes del desenlace, en el interior del grupo Sacchetta-Ferreira Lima comenzó una discusión respecto de las políticas de frente popular llevadas a la práctica en Francia y en España. Se observaron una serie de notables similitudes en el papel subordinado de esos partidos comunistas y del brasileño, y de este modo, comenzaron a repercutir las críticas hechas por León Trotsky y sus partidarios a la orientación de la IC, la que, por implementar determinaciones a sus secciones que interesaban a la política exterior de la Unión Soviética, era llamada por él “guarda fronteras de la URSS”. Parte de los militantes del entorno de Ferreira Lima, percibiendo el espectro del trotskismo, retrocedieron horrorizados, causando una escisión dentro de la escisión. Otra parte, alrededor de Sacchetta, profundizó sus críticas y termino acercándose y, al final, fundiéndose con el grupo trotskista brasileño, dando origen, en agosto de 1939, al Partido Socialista Revolucionario (PSR). Entre éstos, Pagu. “Anuncio luminoso de la Antropofagia”, al decir de Álvaro Moreyra, Pagu ingresó al PCB en 1931. El partido vivía su fase “obrerista”, de valoración de los obreros y desprecio por los intelectuales, lo que la llevó a trabajar como acomodadora en cines y actuar como seguridad en actos. Su novela proletaria Parque Industrial fue publicada en 1933 con un pseudónimo, por exigencia del PCB. En este mismo año comenzó un viaje de vuelta al mundo, pasando por la URSS, y que terminó en Francia – donde militó en el PCF, conociendo el frente popular – cuando fue presa como militante comunista extranjera. Retornó a Brasil a fines de 1935, poco antes del putsch de noviembre de 1935. Presa en San Pablo el 23/1/1936, se escapó el 25/10/1937. Adhirió al grupo de Sacchetta-Ferreira Lima, quien la envió a Rio de Janeiro en búsqueda de apoyos en la Capital Federal. En esta oportunidad se aproximó a los trotskistas, pero terminó presa el 22/4/1938 y enviada a San Pablo en octubre de 1939, donde concluyó la pena de 2 años de detención determinada por el Tribunal de Seguridad Nacional, siendo liberada, en precarias condiciones de salud, en julio de 1940, lo que la llevó a alejarse de la militancia política durante cierto tiempo. Cuando la retomó, ya no lo hizo en el campo del trotskismo, sino del Partido Socialista Brasileño, a mediados de los años 40.

Este texto de Pagu, además de ser una ruptura con el stalinismo, es también el anuncio de su aproximación con el trotskismo, que, hacia la fundación del PSR, quedará clara, cuando ella integrará la presidencia de honor del Congreso. En ese sentido, hay en él dos características relevantes. La primera es la opción tomada por Pagu de redactar un texto en el que discute las políticas de la URSS y de la IC, que fue la forma en la que explicitó claramente sus puntos de divergencia, al contrario de polemizar respecto de las circunstancias específicas de la situación brasileña, lo que podría permitir una cierta dilución de la contundencia de sus críticas (aunque no se deba despreciar el hecho de que Pagu se encontraba presa y una eventual mención a la situación brasileña podría traerle problemas de seguridad, eso es aquí secundario). La segunda es el lenguaje, que ya incorporaba la jerga trotskista, como se notará en su lectura. No es sin razón que, entre los varios libros de Trotsky capturados en la casa de Pagu, se destaque la traducción francesa de “Revolución Traicionada”, una visible fuente de inspiración para la carta.

Aunque estas sean cosas relevantes del proceso de construcción del documento que merecen ser señaladas, ellas no deben hacer que el lector pierda de vista la formidable crítica elaborada por Pagu respecto del fenómeno de burocratización stalinista.

Dainis Karepovs

 

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¡Compañeros!

Este documento va con mi apoyo absoluto a los camaradas revolucionarios por la posición que tomaron ante la burocracia internacional que ha trabado la marcha del movimiento revolucionario y ha traicionado al proletariado de la URSS y las conquistas de la Revolución soviética. Tomé mi posición después de un análisis meticuloso, largo y objetivo, que comenzó con la primera duda producida en mi paso por la URSS. Es mi convicción revolucionaria la que me ubica al lado de los compañeros en la lucha contra la burocracia, por un partido verdaderamente revolucionario, por la Revolución Proletaria

La burocracia soviética en la URSS

Los síntomas de la formación de una burocracia soviética, después de la toma del poder por Hitler, sólo se ha agravado, y hoy ya no es posible ignorar o quedar indiferente ante los crímenes y, lo que es peor, los errores de la casta gubernamental soviética. Su existencia puede ser constatada no sólo en la práctica sino también teóricamente, buscando las causas de las sucesivas derrotas que ha sufrido el proletariado en estos últimos diez años en los que las crisis del capitalismo se han mostrado más graves. Sólo ese fenómeno hace pensar que simultáneamente entró en crisis la dirección del proletariado. Un rápido examen de la política seguida por las organizaciones obreras evidencia el carácter oportunista y capitalista de esta política. ¿A qué se debe esto? ¿A errores teóricos y prácticos a los que está sujeta cualquier organización revolucionaria? Evidentemente no. Los errores de los partidos revolucionarios son fundamentalmente discontinuos. Las verdaderas causas primeras de esa política, hoy internacional, deben buscarse en la necesidad sentida por la burocracia soviética de mantenerse en el usufructo de las conquistas de la Revolución, en la imposibilidad de conciliar los intereses del proletariado internacional con los de aquellos que se proclaman sus jefes.

La burocracia soviética salió del Partido Comunista Ruso, debido a que en la fase inmediatamente post revolucionaria todo el poder político y administrativo se encontraba en las manos del Partido. En esa fase, toda obra revolucionaria es generar condiciones para una descentralización cada vez mayor. Es, en fin, cumplir la palabra de Lenin: “Tornar el gobierno innecesario es la mayor tarea de este gobierno”. En Rusia, sin embargo, esa tarea tuvo que ser relegada a un segundo plano. Esto porque diversas circunstancias, como la existencia de estados burgueses en sus fronteras, la situación pre revolucionaria en muchos países de Europa, hicieron que el Partido no pudiese considerar la revolución de Octubre como una victoria definitiva, sino apenas una etapa victoriosa en la lucha revolucionaria del proletariado. El partido vio, y lo hizo justamente, que las conquistas de la revolución solo podrían mantenerse con el desarrollo de la revolución internacional. Esta es la primera verdad necesaria para la comprensión de la burocracia termidoriana. La Revolución rusa no podía tenerse como un fin. Y no lo fue de hecho. Su desarrollo natural y dialéctico sería el logro de la revolución proletaria en el campo internacional. En vez de eso, se sacrificó la revolución internacional – como se la sacrifica aún hoy. Consecuentemente, se sacrifica la Revolución rusa. Y como esta acción fue contraria a todo lo que es marxismo, sólo podía generar el absolutismo burocrático, los privilegios excesivos de los dirigentes, el conservadurismo nacional. ¿Cómo puede comportarse esta casta, constituida en su casi totalidad por arribistas, ante las conquistas de la Revolución proletaria? La revolución se hizo teniendo como fin el establecimiento de una sociedad sin clases, sin privilegiados, por lo tanto, sin desheredados. Una sociedad concebida en estos moldes no tendría la necesidad de una burocracia profesional para ejercer una coerción estatal, por eso mismo las funciones serían ejercidas por los propios ciudadanos. La condiciones a la que aludimos hicieron que la estructura actual del Estado soviético sea lo opuesto a ese ideal. Ahora, sabemos que no hay gobierno que pueda ejercerse sin una ideología real o ficticia. Y la burocracia se vió obligada a apoyarse, al menos ficticiamente, en la ideología comunista revolucionaria. Lo logró enmascarando y disimulando sus privilegios con la mentira, justificando con fórmulas comunistas relaciones y hechos que no tienen nada que ver con el comunismo.

El abismo entre la palabra y la realidad es cada vez más profundo. De ahí que sea necesario revisar a cada año no sólo las fórmulas más sagradas, sino incluso los propios principios. De este modo, la burocracia bonapartista no sólo se apodera de las conquistas de la revolución sino que las falsea, quitándole sus caracteres más esenciales bajo el argumento de que constituyen “errores de izquierda”. A la menor disidencia ella revela su carácter policíaco, persiguiendo, “depurando” bajo el rótulo de trotskismo. Del Estado soviético, del estado obrero, hizo un estado totalitario. La misma efervescencia de las ideas y de las relaciones sociales, que son el fenómeno natural que sigue a cualquier gran transformación social, se le hizo peligrosa. Ella teme a la discusión porque teme a la crítica, y teme a la crítica porque le teme a las masas. Su verdadero miedo es ver perdidos sus privilegios, de ahí la prohibición de cualquier discusión, de ahí los encarcelamientos, de ahí las deportaciones, los fusilamientos. Teme a la crítica, y por ese mismo temor, ella sólo puede percibir los fenómenos a traves de los burós y no a través de las discusiones, que son el único índice preciso. Los burós son un aparato de coerción, no un aparato de acción. La burocracia puede producir burócratas y lacayos serviles, nunca revolucionarios. Ella será necesariamente vacilante y poco segura en su acción. Al primer embate histórico, se manifestará toda su inconsistencia interior.

La burocracia en el exterior

La IC sufrió, como no podía dejar de sufrir, grandes modificaciones, en su acción política, en su organización, desde que la Revolución fue victoriosa en un país. Esta acción que naturalmente debía tornarse más decisiva y más eficaz, dada la existencia de un punto de apoyo material – un Estado obrero – se tornó negativa, cuando no criminal. El origen de este hecho está en la propia burocracia soviética. La Internacional, de organización revolucionaria del proletariado, se transformó en un apéndice de la burocracia termidoriana, un órgano para mantener sus privilegios. Los métodos de la Internacional son un bosquejo grotesco de los métodos de la burocracia bonapartista, sus organizaciones, sus instrumentos serviles, su prensa, el eco de la prensa soviética. Si la historia hubiese permitido que la Revolución rusa siguiese su desarrollo natural, la IC sería el instrumento de la extroversión de la Revolución de Octubre, sería el medio de canalizar al proletariado internacional, las energías obtenidas con la toma del poder. En vez de eso, la Unión Soviética toma posición de introversión, busca captar todas las fuerzas del proletariado hacia “la defensa de la URSS” (es decir, defensa de la burocracia), relegando hacia un plano inferior a la revolución internacional. Realmente, la burocracia stalinista actúa en el sentido de que la Unión Soviética tome, jurídicamente, en el marco de las relaciones internacionales, todas las características de un Estado burgués. Acuerdos económicos y militares con países capitalistas hicieron que la URSS perdiese definitivamente su libertad de acción en el exterior. ¿Qué fue la IC en todo esto? Fue, entre las masas trabajadoras, el instrumento de la política de “puntal internacional” emprendida por la estupidez burocrática, en el ansia de garantizarse. Sirvió para fabricar, en los países de mayor influencia de la URSS, la atmósfera de calma interior, necesaria a la preparación bélica, desarrollando en escala internacional la política de frentes populares con la burguesía. Castró a las masas obreras, impregnando el aire de un espíritu reformista y anti-revolucionario, confundiendo capciosamente la defensa de la casta gubernamental con la defensa de la Unión Soviética. La URSS sólo sería realmente defendida por una acción efectivamente revolucionaria del proletariado internacional; pero la burocracia dirigente sólo puede defenderse a costa de camarillas y de alianzas internacionales. Más. La burocracia es naturalmente oportunista, de ahí los zig-zag que caracterizaron su política externa y por lo tanto la de la IC. En esos zig-zag, donde todo lo que era bolchevismo se perdió, la IC frenó al proletariado, lo traicionó, hasta atarlo al imperialismo, lanzándolo a la esperanza en una mesiánica guerra futura. Sin embargo ¿cómo pudo la IC llegar a tal punto de degeneración, sin poseer un aparato estatal para reprimir las divergencias, revolucionarias naturalmente, que habrían de surgir en su seno? Está claro que la IC no conseguiría llegar a la decrepitud actual si no huyendo lentamente de lo que, de Lenin a esta parte, se denominó bolchevismo.

Bolchevismo es el método marxista de acción revolucionaria. La IC lo niega objetivamente cuando se lanza en los brazos de los países democráticos, en vez de explotar técnicamente los recursos de los que puede disponer el proletariado en su lucha, recursos que, por la profundidad de los fenómenos históricos de los que emanan, excluyen naturalmente la política de retrocesos sistemáticos, de camarillas o de uniones. Toda acción objetiva de la IC hoy busca atenuar los antagonismos de clase y poner al proletariado, al menos teóricamente, como el aprovechador fugaz de los choques interburgueses. De ahí ligarlo a determinados grupos de la burguesía, sacarle la independencia política y hasta orgánica. ¿Qué tiene esto en común con el marxismo-leninismo, que basa toda su acción objetiva en la oposición de la clase contra clase, forjando, al mismo tiempo, teóricamente, los medios para que el proletariado alcance el poder, y prácticamente, el modo de ejercerlo? Para que esta acción se haga de modo conciso y justo, es necesario que el Partido viva subjetivamente apoyado en dos principios: unidad de acción y democracia más amplia. Y se comprende: las organizaciones revolucionarias son del proletariado. La línea política será tanto más justa como mayor sea la conciencia que estas organizaciones tengan de sus propias fuerzas, y como mayor sea el conocimiento que tengan de la realidad. Y la realidad, la situación objetiva, no puede ser sentida por un buró; ella sólo es percibida por la propia masa. De ahí que, para que una organización revolucionaria continúe como tal, sea imprescindible que sus iniciativas políticas partan de la base, al menos en su esbozo. De ahí asciende a los cuadros dirigentes, donde tendrá una forma más precisa, volviendo entonces a la masa, que adopta las realizaciones prácticas. Pero ese proceso de mecánica organizativa bolchevique no es formal. Ahí está la historia del partido ruso hasta la revolución. Esa democracia interna permite que la masa sólo actúe con cierta conciencia de la acción, de ahí la firmeza, la unidad. La IC se vio ante un dilema: o burocratizarse o actuar contra los intereses de la casta gubernamental soviética. Y así emprendió y realizó la obra completa de la burocratización de sus secciones. Paulatinamente se fue centralizando el poder político, los dirigentes se habituaron a ver la masa desde lejos, a través de hipótesis; las discusiones fueron tomando un carácter cada vez más secundario ante las órdenes cada vez más dictatoriales de la dirección. Hoy la obra está terminada. Ella puede ser contemplada en toda su extensión: el servilismo o el ambiente de los militantes de base, las disonancias cada vez más raras y cada vez más sofocadas violentamente, la inmensa importancia de los burós en relación a la base, la putrefacción ideológica. Hoy la burocracia de la Internacional impera absoluta, pero la propia organización burocrática hará que al primer gran embate histórico sus secciones se disgreguen, que aparezcan escisiones en sus senos.

Sería equivocado y artificial juzgar que tales escisiones sean sólo fenómenos de disgregación. Ellas son también, y en gran parte, función de las traiciones de clase, de la propia composición de los partidos. Y no nos olvidemos que “si las diferencias de puntos de vista en el seno del partido coinciden con las diferencias de clase, ninguna fuerza nos alejará de la escisión” (Lenin, Testamento). A medida que nos aproximamos al epílogo de las crisis más o menos continuas del capitalismo, vamos sintiendo la necesidad de abandonar a aquellos que traicionaron al proletariado en China, en Francia, en Alemania, en España, bajo pena de ser cómplices de una catástrofe histórica. La burocracia perdiendo terreno, acorralada por la masa obrera, será cada vez más violenta en su acción opresora. Esto es una característica que le es específica. No olvidemos las palabras de Stalin, palabras típicas de un golpe bonapartista: “Estos cuadros solo serán destituidos por la guerra civil” (Pleno del CC de agosto de 1927).

Los elementos concientes y capaces sabrán el camino a seguir. Sabrán encarar a la burocracia como un accidente funesto, pero incapaz de detener la marcha de la historia.

¡Saludos revolucionarios!

PAGU

Extraído del Centro de Documentação do Movimento Operário Mário Pedrosa - CEMAP

Internacional. Autorizo la publicación aún con mi nombre legal, total o parcial.

 

 



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