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Perspectivas de recuperación[1]

 

 

18 de agosto de 1932

 

 

 

En el período de posguerra los ciclos económicos dejaron de constituir el mecanismo normal de desarrollo capitalista, ya que el capitalismo, en su conjunto, está en una etapa de decadencia. Pero esto no significa que las fluctuaciones económicas sean cosa del pasado. Es cierto que después de la guerra perdieron su carácter cíclico y, por lo menos en lo que se refiere a la recuperación, universal. Sin embargo, hasta cierto punto, ambas características reaparecen hoy.

La crisis actual es de carácter mundial. Esto significa que la economía mundial, cuyo funcionamiento quedó interrumpido durante la guerra, se abrió camino pese a todos los aranceles aduaneros y demostró dolorosamente su poderosa realidad. Hay razones para creer que la próxima reversión de la tendencia en el sentido de un resurgimiento económico - que no se dará en todas partes con la misma fuerza- también será de carácter mundial. En otras palabras, la crisis actual restaura el movimiento cíclico del capitalismo.

Naturalmente, no podremos esperar ciclos completos en el futuro. En las décadas previas a la guerra las crisis se presentaban como interrupciones breves y no demasiado profundas, y cada nueva alza superaba el pico máximo de la anterior. Pero ahora suponemos que sucederá lo contrario: crisis profundas, largas y penosas y alzas breves y de corta duración. Los viejos ciclos eran el mecanismo de un amplio movimiento ascendente; los nuevos sólo pueden ser el mecanismo de la decadencia capitalista.

Sin embargo, sigue siendo enorme la influencia de los cambios cíclicos en la vida de las masas populares. En cierto sentido su alcance es mayor ahora que antes.

La etapa actual del capitalismo satisface ampliamente las necesidades de la revolución proletaria. Lo que está retrasado es la conciencia del proletariado, su organización, su dirección. Debido a la inestabilidad general del equilibrio social, las fluctuaciones coyunturales conducen a tremendos cambios en el poder político, a perturbaciones revolucionarias y contrarrevolucionarias.

El mundo burgués, y con él la socialdemocracia, esperan salvarse con la nueva recuperación del comercio y la industria. Los teóricos de la Comintern temen esa perspectiva y niegan la posibilidad de una recuperación en la curva cíclica económica. Para nosotros los marxistas resulta perfectamente claro que un resurgimiento de la actividad económica no abrirá una amplia vía de salida de la crisis sino que conducirá a otra crisis, aun más aguda y penosa que ésta. Por otra parte, nos parece evidente la inevitabilidad de un cambio inminente del ciclo económico. Tenemos que pertrecharnos teóricamente para el próximo “periodo de la poscrisis” y asumir un punto de partida correcto.

Con la crisis, el proletariado internacional retrocedió y sigue retrocediendo toda una etapa histórica. El descontento, el deseo de escapar de la pobreza, el odio a los explotadores y a su sistema, todas estas emociones, ahora reprimidas y suprimidas por el terrible desempleo y la represión gubernamental, se expresarán con energía redoblada en cuanto asomen los primeros síntomas reales de resurgimiento industrial.

Debido a la presente situación general del capital, aun en el caso de que el resurgimiento sea considerable, los patrones no estarán en condiciones de otorgar a los obreros el tipo de concesiones que permitiría mantener la lucha dentro de los límites de los sindicatos. Podemos prever con certeza que el resurgimiento industrial no dará lugar ni siquiera al retorno a las condiciones de trabajo imperantes antes de la crisis. Los conflictos económicos tendrán perspectivas más amplias inevitablemente se convertirán en movimientos políticos de carácter revolucionario.

La Comintern debe sacarse de encima los últimos restos de la teoría del “tercer período” tiene que comenzar a investigar concretamente el terreno económico y social de la lucha y dejar de impartir órdenes dictatoriales a la vanguardia proletaria en vez de impulsarla a orientar el proceso real de la lucha de clases.

En primer lugar está el trabajo en los sindicatos. Hay que descartar el “tercer período” de Lozovski igual que el de Manuilski[2] y terminar con la política del autoaislamiento. Se debe plantear con todo rigor la restauración de la unidad del movimiento sindical alemán mediante la integración de todos los afilados de la RGO[3] a la mesa de los “sindicatos libres”. Hay que obligar a todo miembro del partido que esté en condiciones de hacerlo a que entre a un sindicato.

El desarrollo de la lucha económica le planteará enormes tareas a la burocracia reformista. Se pueden explotar mejor sus dificultades con una política enérgica y flexible de frente único.

La experiencia de los camaradas belgas[4] demuestra que la Oposición de Izquierda, pese a ser poco numerosa, puede jugar un papel considerable en la lucha de masas. De cualquier modo, es responsabilidad de la Oposición de Izquierda plantearle claramente los problemas al partido, delinear las perspectivas generales, formular consignas de lucha. Ahora menos que nunca ha de permitirse la Oposición de Izquierda seguir siendo un círculo propagandístico cerrado, permanecer al margen del desarrollo real de la lucha de clases.

Todo bolchevique leninista debe estar afiliado a una u otra organización de masas, sobre todo a un sindicato. Sólo de esta manera podrá nuestra organización tomar el pulso del proletariado y cumplir su papel de vanguardia de la vanguardia.

 

Posdata:

 

Field[5], un camarada norteamericano que conoce bien los problemas de la economía mundial, preparó a pedido mío el primer proyecto de caracterización de las tendencias cíclicas inmediatas del mercado mundial. Sus conclusiones están muy cuidadosamente planteadas. Cualquiera que tenga en cuenta la complejidad de los factores que determinan los cambios en el ciclo económico comprenderá y aprobará la cautela de los pronósticos. No se trata de adivinar sino de plantear correctamente el problema, seguir el desarrollo de los hechos y sacar a tiempo las conclusiones correspondientes.

Pido al Secretariado Internacional que haga llegar a todas las secciones, como material de discusión, estas líneas junto con el trabajo del camarada Field. Queda perfectamente claro que nuestra conferencia internacional tendrá que pronunciarse sobre este problema tan importante.

El camarada Field tuvo un conflicto con la liga norteamericana que llevó a que se lo sacara de nuestra sección. Mi colaboración con el camarada Field es de carácter totalmente personal y no tiene ninguna relación con la vida interna de la Liga norteamericana.



[1] Perspectivas de recuperación. The Militant, 12 de agosto de 1933; la posdata se publicó en Boletín Interno, Liga Comunista de Norteamérica, Nº 4, 1932.

[2] Solomon Lozovski (1878-1952): encargado de la Profintern (Internacional Sindical Roja). Cuando dice “el tercer período de Lozovski” se refiere a la línea ultraizquierdista y aventurera aplicada en el terreno sindical, y cuando habla del de Manuilski se refiere a la misma línea aplicada en el terreno político. Lozovski fue arrestado y fusilado por orden de Stalin en una campaña antisemita.

[3] RGO: eran las iniciales en alemán de la Oposición Sindical Revolucionaria, una pequeña federación sindical organizada por el Partido Comunista Alemán en 1929 para competir con la ADGB (Federación General Sindical de Alemania, también llamada de sindicatos libres), que era la principal federación sindical, liderada por los socialdemócratas. A fines de 1930 la ADGB tenía casi cinco millones de afiliados, la RGO menos de ciento cincuenta mil.

[4] En ese momento los líderes de la Oposición belga desempeñaban un papel dirigente en Charleroi en una militante huelga minera.

[5] B.J. Field: recientemente expulsado de la Liga Comunista de Norteamérica en Nueva York se fue a Turquía, donde ofreció su colaboración a Trotsky en una cantidad de proyectos.



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