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Presentación

 

Si en el siglo pasado y durante décadas el estalinismo pisoteó las mejores tradiciones de la revolución rusa en nombre del “socialismo”, en el siglo XXI la burguesía se da el lujo de hablar de un “socialismo” dentro de los marcos capitalistas. El capitalismo, de una u otra forma, se rige por la explotación y la opresión de las grandes mayorías. Guerras como las de Irak y la situación de Medio Oriente, muestran en forma descarnada su verdadero rostro.

 

Fue la Revolución Rusa, en 1917, la que abrió por vez primera perspectivas totalmente nuevas para los trabajadores y sectores populares del mundo. Y durante los primeros años de la revolución las masas rusas tuvieron conquistas que ningún gobierno burgués, ni cercanamente, ha dado. El estudio de su historia es una fuente permanente de inestimables enseñanzas para la actualidad. 
 
A 90 años del triunfo de la Revolución Rusa, el CEIP “León Trotsky” está preparando la publicación y difusión de valiosos trabajos, algunos inéditos y otros de difícil acceso, de Lenin, Trotsky y otros dirigentes del partido bolchevique así como también artículos de intelectuales marxistas que realizaron aportes con su visión de la época, con el objetivo de abonar su estudio. Como parte de esta labor, inauguramos la difusión de una serie de boletines electrónicos que abordan cuestiones y discusiones importantes que tuvieron que enfrentar los obreros y campesinos rusos junto al partido bolchevique para lograr el triunfo de la revolución.

En este primer boletín ofrecemos algunos textos que permiten comprender la época abierta por la Revolución Rusa, los marcos en que pudo desarrollarse, y aportar algunos elementos sobre la mecánica interna y el desarrollo de las clases. Así, la revolución fue el terreno fértil donde la teoría marxista, de la mano de los bolcheviques y Lenin, se convirtió en una verdadera herramienta para la acción que guió la victoria del proletariado.

En esta edición publicamos textos que permiten que jóvenes y trabajadores reflexionen sobre la actualidad de la revolución, y la necesidad de adecuar la lucha actual a la transformación de la sociedad desde sus raíces. Como dice Lukács: “El enriquecimiento que el marxismo debe a Lenin consiste simplemente –¡simplemente!- en el nexo más íntimo, más visible y más cargado de consecuencias de las acciones aisladas con el destino general, el destino revolucionario de la clase obrera en su totalidad”[1].

Dos hechos marcan a principios del siglo XX la división en las filas de los marxistas, entre revolucionarios y reformistas. Por un lado la actitud hacia la Primera Guerra Mundial, hecho sobre el cual Lenin afirma “Los socialistas que desertaron a las filas de la burguesía cuando comenzó la guerra, todos esos David y Scheidemann en Alemania, y los Plejánov-Potrésov-Gvózdiev y Cia. en Rusia, vociferaron durante mucho tiempo contra las “ilusiones” de los revolucionarios, contra las “ilusiones”del Manifiesto de Basilea, contra la “quimera”de transformar la guerra imperialista en guerra civil. Cantaron loas en todos los tonos a la fuerza, a la tenacidad y a la capacidad de adaptación supuestamente revelada por el capitalismo; ¡ellos, que ayudaron a los capitalistas a “adaptar”, domesticar, engañar y dividir a la clase obrera de los distintos países!”[2]. Por el otro las consecuencias que esta misma guerra traía, esto era, la posibilidad de orientar la lucha de clases hacia la conquista directa del poder, mostrando, como dice Trotsky, que “entre el actual estado general y el socialismo se extiende la gran época de la revolución social, es decir, la de la lucha abierta por el proletariado para la conquista del poder y la utilización de éste para la democratización de las relaciones colectivas y la conversión de la sociedad capitalista en una sociedad socialista”[3].

Los artículos que publicamos en el boletín muestran las controversias de los revolucionarios rusos en este marco concreto de la perspectiva de la revolución, junto a la incidencia directa de la guerra en la dinámica interna de la lucha de clases en Rusia. De acuerdo con Trotsky “las condiciones de la guerra están oscureciendo y torciendo las fuerzas internas de la revolución. Sin embargo el curso de la revolución será determinado por esas mismas fuerzas internas, a saber, las clases sociales.”[4]. Por esto consideraban que había una relación directa entre el triunfo de la Revolución Rusa y el desarrollo de la situación de la clase obrera a nivel internacional.

El texto “Los senderos de la Revolución Rusa”, de Karl Radek, que publicamos en este boletín, explica en primer lugar cuáles fueron las teorías y los programas de las distintas corrientes marxistas rusas en relación a las tareas que la revolución debía asumir en un país atrasado como Rusia, y cómo estos programas fueron probados en el proceso mismo de la revolución, y luego plantea la importancia decisiva de la guerra en el desarrollo de la lucha de clases. Allí, Karl Radek afirma: “Por lo tanto, la Revolución de Febrero se transformó muy rápidamente en una revolución contra la guerra. (…)Si la revolución no hubiera sido capaz de aniquilar la guerra, la guerra la hubiera abatido a ella”[5].

Entonces la lógica de la Revolución Rusa: “tenía por fuerza que conducir a la lucha de los soviets de obreros y campesinos contra el gobierno provisional de carácter burgués, si éstos a su vez tomaban como propio este programa. Por lo tanto, éste debía conducir a la dictadura revolucionaria del proletariado y el campesinado”[6] o como dice Trotsky: “Este estado de cosas no puede ser impedido más que por la revolución proletaria. El centro de gravedad de la cuestión se encuentra en la realización del programa proletario de paz y de la revolución social”[7].

A diferencia de esta perspectiva los mencheviques y los socialistas revolucionarios querían mantener los objetivos sociales de la revolución en los marcos del régimen burgués, y así, terminaron participando del gobierno que continuó con la política de guerra, perdieron toda independencia política y se transformaron en agentes de la burguesía en el seno de las masas.

En su artículo, Karl Radek desarrolla también un análisis sobre la situación de Rusia luego de la toma del poder, donde remarca cómo los bolcheviques esperaban que la revolución se transforme en la señal de partida de la revolución europea. Planteando “Hasta ahora, la Revolución Rusa ha sido el primer eslabón, y por tanto el más débil, de la insurrección socialista mundial. Su fusión con la poderosa corriente de la revolución proletaria mundial convertiría al fortalecimiento y desarrollo de la Rusia soviética (…) en una de las principales tareas estratégicas del proletariado internacional”[8].

La revolución en el seno del eslabón más débil del capitalismo necesitó de la energía, la fuerza y la creatividad de las masas organizadas para sostenerse y avanzar. El texto “Los soviets en acción”, del periodista John Reed, que luego adhirió al partido comunista, muestra cómo la Revolución Rusa con la organización de los soviets va a dejar un legado muy importante para la clase obrera internacional. Estos organismos se volvieron en primer lugar elementos de lucha contra la burguesía y luego se transformaron en los verdaderos órganos de un nuevo poder. Como expresa John Reed “Los soviets son los órganos de representación más perfecta de la clase trabajadora, eso es verdad, pero son también las armas de la dictadura del proletariado, a la que todos los partidos anti-bolcheviques se oponen encarnizadamente. Así, la disposición de la gente a adherirse a la política de la dictadura del proletariado no sólo se mide por los miembros del partido bolchevique -partido comunista, como ahora se llama-, sino también por el crecimiento y actividad de los soviets locales de Rusia.”[9]

Sin embargo, las masas organizadas en soviets tenían mucho más que espontaneidad en acción: su destacamento más avanzado se fusionó con el partido bolchevique, que estaba integrado por hombres y mujeres que se habían formado durante años para la transformación radical de la sociedad. Crearon así una dirección revolucionaria que encarnó el programa de la revolución socialista. El texto “Hace ochenta años este partido bolchevique que tomaba el poder”[10], del gran investigador del trotskismo Pierre Broué muestra la vida de los revolucionarios rusos, exponiendo el modo en que estos dirigentes se vuelven verdaderos militantes profesionales, cómo su experiencia política, llena de cárceles y deportaciones, son la escuela donde se forma el partido que se prepara para dirigir la revolución.

A su vez, otro de los textos inéditos que incorporamos es “Nuestra conmemoración a los luchadores por la libertad”[11], de Alexandra Kollontai, donde se homenajea a los caídos durante la Revolución de Febrero llamando a continuar la lucha revolucionaria.

Destacamos también la publicación del discurso de León Trotsky al Soviet de Petrogrado el 4 de octubre de 1917[12], un documento histórico que muestra vivamente la intervención de los revolucionarios al calor de los acontecimientos que se estaban desarrollando.


[1] Georg Lúkacs, Lenin, Capítulo I, Ediciones La Rosa Blindada, Colección ensayos Los Tiempos Nuevos, Buenos Aires, 1968.

[2] Vladimir Ilich Lenin, “Cartas desde lejos”, Primera carta – La primera etapa de la primera revolución”, escritas a principios de abril de 1917 en Suiza. La edición de esta obra se encuentra actualmente agotada.

[3] León Trotsky, “El programa de la paz”, mayo de 1917. Traducción inédita para este boletín. 

[4] León Trotsky, “El sinsentido del doble poder”, junio de 1917. Traducción inédita para este boletín. 

[5] Karl Radek, “Los senderos de la Revolución Rusa”, Hamburgo 1922. Traducción inédita para este boletín. 

[6] Karl Radek, op. cit.

[7] León Trotsky, “El programa de la paz”, mayo de 1917. Traducción inédita para este boletín. 

[8] Karl Radek, op. cit.
[9] John Reed, “Los soviets en acción”, mayo de 1918.
[10] Traducción inédita de Cahiers Léon Trotsky N* 60 - Noviembre de 1997.

[11] Marzo de 1917, Petrogrado, Rusia.

[12] León Trotsky, “El rol de los mencheviques y de los SR en la conferencia democrática”, traducción tomada de su versión en francés publicada en Correspondance Internationale Nº 104, 7º año.



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