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Presentación a la compilación 1905

Gabriela Liszt

 

Grandes enseñanzas dejó para los trabajadores del mundo entero la primera revolución obrera del siglo XX, de la cual acaban de transcu­rrir cien años, la Revolución Rusa de 1905. En su conmemoración, el C.E.I.P. “León Trotsky”, publica este libro que, según nuestros conoci­mientos, sólo ha sido editado en la Argentina hace más de 70 años (aunque existieron ediciones en otros países de habla hispana) y es des­conocido para la gran parte de los lectores de la literatura marxista, incluso entre la izquierda.

 

Trotsky llegó a Rusia en febrero de 1905. Luego de años de forma­ción en la prisión, la deportación y la emigración, es en esta revolución cuando da su primer gran salto como dirigente y teórico revolucionario. Trotsky relata que 1905 fue el nombre con el que se publicó y reeditó en varios países la reelaboración que hizo entre 1908 y 1909, de sus manuscritos de Nuestra Revolución (o Rusia en la revolución) de 1907, a la cual agregó nuevos artículos en 1922. Luego de la Revolución de Octubre de 1917, se consideró a este trabajo como “una especie de trata­do oficial del partido, no sólo en Rusia, sino entre los comunistas de los países occidentales”1 , hasta que fue condenado por el stalinismo como un símbo­lo de sus diferencias con Lenin. La importancia de este libro radica en que en esta revolución, se bosquejaron las respuestas a muchas de las incógnitas y debates que cruzaron al movimiento obrero revolucionario sobre la cuestión de la toma del poder. Génesis y partera de las Revoluciones Rusas de 1917, la Revolución de 1905 fue un ensayo general donde se delinearon los actores, las instituciones y sus interrelaciones, que se mostrarían plena-mente 12 años después. Al libro original de Trotsky (que consta de dos partes) le hemos agregado un anexo que constituye una selección de artículos y documen­tos, con numerosas traducciones inéditas al español2 y reproducciones, que amplían o profundizan el estudio de la Revolución de 1905. Para el libro original hemos digitalizado la traducción realizada por Juan Andrade y José Martínez, editada por Ediciones Ruedo Ibérico en 1971. A lo largo de los textos se puede conocer, en primer lugar, el desarrollo de los acontecimientos revolucionarios, desde el 9 de ene­ro, el “Domingo Sangriento” que inauguró el proceso revolucionario, hasta su derrota, el 19 de diciembre de 1905. Pero fundamentalmen­te se puede acceder, entre otros temas, a la relación entre la guerra y la revolución; al proceso que dio lugar al surgimiento de los soviets como “órganos de lucha”, “embriones de un gobierno revolucionario para la conquista del poder” (L. Trotsky) o “embrión del gobierno provisional revolucionario” (Lenin); a la discusión sostenida entre los bolcheviques de Petersburgo (y otras ciudades) y Lenin sobre el carácter de los so­viets y la relación entre éstos y el partido; a la discusión sobre la com­posición de los soviets (la relación entre “número” y “fuerza”) y el rol jugado por la socialdemocracia en ellos; a la inauguración de la huelga general política como método específico del movimiento obrero con el objetivo de paralizar la economía y desorganizar el poder del Esta­do; a la necesidad de la alianza con los campesinos, los estudiantes y las nacionalidades oprimidas y el rol de las consignas democráticas en función de esta tarea; a la formación de las milicias armadas y la polí­tica para quebrar y ganar sectores de la armada (en particular el levan­tamiento del acorazado Potemkin y el papel de los bolchequives den­tro de él) y el ejército; al ejercicio de la libertad de prensa y en especial de la prensa obrera; a la relación entre los soviets y los sindicatos; a la relación entre la lucha económica, la política parlamentaria (o seudo parlamentaria en el caso de Rusia) y la lucha revolucionaria; a la vi­sualización de los sectores estratégicos para desorganizar el poder (que en el caso de Rusia eran los correos y telégrafos y ferroviarios). Como plantea Trotsky: “La Revolución de 1905 no fue sólo el ensayo general de 1917 sino también el laboratorio del cual salieron todos los agrupamientos fundamentales del pensamiento político ruso, donde se con­formaron o delinearon todas las tendencias y matices del marxismo ruso”3. Numerosos artículos permiten vislumbrar estas tendencias y matices alrededor del carácter del Estado ruso, del carácter de la revolución y del rol que las clases tendrían en ella en Rusia, discusión que luego se plantearía a nivel internacional. Antes de los acontecimientos de 1905, Trotsky había roto con los mencheviques (la minoría del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, POSDR) por su posición frente al rol de los burgueses “liberales” y de la clase media intelectual en la lucha contra el zarismo. Mientras los mencheviques proclamaban la conciliación con estos últimos, Trotsky sostenía: “La solución sólo puede venir de una huelga general, seguida nece­sariamente del levantamiento del proletariado, que se pondrá a la cabeza del pueblo contra el liberalismo”4 . Trotsky y Lenin coincidían en esta oposición irreconciliable. Frente a la Revolución de 1905, sus coinci­dencias crecieron, teniendo una visión común del surgimiento y rol de los soviets y de la huelga general como método revolucionario para la insurrección. Las diferencias entre Lenin y Trotsky en esos años giraban esencialmente alrededor del papel del campesinado en la revolución, el cual para Trotsky no podía cumplir un rol independiente sino que de­bía ser acaudillado por el proletariado, lo que fue confirmado por el posterior desarrollo de los acontecimientos. Las polémicas de este pe­ríodo alrededor de la revolución rusa dieron origen, un año antes de la Revolución de 1905, a las formulaciones iniciales de la “teoría de la revolución permanente” de Trotsky, expresada cabalmente por primera vez en su libro Resultados y perspectivas (1906). Por otro lado, Trotsky evaluaba equivocadamente las profundas diferencias entre mencheviques y bolcheviques (la mayoría del POSDR), con relación a qué partido era necesario para la revolución. Aunque durante 1905 las dos tendencias tendieron a la intervención común, y que al término de la revolución votaron unificarse como partido (unifi­cación que duró hasta 1912), las diferencias fueron cada vez más abier­tas alrededor del balance de la revolución pasada y su dinámica. Trotsky no coincidía entonces con las concepciones de partido de Lenin, posi­ción que cambiaría en la práctica frente a las revoluciones de 1917, momento que marcaría la confluencia entre los dos principales dirigen­tes de la Revolución Rusa. En el anexo que publicamos, los textos sobre la repercusión inter­nacional de la Revolución de 1905 permiten ver como ésta fue parte e impulsora de un ascenso en el movimiento obrero internacional tanto en los países imperialistas como en las colonias. Así sucedió en Alema­nia, Bélgica, Rumania, India, China. En muchos casos, como respuesta a estas luchas, las burguesías imperialistas se vieron obligadas a otorgar importantes concesiones democráticas. En EE.UU., la radicalización de sectores del movimiento obrero dio lugar ese mismo año a la organización del sindicalismo combativo, con la fundación de los I.W.W. Desde ese país, los socialistas, entre ellos el reconocido escritor Jack London, lla­maron a la II Internacional a la realización de una manifestación y a la solidaridad activa internacional con la Revolución Rusa. En los textos de la época, también se reflejan las diferencias y matices que ya existían dentro de la socialdemocracia internacional y que luego se expresarían plenamente frente al inicio de la Primera Gue­rra Mundial. En el caso de la socialdemocracia alemana, Karl Kautsky, uno de sus dirigentes teóricos y políticos más importantes discute contra los dirigentes sindicales que, con una posición conservadora, se oponían a la huelga general. Sin embargo, en su balance de la huelga de los mineros alemanes, Kautsky refleja que su concepción de la relación entre las huel­gas y la lucha parlamentaria, no coincidía con la de los revolucionarios rusos.

Con la publicación de este libro y los nuevos textos esperamos con­tribuir a la formación y debate de las nuevas generaciones de obreros, trabajadores y jóvenes que se plantean en la actualidad la lucha por una salida revolucionaria. Y asimismo aportar a la necesaria labor de dar a conocer los más apreciados documentos y escritos desconocidos en nues­tra lengua del marxismo revolucionario.

Agradecemos la colaboración de Letizia Valeiras, Christian Ro­mero, Bárbara Funes y Mónica Torraz (correctores), Rossana Cortez (traducción del francés) y los diseñadores, que hicieron posible la presente edición.

1 Mi Vida, Editorial Pluma, Bogotá, 1979, pág. 145.

2 La mayoría de ellas publicadas como traducciones inéditas al francés (en su mayoría del ruso) durante el 2005 por el CERMTRI y el Institut Léon Trotsky de Francia.

3 Tres concepciones de la Revolución Rusa, La teoría de la revolución permanente, Ediciones CEIP, Bs. As., 2000, pág. 161.

4 Citado en Mi Vida, op. cit, pág. 132.



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