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Presentación de El Caso León Trotsky

La amplitud y la intensidad de la lucha revolucionaria de León Trotsky por la clase trabajadora no tiene parangón. Dedicó más de cuarenta años a esta grandiosa y noble causa. Fue el “guerrero revolucionario de las mil batallas”. Se desempeñó en todas las esferas de la lucha revolucionaria: desde forjar las armas ideológicas para entrar al campo de batalla de la Revolución, hasta aplicarlas exitosamente para intentar mover las ruedas de la historia hacia tierras de equidad y justicia. Tras crear el admirable “Ejército Rojo”, con encendidos discursos le impartió un invencible impulso revolucionario. Uno a uno fueron derrotados los ejércitos enfrentados, plétora de encarnizados enemigos de la revolución bolchevique.
La revolución triunfó y se salvó la Unión Soviética; era el reino de los Soviets, de la auténtica democracia socialista, encabezada por Lenin y Trotsky. Pero poco tiempo hubo para festejos; siguieron años difíciles de grandes sacrificios. Transcurridos unos años, un poderoso oleaje contrarrevolucionario batió las playas de la Revolución. Agazapados enemigos, caterva de arribistas, burócratas del antiguo régimen y aventureros de toda laya, dirigidos por su gran guía y jefe máximo, José Djougachvili (más conocido como Stalin), rápidamente se adueñaron del poder.
Ya sin Lenin, Trotsky emprendió una heroica e infructuosa lucha intentando reencauzar y salvar la revolución que ambos habían llevado al triunfo. Pero el Partido Comunista ya era sordo a sus llamados; de adalid y guía de la revolución bolchevique, el partido se había convertido en baluarte y tribuna de una voraz y emergente nueva casta burocrática ávida de poder y privilegios.
Nadie antes ni mejor que León Trotsky comprendió el inmenso peligro que presentaba, para la clase obrera y para la revolución socialista, la conquista del poder por esta parasitaria casta burocrática.
Después de ser expulsado del Partido en 1927, desde la Oposición de Izquierda, no cejó en la lucha por detener la contrarrevolución burocrática. Tras su expulsión de la URSS en febrero de 1929, ya en el exilio, León Trotsky se empeñó con redoblado esfuerzo y energías en la implacable lucha contra los usurpadores y sepultureros de la Revolución bolchevique; período al que Isaac Deutscher en su extensa biografía designaría como el del “profeta en el exilio”, cuando Trotsky, con un puñado de leales camaradas, sin más armas que su pluma y su lúcido pensamiento marxista, entabló la más desigual batalla contra la más brutal y sanguinaria tiranía conocida hasta la fecha. Lucha que quedará plasmada en la Historia universal como un capítulo imborrable de heroísmo y de total entrega a la lucha por un mundo mejor, sin explotación, opresión ni violencia, para implantar un genuino socialismo sobre la tierra.
Su peregrinar por el planeta lo llevó a Turquía, Francia y a una breve estancia en Noruega; el período pasado en esta última coincide con el montaje por Stalin de la sangrienta farsa de los “Procesos de Moscú”, en los cuales el dictador manda asesinar a quienes fueron los más cercanos colaboradores de Lenin, descabeza al Ejército Rojo y presenta a León Trotsky y a su hijo León Sedov como los principales acusados, atribuyéndoles todos los delitos, traiciones y crímenes imaginables. A petición de Stalin, el gobierno noruego somete a Trotsky, en sus últimos seis meses de exilio, a un rígido arresto domiciliario, con el propósito de impedirle desmentir públicamente la avalancha de falsas acusaciones difundidas desde Moscú.
Al llegar a México en enero de 1937, gracias al generoso asilo otorgado por el Gral. Lázaro Cárdenas, Trotsky y su compañera Natalia respiran aires de libertad. Ya en México el revolucionario ruso, sin impedimento alguno, inicia de inmediato su defensa pública, al igual que la de su hijo León Sedov. Para este propósito solicita la creación de una comisión internacional de indagación, para examinar los expedientes de los “Procesos de Moscú” y evaluar tanto su defensa como la de su hijo, frente a las acusaciones de que fueron objeto, y para que dicha comisión determine si realmente eran culpables de los crímenes por los que fueron condenados “in absentia”.
En marzo de 1937, por iniciativa de “The American Committee for the Defense of Leon Trotsky”, se organizó una comisión compuesta por renombrados e intachables intelectuales de diversas nacionalidades, ajenos a la ideología de León Trotsky, conocida como “Dewey Commission” por estar encabezada por el filósofo John Dewey. También recibió la designación de los “Contraprocesos de Moscú”.
Trotsky proclamó públicamente que si la comisión lo encontraba culpable del más mínimo de los cargos, él se entregaría a las autoridades soviéticas para su ejecución. En Coyocán, México, una subcomisión llevó a cabo, del 10 al 17 de abril de 1937, trece sesiones de exhaustivos interrogatorios a Trotsky y a su secretario Jan Frankel, con sus respectivos testimonios. Transcurridos meses de asiduas investigaciones, el 21 de septiembre del mismo año, la “Dewey Commission” dio su veredicto: ¡los Procesos de Moscú fueron basados en “frames up” (falsas acusaciones para inculpar inocentes) y Trotsky y Sedov no eran culpables de los 18 cargos levantados contra ellos!

Es de estricta justicia mencionar el insustituible apoyo de León Sedov, hijo mayor de Trotsky, para la realización de los “Contraprocesos”.
León Trotsky legó un inmenso arsenal ideológico a las nuevas generaciones de revolucionarios, producto de una vida dedicada en su totalidad a la lucha por el socialismo. Y consideró la última etapa de la misma como la más importante, entre cuyas tareas estaban crear una nueva vanguardia revolucionaria y desenmascarar, ante la humanidad y la clase trabajadora, al mayor enemigo de esta última: la parasitaria oligarquía usurpadora de la revolución bolchevique encabezada por Stalin.
De las muchas batallas libradas por León Trotsky contra el estalinismo, sin lugar a dudas la “Comisión Dewey” o los “Contraprocesos de Moscú” fue de las más notables y trascendentes. Allí desenmascaró y demostró en forma contundente e inapelable, ante la historia presente y futura del género humano, la absoluta ilegitimidad del régimen burocrático dirigido por Stalin, que sólo se podía mantener en base al crimen y al fraude histórico.

El libro The case of Leon Trotsky transcribe en forma precisa las trece sesiones de la “Comisión Dewey”. A través de los testimonios de León Trotsky y su secretario, Jan Frankel, hacen una detallada biografía de la vida política del primero. Este libro, poco conocido y publicado únicamente en inglés, tras estar agotado entra nuevamente en circulación, y por primera vez en idioma español, gracias al meritorio y muy admirable trabajo de CEIP León Trotsky, a quienes reitero toda mi admiración.



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