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Primera carta al Comité Central

 

León Trotsky

8 de octubre de 1923

Traducción inédita para esta edición por Analí Trevin extraida de The Chalenge of the left Opposition (1923-1925), Pathfinder, New York, 1988.

NOTA: En el otoño de 1923, la crisis económica de las “tijeras” alcanzó un pico – la disparidad entre los altos precios industriales y los bajos precios de la producción agrícola – llegando a su punto de mayor disparidad en octubre. Con la intención de obligar a la industria a bajar sus precios, el gobierno retuvo créditos destinados a las empresas nacionalizadas. El resultado inmediato fue la desesperación y el desempleo generalizados en las ciudades, y en agosto y septiembre, una masiva oleada huelguística con la participación de integrantes de dos grupos ultra-izquierdistas dentro del partido: el Grupo Obrero y La Verdad Obrera. En septiembre se reunió el Comité Central del Partido Comunista para discutir los problemas a los que se enfrentaba el país, e implementó una serie de medidas diseñadas para ayudar al campesino, junto con un mayor recorte a los créditos de la industria y medidas represivas contra aquellos miembros partidarios que estaban involucrados en las huelgas. Felix Dzerzhinsky, quien había encabezado un sub-comité sobre la situación política, informó sobre la oleada huelguística y la participación en ella de grupos partidarios. Este informe tuvo un significado especial: Dzerzhinsky también era el jefe de la GPU, la policía política, que había sido utilizada en el pasado para defender al poder soviético de sus enemigos políticos. Dzerzhinsky había reorganizado recientemente la GPU; la cuestión era entonces si aquel organismo recibiría autorización para intervenir en el partido mismo contra los miembros que se habían opuesto a la línea de la dirección del partido.

El informe de Dzerzhinsky preparó el escenario para la carta de Trotsky al Comité Central el 8 de octubre. En esta carta, Trotsky delineó las causas fundamentales de la crisis económica y las medidas necesarias para aliviarla, haciendo alusión a la carta de Lenin, “El otorgamiento de funciones legislativas a la Comisión de Planificación Estatal”, la cual el Politburó se había negado a publicar. Se opuso a las acciones tomadas por el Comité Central, las cuales no eran más que medidas organizativas diseñadas para intimidar a las voces de descontento dentro de las filas del partido, negándose a la vez a tomar medidas para eliminar la causa de su descontento. Trotsky también llamó a reinstaurar la democracia partidaria para permitirle al partido llevar a cabo las tareas que tenía planteadas. Este fue el primer paso de Trotsky para poder sacar la discusión de la esfera del Comité Central. Hasta entonces, había limitado sus esfuerzos a campañas ad hoc sobre asuntos puntuales. Ahora declaraba su intención de ejercer su derecho a difundir sus desacuerdos entre los cuadros y militantes del partido.

Aunque nunca fue publicada en la prensa soviética, la carta de Trotsky del 8 de octubre fue en parte citada, en parte parafraseada y en parte resumida en la publicación de los emigrados mencheviques, Sotsialistichesky Vestnik (Mensajero Socialista) el 28 de mayo de 1924. La traducción realizada por Marilyn Vogt para este volumen sigue el texto exacto del Vestnik, aunque en algunos casos, parece probable que el énfasis habría sido puesto por el Vestnik y no por Trotsky. – Ed.

 

 

Al Comité Central y al Comité de Control Central:

1. “Una de las propuestas de la comisión del camarada Dzerzhinsky (sobre las huelgas y otras cuestiones) afirma que debería ser obligatorio para los miembros del partido informar a la GPU, al Comité Central y a la Comisión de Control Central en el caso de que conozcan la existencia de agrupamientos en el partido. Parecería que informar a las organizaciones del partido sobre el hecho de que operan en él elementos hostiles es una tarea tan elemental para todos los miembros del partido que no debería ser necesario introducir una resolución especial para este propósito seis años luego de la Revolución de Octubre. El hecho mismo que haya surgido la necesidad de semejante resolución es un síntoma muy alarmante, junto con otros igual de confusos.”

Así comienza Trotsky la carta que inició la discusión reciente, y sigue: “La necesidad de semejante resolución significa que: (a) se han formado en el partido agrupamientos ilegales de oposición, los cuales podrían haberse vuelto peligrosos para la revolución; (b) existe un ánimo tal en el partido que hay camaradas que conocen la existencia de tales agrupamientos y no le informan a las organizaciones del partido sobre ellos.

“Ambos hechos atestiguan un deterioro extraordinario de la situación interna del partido desde el Decimosegundo Congreso... Muchos, muchos miembros del partido, desde ningún punto de vista los peores, han estado muy alarmados al conocer los métodos y procedimientos empleados en la preparación del Decimosegundo Congreso...” Sin embargo, en el transcurso de los seis meses de trabajo del nuevo Comité Central, se ha intensificado la aplicación de aquellos métodos y técnicas que se emplearon para organizar el Decimosegundo Congreso; y dentro del partido, esto ha resultado en la formación de agrupamientos abiertamente hostiles y rencorosos como también en la presencia de numerosos elementos que están al tanto del peligro representado por estos grupos, pero que no lo denuncian.

2. Hay dos razones que explican el marcado deterioro de la situación en el partido: (a) el régimen fundamentalmente inadecuado e insaludable en el partido; y (b) la insatisfacción de los trabajadores y campesinos con la grave situación económica que se ha generado no sólo como resultado de dificultades objetivas sino también por errores radicales evidentes en la política económica.

3. “El Decimosegundo Congreso fue organizado bajo la consigna de smychka [lazo o unión entre trabajadores y campesinos, industria y agricultura]. Como autor de las tesis sobre la industria, le señalé al Comité Central antes del congreso sobre lo peligroso que sería presentar nuestras tareas económicas ante el Decimosegundo Congreso de manera abstracta y con carácter de agitación cuando la tarea era la de hacer un llamado para realizar ‘un giro en la atención y determinación del partido’ hacia tareas concretas y vitales diseñadas para bajar el costo promedio de los bienes producidos por el estado.”

4. La resolución sobre la industria hace un llamado para la consolidación y el fortalecimiento de la Comisión de Planificación Estatal (Gosplan) y para que sea establecida como el organismo director de planificación. Es extremadamente significativo que luego del Decimosegundo Congreso, el Comité Central hubiera hallado un memorando escrito por el camarada Lenin durante su enfermedad, en el cual expresó la idea de que había que otorgarle a Gosplan poderes legislativos (o más bien poderes administrativos vinculantes). De hecho, desde el Decimosegundo Congreso, Gosplan ha tenido aún menos peso... “Aún más que antes del congreso, las cuestiones económicas de mayor importancia están siendo decididas por el Politburó a las apuradas, sin ninguna preparación preliminar y sin referencia alguna a un plan general...”

Trotsky también señala que el 19 de septiembre [1923], Rykov y Pyatakov presentaron un memorando en el cual decían que “algunas de las decisiones del Politburó nos obligan a señalar el hecho de que bajo las circunstancias actuales, la administración de las industrias estatales que se nos ha asignado se ha tornado cada vez más difícil.” Trotsky concluye este punto con las palabras: “No existe dirigencia económica. El caos viene de arriba.”

5. Bajo este punto, Trotsky indicó que una de las razones de las crisis comerciales e industriales actuales es “el carácter autocrático de nuestra política fiscal, es decir, no está subordinada al plan económico general.” Y sigue: “Esto está mejor ilustrado por el hecho de que la disparidad entre los precios industriales y de la agricultura, que se ha ensanchado a gran velocidad, equivale a la liquidación de la Nueva Política Económica, porque para los campesinos – la base de la NEP – les es igual a la razón por la que no pueden comprar nada; sea porque el comercio privado se ha prohibido por decreto o porque dos cajas de fósforos cuestan tanto como un pud [36 libras] de granos.” Señalando que el impulso hacia la consolidación de la industria choca contra consideraciones “políticas” a cada paso, Trotsky creyó necesario concentrar su atención en una pequeña parte del problema, la cual, en su opinión, esclarecía bien el problema en su totalidad al demostrar que la dirección del partido se degeneraba al caer en “una ausencia de plan, sistema o línea correcta de política partidaria.”

“En el Decimosegundo Congreso”, escribe Trotsky, “se revelaron abusos espantosos por parte de algunas organizaciones partidarias en relación con la propaganda comercial e industrial. ¿En qué consistían estos abusos? Esencialmente, en que las organizaciones partidarias, las cuales deberían guiar a las agencias económicas al dotarlas de un mayor grado de conciencia, de precisión, economía y un sentido de la responsabilidad, estaban de hecho desorientándolas al recurrir a un burdo método de derroche para engañar al país. En lugar de aplicar sencillamente un impuesto industrial sobre una empresa para el beneficio de las organizaciones partidarias, lo cual hubiera sido ilegal pero al menos hubiera tenido más sentido, recurren al pedido de avisos obligatorios aunque sin sentido en los cuales se desperdician papel y labor tipográfica, etc. Lo más escandaloso es que los gerentes no decidieron resistirse a esta rapacidad y depravación; al contrario, pagaban por la página o la media página en alguna publicación tal como Sputnik Komunista [El Compañero Comunista] en cumplimiento estricto con la orden del secretario del comité de provincia. Si alguno se atreviera a oponerse a este procedimiento, es decir, si demostrara una comprensión verdadera de la tarea del partido, sería entonces puesto en la lista de aquellos que no reconocen a la ‘dirección del partido’ y sufrirían todas las consecuencias que ello implica... Sólo alguien que haya sido completamente incapaz de comprender el significado de una correcta administración económica y el sentido de la responsabilidad podría mirar hacia el costado cuando se le presenta esta clase de de ‘dirección económica’...”

7. El último plenario del Comité Central puso en pie una comisión partidaria para la restricción de gastos generales de producción y la reducción de precios. “Pero es absolutamente obvio que para que las agencias estatales bajen mecánicamente los precios en respuesta a presiones políticas, en la mayoría de los casos sólo se enriquece al intermediario y no se logra casi ningún impacto en el mercado campesino... la creación misma de una comisión para la reducción de precios constituye una prueba elocuente y devastadora de cómo una política que ignora la importancia de la adaptación planificada y guiada se ve impulsada por la fuerza de sus propias consecuencias inevitables a realizar intentos de dictar los precios al estilo del comunismo de guerra. Una cosa lleva a la otra y termina socavando la economía, no en su normalización.

8. “La espantosa disparidad de precios – con la carga agregada de un impuesto único, una carga principalmente debido al hecho de que no se corresponde con las relaciones económicas existentes – ha vuelto a provocar un profundo descontento entre el campesinado. Esta política ha afectado la disposición de los trabajadores, tanto directa como indirectamente. Finalmente, los ánimos distintos entre los trabajadores han influenciado a sectores del partido. Los agrupamientos de oposición han vuelto a surgir y se han extendido. Ha aumentado su insatisfacción. Por ende, para nosotros, el smychka está funcionando al revés: desde el campesinado – a través de la clase trabajadora – hasta el partido. Aquellos que no anticiparon este fenómeno o que han cerrado los ojos ante él han recibido una lección adecuada...” Trotsky declara que el corazón del agudo conflicto, tanto en el Politburó como en la víspera del congreso, debería hallarse en las actitudes hacia el problema central: la racionalización de la industria estatal y el cierre de las tijeras.

9. El Decimosegundo Congreso señaló que una de las tareas más importantes del nuevo Comité Central era la cuidadosa selección individual de cuadros dirigentes en todos los niveles. La atención del Orgburó [Buró de Organización] en la selección del personal, sin embargo, ha tomado un camino completamente distinto. Cuando se toman decisiones sobre nombramientos, despidos y transferencias, los miembros del partido son evaluados ante todo desde el punto de vista de cuánto podrían apoyar u obstaculizar el mantenimiento del régimen dentro del partido, el cual en forma secreta y extra-oficial, aunque por ello mismo de manera más eficaz, se está plasmando a través del Orgburó y el Secretariado del Comité Central. En el Decimosegundo Congreso, se dijo que los integrantes del Comité Central deberían ser “independientes”. Hoy en día, esta palabra ya no requiere de comentarios.[1] Desde el congreso, el Secretariado General ha aplicado el criterio de la “independencia” en el nombramiento de secretarios de comités de provincia; y, de arriba hacia abajo, en los nombramientos que se hicieran hasta la última célula partidaria. Este trabajo de selección de la jerarquía del partido entre los camaradas del partido que el Secretariado considera independientes en el sentido de la palabra indicado arriba se ha desarrollado con una intensidad sin precedentes.

10. “Aún durante los días más duros del comunismo de guerra, el sistema de nombramiento dentro del partido no se practicaba ni en la décima parte que es practicado en la actualidad. La práctica de nombramiento de secretarios de comités de provincia se ha convertido en regla. Esto crea para los secretarios un puesto que es esencialmente independiente de las organizaciones locales. En el caso de que surgieran oposiciones, críticas o protestas, el secretario, con la ayuda del centro, podrá sencillamente ordenar la transferencia del opositor. En una de las reuniones del Politburó, se anunció con evidente satisfacción que en los casos en que se fusionaran las provincias, la única cuestión de interés para las organizaciones involucradas era quién sería el secretario del comité de provincia unificado. El secretario, nombrado por el centro, y por ende, virtualmente independiente de las organizaciones locales, es a su vez fuente de subsiguientes nombramientos y despidos en la provincia misma. Organizado de arriba hacia abajo, el aparato secretarial ha estado reuniendo, de manera cada vez más autónoma, ‘todos los hilos en sus propias manos’. La participación de las filas del partido en moldear la organización partidaria se está tornando cada vez más ilusoria. En el último año o año y medio, se ha generado una psicología especial de secretarios de partido, cuya principal característica es la convicción de que el secretario es capaz de decidir sobre cualquier cuestión de cualquier esfera sin conocer a fondo todos los factores implicados. A menudo observamos casos en los que camaradas que no han demostrado ninguna habilidad organizativa, administrativa o de otro tipo durante sus cargos en instituciones soviéticas sin embargo comienzan a tomar decisiones económicas o de otra índole de manera prepotente una vez que llegan al puesto de secretario. Esta práctica es aún más dañina porque disipa y elimina cualquier sentido de la responsabilidad.

11. “El Decimosegundo Congreso del partido tuvo lugar bajo el resguardo de la democracia. Gran parte de los discursos pronunciados en aquel momento en defensa de la democracia obrera me parecieron exagerados, y hasta considerablemente demagógicos cuando se piensa en la incompatibilidad de una democracia obrera plenamente desarrollada dentro del régimen de una dictadura. Pero se ha vuelto absolutamente claro que las restricciones severas que caracterizaron al período del comunismo de guerra deberían dar lugar a una responsabilidad partidaria más dinámica y ampliada. Sin embargo, el régimen que se gestó esencialmente antes del Decimosegundo Congreso y que, luego del congreso se consolidó para adquirir su forma acabada está mucho más lejos de la democracia obrera que el régimen que existía durante los períodos más encarnizados del comunismo de guerra. La burocratización del aparato partidario ha alcanzado proporciones inauditas a través de la aplicación de los métodos de la selección secretarial. Aún durante las horas más crueles de la guerra civil, discutimos en las organizaciones partidarias, como también en la prensa, sobre asuntos tales como el reclutamiento de especialistas, las fuerzas partidarias versus un ejército regular, la disciplina, etc.; mientras que ahora no existe muestra alguna de un intercambio de opiniones tan abierto sobre las cuestiones que realmente preocupan al partido. Se ha creado una capa muy amplia de trabajadores en el partido que pertenecen al aparato del estado o del partido y que han renunciado totalmente a sostener opiniones políticas propias, o por lo menos a expresarlas abiertamente, como si creyeran que la jerarquía secretarial fuera el aparato apropiado para la formación de opiniones partidarias y la toma de decisiones partidarias. Bajo esta capa que renuncia a tener sus propias opiniones existe una amplia capa de masas partidarias ante las cuales cada decisión se plantea como un llamado o una orden. Dentro de este estrato de la base del partido hay un grado extraordinario de descontento que es en parte absolutamente legítimo y en parte provocado por factores incidentales. Este descontento no está siendo aliviado a través de un intercambio abierto de opiniones en las reuniones partidarias ni tampoco a través de la influencia de masas sobre las organizaciones partidarias (en la elección de comités del partido, secretarios, etc.), sino que sigue gestándose en secreto, y después de un tiempo lleva a la existencia de abscesos internos.”

12. En el Decimosegundo Congreso, se adoptó oficialmente una línea política que favorecía a los “Viejos Bolcheviques”. Sobre este punto, al enfatizar que los viejos cuadros bolcheviques eran “la levadura revolucionaria del partido y su columna vertebral organizativa”, Trotsky concuerda en que deberían ocupar todos los puestos de dirección en el partido. Sin embargo, el sistema mediante el cual son nombrados desde arriba representa un peligro, aún más cuando se considera que en el nombramiento de los secretarios, sigue en efecto la “independencia” mencionada anteriormente. El descontento cada vez mayor por este aparato exclusivo y auto-contenido de secretarios, los cuales se identifican con el Viejo Bolchevismo, podrá tener en el futuro consecuencias graves para la preservación de la hegemonía ideológica de los Viejos Bolcheviques de los días de la clandestinidad en un partido de la época contemporánea.

13. “El intento del Politburó de organizar un presupuesto sobre la base de la venta del vodka, es decir, lograr que los ingresos del gobierno obrero sean independientes del éxito o el fracaso de la construcción económica, fue un síntoma ominoso. Sólo la protesta firme expresada dentro del Comité Central y fuera de él pudo detener esta aventura, la cual hubiera infligido un golpe salvaje no sólo a nuestro trabajo económico sino también al partido mismo. Sin embargo, el Comité Central no ha rechazado aún hasta el día de hoy la noción de legalizar el vodka en el futuro. Existe sin duda una conexión interna entre el carácter separado y auto-contenido de la organización secretarial – que es cada vez más independiente del partido – y la tendencia hacia la redacción de un presupuesto que sea lo más independiente posible del éxito y fracaso del trabajo colectivo de construcción que debe realizar el partido. El intento de retratar cualquier actitud negativa hacia la legalización del vodka como un crimen virtual contra el partido, y la remoción del comité editorial perteneciente al órgano central de un camarada que exigió libertad de discusión sobre este plan desastroso permanecerá para siempre como uno de los momentos más vergonzosos de la historia del partido.”

Los puntos 14 y 15 fueron dedicados a criticar las decisiones y las medidas del Politburó con respecto al ejército y la institución superior bajo cuya dirección se encontraba – el Comité Militar Revolucionario. Mientras que, por razones entendibles, no entraremos en los detalles de las críticas (que a veces son más que coloridas) sobre este asunto, señalaremos que Trotsky escribe lo siguiente: “En el reciente plenario, se realizó un intento de colocar a un grupo de miembros del Comité Central, encabezado por Stalin, en el Comité Militar Revolucionario. Sólo mi protesta, expresada de la manera más categórica, impidió que el plenario implementara inmediatamente esta medida.” Trotsky también describe la forma en la cual Lashevich y Voroshilov se convirtieron en miembros del Comité Militar Revolucionario, comparando las medidas empleadas con la campaña, notoria en aquel momento, contra el Consejo Ucraniano de Comisarios del Pueblo.[2]

El punto 15 de la carta concluye con las siguientes líneas ilustrativas: “No debería sorprender el hecho de que en respuesta a un reproche que le había hecho yo, señalando que los verdaderos motivos para los cambios propuestos en el Comité Militar Revolucionario no tenían nada que ver con los motivos declarados oficialmente, Kuibyshev no sólo no negó la existencia de la discrepancia – y ¿cómo podría negarlo? – sino que me dijo lisa y llanamente: ‘Nos parece necesario librar una lucha contra ti pero no podemos declararte enemigo; es por eso que debemos recurrir a tales métodos’.”[3]

La carta de Trotsky concluye con los puntos 16 y 17. “El partido está ingresando en lo que podría ser la época histórica más crucial, con una pesada carga de errores cometidos por sus organismos de dirección. En el sexto aniversario de la Revolución de Octubre y en vísperas de la revolución en Alemania, el Politburó está obligado a discutir un borrador de resolución que plantea que todo miembro del partido deberá informarle a las organizaciones partidarias y a la GPU sobre los agrupamientos ilegales en el partido. Es perfectamente obvio que semejante régimen y semejante actitud hacia el partido al interior del partido mismo son incompatibles con la realización de las tareas a las cuales se podrá enfrentar el partido – y que según podemos ver, se enfrentará sin duda – en el caso de que hubiera una revolución en Alemania. Se debe poner fin al burocratismo secretarial. La democracia partidaria debe tener el lugar que merece – por lo menos en la proporción necesaria para proteger al partido de la amenaza de osificación y degeneración. Los cuadros y militantes del partido deben expresar sus desacuerdos en el marco de los principios partidarios y según las responsabilidades de un miembro del partido. Y debe tener una posibilidad real de construir el aparato organizativo del partido según las regulaciones del partido y sobre todo en concordancia con el propósito integral de nuestro partido...

“Los miembros del Comité Central y de la Comisión de Control Central saben que al luchar firme e inequívocamente dentro del Comité Central contra la falsa política, he evitado deliberadamente plantear la lucha dentro del Comité Central ante el juicio de aún un pequeño círculo de camaradas: específicamente, ante aquellos que, dada cualquier orientación partidaria que fuera mínimamente razonable, ocuparían sin duda un puesto prominente en el Comité Central y en la Comisión de Control Central. Debo decir que los esfuerzos que he realizado en el transcurso del último año y medio no han dado resultados. Esto plantea el peligro de que el partido pudiera estar atascado sin saberlo en una crisis de excepcional gravedad; y en tal caso, cualquier camarada que viera ese peligro y evitara llamarlo por su nombre podría ser acusado justamente por el partido de colocar la forma por encima del contenido.

“Dada la situación que se ha desarrollado, creo que no sólo es mi derecho sino también mi deber comunicarle el verdadero estado de cosas a todo miembro partidario que considere lo suficientemente preparado, maduro, prudente y en consecuencia, capaz de ayudar al partido a salir de este impasse sin provocar convulsiones y vuelcos fraccionales.”



[1] En su informe sobre la organización partidaria al Decimosegundo Congreso del Partido (abril de 1923), Stalin llamó a "atraer nuevos trabajadores al trabajo del Comité Central y... llevar a la dirección a los más capaces e independientes". En la práctica, por supuesto, esto no significaba independencia de las manipulaciones del centro partidario, sino del control de los cuadros y la base sobre cuáles serían los nuevos funcionarios partidarios elegidos.

[2]. Aunque Trotsky impidió la inclusión de Stalin en el Comité Militar Revolucionario, el seguidor de Stalin, Voroshilov, y el seguidor de Zinoviev, Lashevich, de hecho fueron incluidos en aquella reunión del Comité Central. La campaña contra el Consejo Ucraniano de Comisarios del Pueblo había ocurrido durante el verano de 1923, como parte del esfuerzo de Stalin para lograr la aprobación de un borrador de constitución de la Unión Soviética según el cual las nacionalidades que no eran rusas tendrían una
posición subordinada. La oposición de los ucranianos y de otros ante esta tentativa fue respondida con traslados punitivos y una reorganización de personal. 

[3] Valerian Kuibyshev (1888-1935) encabezó la Comisión de Control Central y la de la Inspección de Obreros y Campesinos, y candidato del Politburó. En 1926 se convirtió en el presidente del Consejo Supremo Nacional de Economía y en 1927 fue miembro pleno del Politburo.



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