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Primeros pelotones de ejecución

Un diario parisino de la emigración blanca fue el primero que se hizo eco de rumores concernientes a la ejecución en Moscú, en diciembre, de Jakov G. Blumkin.
El hombre es un personaje de leyenda bolchevique. A los 18 años, joven militante socialista revolucionario de izquierda, entró en la Cheka en Moscú. En 1918, cuando su partido decidió provocar por todos los medios la reanudación de la guerra con Alemania fue a este intrépido joven chequista a quien se le confió la misión clave de la operación. Blumkin, acompañado por uno de sus camaradas, se presentó, en uniforme y en nombre de la Cheka, en la embajada de Alemania, solicitó ser recibido por el embajador Von Mirbach y, sacando su revólver, lo mató a quemarropa. Logró escaparse. Luego, capturado por sus camaradas de la Cheka, asumió orgullosamente la responsabilidad de su acto terrorista. Entonces fue puesto frente a Trotsky, quien comenzó con él una discusión política; a su término, el joven hombre se convenció y solicitó que se admitieran sus servicios para redimirse. Su demanda fue escuchada. A Blumkin, condenado a muerte oficialmente -su ejecución incluso será anunciada a las autoridades alemanas- se le otorgó una gracia y se lo puso al servicio del Ejército Rojo y al de su naciente servicio de reeducación. Blanco de sus antiguos camaradas que intentaron más de una vez abatirlo, se convirtió en un héroe de leyenda luego de varias misiones peligrosas efectuadas durante la guerra civil detrás de las líneas del Ejército Blanco; realizó en el extranjero, especialmente en Medio Oriente, muchas misiones difíciles, organizó el ejército de Mongolia, entregó artículos sobre la cuestión militar a la prensa soviética. La calidad de sus servicios le valió ser admitido dentro de las filas del Partido Bolchevique y pudo destacarse, en la intelligentsia moscovita, como héroe, simbólico a la vez por su pasado, las condiciones de su entrada al bolchevismo, su actividad misteriosa y la aureola que le otorgaban las historias que se contaban de él por lo bajo.
Luego de la guerra civil, se convirtió en uno de los especialistas del contraespionaje del Ejército Rojo, ligado durante algún tiempo al Estado Mayor de Trotsky, a quien rendía un verdadero culto: incluso trabajó algún tiempo como su secretario personal, ayudándolo en la edición del primer volumen de los escritos militares, Cómo se armó la Revolución. También estaba muy ligado a Radek. Desde 1923, fue partidario de la Oposición de Izquierda, siguiendo su actividad de contraespionaje en la GPU. Luego del XV Congreso y la exclusión de la Oposición, tuvo un problema de conciencia que planteó a sus superiores, Menjinsky y Trilisser44, a quienes declaró que compartía enteramente las ideas de Trotsky y de otros expulsados y que quería hacérselos saber con total lealtad. Para ellos, no era cuestión de separarse de un agente de ese valor y ya que él no podía trabajar con la Oposición, de ningún modo, por sus responsabilidades profesionales, era evidente que debía mantener sus responsabilidades con la GPU en la medida en que sus superiores depositaban en él, en el plano profesional y personal, una confianza total.
En el verano de 1929, a su regreso de India, Blumkin, de paso por Constantinopla, se encontró con Sedov en la calle. ¿Buscó él ese encuentro? Lo ignoramos. En todo caso, solicitó ser recibido por el exiliado, quien, luego de un rechazo inicial, se dejó convencer.
No sabemos más de esta entrevista que lo que Trotsky dijo: intercambio de información, discusión sobre la situación de la Oposición en la URSS, las “capitulaciones” y especialmente la posición de Radek. Parece que Blumkin quiso plantearle también a Trotsky la cuestión que ya le había planteado a Menjinsky y a Trilisser: su acuerdo con la Oposición, ¿era compatible con su actividad en la GPU? La respuesta de Trotsky no es ambigua. La GPU era el instrumento de la defensa del Estado proletario y un oposicionista tenía un lugar en ella con pleno derecho: no había ninguna incompatibilidad. Ante la insistencia de Blumkin, Trotsky aceptó enviar un mensaje político general destinado a sus camaradas de la URSS que incluía un alerta contra Kharin y la instrucción de no utilizar en Alemania la intermediación de Urbahns y del Leninbund, con los que se acrecentaban los desacuerdos.
¿Qué sucedió en Moscú luego del regreso de Blumkin el 15 de diciembre? Según el primer informe recibido por Trotsky, fechado el 25 de diciembre de 1929, bajo la firma de un responsable de la Oposición de Izquierda (N. en el Biulleten)45, al llegar, Blumkin había ido a ver a Radek, al que consideraba todavía como un oposicionista, con el fin de comprender su posición. Es fácil imaginar su decepción durante la entrevista que se desarrolló. ¿Le aconsejó Radek a Blumkin volver inmediatamente a la GPU para confesar todo? Como lo afirmaron versiones posteriores a la de “N.”, ¿telefoneó inmediatamente, bajo consejo de Radek, a Ordjonikidzé, único personaje del régimen capaz de respaldarlo en esa circunstancia, pero fue detenido a su salida de la casa de Radek, cuyo teléfono estaba pinchado por espías? O, como lo sugiere una versión reciente sobre este asunto,
¿fue denunciado por una mujer, sin que Radek haya jugado ningún rol? Habrá verdaderamente que esperar a la apertura de los archivos de la GPU para conocer la verdad sobre este punto.
Lo que es seguro es que Blumkin -contrariamente a los rumores según los cuales se habría arrepentido y habría reivindicado personalmente su ejecución- ni capituló, ni “cantó”. No existe ninguna “declaración” de Blumkin, y no hubo -la carta de N. lo atestigua- arrestos entre los militantes a los que Blumkin debía comunicar el mensaje de Trotsky; entre ellos, al mismo jefe principal, N. Según Víctor Serge, Blumkin habría solicitado y obtenido un permiso para escribir sus memorias antes de ser ejecutado y habría terminado su manuscrito el 25 de diciembre46.
Blumkin, en diciembre de 1929, no fue el primer militante de la Oposición muerto a manos de la GPU. En septiembre de 1928, uno de los más cercanos colaboradores de Trotsky, el antiguo secretario del Comité de Guerra Revolucionario, G. V. Butov, murió en la prisión de Butyrki en Moscú, luego de una huelga de hambre de cincuenta días para protestar contra las acusaciones de “espionaje” de las cuales era objeto, con el evidente objetivo de comprometer a Trotsky. En noviembre, un obrero de la Oposición de Leningrado, trabajador de la fábrica Triángulo Rojo, Albert Heinrichsonhn, había muerto en la prisión de dicha ciudad después de ser golpeado47. Estos hechos fueron graves, conocidos y denunciados, pero pueden ser, en última instancia, considerados como “excesos”, trágicos ciertamente, pero involuntarios. La muerte de Blumkin, en cambio, fue fríamente calculada.
Ahora bien, en los meses siguientes se produjeron otros casos concernientes a la ejecución de miembros de la GPU más o menos ligados a la Oposición o comprometidos con ella. Es lo que sucedió con el llamado caso Rabinovitch-Silov, quienes fueron ejecutados a principios de 1930 por un supuesto “sabotaje a los ferrocarriles”. Rabinovitch era un joven oficial de la GPU, Silov un periodista sin partido que había informado a la Oposición sobre el arresto y la ejecución de Blumkin. Se hablaba también en la misma época de la ejecución de uno de los carceleros de L. S. Sosnovsky, acusado de haber servido de intermediario al prisionero de Estado. Stalin había condenado a Sosnovsky a un riguroso aislamiento. La calidad de polemista que lo caracterizaba, su sólida reputación de combatiente antiburocrático y anti kulak, el nivel de sus cartas desde el exilio, su notoriedad como periodista, la ferocidad de sus ataques contra los capituladores, exigían que fuera reducido al silencio. Ahora bien, sus cartas salían y él recibía comunicaciones políticas, se incorporó incluso como “jefe de redacción” de un periódico de prisión que publicaba informaciones que provenían de Moscú. Tal actividad no era posible sin una red clandestina que actuara con la complicidad de miembros en el seno mismo de la GPU.
Se ha intentado explicar el asesinato de Blumkin por el deseo de Stalin de golpear personalmente a Trotsky. Los hechos mencionados arriba hacen dudar de esa explicación. Parece más probable que Stalin haya querido dar un golpe definitivo a las simpatías activas que la Oposición encontraba entonces en el seno de la GPU -y de las que da prueba una carta desde Moscú dirigida a Trotsky- porque en ella se encontraban, después de todo, un gran número de militantes bolcheviques sacrificados y entusiastas. La ejecución de agentes de la GPU cómplices de la Oposición de Izquierda, trazando entre el régimen y la Oposición una línea de sangre, demostraba claramente la intención de Stalin de someter a la GPU a su voluntad política y de hacer de ella un instrumento ciego del que tenía necesidad absoluta para quebrar a la Oposición, tanto por medio de la provocación como de la violencia represiva.


44 Viatcheslav R. Menjinsky (1874-1934), estudiante de derecho, miembro del Partido en 1902, luego periodista. Comisario de Finanzas en octubre de 1917, vicepresidente de la Cheka en 1919, sucedió a Dzerjinsky a la cabeza de la GPU en 1926. Meyer A. Trilisser (1883-193?), miembro del Partido en 1901, luego responsable en la organización militar clandestina, fue secretario del soviet de Irkutsk en 1917 y participó en la guerra civil de Siberia. Devino vicepresidente de la GPU en 1926. Menjinsky y Trilisser eran los superiores jerárquicos de Blumkin.
45 “Carta de Moscú”, Biulleten’ Oppozitsii Nº 9, febrero de 1930, p. 9. Una copia del mensaje confiado a Blumkin por Trotsky se encuentra en Harvard (se publicó en el Nº 7/8 de los Cahiers León Trotsky –N. de T.).
46 Serge V., Destino de una revolución, p. 116.
47 Serge V., Memorias…, pp. 276-277.



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